Armisticio de Mudros

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HMS Agamemnon en una visita previa a Mudros durante la campaña de Dardanelos en 1915.

El Armisticio de Mudros fue un armisticio alcanzado entre el Imperio otomano y los Aliados a finales de la Primera Guerra Mundial y la partición del Imperio otomano. Fue firmado en el puerto de Moúdros (en la isla de Lemnos) el 30 de octubre de 1918.[1] Somerset Gough-Calthorpe, el almirante británico, firmó por los Aliados. Esta suspensión de las hostilidades puso fin a la guerra en el Oriente Próximo y obligaba a los otomanos a abandonar todo el Imperio salvo Anatolia y a ordenar la rendición de todas sus guarniciones en Hiyaz, Yemen, Siria, Mesopotamia, Tripolitania y Cirenaica. Enver Pasha, uno de los más destacados miembros del gobierno otomano, mantuvo una posición optimista, escondió información que hizo la posición otomana parecer débil, y llevó la mayoría de la élite otomana a creer que todavía se podría ganar la guerra.[2]

Según los términos del pacto, los Aliados ocuparían la zona de los estrechos de los Dardanelos y del Bósforo, Batumi y los túneles de los montes Tauro. Asimismo, se reconocía a los vencedores el derecho a ocupar seis provincias de población armenia en el noreste de Anatolia en caso de desórdenes, así como cualquier punto estratégico considerado importante para garantizar la seguridad de los Aliados. El Ejército otomano quedaba desmovilizado.

En el Cáucaso, las unidades otomanas debían retirarse a las líneas anteriores a la guerra, con lo que perdían las posesiones que habían ocupado directamente o que dominaban por medio de Gobiernos interpuestos, es decir, las regiones de Ayaria (Batumi), Ajaltsije, Kars, Ardahan y Azerbaiyán.

Antecedentes[editar]

Los eventos en el sureste de Europa deshicieron las esperanzas del gobierno otomano. El Frente Macedonio, también conocido como la campaña de Salónica, había estado estable de forma general desde el año 1916. En septiembre de 1918, las fuerzas aliadas (bajo el mando de Louis Franchet d'Espèrey) lanzaron una ofensiva sorpresa que resultó ser muy exitosa. El ejército búlgaro fue derrotado, y Bulgaria se vio obligada a buscar la paz en el Armisticio de Salónica. Esto fue directamente en detrimento tanto de la causa alemana como de la causa otomana, ya que los alemanes no tenían tropas para ayudar con la defensa de Austria-Hungría de la recientemente formada vunerabilidad en el sureste europeo, luego de las derrotas que había sufrido en Francia, y los otomanos tuvieron repentinamente que defender Constantinopla contra un asedio por tierra desde Europa sin la ayuda de los búlgaros.[2]

El Gran Visir Talaat Pasha visitó Berlín, Alemania, y Sofía, Bulgaria en septiembre de 1918. Volvió aceptando la idea de que la guerra ya no era ganable. Dado que parecía que los alemanes buscarían la paz por separado, los Otomanos se iban a ver obligados a hacer lo mismo. Talaat convenció a los otros miembros del partido que debían renunciar, ya que los aliados les impondrían condiciones incluso más severas si pensaban que las personas que iniciaron la guerra aún seguirían en el poder. También hizo un acercamiento a los Estados Unidos para ver si podía rendirse ante ellos y obtener los beneficios de los Catorce Puntos, pese a que el Imperio Otomano y los Estados Unidos no estaban en guerra; sin embargo, los estadounidenses nunca respondieron, ya que estaban esperando la recomendación británica para dar su respuesta, recomendación que nunca llegó. El 13 de octubre, Talaat y el resto de su ministerio renunció. Ahmed Izzet Pasha reemplazó a Talaat como Gran Visir. Dos días después de asumir el cargo, envió al general inglés capturado Charles Vere Ferrers Townshend a los Aliados para discutir las condiciones de un armisticio.[2]

Negociaciones[editar]

El gabinete británico recibió las noticias de la oferta y se mostraron ansiosos por negociar un acuerdo. Los términos de la alianza en ese momento eran que el primer miembro que fuera contactado en búsqueda de un armisticio debía ser el que dirigiera las negociaciones; el gobierno británico interpretó que esto quería decir que el Reino Unido dirigiría las negociaciones y lo haría por su cuenta. No está muy claro si la decisión británica fue una interpretación sincera de los términos de la alianza, reflejó el temor de que los franceses insistieran en exigencias demasiado severas y el tratado se termine cancelando o un deseo de quitar a los franceses el "botín" territorial de guerra que se les prometió en el Acuerdo Skyes-Picot. Townshend también indicó que los otomanos preferían hacer el acuerdo con los británicos; el no sabía del contacto que los turcos habían hecho con los estadounidenses o que Talaat había enviado un emisario a los franceses de manera paralela, pero que ese emisario no había respondido con celeridad. El gabinete británico le otorgó poderes especiales al Almirante Calthorpe para que llevara a cabo las negociaciones explícitamente excluyendo a los franceses de las mismas. También sugirieron que buscara un armisticio y no así un tratado de paz definitivo, considerando que un tratado de paz requeriría la aprobación de todas las naciones aliadas y esto debía ser tomado con más calma.[2]

Las negociaciones comenzaron el sábado 27 de octubre abordo del HMS Agamemnon, un buque de guerra británico. Los británicos se rehusaron a admitir al Vicealmirante francés Jean-Françoise-Charles Amet, el oficial naval de más alto rango en la zona, pese a que éste expresó su deseo de participar; la delegación otomana, liderada por el Ministro de Asuntos Marinos Rauf Bey, indicó que era aceptable ya que estaban acreditados solo hacia los británicos, y no así a los franceses.[2]

Both sides did not know that the other was actually quite eager to sign a deal and willing to give up their objectives to do so. The British delegation had been given a list of 24 demands but were told to concede on any of them except allowing the occupation of the forts on the Dardanelles as well as free passage through the Bosphorus; the British desired access to the Black Sea for the Rumanian front. Prime Minister David Lloyd George also desired to make a deal quickly before the United States could step in; according to the diary of Maurice Hankey:

[Lloyd George] was also very contemptuous of President Wilson and anxious to arrange the division of Turkey between France, Italy, and G.B. before speaking to America. He also thought it would attract less attention to our enormous gains during the war if we swallowed our share of Turkey now, and the German colonies later.[2]

The Ottomans, for their part, believed the war to be lost and would have accepted almost any demands placed on them. As a result, the initial draft prepared by the British was accepted largely unchanged; the Ottomans did not know they could have pushed back on most of the clauses, and the British did not know they could have demanded even more. Still, the terms were largely pro-British and close to an outright surrender; the Ottomans ceded the rights to the Allies to occupy "in case of disorder" any Ottoman territory, a vague and broad clause.[2]

The French were displeased with the precedent; French Premier Georges Clemenceau disliked the British making unilateral decisions in so important a matter. Lloyd George countered that the French had concluded a similar armistice on short notice in the Armistice of Salonica, which had been negotiated by French General d'Esperey and that Great Britain (and Tsarist Russia) had committed the vast majority of troops to the campaign against the Ottomans. The French agreed to accept the matter as closed. The Ottoman educated public, however, was given misleadingly positive impressions of the severity of the terms of the Armistice. It thought its terms were considerably more lenient than they actually were, a source of discontent later that the Allies had betrayed the offered terms during the Turkish War of Independence.[2]

Referencias[editar]

  1. Karsh, Efraim, Empires of the Sand: The Struggle for Mastery in the Middle East, (Harvard University Press, 2001), 327.
  2. a b c d e f g h Fromkin, David (2009). A Peace to End All Peace: The Fall of the Ottoman Empire and the Creation of the Modern Middle East. Macmillan. pp. 360–373. ISBN 978-0-8050-8809-0.