Instituto para las Obras de Religión

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El Instituto para las Obras de Religión o IOR (en italiano: Istituto per le Opere di Religione), conocido popularmente como el Banco Vaticano, es una institución de la Iglesia católica situada en la Ciudad del Vaticano. Fue fundado por el papa Pío XII en 1942 con el propósito de conservar y administrar los bienes confiados al Instituto por personas físicas o jurídicas que tengan por objetivo actividades religiosas o caritativas.[1] Entre otras funciones, permite a la Santa Sede administrar sus recursos y sirve para financiar a las iglesias con mayores necesidades económicas situadas en los países más pobres.[2] [3]

Aunque popularmente es conocido como el Banco Vaticano, técnicamente no lo es, ya que el Instituto para las Obras de Religión no tiene fines de lucro y tampoco presta dinero o realiza inversiones directas. Sí tiene la obligación de mantener la capitalización de la entidad y el dinero de sus clientes, por lo que el capital recibido se invierte en bonos de Estado, en obligaciones y en el mercado interbancario.[1] [4]

El IOR administra fondos por un valor de 7 000 millones de euros y cuenta con casi 19 000 usuarios, de los cuales unos 5 200 son instituciones católicas, que tienen la titularidad de más del 85% de los fondos administrados; y 13 700 son personas entre las que se encuentran religiosos, empleados de la Ciudad del Vaticano y otros autorizados, como pueden ser los enviados diplomáticos ante la Santa Sede.[1]

Tras haberse visto afectado por la bancarrota del Banco Ambrosiano y varios escándalos, en la actualidad está llevando a cabo un proceso de transparencia, para el cual se harán públicos informes anuales sobre su situación financiera y ha sido contratada una empresa que realizará una auditoría externa para descartar irregularidades. En 2010 el papa Benedicto XVI promulgó en una nueva ley para prevenir el lavado de dinero y una de sus últimas decisiones antes de renunciar al papado fue la del nombramiento del abogado alemán Ernst von Freyberg, perteneciente a la Orden de Malta, como director de la entidad.[5] [6]

En este marco, el 1 de octubre de 2013 el Instituto hizo público su informe anual por primera vez en sus 125 años de historia. En él se detalla un beneficio neto de 86,6 millones de euros en el año 2012; cantidad que permitió al IOR aportar una contribución de 54,7 millones de euros al presupuesto de la Santa Sede.[7]

Historia[editar]

El Instituto para las Obras de Religión en los años 90, había invertido en más de U$D 10 mil millones en compañías extranjeras[cita requerida]. Asimismo, se dice que comenzó a prestar ciertos servicios ilegales[cita requerida], como el de "lavado de dinero" para personas influyentes conectadas con la Iglesia Católica.[cita requerida] El escándalo de este lavado de dinero se escapó de sus manos en 1968 debido a un cambio en las regulaciones financieras italianas, que habrían asignado más transparencia. Para prevenir el escándalo que ocurriría al hacerse público que el Instituto para las Obras de Religión (que supuestamente utilizaba todas sus utilidades en obras de caridad)[cita requerida] de hecho había conservado la mayor parte de sus beneficios y había ampliado sus operaciones,[cita requerida] el Papa Pablo VI alistó a Michele Sindona como Consejero papal de las finanzas con el fin de vender activos y mover el dinero en ultramar, para ocultar el grado completo de la abundancia del Vaticano[cita requerida]. Sindona resultó ser principalmente responsable de la afluencia masiva del dinero, desde el momento en que se dedicó a "lavar" y planchar los beneficios provenientes del negocio de la heroína de la familia mafiosa Gambino[cita requerida], utilizando para ello una corporación fantasma denominada “Mabusi”. Este lavado fue logrado con la ayuda de otro banquero corrupto, Roberto Calvi, quien tenía a cargo el manejo del Banco Ambrosiano. Resulta interesante ver que tanto Calvi como Sindona eran miembros de la Logia P2.[cita requerida]

Cuando el papa Juan Pablo I conoció del Banco y lo que hacía, envió a Jean-Marie Villot (a cargo de la Secretaría de Estado Vaticano y jefe de la Curia Romana) para investigar la materia a fondo. Curiosamente, un mes más adelante, después de que Villot informara sobre el escándalo, Juan Pablo I moría. Juan Pablo II no se interesó en el tema[cita requerida], permitiéndole a Sindona continuar sin mayores injerencias por un par de años más.

Comisión Especial sobre actividades del Banco Vaticano[editar]

El 24 de junio del 2013, el Papa Francisco, conformó está comisión integrada por el cardenal italiano Raffaele Farina, ex responsable del Archivo Secreto Vaticano, el cardenal francés Jean-Louis Tauran, el español Juan Ignacio Arrieta Ochoa de Chinchetru, experto en la legislación del Vaticano (coordinador), el estadounidense Peter Bryan Wells, miembro de la Secretaría de Estado y la profesora laica estadounidense Mary Ann Glendon, especialista en derecho de Harvard.[8]

La comisión pontificia deberá ilustrar al Papa "personalmente" sobre "las actividades y la situación jurídica" del banco del Vaticano y fue designada "en el marco de la reforma" de la Curia Romana.

Para la creación de la comisión pontificia, el Papa firmó un "quirógrafo", una suerte de documento jurídico escrito por el mismo pontífice.

La comisión tiene como objetivo "reunir informaciones sobre la evolución de la entidad y presentar sus conclusiones al Papa Francisco.[9]

Bancarrota del Banco Ambrosiano[editar]

El escándalo del banco Ambrosiano saltó al descubrirse el agujero fiscal de 1.400 millones de dólares[cita requerida] en 1981 (uno de los mayores escándalos financieros de la post-guerra). Posteriormente sale a la luz una lucha de poder (intentaron asesinar al vicepresidente, Roberto Rosone) que hace que los acontecimientos se precipiten y el Banco de Italia intervenga, obligando al Ambrosiano a declararse en bancarrota.

El Instituto para las Obras de Religión era el principal accionista del Ambrosiano, y con su quiebra numerosos acreedores exigieron al Vaticano que les devolviera el dinero perdido. La justicia italiana intentó juzgar al entonces director del Instituto para las Obras de Religión Paul Marcinkus, aludiendo que la importancia de su participación en la gestión de banco tuvo que implicarle de algún modo en el escándalo, pero la Curia vaticana se negó asegurando que no tenían nada que ver con la quiebra del Ambrosiano.[10]

Finalmente la crisis se dio por zanjada cuando el Secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Agostino Casaroli dio la orden de pagar 406 millones de dólares a los acreedores del Ambrosiano en concepto de "contribución voluntaria", aduciendo que la Santa Sede tenía ante ellos una responsabilidad moral.

Además, retiraron a Marcinkus de la directiva de la banca Vaticana y lo enviaron a una parroquia de Illinois (EE. UU.), donde pasaría el resto de su vida.[11]

Alegaciones[editar]

Varios libros que aparecieron durante los años 90 eran altamente críticos con las relaciones históricas del Instituto para las Obras de Religión con gobiernos de la derecha y, especialmente, con el régimen del colaboracionista Estado independiente de Croacia.[cita requerida]

Según un informe del Departamento de Estado de los EE.UU. hecho público en 1998, el gobierno pronazi de Croacia transfirió fuertes sumas de dinero fuera del país a través de la banca vaticana.[cita requerida] Por su parte, el Vaticano ha negado en varias ocasiones cualquier participación en dicha operación, a pesar de lo cual se niega a investigar y abrir sus archivos.[cita requerida]

En 1997 fue publicada una nota redactada en 1946 por el agente de la Hacienda de los EE.UU. Emerson Bigelow, donde hace referencia a una “fuente confiable en Italia”, donde pone en aviso a su superior que los funcionarios croatas habrían enviado 350 millones de francos suizos (CHF) al Instituto para las Obras de Religión “para depositar”. Al parecer, CHF150 millones fueron confiscados por autoridades británicas en la frontera entre Austria y Suiza, lo que dejó la transferencia secreta al descubierto. Al respecto, "no hay base real a este informe" fue lo que dijo el portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro-Valls[1].

Según investigaciones del diario inglés London Telegraph y del Inside Fraud Bulletin, para febrero del 2002 el Instituto para las Obras de Religión era responsable del blanqueo de 55 billones de dólares de la mafia anualmente.[cita requerida]

Papel en cultura popular[editar]

La película de 1990 el "Padrino III", hace del Instituto para las Obras de Religión un elemento central dentro de la trama conspirativa de la misma.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b c «Transparencia, respetando las normas internacionales: entrevista al presidente del IOR, von Freyberg», Radio Vaticano, 31 de mayo de 2013. Consultado el 31 de mayo de 2013.
  2. «Ernest Von Freyberg, nuevo presidente del Banco Vaticano», COPE, 15 de enero de 2013. Consultado el 31 de mayo de 2013.
  3. «El Papa pide información sobre las personas con cuenta corriente en el Banco Vaticano», Europa Press, 26 de abril de 2013. Consultado el 26 de abril de 2013.
  4. Mora, H. Sergio. «El Instituto para las Obras de Religión (IOR) abre sus puertas a los periodistas», ZENIT, 28 de junio de 2012. Consultado el 31 de mayo de 2013.
  5. Piqué, Elisabetta. «Von Freyberg: "La imagen del Banco del Vaticano daña al Papa"», La Nación, 31 de mayo de 2013. Consultado el 2 de junio de 2013.
  6. Galán, Lola. «“El banco vaticano no le ha hecho un buen servicio al Papa”», El País, 31 de mayo de 2013. Consultado el 2 de junio de 2013.
  7. «El IOR publica por primera vez su informe anual», VIS, 1 de octubre de 2013. Consultado el 1 de octubre de 2013.
  8. Comunicado de la Secretaría de Estado sobre la institución de una Comisión Referente del IOR VIS, 26 junio 2013
  9. El Papa instituye una Pontificia Comisión Referente sobre el IOR VIS, 26 junio 2013
  10. http://elpais.com/diario/1989/03/11/opinion/605574007_850215.html
  11. Paul Marcinkus, el 'banquero de Dios' | elmundo.es

Enlaces externos[editar]




Coordenadas: 41°54′1″N 12°27′15″E / 41.90028, 12.45417