Acomodación (ojo)

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La luz procedente de un objeto lejano y otro cercano incide en el mismo punto de la retina gracias al cambio en la curvatura del cristalino.

Se conoce como acomodación al proceso en el que el cristalino permite al ojo enfocar objetos cercanos. Este fenómeno se produce debido a que, en su estado relajado, el ojo está preparado para enfocar objetos lejanos.

El aumento de potencia se consigue mediante dos formas distintas en los vertebrados. La primera es un incremento de su espesor y de la curvatura de las superficies del cristalino, gracias a la contracción del músculo ciliar. La segunda es el movimiento del cristalino con respecto a la retina. Esta última es utilizada por los peces.

Existen límites de acomodación de la imagen, por lo cual, incluso con una acomodación máxima del cristalino, la imagen se saldrá de foco, en otras palabras se verá borrosa. La distancia más próxima a la cual se puede ver con claridad un objetivo, con una acomodación completa, se denomina punto cercano.[1]

La capacidad de acomodación ocular va disminuyendo con la edad, aunque sólo se advierte de forma manifiesta a partir de la cuarta o quinta década de la vida, denominándose a esta pérdida de capacidad acomodativa presbicia. El ojo humano infantil tiene un gran poder de acomodación: en edades tempranas puede llegar hasta las 20 dioptrías de acomodación, pudiendo enfocar correctamente hasta unos 5 cm. Sin embargo hacia los 40 años, esta capacidad ha disminuido a tan sólo 3 o 4 dioptrías, y continua disminuyendo hasta los 65 años.

Referencias[editar]

  1. Schiffman, Harvey (2011). La Percepción Sensorial. Limusa Wiley. p. 252. ISBN 968-18-5307-5.