Yo, Claudio

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Yo, Claudio
Autor Robert Graves
Género Novela histórica
Idioma Inglés
Título original I, Claudius
Artista de la cubierta John Aldridge
Editorial Arthur Barker
País Flag of the United Kingdom.svg Reino Unido
Formato Impreso (Cartoné y rústica)
Páginas 468 (edición cartoné)
ISBN 0-679-72477-X
Serie
Yo, Claudio Claudio, el dios, y su esposa Mesalina

Yo, Claudio (1934, I Claudius) es la novela más conocida del escritor británico Robert Graves y una de las grandes superventas del siglo XX. Está basada en las historias de Tácito, Plutarco y las Vidas de los doce césares. Precisamente, el escritor tradujo antes al autor de esta última obra, Suetonio, para entenderlo mejor. La revista Time la incluyó en su lista de las 100 mejores hasta 2005.[1] Su continuación es Claudio, el dios, y su esposa Mesalina (1935).

Reseña[editar]

Claudio, creyendo que alguien quiere acabar con su vida, decide escribir su biografía para dejar claro qué tipo de personas forman su familia y su entorno. Por ello, centra su narración en la dinastía Julio-Claudia y el Imperio Romano desde el asesinato de Julio César (44 a. C.) hasta el de su sobrino Calígula (41).

Contenido[editar]

La novela está narrada en primera persona por el propio Claudio, ya emperador, quien evoca su infancia y juventud. El Claudio histórico fue mantenido alejado de la vida pública por su familia, los Julio-Claudios, hasta su repentina elevación a la edad de 49 años. Esto se debía a diversas incapacidades, incluyendo tartamudeo, cojera y varios tics nerviosos, lo que le hacía aparecer como un deficiente mental a sus parientes. Así fue definido por los eruditos durante la mayor parte de la historia, y Graves usa estas peculiaridades para desarrollar un personaje simpático, cuya supervivencia en una dinastía asesina depende de la presunción incorrecta de que es un idiota inofensivo.

Robert Graves señaló que después de leer a Suetonio, Claudio se le apareció en un sueño una noche y exigió que se narrara su verdadera historia. La vida de Claudio proporcionó a Graves una forma de escribir sobre los primeros cuatro emperadores desde un punto de vista íntimo. Además, el auténtico Claudio fue un historiador experto y se sabe que escribió una autobiografía, hoy perdida, en ocho libros que abarcaban el mismo período. Yo, Claudio es una narración en primera persona de la historia romana desde el reinado de Augusto hasta el de Calígula. El propio reinado de Claudio se contiene en la novela siguiente.

Graves proporciona un marco para la historia al hacer que Claudio visita Cumas, donde recibe una profecía en verso de la sibila y una profecía adicional contenida en un libro de las Curiosidades sibilinas. Este último se refiere a los destinos de los «velludos» (esto es, los Césares, de la palabra latina «caesar», que significaba «una cabeza peluda») que gobernarían Roma. El penúltimo verso se refiere a su propio reinado, y Claudio asume que puede identificar al último emperador descrito. Desde el principio, entonces, Graves establece un tono fatalista que se agota al final de la segunda novela, cuando Nerón va a suceder a Claudio.

Se supone que la escribe en griego, por cuanto Claudio está escribiendo para la posteridad en la que creía que no se hablaría latín, pero sí griego. En Cumas, la sibila cuenta a Claudio que él «hablará claro» mil novecientos años más tarde, lo que significa que él escribirá sus memorias secretas y las dejará para que las descubra la posteridad en el siglo XX. Por ello elige escribir en griego, puesto que cree que seguirá siendo «el principal idioma literario del mundo». Esto permite a Graves explicar costumbres y expresiones idiomáticas latinas. Por ejemplo, explica la etimología de palabras latinas (como los orígenes de los nombres «Livia» y «César») que de otra manera sería obvio a los latinoparlantes, que Claudio (correctamente) cree que no existirán en el futuro.

Temas principales[editar]

Claudio, afectado por poliomielitis, tartamudeo y considerado políticamente nulo, sobrevivió a la mayor parte de sus parientes y se convirtió, casi por casualidad, en la máxima figura del imperio, aun cuando él era un republicano convencido y sólo quería dedicarse a sus estudios históricos. Con ello se trataba el conflicto entre la libertad (como la demostrada por la República Romana y la dedicación a sus ideales mostrada por Augusto y el joven Claudio), y la estabilidad del Imperio y el gobierno defendido por la emperatriz Livia en esta novela. La República proporcionaba libertad pero era inherentemente inestable y abría las puertas a eternas guerras civiles, la última de las cuales la había terminado Augusto después de veinte años de luchas. Mientras que Augusto albergaba sentimientos republicanos, su esposa Livia consigue convencerlo de que dejar sus poderes imperiales significaría la destrucción de la pacífica sociedad. Graves reconoce que debe haber un delicado equilibrio entre la libertad republicana y la estabilidad imperial; demasiado de la primera lleva a la guerra civil, demasiado de la segunda lleva a la corrupción de Tiberio, Calígula o, en menor medida, Livia.

En Yo, Claudio se pueden apreciar claramente muchas de las costumbres de la época y de su cultura, como la creencia en los dioses. La inmediatez y la validez de la religión romana es así otro tema común en la novela. Todas las profecías realizadas en la narrativa acaban sucediendo, como los distintos césares que se suceden en el trono. Las profecías religiosas funcionan como medios principales de presagiar en la narrativa. También se relatan las conquistas de Roma, particularmente en Germania.

Se describen en la novela muchos personajes importantes de la antigüedad, como Augusto, su esposa Livia, Germánico, Tiberio y Calígula. Los personajes femeninos son bastante poderosos, como en otras obras de Graves. Sobresale en esta novela la figura de Livia, siendo fuertes figuras femeninas secundarias Agripina, la esposa de Germánico o Antonia, la madre de Claudio, quienes claramente ejercen un poder por detrás de sus esposos, amantes, padres, hermanos o hijos. El ejemplo más claro es proporcionado por Augusto y Livia: allí donde él inadvertidamente ha causado la guerra civil, ella consigue, a través de una constante manipulación, conservar la paz, prevenir un regreso a la República y mantener a sus parientes en el poder. Las mujeres romanas no tenían un papel abierto en la vida pública romana, así que a menudo acontecimientos significativos y desagradables supuestamente instigados por detrás por las mujeres permiten a Graves desarrollar personajes vitales y poderosos.

Precisión histórica[editar]

La novela está escrita como si Claudio estuviera narrando su propia historia y la de su familia, con la inclusión de algunas de las propias palabras del Claudio histórico y sus pensamientos, lo que contribuye a la plausibilidad de la narración. Sin embargo, Graves era selectivo en el uso de fuentes antiguas (principalmente Tácito y Suetonio), no siguiendo siempre sus afirmaciones. Por ejemplo, las peores alegaciones contra Tiberio y Calígula se repiten como un hecho, cuando alegaciones similares contra Augusto se ven como muestra de la influencia de Livia. Se hace que Livia confiese asesinatos (de Marcelo, Agripa, Augusto, Cayo y Lucio) que se supone que cometió sólo según una fuente antigua (Tácito). Augusto, por su parte, está representado como un hombre bondadoso, incluso una especie de amable bufón e inocentón, que está tristemente engañado por su megalomaníaca esposa.

Una serie de discrepancias menores se deben a investigaciones llevadas a cabo después de que se publicaran los libros por vez primera. Actualmente se cree que Claudio sufrió un tipo de parálisis cerebral, no parálisis infantil como se señala en la novela. El propio Graves confirma esto en una entrevista posterior (se refiere a ella como la «enfermedad del pequeño»). Otro se refiere a la edad de Mesalina en el momento de casarse. En la época en que se escribió Yo, Claudio, se creía que Mesalina era una novia niña de catorce años. Se sabe ahora que el medio hermano menor de Mesalina, Fausto Cornelio Sila Felix (un descendiente del dictador romano Sila), tenía al menos ya diecisiete años cuando esto ocurrió. Mesalina, por lo tanto, estaba en la primera mitad de sus veinte años y que probablemente ya se había divorciado una vez.

Posición del libro sobre la exactitud histórica[editar]

Es interesante que haya una escena dentro de la trama de Yo, Claudio que se refiere al tema de la exactitud histórica, la ficción histórica y la propaganda. El joven Claudio está en la biblioteca y es testigo de una conversación entre los historiadores romanos Livio y Polión sobre la mejor manera de escribir historia. Se revela que Livio, en la versión de Graves, deliberadamente se toma libertades con la precisión histórica, describiendo, por ejemplo, grandes victorias romanas que realmente no sucedieron, de manera que sus lectores estarían orgullosos de su herencia romana y emularían las acciones de las figuras «históricas»; escribe lo que los lectores modernos llamarían ficción histórica. Polión, por su parte, diligentemente comprueba los hechos, aunque sus obras resultantes son menos entretenidas a la hora de leerlas pero más precisas; escribe lo que los lectores modernos reconocerían como historia profesional.

Los dos historiadores se vuelven hacia Claudio y le preguntan qué enfoque es el correcto. Aunque Claudio cree en secreto que Polión es mejor, responde que quizá la historia tiene dos propósitos, diciendo que «uno es inspirar a los hombres la virtud y el otro es compelerlos a la verdad, y quizá no sean irreconciliables». Cuando se le pregunta qué forma de historia planea escribir él cuando se convierta en adulto, responde que debido a que sabe que nunca será capaz de escribir tan bellamente como Livio, intentará ser tan disciplinado como Polión.

Significado literario y crítica[editar]

La novela Yo, Claudio, como su secuela, fue muy popular entre el público cuando se publicó por vez primera en el año 1934 y obtuvo el reconocimiento literario con el premio James Tait Black de 1934 por ficción. Probablemente sea la obra más conocida de Graves, aparte de su ensayo mítico La diosa blanca y su propia autobiografía Adiós a todo eso. A pesar de su éxito de crítica y económico, Graves más tarde se sintió a disgusto con la popularidad de los libros. Señaló que sólo fueron escritos por necesidades financieras con un plazo estricto. No obstante, aún hoy son consideradas como obras maestras pioneras en el reino de la ficción histórica.

Relación con otras obras[editar]

La obra fue continuada en el mismo año 1934 con la novela Claudio, el dios, y su esposa Mesalina en la cual se relatan los años de gobierno del emperador Claudio, desde la muerte de Calígula a la suya propia en el año 54; en ella trata de los primeros años de la vida de Herodes Agripa.

En 1937 se produjeron intentos de adaptar esta novela al cine Yo, Claudio por el director Josef von Sternberg. El productor era Alexander Korda, entonces casado con Merle Oberon, a quien se atribuyó el papel de la esposa de Claudio, Mesalina. Emlyn Williams sería Calígula, Charles Laughton Claudio y Flora Robson era Livia. El rodaje se abandonó después de que Oberon quedase seriamente herida en un accidente de tráfico.

La BBC produjo en 1976, con guion de Jack Pullman, una miniserie basada en esta novela y la siguiente. La producción ganó tres premios Emmy en 1978 y cuatro premios BAFTA en 1977.

La telenovela mexicana Imperio de cristal está libremente basada en los temas centrales de Yo, Claudio, en especial en lo que se refiere a los nombres de ciertos personajes.

En 2008, se anunció que Relativity Media había obtenido los derechos para producir una nueva adaptación al cine de Yo, Claudio. Jim Sheridan se citaba como director.[2]

La novela también se ha adaptado al teatro. La producción de 1972 I, Claudius fue escrita por John Mortimer y protagonizada por David Warner.[3]

Referencias[editar]

  1. «The Complete List».
  2. Kit, Borys (12-09-2008). «Relativity says aye, 'Claudius'». The Hollywood Reporter (Nielsen Business Media, Inc.). Archivado desde el original el 2008-09-12. Consultado el 14-09-2008. 
  3. «The View from London». TIME. 18-09-1972. http://www.time.com/time/magazine/article/0,9171,906412-2,00.html. 

Enlaces externos[editar]