Papel moneda

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Se denomina papel moneda al trozo de papel (o en la actualidad, de materia sintética similar) impreso que representa un valor fiduciario.[1] Sustituye a la moneda metálica, más incómoda de manejar, especialmente en grandes cantidades. Surge en China en el siglo VII, introduciéndose en Europa en el siglo XVII (Suecia, 1661), extendiéndose en el siglo XVIII.[2]

El papel moneda es cualquier documento con valor fiduciario reconocido y no solamente el dinero de curso legal. En España, son papel moneda el billete (de banco), el vale real, la obligación al portador, el certificado provisional, el certificado de plata y algunos documentos semejantes.[1]

El papel moneda más conocido y utilizado, es el billete de banco, emitido generalmente por un banco central o una autoridad pública como moneda fiduciaria. En otro tiempo, era cambiable sin limitación de tiempo por moneda metálica y respaldado por su equivalente en metales preciosos. Ahora solo circula como moneda de curso legal y no es cambiable por oro o plata. Formalmente se trata de un papel impreso, con diversos diseños, marcas y firmas que garantizan su autenticidad. El término billete se utiliza con frecuencia, por tanto, como sinónimo del más genérico papel moneda.[1]

Historia[editar]

El papel moneda, más conocido como billete, tienen su origen en China en el siglo VII, pero su uso no fue oficial hasta el año 812 (siglo IX). La importancia de un medio de cambio que facilitase el comercio entre los habitantes de una población, hizo nacer a la moneda, como medio de cambio.[2]

En el siglo XIII, un ciudadano veneciano llamado Marco Polo, emprendió un largo viaje a China, empresa asombrosa para la época. Este hecho peculiar le hizo famoso. Las anotaciones que hizo durante este viaje, contienen las primeras referencias que existen en Occidente acerca de la producción y uso del papel moneda, forma de pago incomprensible para las condiciones imperantes en Europa por entonces. Para los contemporáneos de Marco Polo, esta información parecía fantasiosa e indigna de credibilidad. Las aseveraciones del famoso explorador solamente pudieron ser verificadas años más tarde, con los billetes emitidos durante el siglo XIV por la dinastía Ming.[3] Los chinos llamaron a los billetes “dinero volante”, debido al escaso peso de éstos y a la facilidad con que circulaban en un área relativamente grande. Hacia el siglo X ya tenían un sistema de circulación muy bien estructurado. Poco después de que el papel moneda comenzara a existir, aparecieron los inevitables falsificadores de este medio de pago. Hasta ahora se guardan archivos que describen la lucha que libraron las autoridades chinas contra este problema. Las penas aplicadas no eran poca cosa y el delito de falsificación se castigaba con la sentencia a muerte del implicado.[3]

En Europa, los primeros billetes de los que hay constancia aparecen en Suecia en el año 1661 (siglo XVII) de la mano del cambista Johan Palmstruch, quien los entregaba como "recibo" para quien depositaba oro u otro metal precioso en el Banco de Estocolmo, que había fundado él mismo. A España llegaron en 1780, durante el reinado de Carlos III, y su uso se popularizó rápidamente por ser mucho más cómodo de llevar. Así no hacía falta cargar con la famosa bolsa llena de monedas, mucho más llamativa y pesada.[2]

Hasta no hace mucho, los billetes estaban respaldados por el patrón oro, es decir, que cada emisión de dinero que hacían las autoridades de un país, debían estar respaldados por determinada cantidad de oro. Esto fue así hasta los años 70 aproximadamente, cuando se dejó de utilizar al oro como respaldo de la moneda.[2]

Falsificación[editar]

Billetes de dólar estadounidenses.

Así como la falsificación de monedas de oro y plata era menos rentable porque el valor del metal constituía la parte esencial de su valor, los billetes no dejan de ser simplemente papel y por lo tanto resultan piezas atractivas para el fraude, por lo que los bancos los dotan de una serie de medidas de seguridad. Los billetes actuales se elaboran con papel especial hecho de fibras alargadas de algodón y con técnicas de impresión complejas, como la marca al agua, hologramas, y tinta invisible, para evitar la falsificación.

A menudo la composición del papel incluye lino, algodón u otras fibras textiles. Algunos países, como Australia, México, Brasil, Paraguay, Chile, Guatemala, Nueva Zelandia y Hong Kong, producen billetes de plástico para aumentar su resistencia a lo largo de su uso, y para permitir la inclusión de una ventanilla transparente de unos pocos milímetros, una característica de seguridad muy difícil de reproducir con técnicas normales de copias.

Generalmente, además de la falsificación, también está penada la alteración o marcado de los billetes.

Medidas de seguridad[editar]

Para evitar falsificaciones se emplean distintas medidas de seguridad:

  • Marca de agua o filigrana: el papel tiene una o más imágenes formadas por diferencias de espesores que se ven a trasluz.
  • Blanqueador: se usa papel sin blanqueadores ópticos —de esta forma no puede falsificarse usando papel común—, o se lo emplea sólo en una región. Esto puede detectarse empleando una fuente de luz ultravioleta.
  • Relieves: el papel tiene relieve en distintas partes.
  • Tinta ópticamente variable (OVI): es una tinta que cambia de color según el ángulo del observador y la incidencia de la luz.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]