Ética de Aristóteles

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Aristóteles sostuvo lo que hoy se llama una ética de las virtudes. Según Aristóteles, las virtudes más importantes son las virtudes del alma, principalmente las que se refieren a la parte racional del hombre. En la Ética nicomáquea, el filósofo tomó dos cosas en cuenta: La calidad del ser humano y la calidad de la vida. Un ser humano excepcional es un ser exitoso ejemplo de humanidad. Una persona que vive una vida excepcional hasta la muerte alcanzado el telos humanos.[1]

Existen tres grandes obras sobre ética atribuidas a Aristóteles: la Ética nicomáquea, que consta de diez libros; la Ética eudemia,[2]​ que consta de siete libros (tres de los cuales, los libros IV-VI, coinciden con otros tres libros de la Ética nicomáquea, los libros V-VII); y la Magna moralia (Gran ética), de la cual todavía se duda si fue escrita por él o por un recopilador posterior. Algunos fragmentos de la Retórica y el Protréptico también se ocupan de la ética.

Ética como práctica[editar]

Aristóteles creía que el conocimiento ético no es solo un conocimiento teórico, sino que una persona debe tener "experiencia de las acciones en la vida" y haber sido "educada en buenos hábitos" para volverse buena (Ética nicomáquea 1095a3 y b5). Para que una persona se vuelva virtuosa, no puede simplemente estudiar qué es la virtud, sino que debe hacer cosas virtuosas.[3]​ El filósofo lo expresa con el proverbio: "Porque una golondrina no hace verano, ni un solo día, y así tampoco hace venturoso y feliz un solo día o un poco tiempo". (Ética nicomáquea 1098a).[4]

No nos consagramos a estas indagaciones para saber lo qué es la virtud, sino para aprender a hacernos virtuosos y buenos; porque de otra manera este estudio sería completamente inútil.
Ética nicomaquea, VIII.2, 1103b 26–30.

Eudemonismo[editar]

Según el filósofo, toda actividad humana tiende hacia algún bien. Así, se da un teleologismo, identificando el fin con el bien. La ética de Aristóteles es una ética de bienes porque él supone que cada vez que el hombre actúa lo hace en búsqueda de un determinado bien.[5]​ El bien supremo es la felicidad (véase eudemonismo), y la felicidad es la sabiduría (el desarrollo de las virtudes, en particular la razón) y la maldad es una forma de ignorancia acerca de lo que uno debe hacer. Vivir una buena vida y obrar bien es lo mismo.[6][7]

  • Fin: la finalidad o motivo de una acción.
  • Fin medio o imperfecto: es aquello que se quiere por otra cosa y no por sí mismo.
  • Fin final o perfecto: es aquello que se quiere por sí mismo y no por otra cosa.
  • Felicidad o eudaimonía: es el Bien Supremo del ser humano.

La actividad contemplativa es la más alta de todas, puesto que la inteligencia es lo más alto de cuanto hay en nosotros, y además, la más continua, porque podemos contemplar con mayor continuidad que cualquier otra acción.

Aristóteles creía que la libertad de elección del individuo hacía imposible un análisis preciso y completo de las cuestiones humanas, con lo que las «ciencias prácticas», como la política o la ética, se llamaban ciencias solo por cortesía y analogía. Las limitaciones inherentes a las ciencias prácticas quedan aclaradas en los conceptos aristotélicos de naturaleza humana y autorrealización. La naturaleza humana implica, para todos, una capacidad para formar hábitos, pero los hábitos formados por un individuo en concreto dependen de la cultura y de las opciones personales repetidas de ese individuo. Todos los seres humanos anhelan la «felicidad», es decir, una realización activa y comprometida de sus capacidades innatas, aunque este objetivo puede ser alcanzado por muchos caminos. Sin embargo, Aristóteles señaló que hay un elemento de suerte en la felicidad al evitar la desgracia y es aconsejable poseer bienes corpóreos y externos.[7][8]​ Como seres de naturaleza cambiante, la felicidad humana es imperfecta y podemos perderla.[9]

Definición de virtud[editar]

Para Aristóteles, “la prudencia, la virtud y el placer están en el alma”.[10]​ En su Ética Eudemia, Aristóteles define la virtud como la excelencia (areté),el mejor modo de ser de todo lo que tiene una función,[11]​ interpretada ésta, siguiendo los principios de su Física y Metafísica. El bien concreto que se encuentra dentro de cada ser. Con esto, Aristóteles se aleja del realismo platónico moral como participación de la Idea de Bien.[12]​ La virtud es la acción más apropiada acorde a la naturaleza de cada ser; el acto más conforme con su esencia. En el hombre, por tanto, la virtud es la excelencia del alma.[13][14]​ El fin del alma es hacer vivir y la función de la virtud del almas es una vida buena y por lo tanto, la felicidad y los fines y bienes mejores están en el alma.[11][12]

Tipos de virtudes[editar]

La Ética nicomáquea es un análisis de la relación del carácter y la inteligencia con la felicidad. Aristóteles distinguía dos tipos de virtud o excelencia humana: virtud ética o moral y virtud dianoética o intelectual. Ambas expresan la excelencia del hombre y su consecución produce la felicidad, ya que esta última es "la actividad del hombre conforme a la virtud".

Virtudes éticas[editar]

Lista de las virtudes éticas aristotélicas
Ausencia Virtud Exceso
Cobardía Valentía Temerario
Insensibilidad Templanza Libertinaje
Frusilería Magnificencia Vulgaridad
Complejo de inferioridad Magnanimidad Vanidad
Falta de ambición Ambición adecuada Exceso de ambición
Falta de ánimo Paciencia Irascibilidad
Juicio insuficiente Veracidad Jactancia
Grosería Ingenio Bufonada
Mal carácter Simpatía Adulación
Descaro Pudor Timidez
Regodeo malicioso Indignación ética Envidia
Frusilería Generosidad Derrochador

La virtud moral es una expresión del carácter, producto de los hábitos que reflejan opciones repetidas. Las virtudes éticas son adquiridas a través de la costumbre o el hábito y consisten, fundamentalmente, en el dominio de la parte irracional del alma (sensitiva), la perfección de la voluntad y regular las relaciones entre los hombres. Una virtud moral siempre es el punto medio (mesotés) entre dos extremos menos deseables, entre el exceso y el defecto.[15]​ Este equilibrio no es general para todos y hay que hacerlo mediante la prudencia y la recta razón (orzos logos).[16]

Algunos ejemplos de virtudes éticas aristotélicas:

  • La templanza es el punto medio entre el libertinaje y la insensibilidad. Consiste en la virtud de la moderación frente a los placeres y las penalidades.
  • La valentía es el punto intermedio entre la cobardía y la impetuosidad irreflexiva.
  • La generosidad constituiría el punto intermedio entre el derroche y la tacañería. La prodigalidad es su exceso y la avaricia su defecto.

Las virtudes éticas más importantes son: la fortaleza, la templanza, la justicia.[17]​ En consecuencia, la buena habituación se refiere a evitar estados de carácter extremos o patológicos. Por lo tanto, Aristóteles puede decir que la excelencia ética está relacionada con el placer y el dolor.[18]

Virtudes dianoética[editar]

Las virtudes dianoéticas o intelectuales se corresponden con la parte racional del hombre, siendo, por ello, propias del intelecto (nous) o del pensamiento (nóesis). Estas no están sujetas a la doctrina del punto intermedio. Su origen no es innato, sino que deben ser aprendidas a través de la educación o la enseñanza y parten de la diánoia, la parte racional del alma. Las virtudes dianoéticas son el entendimiento, la ciencia, la sabiduría, el arte y la prudencia. Aristóteles divide la parte racional en dos: el intelecto y la voluntad. Cuando el intelecto está bien dispuesto para aquello a lo que su naturaleza apunta, es decir para el conocimiento o posesión de la verdad, se dice que dicho intelecto es virtuoso y bueno. Las virtudes intelectuales perfeccionan al hombre en relación al conocimiento y la verdad y se adquieren mediante la instrucción. La prudencia es cuando se puede reconocer el punto medio en cada situación. Cuando uno hace algo virtuoso, la acción es buena de por sí. La prudencia no es ni ciencia ni praxis, es una virtud y la más importante.[19]

El hombre es la única criatura que se parece a Dios porque puede pensar, por lo que la meta más alta del hombre es razonar.[20]​ En contraste, en Magna moralia se niega tal comparación.[21]

Pues Dios no gobierna dando órdenes, sino que es el fin con vistas al cual la prudencia da órdenes, puesto que Dios no necesita nada. Así, esta elección y adquisición de bienes naturales -bienes del cuerpo, riquezas, amigos y otros bienes- que más promueve la contemplación de la divinidad, es la mejor, y esta norma es la más bella; pero aquella que por defecto o por exceso impide vivir y contemplar la divinidad es mala.
Ética eudemia, VIII.3, 1249b 14–20.

A través de las virtudes, el hombre domina su parte irracional. Aristóteles dice que la felicidad es una actividad del alma teórica, pero no es ajena a las demás partes del alma. Si bien, se debe aclarar que no hay una lista concreta ni cerrada, ya que en diversas partes de su obra se refiere a diferentes clases de virtudes.[22]

El hombre magnánimo[editar]

Alegoría de la magnanimidad de Luca Giordano.

La ética aristotélica es una ética elitista: para él, la plena excelencia solo puede ser alcanzada por el varón adulto y maduro perteneciente a la clase alta y no por las mujeres, los niños, los «bárbaros» (literalmente, 'balbuceantes': significando los no-griegos) o «mecánicos» asalariados (trabajadores manuales, a los cuales negaba el derecho al voto). En relaciones desiguales, es justo pues que todos deberían ser amados en proporción con su valer, que el inferior ame al superior: las esposas, los hijos, los súbditos, deben amar más a los esposos, a los padres y a los monarcas.[23]

El mejor individuo, según Aristóteles, debe tener amor propio y no menospreciar sus propios méritos. El debe ser bueno con grandeza en cada virtud, siendo honorado por los demás, mostrándose moderadamente satisfecho, pues no hay mayor puede ofrecérsele. Es señal de hombre magnánimo no pedir nada, pero prestar ayuda pronta y ser digno con la gente que goza de alta posición, pero modesto con los clases medias. No obstante, no hablará de sí mismo ni de otros, ya que no se preocupa de ser alabado ni censurado.[24][23]

Tal es, pues, el magnánimo. El que peca por defecto en esta materia, tiene un alma sin grandeza, un alma pequeña; y el que, por lo contrario, peca por exceso es un vanidoso.
Ética nicomaquea, IV.3, 1125 a

Aristóteles consideró la ética como parte de la política[5][25]​ y considera la monarquía como la mejor forma de gobierno, la aristocracia lo inmediatamente mejor, pues los monarcas y los aristócratas pueden ser magnánimos. También, otra característica de los gobernantes es la virtudes de la prudencia.

Por ello creemos que Pericles y los hombres así son prudentes, porque son capaces de considerar lo que es bueno para sí mismos y para la gente; creemos que son de esta clase los administradores y los políticos.
Ética nicomaquea, VI.4, 1140b

El concepto del hombre mágnanimo aristotélico tiene cierta similitud con el superhombre de Nietzsche al considerar el cristianismo como una moral de esclavos.[23]

Responsabilidad moral[editar]

Aristóteles consideró los aspectos de la naturaleza humana involucrados en la responsabilidad moral. La acción responsable debe llevarse a cabo voluntariamente, es decir, cuando se "con conocimiento y sin estar forzado".[26]​. Las acciones son involuntarias cuando son producidas por una fuerza mayor (como cuando nos arrastra el viento) o por ignorancia (como cuando pisamos a alguien sin querer). Sin embargo, existe otra distinción las acciones mixtas que mezclan la voluntariedad y la involuntariedad.[27][28][29]​ Por ejemplo:

Tal acontece también cuando se arroja la carga por la borda en las tempestades, porque en general nadie la arroja voluntariamente, mas para la salvación propia y de los demás lo hacen todos los hombres sensatos. Pues bien, acciones de esta índole son mixtas, aunque más parecidas a las voluntarias, pues se eligen en el momento en que se realizan. [...] Conque tales acciones son voluntarias, aunque en sentido absoluto quizás sean involuntarias, pues nadie elegiría ninguna de ellas por sí misma.
Ética nicomaquea, III.1, 1110a

Aristóteles fue uno de los primeros en argumentar a favor del indeterminismo y compatibilismo.[30][31]​ Muchas decisiones son bastante predecibles en función del hábito y el carácter, pero no eran menos libres si el propio carácter y los hábitos predecibles se desarrollaban libremente en el pasado y eran cambiables en el futuro. En su Metafísica defiende las causas no causadas y en la Ética a Nicómaco muestra que nuestras acciones pueden ser voluntarias y "depende de nosotros" para que podamos ser moralmente responsables.[30]​ Somos capaces de comprender nuestra vida que escogemos y también por nuestras acciones, siendo capaces de prever sus consecuencias, siendo responsables. Aquí aparece el bien en sentido ético, el que es elegido por la participación del deseo y la inteligencia conjuntamente, pues la inteligencia por sí misma sin un fin deseado, no se mueve.[32]​ Esta doctrina es descrita por el filósofo como “algo común al pensamiento y al deseo”,[33]​ “inteligencia deseosa o deseo inteligente”.[34][35]​ En la Retórica dice:

El deseo voluntario es un apetito racional de bien (pues nadie quiere algo sino cuando cree que es bueno); en cambio, la ira o el deseo pasional son impulsos irracionales.
Retórica (Gredos, Madrid, 1999), I.10, 1369a 5

Acto seguido, Aristóteles clasifica siete tipos de causas que generan cualquier acción:[36][37]

  • Por azar: como una causa indeterminada, que ocurre cuando dos cadenas causales se unen por accidente que no se producen con un fin particular ni de modo regular;[38]
  • por naturaleza: una fuerza interna que se originan en el interior de un cuerpo que se produce la mayoría de las veces de la misma manera;
  • por fuerza: una causa externa involuntaria que va en contra de nuestro deseos;
  • por hábito: una acción irreflexiva que se ha realizado con frecuencia previamente;
  • por cálculo racional: una acción razonada hacia fines definidos y convenientes;
  • por apetito irascible o ira: una pasión negativa con fines convenientes basados en el anhelo de placer y relacionada con la venganza;
  • por deseo pasional: una pasión placentera y agradable, la cual suele proceder de hábitos.

Justicia[editar]

La definición tradicional de justicia consiste en dar a cada uno lo que es debido. No obstante, Aristóteles cree que la justicia implica no igualdad, sino recta proporción.[39]

Aristóteles señala que la injusticia se comete cuando alguien "elige de antemano hacer daño y obrar contra la ley" debido a "la maldad y la falta de dominio".[26]​ Él diferenció el castigo de la venganza, pues este último "se la toma con el fin de satisfacerse".[36]

Existen dos clases de justicia:

  • La justicia distributiva, que consiste en distribuir las ventajas y desventajas que corresponden a cada miembro de una sociedad, según su mérito.
  • La justicia conmutativa, que restaura la igualdad perdida, dañada o violada, a través de una retribución o reparación regulada por un contrato.

Amistad[editar]

Para Aristóteles, la amistad es una virtud o algo acompañado de virtud.[40]​ El concepto de amistad en los autores clásicos requiere una clarificación del término designado a la amistad, philia, que no es un equivalente al que actualmente se entiende por relaciones de amistad.[41]​ Por philia, Aristóteles entiende, en función del contexto y las circunstancias en su Ética nicomáquea:

“Jóvenes amantes (1156b2), amigos de toda la vida (1156b12), ciudades entre sí (1157a26), contactos políticos o de negocios (1158a28), padres e hijos (1158b20), compañeros de viaje y compañeros de combate (1159b28), miembros del misma sociedad religiosa (1160a19), o de la misma tribu (1161b14), un zapatero y la persona que le compra (1163b35)”

Todas estas relaciones diferentes implican llevarse bien con alguien, aunque Aristóteles a veces implica que se requiere algo más parecido al gusto real. Cuando habla sobre el carácter o la disposición que cae entre obsequios o halagos por un lado, y seguridad o peleas por el otro, dice que este estado:

"Ningún nombre se ha dado a este modo de ser, pero se parece, sobre todo, a la amistad (philia). En efecto, si añadimos el cariño al hombre que tiene este modo de ser intermedio, tendremos lo que llamamos un buen amigo". (1126b21)

Este pasaje también indica que, aunque sea amplio, la noción de philia debe ser mutua y, por lo tanto, excluye las relaciones con objetos inanimados (1155b27–31). En su Retórica , Aristóteles define la actividad involucrada en la philia (τὸ φιλεῖν) como:

"querer por alguien lo que uno piensa que es bueno, por su bien y no por el propio, y estar inclinado, en la medida de lo posible, a hacer tales cosas por él" (1380b36–1381a2)

En cuanto a los esclavos, no obstante, hay una leve modificación con la cuestión de si es posible ser amigo de un esclavo:

"No hay nada de común entre ambas partes; el esclavo es un instrumento vivo; […] como esclavo no se puede ser, pues, amigo suyo. Pero como hombre se puede; porque parece ser de cierta justicia entre un hombre y otro el que ambos participen de un sistema de ley o sean parte de un contrato; por consiguiente, puede también existir amistad con él en cuanto es hombre» (1161 b).

En el libro IV de la Ética nicomáquea convierte en una virtud social («amabilidad») entre el exceso de la adulación y el defecto de ser pendenciero y descontentadizo. Después de inclusir la philia entre las virtudes éticas, retoma la cuestión y le dedica dos libros enteros: el VIII y el IX.La amistad es uno de los bienes más valiosos entre los objetivos del hombre virtuoso, un bien sin el cual será imposible alcanzar la felicidad de una vida plena.

“…la amistad: es, en efecto, una virtud, o va acompañada de virtud, y, además, es lo más necesario para la vida. Sin amigos nadie querría vivir, aun cuando poseyera todos los demás bienes; hasta los ricos y los que tienen cargos y poder parecen tener necesidad sobre todo de amigos; porque ¿de qué sirve esa clase de prosperidad si se la priva de la facultad de hacerlo bien, que se ejerce preferentemente y del modo más laudable respecto de los amigos?”
Ética nicomáquea, 1155a 1–10

Aristóteles hace una clasificación propia de amistades:[42]

  1. La amistad de utilidad, basada en la obtención de algo que nos resulta beneficioso por parte del amigo.
  2. La amistad basada en el placer, basada en la obtención de placer mutuo y que Aristóteles atribuye especialmente a la gente joven.
  3. La amistad virtuosa, que es en la amistad perfecta, porque reúne a aquellos iguales que son buenos y que destacan en virtud. Se comparte una apreciación de lo bueno y virtuoso de la vida y no se tiene una razón de sacar provecho.

Pese a todo, Diógenes Laercio atribuye a Aristóteles la cita durante el final de su vida "¡Oh! Amigos míos, no hay ningún amigo". El filósofo Jacques Derrida hizo un comentario acerca de esta frase en su libro "Políticas de la amistad".[43][44]

Influencia en pensadores posteriores[editar]

Los escritos de Aristóteles se enseñaron en la Academia de Atenas hasta el año 529 cuando el emperador bizantino Justiniano I clausuró escuelas de filosofía no cristianas.

Sin embargo, el trabajo de Aristóteles continuó siendo enseñado como parte de la educación secular. Las enseñanzas de Aristóteles se extendieron por el Mediterráneo y el Medio Oriente, donde algunos de los primeros regímenes islámicos permitieron descripciones filosóficas racionales del mundo natural. Alfarabi tuvo una gran influencia en toda la filosofía medieval y escribió muchas obras que incluyeron intentos de conciliar los escritos éticos y políticos de Platón y Aristóteles. Más tarde , Avicena, y más tarde todavía Averroes, fueron filósofos islámicos que comentaron sobre Aristóteles y escribieron su propia filosofía en árabe. Averroes, un musulmán europeo, fue particularmente influyente a su vez sobre los filósofos, teólogos y pensadores políticos europeos.

En el siglo XII, se hicieron traducciones latinas de las obras de Aristóteles, lo que permitió al sacerdote dominico Alberto Magno y a su alumno Tomás de Aquino sintetizar la filosofía de Aristóteles con la teología cristiana. Más tarde, el escolasticismo de la iglesia medieval en Europa occidental insistió en las opiniones tomistas y suprimió la metafísica no aristotélica. Los escritos de Aquino están llenos de referencias a Aristóteles, y él escribió un comentario sobre la Ética a Nicómaco. Aquino también se apartó de Aristóteles en ciertos aspectos. En particular, su Summa Theologica argumentó que Eudaimonia se consideraba un objetivo temporal para esta vida, pero la felicidad perfecta como objetivo final solo podía ser alcanzada en la próxima vida por los virtuosos. Aquino también añadió nuevas virtudes teologales al sistema de Aristóteles: fe, esperanza y caridad. Y la asistencia sobrenatural podría ayudar a las personas a alcanzar la virtud. Sin embargo, gran parte del pensamiento ético de Aristóteles permaneció intacto en Aquino.

En los tiempos modernos, los escritos de Aristóteles sobre ética permanecen entre los más influyentes en su amplio corpus, mientras que sus escritos científicos tienden a ser vistos como de interés más estrictamente histórico. La ciencia moderna desarrolla teorías sobre el mundo físico basadas en experimentos y observación cuidadosa, en particular, sobre la base de mediciones exactas de tiempo y distancia. Aristóteles, por otro lado, basa su ciencia en gran medida en la observación cualitativa y no experimental. En consecuencia, hizo algunas afirmaciones inexactas que se han revocado, como la afirmación de que los objetos de diferente masa se aceleran a diferentes velocidades debido a la gravedad.

Por otro lado, la Ética a Nicómaco sigue siendo relevante para los filósofos de hoy. De hecho, la ética de la virtud se inspira en el enfoque de Aristóteles sobre la ética, en particular, compartiendo su énfasis en la excelencia del carácter y la psicología ética. Algunos filósofos, en particular Bernard Williams, consideran que la ética de Aristóteles es superior a las tradiciones utilitarias y kantianas, que se han convertido en los enfoques dominantes de la ética filosófica.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

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