Época de Oro del cine mexicano

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Dibujo de Pedro Infante, probablemente el actor más popular de la Época de Oro del Cine Mexicano.

La Época de Oro del Cine Mexicano es un periodo en la historia del cine mexicano comprendido entre 1936 y 1959,[1] cuando la industria fílmica mexicana alcanzó altos grados de calidad en la producción y éxito económico de sus películas, además de haber obtenido un gran reconocimiento a nivel internacional. La industria fílmica mexicana se convirtió en el centro de las películas comerciales de Latinoamérica y habla hispana.

La Época de Oro comenzó simbólicamente con la película Vámonos con Pancho Villa (1935), dirigida por Fernando de Fuentes. En 1939, durante la Segunda Guerra Mundial, la industria cinematográfica de Estados Unidos y Europa recibió un gran golpe, ya que los materiales, anteriormente destinados a la producción de cine ahora estaban destinados a la nueva industria armamentista. Muchos países empezaron a enfocarse en la realización de películas de guerra, dejándole la oportunidad a México, de producir películas comerciales para el mercado mexicano y latinoamericano. A principios de los años 1940 surgieron varias compañías productoras mexicanas, como Filmex, Films Mundiales, Posa Films, Rodríguez Hermanos y la asociación de Bustillo Oro y Grovas. Este ambiente cultural favoreció el surgimiento de una nueva generación de directores y de actores considerados hasta la fecha, iconos en México y en los países hispanos.

Orígenes[editar]

En 1939 Europa y los Estados Unidos participaron en la Segunda Guerra Mundial, y las industrias cinematográficas de estas regiones, se vieron gravemente afectadas. Europa, debido a su ubicación y los Estados Unidos debido a que los materiales utilizados para producir películas (como la celulosa), comenzaron a escasear y fueron racionados. En 1942, cuando los submarinos alemanes destruyeron un barco petrolero mexicano, México se unió a los aliados en la guerra contra Alemania. México ganó el estatus de nación más favorecida. De esta manera, la industria cinematográfica mexicana encontró nuevas fuentes de materiales y equipos que aseguraron así su posición en la producción de películas de calidad en todo el mundo. Durante la Segunda Guerra Mundial, la industria del cine de Francia, Italia, España, Argentina y Estados Unidos, se centraron en películas de guerra, lo que hizo posible que la industria cinematográfica mexicana, con temáticas mucho más versátiles, se convirtiera en dominante en los mercados de México y de América Latina.

Desde los inicios del cine sonoro en México, algunas películas (como Santa (1931) del director Antonio Moreno y La mujer del puerto (1934) del director Arcady Boytler, resultaron un enorme éxito taquillero que demostró que en México se contaba con el equipo y talento necesarios para sostener una industria cinematográfica sólida. Uno de los primeros éxitos de taquilla fue la película Allá en el Rancho Grande de Fernando de Fuentes, que se convirtió en el primer clásico del cine mexicano; tal película que es referida como la iniciadora del «cine industrial mexicano»,[2] y como la cinta que dio el punto de partida a la denominada «comedia ranchera».[3] A principios de los años 1940 comienza el surgimiento de grandes estudios cinematográficos mexicanos asentados en la Ciudad de México, que comienzan a respaldar la producción masiva de películas. Entre las más importantes se encuentran CLASA Films, FILMEX, Films Mundiales, Cinematográfica Calderón, Películas Rodríguez y Mier y Brooks, entre otras.

Esplendor[editar]

El cine mexicano continuó realizando obras de espléndida calidad y comenzó a explorar otros géneros como la comedia, el romance y el musical. En 1943, la película Flor silvestre, reunió a un equipo cinematográfico conformado por el director Emilio Indio Fernández, el fotógrafo Gabriel Figueroa, el actor Pedro Armendáriz y la actriz Dolores del Río. Las cintas María Candelaria y La perla, son consideradas obras cumbre de Fernández y su equipo, y llenaron al cine mexicano de un enorme prestigio, paseándose a nivel mundial en importantes festivales cinematográficos (María Candelaria fue galardonada en 1946 con el Premio del Grand Prix del Festival de Cannes, el nombre anterior de la Palma de Oro, siendo la primera película de habla hispana en obtenerlo). Por su parte, La perla fue galardonada con el Globo de Oro de la industria fílmica estadounidense, siendo la primera cinta hispana en recibir dicho reconocimiento.[4]

El Cine mexicano en su Época de Oro, imitó el Star System que imperaba en Hollywood. De esta manera, y a diferencia de otras industrias fílmicas, en el cine mexicano se comenzó a desarrollar el "culto al actor", situación que propició el surgimiento de estrellas que causaron sensación en el público y se convirtieron en auténticos ídolos, de una forma muy similar a la de la industria fílmica estadounidense. Sin embargo, a diferencia de lo que sucedía en Hollywood, los estudios cinematográficos mexicanos nunca tuvieron un poder total sobre las grandes estrellas, y esto permitió a estas brillar de una forma independiente y desarrollarse en una enorme multitud de géneros, principalmente las figuras surgidas en el cine mexicano en la década de los 1950, mucho más versátiles y completas que las de la década previa.


Estrellas principales[editar]

Entre las figuras que alcanzaron el nivel de ídolos del cine mexicano, destaca Pedro Infante. Tratar de explicar el fenómeno Pedro Infante es, a estas alturas, una empresa inútil. Sus primeros filmes no apuntaban hacia la creación de un mito. El resultado de su reunión con el director Ismael Rodríguez en Nosotros los pobres (1947), sirvió para consolidar la figura de Infante dentro de la mitología del cine mexicano. Para muchos, Infante representó lo que todo mexicano debía ser: hijo respetuoso, amigo incondicional, amante romántico, hombre de palabra.

De la extensa galería de estrellas del cine mexicano, Pedro Infante es el único que ha podido unificar los sentimientos del público. Su popularidad ha seguido creciendo conforme se agregan nuevas generaciones. Su figura sigue siendo la más importante de la cinematografía mexicana.[5]

Estatua ecuestre de Pedro Infante en Mérida, Yucatán. Infante es considerado como la máxima figura de la Época de Oro del Cine Mexicano.
Estatua de bronce de Jorge Negrete en Guanajuato. Negrete fue uno de los prototipos de héroe ranchero en el cine mexicano.

De manera similar a Hollywood, en el cine mexicano existió también el "Culto a la Diva", la veneración de figuras femeninas que alcanzaron el nivel de mitos (como Greta Garbo y Marlene Dietrich). Aunque surgieron muchas bellezas fílmicas en la Época de Oro, solo tres de ellas lograron trascender y convertir sus rostros en el sentido de todas sus películas: María Félix y Dolores del Río.[6]

María Félix, considerada una de las figuras femeninas cruciales del Cine Mexicano y una de sus cartas fuertes a nivel internacional.
Dolores del Río, legendaria actriz mexicana, estrella de Hollywood en los años 1920's y 1930's. y uno de los rostros del Cine Mexicano a nivel internacional.

María Félix fue un caso excepcional en el Cine mexicano. Mujer de deslumbrante belleza física y fuerte personalidad, que de inmediato dominó los roles de "mujer fatal" en las películas mexicanas. Antes del éxito de María Félix, las mujeres iban en papeles secundarios (madres abnegadas, novias sumisas). A partir del éxito de Félix, comenzaron a realizarse más películas con temáticas femeninas. El filme Doña Bárbara (1943), dio inicio al mito de María Félix como La Doña. La singular personalidad real de María se fusionó con su personalidad fílmica dando lugar a uno de los mitos más fascinantes del séptimo arte. Se forjó su leyenda sin que ella moviera un dedo. La imaginación de la gente hizo todo el trabajo.[7] En el extranjero, María prefirió inclinarse por el Cine de Europa (España, Francia, Italia), donde sus interpretaciones se inclinaron hacia un cine de autor.

Dolores del Río representó en sus mejores momentos uno de los máximos ideales de la belleza femenina mexicana. El mito de Dolores del Río no comenzó en México, sino en Hollywood, donde la actriz alcanzó el estatus de "Diva" en los años veinte y treinta, algo muy difícil para una actriz de origen hispano. Tras una carrera más que digna en Hollywood, Dolores regresó a México, donde logró mantener, e incluso elevar el prestigio del que gozó en los Estados Unidos, gracias a una serie de películas, realizadas especialmente para ella, por su eterno admirador, el director Emilio Fernández, donde la despoja de la imagen pétrea adquirida en Hollywood y resalta sus rasgos indígenas. Películas como Flor silvestre y María Candelaria (1943), pasearon la imagen de México por todo el mundo, y Dolores del Río se convirtió en símbolo nacional, luego de ser, por muchos años, símbolo de "lo mexicano" en el extranjero.


Hacían falta rostros que cautivaran a las audiencias y talentos que pudiesen sostener el peso de un protagónico y Pedro Armendáriz, poseía ambas cualidades. A pesar de que por sus venas no corría ni una sola gota de sangre indígena -y sí varias de origen británico y español- Armendáriz logró encarnar la esencia de la mexicanidad mejor que ningún otro actor del cine nacional. Esta apreciación -compartida por historiadores, críticos, colegas y admiradores- se fundamenta de manera importante en los personajes que el actor protagonizó bajo la dirección de Emilio Fernández.[8] .[2] Fernández supo sacar partido de las características físicas de Armendáriz y lo convirtió en el prototipo del "macho" o galán viril mexicano.[9] Más tarde, Armendáriz incursionó en el cine de Hollywood y de algunos países de Europa.[10]

Pedro Armendáriz en el filme hollywoodense Captain Sinbad (1963).
Arturo de Córdova en el filme For Whom the Bell Tolls (Hollywood, 1943).

Arturo de Córdova fue otra destacada figura masculina del Cine Mexicano. Su especialidad fueron personajes atormentados que, con frecuencia, se hundían en la locura. Su apostura y rebuscada elegancia lo hicieron célebre. Fue sin duda uno de los galanes cinematográficos hispanos más solicitados por las mujeres. Siempre se rodeaba de repartos femeninos que respiraban belleza, al tiempo que sus canosas sienes se iban convirtiendo en una marca personal e intransferible.[11]


Mario Moreno "Cantinflas", comediante y mimo surgido de las Carpas populares, se hizo mundialmente célebre con el nombre de su personaje Cantinflas (un "peladito" de barrio dicharachero, simpático e ingenioso), al que dio vida en la mayoría de los filmes que rodó. La popularidad de este monstruo sagrado del cine mexicano y, en general, del cine en español, debe mucho a su trabajo a las películas filmadas con su director ideal, Miguel M. Delgado. En los años cincuenta, sus cintas muestran un cambio: del personaje de la picaresca urbana y popular, solo quedaría un humor basado en el uso reiterativo del "cantinflismo", la habilidad para hablar mucho y no decir nada. En todas ellas, Mario Moreno se convirtió en un portador de juicios y críticas contra la sociedad "pueblerina", en particular, y contra la humanidad, en general. De este modo, arremetió con singular hincapié contra la "aristocracia desnaturalizada", haciendo que triunfara lo auténtico sobre lo falso. Se constituyó en el hombre que siempre decía la verdad, aunque en forma sarcástica, y sufrió las consecuencias de esa fidelidad a sí mismo.[12] El personaje de Cantinflas fue para Mario Moreno, lo que Charlot fue para Charles Chaplin. Pero a diferencia de Chaplin, Cantinflas basaba su personaje en la alegría y no en la melancolía. Sus personajes siempre fueron vivificantes. Cantinflas gozó de un éxito inusitado.

Cantinflas, considerado una de las figuras más emblemáticas de la comedia en el cine de habla hispana

Otro destacado comediante fue Germán Valdés "Tin Tan". Poseedor de una enorme gracia y versatilidad, pues era además un excelente cantante. Hizo célebre en su tiempo al personaje del pachuco (movimiento cultural surgido en los años veinte en Chicago, entre la comunidad hispana de los Estados Unidos). Si bien Tin Tan se ganaba el respeto del público con una personalidad amable y un poco burlona del mexicano pobre que se daba aires de grandeza imitando el estilo chicano —rudo y elegante—, Germán Valdés no consideró tomar la figura del pachuco como una broma para identificarse con la audiencia, pues en su adolescencia el actor realmente convivió con los verdaderos pachucos de Ciudad Juárez.[13] La improvisación era algo que Tin Tan presumía con orgullo sobre el escenario dependiendo del aplauso y reacción del público, pero al llegar a la pantalla grande, el actor encontró una peculiar forma de seguir está dinámica personal sin romper los protocolos de los guiones cinematográficos que llegarían sin descanso. Sus películas se basaron principalmente en la parodia y en situaciones absurdas, números musicales con personajes dotados de una gran picardía y un vasto atractivo visual femenino. "Tin Tan", posee, hasta el día de hoy, un enorme impacto cultural entre algunos sectores del público mexicano, y sus cine ha alcanzado el nivel de culto.

Katy Jurado, actriz mexicana que triunfó en Hollywood en los años 1950.

Algunas otras figuras mexicanas lograron reconocimientos a nivel extranjero. Katy Jurado se convirtió en una importante y cotizada actriz en la industria de Hollywood (principalmente en cintas del género western), logrando reconocimientos como el Globo de Oro (1952) y una nominación al Premio Oscar de la Academia Americana de Cine (1954).[14] Por su parte, Silvia Pinal logró reconocimiento en el ámbito del "cine de arte", especialmente gracias a sus colaboraciones con el director Luis Buñuel. La cinta Viridiana (1961), probablemente el filme más mítico de la cinematografía de Buñuel, fue estelarizada por Pinal. Galardonada con la Palma de Oro del Festival de Cannes, Viridiana plasmó a Pinal en la historia del cine mundial. Bella, carismática y dotada de una maravillosa versatiliad, Pinal ha cosechado una carrera de éxitos que abarcan varias décadas del espectáculo mexicano.[15]

Sara García, llamada la "Abuelita del Cine Mexicano", merece una mención especial. Fue una destacada actriz poseedora de una gran versatilidad y una fuerte intensidad dramática. Sus conmovedoras o graciosas interpretaciones de anciana (abuela, madre, nana), la convirtieron, de manera similar a Cantinflas o Tin Tan, en parte de la cultura popular mexicana, y su fama se resiste al paso del tiempo.

Entre las actrices que ocupan un lugar destacado en el Cine mexicano en su época dorada se encuentran Columba Domínguez, una de las principales musas del cineasta Emilio Fernández. Dotada de un fuerte atractivo autóctono, trabajó en destacadas cintas de renombre internacional, como Pueblerina (1949). Miroslava Stern fue una deslumbrante belleza de origen europeo que alcanzó la gloria en el Cine mexicano entre finales de los 1940 y mediados de los 1950, antes de morir de manera trágica en 1955. Marga López fue importante y destacada actriz con un rango actoral muy amplio que la llevó, de la comedia, a los intensos melodramas clásicos de la época. La deslumbrante Elsa Aguirre fue una de las femme fatales más destacadas de la industria fílmica mexicana. Otra importante actriz de los años dorados del Cine Mexicano fue Gloria Marín, quién gozó de un gran cartel a inicios de los años 1940 gracias en parte a su célebre mancuerna con Jorge Negrete en una serie de películas románticas y rancheras. María Elena Marqués, fue otra importante actriz de carácter y fuerte personalidad. Entre las deslumbrantes bellezas que inundaron las pantallas mexicanas se encuentran también Esther Fernández, Rosario Granados, Rosita Quintana, Rita Macedo, Emilia Guiú, Alma Rosa Aguirre o Lilia Prado, entre muchas otras más.

De las actrices de carácter que brillaron en este periodo destaca Carmen Montejo, actriz con una trayectoria impecable en cine, teatro y televisión. Por su parte, Andrea Palma fue considerada como la primera diva del Cine mexicano, inmortalizada en los inicios de la industria fílmica mexicana como La mujer del puerto, y más tarde especializada en roles de elegante dama o prostituta sofisticada. Emma Roldán fue una de las pioneras de la industria fílmica mexicana y con una carrera que abarca más de un centenar de filmes. Por su parte Prudencia Griffel, veterana estrella del teatro de revista de los años 1920's, quedó inmortalizada (junto a Sara García) en roles de abuelita dentro del cine.


Al ser México la principal potencia cinematográfica de Habla hispana, su industria atrajo a otras importantes figuras de otras industrias fílmicas de habla hispana. Las más importantes fueron la española Sara Montiel, que alcanzó renombre internacional tras su paso por el Cine Mexicano en la primera mitad de la década de los cincuenta, y la argentina Libertad Lamarque, que tras salir de su país en 1947 luego de una laureada carrera en el Cine argentino, se estableció en México, donde realiza la mayor parte de su filmografía y se mantuvo activa prácticamente por el resto de su vida. De España llegan también figuras como Jorge Mistral, Armando Calvo o Lola Flores; de Argentina llegan también nombres como Niní Marshall o Luis Aldás. De Cuba llegan laureadas figuras como René Cardona, Rita Montaner o Rosita Fornés, mientras que Irasema Dilián fue importada del Cine Italiano.

Entre la galería de actores destaca Ignacio López Tarso, uno de los actores latinoamericanos más versátiles y con una carrera fílmica, televisiva y teatral sumamente destacada. López Tarso fu el protagonista de Macario (1959), primera película mexicana nominada al Premio Óscar de la Academia Americana.[16] Los Hermanos Soler: Domingo, Andrés, Fernando y Julián, fueron probablemente algunos de los actores mexicanos con mayor cantidad de películas en su trayectoria. Tanto en roles dramáticos como cómicos, como actores estelares o de soporte, su talento histriónico se imponía en sus películas. David Silva alcanzó una enorme popularidad al encarnar al héroe de barrio y de clase baja en numerosas cintas de Cine social o cine ourbano. Emilio Tuero fue uno de los primeros galanes fílmicos de éxito masivo en la industria fílmica mexicana a principios de los años 1940. Roberto Cañedo fue un actor con una carrera fílmica larguísima que abarcó más de cincuenta años en cine, teatro y televisión, y Fernando Fernández quién además de ser un destacado cantante, alcanzó una enorme popularidad en cintas de corte musical encarnando roles de hombre bueno y noble.

Los héroes rancheros alcanzaron un enorme cartel en el cine mexicano de la época. Detrás de Pedro Infante o Jorge Negrete, destacan figuras como Luis Aguilar y Antonio Aguilar.

Los "villanos cinematográficos" más destacados del cine de la época fueron Carlos López Moctezuma, Miguel Inclán, Rodolfo Acosta, Víctor Parra, Wolf Ruvinskis, Arturo Martínez o los hermanos Tito y Víctor Junco.[17]

Comediantes[editar]

Muchos otros comediantes lograron la consagración en el cine mexicano. Desde parejas cómicas de comedia slapstick (al estilo de El Gordo y el Flaco), hasta actores independientes que lograron un enorme cartel. Muchos de estos comediantes surgieron de las llamadas Carpas o teatros populares mexicanos Joaquín Pardavé, fue un popular actor que lo mismo cautivaba con personajes dramáticos o cómicos. Pardavé también era compositor y director cinematográfico, y sus inicios en la industria, desde el Cine Silente, lo convirtieron en una especie de "padre simbólico" de todos los comediantes mexicanos desde los años treinta hasta los sesenta.

Antonio Espino y Mora, mejor conocido como "Clavillazo", fue otro de los actores mexicanos que iniciaron su carrera en las carpas y luego pasaron a las grandes pantallas en la época de oro del cine mexicano. Más de 30 películas forman su repertorio y es uno de los artistas más queridos y recordados. Otro artista que inició en las carpas y que además de su simpatía, destacó por su pintoresca forma de bailar fue Adalberto Martínez "Resortes", quién tuvo una carrera artística muy larga, pues trabajó por más de 70 años en el cine y la televisión.

Gaspar Henaine "Capulina" y Marco Antonio Campos "Viruta", fueron una dupla cómica que encontró en el humor blanco la forma de ganarse el cariño de la gente. Viruta y Capulina iniciaron su carrera juntos en 1952, aunque individualmente ya habían trabajado en otros proyectos. Filmaron más de 25 películas.

A pesar de que no tienen un gran número de películas juntos, Manolín y Estanislao Shilinsky son recordados por su gran química en las carpas y posteriormente en el cine. Tuvieron la oportunidad de grabar un disco juntos, pues era a través de sus canciones que exaltaban su comicidad.[18]

Cine musical y Cine de rumberas[editar]

El Cine Musical en México estuvo fuertemente influenciado por la música folclórica o música ranchera. Estrellas como Pedro Infante, Jorge Negrete y Antonio Aguilar realizaron decenas de cintas del género ranchero que sirvieron como plataforma para promover la música mexicana. Las canciones de importantes compositores como Agustín Lara o José Alfredo Jiménez sirvieron como base para los argumentos de numerosas películas. La argentina Libertad Lamarque también se destacó por la realización de cintas donde la música y las canciones eran las protagonistas principales.

La música tropical, que estuvo de moda en México y Latinoamérica desde los años treinta, también fue plasmada en el cine mexicano. Numerosas revistas musicales fueron realizadas en los años cuarenta y cincuenta. En dichas producciones era común ver a figuras que van desde Dámaso Pérez Prado o Toña la Negra hasta Rita Montaner, María Victoria o Los Panchos. Sin embargo, el cine musical en México estuvo mayormente representado por el llamado Cine de rumberas, una curiosidad fílmica exclusiva de México, dedicado a la exaltación fílmica de la figura de la "rumbera" (bailarinas de ritmos musicales afro-antillanos). Las principales figuras de este género fueron las cubanas María Antonieta Pons, Amalia Aguilar, Ninón Sevilla y Rosa Carmina, así como la mexicana Meche Barba. Entre 1938 y 1965 se realizaron más de un centenar de películas del Cine de rumberas.

Cine negro[editar]

El Cine negro o Cine de Gángsters (tan popular en Hollywood en los años 1930 y 1940) estuvo representado en México por el director "de culto" Juan Orol. Inspirado en este popular Cine de gánsteres y en figuras como Humphrey Bogart o Edward G. Robinson, Orol creó un universo fílmico y un estilo muy particular al mezclar los elementos clásicos del Cine negro, con el folcklór mexicano, loa ambientes urbanos y cabareteros y la música tropical. Ejemplo de ello, el filme clásico Gángsters contra charros (1948).

Cine de terror y fantasía[editar]

Aunque los años 1960 son considerados como la época de oro del terror y ciencia ficción en el Cine mexicano, durante la época de Oro se encontraron algunos trabajos notables. Chano Urueta, prolífico director que se inició en la época del cine mudo, ya había tenido sus acercamientos con lo sobrenatural en Profanación (1933) y El signo de la muerte (1939), sin embargo sus mayores aportaciones llegarían con La bestia magnífica (1952), película en la que introduce por primera vez a los luchadores en el género. Otras obras suyas dentro del género serían La Bruja (1954), la trilogía de El jinete sin cabeza (1957), antecedente del terror western, El Barón del Terror (1962) y La cabeza viviente (1963).

Por su parte Fernando Méndez, también director destacado de la época de oro del cine mexicano aunque menos prolífico en el terror que Chano Urueta, comenzó sus andanzas en el género con Ladrón de cadáveres (1956), película de terror con luchadores. El éxito le vendría poco después con El vampiro (1957), obra cumbre del terror mexicano en blanco y negro, protagonizada por Germán Robles, actor principal del género por las siguientes dos décadas. A esta le seguiría su secuela El ataúd del vampiro (1957) y Misterios de ultratumba (1959), además de algunos títulos dedicados al terror western como El grito de la muerte y Los diablos del terror (ambas de 1959).

A la par de estos y en la década de los 60 se multiplica la producción del género con títulos de diferente calidad y directores recurrentes como Rafael Baledón (El pantano de las animas, 1956), Federico Curiel (La maldición de Nostradamus, 1959), Miguel Morayta (La invasión de los vampiros, 1961), Benito Alazraki (Muñecos infernales, 1961), Alfonso Corona Blake (El mundo de los vampiros, 1961) y Alfredo B. Crevenna (Rostro infernal, 1962). Destaca también la labor de René Cardona que, como los ya mencionados, acrecentó los subgéneros de luchadores, terror western y vampiros.

Directores[editar]

Entre los principales cineastas que contribuyeron a consolidar el Cine Mexicano en su Época de oro destacan los siguientes:

  • Miguel Contreras Torres: Fue uno de los pioneros del cine mexicano, en el que empezó a trabajar en 1926. El único director mexicano que logró hacer la transición del cine mudo al sonoro. La filmografía completa de Contreras Torres habla de un hombre interesado en exaltar el nacionalismo y el patriotismo, desde el cine. En esencia, son básicamente tres las líneas temáticas sobre las que se construyó su carrera: la historia patria, la temática religiosa y el costumbrismo. Aunque no fue el único, en efecto, en el caso mexicano, es Contreras Torres el que incursiona con mayor énfasis en la exaltación de los hechos históricos de su país. La filmografía de Miguel Contreras Torres, en este breve e incompleto repaso, abarcó más de 45 años, en los que participó (fuera como actor, productor, editor, director y/o argumentista) en más de 50 películas. Además de su productiva actividad durante la época muda, los años 30 y 40 son, cuantitativamente, el periodo más representativo de este director.[19]
  • Fernando de Fuentes: Pionero del cine sonoro y realizador de tres clásicos del cine mexicano -El compadre Mendoza (1933), Vámonos con Pancho Villa (1936) y Allá en el Rancho Grande (1936)- Fernando de Fuentes es una de las figuras más famosas y menos comprendidas de nuestra cinematografía. Los comentarios alrededor de su carrera lo señalan casi siempre como un autor que decidió dejar de serlo para convertirse en un eficiente realizador de cintas taquilleras, dividiendo artificialmente su filmografía en dos períodos caracterizados por la presencia o ausencia de pretensiones estéticas. Vámonos con Pancho Villa, su obra maestra fue incomprendida por varias décadas. La película fue estrenada tres meses después de Allá en el Rancho Grande y solo se mantuvo una semana en cartelera. Éxito y fracaso se presentaron al mismo tiempo y a Fernando de Fuentes le quedó muy claro que la supervivencia estaba en la fórmula, en los géneros y en la satisfacción del naciente público del cine mexicano. Sin embargo, el impresionante éxito de Allá en el Rancho Grande (1936) no debe atribuirse exclusivamente a la exacta combinación de canciones, amores, charros y bailables. Detrás del filme estaba un director verdaderamente dotado de cualidades, poseedor de una excelente habilidad técnica y de un extraordinario sentido para la narrativa visual. Fernando de Fuentes fue, en realidad, el primer director mexicano que comprendió la naturaleza del cine sonoro y que aprovechó con éxito todas las posibilidades de este medio.[20]
  • Alejandro Galindo: Durante la época de oro, el naciente México urbano tuvo en Alejandro Galindo a uno de sus más fieles cronistas fílmicos. Poseedor de un talento especial para recrear los comportamientos y el habla popular de la ciudad de México, Galindo fue un director capaz de crear un universo propio a partir de personajes y situaciones representativos del México moderno. A partir de Campeón sin corona (1945) Alejandro Galindo inició la etapa más importante de su carrera, en la que el actor David Silva fue una pieza fundamental. De los boxeadores a los taxistas, de los choferes de autobuses a los vendedores de aspiradoras, la nueva clase media mexicana se encontró en la pantalla a personajes conocidos de su entorno. Una familia de tantas' (1948) representó la cúspide de esta etapa en la que Galindo combinó el genio creativo con un acertado olfato comercial.[21]
  • Emilio "Indio" Fernández: Uno de los directores cinematográficos más importantes, influyentes y reconocidos de esta etapa del cine mexicano. Emilio fue el creador de un cine mexicano de tipo folclórico e indigenista que contribuyó al descubrimiento cultural y artístico que vivió México en los años cuarenta, poseedor de una estética impecable y única (lograda en gran medida gracias a la ayuda de su fotógrafo de cabecera, Gabriel Figueroa). Emilio Fernández legó una filmografía que suma alrededor de 129 trabajos, un sinnúmero de hermosas imágenes, cientos de evocaciones de un México que fue planeado, sus costumbres y su identidad, defendida a toda costa. Una trayectoria que fue reconocida en varias ocasiones con el Premio Ariel, el Colón de Oro en Huelva, España, y una silla con su nombre en la Escuela de Cine de Moscú, entre muchos otros premios internacionales. Emilio Fernández Romo no solo fue conocido por su carácter visceral, sino también por lograr la integración de un equipo de filmación que atrajo la atención de Hollywood y Europa. Con Gabriel Figueroa como fotógrafo, Mauricio Magdaleno como escritor y con los actores Pedro Armendáriz, Dolores del Río, Columba Domínguez y María Félix, dirigió varias producciones que promovieron las costumbres y los valores nacionales asociados a la revolución mexicana.
  • Roberto Gavaldón: Roberto Gavaldón representa uno de los casos más extraordinarios de apreciación ambivalente que haya registrado la historia del cine mexicano. Sus admiradores destacan la refinada calidad de sus imágenes, su impecable manejo de la cámara y su inclinación hacia temáticas oscuras y personajes atormentados. Las mismas características han sido señaladas como defectos por sus críticos, quienes consideran a Gavaldón como un cineasta académico, frío y hasta narcisista, técnicamente correcto pero carente de autenticidad. Durante la época de oro, Roberto Gavaldón fue reconocido por sus cualidades técnicas y artísticas. Su costumbre de repetir las tomas hasta lograr el efecto o matiz de actuación que deseaba le acarreó fama de obsesivo y perfeccionista. De carácter seco y autoritario, Gavaldón imponía un estricto código de comportamiento en los sets de filmación, razón por la que algunos técnicos y actores se referían a él con el descriptivo apodo de "El Ogro". Sin embargo, las antipatías que despertaba su carácter se compensaban con la admiración y el respeto hacia su trabajo. El cine de Gavaldón era sinónimo de calidad y trabajar con él se consideraba un verdadero honor.[22]
  • Ismael Rodríguez: Inquieto, imaginativo, audaz y poseedor de un inigualable olfato para el éxito taquillero, Ismael Rodríguez fue, indiscutiblemente, el cineasta del pueblo mexicano. Con sus hermanos (Joselito y Roberto), fundó Películas Rodríguez, empresa productora de larga y exitosa trayectoria. Cineasta popular por excelencia, entre sus méritos está el haber aprovechado las posibilidades histriónicas de Pedro Infante, actor al que dirigió en dieciséis ocasiones, entre ellas, la comedia ranchera Los tres García (1946) y los melodramas urbanos Nosotros los pobres (1947), Ustedes los ricos (1948) y Pepe El Toro (1952), trilogía que alcanzó la categoría de mito. Además de diversos reconocimientos nacionales e internacionales, Ismael Rodríguez recibió en 1992 un Ariel de oro por la trascendencia de su obra.[23]
  • Julio Bracho: El lugar común para definir de manera expedita y ambigua a Julio Bracho, es la de señalarlo como el director de cine más intelectual de la “época de oro”. Si bien no resulta fácil ponerse de acuerdo con la connotación que se le quiere dar a la palabra “intelectual” al hablar de Julio Bracho, sí es posible aceptar que fue uno de los directores más importantes del Cine Mexicano en los años cuarenta y cincuenta, con varias películas interesantes y algunas de ellas dignas de ser señaladas entre las mejores del cine mexicano. Su amplia cultura y su fina sensibilidad, le dan otra dimensión al melodrama en el cine.[24]
Cabeza de Luis Buñuel, obra del escultor Iñaki, en el Centro Buñuel, Calanda, España.

Declive[editar]

Las primeras transmisiones de la Televisión mexicana se iniciaron en 1950. Ese año entró en operaciones XHTV-Canal 4. XEWTV-Canal 2 y XHGC-Canal 5, comenzaron transmisiones en 1952. En pocos años, la televisión alcanzó un poder enorme de penetración en el público, especialmente cuando las tres cadenas se unieron para formar Telesistema Mexicano, en 1955. Para 1956, las antenas de televisión eran algo común en los hogares mexicanos, y el nuevo medio se extendía rápidamente en la provincia. Las primeras imágenes de la televisión, en blanco y negro, aparecían en una pantalla muy pequeña y ovalada, y eran bastante imperfectas: no tenían la definición y la nitidez de la imagen cinematográfica. Sin embargo, no solo en México, sino en todo el mundo, el cine resintió de inmediato la competencia del nuevo medio. Esa competencia influyó decisivamente en la historia del cine, obligándolo a buscar nuevas vías tanto en su técnica, como en el tratamiento de temas y géneros.

Las novedades técnicas llegaron de Hollywood. Las pantallas anchas, el cine en tercera dimensión, el mejoramiento del color y el sonido estereofónico, fueron algunas de las innovaciones que presentó el cine norteamericano a principios de los cincuenta. El elevado costo de esta tecnología hizo difícil que en México se llegaran a producir filmes con estas características, por lo menos durante algunos años. Los temas "fuertes" fueron otro recurso utilizado por el cine para atraer de nuevo al público a las salas cinematográficas. La naturaleza familiar del medio televisivo impedía un tratamiento directo de muchos de los temas que el cine -ya maduro- se atrevía a mostrar. En general, la realización del cine se volvió más compleja que nunca. Con una infraestructura técnica anticuada, poco dinero, un público más exigente, y un mercado saturado de producciones norteamericanas, el cine mexicano se enfrentó ante su ocaso.

El 15 de abril de 1957 el país entero se estremeció al conocer la noticia de la muerte de Pedro Infante. Con él, simbólicamente, moría también la época de oro del cine nacional. Poco o nada quedaba ya de aquellos años de esplendor. El cine mexicano experimentaba a fines de los cincuenta una inercia casi completa. Las fórmulas tradicionales habían agotado ya su capacidad de entretenimiento; comedias rancheras, melodramas y filmes de rumberas se filmaban y exhibían ante un público cada vez más indiferente. Hasta Emilio Fernández, el director más importante de la época, comenzaba a repetir sus filmes con otros actores pero con los mismos temas. El cine de Luis Buñuel, los filmes de luchadores y el nacimiento del cine independiente, fueron las únicas novedades dentro de esta industria agotada. A fines de los cincuenta, la crisis del cine mexicano no era solo advertible para quienes conocían sus problemas económicos: el tono mismo de un cine cansado, rutinario y vulgar, carente de inventiva e imaginación evidenciaba el fin de una época (García Riera, 1986: 221).

El mundo cambiaba y con ello el cine que se hacía en otros países. La eliminación de la censura en Estados Unidos permitía un tratamiento más audaz y realista de muchos temas. En Francia, una joven generación de cineastas educados en la crítica cinematográfica iniciaba el movimiento de la nueva ola. En Italia, el neorrealismo había afirmado la carrera de varios cineastas. El cine sueco hacía su aparición con Bergman, al mismo tiempo que en Japón surgía Akira Kurosawa.

El cine mexicano, por su parte, se había estancado por líos burocráticos y sindicales. La producción se concentraba en pocas manos, y la posibilidad de ver surgir a nuevos cineastas era casi imposible, debido a las dificultades impuestas por la sección de directores del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica (STPC). Tres de los estudios de cine más importantes desaparecieron entre 1957 y 1958: Tepeyac, Clasa Films y Azteca.

También en 1958, la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas decidió descontinuar la práctica de entregar el Premio Ariel a lo mejor del cine nacional. El Ariel había sido instituido en 1946, y su cancelación subrayaba el estado de crisis de la industria.

Al hacer del cine un asunto de interés nacional el gobierno mexicano, sin saberlo, estaba cavando la tumba de esta industria. En 1960, cuando el gobierno de Adolfo López Mateos adquirió las salas de Operadora de Teatros y de la Cadena de Oro -desbaratando así el monopolio de Jenkins- la etapa final de la producción cinematográfica quedó bajo control del Estado.[26]

Películas.[editar]

1930[editar]

1940[editar]

1950[editar]

Actores y actrices[editar]

Equipo de producción[editar]

Cinematógrafos[editar]

Directores[editar]

Guionistas[editar]

Productores[editar]

Compositores[editar]

Estudios[editar]

  • Águila Films
  • Diana Films
  • Cinematográfica Calderón
  • Cinematográfica Jalisco
  • Clasa Films
  • Estudios Camus
  • Estudios Churubusco
  • Filmadora Chapultepec
  • FILMEX
  • Films Mundiales
  • Grovas Films
  • Hispano Continental Films
  • Matouk Films
  • Oro Films
  • Pereda Films
  • Posa Films
  • Productora Mier y Brooks
  • Producciones Zacarías
  • Rodríguez Hermanos S. A. de C. V.

Bibliografía[editar]

  • GARCÍA RIERA, Emilio (1986) Época de oro del cine mexicano Secretaría de Educación Pública (SEP) ISBN 968-29-0941-4
  • GARCÍA RIERA, Emilio (1992-97) Historia documental del cine mexicano Universidad de Guadalajara, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Jalisco y el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) ISBN 968-895-343-1
  • GARCÍA, Gustavo y AVIÑA, Rafael (1993) Época de oro del cine mexicano ed. Clío ISBN 968-6932-68-2
  • PARANAGUÁ, Paulo Antonio (1995) Mexican Cinema British Film Institute (BFI) Publishing en asociación con el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) ISBN 0-85170-515-4
  • HERSHFIELD, Joanne (1996) Mexican Cinema, Mexican Woman (1940-1950) University of Arizona Press ISBN 0-8165-1636-7
  • AYALA BLANCO, Jorge (1997) La aventura del cine mexicano:

En la época de oro y después ed. Grijalba ISBN 970-05-0376-3

Referencias[editar]