Arrabales de Madrid entre los siglos XII y XVII

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Arrabales de Madrid entre los siglos XII y XVII se refiere al conjunto de núcleos de población desarrollados extramuros del recinto amurallado de Madrid entre el periodo bajomedieval y el Renacimiento, que se formaron en torno a la primitiva muralla musulmana a partir del siglo xii.

Los investigadores los asocian a las ocho puertas de la cerca del Arrabal —la primera de las tres sucesivas cercas de Madrid construidas por motivos no defensivos sino legales y fiscales, a raíz del crecimiento de la Villa y levantadas a partir del siglo xii—, la de la Vega, puerta de Moros, la de la Latina junto al postigo de San Millán,[1]​ el portillo de Antón Martín, también conocido como puerta de Vallecas o de Atocha (que daba al arrabal de Santa Cruz),[2][3]​ la Puerta del Sol, la de San Martín (o puerta de Valnadú),[4]​ y la de Santo Domingo.[5]

Asimismo, en las afueras de la ciudad amurallada, en la confluencia de los caminos de Atocha y Toledo, solía formarse una laguna,[a]​ que por su extensión y tras desecarse, dejó sitio para un lugar de congregación de pueblo y mercaderes en el nuevo arrabal. De esta forma, desde el xiii comienza a surgir en la documentación administrativa de la ciudad un espacio llamado plaza del Arrabal, la futura plaza Mayor.

Castellanos enumera casi 60 «oficios urbanos» documentados en Madrid a finales del xv,[6]​ muchos de ellos estrechamente asociados con productos agropecuarios. La reunión de estos gremios en zonas determinadas, creo pequeños barrios como el de los curtidores en las tenerías junto a la puerta de Valnadú o a la noria del Pozacho (entre las fuentes del «arroyo de San Pedro» y la torre de Narigües).[6][7]​ Otras veces, su ubicación era impuesta por el Concejo, como fue el caso de los herreros, que se instalaron en la plaza del Arrabal.[6]​ Con el tiempo, algunos de estos barrios gremiales darían nombre a algunas calles o plazas de Madrid.[6]

Plano de las distintas cercas de Madrid, publicado en 1847 en el Semanario Pintoresco Español.

Antecedentes[editar]

La ocupación cristiana del «Majerit» morisco en el siglo xi,[8]​ la Carta de Población del Vicus Sancti Martini concedida por Alfonso VII de Castilla en 1126 y la redacción del Fuero de Madrid (1202) —que produjo una reorganización administrativa y política—, provocaron un creciente incremento de la población. La posterior construcción de la muralla defensiva en el siglo xii fue claro indicio de dicho crecimiento. Por otra parte, y a pesar de los límites municipales impuestos al territorio encerrado por la cerca defensiva, la pujanza económica de los arrabales hizo que Madrid se extendiera hacia el Este —por las características topográficas—.

Aunque la dispersa historiografía no suele ordenarlos, se podrían diferenciar seis arrabales principales en la historia de la urbanización de la Villa de Madrid, y un apéndice de «arrabales menores o barrios de arrabal», por lo general conectados o relacionados con los llamados principales.

Arrabal de San Martín[editar]

Se desarrolló en torno al convento de San Martín y en las inmediaciones de la puerta de Valnadú o Balnadú,[9]​ y se considera el primer arrabal de Madrid del que se tiene noticia, documentado a partir de 1126.[5]

Se extendía desde la puerta de Guadalajara hasta la puerta del Sol y de allí, hasta el paseo de Tocha o Atocha y estaba separada de los arrabales de San Ginés y de Santa Cruz por el arenal de San Ginés y los barrancos de los Caños del Peral, respectivamente.[10]

Tuvo en este arrabal sus caseríos Álvaro de Luna, condestable de Castilla, maestre de la Orden de Santiago y valido del rey Juan II de Castilla,[11]​ y el regidor de la Villa, Bernadino de Mendoza tenía en uno de los barrancos del Arenal, junto a la puerta de Valnadú, una huerta.[12]​ Otro regidor, Álvaro de Alcocer, que también era secretario de los Reyes Católicos, también tenía en los barrancos del Arenal, junto a la muralla musulmana, una huerta considerable.[13]

En 1499, por orden del Concejo de la Villa, se abrió cerca de la puerta de Valnadú, la casa del Pescado para que allí pudiera remojar y conservar sus «peces» el gremio de pescaderos.[14]​ Mercancía que llegaba a la Villa desde los puertos de Galicia y Asturias, pues la pesca del río Manzanares y otros ríos o arroyos del vecino Guadarrama estaba, desde antiguo, muy protegida.[15]

Arrabal de San Ginés[editar]

Colindante con el arrabal de San Martín, y situado en el barranco de Arenal,[11]​ este arrabal se extendía a ambos lados de lo que hoy es la calle del Arenal[16]​ y se desarrolló en las inmediaciones de la iglesia de San Ginés de Arlés, cuya existencia se conoce en 1358 —aunque probablemente existía allí una ermita mozárabe[11]​ anterior—[17]​ alrededor de las cercanas puertas de Balnadú y de Guadalajara,[11]​ tras arrebatar Alfonso VI de León Magerit a los musulmanes en 1083.[18]

Se documenta en tiempos de Enrique IV (que reinó entre 1454-1474), la única carnicería situada en los arrabales, estando las otras tres dentro del recinto amurallado de la Villa,[19]​ y a las que se añadieron dos más a lo largo del xv, una en la plaza del Arrabal y otra en la plaza de Santa Cruz.[19]

Aquí se concentraban los oficios dedicados a la confección, tal y como indican los nombres dados posteriormente a calles como Bordadores o Coloreros, de los pocos que quedan.[16]

Arrabal de Santo Domingo[editar]

Se conoce desde mediados del siglo xiii.[5]​ En él había hornos y tejares para la producción de ladrillos y tejas.[20]

Arrabal de San Francisco[editar]

Se conoce desde mediados del siglo xiii.[5]

Arrabal de Santa Cruz[editar]

Este arrabal, que data del xv,[21]​ alojaba los gremios de zapateros, estereros, guitarreros y tiradores de oro. También vivía allí Juan Álvarez Gato, mayordomo de la reina Isabel la Católica.[22]

Al norte del arrabal se encontraba la puerta del Sol, cuya existencia data de al menos 1478.[22]

Arrabal de San Millán[editar]

Nombrado así por la ermita que se cree existía allí antes de la conquista de Alfonso VI, se registra su desarrollo como arrabal desde el siglo xv, aunque su población de alquerías con huertas, olivares y viñedos debió ser ya anterior.[b][23]​ Tuvo casas de mayorazgo y solares Francisco Ramírez el Artillero, secretario del rey y esposo de Beatriz Galindo la Latina.[23][24]

Arrabal de San Andrés[editar]

Fue el hábitat de San Isidro Labrador.[25]​ Se encontraba fuera de las murallas.[26]

Barrios de arrabal[editar]

Arrabal de las Vistillas[editar]

Subiendo desde el río Manzanares hacia Madrid, a la altura de la antigua puente toledana —pontón de madera y ladrillo, predecesor del Puente de Segovia—,[27]​ en el lado de Poniente se extendió el arrabal de las Vistillas, desarrollado alrededor del convento de San Francisco y su arrabal, poblado por mercaderes y comerciantes..[28][29]​ Personajes históricos vínculados a este sector extramuros incluyen a Mosén Romano, contador mayor de Castilla.[29]

Arrabal de Lavapiés[editar]

Núcleo de población desarrollado del otro lado del barranco de San Pedro, frente a las Vistillas, y a la derecha del camino que subía desde el río Manzanares, a la altura de la puente toledana. Queda referido como arrabal de Lavapiés, desde 1495,[30]​ y relacionado con la judería de Madrid.[30]​ Podría considerarse como una extensión del arrabal de San Francisco, en el perímetro de influencia de la zona que luego ocupará la plaza de la Cebada. [30][31][32][c]

Arrabal de la Morería Vieja[editar]

El arrabal de la Morería Vieja, documentado en 1190 por José Simón Díaz,[33]​ puede considerarse quizá extensión del primitivo arrabal de San Pedro, en la vecindad de la primera iglesia dedicada a San Pedro mencionada en el Fuero de Madrid de 1202,[34]​ y al parecer levantada sobre la primitiva mezquita que allí estuvo. Formado al amparo de Puerta Cerrada, también puede aceptarse su expansión hacia los tardíos arrabales de San Francisco y Las Vistillas.[35]

Se conservó su mezquita, ubicada cerca de la actual calle de Don Pedro, hasta 1531.[36]

Judería[editar]

Aunque Castellanos sugiere que la judería estuviera ubicada en el arrabal de Lavapiés,[30]​ y más concretamente en torno a la actual plaza de la Cebada,[37]​ sigue sin localizarse la zona dónde estaría confinada la aljama judía salvo que, desde julio de 1481 y hasta el decreto de expulsión de 1492, que estaba cercada con un muro cerrado por la noche.[38]

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. Denominada «Laguna de Luján», por pertenecer los terrenos a Pedro de Luján, camarero del rey.
  2. Producción que aparece mencionada entre las preferencias de las vendedoras de lechugas y las quincalleras que hacían su comercio entre la villa y este arrabal.
  3. La plaza de la Cebada, siguiendo el relato de Mesonero Romanos, se asentó en los terrenos que al inicio del siglo xvi pertenecían a la encomienda de Moratalaz dependiente de los de Calatrava.

Referencias[editar]

  1. Gea, 2009, p. 563.
  2. Goitia Cruz, J. A. (2007): «Efímero y perdurable. Entradas triunfales en el Madrid cortesano: las puertas de Alcalá y Atocha.» Anales del Instituto de Estudios Madrileños.
  3. «Murallas, Cercas y Puertas de Madrid». unaventanadesdemadrid. Consultado el 1 de septiembre de 2016. 
  4. Mesonero, 1861, p. 93.
  5. a b c d Del Amo Horga, 2002, pp. 58-9.
  6. a b c d Castellanos, 2005, pp. 45-6.
  7. Gea, 2007, p. 563.
  8. Mesonero, 1861, p. VII.
  9. Sánchez Blázquez, Eloy (2012): Calles del centro histórico de Madrid con rótulos en cerámica, p. 481. Editorial Visión Libros. En Google Books. Consultado el 1 de julio de 2017.
  10. L. L. de R. (1874): Madrid en el bolsillo: Guía práctica del viajero en Madrid, p. 141. Imprenta de Andrés Orejas. En Google Books. Consultado el 1 de julio de 2017.
  11. a b c d Castellanos, 2005, p. 23.
  12. Castellanos, 2005, pp. 90-1.
  13. Castellanos, 2005, p. 83.
  14. Castellanos, 2005, p. 74.
  15. Castellanos, 2005, p. 77.
  16. a b Castellanos, 2005, p. 53.
  17. Amo Horga del, 2002, p. 58.
  18. Santamaría, Carmen (2005). Balcones, caminos y glorietas de Madrid: escenas y escenarios de ayer y de hoy, p. 86. Silex Ediciones. En Google Books. Consultado el 30 de junio de 2017.
  19. a b Castellanos, 2005, pp. 69-70.
  20. Nieto Sánchez, José Antolín (2006):Artesanos y mercaderes: una historia social y económica de Madrid (1450-1850), p. 50. Editorial Fundamentos. En Google Books. Consultado el 1 de julio de 2017.
  21. Pellicer, Juan Antonio (1803). Disertación histórico-geográfica sobre el origen, nombre y población de Madrid: así en tiempo de moros como cristianos, pp. 90-91. Imprenta de la Administración del Real Arbitrio de Beneficencia. En Google Books. Consultado el 30 de junio de 2017.
  22. a b Castellanos, 2005, p. 21.
  23. a b Castellanos, 2005, pp. 18-19.
  24. Montero, 1990, pp. 196-197.
  25. Guerra Chavarino, Emilio (2001). Historia y Leyenda de San Isidro. Bubok Publishing S.L. p. 18. «Su hábitat [de Isidro Labrador (1082-1172)] fue el arrabal de San Andrés». 
  26. Juanferpt (11 de mayo de 2018). «¿Sabías que la judería de Lavapiés solo es un mito?». La Casa en Lavapiés. Consultado el 25 de febrero de 2019. «... los cristianos (mozárabes) se extendían por el Arrabal de San Andrés, fuera de las murallas.» 
  27. Castellanos, 2005, p. 13.
  28. Departamento de Historia del Arte II (Moderno), Facultad de Geografía e Historia (1994): Madrid en el contexto de lo hispánico desde la época de los descubrimientos: congreso nacional, p. 1141. Universidad Complutense de Madrid. Consultado el 1 de julio de 2017.
  29. a b Castellanos, 2005, p. 15.
  30. a b c d Castellanos, 2005, p. 16.
  31. Montero, 1990, p. 195.
  32. Mesonero, 1861 (2010), pp. 176-177.
  33. Simón Díaz, José (1994). Instituto de Estudios Madrileños, ed. Guía literaria de Madrid: Arrabales y barrios bajos. Madrid. pp. 16 y 494. Consultado el 1 de julio de 2017. 
  34. Gea, 2007, p. 301.
  35. Répide, 2011, p. 220.
  36. Castellanos, 2005, p. 99.
  37. Castellanos, 2005, p. 95.
  38. Castellanos, 2005, pp. 61-2.

Bibliografía[editar]

  • Castellanos Oñate, José Manuel (2005). El Madrid de los Reyes Católicos. Madrid: La Librería. ISBN 8496470105. 
  • Montero Vallejo, Manuel (1990). Madrid musulmán, cristiano y bajomedieval. Madrid: Avapiés. ISBN 8486280443.