Astenosfera

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Astenosfera y corrientes de convección

La astenosfera o astenósfera (del griego ἀσθενός, ‘sin fuerza’ + σφαῖρα, ‘esfera’) es la zona superior del manto terrestre que está inmediatamente debajo de la litosfera, aproximadamente entre 250 y 660 kilómetros de profundidad. La astenosfera está compuesta por materiales silicatados dúctiles, en estado sólido y semifundidos parcial o totalmente (según su profundidad y/o proximidad a bolsas de magma), que permiten la deriva continental y la isostasia.

Constitución[editar]

La litosfera, que constituye una extensión de la noción de corteza terrestre, tiene un grosor medio de 100 km de espesor bajo los océanos y alrededor de entre 150 y 250 kilómetros bajo los continentes y cratones más antiguos.

En la astenosfera existen lentos movimientos de convección que explican la deriva continental. Además, el basalto de la astenosfera fluye por extrusión a lo largo de las dorsales oceánicas, lo cual hace que se renueve y expanda constantemente el fondo oceánico. Mientras que donde la expansión encuentra un obstáculo representado por un continente, se hunde bajo éste, volviendo así la materia del fondo a fundirse en el seno de la astenosfera y manto más profundo, fenómeno conocido como subducción.

Por su parte inferior, la astenosfera va perdiendo sus propiedades más abajo de los 350 km y, progresivamente adquiere la rigidez del manto inferior hacia la profundidad de 850 km.

Reseña histórica[editar]

En 1899, Dutton definió una zona rígida (corteza o litosfera hasta los 100 kilómetros de profundidad y otra zona débil bajo ésta a la que denominó astenosfera.

Para explicar el fenómeno de la isostasia, Joseph Barrell en 1914 estableció la hipótesis sobre la existencia de la astenosfera, sin límite inferior, pues se desconocía la existencia del núcleo.

En 1926, Beno Gutenberg descubrió que la velocidad de las ondas sísmicas se reduce en torno a un 6 % a una profundidad aproximada entre 100 y 200 km., atribuyéndose la causa a una menor densidad del material.

En 1962 Don Anderson, no encontró una teoría lo suficientemente convincente acerca del descubrimiento de Gutenberg, ya que ese nivel es muy heterogéneo, además se encontró notables diferencias en su composición en niveles bajo las cuencas oceánicas respecto a los cratones continentales, por lo que no puede considerarse una capa universal. A través del estudio de las ondas sísmicas originadas en los ensayos de las bombas nucleares, determinó que la zona de baja velocidad estaría entre 60 y 250 km. de profundidad.

Se intentaba atribuir esta propiedad a la propia astenosfera. Pero desde el descubrimiento del Paleomagnetismo y la sismicidad profunda, ambas teorías han quedado diferenciadas.

Sin embargo, en 1968 John Tuzo Wilson mezcló nuevamente estos conceptos dándole un cuerpo teórico de escasa validez científica al basar dicha teoría sobre la existencia de una capa de enlentecimiento de la velocidad de las ondas sísmicas llamada Astenosfera, contestado por Vladimirovich, quien replicó que no debe de basarse única y exclusivamente en pruebas encontradas en la geología de la cuencas oceánicas.

Entre 1972 y 1981 Anton Halles trata de justificar la existencia de la astenosfera más por necesidad que por pruebas científicas fehacientes.

Entre 1975 y 1979 Sengör y Burke debaten nuevamente, queda demostrada la existencia de una diferencia notoria entre la estructura profunda de los continentes y la de la corteza oceánica, según Sipkin y Jordan. Bajo los cratones más antiguos, éstos alcanzan una profundidad de hasta 400 km. y la zona de atenuamiento de la velocidad de las ondas sísmicas es superior. Se deduce que los continentes pueden estar anclados a través de quillas (en inglés, keels) directamente al núcleo, como si fuesen raíces de material más compacto, pero no impide el movimiento de los mismos a gran escala. Entonces, fue cuando la astenosfera fue definida hasta una profundidad de 660 kilómetros bajo la superficie.

Dudas sobre la existencia de la Astenosfera[editar]

Wegener cuando definió su Deriva Continental el motor para basar el desplazamiento de las placas continentales se basa en la existencia de un flujo convectivo en el manto (luego en la astenosfera) pero hoy por hoy, no hay pruebas suficientes sobre la existencia de este flujo convectivo.

Desde los años noventa, la teoría sobre la existencia de esta capa se puso en duda, básica para explicar la deriva continental y la isostasia según nuevos datos descubiertos, proponiéndose un sistema en donde la corteza se moviera solidariamente con el manto subyacente hasta el núcleo terrestre. Se propuso, asimismo, que el equilibrio isostático se produciría entre la parte inferior del manto (sólido) y la parte exterior del núcleo terrestre (líquido). Sin embargo, esta última propuesta no cuenta con datos suficientes al respecto para definir la situación.

En España, el Dr. Francisco Anguita de la Universidad Complutense lidera el debate sobre la posible inexistencia de la Astenosfera.

Enlaces externos[editar]

Referencias bibliográficas[editar]

  • Wegener, Alfred (2011), El origen de los continentes y océanos, Madrid: Metáfora, ISBN 978-84-95799-15-9 
  • Lutgens, Frederick K. (2011), Ciencias de la Tierra, una introducción a la geología física (volumen I) (8ª edición), Madrid: UNED/Pearson, ISBN 978-84-8322-665-0