Alonso Fernández de Avellaneda
Alonso Fernández de Avellaneda es el seudónimo del autor del libro conocido como el Quijote de Avellaneda (cuyo título original es Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha), publicado, según su pie de imprenta falso,[1] en Tarragona en el año 1614. Hasta el momento, no hay un acuerdo sobre su identidad, aunque se ha propuesto una serie de posibilidades.
Publicación
[editar]En 1614 aparece como impreso en Tarragona, al cuidado del librero, el Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, que contiene su tercera salida: y es la quinta parte de sus aventuras, compuesto por el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de la villa de Tordesillas.
La suya no constituye la única imitación del libro en tiempos de Miguel de Cervantes, pero sí la más importante en su época como para ser citada en la segunda parte de Don Quijote que apareció publicada al año siguiente.
Mientras los comentaristas cervantinos la consideran una obra menor, el Quijote de Avellaneda alcanzó éxito entre los lectores, pues mereció ser reimpreso el mismo año de 1614 sumando numerosas erratas a la edición anterior. Es esta segunda edición, considerada por la mayoría peor que la original, es la que se ha solido utilizar para las ediciones modernas hasta hace poco.[cita requerida]
En el siglo XVIII el bibliotecario real Blas Nasarre consideró que la continuación de Avellaneda era superior a la cervantina.[2]
El problema del autor
[editar]No se ha encontrado hasta el momento ningún Alonso Fernández de Avellaneda, aunque hubo un tal Alonso Fernández de Zapata cura de Avellaneda (Ávila) entre 1597 y 1616.[3] Sin embargo, con rara unanimidad, todos los cervantistas están conformes en que se trata de un seudónimo, por lo que se han llegado a proponer múltiples conjeturas y teorías sobre la verdadera autoría de la obra.[4] Entre los autores con más probabilidades y candidatura más asentada figuran Pedro Liñán de Riaza (quien, habiendo fallecido, habría visto terminada su obra por sus amigos Baltasar Elisio de Medinilla y Lope de Vega), Bartolomé y Lupercio Leonardo de Argensola, Jerónimo de Pasamonte y Cristóbal Suárez de Figueroa. Pero este último no podría justificar los abundantes aragonesismos que se encuentran en la obra.
Se ha pensado que el prólogo fue escrito por un autor distinto al de la novela, porque de la continuación se deduciría que fue escrita por un admirador de Cervantes, mientras que el prólogo es galeato y harto ofensivo y militante contra el alcalaíno. Además, parecen existir discontinuidades en la obra que demostrarían habría quedado inconclusa y podrían explicarse si un segundo autor o autores la hubieran terminado. Como ya se ha dicho, el autor de la mayor parte demuestra tener algunos aragonesismos en su lenguaje, es muy devoto de San Bernardo y de los dominicos y, tal vez, vivió en Toledo, quizá frecuentando el círculo de los amigos de Lope de Vega, quien residió largo tiempo ahí huido de su mujer y con su amante, una actriz manchega; además, una pieza teatral de Lope es ensalzada en la obra. Nicolás Marín ha defendido que el autor del prólogo, pero no de la obra, fue Lope. Otros autores, en cambio, atribuyen el prólogo al propio Avellaneda.[5]
Hace algunos años Martín de Riquer abrió una pista a partir de varios indicios —tics de escritura, incorrecciones y torpezas de estilo, repetidas alusiones al rosario— que denunciarían a Jerónimo de Pasamonte, soldado y escritor que fue contemporáneo de Cervantes y combatió en Lepanto, como él, y autor de una autobiografía conocida como Vida y trabajos de Jerónimo de Pasamonte, que no llegó a ser impresa, y que se conserva en manuscrito. En la Primera parte puede haber inspirado el personaje de Ginés de Pasamonte, el galeote, que en la segunda se metamorfosea en Maese Pedro, el titiritero.[6]
De origen aragonés, Jerónimo de Pasamonte (que sentía la misma admiración por San Bernardo y por los dominicos que Avellaneda), habría tratado de defender a Lope de Vega de los ataques de Cervantes. Edward C. Riley [7] consideró que esta hipótesis carecía de argumentos realmente probatorios, y era improbable desde el punto de vista estilístico, si se compara la autobiografía, que no alcanzó los honores de la impresión en el siglo XVII, del propio Pasamonte, de muy escaso nivel literario, y de la que Foulché-Delbosc dijo que "Pasamonte escribía tan mal como hablaba, o incluso peor", con la trabajada versión de Avellaneda, de un estilo correcto y, en ocasiones, muy logrado. Por el contrario, Alfonso Martín Jiménez encuentra una gran cantidad de coincidencias expresivas entre la Vida y trabajos de Jerónimo de Pasamonte y el Quijote de Avellaneda,[8] y explica así la disputa entre Cervantes y Pasamonte: este se adjudicó en su autobiografía un comportamiento heroico similar al que había tenido Cervantes en la batalla de Lepanto, motivo por el que Cervantes lo satirizó en la primera parte del Quijote, a través del galeote Ginés de Pasamonte, autor de una Vida de Ginés de Pasamonte. Además, Cervantes imitó la Vida y trabajos de Pasamonte al componer la «Novela del capitán cautivo», inserta en la primera parte del Quijote. Para vengarse de la sátira y la imitación cervantinas, Pasamonte habría escrito el Quijote apócrifo. Martín Jiménez sostiene que el propio Cervantes identificaba a Avellaneda con el aragonés Jerónimo de Pasamonte. Cervantes habría dejado numerosas muestras de su convencimiento en varias de sus obras, en las que habría realizado numerosas alusiones conjuntas a la Vida de Pasamonte y al Quijote de Avellaneda para indicar que habían sido escritas por el mismo autor,[9] y, en la segunda parte de su Quijote, habría sugerido su nombre de pila y su apellido por medio de dos personajes relacionados con el Quijote apócrifo (don Jerónimo y Ginés de Pasamonte), indicando además de forma expresa y clara que era aragonés.[10]
No obstante, cualquiera que sea la identificación propuesta, el prólogo de Avellaneda (atribuido por el citado Nicolás Marín a Lope de Vega,[11] si bien no todos los autores admiten esa atribución[12]) hirió profundamente a Cervantes (quien contesta con mucha dignidad en el prólogo a su "auténtica" Segunda Parte), al invitarle a bajar los humos y mostrar mayor modestia, además de burlarse de su edad y acusarle, sobre todo, de tener «más lengua que manos», concluyendo con la siguiente advertencia: «Conténtese con su Galatea y comedias en prosa, que eso son las más de sus Novelas: no nos canse». (Adaptado de Jean Canavaggio, Cervantes en su vivir). Otra hipótesis sostiene que la obra fue empezada por Pedro Liñán de Riaza, y luego fue acabada de consuno entre los amigos que Lope de Vega tenía en Toledo por entonces, el poeta Baltasar Elisio de Medinilla y el propio Lope quizás.
Recientemente, por análisis de léxico, se ha propuesto que Cristóbal Suárez de Figueroa sería el verdadero autor de esta obra.[13] Sería una venganza contra Cervantes por haberse interpuesto en sus planes de acompañar al Conde de Lemos a Nápoles, de donde había sido nombrado virrey. Figueroa se desplazó a Barcelona en un intento desesperado de embarcarse con el séquito del virrey, pero no consiguió audiencia. Rabioso por ello, deslizó en su libro España defendida unas durísimas estrofas contra Cervantes. Este, a su vez, le satirizó en el conocido episodio de la imprenta de Barcelona, mofándose de cierto traductor de italiano y editor de sus libros.
En la edición de Cátedra del año 2010, el catedrático Alfredo Rodríguez López-Vázquez ha propuesto a José de Villaviciosa como el autor que se esconde detrás del seudónimo Avellaneda. José de Villaviciosa estudió en Sigüenza y Alcalá, lugares esenciales en el itinerario de la obra, además de tener un hermano y una hermana religiosos en Toledo, lo que también refuerza la autoría por la novela inserta de Los dos amantes y el final de la obra.
También se ha destacado el hecho de que Avellaneda, en el capítulo 21 del Quijote apócrifo, muestra conocer con detalle la cofradía del Rosario Bendito de Calatayud, pues uno de sus personajes (un canónigo de Calatayud) se propone ingresar en ella y la elogia, indicando el número de los 150 miembros que la componen y las indulgencias que se otorgaban en ella por el rezo del rosario.[14] El dato puede ser relevante para descartar a casi todos los candidatos propuestos a la autoría del Quijote apócrifo, pues ninguno de ellos pudo conocer esa cofradía ni tendría interés en destacarla, con la única excepción de Jerónimo de Pasamonte. Este indicó en su autobiografía que a los trece años ingresó en esa cofradía, de la que fue devoto toda su vida, y también se refiere a las indulgencias que se ofrecían en ella por el rezo del rosario.[15] Si el canónigo de Avellaneda pretende ingresar en esa cofradía, Pasamonte formó parte de ella, ambos la destacan elogiosamente y se refieren a las indulgencias que otorgaba. Además, Jerónimo de Pasamonte era uno de los 150 miembros que formaban parte de esa cofradía, por lo que aparece representado de forma indirecta en el Quijote apócrifo. La mención y elogio en el Quijote apócrifo de la cofradía del Rosario Bendito de Calatayud no solo reforzaría que Avellaneda pudo ser Jerónimo de Pasamonte, sino que descartaría a cualquier candidato que no pudiera haberla conocido de forma precisa.[16]
En la película Cervantes contra Lope (Manuel Huerga, 2016), siguiendo la propuesta de Alfonso Martín Jiménez, se hace ver que el soldado aragonés Jerónimo de Pasamonte se atribuyó en su autobiografía el comportamiento heroico que había tenido Cervantes en la batalla de Lepanto, motivo por el cual Cervantes lo satirizó en la primera parte del Quijote, convirtiéndolo en el galeote Ginés de Pasamonte. Y, en venganza de la sátira cervantina, Jerónimo de Pasamonte escribió el Quijote apócrifo. Aunque en la película se presenta a Pasamonte como autor de la obra apócrifa, Cervantes aparece en ella convencido de que Avellaneda era Lope de Vega. Sin embargo, el propio Cervantes indicó cuatro veces y de manera inequívoca en la segunda parte de su Quijote que Avellaneda era aragonés, lo que indica que no podía identificarlo con Lope de Vega, nacido en Madrid.[17]
Influencia sobre Cervantes
[editar]Don Quijote, por casualidad, descubre en el capítulo 59 de la Segunda Parte de la obra dedicada a él que existe ya una continuación de su "historia". Por lo que aprende de ella, Don Quijote está más que molesto, porque le pinta como desenamorado de Dulcinea. Se supone que tras este disgusto de Don Quijote está el de Cervantes, quien hace que un personaje de la obra de Avellaneda, el granadino Álvaro Tarfe, aparezca en la suya (capítulo 72). Para hacer constar la falsedad de la obra de Avellaneda, ante un escribano y el alcalde del "lugar" donde se encuentran, jurídicamente y "con todas las fuerzas que en tales casos debían hacerse", Tarfe declara que el Don Quijote de la obra de Avellaneda no corresponde a la "auténtica" Don Quijote presente. Más adelante, en el capítulo 70, Altisidora cuenta que en una visión, ve que los diablos del infierno usan el libro de Avellaneda como pelota, comentando uno que es tan malo "que si de propósito yo mismo me pusiera a hacerle peor, no acertara".
Aún más, aparece el nombre "genuino" de Don Quijote: Alonso Quijano. En la Primera Parte jamás se especifica el nombre del caballero manchego. Pero para recalcar aún más la falsedad de la continuación de Avellaneda, donde el nombre del protagonista es Martín Quijada, en el último capítulo de la obra cervantina se aprende su verdadero nombre.[18]
En su testamento, Alonso Quijano condena otra vez al "autor que dicen que compuso" la obra de Avellaneda, un "escritor fingido y tordesillesco", por lo cual se ha supuesto que Cervantes sabía que Avellaneda era seudónimo, pero que no llegó a identificar a su verdadero autor (creencia que Martín Jiménez considera infundada).[19]
El texto también sugiere que Cervantes haya hecho morir a Alonso Quijano, quien en la "fuesa" (fosa) "real y verdaderamente yace tendido de largo a largo", para que no pueda "hacer nueva salida", según reza el último párrafo de la obra.
Se especula que los ataques de Cervantes hayan sido contraproducentes, haciendo que lectores modernos acudan a la obra de Avellaneda, y que sin estos comentarios suyos la obra de "Avellaneda" estaría casi olvidada.
Sin embargo, es muy posible que sin el estímulo proveído por la continuación de Avellaneda, Cervantes no habría compuesto la suya. Simplemente porque el libro aparece por primera vez en el capítulo II, 59, no se puede concluir que Cervantes llegó a tener conocimiento de la obra mientras redactaba dicho capítulo. Pudo haberla conocido bastante antes.[20]
A este respecto, Alfonso Martín Jiménez sostiene que Cervantes conoció el manuscrito del Quijote de Avellaneda años antes de su publicación, lo que determinó que le diera respuesta en algunas de las obras más importantes que escribió en el último lustro de su vida.[21] Así, las Novelas ejemplares de Cervantes se publicaron en 1613, un año antes de que se editara el Quijote apócrifo, y, en algunas de ellas, como El licenciado Vidriera y El coloquio de los perros, figuran abundantes alusiones conjuntas a los manuscritos de la Vida y trabajos de Jerónimo de Pasamonte y del Quijote de Avellaneda. Esas alusiones (algunas de las cuales constituyen correcciones o burlas de un texto escrito anteriormente) demuestran, según Martín Jiménez, dos aspectos relevantes: que el Quijote apócrifo circuló en forma manuscrita antes de su publicación, y que el propio Cervantes identificaba a Pasamonte con Avellaneda.[22]
Según Martín Jiménez, la respuesta más contundente a Avellaneda se produjo en la segunda parte del Quijote de Cervantes: este se sirvió del manuscrito del Quijote apócrifo (y del propio libro cuando fue publicado) para componer la verdadera segunda parte del Quijote, en la que —a juicio de este investigador— realizó una imitación meliorativa, correctiva o satírica de los episodios de la obra de Avellaneda.[23] Asimismo, el estudioso sostiene que Cervantes reveló claramente que Avellaneda era aragonés, y sugirió su verdadera identidad a través de dos personajes que incluyó en la segunda parte de su Quijote: maese Pedro y don Jerónimo.
Para Martín Jiménez, el titiritero maese Pedro actúa como un personaje disfrazado que Cervantes vincula con Avellaneda —el cual también se enmascaró tras un seudónimo—, al hacerle protagonizar una escena paralela a la de la obra rival: maese Pedro dirige una representación de títeres que es interrumpida violentamente por don Quijote, quien toma por real lo que ve representado, de igual modo que el protagonista de la obra de Avellaneda había interrumpido violentamente otra función teatral al tomar por real lo que veía en escena. Para Martín Jiménez, la revelación final de que ese titiritero disfrazado relacionado con Avellaneda es Ginés de Pasamonte, representación literaria de Jerónimo de Pasamonte, constituye un indicio de la identidad de Avellaneda.[24]
Por otro lado, en el capítulo 59 de la segunda parte cervantina, don Quijote coincide en una venta con dos personajes que leen el Quijote apócrifo recién publicado. Uno de ellos, al ver al don Quijote cervantino, le reconoce como el verdadero, y le entrega el libro apócrifo en señal de su reconocimiento. Y ese personaje se llama Jerónimo. A juicio de Alfonso Martín Jiménez, Cervantes creó una escena magistral, haciendo que la representación literaria de Avellaneda, encarnada en ese personaje llamado Jerónimo, reconociera al verdadero don Quijote.[25]
Traducciones
[editar]El Quijote de Avellaneda fue traducido al francés por Alain-René Lesage, quien publicó en París en 1704 una versión considerablemente modificada de la obra, con el título de Nuevas aventuras del admirable don Quijote de la Mancha (Nouvelles Aventures de l'Admirable Don Quichotte de la Manche, composées par le licencié Alonso Fernández de Avellaneda). La versión de Lesage, que suprimió pasajes y episodios y agregó otros, alcanzó cierta popularidad. Sin embargo, no fue reimpresa sino hasta 1828.
Otras continuaciones del Quijote en los siglos XVII y XVIII
[editar]Después de la de Fernández de Avellaneda, las siguientes continuaciones del Quijote fueron escritas en francés: Historia del admirable don Quijote de la Mancha, en dos partes escritas respectivamente por Filleau de Saint-Martin y Robert Challe, y Continuación nueva y verdadera de la historia y las aventuras del incomparable don Quijote de la Mancha, de autor desconocido.
Bibliografía
[editar]- (es) Alonso Fernández de Avellaneda, Segundo tomo de las aventuras del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha, que contiene su tercera salida, y es la quinta parte de sus aventuras. Compuesto por el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de Tordesillas, 1614, Tarragona; disponible en wikisource Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.
- (es) TRAZEGNIES GRANDA, Leopoldo de "¿Lope, autor del Quijote apócrifo?". "A los leyenderos de Cervantes y Cia.". Bubok. Sevilla, 2010. I.S.B.N.: 978-84-614-2720-8.
- (fr) Alonso Fernández de Avellaneda, Don Quichotte (trad. Alfred Germond de Lavigne, 1853), Klincksieck, coll. « Cadratin», Paris, 2006 (prés. et notes par David Alvarez), 455 p., broché ISBN 978-2252035818.
- (fr) Alain-René LESAGE, "Nouvelles Aventures de l’admirable Don Quichotte de la Manche", édition critique par David ALVAREZ, Paris, Champion, 2008.
- (fr) David ALVAREZ ROBLIN, Pratiques de l'apocryphe dans le roman espagnol au début du XVIIè siècle: Approche comparée du Guzmán de Luján et du Quichotte d'Avellaneda, thèse de doctorat préparée sous la direction de Maria ARANDA, Bordeaux, Université Michel de Montaigne - Bordeaux III, 2010.
- (es) MARTÍN JIMÉNEZ, Alfonso Las dos segundas partes del «Quijote». Valladolid, Repositorio Documental de la Universidad de Valladolid, 2024, doi 10.5281/zenodo.20574073.
Véase también
[editar]Referencias
[editar]- ↑ Se imprimió en Barcelona; véase Javier Blasco, "Notas sobre un artista del fraude y del engaño: Avellaneda", Edad de Oro, tomo 25, 2006, págs. 117-127, https://uvadoc.uva.es/bitstream/10324/2061/1/ocultaciondeAvellaneda.pdf, consultado 21-11-2014. Lo mismo se encuentra en el Manual de librero hispano-americano del cervantista, librero y bibliófilo Antonio Palau y Dulcet, obra de consulta fundamental para la imprenta del Siglo de Oro.
- ↑ Daniel Eisenberg, Introducción a la edición facsimilar del Quijote de John Bowle, Newark, Delaware, Juan de la Cuesta, 2006, Tomo 1, ISBN 1588710874, p. 18, http://users.ipfw.edu/jehle/deisenbe/cervantes/Bowle_front.pdf Archivado el 4 de marzo de 2016 en Wayback Machine., consultado 24-11-2014.
- ↑ En 1967, el investigador abulense Arsenio Gutiérrez Palacios, descubridor de las célebres pizarras visigóticas de Diego-Álvaro, su localidad natal, desveló la existencia de un tal Alonso Fernández de Zapata que fue párroco de Avellaneda (Ávila) entre 1597 y 1616, aportando interesante documentación. Insiste en esta tesis últimamente Pilar Gutiérrez Alonso en una tesis en curso.
- ↑ Daniele Archibugi, L'altro Don Chisciotte, La Repubblica, 6 aprile 2014.
- ↑ Vid. Martín de Riquer, Cervantes, Passamonte y Avellaneda, Barcelona, Sirmio, 1988 y Alfonso Martín Jiménez, Cervantes y Pasamonte. La réplica cervantina al «Quijote» de Avellaneda, Madrid, Biblioteca Nueva, 2005. DOI: 10.5281/zenodo.20573358
- ↑ Primero una sugerencia pasajera, en «El Quijote y los libros», Papeles de Son Armadans, Núm. 54 (1969), 5-24, desarrollada después por Daniel Eisenberg, "Cervantes, Lope y Avellaneda", en inglés en Josep Maria Solà-Solé: Homage, Homenaje, Homenatge, Barcelona, Puvill, 1984, II, págs. 171-183 (traducido en Estudios cervantinos, Barcelona, Sirmio, 1991, pp. 119-141, http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor-din/estudios-cervantinos-0/html/ffcdbca6-82b1-11df-acc7-002185ce6064_34.html#I_7_, consultado 24-11-2014) y al final tema de un libro de Riquer, Cervantes, Passamonte y Avellaneda, Barcelona, Sirmio, 1988, ISBN 9788477690078.
- ↑ E. C. Riley, “¿Cómo era Pasamonte?”, en Actas del tercer Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas, Palma de Mallorca, Antonio Bernat Vistarini, 1998, pp. 85-96
- ↑ Martín Jiménez, Alfonso (2007). «Cotejo por medios informáticos de la Vida de Pasamonte y el Quijote de Avellaneda». Etiópicas 3: 69-131. doi:10.5281/zenodo.20600586.
- ↑ Concretamente, esas alusiones conjuntas a los manuscritos de la Vida y trabajos de Jerónimo de Pasamonte y del Quijote apócrifo aparecerían en el entremés cervantino de La guarda cuidadosa (que incluye una fecha interna de 6 de mayo de 1611, la cual seguramente corresponda al momento en el que fue escrito); en dos de las Novelas ejemplares cervantinas, El licenciado Vidriera y El coloquio de los perros, compuestas antes de julio de 1612 y publicadas en 1613, y en el Viaje del Parnaso, cuya parte versificada se compuso hacia 1612. Además, las alusiones conjuntas a ambos manuscritos se producirían también en la segunda parte del Quijote cervantino. Vid. Alfonso Martín Jiménez,Cervantes y Pasamonte. La réplica cervantina al «Quijote» de Avellaneda, Madrid, Biblioteca Nueva, 2005, pp. 143-173. doi 10.5281/zenodo.20573358
- ↑ Alfonso Martín Jiménez, Cervantes y Pasamonte. La réplica cervantina al Quijote de Avellaneda, Madrid, Biblioteca Nueva, 2005, doi 10.5281/zenodo.20573358; Alfonso Martín Jiménez, Las dos segundas partes del «Quijote», Valladolid, Repositorio Documental de la Universidad de Valladolid (UVaDOC), 2024, doi 10.5281/zenodo.20574073 y Alfonso Martín Jiménez, "Cervantes y Avellaneda (1616-2016): presunciones y certidumbres”, en Boletín de la Biblioteca de Menéndez Pelayo, 92, 2016, pp. 281-299, doi 10.5281/zenodo.20601624. Como recuerda Martín Jiménez, Cervantes indica cuatro veces y de forma inequívoca en la segunda parte de su Quijote que Avellaneda era aragonés. En el capítulo 59, don Quijote hojea el Quijote apócrifo recién publicado y dice que su “lenguaje es aragonés”; en el mismo capítulo 59 el narrador dice que don Jerónimo y don Juan “verdaderamente creyeron que éstos eran los verdaderos don Quijote y Sancho, y no los que describía su autor aragonés”; en el capítulo 61, al ser reconocido en Barcelona, don Quijote afirma lo siguiente: “yo apostaré que han leído nuestra historia y aun la del aragonés recién impresa”, y en el capítulo 70 uno de los diablos de la visión de Altisidora se refiere a “la Segunda parte de la historia de don Quijote de la Mancha, no compuesta por Cide Hamete, su primer autor, sino por un aragonés, que él dice ser natural de Tordesillas”
- ↑ Op. cit
- ↑ Martín de Riquer atribuye el prólogo al propio Avellaneda, quien, al afirmar en el mismo que Cervantes le había ofendido por medio de "sinónimos voluntarios", en alusión al nombre del galeote Ginés de Pasamonte, se habría desenmascarado ante Cervantes (cf. Martín de Riquer, Cervantes, Passamonte y Avellaneda, Barcelona, Sirmio, 1988). Alfonso Martín Jiménez también considera que el prólogo es de Avellaneda, ya que en él usa los mismos registros idiomáticos que en el cuerpo de la novela y denuncia que Cervantes lo ha imitado y atacado en la primera parte del Quijote, en clara referencia a que Cervantes hubiera imitado los episodios de la Vida y trabajos de Pasamonte al construir la «Novela del capitán cautivo» (inserta en la primera parte del Quijote) y a que lo hubiera satirizado haciendo «ostentación de sinónimos voluntarios» (pues el nombre del galeote Ginés de Pasamonte remite de forma ostentosa al de Jerónimo de Pasamonte).
- ↑ Enrique Espín Rodrigo: El Quijote de Avellaneda fue obra del doctor Christoval Svarez de Figueroa (1993).
- ↑ El canónigo de Avellaneda dice lo siguiente: "...en confirmación del santo uso y devoción del rosario, protesto ser toda mi vida, de aquí adelante, muy devoto de su santa cofradía; y en llegando a Calatayud, tengo, sin duda, de asentarme en ella y procurar ser admitido en el número de los ciento y cincuenta que se emplean en servirla y administrarla, trayendo visiblemente el rosario, por el interese de las muchas indulgencias que he oído predicar se ganan en ella" («Alonso Fernández de Avellaneda», Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, edición, estudio y notas de Luis Gómez Canseco, Madrid, Real Academia Española-Centro para la Edición de los Clásicos Españoles, 2014, p. 222).
- ↑ En la autobiografía de Jerónimo de Pasamonte se lee lo siguiente: "Siendo de edad de trece años, me trujo mi hermano de Soria en Calatayud para estudiar la gramática. Entonces me escribí cofrade de la Madre de Dios del Rosario bendito, y loada sea para siempre jamás [...]. Venido de Turquía, hallé las indulgencias filipinas en la Compañía de Jesús, y un padre (que se llama el padre Martín, en Calatayud) me dio una medalla y el buleto, [...] y acomodó allí mis devociones con las del rosario santo" (Jerónimo de Pasamonte, Vida y trabajos, edición de Ángel Sánchez Ibáñez y Alfonso Martín Jiménez, Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2017, doi 10.5281/zenodo.20573810).
- ↑ Martín de Riquer ya señaló que las dos únicas noticias que tenemos de esa cofradía son las que aparecen en la Vida y trabajos de Jerónimo de Pasamonte y en el Quijote apócrifo (Martín de Riquer, Cervantes, Passamonte y Avellaneda, cit., pp 109-113.), y Alfonso Martín Jiménez insiste en la relevancia de un dato que descarta a todos los candidatos propuestos, salvo a Jerónimo de Pasamonte, y recuerda que, al proponer un candidato a la autoría del Quijote apócrifo, sería preciso justificar cómo pudo conocer la cofradía del Rosario Bendito de Calatayud y por qué tendría interés en elogiarla (Alfonso Martín Jiménez, "Cervantes y Avellaneda [1616-2016]: presunciones y certidumbres", Boletín de la Biblioteca de Menéndez Pelayo, 92, 281-299, doi 10.5281/zenodo.20601624, pp. 289-290).
- ↑ Vid. al respecto Alfonso Martín Jiménez, "Comentarios a la película Cervantes contra Lope (2016), de Manuel Huerga", doi 10.5281/zenodo.20618343
- ↑ Rogelio Miñana, "El verdadero protagonista del Quijote, Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America, tomo 25, número 2, 2005 [aparecido en 2006], págs. 31-58, http://www.h-net.org/~cervant/csa/articf05/minanaf05.pdf, consultado 21-11-2014.
- ↑ Martín Jiménez considera errónea esa suposición, y la incluye como la primera de las tres «creencias falsas que se han instaurado en la tradición de los estudios cervantinos: 1. Cervantes no estaba seguro de quién era Avellaneda. 2. El prólogo del Quijote apócrifo fue compuesto por Lope de Vega o sus allegados. 3. Cervantes solo llegó a conocer el Quijote apócrifo tras su publicación en la segunda mitad de 1614, cuando ya había escrito 58 capítulos de la segunda parte de su Quijote. Y estas creencias, a pesar de ser erróneas, siguen teniendo un gran arraigo en el ámbito del cervantismo» (cfr. Martín Jiménez, Alfonso (2023). «Los últimos años de Cervantes: nuevos datos biográficos». Edad de Oro 42: 74. doi:10.15366/edadoro2023.42.004.).
- ↑ Daniel Eisenberg ha propuesto que el abandono de la Segunda Parte, retomada después de conocer o tener noticia Cervantes de la continuación de Avellaneda, ocurrió poco antes del muy extenso episodio de la visita a los anónimos Duques, en el capítulo II, 30. "Cervantes, Lope y Avellaneda", en Estudios cervantinos, Barcelona, Sirmio, 1991, pp. 119-141, http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor-din/estudios-cervantinos-0/html/ffcdbca6-82b1-11df-acc7-002185ce6064_34.html#I_7_, consultado 24-11-2014. Alfonso Martín Jiménez defiende que Cervantes conoció el manuscrito del Quijote de Avellaneda antes de comenzar a escribir la segunda parte de su Quijote, que fue el conocimiento de ese manuscrito lo que le impulsó a escribir su verdadera segunda parte, y que, al componer esta, imitó el manuscrito de Avellaneda. Cfr Alfonso Martín Jiménez, Las dos segundas partes del «Quijote», Valladolid, Repositorio Documental de la Universidad de Valladolid, 2024, doi 10.5281/zenodo.20574073
- ↑ Martín Jiménez, Alfonso (2023). «Los últimos años de Cervantes: nuevos datos biográficos». Edad de Oro 42: 71-84. doi:10.15366/edadoro2023.42.004.
- ↑ Martín Jiménez, Alfonso (2016). «Cervantes y Avellaneda (1616-2016): presunciones y certidumbres». Boletín de la Biblioteca de Menéndez Pelayo 92: 281-299. doi:10.5281/zenodo.20601624.; Martín Jiménez, Alfonso (2023). «Los últimos años de Cervantes: nuevos datos biográficos». Edad de Oro 42: 71-84. doi:10.15366/edadoro2023.42.004.
- ↑ Martín Jiménez, Alfonso (2024). Las dos segundas partes del «Quijote». Valladolid: Repositorio documental de la Universidad de Valladolid. doi:10.5281/zenodo.20574073.
- ↑ Martín Jiménez, Alfonso (2024). Las dos segundas partes del «Quijote». Valladolid: Repositorio documental de la Universidad de Valladolid. doi:10.5281/zenodo.20574073., pp. 229-252
- ↑ Martín Jiménez, Alfonso (2016). «Cervantes y Avellaneda (1616-2016): presunciones y certidumbres». Boletín de la Biblioteca de Menéndez Pelayo 92: 281-299. doi:10.5281/zenodo.20601624.; Martín Jiménez, Alfonso (2023). «Los últimos años de Cervantes: nuevos datos biográficos». Edad de Oro 42: 71-84. doi:10.15366/edadoro2023.42.004.; Martín Jiménez, Alfonso (2024). Las dos segundas partes del «Quijote». Valladolid: Repositorio documental de la Universidad de Valladolid. doi:10.5281/zenodo.20574073.
Enlaces externos
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Wikisource contiene obras originales de o sobre Alonso Fernández de Avellaneda.- Suárez de Figueroa y el Quijote de Avellaneda, por Enrique Suárez Figaredo
- Sánchez Portero, Antonio. El autor del "Quijote" de Avellaneda es Pedro Liñán de Riaza, poeta de Calatayud.
- Martín Jiménez, Alfonso: Cervantes y el "Quijote" apócrifo: ¿quién fue Avellaneda?.
- Martín Jiménez, Alfonso: Cervantes, Pasamonte y el "Quijote" de Avellaneda
- Martín Jiménez, Alfonso (2022). Hacen falta cuatro siglos para entender a Cervantes (novela divulgativa).