Alejandro Durán

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Alejandro Durán
Datos generales
Nombre real Gilberto Alejandro Durán Díaz
Nacimiento 9 de febrero, 1919
Origen El Paso, Magdalena Grande, ColombiaBandera de Colombia.
Nacionalidad Colombia
Muerte Montería, Córdoba, 15 de noviembre de 1989 (70 años)
Ocupación Acordeonero, compositor, cantante
Información artística
Otros nombres El negro Alejo
Género(s) Vallenato
Instrumento(s) Acordeón diatónico, voz
Artistas relacionados Nicolás "Colacho" Mendoza, Alfredo Gutiérrez.
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Gilberto Alejandro Durán Díaz (El Paso, 9 de febrero de 1919 - Montería, 15 de noviembre de 1989), conocido como el negro Alejo, fue un acordeonero, compositor y cantante colombiano de vallenato.

Biografía[editar]

Arminio Mestra Osorio y Albio Martínez Simanca, investigadores acerca de la vida y música de Alejo Durán afirman que:

            Su  familia estuvo vinculada por mucho tiempo a la Hacienda las Cabezas, cuyo nombre, en sus comienzos, fue hacienda Santa Bárbara de las Cabezas.  Su abuelo paterno trabajo en ella y, además, fue músico, tocó la gaita, el pito travesero y el acordeón. Tanto él como la abuela paterna, Estebana Mojica nacieron en el Paso. El abuelo fue el punto de partida para que Alejo forjara su talento artístico, con el apoyo de su familia (Mestra y Martínez, 1999:18).

Los mismos autores afirman que desde muy temprana edad Alejo le canto a la naturaleza, al paisaje, a los atardeceres y principalmente al amor.

Su familia:

El entorno familiar de Alejandro “Alejo” siempre estuvo vinculado con la música tradicional de su región de origen.

El primer Durán en El Paso fue Pío Durán un inmigrante oriundo de tierras paisas, se dice que el bisabuelo de Alejo Durán tocaba el tiple y la guitarra, este fue el padre de Juan Bautista Durán.

Juan Bautista Durán Pretelt , abuelo de Alejo Durán, fue tocador de gaita, pito travesero y acordeón.

Los padres de Alejo de igual manera que sus abuelos estuvieron vinculados al trabajo del campo. Náfer Durán, su padre ocupó todos los cargos de la Hacienda Tres Cabezas, y Juana Francisca Díaz se dedico a preparar la alimentación de los empleados de la misma hacienda; también tuvieron vínculos con otras haciendas. Ambos tuvieron que ver con la música, como práctica de su propia cultura tocando la gaita y los tambores. Náfer Durán Mojica, padre de Alejo fue un gran tamborero antes de ser reconocido como acordeonista, y Juana Francisca Díaz Villareal, fue recordada por los habitantes de El Paso con gran aprecio, debido a que a ella se le atribuye la raíz musical de Alejo, ya que fue la responsable de mostrarle a su hijo la tradición oral de las tamboras.

Esta pasión por la música hizo unir a los que serían los padres de Alejo encontrados y atraídos mutuamente en un cumbión: “Ella quedó impresionada como este tocaba el tambor de cuero de chivo, y cuñas de madera. El instrumento en sus manos retumbaba con alegría embrujo y belleza” (Maestra y Martínez, 1999:19).

Octavio Mendoza, “negro Mendo” tío de Alejo, considerado el músico más importante de la región, fue quien hizo despertar en el joven mayor interés por el acordeón. Rosendo Romero Villareal tío de la madre de Alejo fue un conocido compositor de merengue, sones y puyas.

En su libro: Diez juglares en su patio, Jorge García Usta y Alberto Salcedo Ramos, en entrevista con Alejo Durán cuentan sus palabras:

“Mire, mijo, desde cuando aprendí a tocar el acordeón, me di cuenta de que nada hacia si no lo ponía a hablar. Fue mi padrino, Víctor Julio Silva, quien me dijo que lo importante era el estilo, no la rapidez con que recorriera el teclado.

Cuando alguien me hablaba de digitación, es como si se lo dijera a un sordo. Es que yo no tengo nada que ver con digitación. Yo soy un acordeonero con estilo.

Me acostumbré a tocar melodía. A tocar lo que voy a cantar y después a tocar lo que ya canté. Yo no me rajo los dedos echando a correr las notas, pero le aseguro que tengo mi estilo y que si usted me oye tocando desde lejos, sabe enseguida que soy yo el que estoy tocando. Los otros se confunden, yo no” (en García y Salcedo, 1994: 24).

En este fragmento podemos apreciar no solo la forma en que Alejo veía sus obras, vemos la forma en la que ve la música y hasta como la siente, algo que los mismos músicos le conocen como interioridad de la música, se refiere al como el resultado del músico debe sentirse natural, y es de esta forma como las melodías transfieren diversas emociones a los espectadores, y esto mismo es lo que más comúnmente se conoce como estilo, ese no se que permite distinguir un músico de otro; no es fácil encontrar músicos con tales habilidades..

El Juglar Inmortal

El 9 de febrero de 1919 fue la llegada de Alejandro Durán a este mundo, quien se ganaría el sobre nombre del juglar inmortal.

La vida de Alejo Durán parecía estar destinada a ser muy similar a las de sus padres y abuelos dedicados a labores campesinas.

En entrevista radial realizada por David Sánchez, Alejandro Durán afirma:

“Resulta que ahora soy cesarense, yo soy el hombre de las tres eses magdalenés de nacimiento, cesarense por decreto y cordobés de corazón. Yo nací prácticamente hay (hacienda tres cabezas), a los diez años se me encargó, recibí la misión de racionero, racionero es la persona que reparte comida a los trabajadores, entonces yo… ese era mi empleo hasta que logre ser un hombrecito ya de servicio, entonces me pusieron de casero, para atender los oficios de la casa, cortar leña y darle de comer a los animales”. Extraído de entrevista de radio con Alejo Durán. https://www.youtube.com/watch?v=EjR48E59aQU: ´3:30.

Fue a los 20 años cuando “Alejo” se unió al acordeón en su natal El Paso con el apoyo de su tío Octavio Mendoza. En aquel momento, no se dedicaba totalmente a la música, pues junto con su hermano Náfer y su padre tenían un negocio de aserrío. Sólo hasta que Alejo cumplió los 28 años decidió dedicarse por completo a sus composiciones, melodías y a su acordeón.

Así comenzó la leyenda de este gran acordeonista y compositor conocido por ser un parrandero, animador de fiestas y mujeriego, pero con un rasgo especial que lo diferenciaba del grueso del gremio musical, pues era abstemio, hecho particular muy difundido entre sus compañeros de parranda, no muy entendido por ellos, pero al mismo tiempo respetado. Alejo se refería en esporádicas ocasiones a este hecho asegurando que era testigo de cómo el alcohol hacia que los hombres golpeasen a las mujeres y también como en una ocasión se emborrachó y entonces golpeó a su mejor amigo de esa época.

Sobre su personalidad de hombre mujeriego pero abstemio, existe una curiosa anécdota que relata como en la intimidad una mujer complacida le dijo en una ocasión:” ¡Alejo, emborráchate para que me digas que me quieres, aunque sea de mentira!” (Por Maestra y Martínez, 1999: 44).

 El Paso Cesar fue en su pueblo natal en donde viviría hasta 1950, año en el que se aventuró a la ciudad de Barranquilla, en esta ciudad comenzó a trabajar como mecánico, aunque no tenía idea de tal oficio, pero el buen nombre y las recomendaciones de sus amigos hicieron que no le fuera difícil hacerse con el trabajo, y fue en este mismo año cuando grabó su primer disco, cuando en una parranda se encontró por mera casualidad a un empleado de discos Atlantic, éste vio en “Guepaje” una canción irresistible como para no ser grabada, así fue como al día siguiente del parrandón se grababa la primera canción de Alejo.

García y Salcedo dicen en su libro Diez Juglares en su patio sobre esta nueva etapa de la vida del maestro:

“Recuerdo cuando empecé a grabar, en laminas de acetato: el dueño del negocio me daba 20, 30 placas de esas, y yo mismo salía a pregonarlas de pueblo en pueblo. Después, le traía la plata. El sacaba el gasto de la hechura y el resto lo partíamos entre los dos. Ahí mismo volvíamos a grabar otra cosa y de nuevo me iba, a vender esas canciones. Hubiera visto usted por donde andábamos nosotros. Casi siempre andábamos mal andados, por los caminos de esa época, que eran muy pesados. Muchas veces ni los burros ni los caballos querían andar, de tan enredado que estaba el trafico. Por eso nos alegrábamos de tanto en tanto, después de esas correduras tan largas, la gente nos mostraba aprecio y nos compraba todos los discos” (en García y Salcedo, 1994: 44).

En 1968, la música de Alejo lo llevaría a México quien hacia parte de la delegación artística colombiana en los juegos olímpicos, en donde le dieron una medalla de plata, única medalla traída por algún nacional de este certamen. New York también hizo parte de sus destinos en 1977, junto con otros artistas exponentes de la tradición colombiana se presentó en el Sunnyside Garden.

Gabriel García Márquez fue gran amigo de Alejo hecho muy conocido entre sus allegados, Alejo era muy bien recibido en casa de Gabriel García y a este la música del juglar era de su deleite, sobre el acordeón de su amigo el músico este se pronunció:

“No se qué tiene el acordeón de comunicativo que cuando lo oímos senos arruga el sentimiento”


Fidelina y su acordeón

En relación con sus inicios en el acordeón y la fuente de inspiración en una de sus piezas más famosas, en la entrevista realizada por David Sánchez a Alejandro Durán, este cuenta que:


                  “A.D:Yo era encargado de uno de los tipos cuando dirigieron la ganadería[…] ahí conocí a Fidelina. Fidelina y te la describo era una muchacha alta, delgada, un color canela, carita redonda.

D.S: Fidelina y el acordeón hacen parte de los inicios su vida.

                  A.D: Claro que sí, y como después de todo, mi vida, mi amigo confidente, y parte del alma mía como siempre lo he dicho es mi acordeón. Ahora sí le digo primer amor por que después de mi madre, mi acordeón y ahí sigue el resto. 
                  D.S: ¿Cómo entra en contacto usted por primera vez con el acordeón? 
A.D: Bueno eso si fue una cosa muy sencilla, en mi casa todos eran músicos, yo cogí el acordeón como cualquier cosa, cogí el acordeón a ensayar, así empecé, mi primera pieza que eche era ésta…(suena el acordeón) estaba la múcura en todo su furor. Así empecé y ese fue el primer sonsonete que toqué: la múcura”(Sánchez Juliao, David https://www.youtube.com/watch?v=EjR48E59aQU año: 3:14) 

Alicia

Esta canción es un lamento por la pérdida por la se convirtió en su más amada compañera, a este agrio instante de su vida, Ricardo Gutiérrez escribió en el diario el Heraldo:

“Este recorrido tortuoso de senderos enredados en busca de la calma se acentúo con la muerte de su esposa Alicia Carrillo, cuyo deceso le produjo un dolor profundo, el cual plasmó en una de las más bellas canciones vallenatas Alicia adorada, grabada como un lamento por Alejo Durán, en donde conjuga impotencia, angustia, sufrimiento y la nostalgia que inmisericordemente lo laceraba. Después de este duro golpe nunca se levantó, ya no tenía una razón para vivir, era imposible soportar esa pena, ella era su sol radiante, no una nube pasajera más, esta pena le desbordó el alma y lo aniquiló. Como Dios en la tierra no tiene amigos /Como uno no tiene amigos anda en el aire /Tanto le pido y le pido, ay hombre /siempre me manda mis males. /Se murió mi compañera, qué tristeza /Alicia mi compañera, qué dolor /Y solamente a Valencia, ay hombre /el guayabo le dejó”. Ricardo Gutiérrez: 2013: Diario El heraldo.

El Primer Rey Vallenato

En el primer festival de la leyenda vallenata realizado en el año de 1968, dejo como primer rey vallenato a Alejandro Duran, esto no solo lo consolido como el mejor acordeonista, sino que su peculiar forma de vocalizar sus canciones, además de su carisma era aceptado de gran manera por su público, cualidades a las cuales podríamos agregar también la manera sencilla de comunicarse y el mensaje que transmitía.

“Fue así como un 27 de abril de 1.968, en una improvisada tarima de madera, organizaron el primer concurso de acordeoneros con la participación de Emiliano Zuleta Baquero, Alejandro Durán, Luis Enrique Martínez y Ovidio Granados Durán. Sobre este primer festival existe una anécdota bastante simpática. Resulta que un grupo de asistentes daban por ganador al viejo Emiliano Zuleta y se lo llevaron a festejar anticipadamente durante toda la tarde, olvidándose que tenía que regresar a la tarima por la noche a competir nuevamente. Como al tercer llamado no apareció, lo descalificaron y con ello le despejó el camino a su más fuerte contrincante, el gran Alejo Durán, quien con una magistral ejecución interpretó el son “Alicia Dorada” la puya “Mi pedazo de acordeón”, el paseo “La cachucha bacana” y el merengue “Elvirita”. El jurado que estaba integrado por Rafael Escalona, Tobías Enrique Pumarejo y Gustavo Gutiérrez Cabello entre otros, lo eligieron como el primer Rey Vallenato”. Indalecio Dangond: 2014: Diario el Heraldo.

Aseguran Maestra y Martínez que alrededor de Alejandro Durán se formó un aire de misticismo y superstición, sus más cercanos amigos aseguraban de él que tenía “negocios” con diablo, porque no era posible soportar hora tras hora de ejecuciones sin igual en el acordeón, siendo aun más enigmático en sus últimos años de carrera artística debido a su edad, además se cuenta que antes de comenzar cualquier presentación rezaba en voz baja oraciones y sortilegios, a demás de sobarse las coyunturas de sus dedos con manteca de lobo pollero.

“A mí hay gente que me conoce sin conocerme. Pura fama. Como será, que cuando se hizo el primer festival vallenato yo Salí de Planeta Rica con mi acordeón, dispuesto a participar. Cuando llegue a Bosconia, Cesar, me baje para tomarme una sopa. La señora que me atendió se quedo encantada mirando el acordeón y me pregunto para donde iba. Bueno voy para el Valle, a ver si me gano el festival. La señora me miro con lastima: Yo le aconsejo que se devuelva, pues usted no ganara ni en sueños. ¡Imagínese que va a participar Alejo Duran! ”. (en García y Salcedo, 1994: 62).

Pobre Negro

“El pobre negro”, este apodo fue acuñado por el mismo Alejandro Durán a lo largo de su carrera artística, hacia el final de la cual, ya se le notaba cansado y a sus 70 años realizó su última presentación, fue un primero de noviembre en el tercer encuentro de compositores costeños (1989) evento al cual acudió como jurado, pero aun así no se pudo escapar de la tarima, anciano y con una dolencia cardiaca fue así como la gente lo recibió con gran fulgor y entusiasmo, era ya una leyenda en vida conocido a lo largo y ancho de todo Colombia; al dejar la tarima dejaba ver sus quebrantos de salud, y estos pasos lentos hicieron presagiar que estos serían los últimos días del maestro.

El diez de noviembre fue internado en una clínica, y los médicos dieron a conocer sus profundos problemas cardiacos, fue así como el país entero se concentro en la salud del Juglar; en Montería, el día 15 de noviembre de 1989 Alejo, el pobre negro, el juglar inmortal, dejaba sus andanzas terrenales para continuar ahora su parranda en el cielo.

Llevar el cuerpo de Alejo desde Montería a Planeta Rica en una ambulancia fue la solución más acertada por parte de los familiares del vallenato, fue un trayecto de alrededor de 52 kilómetros, labor en la que el primer rey vallenato nunca se encontró solo, pues una masa de gente lo acompañó durante todo el camino, cada vez más cerca de su última morada ésta gran multitud se hacía más grande, gente de todos los rincones del la costa y del país, negros mulatos, blancos, campesinos, citadinos… todos se empujaban por querer estar cerca de Alejo, y darle su ultimo adiós, era la reunión de todo un país diverso unido únicamente por un hombre y su acordeón.

A lo largo de su último paseo por su querida Planeta Rica, una banda heráldica acompañaba al primer rey vallenato, alguien se atrevió a afirmar que alrededor de diez mil personas, y su féretro estaba envuelto por la bandera de Planeta Rica, pero fueron su sombrero voltiao, su acordeón y su corona del rey de reyes coronado por su pueblo quienes estuvieron con su amo hasta en este momento.

En el año de 1990, en la versión 23 del festival de la leyenda vallenata fue organizado en su honor y se realizó el reconocimiento como el primer rey vallenato (Maestra y Martínez).

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]