Antonio de Acuña

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Antonio Osorio de Acuña o Antonio de Acuña (Valladolid, 1453 - ejecutado en Simancas, Valladolid, 24 de marzo de 1526), también conocido como el Obispo Acuña, fue un clérigo español del siglo XVI, conocido por su participación en la Guerra de las Comunidades de Castilla.

Familia[editar]

Aunque ha habido cierta controversia sobre su filiación, no hay dudas de que fue hijo de don Luis Osorio de Acuña, obispo de Segovia (1449), de Burgos (1456-1495) y señor de Abarca de Campos.[1] Su madre fue doña Aldonza de Guzmán, hija de Gil Dávila e Inés de Guzmán, señores de Cespedosa de Tormes. Sus abuelos paternos fueron Juan Álvarez Osorio (fall. 1437) y doña María Manuel. Bisnieto de Garci Álvarez Osorio y tataranieto de Alvar Pérez Osorio, señor de Villalobos y Castroverde hacia 1369 y 1377. Fue sobrino de la popular dama palentina doña Inés de Osorio (benefactora de su catedral), y hermano de don Diego Osorio, casado con Isabel de Rojas, señor de Abarca de Campos, Villarramiro, Villahán y Vallejera.

Vida[editar]

Nacido en Valladolid en 1453, ingresó a temprana edad en la Orden de Calatrava, donde recibe formación clerical hasta que en 1482 se desplaza a Roma, donde gracias a un pariente, consejero del Papa, recibe vacantes en España.

Ya en 1492, estando en Roma es excomulgado debido a varios conflictos. Tras este acontecimiento, Acuña vuelve a España, donde es nombrado capellán de los Reyes Católicos, pese a la oposición de su padre.

En 1493 varios escándalos sacuden a Acuña, debido a su patrimonio personal, conseguido con una cuestionable legitimidad. En 1504, tras la muerte de Isabel la Católica, Acuña milita entre los que defienden en Roma la prioridad de acceso al trono para Felipe el Hermoso, en detrimento de Fernando el Católico.

En 1506, es nombrado Obispo de Zamora por el Papa Julio II. Lo primero que hace Acuña es tomar la fortaleza de Fermoselle, lo que hace que sea enviado el juez, Licenciado Rodrigo Ronquillo y Briceño (n:1471, Aldea Seca, Avila. m:09/12/1555, Madrid), conocido en la historia como El Alcalde Ronquillo, que es secuestrado.

En 1512 participa en la Conquista de Navarra junto a Fernando el Católico.

Tras recibir en 1519 el beneplácito de Carlos I, se declara partidario en 1520 de Pedro Laso de la Vega (hermano mayor del poeta Garcilaso de la Vega) levantado en comunidad en Toledo.

Participación en el movimiento comunero[editar]

En 1521 toma parte activa en la Guerra de las Comunidades de Castilla con sus tropas. El 23 de enero ocupa Magaz de Pisuerga con sus mesnadas, compuestas mayoritariamente por sacerdotes.

Tras tomar Magaz, el 1 de febrero ocupa Frómista (Palencia). Acuña desaparece en ese momento, tras atrincherar su ejército, y se sabe que el 10 de marzo se desplazó de Alcalá de Henares a Madrid, para aparecer dos días más tarde en Ocaña. El 29 de marzo se presenta de incógnito en Toledo, pero los toledanos se enteran y llevan a Acuña a la catedral, pidiendo su nombramiento como Arzobispo.

Al día siguiente, Acuña se entrevista con María Pacheco, es decir, María López de Mendoza y Pacheco, aunque no era infrecuente que hijas y eclesiásticos de familias poderosas usaran el apellido materno o de la abuela (como es el caso de nuestro Obispo Antonio), esposa de Juan de Padilla, que se encontraba al frente de la comunidad toledana.

El 9 de abril de 1521, los canónigos ceden a la presión popular y nombran a Antonio de Acuña arzobispo de Toledo,[2] el más influyente de toda Castilla.

El 12 de abril, se produce la quema de Mora. Acuña había mandado movilizar a los hombres de 15 a 60 años. Destruye Villaseca de la Sagra y estando en Yepes, se entera de la quema de Mora, ordenando perseguir al ejército real, alcanzándolo en Illescas días más tarde, pero sin lograr vengarse.

Derrota comunera, persecución y muerte[editar]

Quedaban 11 escasos días para la batalla de Villalar, por lo que tras la derrota y decapitación de los tres jefes comuneros, se produjo una persecución por toda Castilla de los comuneros. Acuña era uno de ellos, pero al ser un clérigo, no podía ser ejecutado.

Por ello, Carlos V condena a Acuña a estar recluido en el castillo de Simancas. De allí, el 25 de febrero de 1526 Acuña intentó escapar asesinando al alcaide del castillo Mendo de Noguerol.[3] El 24 de marzo, por orden expresa de Carlos V, Antonio de Acuña fue ajusticiado a garrote vil en el castillo de Simancas en manos del Lic. Rodrigo Ronquillo y Briceño (El alcalde Ronquillo)

En llegando a la plaza de la ronda, donde estaba tendida una alfombra, se hincó de rodillas, y haciendo su oración a la Magnificencia Divina, con mucho fervor, le dijo el verdugo que le perdonase, yo te perdono, y en empezando tu oficio procura apretar recio. Y puesto el dogal a la garganta, le dio garrote, y quedó muerto sobre la alfombra todo aquel día, hasta la tarde que en ataúd le llevaron hasta la Iglesia, y le enterraron en el claustro, junto al altar que a la sazón se decía la Misa del Pueblo, por estar la iglesia derribada, la vieja, que se estaba haciendo la que hay al presente. Hoy en día se ve allí el ataúd, donde ahora está una capilla del sepulcro de Cristo, con una figura de la historia de Jonás.

[4]

Referencias[editar]

  1. de Castro Sánchez, Marcial (2000). Historia de Abarca. Diputación Provincial de Palencia. p. 39. |página= y |páginas= redundantes (ayuda). ISBN 84-8173-076-9. 
  2. Aunque hay historiadores como Fernando Martínez Gil que señalan que realmente no fue arzobispo como tal, sino que realmente fue un administrador de los bienes terrenales.
  3. Causa formada en 1526 a D. Antonio de Acuña, obispo de Zamora.
  4. Tomado de: [1], Manuel Bachiller (1755)"

Bibliografía[editar]