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Abandono infantil en España

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Casa Cuna de Fraisoro hacia 1935


El abandono infantil en España desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XX fue un fenómeno muy extendido. Miles de niños fueron abandonados cada año, lo que supone un número muy elevado a lo largo de ese periodo, sin incluir a quienes fallecieron durante el traslado a los centros de acogida ni a las víctimas de infanticidio que no quedaron registradas.

Fue una práctica extendida por toda Europa, aunque sus modalidades variaron a lo largo del tiempo: la exposición del recién nacido, el depósito en el torno y, posteriormente, el abandono en las maternidades.[1]

Las principales causas del abandono infantil se mantuvieron relativamente constantes a lo largo de los siglos. Entre ellas destacaban los nacimientos fuera del matrimonio, fuertemente estigmatizados por la sociedad y condenados por la Iglesia católica; la pobreza y otras dificultades económicas, incluida la imposibilidad de alimentar al recién nacido mediante lactancia materna; el nacimiento de niños con enfermedades o discapacidades; y, en menor medida, los nacimientos derivados de la prostitución o de violaciones.[2]

Historia

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siglo XV

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Las primeras instituciones españolas destinadas específicamente a la atención de niños abandonados conocidas datan del siglo XV, y se establecieron en las principales ciudades del reino. La primera de ellas se situó en Valencia en 1410, a instancias de san Vicente Ferrer, dedicada a la atención específica de los niños abandonados, y está considerada por diversos autores como el primer orfanato del mundo.[3]

Los recién nacidos eran abandonados con frecuencia en descampados u otros lugares públicos.[4] Otros eran dejados a las puertas de las Misericordias, donde convivían con enfermos mentales, personas con discapacidad, pobres o personas marginales[5] y, también, se abandonaba a las puertas de los conventos, cuyos religiosos asumían su cuidado y, en algunos casos, los orientaban hacia la vida religiosa como oblatos.

Muchos de estos niños eran entregados posteriormente a familias que los utilizaban como mano de obra en condiciones próximas a la servidumbre. En conjunto, el abandono infantil fue un fenómeno frecuente durante el siglo XV y la mortalidad de los menores abandonados era muy elevada.[5]

siglo XVI y XVII

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La exposición de niños fue una práctica ampliamente extendida en Europa desde el siglo XVI.[1]

Los lugares de abandono más habituales eran los vinculados a la beneficencia (mayoritariamente religiosa), así como las casas del alcalde o del médico, etc. La denominada mortalidad en tránsito era muy elevada, al estar los centros de acogida distantes del punto de abandono. Era más frecuente el abandono nocturno, antes del alba, y no existían diferencias significativas entre niños y niñas.[2]

A los recién nacidos se les asignaba con frecuencia el nombre del santo correspondiente al día de su ingreso, mientras que el apellido Expósito llegó a generalizarse entre los menores abandonados. En ocasiones, los niños llevaban consigo notas en las que se indicaba si habían sido bautizados o se expresaba la intención de recogerlos posteriormente, aunque esta última circunstancia era excepcional.[4]

Durante este periodo se fueron creando nuevos centros de acogida en las principales ciudades, entre ellos la Inclusa de Madrid, fundada en 1572.[6]

Hasta finales del siglo XVIII, muchos niños acogidos eran entregados a familias que los empleaban como sirvientes o mano de obra barata, sufriendo con frecuencia situaciones de malos tratos y explotación. No fue hasta 1788 cuando comenzaron a adoptarse medidas legales dirigidas a limitar estos abusos.[4]

El abandono. 1886

siglo XVIII

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Durante el siglo XVIII coexistieron dos enfoques principales sobre el problema del niño abandonado. El primero, denominado utilitarismo eclesiástico, estaba orientado a salvar el alma de los recién nacidos mediante el bautismo; el segundo, conocido como utilitarismo ilustrado, concebía la conservación de la vida de estos niños como un medio para aumentar la población y, con ello, la riqueza de la nación.[1]

Ambos planteamientos impulsaron el desarrollo de instituciones asistenciales y de beneficencia, aunque la denominada mortalidad en tránsito continuó siendo muy elevada. A partir de mediados del siglo XVIII aumentó el número de casas de expósitos en España, alcanzando las 149 durante el siglo XIX.[7]

Con el desarrollo de estas instituciones, se fue reforzando y legislando el papel de las nodrizas o amas de crianza. Hasta bien entrado el siglo XX, la única alimentación adecuada para los recién nacidos era la lactancia materna.[2] Cuando esto no era posible, se recurría a leche de burra o de cabra diluida y manipulada, que en muchas ocasiones producían intolerancias gastrointestinales que podían conducir incluso a la muerte del niño.[8] Un reducido porcentaje de éstas nodrizas prohijaban a los niños que criaban, aunque la mayoría regresaba a las instituciones para su tutela.[9]

El incremento de los establecimientos de acogida favoreció también el aumento del número de abandonos a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, propiciando la utilización del torno, un dispositivo giratorio que permitía depositar al recién nacido desde el exterior del edificio sin revelar la identidad de quien lo entregaba. Muchos tornos llevaban una inscripción como esta: Mi padre y mi madre me arrojan de sí, la caridad divina me recoge aquí.

Los tornos estaban situados en casas de beneficencia, mayoritariamente religiosas, atendidos por las Hijas de la Caridad, o dependientes de otras instituciones como ayuntamientos, diputaciones, etc. Las mujeres que dirigían estas últimas se denominaban torneras y debían acreditar condiciones de moralidad adecuadas así como saber leer y escribir, para redactar informes.[10] Habitualmente, los recién nacidos permanecían unos días hasta descartar enfermedades como la sífilis congénita y encontrar una nodriza que se hiciera cargo de la crianza.

La mortalidad infantil de los niños abandonados en este siglo siguió siendo muy elevada. Como muestra de ello en la casa cuna de Gerona la mortalidad en 1790 era del 76 % y en la de Barcelona del 61 %.[11]

A finales del siglo XVIII hubo diversas reformas legislativas como la despenalización del abandono infantil[1] y otras leyes cuyo objetivo fue considerar como legítimos a todos los efectos a los niños abandonados en la caridad pública, poniendo fin a la discriminación sufrida durante siglos que había impedido su educación y a que accedieran a determinadas profesiones. Así mismo se reforzaba la condena de cualquier tipo de abandono que no se realizara en los lugares destinados para ello lo que impulsó la utilización del torno en el siglo XIX.[8]

A pesar de estos cambios legislativos, las madres y los niños abandonados siguieron sufriendo un importante estigma social a lo largo de los siglos XIX y XX.[12]

A finales del siglo XVIII comenzaron a publicarse artículos que formaron un verdadero muestrario de cómo en España, al igual que en el resto de Europa, se tomaba conciencia clara sobre el problema nacional del niño expósito. Algunos autores fueron los eclesiásticos Juan Antonio Trespalacios, Joaquín Javier Uriz y Lasaga o Antonio Arteta. Los del cónsul de Carlos IV Alberto de Megino y los manuscritos del médico Ignacio María Ruiz de Luzuriaga. También los escritos políticos del conde de Floridablanca, Domingo Cabarrús o Jovellanos.[9]

siglo XIX

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Sala del torno de la Inclusa de Madrid en 1861, por Francisco Ortego.

Durante el siglo XIX, el abandono infantil adquirió enormes dimensiones, llegando a 8000 niños al año o lo que es lo mismo, más de medio millón de niños abandonados en España en este siglo. En estas cifras no están cuantificados los niños fallecidos en tránsito o por infanticidio.[1] Las causas principales continuaron siendo la ilegitimidad del nacimiento, que en España era de un 5 % de los nacimientos[13] y la pobreza, que afectaba aproximadamente a la mitad de la población a principios del siglo XIX.[14]

Un factor que hizo aumentar el número de abandonos fue la tipificación como delito del aborto en el Código Penal Español desde 1822 hasta finales del siglo XX, salvo un breve periodo en Cataluña en 1936.[15] A partir de la mitad del siglo XIX también la iglesia católica reforzó su oposición a esta práctica.

La mortalidad infantil era muy elevada en los centros de acogida. A modo de ejemplo, en la casa torno de San Sebastián a finales del siglo XIX era del 52 %.[2]

En torno a las inclusas comenzó a desarrollarse la pediatría en España como una especialidad específica de los niños. El jesuita Hervás y Panduro fue su pionero en España, creando una escuela de obstetricia, fomentando la lactancia maternal y la creación de la pediatría a principios del siglo.[4] A finales del siglo XIX, Manuel Tolosa Latour dio un impulso importante al desarrollo de la pediatría y a la protección de la infancia[16] así como Concepción Arenal que impulsó los derechos de los niños expósitos.[17]

A principios del siglo XIX, el índice de mortalidad infantil en España era del 25 % en el primer año de vida, mientras que en algunos centros de acogidaalcanzaba el 80 %. En Europa, en los centros de acogida el índice de mortalidad infantil era, en promedio, del 50 %.[18] A veces, se comparaba el abandono infantil en algunas inclusas con el infanticidio (en la inclusa de Madrid murieron el 100% de los niños ingresados en el año 1804).

A lo largo del siglo XIX, se fueron desarrollando maternidades en las inclusas, lo que redujo el abandono mediante la exposición o torno. Las gestantes ingresaban en el 7.º mes de embarazo y permanecían aisladas; y, tras dar a luz, se iban dejando el niño bajo la tutela de la institución.[2] También se desarrollaron casas cuna, en las que se contemplaba el abandono temporal del menor con la posibilidad de recuperarlo tras superar las circunstancias que motivaron al abandono.[19]

Las mujeres que daban a luz en las inclusas o en las casas cuna eran mayormente jóvenes, de entre 15 y 25 años, procedentes, en general, de entornos o trabajos precarios, como el servicio doméstico, costureras o jornaleras y normalmente solteras y analfabetas.[20]

Respecto a los padres, procedían de todos los estamentos sociales, sin excepción.[21] En muchas ocasiones, se ponía al niño el nombre del lugar de procedencia de la madre.[2]

El papel de las nodrizas o ama de crianza fue fundamental, y muchas mujeres con necesidades económicas se prestaron a esta actividad, siendo en general mujeres campesinas, donde su actividad laboral era más discreta.[22] Algunos de esos niños eran prohijados al llegar a los 8 años, como dictaminaba la legislación en esa época. En caso contrario eran devueltos a las misericordias.[2] Para ejercer como nodriza se necesitaba un certificado de salud y de buenas costumbres que expedían el médico y el alcalde o el párroco del lugar de residencia. Estas autoridades supervisaban el cuidado del niño ya que eran frecuentes los casos de malos tratos o niños descuidados a lo largo del siglo XIX.[22]

Evolución de las modalidades de abandono en la inclusa de Pamplona.[2]
1830 1880
Expuestos 71 % 22 %
Torno, maternidades, otros 29 % 78 %

Hasta el siglo XIX, la viruela era una de las causas de muerte más frecuente en las inclusas con una mortalidad del 70 % de los bebés afectados.[23] Un avance significativo fue el descubrimiento de la vacuna contra esta infección, que permitió su erradicación en el siglo XX.

En 1803 los niños abandonados tuvieron un papel histórico para llevar la vacuna de la viruela a las colonias Americanas. Al no existir frigoríficos ni medios de conservación, los niños hicieron de portadores biológicos de la vacuna con la que se inoculó en las colonias a cientos de miles de personas. Fueron 22 huérfanos de entre 3 y 9 años procedentes de las Inclusas de Madrid y de la de Santiago. Fueron seleccionados por su fortaleza y se les prometió comida y educación cuando llegaran a su destino. Uno de ellos falleció en la travesía.

La expedición fue dirigida por el médico Francisco Javier Balmis y la enfermera Isabel Zendal.[24]

siglo XX

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José Sanchis Bergón, fundador de la Asociación Valenciana de la Caridad (1906).

Durante el siglo XX, el abandono siguió siendo muy elevado en España. Se estima que aproximadamente medio millón los niños fueron abandonadosa lo largo del siglo. [1] Un ejemplo deello ocurrió durante la madrugada de Nochebuena de 1933, cuando se abandonaron 6 recién nacidos de padres desconocidos en la inclusa de Madrid.[25]

A medida que avanzó el siglo, el abandono fue disminuyendo paulatinamente y se concentró principalmente en las maternidades de las inclusas y en las casas cuna, quedando la exposición anónima como una situación residual, representando el 0.5 % durante 1930 en la inclusa de Pamplona.[2]

El torno, una de las principales formas de abandono anónimo, fue desapareciendo a lo largo del siglo XX, por ejemplo, en Guipúzcoa dejó de existir en 1916[26] y en 1922 en la inclusa de Madrid lo que supuso la casi total desaparición del abandono anónimo en España.

Durante las primeras décadas del siglo, la mortalidad infantil en las instituciones de acogida continuó siendo muy elevada. Hasta aproximadamente 1920, en centros como la Inclusa de Madrid se registraban tasas de mortalidad cercanas al 70 %.[27]

Esta situación era debida, en gran medida, al hacinamiento que sufrían los niños en estas instituciones que, a modo de ejemplo, en la inclusa de Madrid acogían una media de 1500 niños al año. Se producían continuas epidemias principalmente, y por orden de frecuencia, gastrointestinales, respiratorias,  meningitis, tuberculosis , tos ferina y sarampión.[28]

No obstante, algunos establecimientos consiguieron reducir significativamente estas cifras mediante mejoras organizativas y sanitarias, como ocurrió en el monasterio de Guadalupe[29] en Cáceres o la Casa Cuna de Fraisoro en Guipúzcoa.[30][31]

A lo largo del siglo XX, los avances médicos contribuyeron a mejorar la supervivencia infantil. La introducción de vacunas contra enfermedades como la tuberculosis (1921), la difteria, el tétanos, la tos ferina, el sarampión y la poliomielitis, especialmente a partir de la década de 1960, redujo de forma notable la mortalidad infantil.[32] Asimismo, la introducción de la penicilina en 1945 permitió el tratamiento eficaz de numerosas infecciones, incluida la sífilis, que anteriormente presentaba una elevada mortalidad.[8]

Paralelamente, la mejora de las leches maternizadas y la creación en muchas capitales de provincia de las gotas de leche[33] llevaron a la desaparición progresiva del sistema de nodrizas.[34]

Durante la guerra civil española, no disminuyó el número de abandonos y se vivió en la Inclusa de Madrid un episodio dramático. Con la aproximación de los frentes de combate a la capital se hizo conveniente la evacuación de los mil niños acogidos y las madres allí residentes. El entonces director, Enrique Jaso Roldán, tomó personalmente las riendas del asunto en coordinación con las autoridades civiles y militares y se dispuso la creación de Colonias Escolares en zonas de la península lo más alejadas posible de la crudeza bélica[35]

Durante la posguerra, especialmente durante la década de 1940, se registró un aumento de la mortalidad infantil asociado a las condiciones de pobreza y desnutrición generalizada entre la población.

Niños acogidos en la Casa Cuna con sus madres, el médico y las monjas hacia 1930

La identificación legal del padre fue un tema reconocido en muchos países europeos como Alemania, Francia, Suiza, Inglaterra y Países Nórdicos. En España en los años cuarenta, varios médicos directores de inclusas y maternidades como, Juan Antonio Alonso Muñoyerro (Madrid) o Jesús Alustiza (San Sebastián) defendieron la necesidad de implantar esta identificación para mejorar la situación económica de las madres y reducir los abandonos. Sin embargo, existieron obstáculos legales que impidieron su implantación. [36]

Entre los médicos que contribuyeron a la mejora de las condiciones sanitarias de las inclusas y maternidades durante la primera mitad del siglo XX, reduciendo la mortalidad infantil y materna, destacan los ginecólogos Santiago Dexeus Font[37] (Barcelona), Enrique Isla y Bolumburu (Madrid), Carmelo Gil Gorroño y su hijo Carmelo Gil Ibargüengoitia (Bilbao) o Vicente Serafín Gómez Salvo (Zaragoza) así como los pediatras Enrique López de la Alberca (Bilbao), Josep Roig i Raventós (Barcelona), Joan Coll i Bofill (Barcelona), Ramón Gómez Ferrer (Valencia), José González-Meneses Jiménez (Sevilla) o José Antonio Alustiza (San Sebastián).

A partir de 1950, las reformas legislativas en materia de adopción, junto con una transformación en la mentalidad social, incrementó el interés por la adopción, de tal manera que hubo más padres interesados en adoptar que niños disponibles para ello.[38]

La difusión de los métodos anticonceptivos y la transformación de las actitudes sociales hacia la maternidad extramatrimonial contribuyeron a que el abandono infantil se convirtiera en un fenómeno residual en España desde la década de 1980

Diversos estudios han señalado que, a lo largo del siglo XX, la vulnerabilidad social de muchas madres y el estigma asociado al abandono infantil fueron factores constantes que favorecieron la exclusión social tanto de las mujeres como de los menores afectados.[39]

Vídeos

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Véase también

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Referencias

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  1. 1 2 3 4 5 6 Pérez Moreda, Vicente. «La infancia abandonada en España». Real Academia de la Historia.
  2. 1 2 3 4 5 6 7 8 9 Valverde Lamfus, Lola. «Niño, Niña. El niño abandonado.». Enciclopedia Auñamendi.
  3. «El primer orfanato del mundo». Historia y Tradiciones. 2018.
  4. 1 2 3 4 «Qué nos cuentan los documentos sobre los niños expósitos». Cadena SER. 2017. Archivado desde el original el 28 de enero de 2021. Consultado el 22 de enero de 2021.
  5. 1 2 Illanes Zubieta, Ximena (2019). «Infancia y abandono en la Barcelona del siglo XV». Crítica a libro.
  6. de Arana, José Ignacio. «Historia de la Inclusa en Madrid». El Médico interactivo.
  7. Sánchez, Cobo y Hernández. «Marginación y pobreza desde la cuna». Revista de Demografía Histórica. Pg 36.
  8. 1 2 3 Revuelta Eugercios, Bárbara. «Los usos de la Inclusa de Madrid a principios del siglo XX». Tesis Doctoral Univ. Complutense: 431.
  9. 1 2 Bartolomé Martínez, Bernabe. «La crianza y educación de los expósitos en España». Universidad Complutense. Archivado desde el original el 12 de agosto de 2013. Consultado el 3 de mayo de 2022.
  10. «De la Tornera». Diputación Foral de Guipúzcoa: Cap.4. 1891.
  11. De la Fuente Galán, M.ª del Prado. La situación de las inclusas en 1790. p. 65.
  12. Alustiza Martínez, Carlos. «Las Madres de los niños expósitos en Guipúzcoa». Enciclopedia Auñamendi.
  13. Carreras y Tafunell. «Estadísticas históricas de España». Fundación BBVA: 128.
  14. Vidal Galache. «La Inclusa de Madrid». Canal UNED.
  15. «Evolución legislativa del aborto. Pg 6». Universidad de Córdoba.
  16. Tolosa Latour, Manuel de. «Médicos Históricos». Biblioteca Univ. Complutense. Archivado desde el original el 30 de enero de 2021. Consultado el 24 de enero de 2021.
  17. Arenal, Concepción. «Niños expósitos y niños mendigos». Dialnet.
  18. Sánchez Villa, M.C. (2016). «Los hijos del vicio». Cuaderno de Historia Contemporánea: 333.
  19. Alustiza Martínez, Carlos (2020). «Acogida Infantil en la Casa Cuna de Fraisoro». Guipúzcoa Médica.
  20. Rodriguez Martín, Ana María. «Las madres de los expósitos en España a finales del siglo XIX». Revista internacional de estudios feministas: 244.
  21. Jávega Charco, Emna. Expósitos en Valencia. p. 19.
  22. 1 2 Valverde Lamfus, Lola. «Los niños expósitos y sus nodrizas». Enciclopedia Auñamendi: 258. Archivado desde el original el 4 de marzo de 2021. Consultado el 26 de enero de 2021.
  23. Van den Brule Arandia, Álvaro. «Un recorrido por las pandemias más importantes de la historia de España». El Confidencial.
  24. «En el nombre de los niños». Asociación Española de Pediatría.
  25. Arana Amurrio, José Ignacio. «Historia de la inclusa de Madrid». Asociación Española de Pediatría: 25.
  26. Alustiza Martínez, Carlos. «Niños abandonados en Guipúzcoa». Enciclopedia Auñamendi.
  27. Martín-Espinosa, Noelia María (2014). «Análisis de la mortalidad expósita en la Inclusa de Toledo». Revista de historia de la Medicina: 12.
  28. Boch Marín, Juan. «El niño español en el siglo XX». Real Academia Nacional de Medicina.
  29. «Expósitos, los niños del torno». Canal Extremadura. Youtube.
  30. Múgica Zufiría, Serapio. «SEGUNDA PARTE. GEOGRAFÍA POLÍTICA. I: LA PROVINCIA Y SU ORGANIZACIÓN. BENEFICENCIA Y SANIDAD. Expósitos». Geografía de Guipúzcoa: 417.
  31. «Los niños de la inclusa». ABC. 1927.
  32. Vidal, Oriol (2020). «Cronología de las vacunas». La Vanguardia.
  33. «Médicos históricos en relación a la Gota de Leche». Univ. Complutense. Archivado desde el original el 6 de marzo de 2021. Consultado el 19 de febrero de 2021.
  34. Soler, Elena (2013). «Nodrizas, madres y hermanos de leche». University in Prague.
  35. Arana Amurrio, José Ignacio. «Historia de la Inclusa de Madrid. Pg 9». El Médico Interactivo.
  36. García Magriñá, Eva. «Mujeres de barro, infancias de cristal. Casa Cuna de Fraisoro». Youtube. Asociación cultural Manuel Larramendi.
  37. «Santiago Dexeus Font». Real Academia de la Historia.
  38. Gondra Rezola, Juan. «Casa de Expósitos». Bilbaopedia.
  39. Rodríguez Martín, Ana María. «Las madres de los expósitos en España». Revista internacional de estudios feministas.

Bibliografía

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