Armando Reverón

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Armando Reverón
Armando Reverón con Pumpá (Plata en gelatina) - Victoriano de los Ríos (1954)
Reverón en 1954.
Información personal
Nombre de nacimiento Armando Julio Reverón Travieso
Nacimiento 10 de mayo de 1889
Bandera de Venezuela Caracas, Venezuela
Fallecimiento 18 de septiembre de 1954
(65 años)
Bandera de Venezuela Caracas, Venezuela
Causa de la muerte Embolia cerebral Ver y modificar los datos en Wikidata
Lugar de sepultura Panteón Nacional de Venezuela, Caracas Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Venezolano
Familia
Cónyuge Juanita Ríos Mota (1946-1954)
Educación
Educado en
Información profesional
Área Pintura, dibujo escultura
Movimiento modernismo Ver y modificar los datos en Wikidata
Distinciones

Medalla Exposición Internacional de París de 1937

Premio Nacional de Pintura de Venezuela (1953)

Armando Julio Reverón Travieso (Caracas, Venezuela, 10 de mayo de 1889-Ib., 18 de septiembre de 1954), conocido como Armando Reverón, fue un pintor y creador venezolano precursor del Arte Povera y considerado uno de los más importantes del siglo XX en América Latina.

Fue pionero del Happening, del Ensamblaje artístico, de la Instalación (arte) e Intervención (arte), de la escultura textil y del Móvil. Afectado por la fiebre tifoidea a los doce años y de una esquizofrenia tardía, fue víctima de ataques, períodos depresivos y crisis psicóticas. Estudió y desarrollo su obra en Caracas, Barcelona, Madrid y París. En 1918 conoció a Juanita Mota, la cual fue su única compañera hasta su muerte. A partir de 1921 se estableció en Macuto en el Litoral Central de Venezuela donde construye «El Castillete» su taller y morada.

Por su carácter exótico, irracional y primitivo, fue conocido como el «Loco de Macuto». Su obra y figura fue admirada por artistas e intelectuales como Pablo Picasso, Margot Benacerraf, Alí Primera, Jesús Rafael Soto, Antonio Saura, Fernando Botero y Sofía Ímber. En el 2007 el MoMA le dedica una retrospectiva; siendo esta la primera que le dedica a una artista venezolano y la cuarta a un pintor latinoamericano después de Diego Rivera (1931), Cândido Portinari (1940) y Roberto Matta (1957). Falleció en el Sanatorio San Jorge en Catia (Caracas) a los 65 años. Desde el año 2016 sus restos mortales reposan en el Panteón Nacional de Venezuela.

Biografía[editar]

Primeros años (1889-1905)[editar]

Armando Julio Reverón Travieso fue el primer y único hijo del general Julio Reverón Garmendia (1858-1907) y de Dolores Travieso Montilla (?-1943). Nació el 10 de mayo de 1889 en la quinta San José, Sur (Puente Hierro) de la Parroquia Santa Rosalía (Caracas). Días más tarde es bautizado en la Iglesia de Santa Rosalía, sus padrinos fueron el General Raimundo Fonseca (1844-1921) y la señora Josefina Rivas de Alfonso. Durante sus primeros meses, su madre al no poder lactarlo se hizo cargo una nodriza.

Fruto de un matrimonio de desencuentros y conflictos; su madre, una mujer nerviosa y caprichosa perteneciente a una familia valenciana de clase alta y el padre; alcohólico e inestable (a quien se le atribuye un pasado misterioso), procede de una prestigiosa familia caraqueña. Para el momento de contraer matrimonio; según los biógrafos del pintor, Don Julio es un hombre arruinado. Al no haber pruebas convincentes se han puesto en duda la paternidad de Julio y también la de su madre de la que tampoco se sabe a ciencia cierta si engendró al niño o lo adoptó. En 1895 inicia sus primeros estudios en el Colegio de los Padres Salesianos en Caracas. Luego que Don julio derrochara buena parte de la fortuna familiar en sus adicciones a la ludopatía y al opio; su madre contrae el divorcio y se ve obligada a trasladar a su hijo a la Hacienda «Caño Monagas» en la ciudad de Valencia (Venezuela), hogar de los Rodríguez-Zucca (Francisco Rodríguez Castro y Carmen Zocca de Rodríguez) una familia católica de origen canario que lo forman durante los primeros años de su vida.

Ciudad de Valencia (1900).

Bajo el cuidado de su nueva familia, continúa sus estudios en el colegio de los hermanos de la Salle y luego en el colegio Cajigal del Doctor Zuloaga. Su tío-abuelo materno Ricardo Montilla, quien había estudiado en Nueva York, lo instruye en dibujo natural y despierta en él su vocación artística. Las paredes de la casa eran algunos de los primeros lienzos de Reverón, donde éste intentaba retratar a la sirvienta de la familia, Juanita Carrizales. En 1898 conoce el estudio de Juan Antonio Michelena, padre de Arturo Michelena, entusiasmado comienza a copiar a los grandes maestros europeos. Hacia 1901 realiza su primer encargo por parte de un comerciante, Don Lorenzo Ochoa y copia La caza del león de Eugène Delacroix. Reverón establece una estrecha relación con Josefina Rodríguez-Zucca (1886-1917), hija de la pareja, a quien aprecia como a una verdadera hermana, él determinó un verdadero cariño hacia ella; tal era el afecto que años más tarde al morir Josefina, toma la extrema decisión de no volver nunca más a Valencia.

«Al recuperarse, mentalmente Armando parecía de 3 años, tan infantiles eran sus juegos, su actitud, jugaba con muñecas, vistiéndolas, acariciándolas y pintándolas. Entonces se volvió más triste, melancólico, irascible e insociable».

Alfredo Boulton

Durante su infancia era sociable; junto a sus compañeros se bañaban y macheteaban los peces dentro del Río Cabriales; posiblemente a causa de esto, entre 1902 y 1903 Reverón sufre de Fiebre Tifoidea, cayendo en un período de regresión durante el cual compartía junto a Josefina la afición por las muñecas; lo que algunos especialistas han visto como el origen de sus futuros trastornos de personalidad y las muñecas que años más tarde creará. El joven Armando se volvió retraído y le gustaba permanecer mucho tiempo en casa; debido a esto sus médicos opinaron que no volviera al colegio y Los Rodríguez-Zucca le contaban a doña Dolores sobre el extraño temperamento de su hijo luego de la enfermedad.

El hecho de que Reverón nunca hablara de su familia o de su infancia, pudiera indicar que su origen siempre estuvo difuso. No deseaba recordarlo ni referirlo a nadie. Si vemos bien, la actitud normal de un adulto sano —por más reservado que éste pudiera ser— en relación a su infancia es la de recordarla con afecto, en caso de haber sido ésta medianamente feliz. Sin embargo, Reverón evitaba cualquier referencia verbal a ella; en cierto modo llevaba una vida atípica, que oscilaba entre la humildad, la ingenuidad o la sencillez, cualidades que se acercan al temperamento infantil y a cierta santidad de carácter, al desprendimiento de los bienes materiales de este mundo, prefiriendo vivir en lo elemental que en la complejidad buscada. Esta fue, con su arte, la manera de recuperar aquella infancia. Ello podría explicar, por otra parte, que no encontremos en la obra de Reverón alusiones a los niños.

Juventud y período academicista (1905-1915)[editar]

Luego de recuperarse de la fiebre y la muerte de su padre se muda a Caracas en 1904, acompañado de su madre se instalan en la casona donde nació Francisco de Miranda, convertida en pensión; allí conoce a Federico Ponce, aficionado a la pintura y amigo, le encarga cuadros y le invita a copiar el paisaje de El Calvario (Caracas). El 23 de junio de 1907 es convencido por Ponce y se inscribe en la Academia de Bellas Artes de Caracas siendo aceptado por el director de la academia Emilio Mauri quien lo admira más tarde por ser un alumno atento y disciplinado con sus maestros Pedro Zerpa y Antonio Herrera Toro por el que sintió una gran admiración.

Entre sus compañeros se encontraban Manuel Cabré, Rafael Monasterios, Antonio Edmundo Monsanto entre otros. Allí también conoce al profesor y pintor César Prieto del cual recibirá clases de pintura y de quien termina haciendo amistad. En 1908 ejecuta sus primeras pinturas, abordando paisajes, naturalezas muertas y temas religiosos. Durante estos años se vio influenciado por el pintor Cristóbal Rojas reflejando en su obra un estilo académico y tenebrista, concediéndole al pintor una formación clásica y seria. Tras la muerte de Emilio Mauri, se inicia en enero de 1909 una huelga de estudiantes de la Academia que pedían reformas en el pénsum de estudios y la destitución de Antonio Herrera Toro como director. Durante el conflicto, al que no se adhirió, es cerrada temporalmente la institución y Reverón viaja a Valencia donde realiza retratos, entre ellos su primera gran obra «Muchacha Tejiendo» (1909) donde retrata a su querida hermanastra en la sombra de un níspero.

Al concluir la huelga regresa a Caracas y presenta sus exámenes de fin de curso. En 1910 pinta su primer autorretrato género que cultivará a lo largo de su vida. El pintor vuelve a mudarse con su madre a una pensión de Torres a Madrices que pertenece a su madrina Josefina Rivas de Alfonzo, donde improvisa un taller y comparte una nueva amistad con el músico Juan Bautista Plaza. En 1911 concluye sus estudios en la Academia y recibe en el concurso de fin de año la calificación de bueno en dibujo de desnudo y de sobresaliente con su obra «Playa del mercado». Ese mismo año entusiasmado con sus distinciones logra realizar junto a su compañero Rafael Monasterios, su primera exposición individual en la Escuela de Música y Declamación de la Academia de Bellas Artes.

«La gente dice que la fiebre tifoidea afectó mi carácter. Yo no sé, pero desde entonces me ha gustado el mundo de lo fantástico».

Entrevista realizada por Carlos Morantes y publicada en El Nacional el 16 de marzo de 1953

Viaje a Europa (1911-1915)[editar]

Barcelona

Gracias a su rendimiento, la ayuda de los profesores y la intercesión de Herrera Toro, Reverón consigue una beca de la Municipalidad de Caracas para irse a continuar sus estudios por Europa. Ese mismo año su madre le ayuda a costear el viaje a España y se instala en Barcelona, donde ingresa en la Escuela de la Lonja que dirige Vicente Borrás y Abella para seguir el curso (1911-1912) donde recibe clases de Vicente Climent Navarro en dibujo, colorido y composición. Entre los profesores de Reverón destacó José Ruiz Blasco, el padre de Picasso; el cual dirigía clases de Dibujo Artístico.

Reverón coincide en Barcelona con Rafael Monasterios y Salustio González Rincones quienes llevan un año viviendo en la ciudad. La obra de Reverón cambia y se produce un aclaramiento de su paleta, de esta época pertenecen obras como «Plaza de Barcelona» (1911). Durante estos dos años el pintor conoce la ciudad, se rodea del ambiente artístico de la época y estudia a los antiguos maestros españoles como El Greco o Francisco de Zurbarán. A finales de 1912 sin dinero, decide regresar a Venezuela con el objetivo de resolver asuntos relacionados con su manutención en el extranjero y unos terrenos que le habían sido dejados en herencia, los cuales hipoteca y revende. En su breve estancia pinta «Retrato de Enrique Planchart» (1912) donde plasma al poeta con las influencias adquiridas del arte español. Ese año se funda en Caracas el Círculo de Bellas Artes.

Madrid

De acuerdo con algunos estudiosos, la capital española dejó una profunda huella en su espíritu.

A principios de 1913 Reverón regresa a España y se matricula por recomendación de Borrás en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la nueva academia recibe clases de José Moreno Carbonero (maestro de Salvador Dalí), Manuel Marín y Antonio Muñoz Degrain, este último lo estimula a pintar al aire libre y otorgar valor al carácter plástico de la obra. Se pasea por el Parque del Retiro y visita el Museo del Prado, donde se cautiva con las obras de Diego Velázquez especialmente con Las meninas y siente una profunda admiración por el universo de Francisco de Goya. En sus tiempos libres se dedica a la lectura de los grandes del Siglo de Oro (Miguel de Cervantes, Pedro Calderón de la Barca o Lope de Vega). Además de conocer la ciudad moderna se interesa por las tradiciones y las costumbres: el folklore, las corridas de toros y la música flamenca; temas que los tendrá presentes durante su obra y sus futuras escenas teatrales.

«Me queda algo flotando en la retina (...) Es materia más bella que la materia misma. Me voy con ese ritmo tumultuoso, con esa música —no puedo decirlo de otro modo— que tiene aquel cuadro de "La carga de los mamelucos" en el Prado».

Armando Reverón

Durante su estancia tiene la ocasión de conocer a muchos artistas, entre ellos: Santiago Rusiñol, Modesto Urgell, Joaquín Sorolla, Hermenegildo Anglada Camarasa o Julio Romero de Torres. En septiembre participa en el I Salón Anual del Círculo de Bellas Artes en Caracas y consigue el segundo premio dibujo antiguo y ropajes de la Real Academia . El año siguiente junto a un grupo de condiscípulos, viaja a Segovia para conocer el taller de Ignacio Zuloaga con quién entablo una breve amistad. En 1914 conoce en el taller de Muñoz Degrain al pintor francés Fournier, casado con la venezolana Clotilde Pietro de Daudat. La pareja lo invita a Chantilly, donde vivirá durante seis meses y retratará a la Señora Clotilde.

París

Luego de vivir en el Norte de Francia, se traslada a la ciudad. En julio estalla la Primera Guerra Mundial y renta un cuarto en la Rue Vivienne. En París coincide con la colonia de artistas venezolanos, entre ellos Tito Salas y Carlos Otero. Se dedica a pintar con frecuencia al aire libre, disfruta de la vida bohemia y los cabarés por la noche, asimismo visita el Museo del Louvre donde admira las obras de Edgar Degas y Paul Cézanne. Reverón permaneció indiferente ante la pintura transformadora que cambió la historia del arte, no se interesa por Georges Braque ni por los artistas de la Escuela de París como Modigliani o Chagall.

Vuelve a mudarse y esta vez se hospeda cerca de la Rue Vendôme; la ciudad tiene muchas cosas que ofrecerle aunque apenas tiene la oportunidad de visitar los museos, cerrados por la guerra. La situación en Europa se vuelve tensa y hay riesgo de bombardeos sobre la capital. El pintor le escribe una carta a su madre y en ella le dice: «O me mandan a buscar o me tiro al Sena». En julio de 1915 se encuentra de nuevo en España donde puede visitar en el Museo del Prado una gran retrospectiva dedicada a Goya; poco tiempo después embarca a Venezuela.

Período azul (1916-1924)[editar]

En este período su obra no sólo por el uso de tonalidades azules sino por el acento tenebrista y nocturnal propio del estilo del pintor ruso Nicolás Ferdinandov. Ferninandov estimuló a Reverón para que prosiguiera en la búsqueda de una pintura de “climas oníricos” y tonalidades frías. Reverón ya venía utilizando los azules en obras anteriores, pero este rasgo fue reforzado por la influencia que recibió en España de la pintura de Goya. Por otra parte, Reverón recibe influencias de los pintores Emilio Boggio y Samys Mûtzner, de tendencia impresionista. En sus obras inicia la creación de finas veladuras logradas por la utilización de una técnica de empaste frotado y comienza a realizar paisajes de gran lirismo, en los que los tonos azulados y verdosos son tratados mediante pinceladas divididas y fuerte empaste. Los retratos realizados en esta época se aprecia una atmósfera oscura, sensual y misteriosa, como La Cueva (1920). Los temas que identificaron esta etapa fueron el mar, Juanita Mota y las majas de Goya.

El círculo de Bellas Artes y primera crisis[editar]

El Reverón recién llegado de Europa es recordado por Luis Alfredo López Méndez como un joven buen mozo, amable, alegre, muy ocurrente, que cantaba viejas coplas españolas, elegante en el vestir a pesar de cierta tendencia al desaliño; “por lo general vivaz adquiría una expresión melancólica y de repente volvía a un estado de euforia, a cantar, a reír”.

En septiembre llega a Caracas y se instala en la casa de su tía Josefina Reverón de Martínez Zozaya. El pintor da conferencias sobre Goya, enseña técnicas de grabado, da charlas sobre el Siglo de Oro y dicta un curso de perspectiva y escenografía. En 1916 pinta al aire libre sus primeros paisajes resueltos dentro de una tonalidad azul y realiza varios murales decorativos junto a Carlos Salas. Para levantar fondos para el Círculo de Bellas Artes organiza una novillada junto a Rafael Monasterios, Marcelo Vidal y Roberto Bese. Durante ese mismo año 1916 viaja continuamente a Valencia para visitar a su familia.

En 1917 Josefina Rodríguez muere de uremia a los 27 años. Se piensa que el monumento fúnebre que adorna su tumba en Valencia fue diseñado por Reverón; Consiste en un túmulo de piedra de 3 metros con conchas de mar incrustadas que recuerdan a las columnas del castillete. Luego de su funeral prometió no volver nunca más a Valencia y hundido en una gran depresión, se refugia junto a su madre en una casa de Pilita a Mamey (Nº 101) donde imparte clases de dibujo en la Escuela Santos Michelena que estaba ubicada muy cerca de la Catedral de San Pedro Apóstol.

Juanita y Reverón abrazados. 1954. Plata en gelatina negativo. 60,7 cm x 50,6 cm.

Juanita Mota[editar]

“Yo nunca había sentido una cosa tan bonita como esa noche en que conocí a Armando. Él se parecía a uno de esos artistas de cine, era muy buenmozo y muy elegante, no como se puso cuando nos mudamos para acá, que apenas se vestía. Eso hizo que mucha gente lo confundiera con un loco. ¡Sí señor!, aquella noche a él le brillaban los ojos como dos luceros; pues no vaya a creer, yo era entonces una muchacha bonita, bonita y delgadita, no como ahora que estoy gorda y vieja. Tienes manos de virgen me dijo Armando y carita de ángel asustado”

Juanita Mota, «Entrevista Revista KENA»


Juanita (de apellido Mota, Montes, Mata o Ríos, según sea el autor), aunque años después Juanita aclaró que su apellido debía de ser Ríos porque su padres nunca se casaron. Nació en San Casimiro de Güiripa capital del municipio de San Casimiro en el estado Aragua en 1904 ó 1906 (fecha no confirmada). De lo poco que se sabe de ella antes de conocer a Reverón es que en su infancia cargó piedras para la construcción de la iglesia de Güiripa. En 1911 se traslado a Caracas con la familia del sacerdote Lucas Guillermo Castillo (del cual era criada). Según cuenta Juanita se fueron en burro por Los Teques.

“Yo me llamo de verdad Juanita Ríos, si mi padre se hubiera casado con mi mamá, yo fuera Juanita Mota...ahora me llaman de Reverón”

Juanita Mota, «Entrevista El Nacional (1964)»

Según Liscano, Juanita le contó que mientras Reverón estudió en la Academia de San Fernando, el profesor Manuel Marín le dio tres consejos al artista para realizarse como creador: procurarse dinero, un techo para aislarse y buscar la compañía de una mujer humilde. Si el relato es cierto, el pintor cumplió con los tres requisitos; la vida de asceta en El Castillete y su amada Juanita. Cuando se conocieron, Reverón tenía 30 años y Juanita 14. Existen dos versiones de como Juanita Mota apareció en la vida del artista:

La primera, relatada por el ensayista, poeta y crítico, Juan Liscano, asegura que el primer encuentro fue durante una cena en la casa de la familia Castillo Lara, de Maiquetía, donde Juanita era criada:

«Reverón gustó de Juanita al verla, y mientras servía la cena le agarró la pierna y le susurró: "Esta noche me meto en tu cuarto". Dicho y hecho. En la madrugada se la llevó para un hotel en Villa de Cura, de allí a La Guaira y luego, a compartir su vida cuando levantó El Castillete»

Juan Luis Liscano, «El Erotismo de Reverón»

La segunda anécdota, Juanita cuenta como lo conoció en una fiesta durante los Carnavales de 1918:

«... Hace tantos años, imagínese usted. Yo era una pavita, porque tenía catorce años; yo lo recuerdo como si lo estuviera viendo en ese instante ...Cuando yo conocí a Armando me vine con tres muchachas de Caracas y resulta que llegamos a esos hotelitos baratos y nos alquilaron un cuarto para nosotras. Todas nos disfrazamos para ir a la Plaza Vargas y estaban tocando una canción que estaba de moda "El bojote". Yo estaba disfrazada de Dominó y él una especie de murciélago que al abrir las alas era una suerte de esqueleto, como la muerte. Andaba solo riendo y brincando en su carreta”.

Itamar Martínez, «Juanita Mota : La mujer de Reverón (Entrevista 1972)»

Según cuenta Juanita estuvieron hasta que se acabo la música, eran las doce de la noche y Reverón la acompañó hasta la puerta del hotel. Entonces dijo que si algún día lo necesitaba que lo buscase.

El pintor llevó a Juanita a la casa de su madre con la intención de que se quedara a vivir con él. La había tomado como mujer y quería que Dolores, sin tener que entrar en explicaciones, aprobara su elección. Teniendo en cuenta los prejuicios que seguramente ella abrigaba en torno a una relación que suponía no era la más conveniente a su posición social. Pensó que lo mejor era plantearle el caso como una alternativa:

«Mamá, escogí a esta muchacha para que me ayude y me acompañe. Si usted no la quiere a ella, no me quiere a mí tampoco.»

Juan Calzadilla, «Reverón, voces y demonios»

Su madre dijo que aceptaría a Juanita como su fuera su hija y ese misma noche, Dolores extendió un catre en el comedor para que durmiera Armando, y acomodó a Juanita en su propia habitación.

Nicolás Ferdinandov[editar]

En septiembre de 1918 la Gripe Española llega a Venezuela. Las clases se suspenden y el director del plantel, Rondón Márquez, que era su amigo, contrae la gripe y muere. Reverón también se contagia de esa enfermedad, pero se salva gracias a una “terapia” muy particular, la cual consistía en trotar durante largo rato y luego, todo sudoroso, bañarse con agua fría.

También en La Guaira, se encuentra al pintor de origen ruso Nicolás Ferdinandov, a quien había conocido en Caracas el año anterior. Durante este tiempo Reverón visita con frecuencia el rancho de pescadores que el pintor ruso ocupaba en Punta de Mulatos. Siguiendo los consejos de Ferdinandov, Reverón decide instalarse en el litoral, iniciando con esto una nueva etapa en su vida y en su obra. Para 1921, vive en un rancho de la playa, en el sector de Las Quince Letras. Poco tiempo después se muda y comienza a construir, un poco al sur, El Castillete que le serviría de morada para el resto de su vida.

Durante los primeros años de su retorno a Venezuela, Reverón se movió en el ambiente del Círculo de Bellas Artes, fundado en 1912 por oposición a la ranciedad de la Academia, Repartió un tiempo entre Caracas y ya ciertos lugares del litoral, como La Guaira. La lejana Europa siguió contando, y mucho, para él. Fueron pintores procedentes de Europa, como el ruso Nicolás Ferdinandov y el rumano Samys Mutzner, o formados en ella, como el venezolano-francés Emilio o Emile Boggio, quienes orientaron sus pasos. Los dos últimos eran postimpresionistas, devotos del plenairismo.

Mutzner pasó tres años en Venezuela, principalmente en la Isla de Margarita; pintó también en La Guaira. Boggio, mucho mayor que el resto de sus compañeros, estuvo tan sólo en su patria durante parte de 1919; fallecería al año siguiente, en Auvers-sur-Oise. Ferdinandov, por último, era un ilustrador simbolista de cierto talento, formado en el clima muy «Ballets Russes» de Bakst y de Alexandre Benois.

En La Guaira vivía para ese tiempo la señora Rosalía Martínez, a quién llamaban “la madre de Macuto” por su gran bondad y por apadrinar a más de cien niñas. Rosalía, por un precio simbólico, le cedió a Reverón parte del terreno de su casa para que fabricara el Castillete. Fue muy cordial y solidaria la relación de Reverón con su comunidad. Cuenta Ernestina, vecina del pintor, que él se prestaba para hacer las cartas de las personas que no sabían escribir y montaba pequeñas obras de teatro en las que participaban ella y otros vecinos.

Al Castillete llegaba los domingos por la mañana el viejo Domínguez con su mula cargada con azucenas y claveles de Galipán. Reverón compraba una docena de cada una para adornar la capilla que había construido en su morada. La religiosidad de Reverón se expresaba en ritos particulares y en su devoción por las fiestas populares. En varias oportunidades hizo llevar hasta su casa la Cruz de Mayo desde La Sabana, junto a un séquito de portadores y cantadores de fulías.

Período blanco (1925-1935)[editar]

«“Vine aquí a encontrar la sencillez y me encontré con la realidad”»

Los tonos azules que venían caracterizando el trabajo anterior paulatinamente ceden paso a los blancos, dando inicio a la Época Blanca. Este período es uno de más relevantes dentro de la prolífica producción del artista. Un nuevo elemento cromático —el blanco— cobra fuerza, transformándose en una representación luminosa y de síntesis atmosférica. El interés de Reverón por expresar la luz lo lleva a traducir la visión enceguecida de las formas a través de una sistemática anulación de los colores vivos, que lo llevará paulatinamente a la monocromía, al uso del blanco absoluto como único elemento. Todo ello le hace merecedor de ser llamado “el pintor de la luz”. El tema principal en esta época es el paisaje, que le permite la indagación profunda en los problemas de la luz. En la serie de «Paisajes Blancos» se aprecia cómo desintegra el espacio consiguiendo llegar al arte abstracto e incluso se relaciona con el minimalismo.

Los pilares son tallos de palmeras atomillados sobre durmientes de madera. El techo de palma. En alto un sobrado con escalera. Por cielo raso, una red de mecates donde se ponen a secar las telas después de preparadas. El piso es de tierra amarilla color de onoto con algunas piedras brotadas. Transitado el aire por dos chinchorros de moriche y un trapecio. En un extrema un escaparate de cajones para guardar los cuadros grandes. Al frente, dos caballetes: uno grande y otro más pequeño, hechos par el mismo, de tallos de cocoteros. Encima una sombrilla gradúa la luz. A un lado una tarima de tablas de coco, para posar los modelos. Y paredes del rancho, grandes cortinas de canarnazo corridas sabre mecates que le traen los barcos anclados en el puerto.

La decisión de mudarse, coincidió también con un cambio de conducta y por supuesto, una transformación de sus conceptos artísticos. En este período, al adoptar hábitos primitivos y desvinculado de la ciudad, Reverón pudo desarrollar una percepción más profunda de la naturaleza y esto lo llevó a emplear un método de pintar, así como a adoptar procedimientos y materiales que se adecuaban a su afán de representar la atmósfera del paisaje bajo efectos del deslumbramiento producido por la luz directa del Sol.

Para 1933 se le homenajea con una exposición en El Ateneo de Caracas; en octubre de 1934, Phelps facilita a Reverón el traslado de las obras expuestas en el Ateneo para la exposición en la galería Katia Granoff en París.

Período sepia (1935-1945)[editar]

«Una tarde Reverón tenía todo preparado para dirigir, quizás, uno de sus mejores conciertos. Ya se encontraban en sus sitiales la Princesa India, al piano; la India Guajira, al arpa; Asia, la Condesa, a la guitarra; Proserpina, al bajo. Al finalizar el concierto, los aplausos, derivando en ovación de pie [...] Reverón, quien complacido, haría poner de pie a sus muñecas para agradecer la cerrada ovación. Después, el imaginario público abandonó El Castillete, quedando todo en su habitual silencio. Reverón recogió los instrumentos, hechos por sus manos, y fue colgando cada muñeca en su sitio»

Testimonio de Eyidio Moscoso (1942), Citado por Elderfield en 2007

Boulton llamó a esta etapa Época Sepia, atendiendo a que era la tonalidad que con mayor frecuencia se repetía en la paleta del pintor. Durante este período en el que el artista pinta desnudos y marinas, los colores sufren un cambio: Reverón abandona la alegre luminosidad del blanco para acceder al mundo más terrígeno y real del paisaje humano. Sus obras en esta época son como crónicas de la dinámica vida portuaria del litoral; se hacen presentes los tonos ocres y sepias, aplicados sobre arpilleras, casi siempre sin mucha preparación técnica utilizada con el propósito de convertir la trama de la tela en un valor cromático y textural. Ejemplos característicos de esta época lo constituye la serie del Puerto de la Guaira en las que se destaca el predominio de la horizontalidad y cuyas atmósferas se hallan dinamizadas por los trazos cortos con que el artista describe las formas. Son obras cargadas de dramatismo, con magistrales atmósferas logradas por un sutil juego de luces y sombras, valoraciones contrastadas, toques expectantes y tonos en tenso equilibrio.

Período expresionista (1945-1954)[editar]

Entre finales de los años cuarenta y principios de los años cincuenta el pintor se refugió en un universo mágico que, en torno a objetos y muñecas creados por él, dio origen a la última y delirante etapa de su obra. Esta etapa caracterizada por el empleo de materiales tales como tizas, creyones y por una fantasía teatral que se tornaba cada vez más incontrolable.

"Reverón" (1952)

En 1951 la cineasta Margot Bencerraf inicia el rodaje de un cortometraje sobre el artista.

Años después, durante la investigación de la exhibición en el MOMA, se conoció que Picasso hizo entre 1951 y 1952 esculturas de muñecas colgadas como las que, insistentemente, aparecen en el documental de Benacerraf.

“Me costó que me recibiera. Soné varias veces la campana y le dije: Maestro, maestro. Vengo de Maracaibo a ver cómo está. Él, un poco apenado me dijo: ‘Es que no puedo atender a nadie porque me hacen muchas maldades. No estoy bien, por que los vecinos me tiran piedras”

Anécdota Lía Bermúdez (1952)

Cambios artísticos y creación del Castillete[editar]

Reverón construyó varios ranchos en el terreno que compró en Macuto; el principal era su taller, las paredes eran de tablas; el techo de paja. Alrededor de la cintura se colocaba una gran bolsa guardaba trozos de madera que le servían de pincel.

La decisión de mudarse, coincidió también con un cambio de conducta y por supuesto, una transformación de sus conceptos artísticos. En este período, al adoptar hábitos primitivos y desvinculado de la ciudad, Reverón pudo desarrollar una percepción más profunda de la naturaleza y esto lo llevó a emplear un método de pintar, así como a adoptar procedimientos y materiales que se adecuaban a su afán de representar la atmósfera del paisaje bajo efectos del deslumbramiento producido por la luz directa del Sol. Además, creó valores cromáticos e ideó nuevos soportes, utilizando elementos autóctonos.

Entró así a lo que el crítico Alfredo Boulton llamó su «Época Blanca», ubicada aproximadamente entre 1924 y 1932. En 1933, se le hizo un primer reconocimiento, al realizarse una exposición de su obra en el Ateneo de Caracas, que luego fue presentada en la galería Katia Granoff de París, Francia.

A comienzos de 1940, inició su «Período Sepia», al que correspondería un conjunto de lienzos pintados en el litoral y en puerto de La Guaira y en donde los tonos marrones del soporte de coleto constituyen el valor cromático dominante de la composición; paisajes de mar y tierra donde destacan las marinas del playón, a los que siguió un período depresivo tras sufrir el artista una crisis psicótica que obligó a su reclusión en el sanatorio San Jorge, de José María Finol. Ya recuperado, no volvió a pintar como antes.

A partir de este momento, se refugió en un universo mágico que, en torno a objetos y muñecas creados por él, dio origen a la última y delirante etapa expresionista de su obra; etapa figurativa caracterizada por el empleo de materiales tales como tizas, creyones y por una fantasía teatral que se tornaba más y más incontrolable pero que, a través de un dibujo que aspiraba a la corrección académica, buscaba restituir el equilibrio emocional de Reverón.

Obra[editar]

“Ya la tela estaba preparada. Primero sancochadas, sufren después una azotaina y luego se le sacan hilos anudándoles los otros para obtener un grano más grande según lo requiera el motivo. Se clava prensándola en el batidor y se pone a secar en las cuerdas del techo hasta que suene como un tambor. Sin embargo, después de preparadas hay que guardarlas de noche entre cajones amarradas y atadas a piedras para preservarlas del sereno”

Julián Padrón, «Armando Reverón» (1932)

Sus obras son conocidas por estar plagadas de imágenes oníricas Y desdibujadas. Se le considera un maestro de la luz tropical, que innovó en distintas superficies y con todo tipo de materiales.

Reverón ha sido erróneamente catalogado por algunos críticos como un impresionista tardío y extraviado en el Caribe. Durante la exposición realizada en el Moma, John Elderfield comenta: “Reverón no es un impresionista ni un post impresionista. En casos rarísimos llegó a pintar yuxtaponiendo colores, técnica distinta a estos movimientos (...) Lo suyo, después de los paisajes blancos, es una reconstrucción de la pintura y de la representación”.

La mayor parte de la obra del artista se encuentra perdida o destruida, actualmente se conservan más de 550 obras de Reverón entre pinturas, dibujos, cerámicas y objetos.

La tauromaquia y el action painting[editar]

El impulso expresionista de Reverón al action painting o pintura de acción, que da primacía a lo espontáneo, a una ritualidad asociada a cierto carácter terapéutico, de liberación mental y corporal. Ya el pintor no era un sujeto dominado por conceptos previos, o acosado por temas importantes, sino que él mismo era el objeto de su investigación, y no la sociedad, como lo propugnaba el arte puramente representativo. Lo urgente era expresar la tribulación interior, cualquiera que ésta fuese: el caos, la angustia, la demencia. El pintor podía, si así lo quería, lanzarse sobre el lienzo, revolcarse en él y confundirse con la pintura, podía ser un elemento físico del cuadro, podía intervenir el “tema”.

Del mismo modo, Reverón practicó la famosa “embestida” al cuadro. En Reverón ésta posee una reminiscencia taurina, y sus movimientos frente al lienzo tenían muchas veces un ritmo semejante al de los toreros. El pintor embiste la tela, y en algunos momentos la perfora, así como el toro rasga el manto rojo de la muleta cuando embiste. En todo este “ataque” ritual existe una velada intención de tipo sexual que ha sido estudiada por los analistas de la tauromaquia en cuanto fenómeno de masas, donde el inconsciente colectivo condensa y proyecta sus anhelos de tipo sexual. El público, enfebrecido y delirante, espera la muerte del toro con la estocada final, a la que han precedido las muletillas que lo hieren.

“Era un ejercicio extremadamente libre y sutil durante el cual las formas cobraban vida a medida que el movimiento de su cuerpo mantenía su ritmo. Era una gesticulación que sugería reminiscencias de tipo erótico y ancestral ante la presencia del toro, tan constante en algunos pintores ibéricos y que en el ímpetu con que Reverón embestía el lienzo pudiera significar una velada intención de tipo sexual. En aquellos momentos el artista se aislaba de todo contacto exterior: no tocaba metales, taponaba sus oídos con grandes tacos de algodón o pelotas de estambre, y dividía su cuerpo en dos zonas, ciñéndose cruelmente la cintura. Luego, mediante un ritual lleno de gestos y ruidos, como entrando en trance ante el lienzo, entornaba los ojos, bufaba y similaba los gestos de pintar hasta que el ritmo del cuerpo y las gesticulaciones hubiesen adquirido suficiente ímpetu y velocidad. Entonces, con actitudes de espasmo, era cuando embestía la tela como si fuese el animal que rasgaba el trapo rojo de la muleta. A veces, en esas embestidas, lograba perforar la obra”

Juan Calzadilla, «Armando Reverón» (1979)

En Pollock, el gesto buscaba conectar con el inconsciente, lo cual sabía al pintar, pues tenía conocimientos de psicología jungiana y de cómo la "pintura automática" era como soñar encima de una tela. Reverón también iba al encuentro de su inconsciente, con el paso extra del "tema". Ambos tenían una dificultad que superar: para Pollock era su alcoholismo y para Reverón su esquizofrenia. No pintaban "gracias a" sino "a pesar de". En ellos el gesto tenía mucho de exorcismo.

Boulton describe "El ritmo de algunos gestos que tenían como reminiscencias toreras y que resultaban del impulso del cuerpo desnudo —vibraciones como de espasmos, como un prolongado orgasmo— cuando el artista se movía delante de la obra". A este respecto es interesante el relato que sobre una sesión de pintura nos dejó el novelista Julián Padrón en 1932:

“El pintor se atavía con su guayuco de cañamazo fajándose fuertemente la cintura, esconde bajo la tarima sus alpargatas y se queda descalzo. Saca de una de las cajas dos palitos, forrada una de las partes en cañamazo y se los atornilla en los conductos auditivos para poder concentrarse en su mundo interior. Se acuesta en el suelo boca arriba con las piernas encogidas y las manos por debajo de la cabeza en una invocación a los espíritus propicios a la inspiración. Después se levanta, desenvuelve los pinceles y los tubos de pintura y otros mil pañitos de diferente tacto, extendiendo todo en una plataforma al pie del caballete (...) El pintor palpa febrilmente los diferentes pañitos impregnados de aceite hasta encontrar el tacto de su inspiración. Cualquier otro tacto más o menos duro puede hacerla huir. Toma la paleta y el pincel apropiados, entorna un poco los ojos como si quisiera ver más allá del contorno de las cosas y empieza a pelear con la tela hasta matar en ella los colores vivos. Se siente cantar la tela bajo los embates de la mano fuerte, armada con el pincel reforzado y casi sin cerdas”

Julián Padrón, Anécdota (1932)

Obras destacadas[editar]

  • Paisaje del Calvario (1915)
  • Reja en la casa de Eduardo Calcaño (1916)
  • Uveros (1919). Óleo sobre tela. 29.8 × 31.5 cm
  • Familia Rodríguez Zocca (1919). 85.5 × 66 cm
  • La cueva (1920). Óleo sobre tela 157 × 104 cm
  • Procesión de la Virgen del Valle (1920)
  • Fiesta en Caraballeda (1924). Óleo sobre lienzo. 67 × 95.5 cm
  • Ranchos (1932). Óleo y temple sobre coleto. 47 × 62 cm
  • Mujer desnuda leyendo (1932). Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires
  • La hamaca - contraluz (1933). Pigmento diluible al agua y tierras de color sobre tela 118.2 × 146.2 cm
  • Taller del servicio portuario (1944). Témpera sobre Tela. (78 × 106 cm) Museo Stedelijk
  • Juanita y el arriero (1934). Pigmento diluible al agua y caseína sobre cartón y madera 107 × 137.7 cm
  • Uveros (1934). Óleo sobre tela 53 × 64 cm
  • Desnudo (1934) Óleo y temple sobre arpillera 106 × 98 cm
  • Maja (1936). Tierra de color sobre coleto 105.2 × 141.5 cm
  • Sin título (Cocotero – Paisaje con cocoteros) (1938). Tiza y pigmento diluible al agua sobre tela 61.5 × 91.5 cm
  • Mujer del Río (1939). Óleo sobre tela 132.1 × 144.5 cm Museo de Arte Moderno de Nueva York
  • Dos Indias (1939) Museo de Arte Contemporáneo de Caracas
  • Desnudo (1939). Óleo sobre tela, 105 × 134 cm
  • Cinco figuras (1939). Óleo y temple sobre coleto 162.5 × 227.5 cm
  • El puerto de La Guaira (1940). Óleo sobre tela, 62.5 × 122.5 cm
  • El playón (1942). Óleo y temple sobre coleto 114 × 148 cm
  • Paisaje con uveros (1942). Temple sobre coleto 86.3 × 96.2 cm
  • Paisaje de Macuto (1943). Óleo sobre tela 71.5 × 94.5 cm
  • Paisaje con locomotora (1942-1944). Témpera y carboncillo sobre tela 62.5 × 93.5 cm
  • Marina (1944). Óleo sobre tela 97.3 × 119.7 cm
  • Autorretrato (1948). Tiza y carboncillo sobre masonita 59 × 51 cm
  • Cruz de mayo (1948). Pintura al agua, grafito y carboncillo sobre papel 83 × 96.9 cm
  • Navidad de muñecas (1949). Creyón, tiza y carboncillo sobre papel 116.7 × 88 cm
  • Mujer ante el espejo, (1950). Carboncillo sobre papel pegado sobre masonita 96.8 × 95.3 cm[1]
  • Niza (1952). Tiza y carbón sobre tela, 114 × 72 cm
  • Patio del sanatorio (1954). Tiza y pastel sobre papel sobre cartón 64.5 × 96.5 cm

Última crisis y muerte[editar]

«En 1953 cuando Manuel Cabré y Armando Planchart fueron a buscarlo para llevarlo al sanatorio, él se despidió de Juanita con estas palabras: “Juanita, este rancho es tuyo, me casé contigo porque quiero que todo esto te quede a ti. Pon el rancho de pies a cabeza, si así lo deseas. No te preocupes por mí. Yo creo que no voy a volver más»

Napoleón Pisani Pardi

Hasta el momento de su muerte gozó de pleno dominio de sus facultades artísticas. Doce fueron los cuadros que realizó en el Sanatorio. Sus modelos eran los propios enfermos, las enfermeras o los jardines del hospital. Uno de sus últimos cuadros, que pertenece al Museo de Bellas Artes se llamó «Paisaje».

La última de sus crisis tiene lugar en 1953, siendo internado nuevamente en la clínica de Báez Finol, el mismo año en que le era conferido el Premio Nacional de Pintura. Confortado por este tardío estímulo, trabajaba con ahínco para una exposición que había anunciado el Museo de Bellas Artes, cuando le sobrevino la muerte mientras se encontraba en el sanatorio San Jorge.

Después de su muerte[editar]

En 1955 se organiza una exposición retrospectiva de su obra en el Museo de Bellas Artes de Caracas. Fue una muestra de 399 obras realizadas entre los años 1910 y 1954. Se llevó una selección realizada de estas obras a Estados Unidos. Fueron 55 obras que se presentaron en el Instituto de Arte Contemporáneo de Boston en diciembre de ese año y que se clausuró en octubre de 1956 en la Galería de Arte Corcoran de Washington. En 1960 se instituye la Bienal Armando Reverón.[2]

“No me lleven a ningún hospital… déjenme morir aquí, en donde falleció él”

Últimas palabras de Juanita «El Nacional»

Juanita murió el martes 22 de agosto de 1972 a pocos minutos de las tres de la tarde en el Hospital José María Vargas a los 64 años de edad. Juanita llevaba dos meses internada debido a problemas del corazón y la noche del lunes 21 sufrió un ataque cardíaco sentada frente al Castillete. Fue trasladada de emergencia al periférico de Pariata y posteriormente fue llevada al hospital donde no logró recuperarse.

En el 2007 fueron expuestas aproximadamente unas 100 obras pictóricas en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) coincidiendo con los 49 años de la muerte del artista. Ha sido la pionera de un artista venezolano en el MoMA, y la tercera consagrada a un artista latinoamericano, después del muralista mexicano Diego Rivera y del brasileño Cándido Portinari en 1932 y 1940, respectivamente.

Frases[editar]

  • "Cuando yo hablo, yo soy dios. Cuando tu hablas, tu eres dios. Dios está en el color. ¿No lo ves?"
  • "El lienzo está en blanco y cada pincelada es un pedazo del alma".
  • "Una vez que se empieza hay que seguir haciéndolo. Un cuadro no se termina nunca".
  • "Yo pinto con amarillo y mierda".
  • "Los Pintores que se ocupan mucho de la publicidad concluyen teniendo más medallas que obras".
  • "Quizás sientas asco, pero de la basura sale la luz. A veces pienso que de allí también sale Dios.".
  • "Estas son las llaves de las siete lenguas y de las siete bocas, de cada lengua sale un boca, de cada boca sale una historia. Porque la poesía tiene las llaves".
  • "Uno tiene que pararse ante la tela, como el torero ante el toro".
  • "De la naturaleza hay que sacar los colores. Prepararlos con los mismos elementos de ella".
  • "La pintura es la verdad; pero la luz ciega, vuelve loco, atormenta, porque uno no puede ver la luz".
  • "El todo es amor. Ponerle amor a las cosas".
  • "Yo soy el lienzo. Y el lienzo tiene que estar desnudo".
  • "La pintura es un constante ensayar; todo ensayo es vivir".
  • "La pintura es más que la verdad".
  • "Goya pintaba cosas volando… Aquí en la tierra, en cambio, nos estamos ahogando de angustia. Hago lo posible para salvarme pintando. Hay aquí tanta luz como para magos".
  • "No puedo saber lo que ahora dicen de mí. Tampoco puedo decir nada de los demás. Debo ser como un cuadro. Los cuadros no hablan".
  • "Todo es luz; luz en el teatro, luz en la fotografía, luz en el cine, porque en el cine, como en pintura, lo fundamental es la luz".
  • "El sonido ocupa mucho espacio, pero al eliminarlo, la luz entra y se retuerce en mi cabeza, hasta que tarde o temprano sale por mis manos".
  • "Uno no debe peinarse -decía-. Somos un espejo. Si un remolino vemos, un remolino tenemos en la cabeza. Yo dejo mi pelo como el mar y si quisiera podría pintarlo de azul porque el mar es azul… ¿Qué más puedes aspirar que llevar el paisaje en tu cabeza?".
  • "Después de ir a los museos sufro confusiones terribles. Mi confusión se aclara cuando al salir consulto a los porteros".
  • "¿Tú conoces la luz? a mi nunca me la han presentado. Nadie la conoce. La luz es una señora. El señor es el Sol".
  • "No podía pintar sino amaneceres. Pintándolos se me olvidaban siempre las gaviotas. Debe ser porque el color de su vuelo tiene la luz en otras horas".
  • "Cada hora es de un color distinto, y uno siente el paso de una a la otra".
  • "La luz disuelve los colores y todos los colores, después de todo, se convierten en blanco".
  • "Si no sé cómo es mi pintura. Tampoco sé nada de mi".
  • "No debe haber nada más que blanco en la paleta".

Reconocimientos[editar]

  • El 10 de mayo de 2016, por iniciativa del Ministerio de la Cultura, se procedió al traslado de los restos de Reverón al Panteón Nacional, coincidiendo con idéntico homenaje a César Rengifo (1915-1980), pintor, muralista, dramaturgo, maestro y pensador.
  • Su trayectoria, objetos y obras artísticas fueron declarados Bien de Interés Cultural de la República Bolivariana de Venezuela al cumplirse 125 años de su nacimiento.[3]
  • Su casa en Macuto (estado Vargas) fue declarada Museo Armando Reverón. En 1999, lamentablemente fue destruida por la tragedia de Vargas. En octubre de 2014 se anunció un proyecto a través del Instituto Autónomo de Infraestructura que contempla un circuito integral turístico con la reconstrucción de El Castillete. Una réplica de la edificación servirá como centro cultural, donde se dictarán talleres, cursos, charlas y además, como una pequeña cinemateca.[4]
  • Una universidad llevaba su nombre: Instituto Universitario de Estudios Superiores de Artes Plásticas Armando Reverón y ahora tiene por nombre: Universidad Nacional Experimental de las Artes, donde se encuentra la Plaza Armando Reverón y que cuenta con el Centro de Estudios y Creación Artística Armando Reverón.

Película[editar]

Una película basada en la vida de Reverón se estrenó en 2011 bajo la dirección del venezolano Diego Rísquez. El actor y dramaturgo Luigi Sciamanna fue el encargado de dar vida a Armando Reverón.[5]​ La película se tituló Reverón y su música estuvo a cargo del galardonado realizador venezolano Alejandro Blanco-Uribe. El guion es del escritor Armando Coll.[6]

Referencias[editar]

  1. «Mujer ante el espejo by ArmandoReverón». www.artnet.com. Consultado el 18 de mayo de 2018. 
  2. encontrarte.aporrea.org. «Venezuela: Muere Armando Reverón». Archivado desde el original el 27 de noviembre de 2012. Consultado el 16 de febrero de 2013. 
  3. Instituto de Patrimonio Cultural (13 de mayo de 2014). «Providencia Administrativa No. 018/2014» (PDF). Gaceta Oficial (Caracas, publicado el 30 de junio de 2014) (40.443): 23. Archivado desde el original el 17 de diciembre de 2014. Consultado el 2 de noviembre de 2014. 
  4. AVN (25 de octubre de 2014). «Invierten más de Bs 41 millones para reconstruir Castillete de Armando Reverón». Noticias24. Consultado el 1 de noviembre de 2014. 
  5. El Universal (4 de julio de 2010). «Galletas de la fortuna: Sciamanna será Reverón en film de Diego Rísquez». El Universal. Consultado el 11 de julio de 2010.  (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial y la última versión).
  6. Cristina Raffali. «Reverón, la película». Archivado desde el original el 27 de septiembre de 2011. Consultado el 11 de junio de 2011. «En el guion de Armando Coll (que cuenta con la participación de Sciamanna y de Rísquez) ocurre una doble ofrenda: lo primero, lo inmediato, es el hallazgo (en el habla) de la Venezuela de la primera mitad del siglo XX.» 
  • CALZADILLA, JUAN. 1997: Armando Reverón. En: Diccionario multimedia de historia de Venezuela. Fundación Polar. Caracas, Venezuela.
  • Microsoft Corporation. 1993-1996: Reverón, Armando. Enciclopedia Microsoft® Encarta® 97. Microsoft Corporation.

Bibliografía[editar]

  • BOULTON, ALFREDO. 1979: Reverón. 2.ª ed. Editorial Macanao, Caracas, Venezuela.
  • BOULTON, ALFREDO. 1990: Mirar a Reverón. Macanao Ediciones, Caracas, Venezuela.
  • BOULTON, ALFREDO. S/F: Biografía de Armando Reverón 1886-1954. Colección Venezolanos del Siglo XX. Fundación Eugenio Mendoza. Caracas, Venezuela.
  • CALZADILLA, JUAN. 1979: Armando Reverón. Ernesto Armitano Editor. Caracas, Venezuela.
  • CALZADILLA, JUAN. y ARANGUREN, WILLY. (comp.) 1979: Reverón: 18 testimonios. Lagoven, S.A. Galería de Arte Nacional, Caracas, Venezuela.
  • CALZADILLA, JUAN. 1981: Obras antológicas de la Galería de Arte Nacional. Editorial La Gran Enciclopedia Vasca. Caracas, Venezuela.
  • DÍAZ LEGÓRBURU, RAÚL, (comp.) 1975; Armando Reverón, 10 ensayos. Concejo Municipal del Distrito Federal, Caracas, Venezuela.
  • ERMINY, PERAN. Y CALZADILLA, JUAN. 1975: El paisaje como tema en la pintura venezolana. Compañía Shell de Venezuela. Caracas, Venezuela.
  • FUNDACIÓN ARMANDO REVERÓN. 1992: Esta luz como para magos: Armando Reverón, visto por Mariano Picón Salas y otros. Caracas, Venezuela.
  • GALERÍA DE ARTE NACIONAL. 1992: Armando Reverón: exposición antológica. Fundación Galería de Arte Nacional. Caracas, Venezuela.
  • GALERÍA DE ARTE NACIONAL. 1993: Armando Reverón 1889-1954. Fundación Galería de Arte Nacional. Caracas, Venezuela.
  • GALERÍA DE ARTE NACIONAL. 1993: Donación Miguel Otero Silva. Arte venezolano en las colecciones de la Galería de Arte Nacional y el Museo de Anzoátegui. Consejo Nacional de la Cultura (CONAC). y Fundación Galería de Arte Nacional.
  • LISCANO, JUAN. 1994: El erotismo creador en Armando Reverón. Fundación Galería de Arte Nacional. Caracas, Venezuela.
  • MILLAN, CÁNDIDO.1978: Educación Artística 2. Ediciones Eneva. Caracas, Venezuela.
  • MUSEO DE ARTE CONTEMPORÁNEO DE CARACAS. 1979: Obras maestras de Armando Reverón. Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. Caracas, Venezuela
  • MUSEO DE ARTE CONTEMPORÁNEO DE CARACAS. 1989: Reverón en cien años de pintura en Venezuela: catálogo. Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. Caracas, Venezuela.
  • MUSEO EMILIO BOGGIO. 1976: Pintura Venezolana. Colección del Palacio Municipal. Cuadernos de Arte del Museo Emilio Boggie. 3.
  • PAZ CASTILLO, FERNANDO Y ROJAS GUARDIA, PABLO (Coordinadores).. 1973: Diccionario de las arte plásticas en Venezuela. Gráficas Armitano, C. A. Caracas, Venezuela.
  • RODRÍGUEZ, BÉLGICA. 1978: Reverón: lo mágico y lo oculto. Fundarte. Caracas.
  • SANTANA, EMILIO. 1969: Armando Reverón. Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes, Caracas, Venezuela.
  • SELECCIONES DEL READER’S DIGEST. 1966: Los grandes pintores y sus obras maestras. Reader’s Digest. Ciudad de México, México.
  • SERRADIMIGNI, ADRIANO. 1979: Armando Reverón en biografía: en el 25 aniversario de su muerte. Sala Armando Reverón. Caracas, Venezuela.

Enlaces externos[editar]