Aluvión zoológico

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Aluvión zoológico es un término discriminatorio que fue utilizado para definir a los simpatizantes del peronismo en la Argentina y que fue pronunciado por primera vez por el diputado nacional Ernesto Sanmartino, perteneciente a la Unión Cívica Radical.

El uso del término "aluvión zoológico"[editar]

La expresión correspondió al diputado radical Ernesto Sammartino en la Cámara de Diputados del Congreso Nacional, el 7 de agosto de 1947, dentro de la ya instalada antinomia peronismo-antiperonismo, cuando textualmente dijo:

El aluvión zoológico del 24 de febrero parece haber arrojado a algún diputado a su banca, para que desde ella maúlle a los astros por una dieta de 2.500 pesos. Que siga maullando, que a mí no me molesta.[1]

Con posterioridad Sammartino explicó que con su expresión no se refería a los simpatizantes peronistas, sino a: "los núcleos de activistas, organizados o inorgánicos, que no representaban al auténtico pueblo de la Nación, y que en la búsqueda de la justicia social no titubearon en denigrar la libertad".[2]

La reacción del peronismo no se hizo esperar y el diputado fue expulsado de la Cámara de Diputados debiendo pasar al exilio al Uruguay, país que fue el principal centro de resistencia opositora en el exterior. Sammartino recién pudo regresar del exilio cuando se produjo la Revolución Libertadora, en 1955, que derrocó a Perón.

Discriminación política y racismo[editar]

El término “aluvión zoológico” fue parte de un contexto de discriminación de tipo racista vinculada al enfrentamiento entre peronistas y antiperonistas en la política argentina.

El peronismo emergió como un complejo movimiento político entre 1943 y 1946. Más allá de sus implicancias políticas, el peronismo se conformó sobre la base del apoyo de gran parte de los antiguos sindicatos socialistas y sindicalistas revolucionarios,[3]​ y de un nuevo sector de obreros industriales que se venía formando desde la década de 1930, mayoritariamente integrado por migrantes internos provenientes de áreas rurales y zonas del país donde la herencia indígena era más evidente y la inmigración europea tuvo un menor peso relativo.

De ese modo el enfrentamiento entre peronistas y antiperonistas adquirió de inmediato un claro contenido de discriminación racista que fue fomentado por los dirigentes políticos de aquella época y que aún sectores que apuestan a la división del pueblo argentino mantienen en la actualidad. Adicionalmente, las conductas de discriminación racista involucran fuertemente la pertenencia de clase: en el caso del peronismo se vinculaba más fuertemente con los sectores bajos y obreros y, en en el caso del antiperonismo, a los sectores medios y altos de la sociedad argentina.

Otros términos que se utilizan de modo discriminiatorio para referirse a los simpatizantes peronistas son:

  • “negros”: se suele utilizar en una estructura relacionada con una mala palabra: “negros de mierda”; también es habitual su uso en las relaciones laborales argentinas para referirse al personal de una empresa: “los negros”;
  • “negrita”: es común su uso despectivo para referirse a una mujer trabajadora y sin “sin clase”: “es una negrita”;
  • “negrada”: “la negrada” es un modo de designar al sector social que apoya al peronismo, o a la clase trabajadora o baja; también se utiliza para referirse a un acto desagradable, que no debe ser imitado por “gente decente”: “eso es una negrada”;
  • cabecitas negras;
  • grasas”: en este caso el término ha desbordado su origen político para atribuirlo a todo aquel que no comparta códigos “refinados” y “europeos”.

El discurso discriminatorio se ha relacionado también con el hecho de que el personal de servicio doméstico (“las mucamas”, o “sirvientas”, en el lenguaje coloquial), debido a la irrupción del peronismo, perdieron el respeto debido a sus empleadores, hecho al que se le asigna gran importancia negativa.[cita requerida]

De manera relacionada con el hecho anterior, las conductas discriminatorias relacionadas con el peronismo han cuestionado la circunstancia de que los obreros, a partir de su surgimiento, comenzaron a mirar a sus empleadores a los ojos, asignándole también consecuencias muy negativas a este comportamiento, para una buena convivencia social.

En la década del 1970, el humorista argentino Landrú, recopiló de manera cómica muchos de estos términos, en una sección que se denominaba “Gente como Uno” y era publicada por la revista Tía Vicenta.

Una forma actual del uso despectivo del término puede verse en este ejemplo tomado de un diálogo en un blog:

Nemesio, vos sos parte de ese aluvión zoológico, así nos fue con porquerías como vos. Parece que ahora apoyás a Patti y a Rico, vos siempre insultando en el vacío, otra cosa no sabés hacer. Vos me decís muy estúpidamente que soy gorila pero lo que digo en el mensaje no podés negarlo con nada y por eso insultas. La misma pelotudez hacías con mi amigo al que conociste como Tanzi. No sos bueno ni malo, sos incorregible pero el problema es que sos incorregiblemente chimpancé.[4]

Utilización ampliada del término[editar]

Las patas en la fuente, famosa foto del 17 de octubre de 1945.

El geógrafo argentino Rodolfo Bertoncello ha utilizado recientemente la expresión pánico al aluvión zoológico, para cuestionar las propuestas neomalthusianas que "frente a problemas como el hambre y la pobreza, el deterioro ambiental y el agotamiento de los recursos, hacen un planteo contundente... bloquear el crecimiento poblacional, en especial en los países más pobres".[5]

En un artículo[6]​ la periodista rosarina Marcela Isaías del diario La Capital comparó a los turistas de todo el mundo que mojan sus pies en la fuente central del Museo del Louvre en París, con la de los manifestantes peronistas el 17 de octubre de 1945 que hicieron lo mismo en la Plaza de Mayo y merecieron el mote de animales por esa conducta. Para expresar esa duplicidad de criterios, el artículo fue gráficamente titulado Aluvión zoológico en París e incluye una interesante foto de los turistas con los pies en la fuente ubicada al lado de la famosa pirámide del Louvre, en un evidente contrapunto con la famosa foto del 17 de octubre conocida como "Con las patas en la fuente" (ver ambas fotos aquí y aquí).

El investigador en ciencias de la comunicación (UBA) Marcelo R. Pereyra subtituló como Otro aluvión zoológico un artículo sobre los actuales procesos de criminalización y marginalidad que se producen en la Argentina.[7]​ En ese artículo escribe Pereyra:

Las muchedumbres de manifestantes, provenientes de los suburbios pobres, que llegan semana tras semana hasta el "corazón de la city porteña" son presentadas por los medios como una horda peligrosa que sitia la ciudad. El imaginario de un "aluvión zoológico" que invade un territorio que no le pertenece continúa tan vigente como lo estuvo el 17 de octubre de 1945, cuando los obreros peronistas arribaron a la Plaza de Mayo para reclamar la libertad de su líder.

Referencias[editar]

  1. Citado por Hugo Gambini en su "Historia del peronismo"
  2. Jorge R. Vanossi; El Doctor Ernesto Sanmartino: vida y obra, Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, 26 de abril de 2000
  3. En 1943, en la Argentina existía un desarrollado movimiento sindical, con más de 65 años de experiencia, que contaba con tres grandes corrientes: socialistas, sindicalistas revolucionarios y comunistas. El anarquismo también contaba con cierta presencia, aunque en decadencia. Las corrientes sindicales socialista y sindicalistas revolucionaria, apoyaron en su gran mayoría al peronismo, en tanto que entre los comunistas y anarquistas, predominó una posición opositora.
  4. Terra Foros, 26 de agosto de 2005
  5. Pánico al aluvión zoológico, Clarín, 26 de julio de 2003
  6. Aluvión zoológico en París, por Marcela Isaías, La Capital, 12 de octubre de 2003
  7. La criminalización mediática, por Marcelo R. Pereyra, Revista Encrucijadas 35, Universidad de Buenos Aires, diciembre de 2005

Véase también[editar]