Alfonso I de Aragón

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Alfonso I de Aragón
Rey de Aragón y Pamplona
Estatua de Alfonso I de Aragón.jpg
Estatua de Alfonso I de Aragón en Zaragoza.
Rey de Aragón
28 de septiembre de 1104-7 de septiembre de 1134
Predecesor Pedro I
Sucesor Ramiro II
Rey de Pamplona
28 de septiembre de 1104-7 de septiembre de 1134
Predecesor Pedro I
Sucesor García Ramírez
Información personal
Nacimiento c. 1073
Fallecimiento 7 de septiembre de 1134
(c. 60 años)
Siñal d'Aragón.svg Poleñino (Aragón)
Entierro Monasterio de San Pedro el Viejo
Familia
Casa real Casa de Aragón
Padre Sancho Ramírez
Madre Felicia de Roucy
Consorte Urraca de León

Firma Firma de Alfonso I de Aragón

Alfonso I de Aragón (c. 1073-Poleñino, Aragón, 7 de septiembre de 1134),[1]​ llamado el Batallador, fue rey de Aragón y de Pamplona entre 1104 y 1134.

Hijo de Sancho Ramírez (rey de Aragón y de Pamplona entre 1063 y 1094) y de Felicia de Roucy, ascendió al trono tras la muerte de su hermanastro Pedro I.

Destacó en la lucha contra los musulmanes y llegó a duplicar la extensión de los reinos de Aragón y Pamplona tras la conquista clave de Zaragoza. Temporalmente, y gracias a su matrimonio con Urraca I de León, gobernó sobre León, Castilla y Toledo y se hizo llamar entre 1109-1114 «emperador de León y rey de toda España» o «emperador de todas las Españas»,[2]​ hasta que la oposición nobiliaria forzó la anulación del matrimonio. Los ecos de sus victorias traspasaron fronteras; en la Crónica de San Juan de la Peña, del siglo XIV, podemos leer: «clamabanlo don Alfonso batallador porque en Espayna no ovo tan buen cavallero que veynte nueve batallas vençió».[3]​ Sus campañas lo llevaron hasta las ciudades meridionales de Córdoba, Granada y Valencia y a infligir a los musulmanes severas derrotas en Valtierra, Cutanda, Arnisol o Cullera.

A su muerte, y en lo que es uno de los episodios más controvertidos de su vida, legó sus reinos a las órdenes militares, lo que no fue aceptado por la nobleza, que eligió a su hermano Ramiro II el Monje en Aragón y a García Ramírez el Restaurador en Navarra, dividiendo así su reino.

Infancia y juventud[editar]

Monasterio de San Pedro de Siresa, en el Valle de Hecho, Provincia de Huesca, donde se educó el infante Alfonso Sánchez.

Alfonso fue hijo del rey de Aragón y Pamplona, Sancho Ramírez, y de Felicia de Roucy. Dado que no fue el primogénito del rey, pasó sus primeros años en el monasterio de Siresa, (Valle de Hecho, en los Pirineos oscenses), mientras se formaba en «letras» y arte militar para ser un señor feudal durante el gobierno de su hermano Pedro I de Aragón. Su ayo fue Lope Garcés «Peregrino», que obtuvo posteriormente del rey la tenencia de Pedrola en agradecimiento a los servicios prestados.

Siendo infante, Alfonso Sánchez (como consta en diferentes documentos) se formó en las tareas de gobierno como tenente de Biel, Luna, Ardanés y Bailo, localidades de las Cinco Villas y la Jacetania cercanas a la frontera con los musulmanes. Reinando su hermanastro, participó en la toma de Huesca (batalla de Alcoraz, 1096) y en la expedición de ayuda al Cid en tierras valencianas contra los almorávides, venciendo al ejército de Yusuf ibn Tasufin en 1097 en la batalla de Bairén.

Inicialmente el infante Alfonso Sánchez no estaba destinado a reinar. Sin embargo, una serie de hechos despejaron su camino al trono. Tras la muerte de su padre Sancho Ramírez en 1094 durante un sitio a Huesca, moría el mismo año su primogénito Fernando,[4]​ y luego, en 1104, su hermano el rey Pedro I, que se había quedado a su vez sin herederos, pues había perdido a sus dos hijos: Inés (1103) y Pedro (1104).

Inicios del reinado[editar]

Herencia[editar]

Dinero jaqués acuñado por Alfonso I de Aragón siguiendo la tradición de su hermano y su padre con el árbol de Sobrarbe. Anverso: busto del rey, Leyenda. ANFUS-REX-ARA-GON.

Alfonso I gobernó como rey de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza y Pamplona.[5][a][b]​ Sobrarbe y Ribagorza eran antiguos condados elevados a reino en el testamento de Sancho el Mayor y unificados con el vecino Reino de Aragón de Ramiro I, de igual origen, a la muerte de Gonzalo I. Pamplona era el tronco dinástico principal, que había sido igualmente unificado con Aragón tras la muerte de Sancho IV el de Peñalén en tiempos del padre de Alfonso. A la muerte de su hermano Pedro en el Valle de Arán, parte entonces del Condado de Ribagorza, Alfonso heredó un incipiente Reino de Aragón que, si bien había tomado la principal ciudad del Pirineo, Huesca, en 1096 tras la batalla de Alcoraz y logrado conquistar en 1100 Barbastro, Sariñena y Bolea, había fracasado en el asedio de Tamarite de Litera de 1104 y veía amenazadas esas recientes conquistas.

Alfonso había participado como señor bajo el mando de su hermano en estas guerras y estaba familiarizado con la situación. Había problemas para encarar el asedio de ciudades fortificadas, dada la nula experiencia en maquinaria de asedio y la falta de apoyos internacionales al margen del tradicional respaldo del Condado de Urgel y de los condados bearneses y gascones. Su padre, Sancho Ramírez había estratégicamente elegido sus matrimonios (con Isabel de Urgel primero y con Felicia de Roucy, madre de Alfonso, después) para preservar dichas alianza. La prima de Alfonso, Talesa de Aragón, casó con Gastón de Bearn en 1085 para garantizar el apoyo del poderoso vecino norteño, que sería clave en el reinado de Alfonso.

Reparto del Reino de Pamplona tras la muerte de Sancho IV el de Peñalén en 1076       Zona ocupada por Alfonso VI de León, también rey de Castilla       Zona ocupada por Sancho Ramírez de Aragón, padre de Alfonso el batallador       Condado de Navarra, tenido por el monarca aragonés en homenaje al leonés

Por el este el reino no tenía una frontera clara con los diferentes territorios herederos de la marca hispana, si bien los registros documentales atestiguan que entre 1108 y la muerte de Alfonso en 1134, el Batallador era «rey en Pallás y Arán».[8]​ Esto parece ser resultado de la reciente descomposición del condado de Pallars en los condados de Pallars Jussá y Pallars Sobirá y la estrecha relación desarrollada con el primero bajo el reinado de su hermano Pedro I de Aragón. La presión de los más fuertes gobernantes de Aragón y Urgel y las luchas entre primos pusieron habitualmente a los pequeños condados bajo protección de sus respectivos vecinos.

Al oeste, incluía una Navarra que había perdido lo que hoy es La Rioja, Álava y Vizcaya en favor de Castilla. El territorio quedaba reducido a la zona de la actual Navarra (salvo Tudela, pues la frontera con los musulmanes pasaba por las actuales merindad de Tudela y la comarca de las Cinco Villas), concedida como Condado de Navarra bajo homenaje al monarca leonés. En cambio, probabemente conservara una salida al mar por Guipúzcoa dado que hay documentos de su hermano Pedro relativos al monasterio de Leire y San Sebastián. Más al oeste estaban los señoríos castellanos de Diego López de Haro (Señorío de Vizcaya), Ladrón Íñiguez de Vela (Condado de Álava), García Ordóñez (Nájera/La Rioja) y Íñigo Jiménez (Señorío de los Cameros) que ocuparían luego papeles destacados en el reinado de Alfonso como vasallos o enemigos a lo largo del reinado.

Primeros actos de reinado[editar]

Apenas coronado en 1104, Alfonso comenzó a dar los pasos que con el tiempo llevarían a la conquista de Zaragoza. Antes de finalizar 1106 tomaba Ejea de los Caballeros, una posición estratégica para asegurar la frontera sur-occidental. Ese mismo año cayeron Tauste y Sádaba, completando así la conquista de las Cinco Villas. Ello cerraba el Valle del Ebro por el oeste e interrumpía la ruta entre Tudela y Saraqusta. Alfonso participó en primera línea en la campaña, estando a punto de ser capturado o muerto en al menos una ocasión.[9]

También en 1105-1106 mandó reforzar varios castillos vecinos a Zaragoza que amenazaban la capital del rey musulmán Al-Musta'in II y habían sido construidos por Sancho Ramírez y Pedro I. Uno de los castillos, muy cercano a Zaragoza, construido en 1101 por Pedro I, tomó su nombre del grito de guerra cruzado Deus lo vol (Dios lo quiere) dando origen al topónimo contemporáneo de Juslibol.[10]​ Los restos de este castillo son conocidos como el "Picote de San Martín". A unos cuatro kilómetros de esta posición avanzada se fortificó el castillo de Miranda y el pueblo de Miranda; y a unos veinte kilómetros de la capital de la Taifa de Saraqusta, aguas arriba del Ebro en la desembocadura del Jalón, fue erigida la fortaleza-palacio de El Castellar en 1091 por Sancho Ramírez y su hijo Pedro I.[11]​ También se construyeron atalayas de vigilancia como la Torre de Candespina en Sobradiel.

La toma de Balaguer a los musulmanes por el aliado condado de Urgel en 1106 abrió nuevas oportunidades para Alfonso en su frontera oriental.[12]​ Alfonso siguió acorralando Zaragoza por el este al completar la conquista de la Hoya de Huesca, los Monegros (tomando el sur de la Sierra de Alcubierre) y reforzar el área de Barbastro y Monzón.

Esta zona, que había constituido un regnum o marca fronteriza (reino de Monzón) pasó a ser una prioridad por su caracter de zona vulnerable a los ataques musulmanes desde Lérida. Alfonso conquistó Tamarite de Litera y San Esteban de Litera en 1107 cumpliendo así con un objetivo en el que su hermano Pedro I había fracasado. La alianza estratégica con Urgel se manifestó en la presencia de nobles y prelados aragoneses en las campañas de Urgel y en las concesiones a estos de tenencias de frontera también en Urgel para asegurar los terrenos recientemente conquistados.[12]​ En un documento de 1108 se señala que reinaba en Aragón, Pamplona, Sobrarbe, Ribagorza, Pallás y Arán.

Parte de las actuales franja de Aragón y de la provincia de Lérida quedaron en manos musulmanas, empero. Aunque Alfonso amplió su reino al sur llevando sus fronteras hasta río Ebro y el Cinca, Fraga y Mequinenza aún eran musulmanas al norte del Ebro y garantizaban la conexión entre Saraqusta y la sufragánea taifa de Lérida. Asimismo, la ribera del río Gállego (con plazas como Zuera, Almudévar o Gurrea de Gállego) estaban aún por conquistar al norte de Zaragoza.

Matrimonio y política castellana[editar]

Contexto y conatos de revuelta[editar]

Alfonso VI de Castilla, suegro de Alfonso de Aragón.

Tras su coronación en 1104, había surgido el problema dinástico de que el nuevo rey superaba la treintena y no estaba casado. El único miembro restante de la casa real era su hermano Ramiro, de carrera eclesiástica. Su boda, razón de estado, fue calculada considerando las diversas casas reales ibéricas con hijas casaderas. No fue el único buscando estratégicas alianzas matrimoniales: los éxitos contra los musulmanes de Alfonso VI de León habían traído un contraataque musulmán liderado por el movimiento almorávide. En 1109, sabiendo cercano su final, Alfonso VI decidió el matrimonio de su hija Urraca con el rey de Aragón, interesado en el apoyo militar que su nuevo yerno, veterano combatiente, podía proporcionarle. Alfonso VI había perdido su único heredero varón Sancho en la batalla de Uclés (1108) y se había visto incapaz de asegurar el terreno de las actuales provincias de Soria, Guadalajara y Cuenca por lo que la alianza parecía necesaria para evitar males mayores. El matrimonio se celebró en 1109, año en el que moriría el padre de Urraca, en el castillo de Monzón de Campos, con el alcaide de la fortaleza, don Pedro Ansúrez, apadrinando el enlace sin que quede del todo claro si fue antes o después de la muerte del rey Alfonso VI.

Antes de casarse, según parece, Urraca y Alfonso acordaron las capitulaciones de esponsales por el que se designaban recíprocamente en soberana potestas en las posesiones del otro. Pero se convenía que si el matrimonio tenía descendencia, este hijo pasaría a ser el heredero, lo que relegaba al primogénito del anterior matrimonio de Urraca con Raimundo de Borgoña, Alfonso Raimúndez (futuro Alfonso VII), que perdía sus derechos al trono de León. Entre los contrarios a este enlace matrimonial se destacaron los nobles gallegos, debido a la pérdida del entonces infante de cinco años Alfonso Raimúndez (futuro Alfonso VII) de los derechos al trono del reino de León y Castilla tras el pacto matrimonial firmado entre Urraca y Alfonso I de Aragón, que estipulaba que los derechos de sucesión pasarían al hijo que pudieran tener.

Otra importante facción contraria a Alfonso I de Aragón fueron los eclesiásticos franceses de origen borgoñón que se habían establecido en el camino de Santiago durante el reinado de Alfonso VI, bajo la protección del primer marido de Urraca, perteneciente a la casa de Borgoña. Los eclesiásticos eran también señores de muchos territorios, por lo que se oponían además a las políticas proburguesas del rey aragonés, que de triunfar verían considerablemente reducido su poder. Se trataba de una peligrosa oposición pues su contacto con el papa Pascual II permitiría con el tiempo que se anulara el matrimonio, que los cronistas castellanos llamaban «las malhadadas bodas» o «mal-abitas bodas» por incestuosas al ser ambos cónyuges bisnietos de Sancho Garcés III de Pamplona el Mayor.

Dinero castellano acuñado en Toledo durante el reinado de Alfonso el Batallador.

La acción política de Alfonso en los reinos de León, Castilla y Galicia fue por ello muy dificultosa. Sin embargo pudo apoyarse en la primitiva burguesía de las poblaciones a las que ofreció fueros y privilegios parecidos a los otorgados en las que repobló en Aragón. Así, Alfonso I apoyó el establecimiento de villas francas y estimuló el comercio en todo el Camino de Santiago. Estas garantías, libertades y exenciones creaban un sector social franco o libre, en detrimento de los impuestos, que eran la fuente del poder de la aristocracia feudal, lo que concitó su impopularidad entre la nobleza. Urraca se apoyó en estos últimos estamentos privilegiados cuando se desató la lucha entre facciones enfrentadas y entre partidarios de uno u otro cónyuge del matrimonio real.

Alfonso I también mantuvo su política militar de dar la tenencia de castillos y plazas fuertes a sus leales: nobles aragoneses y navarros, y veteranos compañeros de batallas y caballeros fieles de su hueste, lo que fue incrementando la enemistad que provocaba en León y Castilla. Sintiendo que perdían poder en la corte, los grandes señores de la corte leonesa comenzaron a conspirar contra el rey.

Además, el conde Gómez González, había sido antes de la muerte de Alfonso VI pretendiente a casarse con Urraca, y todo indica que mantenía relaciones amorosas con ella.[cita requerida] Antes de la muerte del monarca leonés, un grupo de nobles castellanos se habían reunido cerca de Toledo, en Magán, para proponer al moribundo rey a Gómez González como candidato a esposo de la futura reina aunque, sin atreverse a planteárselo formalmente al viejo monarca, consiguieron que lo hiciera el médico personal del rey, un judío llamado Cidiello. Alfonso VI recibió airado la noticia, al comprobar la oposición de una parte de la nobleza castellana a los planes que había diseñado de casar a su hija con el experimentado rey aragonés. Sin embargo, el conde Gómez González reunió partidarios y comenzó un levantamiento armado contra Alfonso I.

La respuesta de Alfonso, veterano guerrero curtido en muchas batallas, fue rápida y enérgica. Con sus huestes navarro-aragonesas marchó contra los sublevados y les infligió una dura derrota en el Castillo de Monterroso (Provincia de Lugo), en 1109. Contaba el Batallador con el apoyo en Galicia de la ciudad de Lugo, que había sido el epicentro de revueltas de la pequeña nobleza gallega y había sido entregada hace pocos años por Alfonso VI al obispo para pacificarla. También contaba con Pedro Arias, señor de Deza y archienemigo del conde de Traba. En general, la burguesía de Lugo y Compostela y la pequeña nobleza mostraron amplios recelos sobre los intentos de Gelmirez y Traba de consolidarse como grandes magnates y regentes del joven Alfonso Raimúndez.[13]​ El mensaje transmitido a los descontentos fue que el Batallador estaba resuelto a aplastar militarmente cualquier intento de rebelión en su contra, lo que implicaba que la oposición tuvo que reorganizarse. A lo largo 1110 Alfonso recibió homenajes en territorio castellano y Urraca en tierras aragonesas, en complimiento de las capitulaciones matrimonioles. Sin embargo, la tensión militar era evidente. Urraca concedió privilegios a Diego López de Haro, señor de Vizcaya, para reforzar su partido.

La insurrección de Gómez Gonzalez y la batalla de Valtierra[editar]

Un intento musulmán de aprovechar la dedicación de Alfonso a la política leonesa fue desbaratado con la victoria del batallador sobre al-Mustain I, rey de la taifa de Zaragoza, en la batalla de Valtierra en enero de 1110. La derrota llevó a la taifa a pagar parias a Urraca para prevenir mas ataques de Alfonso y al descrédito de la dinastía hudí, que fue sustituida por los almorávides. Los últimes hudíes se refugiaron en la fortaleza de Rueda, que era considerada inexpugnable. Alfonso mientras dotó de fuero a Ejea en 1110 para garantizar su repoblación cristiana en la zona que había arrebatado a los musulmanes en los años previos y prevenir nuevos ataques. El fuero data de aproximadamente finales de julio, después de la retirada de Alfonso el 5 de julio de 1110 de una expedición punitiva a Zaragoza tras Valtierra, desplazándose con su ejército hasta Ejea.

Urraca I de Castilla, en una representación del siglo XII.

Entre el 1110 y 1111, el conde Gómez González, cabecilla del partido de Urraca, trató de convencer a la reina de que el príncipe Alfonso debía convertirse en el rey legítimo de Castilla como hijo biológico de la reina de León y Castilla, para que apoyase el levantamiento de la nobleza contra Alfonso. Este hecho convirtió el conflicto político en una guerra abierta entre el monarca aragonés y facciones de la nobleza leonesa, castellana y gallega. El fuerte carácter de Alfonso I y el choque con la personalidad de su mujer (las crónicas leonesas, castellanas y gallegas, siempre antialfonsíes, ponen en boca de Urraca que Alfonso «le pegó con manos y pies») llevaron al fracaso del matrimonio. Se dice que Alfonso temía que la proximidad entre el conde de Candespina y su mujer fuera sinónimo de infidelidad de ella, razón por la que podría haberla repudiado. A todo esto se sumaba la iniciativa del arzobispo de Toledo Bernardo de Sedirac, también contrario al aragonés, que solicitó la nulidad al papa.

Declarada la guerra civil entre los partidarios favorables a Urraca o a Alfonso, este la declaró incapaz de gobernar e hizo que la encerraran en El Castellar, en Aragón, a consecuencia de una conspiración en la que Urraca ordenó a los tenentes de fortalezas castellano-leoneses que no obedecieran las órdenes de su marido, lo que provocó una ruptura política irreconciliable con la facción de los altos prelados Bernardo de Sedirac de Toledo y Diego Gelmírez de Santiago de Compostela, y la nobleza aristocrática acaudillada por Pedro Froilaz y Gómez González. Alfonso se vio obligado a llevar a cabo una exitosa invasión de Castilla con tropas navarras y aragonesas sin más apoyo que el del conde de Portugal. En pocas semanas sometió las ciudades de Palencia, Burgos, Osma, Sahagún, Astorga y Orense, con una rapidez que le ganó reputación de invencible entre sus enemigos. Las localidades a lo largo del camino de Santiago fueron uno de los focos de apoyo de Alfonso con el que compartían un enemigo común en el alto clero castellano (veáse la paralela revuelta burguesa de Sahagún, la coalición de estos con los burgueses de Burgos y Carrión y el papel de Pedro Ansúrez, señor de Valladolid en el bando de Alfonso).

Aprovechando esta distracción y las consecuencias de Valtierra,[c]​ el conde Gómez González lanzó una incursión sobre El Castellar, liberó a la reina Urraca y la llevó al monasterio de Sahagún. Las noticias de la incursión y de las maniobras del arzobispo de Toledo para pedir la nulidad del matrimonio provocaron que Alfonso marchase con su ejército al sur castellano en una expedición punitiva. La ciudad de Toledo cayó en la primera mitad de 1111 y Alfonso sustituyó al hostil arzobispo Bernardo de Sedirac.[14]​ Toledo tendría una guarnición aragonesa, a mando de un comandante de nombre Oriel hasta 1113.

Alfonso terminó de suprimir la revuelta castellana ese mismo año. En la batalla de Candespina del 26 de octubre de 1110,[cita requerida] sita en el actual municipio segoviano de Fresno de Cantespino, obtuvo otra victoria. Se enfrentaron las huestes navarro-aragonesas de Alfonso y del conde Enrique de Borgoña contra las tropas fieles a Urraca y Gómez González, con derrota de los segundos y muerte del conde levantisco, lo que dejó a la reina en muy mala situación y forzó la reconciliación con su marido. Diversas localidades como Segovia o Pedraza cayeron entonces en manos de sus partidarios. Para finales de año, constan documentos firmados conjuntamente por Alfonso y Urraca.

Insurrección gallega[editar]

La nobleza gallega encabezada por el obispo de Santiago de Compostela Diego Gelmírez y el tutor del infante Pedro Froilaz el conde de Traba pasó a liderar la oposición a Alfonso I tras la desaparición de Candespina y el ayo del joven príncipe proclama en la catedral de Santiago a Alfonso Raimúndez, con siete años de edad, «rey de Galicia» el 17 de septiembre de 1111. Es discutido el sentido de esta proclamación, sin que pueda dilucidarse si se pretendía con ello establecer un reino independiente o no, pero lo más probable es que simplemente se tratara de otorgar la categoría de correinante a Alfonso Raimúndez con un grado igual al de su madre Urraca. La inhábil política de Gelmírez al no facilitar la sumisión de Portugal, cerró el camino para el triunfo de la revuelta, que obtuvo apoyo entre la nobleza gallega pero que también generó opositores entre los sectores partidarios de Alfonso el Batallador, como ocurrió en Lugo.[15]

La actitud de Urraca I en todo el conflicto es discutida: mientras que la Historia compostelana (que es una fuente parcial, pues se trata de una biografía dedicada a exaltar la política del obispo Gelmírez) señala que Urraca estuvo de acuerdo con la coronación de Alfonso Raimúndez (pese a que ello hubiera supuesto aceptar una corregencia dirigida por Gelmírez y sus colaboradores), existe un documento que manifiesta que el 2 de septiembre de 1111 (solo quince días antes del acto de la proclamación de su hijo como «rey de Galicia») Urraca firmaba en Burgos junto con su esposo Alfonso el Batallador una donación a favor del monasterio de Oña, y en octubre lo hacía del mismo modo en otra suscrita en Briviesca. Ambos documentos fueron redactados por el canónigo de Santiago de Compostela, cuyo cargo lo hace cercano al obispo Gelmírez, por lo que el juego de alianzas políticas dista de ser sencillo.[16]

El Batallador se dirigió contra los partidarios de Alfonso Raimúndez en Galicia, pues estaba incorporada de derecho a su reino por las capitulaciones matrimoniales, que establecían que un hijo de Alfonso y Urraca podría reinar los territorios de ambos. Los derrotó en Villadangos en octubre o noviembre de 1111[17]​ con la ayuda del conde de Portugal, Enrique de Borgoña, tío de Alfonso VII. Con esta victoria Alfonso I de Aragón desbarató el intento político de Diego Gelmírez, obispo de Santiago de Compostela y sus partidarios, capturó a Pedro Froilaz (que sería liberado poco después) y debilitó a sus oponentes. Sin embargo, Gelmírez y Alfonso Raimúndez consiguieron huir.

Nulidad del matrimonio[editar]

En 1112 el papa Pascual II hizo oficial la amenaza de nulidad, excomulgándolos si permanecían juntos. Alfonso, profundamente religioso, la repudió definitivamente. Pedro Froilaz y Gelmirez lanzaron mientras una campaña en 1113-1114 contra las guarniciones de Alfonso, sitiando Carrión y derrotando contingentes aragoneses en Atapuerca y Burgos. En el sur, Álvar Fáñez aseguró Toledo para Urraca. La situación se consolidó y se hizo oficial en un concilio celebrado en Palencia en 1114. Aun así, el panorama político era complejo, como muestran las revueltas burguesas en Segovia contra los partidarios de Urraca (donde muere Álvar Fáñez) o el intento de los burgaleses de elegir al hermano de Alfonso, Ramiro como obispo de Burgos.

Alfonso pasó a ser únicamente rey de Aragón y Pamplona, a pesar de tantas luchas, y dirigió sus objetivos a la reconquista del Valle del Ebro, con la toma de Saraqusta en mente, proyecto casi abandonado durante sus cinco años de matrimonio y regencia castellana (1109 - 1114). No obstante, siguió utilizando el título de rey de Castilla y el de imperator totius Hispaniae producto de la tradición imperial de León y no renunció a los enclaves por él repoblados, fortificados y gobernados por sus tenentes en los actuales País Vasco, La Rioja, Burgos, Palencia y Segovia.

Destacan especialmente las tenencias en las manos navarroaragonesas de Íñigo Jiménez (Cameros) y Fortún Garcés Cajal (Nájera), que se habían mantenido fieles a Alfonso I en la guerra civil mientras que Diego López de Haro, señor de Haro y Vizcaya había alternado bandos y parece que intentó otra revuelta en 1116, sofocada por Alfonso I. Asimismo, muchas localidades en el camino de Santiago, que habían apoyado a Alfonso I en el reciente conflicto, retuvieron lugartenientes y guarniciones de Alfonso incluso en enfrentamiento con facciones prourraca. Son conocidos casos como la ciudad de Sahagún, bajo el gobierno de un Giraldo proaragonés apodado el diablo en las crónicas del rival monasterio de Sahagún o las misiones del pariente materno de Alfonso, Beltrán de Risnel en Sahagún, Carrión (de la que fue reconocido como conde) y Burgos. Alfonso también mantuvo buenas relaciones con los territorios castellanos en la frontera con los musulmanes, constando en documentos actos regios que afectaban a poblaciones segovianas años después de la nulidad del matrimonio.[18][19][20]​Sin embargo, Alfonso no intentó separar estos últimos territorios de la jurisdicción castellana. En cambio, la posterior guerra civil entre Urraca y su hijo Alfonso Raimundez (bajo control de Gelmírez y Froílaz, que se beneficiaban de una regencia en su minoría en vez de un gobierno de Urraca) siguió dando ocasiones al Batallador para preservar su influencia en los reinos de León y Castilla durante varios años más.

La conquista del valle del Ebro[editar]

La conquista de Zaragoza[editar]

El barranco de la muerte, de Agustín Salinas Teruel. Ca. 1891-1892. (Diputación Provincial de Zaragoza).

Tras haber intervenido en la Reconquista únicamente en 1110 defendiéndose de al-Mustain en Valtierra en 1110 y enviando al obispo Esteban de Huesca a apoyar a sus aliados urgelitanos ante una incursión musulmana en 1114,[12]​ Alfonso comenzó una nueva etapa acometiendo la conquista de Zaragoza. En busca de nuevas estrategias, se entrevistó con Gastón IV de Bearn a su regreso de las Cruzadas, estableciendo lo que sería una alianza clave transpirenaica. Los primeros movimientos de su avance fueron la conquista de la Comarca de Tudela en 1117, haciéndose con Fitero, Corella, Murchante, Cascante, Monteagudo y Cintruénigo ese año, que habían sido perdidas contra los musulmanes en ese ataque. Les otorgó el disfrute de los montes colindantes en régimen de facerías (uso compartido).

En una cronología confusa para los historiadores entre la conquista del territorio de Tudela en 1117 y la primera mitad de 1118, Alfonso marchó a Bearne para estrechar relaciones con Gastón IV. Gastón era un veterano occitano de las Cruzadas en Tierra Santa, de costumbres guerreras y religiosas similares al aragonés y señor de un vizcondado de fuerzas parejas a las de Aragón. Era además experto en armas de asedio como había demostrado en la toma de Jerusalén de 1099, cuando luchaba bajo Raimundo IV de Tolosa, con lo que acumulaba una experiencia en sitios de ciudades que podía ser vital para el rey Alfonso. No se sabe mucho de cómo nació su buena relación, probablemente basada en sus experiencias vitales similares forjadas en la guerra contra el musulmán, pero llegaron a ser amigos íntimos. El principio, como se ha dicho es confuso, y puede que ya estuvieran colaborando antes de 1117: el vizconde de Bearne aparece como tenente de Barbastro en 1113, sin que se sepa la razón. Entre 1117 y 1118 en un concilio en Bearne se firmó un compromiso de colaboración con Aragón.

Tampoco se sabe si Gastón de Bearne influyó en otros nobles occitanos, pero con el respaldo del papa, que otorgó bula de cruzada y los beneficios religiosos asociados, muchos se sumaron a la campaña contra Zaragoza, a pesar del recuerdo de la derrota en 778 de Carlomagno, presente en las leyendas a través del Cantar de Roldán. Una bula de Gelasio II ratificó el Concilio de Toulouse de febrero de 1118 y reafirmó al ejército que se estaba congregando para conquistar la ciudad blanca.

Zaragoza (en árabe, Saraqusta o a veces Madînat al-Baida, la ciudad blanca) era una de las principales ciudades de al-Ándalus y, fruto de su capitalidad de fronteras, uno de los principales reinos taifas musulmanes. En su mayor esplendor abarcaba desde Tudela hasta Tortosa, y dependían de ella Tudela, Huesca, Lérida, Tarragona y Calatayud y recibía vasallaje de Valencia y Denia. Su fortaleza, frente a los vastos territorios despoblados en la frontera de Castilla y León había sido la causa de la menor expansión del Reino de Aragón. A principios del siglo XII la gobernaban los hudíes. La derrota de Valtierra les había llevado a pagar parias a Urraca para granjearse la protección castellana contra Alfonso, tras suceder a al-Mustain su hijo Abdelmalik. Sin embargo su situación se fue haciendo más comprometida a medida que el rey Alfonso demostraba su poderío en el norte y los almorávides en el sur. Las parias pagadas a los castellanos enervaron a los más nacionalistas, que hicieron caer la ciudad en manos almorávides. El rey huyó a Rueda de Jalón donde creó un pequeño reino sobre el Valle del Jalón. Su odio a los almorávides le llevaría a aliarse con Alfonso posteriormente contra aquellos que le habían destronado. El gobierno almorávide vino personificado por Muhammad ibn al-Hayy, que había retomado Valencia tras su captura por el Cid, (1110-1115) e Ibn Tifilwit, cuyo gobierno vino marcado por sus desavenencias con el filósofo y visir Avempace (1115-1117). Su único avance contra Alfonso fue la toma de la fortaleza de Juslibol, probablemente durante la frustrada campaña de 1110. En 1117 la ciudad de Zaragoza quedó, tras la muerte del gobernador, en manos del rey de Murcia.

Alfonso I de Aragón en el Compendio de crónicas de reyes (Biblioteca Nacional de España)

En marzo de 1118, se congregó un gran número de caballeros y señores franceses y gascones en Ayerbe, bajo el mando de Alfonso. La lista incluye, además de Gastón, a su hermano Céntulo de Bigorra, a Bernard de Comminges, Guillermo IX de Aquitania y Bernard Atón de Beziers, con sus huestes y vasallos. Acudieron asimismo fuerzas del condado de Urgel y, probablemente, también de Pallars, ya que el conde Arnal Mir de Pallars Jussà fue feudatario de Alfonso I de Aragón.[21][22]​ Marcharon al sur, conquistaron Almudévar, Gurrea de Gállego y Zuera, y sitiaron a finales de mayo Zaragoza. Se sabe poco de cómo se desarrolló el asedio. Varios historiadores consideran que se cortó el suministro de agua, que entraba por el canal de la Romareda para acelerar la caída de la ciudad. Los nueve meses que duró el asedio significaron una gran prueba para la moral y salud de las tropas cristianas, que probablemente harían en invierno una retirada temporal, pues los hombres dormían a la intemperie. Zaragoza finalmente cayó el 18 de diciembre de 1118. Se suele indicar como hito de la caída la toma del Torreón de la Zuda, sede del gobierno musulmán y fortificación del recinto amurallado.

Alfonso otorgó concesiones a los benedictinos para que fundasen un monasterio en el Palacio de la Aljafería, edificio que se constituyó en residencia real de los reyes de Aragón. A la ciudad Alfonso le ofreció en fuero Totum per totum, que confiaba la protección de los intereses particulares a los cuerpos armados seculares que se pudiesen formar, garantizando la autodefensa, y un sistema de aljamas que garantizaban el respeto entre comunidades religiosas.

Las capitulaciones de la ciudad reconocían a los musulmanes el derecho a quedarse en Zaragoza, con la condición de habitar en los arrabales en el plazo de un año, durante el cual las mezquitas seguirían cumpliendo su función; a pagar los mismos impuestos que hasta la conquista, a mantener sus propiedades rurales y a practicar su religión y ser juzgados por sus propias leyes. Se reconocía el derecho de marchar libremente a los que lo desearan. Con estas condiciones ventajosas, Alfonso trataba así de evitar la despoblación de la ciudad, especialmente conservando a los artesanos y comerciantes, asimilando a los mudéjares, lo que marcaría el arte de la ciudad.

Tras todo eso, la medina o ciudad vieja fue repoblada con cristianos que habían participado en la toma de la ciudad. Se calcula que, de los cerca de veinte mil musulmanes, muchos permanecieron, y con la llegada de nuevos habitantes la población creció y la ciudad se expandió extramuros. Gastón IV de Bearne recibió el señorío de la ciudad en recompensa a sus esfuerzos.

Conquista de la margen derecha del Ebro, el valle del Jalón y la batalla de Cutanda[editar]

Mapa de las conquistas de Alfonso I (en naranja conquistas a los musulmanes, en verde oscuro territorios del reino de Pamplona recuperados de Castilla, en amarillo oscuro zonas de frontera repobladas por Alfonso)

Una vez tomada Zaragoza, el rey de Aragón proyectó la conquista de las poblaciones del Bajo Aragón y el Valle del Ebro. En 1119 conquistó Fuentes de Ebro, Alfajarín, Tudela (el 25 de febrero de ese año,[23]​ última villa que reconquistó el Reino de Navarra) y toda la dehesa del Moncayo, incluyendo Ágreda, Tarazona y su comarca, (puestos que en el futuro serían claves como frontera con Castilla), el valle del río Alhama (en La Rioja) con Cervera del Río Alhama en cabeza, Tudején y Castillón (fortalezas en Navarra, hoy en ruinas), y la ribera alta del Ebro con la desembocadura del río Jalón con Novallas, Magallón, Alberite de San Juan, Alagón, Novillas, Épila... Sometió también a vasallaje el reino hudí de Zafadola en Rueda de Jalón, último reducto de la dinastía musulmana local que los almorávides habían depuesto.

En 1119 también reconstruyó la ciudad abandonada de Soria y repobló su comarca, aunque los cronistas castellanos muchas veces lo atribuyen a Alfonso VII de Castilla, hijo de Urraca. Modernamente se conocen documentos que atestiguan que la ciudad castellana permaneció en poder de Alfonso hasta su muerte en 1134, cuando el rey castellano pudo retomarla.

En 1120, mientras sitiaba Calatayud con sus fuerzas y las de aliados del otro lado de los Pirineos como Guillermo IX de Aquitania, recibió noticias de que los almorávides, desde sus bases en Valencia, marchaban para intentar reconquistar Zaragoza. Alfonso y sus aliados levantaron el asedio y marcharon a interceptarlos. El avance musulmán por un antiguo camino romano en la cuenca del río Turia y del Guadalaviar, pasaba por lo que hoy es Teruel. Alfonso los encontró en Cutanda, en el valle del río Jiloca. La batalla de Cutanda se recuerda como la mayor victoria de Alfonso: en el siglo XIV aún se decía "peor fue Cutanda" para referirse a logros que parecen imposibles. A pesar de ser inferiores en número, las fuerzas aragonesas aplastaron a las musulmanas y obtuvieron su victoria el 17 de junio de 1120, forzando la retirada musulmana de Zaragoza ya de forma definitiva. Tras su victoria su ejército ocupó Calamocha y Monreal del Campo, donde fundó la actual ciudad, antes de retomar la conquista de Calatayud, que supuso la toma final del Valle del Jalón y del Jiloca. Las tierras de las actuales Bubierca, Alhama de Aragón, Daroca y Ariza fueron también tomadas tras la victoria de Cutanda.

Repoblación y ordenación del territorio conquistado. Política exterior[editar]

Retrato imaginario de Alfonso I de Aragón, de Manuel Aguirre y Monsalbe. Ca. 1851-1854. (Diputación Provincial de Zaragoza).

La amplitud de las nuevas tierras conquistadas plantearon retos para garantizar su población cristiana. La población mozárabe original era significativa en localidades como Tudela, Calatayud, Daroca, Alagón, Tamarite de Litera y Alcañiz (literalmente las iglesias en idioma árabe).[24]​ Aún así era necesario consolidar y repoblar el territorio, ante la marcha de parte de la población islámica. El antiguo sistema de presura dio oportunidades a altoaragoneses, navarros y gascones para asentarse (como se ve en los topónimos de Herrera de los Navarros y Salobral-Gascones y en numerosos estudios de onomástica). Alfonso se preocupó también de recuperar las antiguas sedes episcopales de época romana y visigótica, recreando y donando recursos para los obispados de Zaragoza (1118), Tarazona (1119), Segovia (1120) y Sigüenza (1122) y asegurando y ampliando los de Calahorra y Osma.

Pese a ello, la población islámica siguió siendo significativa, destacando especialmente el caso de Borja. Borja había quedado en las campañas de 1119 como un exclave nominal del reino vasallo hudí rodeado por las poblaciones tomadas por Alfonso. Parece que hacia 1122, una vez terminadas las conquistas militares, se pactó su entrega pacífica con condiciones favorables a la población musulmana local.[25]​ Además del resto del reino vasallo hudí en el Jalón, otras ciudades que se habían rendido tras la toma de Zaragoza y la batalla de Cutanda y conservaron significativa población musulmana (mudéjares) fueron Pedrola, Fuentes de Ebro, Pina, Gelsa, Alborge, Sástago, Escatrón y Caspe en el Ebro, Cuarte, Cadrete, María y Muel a lo largo del río Huerva.[26]​ Muchos de los mudéjares y muladíes continuaron trabajando sus tierras tradicionales como exáricos, ante el colapso económico que hubiera supuesto su marcha.[d]

Para asegurar militarmente estas conquistas al sur del Ebro, Alfonso fundó en 1122 en Belchite una orden militar: la cofradía de Belchite. Fue la primera de estas características en la Península Ibérica y fundada a semejanza de la Milicia de Jerusalén y de las establecidas en las Cruzadas. Los cofrades y sus bienhechores recibirían beneficios de cruzada no solo para la conquista de una ciudad como hasta entonces había sucedido.

También en 1122 Alfonso recibió homenaje de Céntulo II de Bigorra, veterano de sus campañas y hermano de su aliado Gastón que había ascendido al trono de Bigorra y tenía una dependencia nominal pero inefectiva del ducado de Aquitania. Una vez tomada Zaragoza, Aragón se había convertido en un centro de poder propio con fuertes vínculos con Bearn y Bigorra.

En 1123 se enfrentó con el Conde de Barcelona, Ramón Berenguer III, por la ciudad de Lérida, que ambos ambicionaban tomar. En 1120, su gobernador había pactado con Berenguer Ramón III la cesión de algunas plazas y su apoyo contra Tortosa, irritando a Alfonso, que sitió Lérida en 1123, tomando el Castillo de Gardeny. Según Zurita, la intervención de diversos prelados y barones catalanes y aragoneses puso fin al conflicto entre Alfonso y el conde, al llegar al compromiso mutuo de abstenerse de emprender ninguna acción contra Lérida.[27]​ De todos modos, poco después, en 1124, un ejército almorávide derrotó a Ramón Berenguer III en la batalla de Corbins, lo que obligó al conde barcelonés a renunciar al objetivo de Lérida.[28]

Al igual que había hecho en Belchite, Alfonso estableció en 1124 en Monreal del Campo la Militia Christi de Monreal, Militia Caesaraugustana u Orden de Monreal, que tuvo su base en la recién fundada ciudad de Monreal, esto es, 'mansión del rey celestial' y recibió una zona de influencia en el área del Jiloca y Teruel, y su término adjudicado hasta Segorbe. Su objetivo era dirigir la reconquista con vistas a la toma de Tortosa y con ello a dar al reino una salida al Mediterráneo.

En 1124, reprimió una revuelta de Diego López I de Haro y Ladrón Íñiguez, poderosos señores feudales de Vizcaya, Álava y La Rioja, que apoyaban a su exmujer Urraca. Alfonso los derrotó rápidamente. El primero desparece de las crónicas tras la revuelta, mientras que Ladrón Íñiguez parece reconciliarse con el rey. Para estabilizar la situación, Alfonso concedió privilegios a Santo Domingo de la Calzada y los reemplazó de numerosas tenencias en favor del leal Fortún Garcés Cajal. Para septiembre, el rey ya estaba de vuelta en la frontera. Parece que en ese mismo año toma a los musulmanes Medinaceli y quizás Sigüenza, obispado sobre el que Bernardo de Agén tenía proyectos de repoblación.[29]

Expedición por al-Ándalus de 1124-1126[editar]

La gran extensión de los nuevos territorios incorporados al Reino de Aragón obligaba al Batallador a atraer gran cantidad de población para repoblar campos y villas y mantener la economía del país. Conociendo la insatisfacción de la numerosa población mozárabe en territorio musulmán ante el aumento del fanatismo religioso de la nueva corriente religiosa norteafricana almorávide, y alentado por los mozárabes de Granada, que le ofrecían su apoyo para rebelarse en esta ciudad del sur de al-Ándalus, Alfonso inició una expedición militar por tierras musulmanas.

En Nívar (azul oscuro), al norte de la Vega de Granada (más claro), sentó sus reales Alfonso I de Aragón durante aproximadamente diez días hostigando la capital almorávide andalusí.

En 1124, con cincuenta años de edad, el monarca emprendió esta arriesgada incursión en el interior de al-Ándalus encabezando un ejército que se adentró en el Reino de Valencia y llegó hasta Benicadell (Penya Cadiella en las crónicas). El año 1125 fue clave: avanzando hacia el sur por Valencia, en un año lanzó una ofensiva contra la ciudad almorávide de Granada con la pretensión de crear un principado cristiano en mitad del corazón de al-Ándalus. Cercó Granada, pero la población mozárabe del interior de la ciudad no quiso o no pudo abrirle las puertas. Entonces decidió emprender una operación de saqueo por las fértiles tierras del Valle del Guadalquivir.

Mientras el rey de Aragón saqueaba el sur de la actual provincia de Córdoba, Abu Bakr, hijo del emir Ali ibn Yusuf, había salido con tropas de Sevilla al encuentro del Batallador, y lo alcanzó en Arnisol, Arinzol o Aranzuel, según las fuentes, actual Anzur (hoy municipio de Puente Genil), cerca de Lucena. Allí se trabó batalla campal el 10 de marzo de 1126 con el resultado de victoria decisiva para los aragoneses.

Recorrió importantes poblaciones del sur de Córdoba y llegó a la costa en Motril o Vélez-Málaga, donde de acuerdo a las crónicas mandó que le pescaran un pez antes de emprender el retorno cargado de botín y acompañado de numerosos mozárabes. Se estima que más de 10.000 le siguieron con la intención de asentarse en el reino cristiano. Quizá la cifra sea exagerada, pero lo cierto es que el Batallador declaró a estos mozárabes hombres libres a su regreso, otorgándoles privilegios y ventajas judiciales, fiscales, económicas y militares. Perseguido por las fuerzas almorávides, Alfonso logró sin embargo culminar el regreso a través de Cuenca y Albarracín en 1126 e instalar a muchos de estos mozárabes en su reino (especialmente en la zona de Mallén).[24]

Guerra con Alfonso VII de León y consolidación de la frontera occidental[editar]

Pórtico de la Iglesia de la Virgen del Rivero (comienzos del siglo XII),[30]​ en San Esteban de Gormaz. Esta localidad fue aragonesa con Alfonso I el Batallador, y repoblada y fortificada hacia 1128.

El 8 de marzo de 1126 murió la que fue su mujer, Urraca I de León dejando un hijo de 21 años como heredero de las coronas conjuntas León y de Castilla, Alfonso. Las tensiones entre ambos Alfonsos, heredadas de la antigua guerra civil, se liberaron ante el intento del rey leonés de recuperar las villas que el aragonés tenía desde su victoria en Candespina. El Batallador perdió algunas de sus posiciones avanzadas en el interior de Castilla como Frías, Pancorbo, Briviesca, Villafranca de Montes de Oca, Burgos o Santiuste, Sigüenza[e]​ y Medinaceli[e]​ hasta llegar a una paz con el Pacto de Támara en 1128 por la que el Batallador renunciaba al título de emperador de la tradición leonesa. Así, por ejemplo en 1130 aparece Alfonso como reinante en «Ribagorza, Aragón, Pamplona y en Arán». Otras plazas no entregadas fueron conquistadas más tarde por el leonés, como Castrojeriz, perdida en 1131. Sin embargo, poblaciones de La Rioja, Vizcaya y Álava como Belorado, Nájera, Haro, Calahorra y Cervera del Río Alhama continuaron en poder aragonés.[31]​ Con ello, la frontera quedaba en los límites tradicionales entre Castilla y Navarra, antes de las conquistas castellanas que sucedieron al asesinato de Sancho el de Peñalén.

Según la Crónica de San Juan de la Peña:

Para que en adelante no surgiere ninguna disensión entre ambos reinos, se decidió qué tierra era Reino de Navarra, es decir, desde el río Ebro hasta cerca de la ciudad de Burgos, que el rey Sancho de Castilla había arrebatado con violencia a su pariente el rey Sancho de Navarra (Sancho el de Peñalén), hijo del rey García (García Sánchez de Nájera). De lo cual se extendieron documentos entre ambos reyes y reinos de Castilla y Navarra y cada uno de ellos recibió "cartas suas firmatas et bene vallatas". Entonces Alfonso de Aragón entregó toda la tierra de Castilla a Alfonso de Castilla, y en adelante no quiso que se le llamara emperador, sino rey de Aragón, Pamplona y Navarra.

Asimismo, la extremadura aragonesa se extendía por las actuales provincias de Soria y Guadalajara por localidades que pasarían a ser castellanas sólo tras la muerte del batallador. Esta zona incluía poblaciones conquistas a los musulmanes o repobladas por Alfonso como Ágreda, Almazán y Soria, que continuaron en poder aragonés hasta finales de 1135.[32]​ Alfonso se dedicó a reforzar dicha frontera.

Desde septiembre de 1127 se ocupó de repoblar Cella, en cuyas operaciones debió participar Rotrou de Perche, que recibió en recompensa la villa de Corella (Navarra).[33]​ En noviembre de 1127 comenzó a asediar Molina de Aragón, en cuyas cercanías elevó la fortaleza de Castilnuevo, que estaba concluida en febrero de 1128; Molina estuvo en poder del rey en diciembre. A partir de mayo de ese año, mientras sus magnates continuaban el asedio de la importante plaza de Molina de Aragón, se desplazó más al sur y conquistó Traíd, en la actual provincia de Guadalajara.[33]​ Constan en la documentación para ese año tenentes aragoneses nombrados para Ágreda (asignada a Jimeno Íñiguez) y Almenar de Soria, que fueron así dominadas y repobladas.[34]​ Desde agosto hasta fines de 1128 Alfonso I se dedicó a poblar y así fortificar Almazán —según las crónicas amurallándola—, a la que decidió renombrar como «Plasencia». Según Rodrigo Jiménez de Rada el rey de Aragón también repobló y fortificó Berlanga de Duero.[35]​ Tras esta campaña Alfaro, Corella, Soria, Almazán, San Esteban de Gormaz, Molina de Aragón, Traíd y Cella constituían las posiciones más avanzadas de Aragón en la frontera suroccidental.[36]

Vuelta a la frontera oriental y política occitana[editar]

En 1129 intentó conquistar Valencia, una vez libre de la presión leonesa, pero fue convocado un ejército almorávide para socorro, que fue derrotado sin paliativos en la batalla de Cullera. Sin embargo volvió al norte, quizá para calmar la situación tras la muerte de Céntulo de Bigorra, que había dejado sus dominios a su hija Beatriz en conflicto con Bernard de Comminges. De acuerdo a algunas fuentes, Alfonso intervino haciendo entrar en razón a Bernard.[37]​ Por el camino tuvo que reconquistar Monzón, que había sido perdido por traición tres años antes a manos del conde de Barcelona Ramón Berenguer III.[f]

Placa conmemorativa en Bayona

Mientras, el primer obispo de la Zaragoza reconquistada, Pedro de Librana, falleció entre abril y septiembre de 1029. La sede seguía vacante cuando, a principios de febrero de 1130, el rey Alfonso I repoblaba Monzón (que los almorávides habían recuperado -muy probablemente- en su expedición de 1126 contra Lascuarre) y se nombró a Estaban Cajal, obispo de Jaca-Huesca. Antes del 15 de febrero de 1130 ya había sido trasladado Estaban Cajal del obispado de Jaca-Huesca al de Zaragoza.

Alfonso atravesó el valle de Arán entre octubre de 1130 e inicios de 1131 para socorrer a sus aliados del otro lado de los Pirineos a los que debía protección. Gastón de Bearn y los señores de Foix y Cominges mantenían un enfrentamiento con el duque de Aquitania. Ante el descontento con Guillermo X de Aquitania, que gobernaba sobre el País Vasco Francés, atacó sus tierras. Sitió Bayona durante un año y se apoderó de ella en 1131. El monarca decía reinar «desde Belorado hasta Pallars y desde Bayona hasta Monreal». Probablemente fue durante este asedio cuando dictó su testamento, luego muy polémico.

Durante esa campaña, Alfonso se siguió preocupando de la repoblación y organización de sus territorio. Otorgó fueros a varias ciudades como Corella (1130) y Calatayud (1131).[39]​ Los fueros de Calatayud son especialmente relevantes, dado que en torno a esta ciudad organizó Alfonso la primera comunidad de aldeas aragonesa (comunidad de aldeas de Calatayud) en un modelo que sus sucesores repetirían para garantizar la seguridad de la frontera.

Últimas batallas[editar]

Estatua de Alfonso I en el parque del Retiro de Madrid.

En 1131, mientras el rey combatía en Gascuña, Gastón IV de Bearn y el obispo guerrero Esteban Cajal, combatieron en el sureste de Aragón contra los almorávides, que seguían acosando el reino. Tomaron el Maestrazgo y se dispusieron a consolidarlo, pero en uno de los últimos ataques musulmanes el vizconde y el obispo fueron muertos y los almorávides recuperaron el control. Así lo narra el historiador IbnʿIḏārī, según José María Lacarra:

Este mismo año (el 534 de la Hégira) murió el gobernador de Valencia Mohamad Yidar. Yintān ben ʿAlī la gobernó para consolación de Dios. Venció a los cristianos [24 de mayo de 1130], y la cabeza de su jefe, Gastón, fue traída a Granada en el mes de Yumada Segunda. Esto devolvió la sonrisa al emir de los musulmanes, ʿAlī ben Yūsuf, que estaba en Marrakech, añade Ibn ʿIḏārī.

El cuerpo de don Gastón fue rescatado por su viuda doña Talesa y sepultado en la iglesia del Pilar, hoy basílica y concatedral de Zaragoza.

Tras la muerte de Gastón, el rey volvió a su reino dejando la política occitana en manos de sus caballeros. En 1133 sitió y se hizo con Mequinenza, uno de los últimos bastiones islámicos al norte del Ebro y parte de la línea defensiva de Lérida. Sin embargo, Alfonso contaba con ejército menguado sin los bearneses y gascones de Gastón, que habían vuelto en masa a su tierra. En el mismo año conquistó Horta de San Juan, que constituyó junto con Escarp y Morella el confín oriental del Aragón de Alfonso I.

En el verano de 1134 estaba el rey sitiando la fortaleza de Fraga con apenas quinientos caballeros cuando un ataque de los almorávides, al mando de Avengania, con el que colaboró la guarnición musulmana, sorprendió a los sitiadores y los derrotó el 17 de julio. El veterano monarca recibió graves heridas. Aunque logró huir y salvarse en primera instancia, complicaciones de esas heridas causaron su muerte el 7 de septiembre de ese año en la localidad monegrina de Poleñino (entre Sariñena y Grañén). Fue sepultado en el monasterio de Montearagón, cerca de Huesca.[1]​ Según la Crónica de San Juan de la Peña, tenía 61 años de edad y había reinado durante la mitad de ellos.[g]

Testamento y sucesión[editar]

Hizo testamento en favor de Dios sic (1131) durante el asedio de Bayona, y más concretamente dejaba como herederas y sucesoras del reino a las órdenes militares de los Templarios, Hospitalarios y del Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén. Este testamento lo renovó en Sariñena en 1134:[40]

En nombre del bien más grande e incomparable que es Dios. Yo Alfonso, rey de Aragón, de Pamplona [...] pensando en mi suerte y reflexionando que la naturaleza hace mortales a todos los hombres, me propuse, mientras tuviera vida y salud, distribuir el reino que Dios me concedió y mis posesiones y rentas de la manera más conveniente para después de mi existencia. Por consiguiente temiendo el juicio divino, para la salvación de mi alma y también la de mi padre y mi madre y la de todos mis familiares, hago testamento a Dios, a Nuestro Señor Jesucristo y a todos sus santos. Y con buen ánimo y espontánea voluntad ofrezco a Dios, a la Virgen María de Pamplona y a San Salvador de Leyre, el castillo de Estella con toda la villa [...], dono a Santa María de Nájera y a San Millán [...], dono también a San Jaime de Galicia [...], dono también a San Juan de la Peña [...] y también para después de mi muerte dejó como heredero y sucesor mío al Sepulcro del Señor que está en Jerusalén [...] todo esto lo hago para la salvación del alma de mi padre y de mi madre y la remisión de todos mis pecados y para merecer un lugar en la vida eterna...

Ante el disgusto de los nobles aragoneses y navarros por el resultado del testamento, los aragoneses llegaron al acuerdo de que en Aragón le sucediera su hermano Ramiro, que reinó como Ramiro II el Monje, mientras que en Navarra eligieron a García Ramírez, el Restaurador, hijo del infante Don Ramiro, que estaba casado con una hija de El Cid. Se separaban así las coronas de Navarra y Aragón después de cincuenta años, quedando fijadas las fronteras definitivas entre Navarra y Aragón.

Los restos del rey fueron exhumados por dos veces: en 1920 (durante un congreso de historia) y en 1985, para su estudio.


Predecesor:
Pedro I
Rey de Aragón
1104 - 1134
Sucesor:
Ramiro II
Predecesor:
Pedro I
Rey de Pamplona
1104 - 1134
Sucesor:
García Ramírez
Predecesor:
Beatriz de Este
Rey consorte León
1109 - 1115
Sucesor:
Berenguela de Barcelona

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. «Como sus antecesores, Alfonso I ostentó el título de rey de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza».[6]
  2. «Al quedar viuda, la reina Berta gobernó Agüero, Murillo, Riglos, Marcuello, Ayerbe, Sangarrén y Callén. Mientras Alfonso el Batallador era rey de Aragón, Pamplona, Sobrarbe y Ribagorza, Berta era reina de territorios al pie de la sierra de Marcuello y de Callén y Sangarrén en la Hoya de Huesca. Una serie de tenentes se encargaban de estos lugares en su nombre».[7]
  3. Cabe destacar los hudíes de Zaragoza habían pagado parias a Castilla como protección contra Aragón. La derrota en Valtierra supuso su exilio por los almorávides, pero retuvieron el castillo de Rueda de Jalón, clave para garantizar el paso en el valle del Jalón. Sánchez-Pagín, J. M. C. (2003). en El conde Gómez González de Candespina. Su historia y su familia. Anuario de estudios medievales, 33(1), p.47 recoge una expedición de Candespina en 1110 en esa misma zona como:

    Se anota que "la reina sale con su ejército para Zaragoza". Advirtamos que los Almorávides habían ocupado esta ciudad el 30 de mayo de este año 1110 y que Imad al-Dawla, (Zafadola, el futuro aliado de Alfonso VII), pariente de los destronados reyes moros de este reino zaragozano, resistía en el castillo de Rueda del Jalón. Por los confirmantes podemos deducir el origen de las tropas integrantes de ese ejército, que iría en apoyo de Zafadola y en debilitamiento de los fieros Almorávides (San Millán, nº 330, p.220

    El Castellar se encontrababa frente a la desembocadura del Jalón, por lo que el favor del reino hudí de Rueda garantizaba una ruta directa desde Castilla a la fortaleza en que se encontraba Urraca.

  4. Cabe destacar la concentración de estos núcleos a lo largo de los ríos Ebro, Jalón y Huerva y el papel clave de esta población para mantener el sistema de balsas y acequias, heredado de época romana y califal y necesario para la agricultura. Para bibliografía más detallada, se puede consultar el apartado de regadíos de la Gran Enciclopedia Aragonesa
  5. a b Cabe destacar que, aunque tomada por Alfonso I, Sigüenza tenía una dependencia nominal del arzobispado de Toledo. Alfonso VI había designado obispos nominales para territorios aún por conquistar, algo posteriormente usado por el enemigo de Alfonso I, Bernardo de Sedirac. Uno de los resultados de las paces de Támara fue la división del corredor entre el Henares y el Jalón entre una zona castellana - Sigüenza, Medinaceli - y otra aragonesa - Ariza, Monreal de Ariza. La zona continuó siendo disputada entre ambos reinos durante los siglos siguientes.
  6. «Monzón había sido conquistado por Sancho Ramírez y Pedro I, perdido a manos Ramón Berenguer III por traición en 1127, y reconquistado en 1130».[38]
  7. Otra versión, perdida hoy, pero que figura todavía en el Diccionario Enciclopédico Hispano Americano de 1891, de Montaner editores, dice que Alfonso no murió en la batalla de Fraga sino que derrotado en esa ocasión, huyó en silencio a Palestina. Algunos años después, gobernando Aragón doña Petronila de Aragón, hija de su hermano Ramiro II, se presentó un hombre diciendo que era Alfonso el Batallador, siendo que todos los testigos de su edad que fueron llamados a reconocerle, coincidían en que era este, del mismo porte y facciones del rey dado por muerto. Como el testamento de Alfonso había sido complicado —y por otro lado, desobedecido— Petronila cortó por lo sano e hizo ahorcar al pobre hombre, quizás su rey verdadero. Se le ejecutó en sigilo y enterró con más sigilo aún en el monasterio de Montearagón, siendo mudado luego varias veces, hasta que en 1895 (año en que la entrada de esta Enciclopedia fue escrita) se hallaban sus restos en la iglesia de San Pedro el Viejo.

Referencias[editar]

  1. a b Ubieto Arteta, 1987, p. 79.
  2. Lema Pueyo, 2008, p. 258.
  3. Orcástegui Gros, 1985, p. 459.
  4. Lema Pueyo, 2008, p. 48.
  5. Ubieto Arteta, 1987, p. 217.
  6. Iglesias Costa, 2000, p. 152.
  7. Rubio Calatayud, 2004, p. 40.
  8. Ubieto Arteta, 1981, pp. 296-297.
  9. Lema Pueyo, 1990, doc. 9.
  10. Lema Pueyo, 2008, p. 35.
  11. Ubieto Arteta, 1981, pp. 104-105.
  12. a b c Dorronzoro Ramírez, Pablo (2014). «El episcopado “batallador” en tiempos de Alfonso I de Aragón y Pamplona». Estudios medievales hispánicos (3): 19. 
  13. Armesto, Victoria (1969). Editorial Galaxia, ed. Galicia feudal 1. p. 170-171. 
  14. Ayala Martínez, Carlos de (2008). Sacerdocio y reino en la España altomedieval: Iglesia y poder político en el occidente peninsular, siglos VII-XII. Madrid: Sílex (Historia Medieval). p. 376. ISBN 978-84-7737-214-1. 
  15. Lema Pueyo, 2008, p. 272.
  16. Lema Pueyo, 2008, pp. 273-75.
  17. Lema Pueyo, 2008, p. 273.
  18. Acuñación de moneda por Alfonso I en Segovia hasta 1123. Cabe recordar que Alfonso visitó la ciudad en 1119 y promovió la restauración de su obispado.
  19. Confirmación de donaciones en Sotosalbos en 1122
  20. Cabe recordar la presencia del obispo de Segovia en la fundación de la Cofradía de Belchite en 1122
  21. Sobrequés Vidal, 1985, p. 159.
  22. Sesma Muñoz, José Ángel (2000). La Corona de Aragón. Zaragoza: CAI (Colección Mariano de Pano y Ruata, 18). ISBN 84-95306-80-8. 
  23. Lema Pueyo, 2008, p. 141.
  24. a b
    • Rújula López, Pedro; Lafoz Rabaza, Herminio (1995). Historia de Borja. INO Reproducciones. p. 25-29. ISBN 84-606-2375-0. 
  25. Sobrequés Vidal, 1985, p. 160.
  26. Lacarra, 1978, p. 81.
  27. p.60
  28. García Omedes, A. «San Esteban e Gormaz: Nuestra Señora del Rivero». romanicoaragones.com. 
  29. Recuero Astray, Manuel (1979). Alfonso VII, Emperador. El Imperio Hispánico en el siglo XII. León: Centro de Estudios e Investigación «San Isidoro», Caja de Ahorros y Monte de Piedad, Archivo Histórico Diocesano. ISBN 84-00-04503-3.

    De esta forma se concibió la paz de Támara, según la cual Alfonso VII quedaba con el título imperial y Castilla, permaneciendo del lado aragonés Vizcaya y Álava siguiendo el cauce del río Bayas hasta su desembocadura en el Ebro. La frontera continuaba hacia el sur por Cellorigo, Bureba, Oca, Soria, Almazán y Calatayud.

  30. Ubieto Arteta, 1981, pp. 211-212.
  31. a b Lema Pueyo, 2008, pp. 222-223.
  32. Lema Pueyo, 2008, p. 224.
  33. Lema Pueyo, 2008, pp. 224-226.
  34. Rodrigo Estevan , 1999, capítulo 44.
  35. Ravier, Xavier; Cursente, Benoît (2005). «Le cartulaire de Bigorre (XIe-XIIIe siècle)». Documents inédits sur l'histoire de France (en francés) (36). p. 317. ISBN 2-7355-0610-X. 
  36. Ubieto Arteta, 1981, p. 180.
  37. Lema Pueyo, 2008, doc.232, pp- 317-318 y doc. 245, pp. 342-348.
  38. Ubieto Arteta, 1987, pp. 69-70.

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]