Barras bravas en Argentina

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Una barra brava es un grupo organizado dentro de una hinchada de fútbol que se encarga de motivar y hacer sentir su apoyo a los jugadores de un club en específico durante los partidos, y también crear presión en los jugadores y aficionados rivales, todo ello mediante el despliegue de banderas, la entonación de cánticos y, ocasionalmente, el ataque a aficionados rivales, además de defenderse y defender al resto de la propia hinchada de posibles ataques de hinchadas rivales o de la represión policial. Si bien actualmente existen barras bravas en toda Latinoamérica, su origen fue en Argentina en los años 1950.

Aunque al comienzo no eran grupos muy numerosos ni excesivamente violentos, con el paso de los años, las barras bravas fueron creciendo y tomando cada vez más poder dentro de los clubes (especialmente en Argentina), llegando al punto de haber algunas que han decidido en ocasiones quién sería el presidente del mismo u obligado a dirigentes a renunciar a su puesto. Pasaron no solo a protagonizar hechos de violencia, sino a realizar actividades ilegales con el objetivo de obtener un rédito económico (el cual lo suelen controlar solo los miembros más importantes, ya que las barras bravas poseen estructuras jerárquicas), como ser la extorsión a jugadores y dirigentes, venta y tráfico de drogas, robos, etc., además de las actividades ilegales que puedan realizar los integrantes de las barras bravas de forma individual y ajena a su accionar dentro de las mismas. También suelen brindar servicios a dirigentes políticos y sindicales que las contratan como grupos de choque (ante posibles enfrentamientos con seguidores de otros partidos políticos o sindicatos durante actos, movilizaciones o protestas), guardaespaldas, etc.

Las barras bravas se han transformado y han crecido al punto de que actualmente uno de sus principales objetivos es la obtención de dinero, al menos en las de gran tamaño o que pertenecen a clubes, como mínimo, medianamente importantes o populares. Debido a éste fenómeno, desde la década de 1990 se comenzaron a protagonizar cada vez más encuentros violentos entre distintos grupos de una misma barra brava que se disputan el control de la misma y, por ende, de sus negocios ilícitos.

Por otra parte, aunque la violencia en el fútbol argentino ha estado presente prácticamente desde sus comienzos[1] (al igual que en el resto del mundo), las barras bravas fueron un fenómeno posterior e hicieron que la violencia aumente y se recrudezca.[2] Desde el primer asesinato registrado, ocurrido en Rosario en 1922 (durante un partido entre el Club Atlético Tiro Federal Argentino y el Club Atlético Newell's Old Boys), hasta el año 2016, la violencia relacionada al fútbol argentino ha cobrado una cifra estimativa de por lo menos 312 víctimas fatales y gran cantidad de heridos,[3] habiendo ocurrido la mayoría de los casos desde fines de la década de 1950 en adelante, coincidiendo con la aparición y el desarrollo de las barras bravas.

Hasta el año 2000, sólo 16 casos terminaron en condena, involucrando a 33 personas.[4]

Origen y desarrollo[editar]

Jugador N° 12, barra brava de Boca Juniors (apodada como La 12).
Hinchas de Newell's Old Boys.
Hinchada de Rosario Central.
Hinchada de River Plate.
La Banda del Loco Fierro (apodada como La 22), barra brava de Gimnasia y Esgrima de La Plata.
Hinchas de Independiente.
Hinchada de Racing.

Se tienen noticias de la violencia en el fútbol argentino desde principios del siglo XX tanto en los partidos del campeonato local como en los partidos entre Argentina y Uruguay, en Buenos Aires y en Montevideo. El primer hecho que trascendió se produjo en el último partido del Campeonato Sudamericano de 1916, que definiría al campeón, disputado el 16 de julio de 1916 en el estadio de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires.[5] Debido a la sobreventa de entradas 40 mil personas se acercaron a ver el partido en un estadio que sólo podía albergar a la mitad. El encuentro fue suspendido debido a los desmanes producidos en las tribunas, las cuales terminaron incendiadas.[6] También el primer superclásico,[notas 1] disputado en 1913, terminó con un enfrentamiento entre las hinchadas.[7]

El 21 de octubre 1922 se produce la primera muerte en el fútbol argentino relacionada con la violencia. Sucedió en Rosario, en el estadio del Club Atlético Tiro Federal Argentino, en un partido entre el club local y el Club Atlético Newell's Old Boys por la Copa Estímulo de la 1° división local, donde Enrique Battcock, obrero ferroviario simpatizante de Tiro Federal Argentino (también ex jugador y ex dirigente del club), fue interpelado por su comportamiento por Francisco Campá, pretesorero del club visitante, comenzando así una discusión que terminó cuando Battcock le dio un puñetazo en la cara al simpatizante de Newell's Old Boys, quien se retiró del estadio, volvió al poco tiempo, extrajo un arma de fuego y le disparó, causándole así la muerte.[8]

En 1924 en Montevideo, Uruguay, se produjo otro asesinato donde estaba involucrado un hincha argentino. El 2 de noviembre, tras disputarse el último partido del Campeonato Sudamericano que coronó campeona a la selección uruguya, se produjeron incidentes frente al hotel donde se alojaba el seleccionado argentino, interviniendo en la pelea hinchas uruguayos e hinchas y jugadores argentinos.[9] Durante los incidentes, el argentino José Lázaro Rodríguez disparó contra Pedro Demby, quien fallecería al día siguiente. Rodríguez logró escapar y regresar a Argentina gracias a la ayuda de jugadores argentinos,[9] en un buque que partió una hora antes de lo programado y no fue interceptado por la policía.[10] La policía uruguaya logró identificarlo gracias a una fotografía publicada el 4 de noviembre en el diario argentino Crítica, en donde se lo veía cenando con jugadores argentinos.[11] Fue detenido el 24 de ese mes, pero nunca fue deportado.[12]

El 14 de mayo de 1939, en el estadio de Lanús, [13] en un partido por la cuarta división entre el local y Boca Juniors, tras una falta cometida por un jugador de Lanús, los jugadores comenzaron a pelearse. Al ver ésto, los hinchas de Boca Juniors quisieron derrumbar el alambrado e ingresar el campo de juego, lo que motivó que la policía realizara disparos para dispersarlos. Pero un policía, llamado Luis Estrella, disparó hacia la tribuna, alcanzando a dos espectadores: Luis López y Oscar Munitoli (un menor de 9 años),[13] provocándoles la muerte.

Pero esta violencia no era sólo entre hinchas, sino también contra los árbitros. El 27 de octubre de 1946, durante un partido entre Newell's Old Boys y San Lorenzo de Almagro en Rosario, intentaron ahorcar al árbitro Osvaldo Cossio. El partido iba igualado en dos goles cuando Cossio anuló un gol del local, empeorando la situación cuando, en la jugada siguiente, el visitante convirtió el tercer gol. Promediando el minuto 89 del partido, varios hinchas ingresaron al campo de juego logrando golpear al árbitro e intentándolo ahorcar con su propio cinturón.[14] [15]

Pero este fenómeno sufrió una importante transformación a finales de la década de 1950. El periodista Amílcar Romero establece el año 1958 como el comienzo de las barras bravas actuales, con el asesinato de Alberto Mario Linker.[2] Debido al asesinato de este hincha de Boca Juniors (quien, no identificado como tal, circunstancialmente se encontraba observando un partido entre Vélez Sarsfield y River Plate en el estadio José Amalfitani, habiéndose encontrado en la grada donde se ubicaban los hinchas de River Plate cuando, ante una pelea entre simpatizantes del mismo, la policía reprimió lanzando granadas de gas lacrimógeno, una de las cuales golpeó en el pecho a Linker y produjo su muerte), en octubre de 1958,[6] la sociedad toma conocimiento de la existencia de grupos organizados al aparecer notas en la prensa que hablan de "barras fuertes".[2] La llamada "industrialización del fútbol" fue el puntapié inicial para esa organización, ya que se necesitaba controlar todos los aspectos que intervenían en el juego.[2] Antes del surgimiento de estos grupos, cuando un equipo jugaba de visitante era presionado por la hinchada rival.[2] Esto motivó la organización de las barras bravas como respuesta a esa presión:

En el fútbol argentino ya estaba institucionalizado que si uno jugaba de visitante era inexorablemente apretado. Aunque no se tratara de barras bravas tal como las conocemos hoy. Los locales te apretaban y la policía, si no miraba para otra parte, también te apretaba. Eso hubo que compensarlo con una teoría, que en la década siguiente fue moneda corriente: a todo grupo operativo con una mística y capacidad de producir violencia la única manera de contrarrestarlo es con otro grupo más minoritario, con tanto o más mística para producir violencia.

Amílcar Romero.[2]

De esta forma cada club comenzó a tener su barra brava, las cuales eran financiadas por los dirigentes de la institución.[2] A estos grupos les eran entregadas entradas y se les pagaba los viajes a los estadios, sumándose luego otras formas de financiación. Pero el acceso a estos "beneficios" por parte del barra brava dependía de la jerarquía que tenía dentro de la barra. Para obtener ese prestigio se debía ser violento,[6] por lo que comenzó a aumentar la cantidad de muertos:[6] desde 1924 a 1957 sólo se habían producido 12 muertes relacionadas con el fútbol,[notas 2] de las 237 que se produjeron hasta 2003.[2]

A partir de la muerte de Linker comienza en el fútbol argentino una etapa marcada por el incremento en el número de muertes. De acuerdo con Amílcar Romero, entre 1958 y 1985 se producen en Argentina 103 muertes relacionadas con violencia en el fútbol, es decir, en promedio una cada 3 meses.[16] Sin embargo, aclara también que el origen de estas muertes no siempre es el enfrentamiento en el estadio y van desde el choque premeditado entre barras bravas fuera de las instalaciones deportivas, la represión policial ante desórdenes o falta de seguridad en los estadios.[notas 3] [17]

Una de las características de las barras bravas a partir de esa fecha es la agudización del nivel de violencia. Pero esta violencia no es exclusiva de los clubes con mayor poder económico, sino que es posible encontrarla en equipos de todas las categorías.[18] Teniendo en cuenta el período 1967 - 2008, 144 muertos,[18] las muertes relacionadas con el fútbol se produjeron mayoritariamente en la Primera División, el 56% del total, seguida de la Primera B Nacional con el 14%, los torneos regionales con 8% y la Primera B con 6%.[18] A partir de la década de 1990, la violencia y la cantidad de víctimas creció aceleradamente.[19]

En cuanto a la distribución geográfica, las zonas donde se registraron la mayor cantidad de muertes son los Partidos del Gran Buenos Aires (27%), la ciudad de Buenos Aires (23%) y Rosario (8%).[18] En cuanto a la modalidad, el 39% se produce por arma de fuego, el 13% por arma blanca y otro 13% debido a la represión policial.[18]

En los últimos tiempos los enfrentamientos entre diferentes sectores de las barras bravas han aumentado los niveles de violencia y la cantidad muertos.[20] El 9 de agosto de 2007 fue asesinado Martín Gonzalo Acro, barra brava de River Plate, como parte de un enfrentamiento entre dos sectores de Los Borrachos del Tablón.[21] El mismo fenómeno ha sucedido en otros clubes, por ejemplo en Boca Juniors,[22] Newell's Old Boys,[23] Gimnasia y Esgrima (Jujuy), Estudiantes de La Plata,[24] Rosario Central,[25] San Lorenzo de Almagro,[26] , Independiente, Racing, etc. El porcentaje de víctimas en enfrentamientos entre la propia hinchada pasó del 3% en 1989, al 8% en 2001 y el 17% en 2009.[27]

Desde mediados de 1985 han existido propuestas para intentar erradicar la violencia.

En 1985, luego del asesinato de Adrián Scaserra,[notas 4] [28] fue sancionada la Ley 23.184, conocida como la Ley de la Rúa.[29] Esta ley sancionaba penalmente el ingreso con armas a los estadios, el impedir el normal desarrollo del partido, los destrozos de las instalaciones deportivas y al "que determinare, promoviere o facilitare de cualquier modo la formación de grupos destinados a cometer alguno de los delitos previstos".[30] En la Ciudad de Buenos Aires permitía un régimen contravencional que habilitaba la prohibición de concurrencia.[30] En 1993 se sancionó la Ley 24.192 que modificó la ley anterior, cambiando las penas y estableciendo un régimen de responsabilidad civil y la posibilidad de clausurar el estadio.[31] Finalmente, en 2008, se modificó nuevamente la ley permitiendo a los jueces disponer una medida cautelar que le impida al acusado, por alguno de los delitos mencionados, concurrir a menos de quinientos metros del lugar donde se realiza el partido.[32]

En varias ocasiones el Poder Judicial suspendió el desarrollo de los torneos de la AFA. En 1998 el juez Víctor Perrota suspendió los torneos de fútbol profesional al determinar que los clubes no podían garantizar la seguridad ya que no tenían la capacidad de ejercer el derecho de admisión, determinando también que la policía no contaba con personal suficiente.[33] El juez había actuado sobre la base de un recurso de amparo presentado por la Fundación Fair Play que denunciaba la falta de seguridad en los estadios,[33] por lo que solicitó a los dirigentes de los clubes que le suministraran información sobre los barras bravas, pero al no obtener una respuesta favorable decidió la suspensión del torneo.[33] A fines del mismo año suspendió nuevamente los torneos del ascenso, tras incidentes entre Chacarita Juniors y Morón.[34] En septiembre de 2003 se volvió a suspender el fútbol cuando el juez Mariano Bergés le ordenó a la Policía Federal Argentina que no brinde seguridad en los estadios durante dos semanas,[35] mientras estaba al frente de la causa judicial iniciada por los incidentes ocurridos en un partido entre Boca Juniors y Chacarita Juniors.[36]

A mediados de la década de 2000, se comenzó a aplicar en mayor medida el derecho de admisión.[37] En 2009 varios clubes de Buenos Aires y el Ministerio del Interior firmaron un convenio para delegar la aplicación de esta medida al Estado, autorizando a la Subsecretaría de Seguridad en los Espectáculos Futbolísticos a realizarla.[38] Para evitar los enfrentamientos, el 31 de julio de 2007 el Comité Ejecutivo de la AFA determinó, mediante una resolución, que en las categorías del Ascenso no se permitiría el acceso del público visitante a los estadios.[39]

A fines de 2006 se creó la ONG «Salvemos al Fútbol», cuyo primer objetivo fue llevar a la justicia todo hecho de violencia y corrupción en el fútbol. La ONG publica una lista con los nombres de todos los muertos victimas de violencia en el fútbol argentino.[40] Mónica Nizzardo, fundadora de «Salvemos al Fútbol» junto el ex juez de instrucción, Mariano Bergés, renuncio a la presidencia de la misma debido a la falta de apoyo recibida para combatir la violencia.[41] [42] [43]

En 2010 se acusó al entonces presidente de la AFA, Julio Grondona de tener vinculación con el viaje de una treintena de integrantes de diferentes hinchadas, alguno de ellos barrabravas.[44] Los barras de HUA lograron viajar al torneo,[45] Durante la copa mundial de fútbol, barabravas del Club Independiente protagonizaron incidentes en Johannesburgo.[46] A fines de 2009 se creó la ONG «Hinchadas Unidas Argentinas»', que agrupa a barras bravas de diferentes clubes,a cambio de que no se produzcan hechos de violencia.

Hacia fines de 2011, Nueva Chicago obtiene algo de alivio financiero gracias a la condonación de deuda y una extensión de veinte años en el derecho de posesión de los terrenos públicos del club otorgadas por la Legislatura gracias al legislador Cristian Ritondo, lo que produjo el enfrentamiento entre distintas facciones de la barra brava de Nueva Chicago por el control del dinero otorgado por parte de la dirigencia del club, dejando el saldo de un muerto.[47] [48]

Durante 2013 fueron detenidos dos integrantes de la barra brava de Colegiales, vinculados con el intendente de Vicente López, Jorge Macri, que fueron señalados como los responsables del asesinato del líder de la hinchada de ese club de fútbol, Fernando Morales.[49] Según una investigación del portal de noticias Zonanortediario del 18 de abril, un funcionario del PRO local llegó al Concejo Deliberante escoltado, entre otros, por Néstor Negro Cabrera y Daniel Harry Aranda, dos barrabravas acusados del homicidio.[50] Según un diario mendocino los dos presuntos barras homicidas son empleados y custodios del secretario de Gobierno de ese partido bonaerense, César Tuta Torres.[51]

En diciembre de ese año docentes porteños que reclamaban contra las políticas que afectan sus condiciones laborales fueron golpeado por lo que se denominó una "fuerza de choque" reconocidos como barrabravas de Dock Sud, aparentemente reclutados por Rafael Di Zeo, ex jefe de la barra brava de Boca Juniors. Luego, se comprobó gracias a legisladores del FPV, Proyecto Sur y otros partidos, que fueron esos barrabravas quienes allanaron el ingreso de diputados del PRO a la Legislatura y estaban vinculados a ese partido político.[52] Según Carlos Oroz, secretario general del gremio de docentes esas personas eran "barrabravas" de Boca Juniors "enviados" por el jefe de Gobierno de la Ciudad, Mauricio Macri, para sacar con "palazos y botellazos".[53]

En diciembre de 2014 el legislador Quattromano (también del PRO) fue denunciado por amenazas de muerte en plena sesión de la Legislatura, cuando presuntamente amenazó a Marcelo Ramal (legislador del FIT) diciéndole "ya vas a ver cuando vengan los barrabravas, te van a arrancar la cabeza", luego de que Ramal denunciara que los barrabravas actúan junto con el PRO.[54] Quattromano es allegado de Cristian Ritondo, presidente del bloque del PRO, quien justificó el accionar. Tanto Cristian Ritondo como Quattromano están relacionados con la barra brava de Nueva Chicago (de hecho hace unos años el Gobierno de la Ciudad le había condonado una deuda al club por gestión de Ritondo).[55] [56] [57]

Controles en el acceso a estadios[editar]

A mediados del año 2012, el gobierno nacional puso en circulación el AFA plus, un sistema biométrico de acceso de público a los estadios, con el objetivo de identificar a violentos para que no puedan ingresar a los estadios. Para asistir a un partido de fútbol de Primera División y del seleccionado argentino, cada aficionado deberá estar inscrito previamente en un Padrón Nacional de Aficionados. El empadronamiento se realizará como un trámite personal en las sedes de los clubes, donde cada persona que desee ir a la cancha deberá registrarse con su nombre, foto, domicilio, número de Documento Nacional de Identidad y sus huellas digitales

Hasta el momento, se empadronaron 110.000 personas, trámite que es gratuito hasta el 15 de julio, para después tener un costo de 100 pesos".Ocho los clubes que tienen sus obras avanzadas en el sistema: Lanús, Quilmes, Racing, Atlético Rafaela, Colón, Newell`s, Arsenal y Tigre.[58] [59] Grondona expresó"El AFA Plus está perfectamente dentro de las... en la provincia de Buenos Aires está ejecutado prácticamente en las cinco, seis canchas que están habilitadas. Acá, en Capital Federal, estamos con un problema de planos, con un problema de ponerse de acuerdo si está bien hecha la obra o no. Y estamos en eso, nos está perturbando únicamente en Capital"

Identificación y aguante[editar]

Diferentes especialistas en el tema,[notas 5] [60] coinciden en que cada hinchada se percibe a sí misma como custodio de la identidad del club. Éste era antiguamente un lugar compartido con los "jugadores símbolo" y los dirigentes comprometidos con la institución.[61] Sin embargo, la rápida venta de jugadores desde los denominados equipos chicos a los denominados grandes o desde cualquier equipo hacia uno extranjero, especialmente europeos, causó que la identificación con algún jugador sea poco probable debido a la poca continuidad que tienen en el club.[61] Pero, a diferencia del resto de los actores, las hinchadas sólo pueden proponer la defensa de los símbolos, los colores y el estadio, en oposición a la hinchada del equipo contrario.

En ocasiones los barras o sus jefes han participado en campañas políticas, como el caso de la campaña de Néstor Grindetti, al frente de la cartera de Hacienda porteña, cuando durante su campaña por las calles de Lanús, Grindetti se mostró por entonces junto a Diego Leandro Goncebate, alias “Fanfi”, acreditado como el último jefe de la barra brava de Lanús hasta que su interna se dirimiera a balazos, con el saldo de un muerto y varios heridos, el 26 de mayo de 2012.[62]

Las hinchadas desarrollan, en consecuencia, una autopercepción desmesurada, que agiganta sus obligaciones militantes: la asistencia al estadio no es únicamente el cumplimiento de un rito semanal, sino un doble juego, pragmático y simbólico. Por un lado, por la persistencia del mandato mítico: la asistencia al estadio implica una participación mágica que incide en el resultado. Por el otro: la continuidad de una identidad depende, exclusivamente, de ese incesante concurrir al templo donde se renueva el contrato simbólico. Como señalamos, esas obligaciones se extienden hacia una práctica real: la defensa del territorio propio frente a la invasión de la hinchada ajena.

Alabarces (2000), p. 217.

Este proceso crea una profundización en la fragmentación, no sólo en oposición de un "otro" radicalmente negativizado (fragmentación externa), sino también dentro de la misma hinchada (fragmentación interna).[63] La fragmentación externa puede producirse, a diferencia del fenómeno registrado en Europa, de cuatro formas:[64] entre regiones, entre ciudades, entre barrios y entre instituciones del mismo barrio.[65] La fragmentación interna fue un fenómeno novedoso, y se produjo por el surgimiento de agrupaciones con nombres propios dentro de hinchada. Generalmente el "poder", el acceso a los medios de financiación, se encuentra centralizado en un grupo o en la fusión de varios, pero otras veces existen peleas para adquirir todo o parte de ese "poder".[66]

La violencia es vista por algunos autores, como Patrick Mignon,[67] como una forma de visibilidad por parte de los individuos excluidos, siendo esta exclusión no sólo económica.[68] Pero según otra visión,[68] esta forma de visibilidad puede ser un medio, además, para obtener jerarquías en un ranking imaginario: el ranking del aguante.[63] Este ranking del aguante define supuestas jerarquías sobre quien defiende mejor los símbolos de la institución "más allá del dolor y la desilusión, más allá de la victoria o la derrota".[69] El aguante se ha convertido, en este marco, en una categoría ética.[69] En términos prácticos, el aguante se demuestra con la defensa de un espacio, no sólo mediante la pelea cuerpo a cuerpo sino también mediante métodos de intimidación.[70] La señal televisiva TyC Sports transmitía un programa llamado El Aguante, en el cual hinchas de diferentes clubes que concurren a los estadios expresan lo que sienten por su club y por el rival.[71]

Bibliografía[editar]

  • Pablo Alabarces (2000). Peligro de gol. ISBN 950-9231-48-7. 
  • Alejandro Apo, Diego Fucks, Guillermo Salatino, Víctor Hugo Morales y otros (1999). Jugados: crítica a la patria deportiva. ISBN 950-23-0914-6. 
  • Oscar Barnade y Waldemar Iglesias (2006). Mitos y creencias del fútbol argentino. Ediciones Al Arco. ISBN 987-22257-7-X. 
  • Clarín (2000). Especial violencia en el fútbol. 
  • Amílcar Romero (1986). Muerte en la cancha. Editorial Nueva América. 
  • Amílcar Romero (2003). El chico de la sombrilla. I-BUCS. 

Notas[editar]

  1. Partido jugado entre Boca Juniors y River Plate.
  2. Producidas por barras bravas, las fuerzas de seguridad o accidentes.
  3. En 1968 se produjo la tragedia de la Puerta 12, donde murieron 71 personas.
  4. Adrián Scaserra tenía 14 años cuando reció un disparo de un policía durante el enfrentamiento entre barras de Boca Juniots e Independiente en la Doble Visera.
  5. El trabajo "'Aguante' y represión. Fútbol, violencia y política en la Argentina" incluida en el libro Peligro de gol corresponde a Pablo Alabarces, Ramiro Coelho, José Garriga Zucal, Betina Guindi, Andrea Lobos, María Verónica Moreira, Juan Sanguinetti y Ángel Szrabsteni; en el marco de una investigación financiada por la Universidad de Buenos Aires y el CONICET.

Referencias[editar]

  1. Barnade e Iglesias (2006), p. 13.
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Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]