Azules y colorados

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Azules y colorados
Azules-colorados.jpg
Un tanque Sherman al lado de otro inutilizado, en Florencio Varela, el 22 de septiembre de 1962.
Fecha 21 de septiembre de 19625 de abril de 1963 (6 meses y 14 días)
Lugar Argentina
Casus belli Luchas internas en el seno de las Fuerzas Armadas Argentinas
Resultado Victoria de la facción azul
Consecuencias
  • La Armada pierde su influencia política.
Beligerantes
Bandera de Argentina Azules Bandera de Argentina Colorados
Comandantes
Bandera de Argentina Juan Carlos Onganía
Bandera de Argentina Alcides López Aufranc
Bandera de Argentina Juan Carlos Lorio
Bandera de Argentina Santiago Sabarots
Bandera de Argentina Federico Toranzo Montero
Unidades militares
8.º Regimiento de Tanques[1]
  • 10.º Regimiento de Blindados[1]
7.º Regimiento de Infantería[1]
  • Batallón II de Comunicaciones[1]
Bajas
9 muertos[2]
22 heridos
12 tanques destruidos
5 muertos
3 heridos
24 aviones destruidos en tierra
En total murieron 24 soldados en ambos bandos, mientras 87 resultaron heridos.[3]

Azules y colorados fue el nombre con que fueron conocidas dos facciones en el seno de las Fuerzas Armadas argentinas, que comenzaron a formarse luego del golpe de Estado de 1955 que derrocó al gobierno constitucional de Juan D. Perón, hasta estallar en una confrontación militar abierta durante el gobierno de José María Guido (1962-1963). Las denominaciones de "azules y colorados" aparecieron en el curso de los combates de septiembre de 1962 y tienen su origen en la terminología empleada históricamente en el estudio de la ciencia militar, para designar a los dos bandos hipotéticos que se enfrentan en una guerra simulada.[2]

Ambos grupos compartían la alineación de Argentina con Estados Unidos en la Guerra Fría y la necesidad de combatir al comunismo, pero discrepaban sobre la actitud a tomar con el peronismo. Mientras que los azules proponían una integración limitada del peronismo a la vida política argentina, los colorados equiparaban al peronismo con el comunismo y abogaban por erradicar a ambos completamente. Hacia 1962, cada bando luchaba para lograr el control sobre el conjunto de las Fuerzas Armadas y, de ese modo, estar en condiciones de ejercer la tutela sobre el gobierno y establecer el rumbo que debía seguir la política nacional.[2]​ Políticamente, los radicales del pueblo (balbinistas) estaban más cerca de los colorados, mientras que los radicales intransigentes (frondizistas) estaban más cerca de los azules.[4]

La confrontación entre ambos grupos se expresó en varios episodios y dos enfrentamientos armados, el primero sucedido entre el 16 de septiembre y el 18 de septiembre de 1962, sin víctimas, y el segundo entre el 2 y el 5 abril de 1963, durante los cuales murieron 24 soldados en ambos bandos, mientras 87 resultaron heridos.[3]​ Los combates de abril establecieron la victoria del bando azul, dominado por los jefes del arma de Caballería y el liderazgo del general Juan Carlos Onganía, sobre el conjunto de las Fuerzas Armadas y los sectores civiles y eclesiásticos que apoyaban el llamado "Partido Militar". Tres años después Onganía impondría la primera dictadura cívico-militar de carácter permanente de la historia argentina.[5]

Antecedentes[editar]

La cuestión del peronismo[editar]

Entre 1943 y 1945 surgió en la sociedad argentina una corriente política que adoptaría el nombre de peronismo, que se caracterizó por una amplia base popular y obrera, esta última organizada sindicalmente, que impulsó un proceso de industrialización, redistribución de la riqueza y ampliación de los derechos sociales y las clases medias, a partir de la intervención activa del Estado. El Partido Peronista, con la candidatura de Juan D. Perón, ganó con amplio apoyo dos elecciones presidenciales consecutivas en 1946 y 1951 y fue derrocado en 1955 por un golpe de Estado que impuso la dictadura cívico-militar autodenominada Revolución Libertadora, precedida por una masacre causada por el bombardeo de Plaza de Mayo.

Desde el momento mismo en que Perón fue derrocado, los golpistas y sus partidarios comenzaron a discutir cuál debía ser la postura a adoptar frente al peronismo, surgiendo en todos los ámbitos dos sectores diferenciados, un sector "duro" antiperonista, también conocidos com "gorilas", que quería erradicar al peronismo y un sector "integrador", también conocidos como "legalistas", que admitía la integración del peronismo en la vida política argentina, con variantes en el grado de integración, principalmente alrededor de la posibilidad de permitir o no permitir que Perón pudiera volver a presentar su candidatura.[6][7][8]​ El diferente enfoque frente al peronismo, impulsó la división interna de los partidos políticos, como las sufridas por la Unión Cívica Radical (Frondizi y Balbín) y el Partido Socialista (Palacios y Américo Ghioldi) y también se expresaron en el seno de las Fuerzas Armadas.[9]

Guerra Fría y guerra contrarrevolucionaria[editar]

En 1956 ingresan a la Escuela de Guerra algunos oficiales franceses y argentinos que habían estado en el exterior, con nuevos enfoques sobre el conflicto mundial que en ese momento comenzaban a desarrollarse en Francia y Estados Unidos. Estos enfoques comienzan a modificar el paradigma de la Segunda Guerra Mundial que hasta ese momento había predominado en el Ejército, para orientarse hacia la preocupación por una "guerra contrarrevolucionaria" y por la guerra atómica, que estaba conformando un mundo bipolar.[4]

Francia había perdido sus colonias en Vietnam luego de la traumática derrota en la Batalla de Dien Bien Phu (1954) y estaba desarrollando los nuevos conceptos de la guerra contrarrevolucionaria para aplicarlos en la Guerra de Independencia de Argelia (1954-1962), que ponían el acento en el uso de la tortura para obtener información, con una fuerte invocación al fundamentalismo católico. La llamada Escuela Francesa comenzó a difundirse entre las Fuerzas Armadas argentinas, aún antes que en Estados Unidos, al punto que el primer curso de guerra contrarrevolucionario se hizo en Argentina en 1961 y fue inaugurado por el presidente Frondizi.[4]

En ese contexto, en un mundo dividido en comunistas y anticomunistas, se plantea en el seno de las Fuerzas Armadas la existencia de un "enemigo interno", que en el caso de la Argentina era el peronismo, a través del cual podía ingresar el comunismo a la Argentina.[4]​ Estas ideas, con el asesoramiento de los militares franceses, van a originar el Plan Conintes que aprobaría Frondizi en 1959.[4]

Entre los profesores que se destacaban por entonces en la Escuela de Guerra se encontraba el general Osiris Villegas, autor del libro Guerra revolucionaria comunista (1963), el primero publicado sobre este tema, y el abogado Mariano Grondona.[4]

Politización y profesionalismo de las Fuerzas Armadas[editar]

La fuerte definición antiperonista que le impusieron Aramburu y Rojas a la dictadura militar que derrocó a Perón, tuvo el efecto de introducir la política en los cuarteles. Los capitanes y los tenientes discutían las líneas políticas de la dictadura de igual a igual con sus superiores. El resultado fue la disolución de la jerarquía militar y la generación de conflictos permanentes, que fueron visibles durante todo el gobierno de Frondizi.[4]​ En algún momento los generales llegaron a votar entre ellos para designar al secretario de Guerra.[4]

Algunos sectores militares comienzan entonces a cuestionar la politización de las Fuerzas Armadas, como una situación que amenazaba su misma existencia, además de volverlas vulnerables a la infiltración.[4]​ Poco a poco, durante el gobierno de Frondizi, los militares se fueron agrupando en un bando más politizado y abiertamente antiperonista, y otro bando más partidario de un perfil profesionalista, que también adoptó por entonces el mote de "legalista", que proponía un menor compromiso con los vaivenes de las fuerzas políticas.[4]

El frondizismo[editar]

Los sectores militares liderados por el general Pedro Eugenio Aramburu y el almirante Isaac Rojas, tomaron el poder durante la Revolución Libertadora para imponer un estricto plan de persecución y "desperonización" del país, pero el triunfo del radical intransigente Arturo Frondizi en alianza secreta con Perón en las elecciones de 1958, debilitaron las medidas tomadas por los sectores antiperonistas duros y abrieron las puertas al reingreso del peronismo a la vida política y sindical.

Durante el frondizismo, los diferentes sectores internos de las Fuerzas Armadas buscaron mejorar su posición relativa mediante el apoyo de los suboficiales del Ejército Argentino.

En marzo de 1962 el peronismo ganó las elecciones legislativas y para gobernador en varias provincias, incluyendo la crucial de la provincia de Buenos Aires. El resultado electoral no fue aceptado por los sectores antiperonistas duros, encabezados por la Marina, y Frondizi también fue derrocado por un golpe cívico-militar. Una sagaz maniobra de Frondizi logró que el radical intransigente José María Guido jurara como presidente, antes de que los golpistas liderados por el general Raúl Poggi, del bando colorado,[10]​ instalaran una Junta Militar, pero Guido quedó completamente sujeto al llamado "Partido Militar" y Poggi continuó como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

Guido[editar]

Tras la caída de Frondizi, las Fuerzas Armadas aparecieron claramente divididas en dos bandos que, a partir de septiembre de 1962, serían conocidos como azules ("legalistas") y colorados ("golpistas"). El sector duro de las Fuerzas Armadas, definido como "golpista", quedó en las principales posiciones de poder, con el general Marino Carrera como secretario de Guerra y el general Raúl Poggi, jefe del golpe que derrocó a Frondizi, como comandante en jefe del Ejército.[11]​ Desde dichos cargos, la cúpula militar supervisaba la gestión del presidente Guido y se reservaba la facultad de removerlo en caso de no cumplir con sus expectativas. Frente a ese sector se ubicó el bando "legalista" y que pretendía la profesionalización de las Fuerzas Armadas dentro de un orden democrático respetuoso de la Constitución.[12][13]

La crisis de Semana Santa de 1962[editar]

El viernes 20 de abril de 1962, durante el feriado de Semana Santa, tuvo lugar el primer choque entre las facciones militares. El comandante del Arma de Caballería con sede en Campo de Mayo, general Enrique Rauch, un azul que luego asumiría posturas cercanas a los colorados,[14]​ solicitó públicamente la renuncia del secretario de Guerra, general Marino Carrera, con la intención mantenida en reserva de reemplazar al comandante en jefe del Ejército, general Raúl Poggi, líder del grupo militar que había derrocado a Frondizi.[15]​ Rauch expresaba la postura de un grupo de militares que buscaba reducir la presión militar sobre Guido, con el fin de que pudiera llegar a realizar elecciones presidenciales en un breve lapso, e instaló su puesto de comando en la Escuela Superior de Guerra, apoyado en su director, el general Alejandro Agustín Lanusse.[16]​ Rauch realizó ese pedido luego de reunirse con Guido y en la creencia que Guido lo había apoyado.[17]

Guido, sometido a fuertes presiones, luego de relevar al general Carrera, le ofreció la Secretaría de Guerra a Rauch que, instantes después de aceptar el cargo tomó conocimiento que Poggi había decidido atrincherarse en el Comando en Jefe del Ejército para resistir su remoción.[18]

A las 5 de la mañana del sábado 21 de abril, Rauch dio la orden de movilizar tropas blindadas y de infantería, desde Campo de Mayo y Magdalena, para que tomaran posiciones en la ciudad de Buenos Aires para enfrentarse con las tropas de Poggi.[19]​ Durante todo el día se sucedieron las negociaciones entre los dos bandos, con intervención del presidente Guido, hasta que llegaron a un acuerdo por el cual ambos militares pasaban a retiro y el nuevo secretario de Guerra sería designado por Guido, de una terna elaborada por Rauch. El militar seleccionado fue el general Juan Bautista Loza, partidario del sector azul que contaba con cierto respeto entre los colorados, quien evitó designar un comandante en jefe del Ejército y mantuvo esas funciones en sus manos.[20]

Con la caída de Poggi, debió dejar el poder también el ministro de Economía Federico Pinedo, una figura ligada a los sectores duros que resultaba muy irritante, para ser reemplazado por Álvaro Alsogaray, que tenía el apoyo de los legalistas.[21]

La sublevación de Toranzo Montero de agosto de 1962[editar]

El 8 de agosto de 1962, el general Federico Toranzo Montero, comandante del IV Cuerpo de Ejército con asiento en Salta y partidario del bando "duro" opuesto a toda integración del peronismo ("anti-integracionistas"), exigió la renuncia del secretario de Guerra Loza.[21][22]​ Loza renunció y el presidente Guido encomendó al ministro de Defensa José Luis Cantilo la designación del nuevo secretario de Guerra.[23]​ Cantilo, en un hecho sin precedentes, se entrevistó por separado con cada uno de los generales y les pidió que votaran para elegir al nuevo secretario. El elegido resultó el general (R) Eduardo Señorans, quien se reunió con Guido para explicarle cuáles eran sus planes para resolver la crisis.[24]​ Instantes después Toranzo Montero se negó a reconocer a Señorans como secretario y, en otro hecho sin precedentes, emitió un documento en el que se nombraba a sí mismo como "comandante en jefe del Ejército en operaciones"´instalando su comando en la Primera División Motorizada de Palermo, en plena ciudad de Buenos Aires, y ordenó a sus partidarios impedir que el general Señorans se instalara en la Secretaría de Guerra y desplegar tropas en La Matanza, razón por la cual Señorans debió establecer sus oficinas en la Escuela de Guerra.[25]

El 10 de agosto por la tarde, el general Señorans asumió el cargo, consideró que Toranzo Montero había incurrido en un acto de rebeldía, que debía ser reprimido en caso de no aceptar el ultimátum y desplegó tropas en la ciudad de Buenos Aires para proceder en ese sentido.[24]​ Pero los militares y políticos anti-integracionistas, dentro y fuera del gobierno, operaron esa tarde para evitar el enfrentamiento armado y lograron que el presidente Guido recibiera esa misma noche a Toranzo Montero en la Quinta presidencial de Olivos.[26]​ Señorans consideró inaceptable negociar con un militar que se encontraba "en abierta rebeldía" y renunció de inmediato, apenas diez horas después de haber asumido el cargo.[25]

A la mañana siguiente, los mandos de los dos bandos militares fueron convocados por el presidente Guido a Olivos y ubicados en habitaciones separadas, con el fin de negociar con ellos un nuevo secretario de Guerra. Toranzo Montero exigió que fuera nombrado el general Arturo Ossorio Arana, un hombre de la línea dura que había sido parte del grupo golpista que derrocó a Frondizi.[25]​ Guido mismo rechazó esa posibilidad y finalmente ambos bandos se pusieron de acuerdo en nombrar al general (R) José Octavio Cornejo Saravia, un militar retirado que estaba en contra de convocar a elecciones y era partidario de establecer una dictadura de tipo permanente, durante un plazo no menor a diez años.[27]

El nombramiento de Cornejo Saravia superó la crisis, pero el nuevo secretario de Guerra impulsó en el gabinete la necesidad de que el gobierno evolucionara hacia una dictadura abierta, disolviendo el Congreso, suspendiendo la acción sindical y ocupando la Confederación General del Trabajo. La postura de Cornejo Saravia no prosperó en su totalidad, pero impulsó a Guido hacia un plan de "congelamiento del Congreso" y realización únicamente de elecciones presidenciales con participación del peronismo, mediante sufragio indirecto con sistema de representación proporcional, para que ningún partido político alcanzara el quórum necesario para elegir al presidente en el Colegio Electoral, con el fin de que la mayoría adicta que Guido mantenía en el Congreso eligiera presidente al general Pedro Eugenio Aramburu.[28]

La salida electoral diseñada por Guido contó con el apoyo de Frondizi, aún preso, y algunos sectores del peronismo y logró avanzar durante unos días.[28]​ Pero el 4 de septiembre de 1962, la cúpula militar encabezada por los tres secretarios militares (de Ejército, Marina y Aviación), representados por el nuevo secretario de Guerra general Cornejo Saravia, le presentaron al presidente Guido una "Cartilla" con 32 medidas, una de las cuales era disolver el Congreso, dando por tierra con el plan de Guido.[29]​ La "Cartilla" militar evidenció el fortalecimiento de la línea dura antiperonista en el gabinete.

Cediendo a las presiones de la cúpula militar, Guido dictó el 6 de septiembre un decreto disolviendo el Congreso y llamando a elecciones legislativas para el 27 de octubre de 1963.[30]​ Fortalecidos con la disolución del Congreso, el sector duro "anti-integracionista" se dispuso a avanzar sobre el control del petróleo mediante un sistema de concesiones privadas y sobre los sindicatos, con una ley sindical que redujera considerablemente su poder.[30]

Este plan de "los duros" fue interrumpido ese mismo mes de septiembre, por un nuevo episodio de confrontación entre bandos militares, donde el sector "legalista" se autodenominaría como el "bando azul", término militar reservado en los ejercicios de guerra para denominar al bando propio, y denominaría al sector duro "anti-integracionista" que había tomado el gabinete, como el "bando colorado", término reservado en los juegos de guerra para el bando enemigo.[31]

Los combates de septiembre de 1962[editar]

El general Juan Carlos Onganía, tapa de la revista Primera Plana en mayo de 1963.

Cuando "los duros"se encontraban en pleno avance dentro del gobierno de Guido hacia la instalación de una dictadura militar permanente, "los legalistas" contraatacaron. El hecho que desencadenó el enfrentamiento de septiembre de 1962, fue la decisión del secretario de Guerra, general Cornejo Saravia, de relevar al comandante del Arma de Caballería con asiento en Campo de Mayo, general Pascual Pistarini, y su segundo el general Julio Alsogaray.[32]

El 18 de septiembre de 1962, el jefe de Campo de Mayo, general Juan Carlos Onganía, desconoció la orden del secretario Cornejo Saravia, contando con el apoyo del general Osiris Villegas al mando de las tropas ubicadas en la Mesopotamia, y de los coroneles Alcides López Aufranc y Tomás Sánchez de Bustamante, que tenían el mando de los tanques en Magdalena, a 200 kilómetros de Buenos Aires. Los sublevados "legalistas" se llamaron a sí mismos "azules", denominación reservada en los ejercicios de guerra para las tropas propias, y denominaron a los anti-integracionistas que seguían a la cúpula militar, como "colorados", es decir el enemigo en los juegos ejercicios bélicos.[33]​ Su objetivo era desplazar del gobierno al sector "duro", al quer denominaban "golpistas", por ser partidarios de una dictadura militar prolongada y contrarios a toda integración del peronismo a la vida política, y permitir que el presidente Guido pudiera finalizar su gobierno en 1963, con la realización de elecciones presidenciales que permitieran algún grado de participación del peronismo.

El 21 de septiembre, la Fuerza Aérea Argentina bombardeó una concentración colorada en San Antonio de Padua. La Armada Argentina propuso una reunión formal con jefes de las tres armas a fin de detener el enfrentamiento y «evitar el caos general y entregar el país a cualquier tipo de comunismo y extremismo, a cuya consecución se llegaría mediante la disociación de las instituciones.»[1]​ La guarnición de Campo de Mayo se negó y no aceptó más conferencias fuera de su comando. Acto seguido, la Compañía X fue enviada a Buenos Aires. Por su parte, la Armada movilizó al 1.º Regimiento de Infantería y a la Escuela de Mecánica de la Armada. En la madrugada, las acciones más importantes se desarrollaron en la zona de Florencio Varela.[1]

A las 03:00, un avión sobrevoló las fuerzas coloradas destacadas en la zona. Como respuesta se efectuaron disparos de batería antiaérea. Estas fuerzas volaron dos puentes en la ruta hacia Brandsen. Una hora y media después, los tanques de Magdalena abrieron fuego en el cruce de Etcheverry y la Ruta 2 contra colorados que intentaban cortar su avance. Finalmente, estos se replegaron por la ruta a Brandsen (actual RP215), sin producirse bajas en ningún bando.[1]

A las 10:30, la 2.ª División de Infantería, al mando del general Lorio, ocupó LS11 Radio Provincia.[1]

Al comenzar el día 22, las acciones se concentraron en la capital de la república: Plaza Constitución y en los parques Chacabuco y Avellaneda fueron los epicentros donde se sucedieron las escaramuzas. La Secretaría de Prensa de la Presidencia desmintió rumores sobre la renuncia de Guido.[1]

A las 21:45, se dio fin al enfrentamiento entre azules y colorados con la rendición de éstos últimos. El comunicado 149, propalado a esa hora, anunció la designación de Juan Carlos Onganía como comandante en jefe del Ejército.

Al mediodía del día siguiente se difundiría el Comunicado 150, redactado por Mariano Grondona, una proclama del «sector Azul», acerca de la actitud a tomar con respecto al retorno a la constitucionalidad.[34]

Con respecto a ese comunicado, Grondona explicó:

Hubo un momento en que los azules vieron que, a menos que hicieran un pronunciamiento militar, los colorados se iban a consolidar; y mis amigos en la Escuela Superior de Guerra― donde yo era profesor y también los coroneles azules (Julio Aguirre, Lanusse, Levingston, Laprida, Nevares, no quiero olvidar a nadie, Sánchez de Bustamante, López Aufranc)― me pidieron que hiciera una proclama. Yo escribí la proclama.
Mariano Grondona[35]

El general Federico Toranzo Montero fue detenido junto a doce camaradas, entre los que se encontraban Lorio, Labayrú, Martijena, Túrolo, Cornejo Saravia, Bonnecarrere y Elisondo. Ochenta y cinco oficiales superiores (coroneles y/o mayores) fueron arrestados en Campo de Mayo y otros cincuenta y dos en diferentes guarniciones. Los oficiales subalternos no fueron sancionados.[1]

Los enfrentamientos esporádicos se extenderían por los siguientes seis meses.

El alzamiento de abril de 1963[editar]

F9F Panther atacando al 8.º Regimiento de Caballería Blindada.
AT-6 Texan empleando sus cohetes contra una columna azul.

El comandante de Punta Indio, capitán de navío Santiago Sabarots, había intentado infructuosamente convencer al jefe del Regimiento de Tanques 8 de Magdalena, el coronel Alcides López Aufranc, a unirse a la revuelta.

A las 7 de la mañana comenzó la movilización de tropas de Infantería de Marina desde Punta Indio hacia La Plata,[1]​ y sobre el mediodía se arrojaron desde una avioneta panfletos dando un plazo de 20 minutos antes del ataque.

«El escuadrón era un hormiguero, y la orden fue evacuar el cuartel. A las 12:30 comenzó a ser atacado por aviones Panther y Corsario (sic) con fuego de metralla, bombas incendiarias y destructivas.»
Conscripto Hermindo Belastegui

Los F9F Panther, AT-6 Texan y F4U Corsair de la Aviación Naval lanzaron más de cien bombas, incluyendo de napalm. Los ataques aéreos se prolongaron hasta las 03:00 del día siguiente y se saldaron con 9 soldados muertos y 22 heridos, así como una docena de tanques M4 Sherman destruidos, y considerables daños en sus cuarteles.[1]

Mientras tanto, en Bahía Blanca, las tropas de la Base Naval Puerto Belgrano —considerada por muchos argentinos como el símbolo de la Revolución Libertadora— forzaron al 5.º Regimiento de Infantería del Ejército a rendirse. Por primera vez, se produjo derramamiento de sangre.[1]​ Asimismo, se sucedieron los primeros atentados a altos mandos azules, ejecutados por colorados que se hicieron pasar por miembro de los «comandos civiles».[1]​ También se registraron enfrentamientos en Mar del Plata.

A las 8 de la mañana del 3 de abril, la Fuerza Aérea bombardeó la Base Aeronaval Punta Indio con aviones Morane Saulnier MS.760 Paris, destruyendo cinco aviones navales en tierra. Los tanques del Regimiento 8, con el apoyo de refuerzos provenientes de Campo de Mayo, ingresaron a la base y la encontraron abandonada, salvo por el capellán y un dentista. Sabarots había escapado hacia Uruguay, dejando atrás cinco infantes de marina muertos, tres heridos, y 24 aviones navales destruidos.[1]​ López Aufranc —apodado «el zorro de Magdalena», en alusión al «zorro del desierto» Erwin Rommel— quiso vengarse arrasando Punta Indio, pero fue disuadido por Onganía y el ascendente coronel Lanusse.

El alzamiento colorado también había fracasado en el resto del país. Finalmente, el 5 de abril, los rebeldes capitularon ante el Gobierno.[36]

Consecuencias[editar]

Tras la rendición del comando colorado, el presidente José María Guido designó al general de brigada Juan Carlos Onganía como comandante en Jefe del Ejército. Pero los azules carecían de un proyecto político claro y no pudieron encontrar una fórmula adecuada. Su propuesta era llamar a elecciones, con participación del peronismo, y someterse al mando civil, pero nunca encontraron los interlocutores civiles para llevar adelante esa propuesta, porque Frondizi estaba preso y Perón obviamente no la aceptó. El resultado fue la proscripción del peronismo y del frondizismo y por lo tanto, terminaron haciendo lo que planteaban los colorados, habilitando el triunfo electoral de los radicales del pueblo, con la candidatura de Illia, él mismo un político cercano familiarmente con los sectores colorados de la Marina.[4]

Más allá de las dificultades de los azules para encontrar una salida legalista, su victoria en abril de 1963 terminó con la indisciplina dentro de la Fuerzas Armadas que había generado la Revolución Libertadora, para dar inicio a "una década de orden al interior del Ejército durante la cual éste estuvo dominado por un grupo homogéneo de oficiales superiores, la mayoría de los cuales compartía un pasado común de luchas antiperonistas".[37]

Dos años después, el 28 de junio de 1966, el "legalista" y jefe de los azules, el general Onganía, derrocaría al entonces presidente Arturo Illia.[2]​ Las diferencias entre azules y colorados habían comenzado a diluirse durante el gobierno de Arturo Illia. Hacia 1966, los civiles y militares que se habían enrolado como azules o colorados, estaban de acuerdo que el hombre que debía representarlos era Onganía, mediante una dictadura cívico-militar de tipo permanente. Al asumir Onganía, muchos de los colorados que habían sido pasados a retiro recuperaron el grado fueron ascendidos retroactivamente. Muchos fueron designados como intendentes en las provincias.[4]

Véase también[editar]

Listas relacionadas

Referencias[editar]

  1. a b c d e f g h i j k l m n ñ «Azules y colorados». El Ortiba. Archivado desde el original el 24 de marzo de 2015. Consultado el 31 de mayo de 2015. 
  2. a b c d Potash, 1996, pp. 91-101.
  3. a b «El otro 2 de abril: la batalla en el Ejército entre Azules y Colorados». Clarín. 2 de abril de 2003. Consultado el 17 de febrero de 2016. 
  4. a b c d e f g h i j k l «Entrevista a Daniel Mazzei». El Historiador. 
  5. O’Donell, Guillermo (1981). El Estado Burocrático Autoritario. Buenos Aires: Belgrano. 
  6. Sanz, 2004, p. 217.
  7. Scenna, 1980, p. 249.
  8. Novaro, Marcos (2010). «¿Integrar o erradicar al peronismo?». Historia de la Argentina. 1955-2010. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores. pp. 13-15. ISBN 978-987-629-144-6. 
  9. Novaro, Marcos (2010). «La causa decisiva del fracaso: la división del radicalismo». Historia de la Argentina. 1955-2010. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores. pp. 32-37. ISBN 978-987-629-144-6. 
  10. Mochkofsky, Graciela (2013). Timerman: El periodista que quiso ser parte del poder. Planeta. ISBN 9789504931645. 
  11. Scenna,, p. 270.
  12. http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.3255/pr.3255.pdf Azules y Colorados: Diferencias internas, enfrentamientos públicos. La participación del Regimiento 8 de Tanques de Magdalena en los hechos de septiembre de 1962 a través de La Prensa, La Nación y Clarín de Buenos Aires
  13. Azules y Colorados
  14. Mazzei, 2012, «El fracaso del Frente Nacional».
  15. Potash, 1994, p. 49.
  16. Potash, 1994, pp. 50-51.
  17. Potash, 1994, p. 50.
  18. Potash, 1994, p. 51.
  19. Potash, 1994, pp. 51-52.
  20. Potash, 1994, pp. 53-54.
  21. a b Scenna, 1980, p. 271.
  22. Potash, 1994, p. 62.
  23. Potash, 1994, p. 64.
  24. a b Potash, 1994, p. 65.
  25. a b c Potash, 1994, p. 66.
  26. Potash, 1994, pp. 65-66.
  27. Potash, 1994, pp. 66-67.
  28. a b Potash, 1994, pp. 69-70.
  29. Potash, 1994, pp. 69-74.
  30. a b Potash, 1994, p. 74.
  31. Potash, 1994, pp. 77-78.
  32. Scenna, 1980, pp. 271-272.
  33. Scenna, 1980, p. 272.
  34. Proclama del sector “azul” del ejército comandado por el general Juan Carlos Onganía (23 de septiembre de 1962). «Comunicado nº 150». Archivo Documentos Históricos edu.ar. Archivado desde el original el 8 de febrero de 2015. Consultado el 24 de enero de 2013. 
  35. «Azules y Colorados. Los tanques en la calle», artículo en la revista Yo fui testigo (1986), copiado en la revista Mágicas Ruinas, sin fecha. Consultado el 5 de junio de 2012.
  36. Error en la cita: Etiqueta <ref> no válida; no se ha definido el contenido de las referencias llamadas Clarín
  37. Mazzei, 2012, «Introducción».

Referencias generales[editar]

Bibliografía[editar]