Basileos

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Basileos, basileo o basileus (en griego: Βασιλεύς, basileus, plural Βασιλεῖς, basileis) significa «rey». Era el título de los emperadores bizantinos, y los emperadores romanos para los griegos. El término ya era utilizado en la Grecia antigua.

Etimología[editar]

Una moneda de plata del rey seléucida Antíoco I Sóter. La inscripción griega indica ΒΑΣΙΛΕΩΣ ΑΝΤΙΟΧΟΥ (Rey Antíoco).

La etimología de la palabra sigue siendo poco clara. Si la palabra es originalmente griega entonces podría derivar de la palabra «basis" (base). Pero este origen es dudoso, la mayoría de los lingüistas suponen que es una palabra adoptada por los griegos mucho antes, en la edad del bronce, a partir de un sustrato lingüístico preexistente en el Mediterráneo oriental.

En femenino aparece como basilisa por primera vez en la koiné griega, además de basilea, basílissa, basíleia, basilís, o la arcaica basilina o basilinna.[1]

Grecia antigua[editar]

La primera utilización conocida de la palabra se encuentra sobre tablillas de arcilla cocidas descubiertas en las excavaciones del palacio de Micenas destruido por un incendio. Las tablillas están fechadas del siglo XIII a. C. al siglo XII a. C. y los signos están en escritura Lineal B. El término «basileos» (qa-si-re-u) era utilizado muy antiguamente por los nobles o altos funcionarios que eran los supervisores de los diferentes distritos de los estados micénicos. Las funciones y posición exactas de un qasireu son poco conocidas y están sujetos a debate.

Los soberanos griegos eran designados como wanax (wa-na-ka, en lineal B). El título de wanax, que más tarde evolucionará hacia la forma anax, a menudo se traduce por «rey supremo» y significa «el que ejerce la soberanía feudal sobre otros reyes». El wanax ejercía pues el poder sobre diversos basileos locales y según algunos autores, convertiría esta organización en una sociedad de tipo proto-feudal de la Edad del Bronce. La significación de la palabra se extiende más tarde en el sentido de rey, como lo atestiguan los escritos de Homero en los que Agamenón y Príamo llevan este título.

Los reyes aqueménidas de Persia también eran llamados Megas basileos (gran rey) o basileos Basileon, traducción del persa Shahanshah (rey de reyes). La utilización del término "basileos" era limitado en algunos estados griegos donde nunca habían abolido la transmisión del poder real por herencia. Así eran designados los reyes de Esparta, Macedonia y Epiro, y otros reyes de las tribus bárbaras de Tracia y de Iliria.

El término también era utilizado en Atenas durante el periodo clásico para designar uno de los arcontes, siendo aquí un título más simbólico para la función del sacerdote. En las otras ciudades-estados, el término nunca era utilizado ya que un soberano tenía más bien el título de tirano o de arconte.

La denominación fue exportada por Alejandro Magno y sus sucesores griegos en Egipto y Asia. El término también era usado para referirse a cualquier rey de una zona bajo la influencia griega del Imperio Romano, como por ejemplo Herodes en Judea. La forma femenina usada era la de Basilissa y designaba reinas gobernantas como Cleopatra o las reinas consorte.

Bizancio[editar]

Follis de bronce de León VI el Sabio (r. 886-912). El reverso muestra los títulos griego latino transcrito utilizados en las monedas imperiales: + LEON En ΘEO bASILEVS ROMEOn, "Leo, en Dios [fieles Emperador] de los romanos".

En el Imperio Bizantino, el basileos era el emperador. Heraclio adoptó esta denominación para reemplazar el título latino de Augusto en 629. Ya fue utilizado como título oficial a partir de Justiniano II paralelamente a que el griego reemplazara progresivamente al latín en monedas y documentos oficiales.

Cuando los romanos conquistaron el Mediterráneo, el título imperial "Cesar Augustos» fue de manera inicial traducido por «Kaiser Sebastos» y más tarde helenizado en «Kaiser Augoustos». «Imperator», otro título imperial, fue traducido por «Autokrator». «Basileos» fue grabado sobre la moneda bizantina en escritura latina, en lugar de «C. IMP.» Es decir «Cesar Imperator». Fue más tarde que la escritura griega fuera incorporada.

El título de basileos fue motivo de una gran controversia cuando Carlomagno fue coronado «Emperador de los romano»s. La parte oriental del imperio era dirigida por la emperatriz Irene, regenta de su hijo Constantino VI. La manera indigna como se comportó Irene con su hijo, ya que le hizo reventar los ojos y lo encarceló, añadido a la aversión de los francos en concepto de una emperatriz reinante generaron una cierta repulsión entre las dos partes.

Sin embargo Carlomagno propuso el matrimonio a Irene pero ella se negó, se auto designó «basileos», dejando de lado el término «Basilissa», y no reconoció el título imperial de Carlomagno.

Concepción divina[editar]

El basileos, autoridad divina[editar]

El basileos obtiene su autoridad de Dios y no de su predecesor. Juan II Comneno consideró así que «el encargo del Imperio le había sido confiado por Dios». Esta intervención divina tiene más fuerza cuando el emperador es un usurpador, como en el caso de Nicéforo I y de Basilio I, a los que «Dios ha concedido de reinar sobre los cristianos para la generación presente».

En tanto que individuo, el basileos no es más que una apariencia y todos sus actos dependen de manera estrecha de la voluntad divina. Esta concepción se encuentra esencialmente en las operaciones militares: Alejo I Comneno y Juan II Comneno estiman así como el ejército está colocado «bajo Dios, general en jefe, y yo, su subordinado, una campaña militar, pues, no puede ser iniciada más que si toma el camino de la voluntad divina. Esta concepción implica necesariamente que cualquiera pueda ser elegido por Dios para subir sobre el trono imperial: Justino I, Miguel II, Basilio I, Miguel IV o Miguel V, todos ellos hombres del pueblo, fueron considerados como arrecifes entre el pueblo para reinar sobre el Imperio. En estas condiciones, el emperador puede hacer de todo dentro de los límites de la voluntad divina y sus victorias son las de un soldado de Dios.

Esta concepción divina de la función imperial trae como consecuencia que, sublevarse contra el emperador es una revuelta contra Dios, el rebelde contra el basileos es un enemigo de Dios (θεομάχος) o un sacrilegio (καθοσίώσίς:término utilizado por Miguel Attaleiates en el momento de la revuelta de Constantino X Ducas contra Nicéforo I.

El símbolo del bíblico rey David escogido por Dios fue sido utilizado habitualmente a lo largo de la historia de Bizancio. En un salterio que se encuentra en París se puede ver una imagen con David sobre un escudo rodeado por su ejército y coronado según la voluntad de Dios, como lo habían de ser los emperadores bizantinos.

Los símbolos del poder[editar]

El emperador está rodeado de un decoro que simboliza el origen divino de su función; su fuerza divina se impone a quien se presenta ante él. Este tema del Emperador-solo es utilizado en la Corte de León VI, de Alejo I Comneno, de Alejo III Ángelo y de Romano IV que, en el momento de su travesía de Asia Central, es visto por sus soldados como «la igual de Dios».

El símbolo más importante del poder imperial sigue siendo sin embargo el color púrpura: el Emperador es revestido con este color, y en particular el calzado de botas, el kampagia, que son por excelencia el signo del poder imperial. Sólo el Emperador, delegado de Dios, puede usar la porprada imperial: vestido, diademas y perneras.

Otro símbolo del poder es la moneda, el nomisma de oro o el millarision de plata, que son revestidos de un valor consagrado hasta el punto que el único hecho de lanzarlos al suelo y de pisarlos constituyen una ofensa hecha al Emperador.

Autoridad legal[editar]

Si el basileus es considerado como el elegido de Dios, también ve regulados sus actos por el respeto a la legalidad; siendo la ley personificada, no puede, sin negarse a sí mismo, caer en los excesos tiránicos. Así está sometido a las leyes que garantizan la piedad.

La más importante de las leyes a las que es sometido el basileus es la ley de sucesión al trono, incluso viniendo de Dios, una toma de poder violenta no es legal. Isaac I Comneno llega así a abdicar, roído por el remordimiento de haber tomado el poder de manera contraria a las leyes. Las leyes de sucesión, incluso no escritas, constituyen «los derechos comunes del Imperio romano» que el basileus puede interpretar, y las carencias de las que puede suplir por decisiones personales tomadas conforme a las costumbres griegos.

Sigue siendo cierto que el trono aparece como un bien común del que el emperador no vacila en disponer a su voluntad. Así, por ejemplo, la decisión de Constantino IX de elegir él mismo su sucesor, o el juramento impuesto por Constantino X a su esposa de no casarse nunca más, son observados sobre todo por la autoridad eclesiástica, como actos ilegales y que no tienden al bien común. Del mismo modo, la adjudicación de las funciones del Estado no puede proceder de ninguna fantasía imperial.

Principio dinástico[editar]

El principio dinástico, es decir la transmisión hereditaria del poder imperial, v siendo impuesto de manera progresiva y sobre todo a partir del siglo IX. Las emperatrices reinantes dan a luz en una sala especial del Palacio sagrado, la porphyra y el niño nace así Porfirogénito, y que es una presunción de que será el heredero del trono.

El derecho dinástico se impone definitivamente con la dinastía macedonia. Para asegurar su sucesión, Basil I asocia al trono a sus hijos Constantino, León y Alejandro, inaugurando así una práctica que se perpetuará.

Su hijo mayor, Alejandro III, estéril, muere sin descendencia. León VI, su sucesor, contrae tres matrimonios sin poder engendrar de heredero successible, debe contraer entonces, en violación del Código Civil que él tiene el mismo promulgado, una cuarta unión de donde nace un hijo, Constantino, que la emperatriz Zoé se ocupa de hacer nacer en la porphyra.

Hecho emperador, Constantino VII verá borrarse su bastardía legal ante el estatuto de Porfirogénito, destinado a diferenciarlo de su suegro, el emperador asociado Romano, aunque este asocia sus propios hijos al trono, no consigue sin embargo apartar Constantino de la sucesión. La destitución de los Lecapens padre e hijo establece claramente el cariño de los bizantinos por la transmisión hereditaria del trono: el heredero legítimo es el hijo de León VI, a pesar de las circunstancias de su concepción.

Igualmente Romano II el macedonio asocia sus dos hijos, Basilio II y Constantino VIII al trono: aunque hay usurpadores, como Nicéforo II y Juan I, Éstas no pueden apartar los descendientes del trono.

Este afecto de los bizantinos por el principio de la legitimidad conducirá al pueblo, a la muerte de Zoe, que gobernaba tras la muerte de su esposo Constantino IX, a sacar del convento a la última hija de Constantino VIII, Teodora, para proclamarla basilea.

Véase también[editar]

Títulos y cargos del Imperio bizantino

Referencias[editar]

  • Jochem Schindler, "On the Greek type hippeús" in Studies Palmer ed. Meid (1976), 349–352.
  • Robert Drews, Basileus. The Evidence for Kingship in Geometric Greece, Yale (1983).
  • The Oxford Dictionary of Byzantium, Oxford University Press (1991).