Barra brava

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda

Una barra brava es un grupo organizado de fanáticos dentro de una hinchada de fútbol, encargado de alentar a los jugadores de un club en específico (del que el grupo es simpatizante) en los estadios durante los partidos, y también de amedrentar a los jugadores y aficionados rivales, todo ello mediante el despliegue de banderas, la entonación de cánticos y, ocasionalmente, el ataque a los simpatizantes de los clubes rivales, además de defenderse y defender al resto de la propia afición de posibles ataques de hinchadas rivales o de la represión policial. Estos grupos se encuentran en gran parte de Latinoamérica, aunque existen algunos similares en otras partes del mundo.

Las barras bravas siempre se ubican en el centro de la tribuna que ocupan (de modo de comandar a la hinchada, coordinando los cánticos y el despliegue de banderas) y sus miembros suelen hallarse dispersos entre medio de las banderas que extienden. En la imagen, barra brava del Club Atlético Nueva Chicago.

Origen y características[editar]

En la década de 1920, las hinchadas de los clubes argentinos comenzaron a tener grupos con algunas similitudes a las posteriores barras bravas. Los mismos eran conformados por hinchas que destacaban de entre el público por su fervor, pero sin una gran organización ni número de personas, además de que no recibían financiación de parte de los dirigentes de los clubes para seguir al equipo en los partidos de visitante. Desde un comienzo, la prensa denominó a éstos grupos como barras[1] (ya que es un término que en Argentina se usa para denominar a los grupos de personas que se reúnen frecuentemente bajo un interés común -equivalente a uno de los significados del término pandilla-). Un ejemplo de ello fue La barra de la goma (formada en 1927), seguidora del Club Atlético San Lorenzo de Almagro y denominada así ya que, en los partidos jugados de local, sus miembros utilizaban la goma de las ruedas de bicicletas (rellena de arena y atada en los extremos con alambres) para atacar a los hinchas rivales que, en algunos partidos, arrojaban pequeños proyectiles al arquero de San Lorenzo de Almagro para molestarlo cuando debía intervenir en el juego.

El accionar de éstos grupos se limitaba a los estadios en los días de partido, y no solían organizarse frecuentemente para acompañar al equipo de visitante ni tenían como objetivo provocar violencia, ya que la misma solía surgir de forma espontánea y generalmente en partidos que estaban resultando difíciles para su club, de modo de intentar influir en el resultado al amedrentar al equipo rival y la terna arbitral mediante insultos y el lanzamiento de proyectiles, aunque ocasionalmente invadían el campo de juego y llegaban a recurrir a los golpes. También se encargaban de amedrentar o atacar a los hinchas rivales que intentaran perjudicar a los jugadores de su club mediante los mismos métodos. Debido a su comportamiento, ya a fines de dicha década, algunos periódicos llegaron a describir a éstas barras como bravas, por lo que aparece la conjunción barra brava por primera vez, pero no utilizada como una denominación.[1]

Durante la década de 1980 el fenómeno llegó a Chile, Paraguay y Perú, y posteriormente su uso se fue extendiendo por otros países de América Latina, como Costa Rica, Guatemala, México y Colombia (donde los miembros de las barras bravas son denominados barristas). Allí han adquirido notoriedad progresivamente, especialmente desde comienzos de la década de 1990.

Las banderas en forma de tiras (en Argentina denominadas trapos largos o tirantes) de varios metros de longitud que se despliegan, desde la parte superior de la tribuna, en sentido descendiente entre el público de pie, pertenecen exclusivamente a éstos grupos y son las más características de los mismos, ya que el resto de los hinchas no posee banderas de éste mismo estilo. En la imagen se observa a La Pandilla, barra brava de Vélez Sarsfield, ubicada en el centro de la tribuna con sus tirantes.

Además, en Brasil en los últimos años surgieron grupos que se autodenominan barras bravas y se diferencian de las torcidas organizadas, emulando en todos los aspectos a sus pares argentinas, habiendo clubes que poseen tanto una torcida organizada como una barra brava, especialmente en el sur del país.

Generalmente las barras bravas utilizan banderas, lienzos y diferentes instrumentos musicales con los que acompañan sus cánticos. También se caracterizan por ubicarse en las tribunas populares, que frecuentemente carecen de asientos y donde los espectadores deben ver el partido de pie.

Excepto en Argentina y Uruguay, suelen tener su origen en parte de la juventud urbana que busca la pertenencia a un grupo con el que sentirse identificado (misma razón por la que surgen las pandillas juveniles). Si bien existe una amplia variedad, las barras bravas tienden a presentar ciertos rasgos comunes: exaltación de la fuerza, sentido del honor asociado con la capacidad de pelear, y necesidad de reafirmación. Tradicionalmente, se ha asociado a éstos grupos con jóvenes urbanos marginales acostumbrados al consumo de alcohol y drogas,[2] aunque en Argentina y Uruguay los integrantes suelen ser de mayor edad, pues en estos países el fenómeno está más arraigado (al igual que sucede con los grupos similares de Europa).

Estudios académicos[editar]

N. Elias y E. Dunning han demostrado que los deportes, entre ellos el fútbol, el baloncesto, concentran y controlan las emociones humanas que no se demuestran en la vida pública. En vistas de ello, la violencia queda regulada por medio de ciertos controles que apuntan a la competencia agonal y a la caballería. Si bien la práctica de deportes en la modernidad es menos violenta en comparación con otras épocas, las hinchadas parecen tomar mayor protagonismo, reconfigurando el monopolio de la violencia en estos espacios.[3]

El hooliganism es una fiel expresión de cómo funcionan las sociedades industriales. Se puede entender como una negación al conformismo mediático basado en experiencias hedonistas y cortoplacistas, cuya reificación se corresponde con el deseo de consumo. El mundo del deporte permite una temporal liberación en donde el consumo de estupefacientes, la adrenalina y el alcohol van condicionando la estructura de la mentalidad y el cerebro. A diferencia de otros ciudadanos, los "barras" desarrollan una mayor dependencia a las experiencias hedonistas y nuevas. Esta tendencia, particularmente, los predispone al consumo de drogas, al desarrollo de prácticas violentas y a la impulsividad.[4]

Las teorías psicológicas apuntan al hooligan como un individuo con serios problemas de relación y sometido a una constante frustración psicológica. La violencia, como el abuso de sustancias, descomprimen y nivelan la autoestima para evitar la fragmentación de la personalidad.[5] Existen cuestiones de configuración de estatus y prestigio del hooligan respecto de sus pares que explica el proceso de retaliación propio del deporte:[6] este proceso de retaliación consiste en dirigir un acto hacia un objeto que no es el estímulo inicial de la respuesta; incluso la misma presencia coactiva del estado en los espectáculos a través de la policía despierta hechos vinculados a la agresión. La violencia, en ocasiones, se ejerce sobre quienes no están a la altura de las circunstancias.

Para explicar este fenómeno, el antropólogo argentino José Antonio Garriga-Zucal explica que la violencia adquiere una función particular: fija y mantiene los límites territoriales de los grupos humanos. Los "Barras" mantienen un fuerte lazo con su espacio físico, su club, el barrio. Por lo tanto, el problema de la violencia no viene asociado al lazo social, sino a una forma de intercambio que resignifica el mundo del fútbol. La “hombría, la masculinidad, y el aguante” son elementos culturales esenciales en la forma de vincularse con otros.[7]

Javier Bundio sugiere que las amistades y enemistades pueden explicarse por medio de la construcción del enemigo común: la idea que el amigo de mi amigo es mi enemigo crea una tensión entre los grupos imposible de sostener en el tiempo. Por el contrario, el equilibrio se adquiere cuando se invierte la fórmula, en el enemigo de mi enemigo es mi amigo. La tesis del equilibrio es por demás interesante para comprender las formas de cómo se tejen las alianzas entre las hinchadas. Bundio confirma que las hinchadas se comparan entre sí mediante el discurso. La alianza fortalece el vínculo entre los grupos, similar al intercambio de dones que implica una suspensión temporal de la hostilidad. Partiendo de la base que el conflicto es la norma impuesta, entre quienes mantienen similitud de bordes la amistad es vista como algo peyorativo pero imperiosamente necesario para evitar la derrota en inferioridad numérica. No obstante, en ciertas circunstancias, el modelo de Haider no puede explicar cómo se pasa de un estado festivo de camaradería a otro de agresión.[8]

Para Maximiliano Korstanje, la violencia no es patrimonio de las hinchadas sino que pulula por toda la sociedad. Particularmente, el deporte adquiere una naturaleza estamental de conflictividad que dadas ciertas condiciones puede despertar un hecho de violencia. Para poder regular la violencia, las hinchadas pactan espacios de hospitalidad a la cual llaman amistad. Cuando los límites identitarios del grupo-hinchada —como los de cualquier estado— se vulneran, la hostilidad regula las bases de la corporeidad. La violencia en el fútbol se corresponde con una lógica que emula un estado bélico de batalla. Por ese motivo, las medidas tendientes a eliminarlo no solo fracasan sino que apenas pueden contener los episodios de violencia temporalmente.[9]

Argentina[editar]

En el período que va desde 1924 a 1957 se produjeron doce muertes relacionadas con el fútbol.[10] Sin embargo, a partir del final de la década de 1950 el fenómeno sufrió importantes cambios: tras la muerte de un hincha (Alberto Mario Linker) ocurrida en octubre de 1958 debido a la represión policial, en el fútbol argentino se inicia una etapa de "acostumbramiento" a la violencia, apareciendo, a comienzos de la década de 1960, el uso de la denominación barras bravas para referirse a los grupos organizados de hinchas violentos (aunque el término se popularizó en la década de 1980) que ya existían desde la década anterior. Desde ese momento empieza a incrementarse el número de muertes; de acuerdo con el periodista Amílcar Romero, entre 1958 y 1985 se produjeron en Argentina 103 muertes relacionadas con violencia en el fútbol; es decir, en promedio una cada 3 meses.[11]

En este período, además, progresivamente se fueron institucionalizando los grupos de hinchas violentos, financiados por los dirigentes de los respectivos clubes. La violencia ha aumentado desde entonces, y los barrabravas comenzaron a ser utilizados también por los políticos y por la policía.[12]

Chile[editar]

Los primeros grupos de hinchas organizados hicieron su aparición pública en la década de 1980. En 1988 con ocasión de un partido entre Colo-Colo y la Universidad de Chile, se registraron graves incidentes protagonizados por la Garra Blanca, grupo formado en 1986.[13] Tras uno de los enfrentamientos de Los de Abajo y la Garra Blanca —que terminó con setenta detenidos y graves destrozos en el estadio y en sus alrededores— se comenzó a discutir la necesidad de crear una Ley de Violencia en los Estadios que castigara específicamente este tipo de hechos.[14]

Uruguay[editar]

La Barra Amsterdam de Peñarol.

Se registran amplios niveles de conflictividad entre ellas y han generado numerosos actos de violencia, llegando a causar diez muertes en total. Las dos barras bravas más conocidas de Uruguay son "La Banda del Parque", del Club Nacional de Football, y "La Barra Amsterdam", del Club Atlético Peñarol.[15]

Colombia[editar]

Este fenomeno inicia en la ciudad de la capital de Colombia, Bogotá; con la fundación de la primera barra en el país por Hernando Ramírez de la "Barra 25" del Club Independiente Santa Fe en la década de los años 70'. Donde a partir de allí, se dio inicio al movimiento barrista de Colombia seguido por los demás equipos importantes de la época. Hoy en día, cada equipo cuenta con su propia barra brava, donde a partir de dicho fenómeno, se han visto serios brotes de violencia en los estadios, llevando las riñas hasta los barrios de las ciudades donde cada barra maneja un territorio.

Venezuela[editar]

Barra Avalancha Sur del Deportivo Tachira FC

Se considera a la Avalancha Sur del Deportivo Táchira como una de las mayores barras del país. Una de las principales características de la Avalancha Sur es que ha sido protagonista de diversos actos de violencia, como el del Estadio La Carolina de la ciudad de Barinas, en el que dejó como resultado el deterioro de más de 600 sillas,[16] o el que tuvo lugar en el Estadio José Antonio Páez, donde se enfrentaron a un grupo de hinchas del Portuguesa Fútbol Club y Zamora, provocando dos muertes.[16] Sin embargo, el mayor hecho de violencia hasta el momento ocurrió el 17 de diciembre de 2000, luego de que el exfutbolista del Caracas Fútbol Club, Alexander Rondón, golpeara a un aficionado tachirense, lo que provocó que los integrantes de la barra ingresaran al terreno de juego y protagonizaran disturbios que finalizaron con la quema del autobús de los caraqueños.[17]

México[editar]

Mosaico de La Sangre Azul, del Cruz Azul.

La cultura de apoyo se encuentra vigente en el país norteamericano desde la existencia del fútbol americano colegial en los 50, donde se recurrieron a las celebres "porras", un ejemplo claro es el llamado Clásico universitario, rivalidad entre las dos máximas casas de estudio, el Instituto Politécnico Nacional (I.P.N) y la Universidad Nacional Autónoma de México (U.N.A.M), en ese acontecimiento, se reunían los estudiantes y apasionados al deporte, que vestían los colores de su institución, entonando el "Huellum", vistiendo guinda y blanco los del "Poli", entonando el "Goya", vistiendo azul marino y dorado los de la "Universidad", sumado a la porra, composición rítmica a veces poética, dedicada a mostrar respaldo a los conjuntos amados, así como para apaciguar el apoyo del contrario o "rival"[18] Tal concepto fue conocido como "porra". En el ámbito futbolístico, estaba presentes el típico "Chiquitibum" y la "Ola", característico de los mexicanos como uso deportivo. Años posteriores, sería reemplazado por lambadas y cánticos sudamericanos de origen para dar pie a las barras bravas.[19]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b Clarín (2011). «Los hinchas y las "barras bravas"». 
  2. BBC (2005). «De los Hooligans a las Barras Bravas». 
  3. Elias, N. and Dunning, E. Sport and Leisure in the civilizing process. Buenos Aires FCE
  4. King. A. 1999 "Footbal hooliganism and the practical paradigm". Sociology of Sports Journal. Vol 16, pp. 269-273
  5. Kerr, J. (1994) Understanding soccer hooliganism. Buckingham, Open University Press.
  6. Landau, S (1984) "Trends in violence and aggresion: a cross-cultural análisis". Int. Journal of Comparative Sociology, Vol 24-133-148
  7. Garriga-Zucal. 2007 Haciendo Amigos a la piñas. Violencia y Redes sociales en una hinchada. Buenos Aires, Prometeo
  8. Bundio, J. (2011). “El Enemigo de mi enemigo es mi amigo, explorando los conflictos y las alianzas entre las hinchadas". III Reunión Latinoamericana de Análisis de redes sociales, BUE
  9. Korstanje, Maximiliano E. “Bajo trinchera, el rol de la hospitalidad en los espectáculos futbolísticos en Argentina”. OBETS. Revista de Ciencias Sociales. Vol. 7, N. 2 (2012). ISSN 1989-1385, pp. 215-239
  10. Producidas por barras bravas, las fuerzas de seguridad o accidentes.
  11. Romero, Amilcar (1986), p. 7.
  12. Zin, Hernán (entrevista, 2012: http://www.20minutos.es/entrevistas/hernan-zin/389/)
  13. «Violencia en el fútbol: Corre sangre por el pasto» (HTML). enlacanchachile.blogspot.com. 2003. Archivado desde el original el 19 de enero de 2008. 
  14. Por Por Ana Rodríguez Silva y Andrea Sánchez Riadi. «Violencia en los estadios: ¿De quién es la pelota?» (HTML). Archivado desde el original el 0 de agosto de 2004. 
  15. Incidentes en el fútbol uruguayo larepublica.com.uy
  16. a b Luis Edgatdo Aguilar (2009). balonazos.com, ed. «Los sucesos violentos del José Antonio Páez». Consultado el 17 de octubre de 2009. 
  17. laredavilena.com, ed. (2008). «Por la décima». Consultado el 17 de octubre de 2009. 
  18. Orgulloguinda.org («Historia del Clásico Politécnico-Universidad»)
  19. Periodico Zócalo-Saltillo en Línea («VIDEO: En México 1986 nacieron la ‘ola’ y la ‘Chiquitibum’ "Barras bravas" aparecieron en estadios de Pachuca, Tampico, Tigres y Monterrey, siendo iniciadores de este movimiento en territorio mexicano»)

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]