Diferencia entre revisiones de «COVID-19 persistente»

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El COVID-19 persistente es de reciente aparición, por lo que la evidencia respecto al tratamiento estándar puede ser limitada. Al tratarse de un síndrome con una gran variedad de manifestaciones y con orígenes muy diversos, el tratamiento óptimo a menudo es individualizado y adaptado a la función y capacidades de la persona afectada. Por ello, el síndrome post-COVID es frecuentemente tratado desde un enfoque pluridisciplinar en el que intervienen [[médico]]s, [[fisioterapia|fisioterapeutas]] y nutricionistas, entre otros.<ref name="jimeno"/>
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El COVID-19 persistente es de reciente aparición, por lo que la evidencia respecto al tratamiento estándar puede ser limitada y muchos de los ensayos clínicos aleatorizados enfocados a dar respuesta a esta incógnita se hallan en proceso. Al tratarse de un síndrome con una gran variedad de manifestaciones y con orígenes muy diversos, el tratamiento óptimo a menudo es individualizado y adaptado a la función y capacidades de la persona afectada. Por ello, el síndrome post-COVID es frecuentemente tratado desde un enfoque pluridisciplinar en el que intervienen [[médico]]s, [[fisioterapia|fisioterapeutas]] y nutricionistas, entre otros.<ref name="jimeno"/>
   
 
Dentro de las intervenciones terapéuticas recomendadas, las revisiones más recientes abogan por la realización de ejercicio terapéutico adaptado, englobado dentro de un programa diseñado por un [[Medicina física y rehabilitación|médico rehabilitador]] o un fisioterapeuta, con vigilancia de la intensidad y estrategias de adherencia al tratamiento, y adaptado a las limitaciones posibles halladas en este tipo de pacientes.<ref>{{Cita publicación |url=https://www.rcpjournals.org/lookup/doi/10.7861/clinmed.2020-0896 |título=Autonomic dysfunction in ‘long COVID’: rationale, physiology and management strategies |apellidos=Dani |nombre=Melanie |apellidos2=Dirksen |nombre2=Andreas |fecha=2021-01 |publicación=Clinical Medicine |volumen=21 |número=1 |páginas=e63–e67 |fechaacceso=2021-07-08 |idioma=en |issn=1470-2118 |doi=10.7861/clinmed.2020-0896 |pmc=PMC7850225 |pmid=33243837 |apellidos3=Taraborrelli |nombre3=Patricia |apellidos4=Torocastro |nombre4=Miriam |apellidos5=Panagopoulos |nombre5=Dimitrios |apellidos6=Sutton |nombre6=Richard |apellidos7=Lim |nombre7=Phang Boon}}</ref><ref name="jimeno">{{Cita publicación |url=https://www.mdpi.com/1660-4601/18/10/5329 |título=Post-COVID-19 Syndrome and the Potential Benefits of Exercise |apellidos=Jimeno-Almazán |nombre=Amaya |apellidos2=Pallarés |nombre2=Jesús G. |fecha=2021-05-17 |publicación=International Journal of Environmental Research and Public Health |volumen=18 |número=10 |páginas=5329 |fechaacceso=2021-07-08 |idioma=en |issn=1660-4601 |doi=10.3390/ijerph18105329 |pmc=PMC8156194 |pmid=34067776 |apellidos3=Buendía-Romero |nombre3=Ángel |apellidos4=Martínez-Cava |nombre4=Alejandro |apellidos5=Franco-López |nombre5=Francisco |apellidos6=Sánchez-Alcaraz Martínez |nombre6=Bernardino J. |apellidos7=Bernal-Morel |nombre7=Enrique |apellidos8=Courel-Ibáñez |nombre8=Javier}}</ref> Expertos en [[terapia ocupacional]] pueden intervenir para ayudar al paciente a realizar actividades de la vida diaria y realizar adaptaciones necesarias en la vivienda.<ref>{{Cita publicación |url=https://doi.org/10.1177/0308022620957579 |título=Post Covid-19 in Occupational Therapy |apellidos=Scott Chief Executive |nombre=Julia Scott |fecha=2020-10-01 |publicación=British Journal of Occupational Therapy |volumen=83 |número=10 |páginas=607–608 |fechaacceso=2021-07-08 |idioma=en |issn=0308-0226 |doi=10.1177/0308022620957579}}</ref> Asimismo, es recomendable optimizar el tratamiento de patologías concomitantes como [[diabetes]], [[hipertensión]] o [[insuficiencia renal]] crónica.<ref>{{Cita publicación |url=http://www.samj.org.za/index.php/samj/article/view/13141 |título=Long-COVID: An evolving problem with an extensive impact |apellidos=Mendelson |nombre=M |apellidos2=Nel |nombre2=J |fecha=2020-11-23 |publicación=South African Medical Journal |volumen=111 |número=1 |páginas=10 |fechaacceso=2021-07-08 |issn=2078-5135 |doi=10.7196/SAMJ.2020.v111i11.15433 |apellidos3=Blumberg |nombre3=L |apellidos4=Madhi |nombre4=S A |apellidos5=Dryden |nombre5=M |apellidos6=Stevens |nombre6=W |apellidos7=Venter |nombre7=F W D}}</ref><ref>{{Cita publicación |url=https://www.bmj.com/lookup/doi/10.1136/bmj.m3026 |título=Management of post-acute covid-19 in primary care |apellidos=Greenhalgh |nombre=Trisha |apellidos2=Knight |nombre2=Matthew |fecha=2020-08-11 |publicación=BMJ |páginas=m3026 |fechaacceso=2021-07-08 |idioma=en |issn=1756-1833 |doi=10.1136/bmj.m3026 |apellidos3=A’Court |nombre3=Christine |apellidos4=Buxton |nombre4=Maria |apellidos5=Husain |nombre5=Laiba}}</ref> El dolor puede abordarse a través de la prescripción de medicamentos [[analgésico]]s simples.<ref name="statpearls"/>
 
Dentro de las intervenciones terapéuticas recomendadas, las revisiones más recientes abogan por la realización de ejercicio terapéutico adaptado, englobado dentro de un programa diseñado por un [[Medicina física y rehabilitación|médico rehabilitador]] o un fisioterapeuta, con vigilancia de la intensidad y estrategias de adherencia al tratamiento, y adaptado a las limitaciones posibles halladas en este tipo de pacientes.<ref>{{Cita publicación |url=https://www.rcpjournals.org/lookup/doi/10.7861/clinmed.2020-0896 |título=Autonomic dysfunction in ‘long COVID’: rationale, physiology and management strategies |apellidos=Dani |nombre=Melanie |apellidos2=Dirksen |nombre2=Andreas |fecha=2021-01 |publicación=Clinical Medicine |volumen=21 |número=1 |páginas=e63–e67 |fechaacceso=2021-07-08 |idioma=en |issn=1470-2118 |doi=10.7861/clinmed.2020-0896 |pmc=PMC7850225 |pmid=33243837 |apellidos3=Taraborrelli |nombre3=Patricia |apellidos4=Torocastro |nombre4=Miriam |apellidos5=Panagopoulos |nombre5=Dimitrios |apellidos6=Sutton |nombre6=Richard |apellidos7=Lim |nombre7=Phang Boon}}</ref><ref name="jimeno">{{Cita publicación |url=https://www.mdpi.com/1660-4601/18/10/5329 |título=Post-COVID-19 Syndrome and the Potential Benefits of Exercise |apellidos=Jimeno-Almazán |nombre=Amaya |apellidos2=Pallarés |nombre2=Jesús G. |fecha=2021-05-17 |publicación=International Journal of Environmental Research and Public Health |volumen=18 |número=10 |páginas=5329 |fechaacceso=2021-07-08 |idioma=en |issn=1660-4601 |doi=10.3390/ijerph18105329 |pmc=PMC8156194 |pmid=34067776 |apellidos3=Buendía-Romero |nombre3=Ángel |apellidos4=Martínez-Cava |nombre4=Alejandro |apellidos5=Franco-López |nombre5=Francisco |apellidos6=Sánchez-Alcaraz Martínez |nombre6=Bernardino J. |apellidos7=Bernal-Morel |nombre7=Enrique |apellidos8=Courel-Ibáñez |nombre8=Javier}}</ref> Expertos en [[terapia ocupacional]] pueden intervenir para ayudar al paciente a realizar actividades de la vida diaria y realizar adaptaciones necesarias en la vivienda.<ref>{{Cita publicación |url=https://doi.org/10.1177/0308022620957579 |título=Post Covid-19 in Occupational Therapy |apellidos=Scott Chief Executive |nombre=Julia Scott |fecha=2020-10-01 |publicación=British Journal of Occupational Therapy |volumen=83 |número=10 |páginas=607–608 |fechaacceso=2021-07-08 |idioma=en |issn=0308-0226 |doi=10.1177/0308022620957579}}</ref> Asimismo, es recomendable optimizar el tratamiento de patologías concomitantes como [[diabetes]], [[hipertensión]] o [[insuficiencia renal]] crónica.<ref>{{Cita publicación |url=http://www.samj.org.za/index.php/samj/article/view/13141 |título=Long-COVID: An evolving problem with an extensive impact |apellidos=Mendelson |nombre=M |apellidos2=Nel |nombre2=J |fecha=2020-11-23 |publicación=South African Medical Journal |volumen=111 |número=1 |páginas=10 |fechaacceso=2021-07-08 |issn=2078-5135 |doi=10.7196/SAMJ.2020.v111i11.15433 |apellidos3=Blumberg |nombre3=L |apellidos4=Madhi |nombre4=S A |apellidos5=Dryden |nombre5=M |apellidos6=Stevens |nombre6=W |apellidos7=Venter |nombre7=F W D}}</ref><ref>{{Cita publicación |url=https://www.bmj.com/lookup/doi/10.1136/bmj.m3026 |título=Management of post-acute covid-19 in primary care |apellidos=Greenhalgh |nombre=Trisha |apellidos2=Knight |nombre2=Matthew |fecha=2020-08-11 |publicación=BMJ |páginas=m3026 |fechaacceso=2021-07-08 |idioma=en |issn=1756-1833 |doi=10.1136/bmj.m3026 |apellidos3=A’Court |nombre3=Christine |apellidos4=Buxton |nombre4=Maria |apellidos5=Husain |nombre5=Laiba}}</ref> El dolor puede abordarse a través de la prescripción de medicamentos [[analgésico]]s simples.<ref name="statpearls"/>
   
Es frecuente, además, proporcionar a los pacientes herramientas que permitan que estos lleven a cabo un autodiagnóstico fiable a través de dispositivos como [[tensiómetro]]s, [[pulsioxímetro]]s o medidores de [[glucemia|azúcar en sangre]]. Esto conlleva a menudo la realización de sesiones de educación terapéutica para facilitar el aprendizaje y buen uso de estos aparatos.<ref name="statpearls"/>
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Es frecuente, además, proporcionar a los pacientes herramientas que permitan que estos lleven a cabo un autodiagnóstico fiable a través de dispositivos como [[tensiómetro]]s, [[pulsioxímetro]]s o medidores de [[glucemia|azúcar en sangre]]. Esto conlleva a menudo la realización de sesiones de educación terapéutica para facilitar el aprendizaje y buen uso de estos aparatos.<ref name="statpearls"/>
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Revisión del 12:11 8 jul 2021

COVID persistente
LindePR health 17539 25259.jpg
Paciente recibiendo oxigenoterapia en UCI. Los pacientes de COVID-19 que son ingresados en UCI son más propensos a desarrollar COVID persistente.
Especialidad Enfermedades infecciosas
Síntomas Fatiga, disnea de esfuerzo, dolor de cabeza, depresión[1]
Duración Desconocida[1]
Causas Complicaciones de la COVID-19[1]
Factores de riesgo Diabetes, obesidad, edad avanzada, enfermedades cardiovasculares[1]
Sinónimos
Síndrome post-COVID-19, COVID-19 crónica
Wikipedia no es un consultorio médico Aviso médico 

La COVID-19 persistente,[2]​ también conocido como síndrome post-COVID-19 o COVID-19 crónica,[3][4]​ es un término utilizado para describir una serie de síntomas a largo plazo que aparecen como secuelas tras el padecimiento de la COVID-19. Se trata de un cuadro clínico caracterizado por la persistencia de síntomas más allá de las cuatro semanas tras el comienzo de los síntomas agudos de COVID-19 y que puede incluir síntomas propios de la enfermedad en su fase aguda, síntomas derivados de daños a diferentes órganos producidos por la enfermedad y efectos del tratamiento o la hospitalización por COVID-19. Los síntomas más frecuentes del COVID persistente incluyen fatiga, dificultad para respirar, dificultad para concentrarse, dolor de cabeza, anosmia, tos, depresión, y fiebre baja.[1]

Epidemiología

Aunque los datos epidemiológicos sobre el alcance y extensión de la COVID persistente son limitados, varios estudios observacionales y de cohorte prospectiva realizados en China, Francia, España, Reino Unido, EE.UU. e Italia que evaluaron las consecuencias a largo plazo de la COVID-19 aguda hallaron que los pacientes que son ingresados en UCI y/o sometidos a ventilación mecánica son más propensos a desarrollar el síndrome.[1]

Asimismo, los pacientes con comorbilidades pulmonares, de avanzada edad y/o con obesidad poseen un mayor riesgo de desarrollar COVID persistente.[5]​ Con el avance de la pandemia por COVID-19 se evidenció que los pacientes con patologías de base como diabetes mellitus, insuficiencia renal crónica, enfermedades cardiovasculares, enfermedades del hígado o receptores de trasplante de órganos tenían un riesgo mayor de padecer COVID-19 severo. Sin embargo, no se sabe con certeza que la presencia de estas comorbilidades supone un aumento en el riesgo de padecer COVID persistente.[6]

Los pacientes de sexo femenino son más propensos a desarrollarlo y poseen una mayor incidencia de manifestaciones como fatiga, ansiedad y depresión a los seis meses de seguimiento.[7]

Existen datos epidemiológicos limitados para estudios hayan evaluado la incidencia de COVID persistente analizando por variables de raza y grupo étnico. Un artículo científico publicado en 2021 arrojaba resultados que indicaban que los pacientes de origen afroasiático eran más propensos a sufrir disnea tras su alta hospitalaria respecto a los caucásicos.[8]

Cuadro clínico

Varios estudios han analizado los síntomas manifestados en pacientes que se han recuperado de la fase aguda de COVID-19 a los 60 días de su hospitalización. Entre estos, 32% aún sufrían de síntomas relacionados con la enfermedad, siendo la disnea y la fatiga los más comunes.[9][10]​ Es también común entre estos pacientes presentar dificultades para conciliar el sueño, depresión y/o ansiedad.[11]​ Una revisión sistemática publicada en mayo de 2021 afirmó que hasta un 70% de los afectados por COVID-19 continúan presentando algunos síntomas de la enfermedad meses después del periodo clínico. La mayoría de los sujetos analizados habían sido ingresados por la enfermedad en su fase aguda.[12]

Se ha descrito que el cuadro clínico del COVID persistente deriva de tres factores relacionados con la enfermedad aguda: las manifestaciones de COVID-19 cuya duración supera la habitual de la enfermedad (aproximadamente cuatro semanas), el daño en diferentes órganos causado por la enfermedad y los efectos derivados del tratamiento y/o la hospitalización por la misma.[1]

Síntomas de COVID persistente según su origen[1]
Origen Manifestaciones clínicas más comunes
Síntomas de la COVID-19 aguda que se mantienen tras el período de convalecencia Fatiga, disnea, dificultad para concentrarse, disfunción vegetativa, cefalea, anosmia, ageusia, tos, depresión y ansiedad, fiebre baja, palpitaciones, mareo, dolor muscular y/o articular.
Síntomas relacionados con daño a los tejidos Variables. Síntomas de origen cardiovascular, pulmonar, renal o neuropsiquiátricos.
Síntomas relacionados con el tratamiento y/o la hospitalización Síndrome post-UCI, trastorno por estrés postraumático

En términos generales, las manifesaciones clínicas de la COVID persistente pueden ser ampliamente variables y dependerán, en gran medida, de la extensión del daño en los tejidos provocado por la COVID-19 en su fase aguda. Además, dependiendo de la localización de los mismos, puede establecerse una distinción por origen de los mismos.

Manifestaciones respiratorias

Aunque la severidad de las complicaciones a largo plazo relacionadas con la COVID-19 aún se encuentra en progreso de estudio, existen datos que muestran que cierto porcentaje de pacientes que han pasado el periodo de convalecencia tras una la fase aguda de la enfermedad continúan sufriendo síntomas respiratorios.[1]​ Entre estos destacan los ya mencionados, aunque también se dan casos de dependencia a largo plazo de la oxigenoterapia y disminución de la capacidad de resistencia física. El más característico dentro de esta categoría es la disnea, con una prevalencia de entre el 40% y el 50% a los 100 días de la hospitalización post-COVID-19 aguda. En el seguimiento a los seis meses tras la hospitalización, la distancia recorrida por este tipo de pacientes es signficativamente menor respecto al estándar de referencia en sujetos sanos, a menudo debido a una dificultad para respirar ante la realización de un esfuerzo, y aproximadamente el 6% de los pacientes todavía requieren de terapia de oxígeno a los 60 días.[9]

Manifestaciones cardiovasculares y hematológicas

A través de mecanismos de citotoxicidad, se ha observado que la COVID-19 puede causar complicaciones en el miocardio y el pericardio, lo cual provoca manifestaciones como disnea, fatiga, disfunción del sistema vegetativo y arritmias. Además, es común hallar en estos pacientes un aumento a la predisposición a la formación de fenómenos tromboembólicos secundarios al estado de aumento de los procesos de coagulación e inflamación sistémica derivados de la enfermedad. La consecuencia de esto puede manifestarse a través de una amplia variedad de síntomas como dificultad para respirar, dolor torácico, palpitaciones o edema en las piernas, entre otros.[13][14][1]

Manifestaciones neuropsiquiátricas

Se ha hipotetizado que la presencia de manifestaciones neurológicas está relacionada con la inflamación sistémica, la neurotoxicidad viral o las alteraciones en la coagulación y la tendencia al aparición de trombosis en vasos de menor tamaño de la enfermedad en fase aguda. Entre los síntomas más comunes de esta categoría hallados en pacientes de COVID persistente se hallan la dificultad para concentrarse, la fatiga y el dolor de cabeza, así como síntomas de carácter psicológico como trastorno por estrés postraumático, ansiedad o depresión, aunque no se conoce con seguridad si estos últimos están relacionados más estrechamente con la experiencia de la hospitalización y/o el tratamiento de la enfermedad aguda.[1][15][16]

Causas

Al tratarse de una enfermedad de aparición reciente, se desconocen los mecanismos fisiopatológicos exactos del COVID persistente, aunque se especula que estos poseen un origen multifactorial en el que el daño multiorgánico juega un papel importante.[1]

Otra teoría principal es que la sintomatología del COVID persistente está relacionada con la abrumadora respuesta inflamatoria observada en pacientes de COVID-19 grave. Es frecuente en estos pacienetes observar un síndrome de respuesta inflamatoria sistémica que se compensa, a su vez con una cascada anti-inflamatoria.[17]​ El delicado equilibrio entre estas dos respuestas por parte del organismo determina, en gran parte, el cuadro clínico y el pronóstico asociado a la infección por COVID-19. Además, se ha observado que la respuesta inflamatoria a través de tormenta de citoquinas hallada en pacientes de COVID-19 puede causar complicaciones que, a su vez, provocan efectos negativos a largo plazo como el síndrome de insuficiencia respiratoria grave, alteraciones en la coagulación, mala adaptación de sistema renina-angiotensina-aldosterona, hipoperfusión orgánica o choque séptico, entre otros. Esta equilibrio, por tanto, puede resultar en una activación inmune excesiva, una activación inmune adecuada, o un estado de inmunosupresión que determinará la recuperación, la reactivación del virus o la aparición de infecciones secundarias.[18][1]

Diagnóstico

Ya que el COVID-19 persistente es todavía un concepto patológico en desarrollo, no existen guías de práctica clínica que orienten sobre el adecuado diagnóstico, por lo que se recomienda que este se realice a través de un proceso de descarte realizado a menudo a través de la evaluación clínica y del historial médico del paciente. En esta se analizan detalladamente las estancias hospitalarias del sujeto, con una observación de los tests de diagnóstico realizados durante estas. Esto puede complementarse con diversos tests como análisis de sangre con valores como proteína C reactiva, fibrinógeno, dímero D y ferritina si existe indicación. El uso de tests radiológicos puede considerarse en los casos en los que se dan síntomas predominantemente respiratorios o neurológicos, así como ECG o ecocardiografía en pacientes con sospecha de daño cardíaco.[1]

También adquiere importancia el descartar una posible reinfección por parte del profesional médico que, aunque se da con una frecuencia muy baja, puede comportar síntomas parecidos a los sufridos por pacientes con secuelas de la COVID-19 inicial.[19]

Tratamiento

El COVID-19 persistente es de reciente aparición, por lo que la evidencia respecto al tratamiento estándar puede ser limitada y muchos de los ensayos clínicos aleatorizados enfocados a dar respuesta a esta incógnita se hallan en proceso. Al tratarse de un síndrome con una gran variedad de manifestaciones y con orígenes muy diversos, el tratamiento óptimo a menudo es individualizado y adaptado a la función y capacidades de la persona afectada. Por ello, el síndrome post-COVID es frecuentemente tratado desde un enfoque pluridisciplinar en el que intervienen médicos, fisioterapeutas y nutricionistas, entre otros.[20]

Dentro de las intervenciones terapéuticas recomendadas, las revisiones más recientes abogan por la realización de ejercicio terapéutico adaptado, englobado dentro de un programa diseñado por un médico rehabilitador o un fisioterapeuta, con vigilancia de la intensidad y estrategias de adherencia al tratamiento, y adaptado a las limitaciones posibles halladas en este tipo de pacientes.[21][20]​ Expertos en terapia ocupacional pueden intervenir para ayudar al paciente a realizar actividades de la vida diaria y realizar adaptaciones necesarias en la vivienda.[22]​ Asimismo, es recomendable optimizar el tratamiento de patologías concomitantes como diabetes, hipertensión o insuficiencia renal crónica.[23][24]​ El dolor puede abordarse a través de la prescripción de medicamentos analgésicos simples.[1]

Es frecuente, además, proporcionar a los pacientes herramientas que permitan que estos lleven a cabo un autodiagnóstico fiable a través de dispositivos como tensiómetros, pulsioxímetros o medidores de azúcar en sangre. Esto conlleva a menudo la realización de sesiones de educación terapéutica para facilitar el aprendizaje y buen uso de estos aparatos.[1]

Las complicaciones relacionadas con sistemas específicos (pulmonares, renales, hepáticos, cardiovasculares) se abordan a través de intervenciones individualizadas basadas en el problema en cuestión.[1]​ Los pacientes de COVID-19 persistente, además, sufren con frecuencia de problemas de salud mental (ansiedad, depresión),[25]​ en cuyo caso es aconsejable la participación de psicólogos o psiquiatras en el tratamiento.[26]

Referencias

  1. a b c d e f g h i j k l m n ñ o p Chippa, Venu; Aleem, Abdul; Anjum, Fatima (2021). Post Acute Coronavirus (COVID-19) Syndrome. StatPearls Publishing. PMID 34033370. Consultado el 5 de julio de 2021. 
  2. RAE. «Covid - Diccionario histórico de la lengua española». «Diccionario histórico de la lengua española». Consultado el 5 de julio de 2021. 
  3. «Qué es la "covid-19 crónica" y por qué a algunos les cuesta tanto recuperarse del coronavirus». BBC News Mundo. Consultado el 5 de julio de 2021. 
  4. El síndrome post-covid podría acarrear también alteraciones psiquiátricas. 13 de abril de 2021. Consultado el 5 de julio de 2021. 
  5. Halpin, Stephen; O'Connor, Rory; Sivan, Manoj (2021-03). «Long COVID and chronic COVID syndromes». Journal of Medical Virology (en inglés) 93 (3): 1242-1243. ISSN 0146-6615. PMC 7675759. PMID 33034893. doi:10.1002/jmv.26587. Consultado el 5 de julio de 2021. 
  6. Williamson, Elizabeth J.; Walker, Alex J.; Bhaskaran, Krishnan; Bacon, Seb; Bates, Chris; Morton, Caroline E.; Curtis, Helen J.; Mehrkar, Amir et al. (20 de agosto de 2020). «Factors associated with COVID-19-related death using OpenSAFELY». Nature (en inglés) 584 (7821): 430-436. ISSN 0028-0836. PMC 7611074. PMID 32640463. doi:10.1038/s41586-020-2521-4. Consultado el 5 de julio de 2021. 
  7. Huang, Chaolin; Huang, Lixue; Wang, Yeming; Li, Xia; Ren, Lili; Gu, Xiaoying; Kang, Liang; Guo, Li et al. (2021-01). «6-month consequences of COVID-19 in patients discharged from hospital: a cohort study». The Lancet (en inglés) 397 (10270): 220-232. PMC 7833295. PMID 33428867. doi:10.1016/S0140-6736(20)32656-8. Consultado el 5 de julio de 2021. 
  8. Halpin, Stephen J.; McIvor, Claire; Whyatt, Gemma; Adams, Anastasia; Harvey, Olivia; McLean, Lyndsay; Walshaw, Christopher; Kemp, Steven et al. (2021-02). «Postdischarge symptoms and rehabilitation needs in survivors of COVID‐19 infection: A cross‐sectional evaluation». Journal of Medical Virology (en inglés) 93 (2): 1013-1022. ISSN 0146-6615. doi:10.1002/jmv.26368. Consultado el 5 de julio de 2021. 
  9. a b Chopra, Vineet; Flanders, Scott A.; O’Malley, Megan; Malani, Anurag N.; Prescott, Hallie C. (2021-04). «Sixty-Day Outcomes Among Patients Hospitalized With COVID-19». Annals of Internal Medicine (en inglés) 174 (4): 576-578. ISSN 0003-4819. PMC PMC7707210 |pmc= incorrecto (ayuda). PMID 33175566. doi:10.7326/M20-5661. Consultado el 6 de julio de 2021. 
  10. Arnold, David T; Hamilton, Fergus W; Milne, Alice; Morley, Anna J; Viner, Jason; Attwood, Marie; Noel, Alan; Gunning, Samuel et al. (2021-04). «Patient outcomes after hospitalisation with COVID-19 and implications for follow-up: results from a prospective UK cohort». Thorax (en inglés) 76 (4): 399-401. ISSN 0040-6376. PMC PMC7716340 |pmc= incorrecto (ayuda). PMID 33273026. doi:10.1136/thoraxjnl-2020-216086. Consultado el 6 de julio de 2021. 
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