Afromexicano

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Escultura de Yanga en la veracruzana que lleva su nombre.

El término afromexicano es utilizado para identificar a los mexicanos de ascendencia africana subsahariana, también son llamados afrodescendientes aunque este termino ha entrado en desuso. Los afromexicanos se ubican principalmente en las zonas costeras y en los poblados a las orillas de los ríos en los estados de Guerrero, Oaxaca, Michoacán y Veracruz, a partir de 2015, el INEGI decidió contar a los mexicanos negros por una fuerte presión que ejercieron los activistas e intelectuales,[1] [2] argumentando que los afromexicanos no se identifican con los grupos indígenas ni los mestizos en todos los ámbitos, racial y cultural. Los pobladores originarios migraron de manera forzada, en calidad de esclavos, procedentes de Gambia, Senegal, Guinea, Congo, Guinea Ecuatorial, Angola y Mozambique. En México, los asentamientos más conocidos de afrodescendientes se ubican principalmente en las regiones del Río Papaloapan Oaxaqueño (Acatlán, Cosolapa, Tuxtepec y Loma Bonita), la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca, en la región centro-golfo del estado de Veracruz (Yanga, San Juan de la Punta, La Antigua, Rodríguez Clara, Hueyapan, Cosamaloapan), la Costa Grande de Guerrero, la región de la Tierra Caliente en Michoacán, en los Altos y el istmo-costa en Chiapas, así como en el municipio de Múzquiz en el estado de Coahuila.[3]

Los estados con mayor población afromexicana, respecto de su población total, son: Guerrero (49 %), Oaxaca (35 %), Veracruz (24 %), Morelos (17 %), Baja California Norte (11 %), Michoacán (9 %) y Yucatán (6 %).

Hernández-Díaz indica sobre los mismos que: "es fácil afirmar que en México existe un grupo de personas que son descendientes de las poblaciones que fueron traídas del continente africano o de otras partes del llamado Viejo Mundo, lo que es complicado es su identificación, no es posible afirmar con certeza quiénes son y dónde están."[4]

La estimación de los especialistas sobre el tamaño de la población afromexicana en la Costa Chica es de 15.000 a 50.000 en el estado de Guerrero y unos 35.000 en el estado de Oaxaca.[5] En el norte de Oaxaca, la negritud se ha concretado en los llamados "jarochos", lo que también implica una dificultad para su conteo en virtud de las políticas de desintegración identitaria fomentadas por los propios gobiernos. Estas políticas orillan a que muchos individuos no se identifiquen con su origen étnico y cultural remoto e inclusive tampoco con su origen inmediato.

Denominación[editar]

Dentro del Museo de las Culturas Afromestizas en Cuajinicuilapa

En el límite de los estados de Oaxaca y Guerrero vive actualmente un sector de la población que puede ser identificada como afrodescendiente. En casos específicos son llamados y se hacen llamar: afromixtecos, afromestizos, afromexicanos, negros, morenos o costeños.[4]

El término para indicar el tipo de población a la que pertenecen los mexicanos descendientes de africanos subsaharianos no ha sido elegido por consenso. Cada autor le llama como mejor le parece.[6] Por ejemplo: el término afromestizo es el más utilizado en el país, el cual fue difundido principalmente por Gonzalo Aguirre Beltrán y otros investigadores de su época. En escritos más recientes, algunos investigadores, en su mayoría mexicanos, han optado por seguir utilizando el término. Otros investigadores extranjeros, como Ben Vinson, III[7] y Bobby Vaughn,[8] han decidido llamarles afromexicanos, por el mismo motivo por el que se llaman a sí mismos afroamericanos. La ONU ha usado el término afro-mixteco, ya que los estudios más citados se refieren a la mezcla de personas negras con indígenas mixtecos.[6] Juan Ortiz Escamilla explica que manera el término negro construyó, a lo largo de un proceso histórico, el término Jarocho, que es con el que se identifican los habitantes afrodescendientes de la cuenca del río Papaloapan oaxaqueño y veracruzano. Las compañías milicianas de Veracruz. Del "negro" al "jarocho": la construcción histórica de una identidad. Revista Ulúa, Número 8. julio-diciembre de 2006.IIHS-UV pp. 9-29

Historia[editar]

Pintura de castas

Cuando los españoles llegaron a Mesoamérica, trajeron esclavos africanos. La presencia de africanos en el Nuevo Mundo fue estrictamente laboral, debido a la disminución de la población amerindia, así como por la imposibilidad legal de hacer de los nativos americanos esclavos y, más tarde, por la prohibición del Papa contra la esclavitud. Estas circunstancias llevaron a los españoles— y a otros colonos europeos en otras regiones de América, en general— a importar grandes cantidades de esclavos procedentes de Ghana, Gabón, Costa de Marfil, Senegal, Gambia, Nigeria, el Congo y Angola.

Esclavitud en la Nueva España[editar]

Se sabe que varios grupos africanos fueron traídos a la Nueva España inmediatamente después de iniciada la conquista como esclavos y que, al menos una parte, estaban destinados a ocuparse en “el servicio doméstico y como hombres de confianza en los ejércitos”.[9] Un claro ejemplo de los negros conquistadores es Estebanico, un esclavo que participó en la conquista con Álvar Núñez Cabeza de Vaca entre 1528 y 1536. Se registró en escritos españoles, que este hombre producía gran temor entre los enemigos indígenas por su gran tamaño y musculatura.[10]

Esa inmigración fue pequeña comparada con las oleadas posteriores. La gran mayoría de los grupos africanos llegaron a partir de 1580, cuando los portugueses se hicieron cargo de la trata de esclavos llevados a trabajar en las haciendas de los españoles en la Nueva España. A varios de ellos les fue asignada la posición de capataces, encargados de vigilar el trabajo que hacían los esclavizados, la mano de obra indígena y otros afrodescendientes libres.[11]

De África hacia la Nueva España[editar]

Aunque la gran mayoría de migrados tuvieron sus raíces en África, no todos hicieron el viaje directamente al continente americano, algunos atravesaron por otros lugares del mundo hispano de esa época. Los que venían de África pertenecían sobre todo a grupos sudanés y bantú.

Sabemos la procedencia de los esclavos gracias a diferentes documentos como las cartas de compra-venta. En un principio, los esclavos provenían de las islas de Cabo Verde y los ríos de Guinea[12] aunque más tarde también se extraían de Angola y las islas Canarias.[6] Para decidir el sexo de los esclavos que mandarían al Nuevo Mundo se hacían cálculos que incluían el rendimiento físico y la reproducción. Procuraban importar la mitad de mujeres y la mitad de hombres, pero más tarde se dieron cuenta de que los hombres podían trabajar por más tiempo sin cansarse y que rendían de manera similar a lo largo del mes, a diferencia de las mujeres, quienes sufrían de dolores y enfermedades más fácilmente.[6] Por ello comenzaron a importar un tercio de mujeres del total de esclavos. Del continente africano se extraían los esclavos de piel oscura, “los primeros verdaderos negros fueron extraídos de Arguín.”[13] Más tarde, en el siglo XVI, los esclavos negros provenían de Bran, Biafara y Gelofe, en Cabo Verde. Los negros estaban clasificados en varios tipos, dependiendo de su abundancia, procedencia y, mayoritariamente, sus características físicas. Abundaban especialmente dos: Los primeros, llamados retintos o atezados, provenían de Sudán y la costa de Guinea. El segundo tipo eran los amembrillados o amulatados, cuyas características incluían un tono de piel menos oscuro; si se comparaban con los negros-negros, se podían distinguir en su piel tonalidades amarillas.[14] Como puede deducirse por estas pocas notas, el origen de la población negra en México fue diverso. Tal diversidad, al igual que la de los grupos indígenas, pretendió ser homologada por las políticas del Estado mexicano, en un intento de construir una identificación cultural única. A pesar de su número y de su importancia en la historia de México, la presencia de la población de descendientes de origen africano en México es ignorada por la mayoría de los mexicanos aún hoy.

Demografía en el Virreinato[editar]

El Costeño de José Agustín Arrieta, quien pintó a un adolescente negro de Veracruz, vendiendo mamey, tunas y pitahayas.

Según Latorre, citado por Gonzalo Aguirre Beltrán en su estudio etnohistórico, para 1570 había un total de 18, 569 esclavos, de los cuales 10,595 estaban en la ciudad de México. Otras cifras dadas por Gonzalo Aguirre Beltrán en 1646 aseguran que eran 25,089 en todo el país y 19,441 de ellos estaban en la ciudad de México. El número de esclavos se multiplicó con rapidez.[6]

En el momento de independizarse, el país tenía cerca de 6 millones de habitantes, aunque se redujo a 5 millones tras las guerras de independencia (1808-1822). La población en ese momento se componía de un millón de blancos, 1.3 millón de mestizos, zambos y mulatos (castas propias de la Nueva España) y 3.6 millones de indígenas.

Africanos y Afromestizos en Censos de la Nueva España[editar]

Población por castas en La Nueva España[15]
Casta Habitantes 1793 Proporción 1793 Habitantes 1810 Proporción 1810
Europeos 7,904 0.2 18,000 0.2
Africanos 6,100 0.1 10,000 0.1
Indígenas 2,319,741 61.0 3,676,281 60.0
Euromestizos 677,458 17.8 1,092,367 17.9
Afromestizos 369,790 9.6 624,461 10.1
Indomestizos 418,568 11.2 704,245 11.5
Total 3,799,561 100.0 6,122,354 100.0

Libertad y esclavitud[editar]

Durante la lucha por la Independencia en 1810, se formaron ejércitos compuestos de diversas castas. Tanto Miguel Hidalgo así como José María Morelos fueron de los primeros libertadores en decretar la abolición de la esclavitud en territorio mexicano y, de manera más amplia, de los primeros en abolir la esclavitud en todo el continente americano.

Asentamientos[editar]

En el actual municipio de San Juan Bautista Tuxtepec, en Oaxaca, se encuentra asentado el pueblo de Santa María de Guadalupe de los negros de Amapa. Fue fundado en 1769 a petición del capitán de lanceros, el negro Fernando Manuel quien, junto con otros 52 cimarrones evadidos de los trapiches cordobeses de Cacahuatal San Antonio, se asentó en un paraje cercano conocido como Refugio y Mandinga. Ricardo Flores Magón, en una carta dirigida a su hermano Enrique, da cuenta de que, a finales del siglo XIX, dichos negros bailaban el huapango zapateado en tarimas. Años antes, el jefe político de Tuxtepec, de apellido Medina, informa al gobernador la manera en que los mulatos de Tuxtepec celebran el huapango, el tipo de ropas que visten, así como la manera en que bailan y tocan los sones jarochos. La Revolución mexicana y, a mediados del siglo XX, la inundación de las presas actuales, terminaron un proceso de diseminación de la negritud a lo largo y ancho de los municipios que integran la cuenca del Papaloapan oaxaqueño y veracruzano. Hasta la fecha se cuenta con una fuerte presencia negra difuminada y extraterritorial, cuya expresión concreta es la cultura jarocha. Ver Adriana Naveda "De San Lorenzo de los negros a los morenos de Amapa". IIHS-UV Gonzalo Aguirre Beltrán relata, en su Estudio Etnohistórico de la Población Negra en México, que el mestizaje ha diluido, casi por completo, las diferencias que originalmente había entre razas, excepto en algunos lugares de Refugio, especialmente las regiones costeras del océano Pacífico.

En la Costa Chica todavía se encuentran pueblos negros que se distinguen claramente de los vecinos por sus rasgos culturales, que no son del todo contemporáneos. Aún puede notarse en estas poblaciones un toque colonial y conservan parte de su identidad.[6]

Situación socio demográfica de los afromexicanos, una historia de vulnerabilidad[editar]

Álvaro Carrillo, compositor mexicano de raíces negras.

La población afrodescendiente de la costa oaxaqueña se concentra en el distrito de Jamiltepec y en los municipios de San José Estancia Grande, Santa María Cortijo, San Juan Bautista Lo de Soto, Santiago Tapextla, Santo Domingo Armenta, Mártires de Tacubaya, Santiago Llano Grande, Santiago Tetepec, San Andrés Huaxpaltepec, Santa María Huazolotitlán, Santiago Jamiltepec y Santiago Pinotepa Nacional. En este conjunto de municipios, de acuerdo con el antropólogo Pedro Martínez, por lo menos un tercio de su población son afrodescendientes y comparten el territorio con pueblos indígenas y mestizos.[16] Del lado de la costa de Guerrero se encuentra Cuajinicuilapa, lugar al que se le conoce como la capital de los negros de México por ser la ciudad de ascendencia afro más grande y desarrollada de la región. En este lugar se encuentra el primer museo dedicado a las culturas afromestizas. Dentro de la región costa chica de Guerrero se encuentran también municipios como Marquelia, Cruz grande, Juchitán, Azoyu, Copala, San Marcos, Cuauhtepec y Acapulco.

De acuerdo con los datos más recientes (2005), dichos municipios tienen una población de 96,470 personas (52% mujeres y 48% hombres), que representa el 20% de la población total de la costa.[16]

Así pues, observando las características de algunos grupos de edades importantes, se observa que el 36% de la población total es menor de 15 años, el 58% se encuentra en edad laboral y el 56.8% de las mujeres se encuentran en edad reproductiva, es decir, entre 12 y 49 años.[16]

Cabe destacar que la mayoría de la población vive en localidades rurales; es decir, en poblaciones con menos de 2,500 habitantes, lo cual muchas veces ha sido sinónimo de vulnerabilidad, aislamiento o exclusión de los programas institucionales. Más aún, considerando datos del 2005, la zona presenta importantes rezagos en la salud reproductiva, como el fallecimiento de 28 a 42 niños menores de un año por cada mil nacidos vivos, que rebasa en mucho a los 13.8 decesos de infantes ocurridos en el Distrito Federal.[16]

Adicionalmente, la región donde viven los afrodescendientes presenta todavía, a pesar de haber estado disminuyendo en los últimos años, altas tasas de fecundidad. Un ejemplo es la población de Santiago Jamiltepec, donde la tasa es de 5.3 hijos nacidos vivos por mujer, condición que se manifiesta en la zona con el nacimiento de hasta 24,7 niños por cada mil habitantes. Ello puede deberse a la falta de acceso a los sistemas de planificación familiar o a la presencia de un clima social y cultural que impide la toma de decisiones sobre la sexualidad y reproducción, en especial de las mujeres. Esta condición, aunada a otros factores como la falta de atención obstétrica de calidad o la poca participación de los hombres en el cuidado del embarazo, en ocasiones puede redundar en altos índices de muertes maternas, como el alcanzado durante varios años en Santiago Pinotepa Nacional y Santiago Jamiltepec.[16] En cuanto a la fecundidad adolescente, es decir, en mujeres de 15 a 19 años, puede observarse esta influencia que implica riesgos en la salud de la madre y su descendencia, además del aumento de posibles limitaciones en el curso de vida de los jóvenes. En la región se observan los mayores porcentajes de mujeres con hijos en este rango de edad en los municipios de Santiago Jamiltepec (9.6%), Mártires de Tacubaya (4.4%), Santiago Pinotepa Nacional (4.2%), San José Estancia Grande (4%), Santa María Cortijo (3.4%) y Santiago Tapextla (3.3%).[16]

A su vez, la población vive con niveles de marginación que oscilan entre altos y muy altos, destacándose entre sus indicadores la baja concentración territorial de la población, la reducida percepción salarial (en promedio el 78.6% de la población sólo tiene ingresos de hasta 2 salarios mínimos), el hacinamiento o concentración de más de dos personas en una habitación (característica de casi el 55% de las viviendas) y la población sin primaria completa, que en promedio presenta el 46.3% de la población de estos municipios.[16]

Por lo tanto, como en gran parte de las comunidades donde la marginación y la vulnerabilidad social son intensas, se observa una alta dependencia económica en la mayoría de estos municipios, llegándose a superar la tasa de 71 dependientes por cada 100 personas activas. Todo esto se traduce en la necesidad de un mayor esfuerzo laboral de las personas en las comunidades, ya sea incrementando sus jornadas, su número de trabajos, etcétera, para sostener económicamente a sus familiares, quienes en muchos de estos casos son jóvenes. Ello implica, por un lado, el incremento de los niveles de consumo y, por el otro, la disminución de los niveles de ahorro e inversión familiar. En este sentido resalta el caso de Santiago Tapextla donde, por cada 100 personas activas, existen 115 inactivas.[16]

Migración afrodescendiente[editar]

La República Mexicana es el tercer país con mayor emigración por debajo de China y la República Democrática del Congo, desde donde migran, al año, por lo menos 558 mil personas hacia Estados Unidos. En este sentido, se calcula que la población mexicana que ha emigrado al vecino país del norte es mayor a 11 millones de personas.

Por su parte, Oaxaca es el cuarto estado a nivel nacional donde es más importante la expulsión neta de población, sólo por debajo de Michoacán, Guerrero y Zacatecas, estimándose la salida neta de 51 mil personas al año. Del 2000 al 2005 se estimó la salida de aproximadamente 90 mil 439 personas de la Costa, lo que coloca a esta región en el cuarto lugar estatal de acuerdo con la importancia de la expulsión neta.

En la mayoría de los municipios con afrodescendientes se tiene una salida creciente de personas. Algunos efectos de la migración en la zona son el incremento de los ingresos familiares, el despoblamiento de las comunidades de la fuerza laboral más vigorosa y la importante, aunque polarizada, atracción de población.

En concordancia con información estadística, es innegable la búsqueda de empleo como la principal motivación de los emigrantes. Por ello, es importante el hecho de que en los municipios con mayor presencia afrodescendiente del distrito de Jamiltepec se encuentren tasas negativas de crecimiento de la población en edad laboral, es decir, en individuos de 15 a 64 años, atribuible seguramente a los movimientos poblacionales hacia otras entidades de la República o Estados Unidos. Al respecto, se da una mayor disminución en los hombres que en las mujeres.

Se estima para el 2020 una disminución de aproximadamente 19,901 personas en la población de todos los municipios de esta región afrodescendiente, el cual se manifestará más en aquellos mayormente vinculados a la migración internacional actual.

De acuerdo con el censo de los Estados Unidos de América correspondiente a 2010, 0.9% de la población de ascendencia mexicana identificaban su raza como "negro" o "afroamericano".[17]

Transferencia de recursos económicos[editar]

La llegada de divisas a Oaxaca en el 2007 sumó 1,272.2 millones de dólares, lo que significó su crecimiento nominal 8 veces en 12 años, ubicando a la entidad en el octavo lugar nacional en su captación. A nivel regional, con datos del 2000, se sabe que aproximadamente el 13.9% de las remesas llegan a la Costa, ubicándose en el tercer lugar en su recepción, mientras un poco más de la mitad de estas divisas se concentran en Valles Centrales y la Mixteca. Sobre esta base, la mayoría de los municipios de la Costa tienen por lo menos algún hogar perceptor de remesas, lo cual en el caso de las comunidades con población afrodescendiente no es la excepción, como se observa en las mejoras de las condiciones materiales de las viviendas y el bienestar de las familias con migrantes. En general, el flujo de transferencias monetarias internas e internacionales son destinadas principalmente para la subsistencia de las familias, el mejoramiento de las viviendas, la salud, el incremento de la educación escolarizada, la reproducción de la cultura y la inversión productiva en las comunidades de origen.

La identidad de color de México[editar]

La identidad afromexicana de la costa de Oaxaca[editar]

Afromexicano de la costa oaxaqueña.

En la Costa, la pertenencia a la cultura afrodescendiente se explica por un conjunto de elementos que van mucho más allá del color de la piel. Ser negro significa muchas cosas. En un primer acercamiento puede decirse que existen, al menos, tres factores que identifican a una persona como negra: el color de la piel, la textura del cabello y el lugar de nacimiento (haber nacido en un pueblo considerado negro). Pero en realidad, una persona no necesita tener la piel oscura, el cabello ensortijado ni ser de un pueblo negro para ser considerado negro. Es la interacción entre los factores que determinan a un negro y, usualmente, se requiere que dos de esos tres factores estén presentes para reconocer a la persona como negra o bien el reconocimiento de aquellos que forman parte de esta comunidad.[4]

Además de los factores arriba señalados, también existen características que en esta zona son adjudicadas de forma particular a los negros. Algunas de esas peculiaridades están asociadas a las ocupaciones de la población negra. Algunos trabajos, que contribuyen a la economía de la región, son específicamente ejercidos o realizados por los negros. Por ejemplo, se considera que la pesca es una actividad donde se emplean los habitantes de los pueblos costeños; otra actividad es la recolección de copra o el trabajo en las haciendas ganaderas, especialmente en las actividades relacionadas con la producción de leche y de queso.[4] Aunque muchos de los habitantes de la Costa considerados o autodefinidos como negros se hacen cargo de esos sectores de la economía, no necesariamente son exclusivos de ellos y viceversa.

Los integrantes de los pueblos negros también se distinguen por los apellidos que acompañan sus nombres, lo que da lugar a una estrecha red de relaciones que se manifiestan en actividades recreativas, visitas mutuas, con los que actualizan los vínculos que dan sustento a su identidad y mediante los cuales adquieren un pleno conocimiento de los hechos que suceden en cada pueblo.[4]

En Oaxaca, se encuentran afrodescendientes en los distritos de Jamiltepec, Juquila, Pochutla, Juchitán, Tuxtepec Loma Bonita, Acatlan, Cosolapa y Cuicatlán. Los municipios de mayor presencia de afrodescendientes son: San José, Estancia Grande, Santo Domingo Armenta, San Juan Bautista Lo de Soto, Santa María Cortijos, Santiago Tapextla, Santiago Jamiltepec, Santa María Huazolotitlán, San Andrés, Huaxpaltepec, Santiago Tututepec y Pinotepa Nacional.[18]

Algunos de los pueblos oaxaqueños más reconocidos con población de afrodescendientes en la Costa Chica son: Chicometepec, El Cerro de la Esperanza (Cerro del Chivo), José María Morelos (Antes Poza Verde), Paso del Jiote del Municipio de Huazolotitlán, Llano Grande (La Banda), Rancho Nuevo, Santa María Cortijo, Collantes, El Ciruelo, Minitán[19] y Corralero, en el municipio de Pinotepa.

Problemas de identidad[editar]

Los pueblos afromexicanos se distinguen a simple vista, no son como el resto de las etnias.[6] Ellos forman parte de una etnia olvidada, que poco a poco se vuelve más globalizada y sus orígenes se han ido difuminando hasta perderse. Como es natural, los grupos étnicos empezaron a mezclarse y las sangres “puras” cesaron de existir. Los negros adquirieron el título de mestizos, al igual que la mayor parte de la población. Hoy en día, los indígenas son considerados los únicos que se aislaron para preservar sus tradiciones y su cultura. “Los afromexicanos descendentes de los esclavos coloniales se deslizaron más hacia la oscuridad y se desvanecieron en la memoria histórica. Sin embargo, esto no significó su desaparición total, ya que comunidades tradicionales de afromexicanos establecidas a lo largo de la costa del Pacífico, como Valerio Trujano, Cuajinicuilapa, El Ciruelo y Corralero, prosperaron durante la Revolución y existen hasta nuestros días”.[20]

En la diáspora, los negros emigraron de todos lados del país principalmente hacia las costas.[6]

Racismo en México[editar]

Chica de Punta Maldonado, Guerrero.

Por varias décadas, durante el siglo XX, en México se fomentó la idea de unidad cultural, étnica y racial. Los gobiernos postrevolucionarios se dieron a la tarea de aplicar políticas públicas para propagar la idea de que toda la población era “mestiza”. Así, tanto los grupos indígenas como los afrodescendientes fueron, y continúan siendo, ignorados por el gobierno y discriminados por otros sectores de la población. La población negra de México y sus condiciones hasta hace muy poco tiempo fueron casi invisibles para otros mexicanos.[4]

No fue sino después de 1969, tras varios estudios etnohistóricos, que los negros fueron recordados. A pesar de los esfuerzos de los investigadores por volver a la etnia negra una etnia reconocida, esto no sucedió y los negros fueron olvidados nuevamente. Los negros no son considerados una etnia, si bien no reciben los beneficios de ser llamados así, sí reciben la negatividad social y rechazo que caracteriza a los grupos étnicos, es decir, están excluidos de la ciudadanía plena, son marginados económicamente y segregados en forma espacial.[21] “La cultura y la etnicidad giran en torno a lo indígena, y dichas visiones han excluido a los negros de estas realidades. La negritud no se considera un tema relacionado con la cultura, el desarrollo étnico o la etnicidad en general”.[22] Bobby Vaughn refleja, a lo largo de su libro Afroméxico,[8] la inconformidad que tiene con la falta de una etnia negra. Este investigador estadounidense vivió en la Costa Chica aproximadamente diez años, a través de los cuales logró identificar la falta de una unidad entre la población negra y el rechazo que tienen a su color de piel. Un ejemplo palpable de lo antes dicho es el de un gobernador oaxaqueño que, en 1958, mandó retirar las tarimas de los atrios parroquiales de la cuenca del Papaloapan para que no se bailaran sones jarochos. Asimismo, mandó que se retiraran los jarochos de la Guelaguetza y, en su lugar, asistiera una delegación indígena. Para tal propósito envió una partitura (la tonalteca) y encargó a la jarocha cuenqueña Paulina Solís que elaborara una coreografía y que inventara un huipil representativo, surgiendo así la tan gustada y celebrada danza folclórica Flor de Piña, bailada en la actualidad precisamente por jarochas con huipil.

Pareciera que los negros son reconocidos como un grupo étnico por intervalos de tiempo y espacio. Los negros siguen siendo excluidos de una u otra forma. Los héroes de piel oscura los hemos representado como morenos y llamado mestizos, dejando su identidad de lado e imponiéndoles una identidad mestiza destinada a la globalización. Y además no cuentan con las características necesarias para ser considerados una etnia, como lo son el idioma y el vestido. Ellos visten como los mestizos y hablan español, como los mestizos, así que para el mundo son mestizos. Sus raíces quedan fuera, dejándolos sin memoria cultural de su origen. Frente a esa idea, en las últimas décadas se ha observado la organización de afrodescendientes quienes se han movilizado para defender sus intereses asociándolos a uno o a varios aspectos de su cultura.[6]

Bobby Vaughn afirma en su libro Afroméxico,[8] que los negros de la Costa Chica no solamente son un pueblo olvidado, tampoco se sabe mucho de su historia y la misma gente que vive ahí conoce poco de sus orígenes y otros tantos no saben nada.

Los afromexicanos hoy[editar]

El rescate de una idea propia, de la recuperación de una versión propia de su pasado, está consolidándose cada vez más. Esta es una tendencia entre la población afrodescendiente, que ha comenzado a recuperar y rehacer su historia o hacer visible una historia que tal vez mantuvieron viva en la clandestinidad. Un ejemplo actual de esa tendencia son los eventos de los “Encuentros de Pueblos Negros”, que comenzaron hace unos doce años. Se trata de reuniones a las cuales se invita toda la gente negra de los pueblos del área, y en las que cada pueblo participa, de una manera u otra, compartiendo su cultura con los demás. Los “Encuentros de los Pueblos Negros” nacieron de una necesidad del pueblo de reconocer, recordar y fortalecer su identidad cultural.[4] El renacimiento del interés en las artes de los pueblos negros es otra parte de este proceso de recuperación de lo propio. Por ejemplo, hoy en día la Danza de los Diablos, con sus variaciones en cada pueblo, es un elemento característico de la región, y fue con esa danza que, desde hace pocos años, los pueblos de afrodescendientes han podido participar en una de las manifestaciones folclóricas más importantes del estado, conocida como la Guelaguetza o la Fiesta del Lunes del Cerro. Asimismo, los afrodescendientes del sotavento oaxaqueño han ganado cierta visibilidad, como es el caso de la Diosa Centeotl 2012, originaria de Loma Bonita Oaxaca, bailadora, versadora y jaranera miembro de la comunidad jarocha. También dan cuenta de esta apropiación de la memoria histórica los encuentros de versadores, bailadores y músicos tradicionales que en Tuxtepec, Oaxaca, se han celebrado desde el año 1996 en un intento de reencontrarse como cultura viva.

Hoy existen grandes actores afromexicanos que han procurado la visibilidad de los mismos,a través de organizaciones civiles como México Negro A.C. Y ÁFRICA A.C.

Su papel en el manejo de la biodiversidad[editar]

Un grupo que protege la riqueza natural de algunos de los ecosistemas más importantes de México.

Los afromexicanos de la Costa se sitúan en diferentes ecosistemas que incluyen lagunas costeras (humedales rodeados de manglar) y selva baja caducifolia; un interesante ecosistema lleno de diversidad y complejos cambios estacionales. Estos ecosistemas les dan sustento económico a través de actividades como la pesca (principalmente de productos como el camarón) y otras actividades económicas que incluyen a la agricultura y la ganadería. Igualmente importantes son estos ecosistemas para el resto de los mexicanos y la humanidad, debido a los servicios ambientales que proporcionan y al valor extraordinario de la diversidad biológica que allí reside.

La importancia de los humedales radica en las funciones ecológicas que desempeñan (servicios ambientales), como son la recarga y regulación de los mantos freáticos, además de mantener a una gran biodiversidad (en sus tres niveles: especies, genético y ecosistemas), brindan protección contra tormentas e inundaciones, estabilizan la línea costera, controlan la erosión, retienen nutrientes y sedimentos, filtran contaminantes y estabilizan las condiciones climáticas locales, particularmente lluvia y temperatura. Los humedales reportan a menudo beneficios económicos enormes, como el asegurar el abastecimiento de agua (cantidad y calidad); mantienen los recursos pesqueros (más de dos tercios de las capturas mundiales de peces están vinculadas a la salud de las zonas de humedales); ayuda en la agricultura manteniendo las capas freáticas y reteniendo nutrientes en las llanuras aluviales; proveen madera y otros materiales de construcción, así como recursos energéticos (como materia vegetal); otros productos de humedales, incluidas hierbas medicinales; posibilidades de recreación, turismo y diversidad cultural.

La experiencia en el manejo de la biodiversidad han demostrado que los esfuerzos son mucho más efectivos cuando la población local recibe auténticos beneficios a partir de la conservación. Por ejemplo, si las ganancias que generan el ecoturismo o la extracción de productos (forestales y la pesca) se reparte equitativamente con las comunidades locales o se tienen actividades productivas alternativas más sustentables, es menos probable que la gente se dedique a la caza furtiva, realicen un sobre esfuerzo extractivo o utilice métodos de cultivo o pesca que destruyen el entramado natural del lugar. Los habitantes de estas zonas tienen un papel primordial al ser los encargados del manejo de estos ecosistemas, ecosistemas que están en grave riesgo debido a la sobre explotación de la pesca y la incontrolable deforestación para establecer nuevos potreros con deficiente capacidades productivas debido a la mala vocación de la tierra.

La riqueza que caracteriza las zonas donde residen los afrodesendientes requiere ser visibilizada, pues su conservación depende de darles mejores opciones de desarrollo y explotación de los recursos naturales. Este trabajo debe estar acompañado de proyectos productivos, educación y empoderamiento de las comunidades locales, y principalmente de sus mujeres.

El capital social representa un elemento necesario de los procesos de manejo sustentable de los recursos y la conservación, en la medida en que ellos implican la existencia y funcionalidad de acuerdos para el manejo de recursos comunes. Como Elinor Ostrom y Oliver Eaton Williamson han demostrado respecto al tema de la tragedia de los comunes, existen circunstancias en las cuales el individualismo y la no-cooperación (también conocidos como equilibrios de Nash), dan como resultado situaciones deficientes o sub-óptimas. en estos casos, el progreso depende de que la sociedad pueda definir instituciones formales e informales con el propósito de que dichas situaciones, que pueden ser potencialmente afectadas por el individualismo y la no-cooperación (manejo de recursos de acceso común), se acerquen lo más posible a resultados socialmente justos y económicamente eficientes. Sin embargo, para que esto ocurra, la falta de derechos de propiedad privada debe compensarse con un tejido (o capital) social sólido. Es decir, que existe una capacidad instalada para el manejo adecuado de los recursos si se refuerzan las instituciones locales sociales y se complementan con información, estrategias económicas adecuadas y tecnología que encamine su desarrollo hacia horizontes sustentables.

Proyectos Productivos[editar]

La comunidad de Minitán[19] en la Costa Chica de Oaxaca, en unión con Fundación Vigas A. C. han materializado una marca con el nombre Minitán para vender productos hechos a mano con compromiso social. Esta comunidad, al igual que otras de la región (La Noria, Lagartero, Palomar, etc), se ha sumado a este proyecto, que es un ejemplo excepcional de la riqueza cultural de los afromexicanos y de su potencial para el desarrollo de sus comunidades a través de proyectos productivos sustentables, encaminados a una economía moderna. Actualmente la marca Minitán genera productos de calidad, de manos de mujeres afrodescendientes que se distribuyen en algunas de las librerías de mayor prestigio del Distrito Federal.

Fundación León XIII trabaja también en la zona con cajas de ahorro y granjas de traspatio para enriquecer las capacidades de las personas de la región. Por su parte, los jarochos de Tuxtepec Oaxaca han emprendido la preservación organizada de sus tradiciones estableciendo para ello proyectos como la Tallera Colectiva que se encarga de la enseñanza del son jarocho y su relación con las artes universales; La Cuenca Vive abocada al turismo cultural y ecológico, la defensa del río, y la celebración de festivales; la finca ecológica La Cimarrona, cuyo quehacer es la preservación ecológica y el entendimiento con la naturaleza y el caballo; La Casa de la Décima que como su nombre lo indica se ocupa de cultivar la poesía decimal en sus expresiones comunitarias de Canto a lo Divino, Salutaciones y Décima a Caballo, primordialmente de forma intergeneracional.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. [1]
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  7. Currículo «Center for Africana Studies». Archivado desde el original el 26 de noviembre de 2015. Consultado el 22 de abril, 2010. 
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  11. Aguirre Beltrán, 1989:53
  12. Ibidem, p.29
  13. Ibidem., p.113
  14. Aguirre Beltrán, 1989 p.166
  15. http://sic.gob.mx/ficha.php?table=fondo_editorial&table_id=2253
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  18. Flores Davila, 2006
  19. a b Afromexicanos hoy «Proyectos productivo exitosos». Consultado el 22 de abril de 2010. 
  20. Vinson III, 2004 p.41.
  21. 2007, Giménez, Gilberto p.37
  22. Vinson III, 2004, p.79

Bibliografía[editar]

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Enlaces externos[editar]