Arquitectura de Argentina

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Congreso de Argentina, construido por Víctor Meano.
Recovas en la ciudad de Salta.

Por arquitectura de Argentina se entiende a la existente desde el principio de la colonización, aunque fuese en el siglo XVIII, cuando las ciudades llegaron a su momento de esplendor. Ciudades como Córdoba, Salta, Mendoza, Rosario, Santa Fe y también Buenos Aires, conservaron su patrimonio histórico colonial a pesar del crecimiento.

En Buenos Aires, donde trabajaron arquitectos italianos como Andrés Blanqui y Antonio Masella, se aprecia claramente la sencillez del barroco rioplatense en las iglesias de San Ignacio y Nuestra Señora del Pilar, la catedral y el cabildo. Las influencias italianas y francesas se incrementaron después de la independencia, aunque el estilo academicista persistió hasta bien entrado el siglo XX. Los intentos de renovación, no obstante, se sucedieron durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, cuando las tendencias europeas penetraron en el país plasmándose de diversos edificios de Buenos Aires, como la iglesia de Santa Felicita, obra de Ernesto Bunge; el Palacio de Justicia, el Congreso Nacional Argentino y el Teatro Colón, todos ellos de Víctor Meano.

Siglo XX[editar]

A principios del siglo XX, todavía se continuaba reproduciendo modelos neoclásicos de procedencia francesa, como el Banco de La Nación Argentina de Buenos Aires, construido por Alejandro Bustillo, y el Museo Hispanoamericano de Martín Noel; pero, desde la década de 1930 la influencia de Le Corbusier[1] y el racionalismo europeo se consolidó en un grupo de jóvenes arquitectos en la Universidad Nacional de Tucumán, entre los que se destacó Amancio Williams, posteriormente considerado uno de los más importantes de la primera mitad del siglo XX.[2] Gracias a la influencia que ejerció esa nueva ola de arquitectos y a los avances técnicos fundamentales como el hormigón y el acero, los nuevos edificios se empezaron a alejar de las ornamentaciones barrocas para buscar la simplicidad de sus formas, priorizando la lógica y el funcionalismo constructivo.

La construcción de rascacielos abundó en Buenos Aires durante varias décadas hasta que en 1950, una nueva generación de arquitectos comenzó a rechazar el brutalismo, y quiso encontrar una identidad arquitectónica.[cita requerida] Esta búsqueda de identidad se refleja en el Banco de Londres realizado en 1967 por Peralta Ramos, Alfredo Agostini, Clorindo Testa y Sánchez Elía, en las décadas siguientes, las nuevas generaciones de arquitectos incorporan lo vanguardista, incorporando nuevas técnicas.

Siglo XXI[editar]

En los últimos años se han construido importantes edificios de alta tecnología como la Torre Le Parc, realizado por Mario Roberto Álvarez; las Torres El Faro, las más altas de Argentina por el momento[3] y las Renoir, actualmente en construcción. En El interior del país se encuentran en construcción las torres Dolfines Guaraní en la ciudad de Rosario y las Torres Capitalinas en la ciudad de Córdoba.

Notas y referencias[editar]

  1. Diario Clarín (19 de enero de 2009). Carolina Muzi (ed.): «Le Corbusier, el arquitecto que soñó la moderna Buenos Aires». Consultado el 12 de septiembre de 2009.
  2. Arqa. «Monumento de fin del milenio, homenaje a Amancio Williams». Consultado el 12 de septiembre de 2009.
  3. Reporte Inmobiliario (17 de abril de 2006). «Torres: las catedrales del siglo XXI». Consultado el 12 de septiembre de 2009.

Enlaces externos[editar]