Arte precolombino

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Cerámica escultórica con motivos eróticos de la cultura Moche. Museo Larco Herrera (Lima, Perú).

El arte precolombino es la manera como se designa al conjunto de realizaciones artísticas e intelectuales como escultura, arquitectura, arte rupestre, cerámica, textil, metalistería y pintura realizadas en el continente americano durante el período precolombino. Este es el elemento principal que permite el conocimiento y reconocimiento de las civilizaciones precolombinas, la prueba de su nivel de desarrollo y la capacidad de transformación de su medio ambiente.

Arte precolombino[editar]

América en los siglos XVI y XVII: en amarillo, la zona hispanoamericana, en gris, los territorios indígenas.

Si bien el término "precolombino", de manera general, es comprendido como todo aquello que estaba en América antes de la llegada de los españoles en 1492, en realidad se refiere a un espacio de tiempo durante el cual se desarrollaron distintas culturas, que dejaron huella permanente en el arte y que son en la actualidad objeto de estudio científico. El término "precolombino" deriva de pre colombia antes de Colón, pero tiene que ver en particular con las culturas que dominaban el territorio de las que serían las colonias españolas en América, es decir, desde México hasta el Cono Sur con la exclusión de Brasil (en donde se dice Período pre-colonial) y cuyo desarrollo comenzó en el periodo preclásico americano o Periodo Formativo de América con el surgimiento de la cultura Olmeca en Mesoamérica a la que se atribuye la construcción de una de las ciudades más notables del continente, Teotihuacan. Ello implica un marco de tiempo que va desde el 1500 a. C. hasta el Descubrimiento de América en 1492, lo incluye también el periodo formativo o preclásico, el clásico y el postclásico. La denominación de "periodo clásico" que se abriría con el comienzo del desarrollo de la cultura Maya hacia el 292 y terminaría con su aparente decadencia hacia el 900, ha sido acuñada por quienes consideran que dicho periodo marca el máximo vértice del esplendor del arte precolombino. Dicha idea está en la actualidad en debate por quienes señalan que el arte precolombino anterior y posterior a dicho periodo no es inferior al realizado durante el periodo clásico.

Las culturas precolombinas durante el periodo formativo se desarrollaron preferentemente aisladas unas de otras, pero durante el periodo clásico comenzaron una dinámica de interacción e influencia recíproca, incluso entre las dos principales áreas de civilizaciones: Mesoamérica y los Andes. Las coincidencias en la representación de ciertos (mitos, vocablos similares y alguna costumbres, hacen entender que especialmente después del periodo clásico los contactos entre las diferentes civilizaciones no fueron esporádicos).

Marco geográfico[editar]

El marco geográfico está condicionado a la fundación de las colonias españolas en el continente, ya que el término "precolombino" designa una señalización desde el punto de vista hispanoamericano. En consecuencia, las demás culturas americanas de territorios no hispanos son denominadas de otra manera.

Entre estos territorios de las culturas precolombinas, existen quince en particular que se destacan por la enorme cantidad de rastros y material ubicadas especialmente en dos áreas: Mesoamérica y los Andes.

En Mesoamérica, que comprende el actual territorio de México y Centroamérica, las civilizaciones son precedidas por los olmecas y la fundación de una de las primeras ciudades americanas: Teotihuacán. Las otras culturas serían la maya, mixteca, tolteca y por último la azteca.

En los Andes, que comprenden los territorios de todos los países cruzados por la cordillera desde Venezuela y Colombia en el norte hasta las áreas septentrionales de Chile y Argentina en el sur, destacan los chibchas que serían el punto de encuentro entre Mesoamérica y los Andes, la San Agustín, los colima, sinú, chavín, nazca e inca.

Mesoamérica[editar]

Olmecas[editar]

Cabeza olmeca, La Venta.

La cultura olmeca floreció durante el Preclásico Medio de Mesoamérica, y es considerada la civilización más antigua de esta región.[1]​ Los olmecas ocuparon principalmente la zona norte del istmo de Tehuantepec, en México, pero su influencia se extendió a muchas regiones de Mesoamérica. Sus principales ciudades se ubicaron en San Lorenzo, La Venta y Tres Zapotes, así como en Villahermosa y Tabasco. Muchos aspectos culturales comunes a las culturas de Mesoamérica iniciaron con los olmecas, como el culto a las montañas y los lugares elevados (como la pirámide cónica de La Venta), el culto a la Serpiente Emplumada y al dios jaguar, el juego de pelota y el simbolismo religioso del jade.

El arte olmeca posee características distintivas y complejas. Las obras más representativas del arte olmeca incluyen las cabezas colosales de piedra, de hasta 3 m de altura y 10 Tm de peso.[2]​ Son catorce esculturas monumentales de basalto, que se han encontrado que se han encontrado en diversos sitios del área nuclear olmeca. Se caracterizan por su aspecto negroide, de ojos abotargados, labios carnosos y nariz ancha, con un casco encajado, que pueden representar cabezas de linaje de familia o antepasados. Los olmecas también construyeron una serie de escultura conocidas como altares, como el famoso Altar n.º 4 de La Venta. Consta de una cavidad en su parte frontal que representa una puerta al inframundo, de donde sale un personaje mitológico que sostiene una cuerda que rodea todo el altar a modo de cenefa.

Los olmecas trabajaron la jadeíta y otras piedras verdes. Una de las más esculturas más representativas es el Señor de Las Limas, una escultura de serpentina de un joven hombre en posición sedente que sostiene en sus brazos a un niño-jaguar, motivo frecuente en el arte olmeca. Las piezas de jade olmeca se caracterizan por presentar una boca amplia en arco, con el labio superior grueso (el labio olmeca, que se ha relacionado con la forma de la boca del jaguar)[3]​ y un mentón pequeño, con cabezas humanas bastante grandes en comparación con el cuerpo del personaje, y a veces con una hendidura en la cabeza. Otros jades característicos son las llamadas «cucharas olmecas». Destacan también una serie de figurillas de arcilla y piedra, conocidas como miniaturas olmecas, y entre ellas, los rostros de bebé, pequeñas esculturas de cerámica de color blanco, con cara de niño, cabeza grande, ojos almedrados, labios gruesos, ataviadas con un casco, y el cuerpo en forma de pera. En la zona del istmo de Tehuantepec se desarrolló la cerámica, que en Barra, Locona y Ocós alcanza grandes alturas artísticas.

Teotihuacán[editar]

Pirámide del Sol, Teotihuacán.

La cultura de Teotihuacán practica un arte solemne de adoración a los dioses y la naturaleza, cuyo único fin es representar lo sublime, lo terrible de la lucha entre diversos dioses. No aspira a la belleza sino a cumplir una misión religiosa y una visión cósmica de la vida. Los teotihuacanos destacaron principalmente en su trabajo de la piedra, tanto en la parte arquitectónica como en la escultura, utilizada para reforzar las creencias míticas y religiosas de este pueblo.

La principal divinidad representada artísticamente en esta ciudad era Tláloc, dios de la lluvia que dominaba todas las manifestaciones de la naturaleza.
Teotihuacán es una ciudad-templo, sin murallas. La avenida principal, llamada por los aztecas «Calle de los muertos», conecta los múltiples templos, como el de Quetzalcóatl, dios-serpiente, con otros edificios, como la pirámide del Sol y la de la Luna.

Trabajan abundantes máscaras, definidas por rostros anchos y tendencia a la bidimensionalidad y al uso de jade y piedras en estas maravillosas expresiones artísticas.

Mixtecas[editar]

Máscara de Monte Albán.

Los mixtecas ocuparon el valle de Oaxaca hacia el 1300 d.C, desplazando a los zapotecas de Monte Albán y otras ciudades importantes, formando señoríos independientes. Se han encontrado rastros de ocupación de La Mixteca de por lo menos 6.000 años de antigüedad. Con la invasión de Monte Albán y el establecimiento de la ciudad de Mitla como su capital, la cultura mixteca alcanzó su periodo de máximo esplendor. Su decadencia comenzó con la expansión de los mexicas hacia 1458, hasta que la conquista española puso fin al imperio mixteco hacia 1521.

Los mixtecos desarrollaron un tipo de escritura pictográfica que combina elementos de Monte Albán y Teotihuacán, y su literatura se encuentra conservada en varios códices como el Nuttal y el Selden. Uno de los principales dioses de los mixtecos fue Huehueteotl, que es frecuentemente representado en urnas de cerámica con influencia zapoteca. No obstante, su dios tutelar fue Dzahui, que comparte atributos con Tláloc. Los mixtecos también fueron consumados orfébres y alfareros, y exportaban artículos de lujo a otras zonas de Mesoamérica, como cerámica policroma, arte plumario y piezas de oro, que combinaron con la turquesa, como en el caso del Escudo de Yanhuitlán. Una de las piezas más conocidas es la máscara de oro del dios Xipe Tótec, patrono del gremio de los orfebres. Otro colgante se compone de cuatro placas unidas unas a otras por argollas y rematadas por cuatro cascabeles alargados; la placa superior muestra una cancha de juego de pelota ritual con dos deidades que representan la eterna dualidad y un cráneo en el centro; la segunda es un disco solar, la tercera simboliza a la Luna y la cuarta a la Tierra.

Las piezas de Monte Albán constituyen la máxima expresión artística, técnica y estética del mundo prehispánico para muchos arqueólogos. La habilidad y la perfección de los mixtecos, que crearon las aproximadamente quinientas joyas encontrados en la llamada Tumba n.º 7, se conjugaron con la sobriedad y la funcionalidad. Un ejemplo de ello son los pectorales, que podían ser usados de manera independiente o unidos para formar un gran collar, como el pectoral que representa a un personaje con una máscara bucal con los dientes descarnados y un yelmo rematado en un penacho muy elaborado; en el pecho exhibe una escritura que se refiere a una corrección del calendario y la cosmología del momento histórico en que fueron realizadas las piezas.

Mayas[editar]

Los mayas ocuparon el sureste de México, principalmente la península de Yucatán, así como gran parte de Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador. Construyeron gran cantidad de ciudades cuyo esplendor se extendió por varios siglos, como Kaminaljuyú, Tikal, Calakmul, Palenque, Copán y Chichen Itzá. El arte maya se centra en la élite maya y el culto a los reyes divinos, y trata una variedad más amplia de temas que cualquier otra tradición de arte en América.[4]​ Tiene muchos estilos regionales, y es único en la América antigua por contar con texto narrativo.[5]

La civilización maya dejó un amplio legado arquitectónico que incluye palacios, acrópolis, templos, pirámides y observatorios astronómicos. La arquitectura maya también incorporó la escritura glífica y varias formas de arte, como la escultura en piedra. Las estelas de piedra son comunes en los sitios de las ciudades, a menudo emparejadas con piedras circulares bajas, conocidas como «altares».[6]​ La escultura de piedra también tomó otras formas, como los paneles en relieve de piedra caliza de Palenque y Piedras Negras,[7]​ y las escaleras de piedra decoradas con esculturas en sitios como Yaxchilán, Dos Pilas, Copán, entre otros.[8]​ Las esculturas mayas más grandes eran las fachadas arquitectónicas elaboradas con estuco, que luego de ser modeladas se pintaban con colores vivos,[9]​ y se colocaban en las fachadas de los templos.[10]

Apreciaron el jade verde y otras piedras verdes, asociándolas con el dios del Sol K'inich Ajau. Esculpieron artefactos que incluían desde cuentas y teselas finas, hasta cabezas talladas con un peso de 4,42 kg.[11]​ La nobleza maya practicaba la modificación dental, y algunos señores llevaban incrustaciones de jade en sus dientes. Las máscaras funerarias de mosaico también pudieron ser elaboradas de jade.[12]​ También trabajaron la madera, el pedernal, el sílex y la obsidiana, destacando los pedernales excéntricos. Además, esculpieron huesos humanos y de animales, así como conchas del género Spondylus. Más tardíamente elaboraron pequeños objetos de oro, plata y cobre, mediante el martillado y el método de la cera perdida.[13]

Los mayas tuvieron una larga tradición de pintura mural, con diseños polícromos pintados sobre paredes revestidos de yeso liso. Aunque la mayoría ya no existe, hay varios murales conservados —pintado en crema, rojo y negro— en las tumbas del periodo Clásico Temprano en El Caracol, Río Azul y Tikal, así como la serie de grandes pinturas del Clásico Tardío en Bonampak.[14]

La cerámica maya fue elaborada con la técnica del urdido a rollos. No era esmaltada, aunque a menudo tenía un acabado fino, producido por bruñido. Se pintaba con un baño de arcilla mezclado con minerales y arcillas coloridas. El corpus de cerámica policromada de estilo Ik, incluyendo placas finamente pintadas y recipientes cilíndricos, se originó en el Clásico Tardío en Motul de San José. Incluye una serie de características, como glifos pintados en un color rosado o rojo pálido y escenas de bailarines con máscaras. Una de las características más distintivas es la representación realista de los temas, tales como aparecieron en la vida real. Los temas de los vasos incluyeron la vida cortesana de la región de Petén, en el siglo viii d. C., tales como reuniones diplomáticas, fiestas, derramamientos rituales de sangre, escenas de guerreros y el sacrificio de los prisioneros de guerra.[15]

Sudamérica[editar]

Varón sonriendo. Cerámica escultórica de la cultura Moche.

En Colombia, cuya región montañosa es llamada para la América precolombina Región Intermedia, destaca el trabajo en oro y cobre de las culturas Quimbaya, Manabí, San Agustín, Esmeraldas, Chibcha, Calima y Tairona. Este tipo de elementos se elaboraban mediante el procedimiento artesanal de la cera perdida, así como la fabricación de finísimas láminas decoradas con motivos de alambre o cintas, y figuras antropomorfas muy estilizadas en estos metales. También tejían telas de algodón y trabajaban la cerámica realizando las mismas figuras antropomorfas estilizadas que hoy en día es posible apreciar en museos de Colombia y de todo el mundo. Bellísimas expresiones de las artes en orfebrería (e incluso de "tumbaga") que han sobrevivido a ser fundidas por los conquistadores y posteriores "huaqueros" aún se pueden admirar en el Museo del Oro de Colombia

Los indígenas kunas de Panamá son famosos desde antes de la conquista hasta hoy por su excelente técnica textil. La expresión más importante de lo anterior son las molas, tradición que tiene sus inicios en la pintura del cuerpo (tatuajes), que luego fue transferida a la tela. Las molas representan el pensamiento cosmogónico, una visión gráfica del mundo lleno de colorido y pleno del significado antropomorfo y zoomorfo. Las llamativas y coloridas figuras geométricas pintan escenas mitológicas, la creación del mundo, flora y fauna de la región que habitan los "indios" Kuna, también en Panamá se aprecia una cultura emparentada con la chibcha: la Cocle elaboradora de excelente metalurgia.

En Ecuador, la cultura de la isla de La Tolita, ubicada en el Océano Pacífico y datada entre el 600 y el 100 a. C., produjo piezas de oro, cobre y platino únicas en cuanto a sus dimensiones, ya que son notablemente pequeñas. Narigueras en forma de aro, orejeras en forma de carrete, clavos nasales, figuras antropomorfas y bezotes formados con numerosas bolitas que dan la idea de una flor, pendientes de filigrana y anillos con piedras. También eran famosos comerciantes de su arte, y sus obras fueron apreciadas en todo el continente americano. Se han encontrado piezas de esta cultura en regiones muy distantes a Ecuador.

En el Perú encontramos a civilizaciones como las de Caral (una de las primeras civilizaciones del planeta), Casma, Chavín, Moche/Mochica, Paracas, Nazca, Chan Chan, Etén, por su parte, tardíamente los quechua siendo sus soberanos la "casta" de los inka lograron una civilización sintética de las culturas de la Costa y de las montañas así como del Norte (zona ecuatorial) y del Sur (por ejemplo del horizonte Tiwanaku) entre las expresiones artísticas más impresionantes de la civilización quechua se hallan los templos, los palacios, las obras públicas ("tambos", "collcas", pucaras, caminos, puentes, acueductos) y las ciudades-fortalezas estratégicamente emplazadas, como Machu Picchu. Enormes edificios de mampostería encajada cuidadosamente sin argamasa, como el Templo del Sol (Coricancha) en Cuzco, fueron edificados con un mínimo de equipamiento de ingeniería. Otros logros destacables incluyen la construcción de puentes colgantes a base de sogas (algunos de casi cien metros de longitud), de canales para regadío y de acueductos. El bronce se usó ampliamente para herramientas y ornamentos. También destacan su técnica textil que todavía en la actualidad es posible ver en el Perú actual. En toda América también destaca el Arte plumario como importante forma de expresión de todos los pueblos indígenas.

Artes precolombinas en el actual territorio de Argentina[editar]

Aunque carente de las espectacularidades arquitectónicas que se evidencian en Mesoamérica y en la Región Andina Central (Altiplano boliviano, costas y Andes peruanos, costas y Andes ecuatorianos) o incluso en la Región Intermedia (zonas montanas de Colombia, Venezuela y Panamá), el conjunto de las artes indígenas precolombinas en el territorio que actualmente corresponde a Argentina es siempre interesante aunque difícil de encuadrar.
Y la dificultad de encuadrar las artes precolombinas en el territorio argentino obedece precisamente (como primer factor) a la extensión de tal territorio (en América casi 3.000.000 de km²), con una extraordinaria variedad ecológica, extraordinaria variedad que forzosamente se trasunta en las expresiones culturales, en especial en las estéticas.
Más aún, la extensión territorial hizo que diversas corrientes culturales se dieran paralelamente– sincrónicamente– (y muchas veces interrelacionadas) o ya sea diacrónicamente.
En todo caso, un modo de sistematizar (aunque con forzosas esquematizaciones) a las áreas artísticas precolombinas de este país es el señalar a la región del NOA como el área con más fuertes influjos andidos, a la del NEA como el área con más fuertes influjos amazonidos, por su parte la región central (provincia de Córdoba y este sur de Santiago del Estero, así como la provincia de San Luis) presentan, como todo el Cuyo las evidencias de influjos andidos aunque fuertemente diluidos, casi evanescentes hasta el punto que aparecen estilos singulares, en todo caso se debe considerar en todas estas áreas precitadas la existencia ya hacia el siglo X de culturas basadas en la agricultura lo cual determinó incipiencias de civilización y el desarrollo de pequeños núcleos urbanos, la existencia de una agricultura e incluso una ganadería (de auquénidos) sería también un factor determinante en la expresión artística de dichas zonas. Por otra parte la mayor parte del territorio, que siempre hasta la irrupción europea en el siglo XVI estuvo difusamente poblado por etnias trashumantes que practicaban un modo de producción cazador recolector, las etnias con menor desarrollo tecnológico que habitaban las regiones del Gran Chaco, la región Pampeana, la Mesopotamia Argentina, la Patagonia y la Región Fueguina si es cierto que han dejado cuantitativamente menos relictos, llegan a tener momentos y puntos en los cuales se destacan culturalmente, ejemplo de ello es la Cueva de las Manos.

En todo caso, sea donde sea, las artes precolombinas que se desarrollaron en el territorio argentino prácticamente son inseparables de la religión o de los sistemas de creencias de los pueblos que las produjeron, la relación entre el arte y lo sacro se patentiza por doquier.

Ejemplo de ello es precisamente la célebre Cueva de las Manos ubicada en el centro-oeste de la provincia de Santa Cruz, tal cueva es un "alero" exornado por gran cantidad de pinturas rupestres entre las que más llaman la atención las miriadas de huellas en "negativo" de manos logradas generalmente mediante una antigua aerografía y un esgrafiado, la mencionada cueva como otras próximas menos conocidas (entre estas un conjunto denominado "Cuevas de Altamira" que no debe confundirse con el homónimo de España) es una de las expresiones artísticas perdurables más antiguas de América, los fechados más antiguos se remontan a ca. 13.000 años antes del presente (aP) aunque los motivos representados más característicos surgen hace nada menos que hacia el 9.350 aP. Se supone que el pueblo que produjo tal arte es el directo antecedente de los ahoniken ("patagones" o "tehuelches" en todo caso, sea cual sea el nombre que se les da, ellos se han llamado tsonk, siendo los ahoniken los que habitaban aproximadamente al sur del paralelo 42°S hasta el Estrecho de Magallanes). En tal dilatado período resulta casi obvio que se produjeran modificaciones estilístcas: si las pinturas parietales de manos datan de hace más de 5.000 años luego, paulatinamente, van apareciendo estilizadas figuraciones:las que representan la caza (muy ritualizada del guanaco y del choique). ¿Qué han expresado los artistas en estas cuevas? En primer lugar la impresión de las manos en la roca parece (como se encuentra en otras partes de nuestro planeta) el intento de buscar dejar algo de sí que se mantenga perenne, una rito mágico de imortalización, aunque esto no excluye otra intención: la de buscar la unión mística con la tierra y, por tal unión, la providencia aportada desde la Tierra. En cuanto a las escenas de caza (en las cuales los guanacos aparecen estilizadamente dibujados) parecen haber sido parte de rituales de magia simpática para obtener una constante fuente de proteínas (téngase en cuenta que entre los aborígenes americanos el acto de la caza generalmente ha sido planteado como un acto sacrificial en el cual el animal es una suerte de "hermano" que ofrece su vida para el sustento humano, de modo que la representación de los animales suele implicar un respeto hacia ellos).

Pero entre las etnias trashumantes los elementos de soporte para las artes han sido lábiles, pocos rastros se encuentran de la Antigüedad sino es cuando el arte es parietal, rupestre: en este caso el sólido soporte de la piedra nos ha dejado sus hermosos (muy sublimados) testimonios. Podemos suponer que muchas de las otras expresiones artísticas de estas etnias pampidas perduraban como tradiciones vivas hasta inicios del siglo XX, por ejemplo los "quillangos" y "quillapys" (mantos de cueros y pieles) que muchas veces solían estar "estampados" con "grecas", "estrellas", "espirales", "cruces" en su parte interna, nuevamente aquí la "dimensión" de lo sacro: estos motivos, lo mismo que los adornos corporales solían ser símbolos investidos de alguna significación mística, es decir, algo más que lo decorativo como fin en sí mismo. Y lo mismo puede decirse de los "tatuajes" y las diversas formas de "body-art", tales como el extraordinario "body painting" que señalaba el hain o ritual de la iniciación, de ingreso a la adultez entre los shelknam ("onas") en el centro y norte de la isla de Tierra del Fuego.
Al oeste del área cultural pampida y al sur del área cultural netamente andida se desarrollaron y desarrollan las artes de los mapuche, éstas – aparte de su propia creatividad– reflejan aún influjos procedentes del norte (andidos) e influjos procedentes del sur y del este (pampidos), del este se ha dado también un influjo huarpido pero aún hoy es difícil distinguirle taxativamente de los influjos culturales (y artísticos) andidos y pampidos. Entre los mapuche se ha desarrollado una interesante cerámica, una muy interesante industria-arte textil (aquí también quillangos, y ponchos, vinchas, fajas, matras) de una variada policromía armoniosamente dispuesta en los motivos tejidos o bordados, también han logrado cierta caracterización los mapuche por su arte lítica (por ejemplo hachas rituales como las toki) o por la metalurgia, en especial la sobria aunque atractiva platería que suele adornar a las mujeres.
Los huarpe (probablemente directos herederos de la antiquísima cultura de Ansilta que sorprendentemente se extendió entre el 1800 a. C. y el 500 d. C.) desde el 500 d. C. presentan más influjos procedentes de la Región Andina Central y han llegado a llamar la atención por su cestería de trama muy fina, hasta el punto de lograr cestas impermeables con las cuales se trasportaba el agua, nuevamente cabe resaltar: hasta el arte precolombino aparentemente más pragmático, más utilitario, siempre ha sido relacionado con lo sagrado...las cestas huarpes tenían su cierta sacralidad en cuanto que eran portadoras del agua, es decir de –nada menos– la vida en extensas travesías a menudo áridas. Otro rasgo cultural llamativo de los huarpes que puede incluirse a un tiempo entre la industria y el arte (poco separables en estas culturas) ha sido la construcción de embarcaciones usando una técnica de cestería muy semejante a los caballitos de totora en las Lagunas de Guanacache, también son atribuibles a los huárpidos algunas de las curiosas pictografías que se encuentran en las paredes rocosas de Talampaya.
En las Sierras de Córdoba y de San Luis se desarrolló una curiosa cultura (de las llamadas por los evolucionistas etnocéntricos: civilizadas): la de los henia-kamiare (luego "bautizada" comechingón), se trataba de una población con importantes linajes huárpidos aunque bastante diferenciada de los huarpe propiamente dichos, los comechingones quizás tengan sus remotos antecedentes en la cultura Ayampitín de hace más de 7.000 aP, sin embargo de fecha tan remota apenas quedan (como en toda América y...todo el planeta) apenas rudimentarios vestigios, una industria-arte principalmente lítica rudimentaria aunque en su sencillez, interesante – en gran medida, siguiendo los criterios de Benjamin por lo aurático que posee: por esa "aura" sugestiva que la antigüedad y lo enigmático aportan al objeto– aunque recién hacia el siglo V de la era común comienza a desplegarse, claro, un arte "comechingón", este arte revela influjos procedentes de los Andes Centrales a través de la étapa del Noroeste Argentino. Por los relatos de los cronistas y por los estudios arqueológicos se sabe que el pueblo "comechingón" desarrolló su característica arquitectura de casas comunales semisubterráneas de paredes de piedra, también se sabe que eran muy dados a los adornos (presumiblemente incluyendo un elemento religioso y otro fetichista: las mujeres se adornaban con collares multicolores de metal, piedras semipreciosas y, especialmente, conchas de caracoles; los hombres se adornaban principalmente con chaquiras de plata o cobre en formas alargadas, también (como muchas otras etnias) era frecuente la pintura (ritual) del cuerpo. Sin embargo, hasta el presente, lo que más llama la atención del arte "comechingón" son sus glifos y pictografías, tales como las que se encuentran en Cerro Colorado y Ongamira (Córdoba), Para Yacu (en la zona de Santiago del Estero fronteriza con Córdoba) o las que se encuentran en la cueva de Inti Huasi en el centro norte de San Luis (el nombre quechua de la cueva sanluiseña es posterior a la Conquista española, del periodo de dominación hispánica en el cual dentro de las jurisdicciones del Tucumán y el Cuyo fue lengua general el quechua). En estas cuevas, usadas con fines religiosos – al parecer "mistéricos" – se encuentra un singular arte rupestre, bastante diferente del ya observado en la Cueva de las Manos, en las cuevas de los "comechingones" lo que predomina es la abstracción, con abundantes grafos y símbolos de los cuales actualmente solo se puede hipotetizar su significado, algunas pictografías son algo menos abstractas y presentan a siluetas de individuos portando lo que parecen tocados de plumas e incluso de cuerno o algo semejante, tales pinturas parecen representar a los chamanes, sin embargo más llaman la atención los grafos y glifos que recuerdan a letras y, más precisamente, a runas; tal semejanza, así como la representación de naves y hombres a caballo ha dado lugar a hipótesis aventuradas tales como la de suponerles un origen vikingo, la representación de hombres a caballos sin embargo es (según las dataciones) precisamente la de los conquistadores españoles, es decir, muchas de estas pinturas están representando precisamente el fin del llamado arte "precolombino", arte que luego se continuará en una nueva síntesis.
Del arte "comechingón" "precolombino" también corresponde señalar las estatuillas de cerámica y piedra que representan a sujetos de los dos sexos, estatuillas que parecen haber estado relacionadas con un culto a la fertilidad: se destacan las nalgas y los senos de las mujeres y los genitales de los varones, son estatuillas de elaboración adusta y, en cierto modo "expresionistas" como las que se han encontrado en los yacimientos del dique Los Molinos.
Las condiciones edafológicas y climáticas de las regiones pampeana, chaqueña y, sobre todo, mesopotámica así como el tipo de culturas que prehispánicamente se dieron en tales regiones (pueblos cazadores recolectores y/o horticultores itinerantes) así como el posterior disturbiado de los suelos (especialmente en el siglo XX) han hecho que nos llegaran pocos relictos y de los pocos relictos, debido al disturbiado o alteración sufrida por los yacimientos, una difícil ubicación temporal o que suela ser difícil relacionar los hallazgos con tal o cual etnia; en la región pampeana se encuentran vestigios datables en ca 9.000 años aC, tales vestigios son puntas de flechas y las características piedras redondeadas para confeccionar "bolas perdidas" y luego boleadoras, desde un cierto punto de vista tales elementos pueden no ser considerados arte sino "simples" artefactos utilitarios, sin embargo en el ámbito del territorio que actualmente es Argentina y pensando en términos de esas épocas, siempre conviene considerar el casi indisociable nexo objeto utilitario-arte e, incluso, religión. En el extremo noreste de la región mesopotámica se encuentran hachas líticas circulares que parecen haber tenido precisamente esa triple función.
A lo largo de los grandes ríos se encuentran ocasionalmente enterramientos con grandes urnas o restos de canoas monóxilas, pero las cerámicas de menores dimensiones, los objetos de hueso, madera, los textiles y las cesterías antiguos resultan casi inhallables precisamente por las condiciones deteriorantes que sufrieron. Sin embargo, puede darnos alguna idea de las artes precolombinas las artes (vulgarmente catalogadas como "artesanías) "menores" que aún realizan los descendientes de etnias como la wichí o la qom'lek ("toba"): los wichis se destacan por sus tallas en maderas muy duras (quebracho, palo santo) y el tejido de atractivas alforjas "chuspas" sobre la base de la fibra del chaguar; las tallas en madera dura son frecuentemente representaciones de animales, tales representaciones conllevan fuertes estilizaciones en las cuales predominan los volúmenes facetados; en cuanto a los qom'lek también suelen representar en pequeñas esculturas (valga la palabra escultura aquí, pese a que se trata técnicamente de cerámica) los animales autóctonos (y posteriormente los alóctonos) aunque predomina la cerámica horneada (no al punto de terracota) de matices castaño claros luego pintada con pigmentos marrones, blancos, rojizos y negros.
En el área de transición entre el Gran Chaco y las cordilleras preandinas y andinas se nota también el antiguo contacto cultural (muchas veces violento) entre etnias pampidas, amazonidas y andidas; en el interfluvio de los ríos Dulce y Salado del Norte aunque no existen huellas de ninguna ciudad precolombina edificada con rocas u otros elementos perdurables si se encuentran bastantes cerámicas que revelan el fuerte influjo procedente de las culturas del NOA (en ocasiones es difícil distinguir si se trata de cerámicas precolombinas moldeadas in situ o si se trata de cerámicas obtenidas del NOA a través de las antiguas rutas comerciales), al pie de la yunga especialmente en el chaco salteño se encuentran interesantes máscaras labradas en palma que representan a diversos grandes animales (yaguares, pecaríes, tapires etc.), tales máscaras evocaban a los "espíritus" de los animales y eran utilizadas ceremonialmente, su talla suele ser sencilla, limpia: con pocos rasgos se puede identificar fácilmente al ser representado. En esa misma zona, y especialmente por parte de los chorotís y de la parcialidad arawak de los chané se destacan los "sapos" que, por magia simpática, sirven para impetrar o atraer a la lluvia durante las prolongadas sequías: los sapos chorotis suelen ser de barro cocido con una mezcla de polvo de hueso lo que le da un matiz (casi una "pátina") singular: de volúmenes curvos tal "pátina" resalta las curvaturas al suavizar ópticamente toda posible rectilinealidad. Por su parte los "sapos invocantes" de los chané llegan a sorprender por lo logrado con la sencillez de sus formas (muchas veces una especie de óvalo "parado" y algo aplastado que tiene una gran abertura arriba, la de la boca, y unas cintas añadidas de cerámica fungiendo como leves patas).

Pequeña vasija antropomorfa en cerámica de la Cultura "Condorhuasi".

Las civilizaciones del Noroeste Argentino[editar]

En el NOA se encuentra una región que reúne características fisiográficas semejantes a las de los Andes Centrales, la semejanza fisiográfica y, especialmente, los factores ecológicos hicieron que en esta zona se pudieran desarrollar poblaciones sedentarias, fijadas a la "madre tierra" por la agricultura intensiva de la papa, el maíz, los porotos, la quinoa etc. En el transcurso de los siglos las antiguas aldeas llegaron a consolidarse como pequeñas ciudades realizadas en una arquitectura de sillería en piedra.

Aunque se mantienen polémicas en cuanto a las denominaciones y periodizaciones, aquí se recurrirá a las más frecuentes.

Usualmente se habla de un "período temprano" que se extiende desde el 500 a. C. al 650 d. C., un "período intermedio" o "medio" (650-850) y un "período tardío" (del 850 al ca. 1480).

En todos estos casos nos encontramos con artes que corresponden a culturas agroalfareras que encuadran dentro del término (muchas veces impreciso) de civilización, en efecto, es en el NOA que, ya antes del siglo I arqueológicamente se observan incontestables rasgos de civilización en el sentido más estricto: aparecen poblaciones estables en puntos (nodos) en los cuales se controla económicamente el riego, la agricultura y, con ellos, la circulación macroregional de bienes entre los cuales se encuentran los alimentos y la información.

Las culturas agroalfareras del NOA llegaron a desarrollar un interesante urbanismo (Tastil, Tilcara, Shincal, Chicoana, Batungasta, Titiconte, La Ciudacita etc.) acompañado de esculturas líticas y coroplastia (cerámica netamente artística), metalurgia en oro, plata, cobre y bronce; así como interesantes obras textiles y de cestería.
En el actual territorio de la provincia de Santiago del Estero se desarrolló una cultura (Civilización santiagueña) que aunque estableció grandes centros habitados, no llegó a la monumentalidad ya que de hecho, su arquitectura se basó en materiales perecederos ("paja" o sacate y, menormente, en adobe), la Civilización santiagueña refleja casi inmediatamente los influjos andidos seguidos de los amazonidos aunque su substrato demográfico se hubiera dado en una población predominantemente pampida.
En el NEA (Noreste Argentino) la cultura con sus artes se basa en un primer estadio cazador-recolector (semejante entonces al de la Pampasia y la Patagonia) hasta que hacia el siglo XIV en las orillas de los grandes ríos (Paraná, Paraguay, Uruguay) y sus principales afluentes, en costas elevadas y sobre suelos altamente productivos, se establecieron grandes aldeas prácticamente permanentes (principalmente pobladas con linajes avá), aldeas basadas en la agricultura de mandioca (o yuca) y en un segundo término en la obtención de proteínas merced a la proficua pesca y, en grado menor, caza e incipiente "ganadería" (avicultura).

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Arellano, 2002, p. 27
  2. Arellano, 2002, p. 32
  3. Arellano, 2002, p. 34
  4. Miller 1999, p. 10.
  5. Miller 1999, p. 11.
  6. Miller 1999, pp. 9, 80.
  7. Miller 1999, pp. 80-81.
  8. Miller 1999, pp. 80-81. Sharer y Traxler 2006, p. 340.
  9. Miller 1999, p. 84.
  10. Estrada-Belli pp. 44, 103-104.
  11. Miller 1999, pp. 73-75.
  12. Miller 1999, p. 75.
  13. Miller 1999, p. 76.
  14. Miller 1999, pp. 84-85.
  15. Reents-Budet et al 2007, pp.1417-1418.

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]