Acodo

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Esquema de la reproducción por acodo.

El acodo o amorgonamiento terrestre y aéreo, es un método artificial de propagación de plantas, que consiste en hacer posible la aparición de raíces. El acodo consiste en obligar por medio del calor, la humedad de la tierra preparada y de incisiones o ligaduras a que echen raíces las ramas acodadas formando nuevos individuos dotados de cualidades idénticas a las de la planta de que derivan.[1]

Las ramas acodadas echan raíces tanto más fácilmente cuanto más tierna sea la madera y sus fibras estén más separadas lo cual se explica teniendo en cuenta que todas las operaciones de acodadura solo se dirigen a detener y dirigir la savia a la parte de la rama o ramas que se acodan.

Aún cuando el acodo se practica en todas las épocas del año, la estación más a propósito es la primavera por ser la época en que la savia empieza a ponerse en movimiento. La tierra con la cual se hace el acodo debe ser muy sustanciosa, suave y fresca, siendo indispensable siempre cubrirla con mantillo u otra materia que conserve la humedad.

Existen dos tipos de acodo:

Terrestre[editar]

El método de acodadura más sencillo consiste en amontonar alrededor de la planta una porción de tierra formando convexidad, que es lo que se llama atetillar la planta. Amontonada la tierra, debe cortarse a poca distancia de la misma la parte saliente del vegetal a fin de facilitar la formación de raíces. Se obtienen por este medio tantos vegetales nuevos como tallos había y sin perjuicio de que la planta madre siga retoñando nuevamente. |Planta de tallo leñoso.]] Los acodos en arco o mugrón se usan generalmente para reproducir arbustos cuya madera no sea muy dura y se efectúan abriendo delante de la planta un foso o excavación pequeña, encorvando hacia ésta la parte de aquélla que quiera acodarse, cuidando de no romperla y se sujeta luego con una horquilla de palo o caña, con tierra, etc.

El acodo de sierpecilla, serpenteado u ondeado, solo se diferencia del precedente en que la rama encorvada en vez de cortarse al salir de la tierra se vuelve a encorvar para que salga más lejos, repitiéndole esto cuantas veces lo permita su longitud. Se acodan de este modo los arbustos sarmentosos que arraigan con facilidad.

Una variante es el denominado acodo por corte y recalce. Esta técnica se emplea comúnmente para reproducir patrones a partir de una "planta madre". Consiste básicamente en desmochar la planta a ras de suelo y, según van creciendo las diversas ramas, se va acumulando tierra sobre éstas, forzando la emisión de raíces. Cuando estas raíces están suficientemente desarrolladas, se vuelve a descalzar la planta, cortando cada una de las ramas, que son un patrón idéntico a la planta madre.

Estos sistemas permiten, a diferencia de la propagación por estacas, una prolongada aportación de agua y sustancias nutritivas a los órganos predestinados a la producción de barbados, así como todo el tiempo necesario para que se produzca la rizogénesis.

En general, estos métodos de autoenraizamiento son más complicados que el simple estaquillado y a ellos se recurre únicamente para multiplicar especies que presentan una limitada capacidad rizógena.

Cuando los órganos destinados a la propagación son brotes, es muy importante el efecto del etiolamiento de su zona basal como consecuencia del hecho de que esta zona está normalmente cubierta por la tierra. Los tejidos etiolados carecen de clorofila y son por ello blanquecinos, pero también se diferencian de los normales por otras particularidades histológicas y fisiológicas bastante importantes para la formación de los iniciadores radiculares. En la zona etiolada se acumulan los fitorreguladores endógenos de efecto rizógeno, los tejidos corticales son mas gruesos y más ricos en parénquimas, las fibras pericíclicas presentan una distribución menos densa. Algunos tipos de acodo prevén además el descortezado y la incisión anular en la zona en que se intenta hacer desarrollar las raíces, con el objetivo de que se concentren, por encima de la zona descortezada o incisa, los fitorreguladores y los metabólicos procedentes de las partes dístales de los brotes y de los ramos.

Aéreo[editar]

Cuando se trata de acodar ramas muy gruesas y demasiado altas para poderse encorvar se acude a otros procedimientos más complicados, ya sea deteniendo con ligaduras el curso de la savia, ya dañando o quitando parte de la corteza de la planta con el fin de facilitar la formación de mamilas que echan raíces. Por lo común, se hacen estos acodos al aire en cestos, sacos o tiestos llamados de acodar de modo que la rama atraviese y sobresalga por arriba y por abajo.

Con las plantas de tallos leñosos el acodo consiste en raspar una rama joven, para luego ser espolvoreada con hormonas, formadores de raíces y musgo húmedo, al generarse raíces se corta la rama y se trasplanta.

La especie de acodo en cada caso debe fijarse teniendo en cuenta la naturaleza de las plantas, la edad del tallo o brote, el estado de la atmósfera y otras muchas circunstancias.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Este artículo contiene material del diccionario enciclopédico popular ilustrado Salvat de los años 1906 a 1914 que se encuentra en el dominio público.