Yewá

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Yewá es una de las deidades de la religión yoruba. En la santería sincretiza con Nuestra Señora de los Desamparados (30 de Octubre), patrona de Valencia, la Virgen de Monserrate y Santa Clara de Asis. En el diloggún habla por Irosso (4), Okana (1) y Osá (9).

Resumen[editar]

Yewá es la dueña de la sepultura, está entre las tumbas y los muertos y vive dentro del féretro que está en el sepulcro. Yewá es la Orisha dueña del cementerio y ampliamente ligada a la muerte. Su culto procede de Dahomey y vivió en Egwadó. Habita el cementerio, es la encargada de llevar los eggun a Oyá y es la que baila sobre sus tumbas. Su nombre proviene del Yorùbá Yèwá (Yeyé: madre - Awá: nuestra). Adorada principalmente en las casas de Santiago de Cuba, donde se entrega como Orisha tutelar y sus hijos gozan de gran prestigio como adivinos y se mantienen en la más rígida austeridad.

EN PRESENCIA DE YEWA HAY QUE GUARDAR LA COMPOSTURA Y NADIE PUEDE DESNUDARSE (PARA CAMBIAR LA ROPA DEL MEDIO) NO SE PUEDE HABLAR DE AMORES NI REALIZAR MUESTRAS AFECTIVAS, TAMPOCO SE PUEDE PELEAR, NI TAN SIQUIERA HABLAR O COMPORTARSE CON RUDEZA.

El Orisha[editar]

Representa la soledad, la contención de los sentimientos, la castidad femenina, la virginidad y la esterilidad. Se viste con un vestido rosado. La saya ancha se ata a la cintura con un cinturón del mismo material. Lleva una corona decorada con muchos caracoles. Yewa forma parte principal de las Iyamis (brujas) como patrona y dueña de ellas. Es muy dulce y severa al mismo tiempo por su caracter extricto al igual que Oduduwa. No le gusta que sus hijos sean indecisos y tienen que llevar una vida limpia y estricta como lo es ella. No le gustan los errores a pesar de que no existe la perfección, ella exige sus hijos lo sean.

Familia[editar]

Hija de Obbatala y Oduduwa, hermana de Oyá y Obbá, compañera de Babalú Ayé, aunque siempre conservó su virginidad.Se considera que Obatala Oshagriñan tuvo relaciones con Yewá.

Ofrendas[editar]

Se le ofrenda pescado entomatado, gofío con pescado y pelotas de maní. Los animales que se le inmolan deben ser jóvenes, hembras y vírgenes. Sus Ewe son los mismos de Oyá.

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REZO DE YEWÁ[editar]

YEWA Ale olu ologbo suje odu kala Olula Agbo luduou dogo sodi

Yeguá orí masó ohí kara okú olá yoko ada babá iba yeyé Ogún ode, Ogún odo ilé aguá are olokoleri ilé tutu aña tuto anto da ofún ori ma guá. Ayó

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Caracteristicas de sus hijos[editar]

Son dominantes severos y exigentes. Suelen ser moralistas por demás y aborrecen las relaciones carnales, que están más allá de sus posibilidades prácticas.

Pataki de Yewá[editar]

1.YEWA, QUE ERA DULCE ,BELLA Y GRACIOSA, VIVIA AISLADA EN EL CASTILLO DE SUU PADRE ODDUA, QUIEN LA QUERIA COMO LA NIÑA DE SUS OJOS. LA FAMA DE VIRTUD Y BELLEZA LLEGO HASTA LOS OIDOS DE CHANGO, QUIEN APOSTO QUE PODRIA SEDUCIRLA. PARA LOGRAR SU OBJETIVO SE INTRODUJO EN EL CASTILLO Y SE ENTRETUVO EN ARREGLAR LAS FLORES EN EL JARDIN. YEWA SE ASOMO EN LA VENTANA Y AL VERLO SE QUEDO ARROBADA POR LA APOSTURA VARONIL DEL ORICHA, FUE ASI COMO CHANGO GANO LA APUESTA. ODDUA AL ENTERARSE MONTO EN COLERA Y YEWA, DESILUCIONADA Y CON EL CORAZON ROTO, LE PIDIO A SU PADRE QUE LA ENVIARA A UN SITIO DONDE NINGUN HOMBRE LA VIERA. ODDUA LA NOMBRO ENTONCES REINADE LOS EGGUN (DIFUNTOS) EN EL ILE IKU (CEMENTERIO). ODDUA TENIA VARIAS HIJAS QUE ERAN SU ORGULLO, PERO UNA DE ELLAS, YEWA SE DESTACABA ENTRE TODAS POR SU DULZURA.CANDIDEZ Y BELLEZA. UN DIA CONVERSANDO CON YEMBO, MADRE DE YEWA, HALAGO A LA JOVEN Y LO QUE SIGNIFICABA EN LA TIERRA. ECHU, DESDE LA PUERTA, ESCUCHO Y PENSO QUE EL SE ENCARGARIA DE QUE EL HONOR DE ODDUA FUERA MANCILLADO Y PERDIERA EL ORGULLO POR LA DONCELLA. PARA ESTO SE FUE DIRECTAMENTE A CONVERSAR CON CHANGO, PROVOCANDO SU VANIDAD. COMO ES POSIBLE QUE, SIENDO EL MAS APUESTO DEL REINO, NO HAYAS CONOCIDO Y ENAMORADO A YEWA?, LE DIJO, A LO QUE CHANGO RESPONDIO QUE NO CONOCIA A PERSONA ALGUNA CON LAS CARACTERISTICAS DESCRITA POR ECHU.ESTE LE DIJO ENTONCES QUE ODDUA TENIA A A SU BIENAMADA HIJA CUIDANDO LOS JARDINES DE SU PALACIO, BIEN RESGUARDADA DE LOS PELIGROS QUE REPRESENTABA EL SEDUCTOR ORICHA, Y QUE ADEMAS ESTABA SEGURO POR LA CASTIDAD Y PUREZA DE SU HIA, QUE NUNCA SE FIJARIA EN HOMBRE ALGUNO. AL ESCUCHARLO, CHANGO, SE DIRIGIO AL LUGAR DONDE ESTABA YEWA, Y AL ESTE HABLARLE ELLA NO PUDO RESISTIR SU ENCANTO VIRIL POR LO QUE COMETIO EL PECADO DE VERLO Y DE HABERLE GUSTADO LO QUE VIO. AUNQUE NO ENTABLO CONVERSACION CON CHANGO, SE ENAMORO DE EL. CHANGO, HABIENDO ALIMENTADO SU EGO Y CALMADO SU VANIDAD,SALIO SATISFECHO DEL PALACIO. CUANDO ECHU LO VIO NO FUE NECESARIO ESCUCHAR LA HISTORIA. INMEDIATAMENTE FUE A CONTARLE A ODDUA LO QUE HABIA SUCEDIDO Y EL VIEJO SE ENTRISTECIO. SE DIRIGIO DONDE SE ENCONTRABA SU LINDA FLOR. ESTA AL NOTAR SU PRESENCIA,TAN NI SIQUIERA LEVANTO LA CABEZA, SOLO CONFESO: PADRE, HE PECADO, Y CON ALGUIEN QUE NO SE LO MERECIA, ENVIEME A UN LUGAR DONDE NADIE ME VEA MAS. Y ASI SUCEDIO, ODDUA LA NOMBRO DUEÑA DEL ILE IKU ( LA CASA DE LOS MUERTOS ) NOMBRANDOLA IYA ILE IKU, REINA DEL CEMENTERIO.

2.YEWA TENIA DOS OMO LOS CUALES QUERIA MUCHO Y ELLA SIEMPRE LES ESTABA BUSCANDO LA COMIDA, UNO SE LLAMABA OMI LOGUN Y EL OTRO OMI TOGUN, PERO ELLOS NO ESTABAN CONFORMES CON LO QUE LES DABA YEWA, QUE ERA MUCHO AGUIDI, Y ESTOS SE IBAN PARA CASA DE YEMAYA A ESCONDIDAS DE YEWA PARA COMER PESCADOS Y SE PONIAN MUY CONTENTOS, YEWA TENIA SU SECRETO DEL QUE ELLA SE ALIMENTABA, QUE ERA GUNGUN DE EGGUN, ESCONDIDO ENTRE LAS RAICES DE OPE MARIWO, LA MATA DE PALMA CANA, ELLA SIEMPRE SE VESTIA DE MARIWO Y NADIE SABIA SU SECRETO. UN DIA YEWA HABIA DEJADO SU ROPA AL PIE DE IBU LOSA Y UN AKUKO QUE TENIAN SUS HIJOS, LE EMPEZO A PISAR LA ROPA Y ELLA LO VIO, LE ECHO SHEPE Y ELLA SALIO CORRIENDO Y SE METIO ENTRE LAS RAICES DE OPE MARIWO. SUS HIJOS EMPEZARON A PASAR TRABAJO Y A CONOCER LA FALTA DE SU MADRE Y ESTOS LA ENCONTRARON DEBAJO DE OPE MARIWO QUE LES HABLO Y ELLOS .SE ASUSTARON AL VER TANTO GUNGUN DE EGGUN Y SU MADRE SE HABIA VUELTO GUNGUN Y SALIERON CORRIENDO PARA CASA DE ORUNMILA, QUE LES VIO ESTE IFA, QUE LES DIJO QUE DEBAJO DE LAS RAICES ESTABA EL SECRETO DE SU MADRE EN LA TIERRA Y LES DIJO QUE TENIAN QUE LLEVAR UNA TINAJA, OSUN Y PICHONES DE EYELE PARA SACAR EL SECRETO. CUANDO LLEGARON EMPEZARON A ESCARBAR Y SACARON MUCHOS GUNGUN DE LAS MANOS Y DE LOS PIES, QUE SE HABIAN VUELTO OTASES Y ESTABAN PRENDIDOS DE LAS RAICES, Y CUANDO LLEGARON A DONDE ESTABA SU MADRE, ESTA ESTABA TODA LLENA DE CARACOLES Y MUCHO ILEKE ROSADO, ELLOS EMPEZARON A LLORAR, EN ESO LLEGO YEMAYA CON ORUNMILA, SACO ASHO ODODO Y LO PUSO EN LA TIERRA Y CUBRIO A YEWA. ORUNMILA LES DIJO COJAN LOS OTASES QUE ES LA INTELIGENCIA QUE SU MADRE LES VA A DEJAR Y PONGANLO JUNTO CON EL GUGUN MOKEKERE Y ECHENLE AGUDI Y YEMAYA LES PUSO ELLA TUTU. ENTONCES ORUNMILA PINTO OTURA ROSO EN LA TINAJA Y LES DIJO: PONGAN TODO EL SECRETO AHí Y COGIO LAS EYELE Y LES DIO A TODOS Y CANTABA: “YEWA LAGBA YEWA AGBA ORI,,,YEWA LAGBA OYEDO BELA OSUN BELA OWO...YEWA LAGBA OYEDO”. ENTONCES COGIERON MARIBO Y LE UNTARON OSUN NABURO Y TAPARON LA TINAJA Y YEWA HABLO, DESDE HOY NI YO NI MIS HIJOS, COMERAN MAS AKUKO, PORQUE POR LA VERGÜENZA DE MI ROPA ESTOY AQUí, ENTONCES COGIO UN PICHON DE GARZA QUE TENIA YEMAYA Y S LO COMIO Y DIJO: DESDE HOY ESTO SERA MI COMIDA Y POR ESO TU YEMAYA Y TUS HIJOS, PODRTAN VER MI SECRETO, ENTONCES LES HECHO LA BENDICION A SUS HIJOS Y SE LOS DIO A ORUNMILA, PARA QUE ESTE LOS CONSAGRARA JUNTO CON TU IFA ABEBO ADIE KEKE PARA QUE SU MEMORIA SEA FIRME COMO MIS OTASES.

3.Al verla llegar, proyectando su silueta lúgubre con aspecto de esqueleto sobre la puerta de la casa, supo que había llegado la Ikú, la muerte, con su séquito de espíritus dispuestos a llevársela.

Exasperado por el miedo, un pájaro, atrevido y lleno de coraje, mientras los demás animales retrocedian sin cesar, salio a su encuentro dispuesto a abalanzarse sobre aquella figura demoníaca.
Era dueño de muchos animales que convivian con él dentro de la casa, conocía bien el lenguaje de los animales, todos los animales le temen a la Ikú, su vista les resulta horripilante, por eso los animales empavorecidos, pero cada uno a su manera, expresaron su terror en el tono mas estridente, sólo el loro y el gato permanecían impasibles, mientras el gato le decía al loro:
-La mujer el dueño está muy enferma y pronto se va a morir.
El loro le respondió con tono decido:
-La mujer del amo no morirá, por muy malas que sean sus dolencias, no morirá, no hay que ser cobardes y prepararse para defenderla cuando entre la Ikú con sus intenciones agoreras.
Los animales alejan de las casas a la muerte, recogen el "daño" o la enfermedad que puede atacar en cualquier momento a su dueño o a los miembros de su familia, por efecto de la susceptibilidad, de la antipatía o del justo enojo de los Orishas; de los odios, de las venganzas ocultas que el arte y el poder del brujo malvado satisface sin piedad.
La enfermedad se debe también, a veces, a la acción o aversión que pudiera ejercer el espiritu de un muerto sobre algún individuo.
Por eso a los muertos hay que tenerlos contentos y bien dispuestos, hay que respetarlos tanto como a los Santos, airados que nos envían enfermedades y todo género de calamidades, para dar luz a sus almas desencarnadas que se encuentran a oscuras, invocando su alma con el fin de conocer su voluntad y cumplirla; de auxiliarla si se halla turbada y de elevarlo si es un ser pegado a la tierra, atrasado en su evolución inmaterial.
Durante varias semanas, al enfermar gravemente su mujer, esperó que la muerte recobrara su propio ritmo mientras todos los miembros de la familia se mostraban desesperados tratando de socorrerla con yerbas, palos y vasos de agua, preparando talismanes y amuletos o dando rienda suelta a sus llantos copiosos y a sus alaridos desesperados, el hombre permanecía tan tranquilo como de costumbre, resignado a esperar los designios de los dioses, a oír la voz de los grandes caracoles anunciando que se había cerrado el ciclo vital. La muerte, adelantando los huesos de un pie, vacilo aturdida ante aquella algarabía, apareció ante la puerta de la casa con su figura blanca, de esqueleto con forma de mujer, tratando de adueñarse del lugar valiéndose de sus poderes ilimitados que le permitían colarse por el ojo de una cerradura o apoderarse de un cuerpo enfermo.
El hombre le salió al paso increpándola.
-Vienes dispuesta a llevártela a las aguas subterráneas de las sombras donde ejercen su oficio los gusanos, para entregarla a las diosas del cementerio, a "las muerteras-.
-Sí, Yewa la espera en el cementerio-.
Respondió la Ikú, escondiendo su condición de espíritu negro, encarnación directa de la esclava africana desencarnada en tiempos de la trata.
Debemos saber quienes somos, cuando no es así nos convertimos en un árbol con las raíces cortadas.
-Sí, me ha enviado Yewa a conducir a la difunta a sus reinos, para que sea bien atendida, sin perturbarla ni perjudicarla con su presencia turbadora-.
Los moradores de la casa, acompañados por las Iyalochas que dirigen la ceremonia, permanecían absortas a este diálogo dando vueltas alrededor del féretro de la mujer cantándole a los 16 Orishas y al de la desaparecida y rezando en torno a las velas, en tanto en la puerta de la casa se derramaba agua en abundancia para mantener fresca la Casa de Santo, sin que las rogativas, las promesas a los Santos, ni los ensalmos, lograran detener la inevitable marcha de la muerte.
El hedor de la carne corrompida se apoderó del lugar, cubriendo las paredes de la casa.
Acechando agazapada podía verse a la muerta sentada encima de la caja, envuelta la cabeza en un pañuelo rosado, con las pieles de la osamenta invadiendo su figura, riendo a carcajadas, satisfecha.
En un descuido del hombre la Ikú de un salto impresionante, se colocó al lado de la difunta, tomó en sus manos la urna y se la monto sobre los hombros dispuesta a salir con su carga mortuoria a cuestas.
El loro se abalanzó decididamente sobre ella en un vano intento por detener sus misteriosos designios, y en sus revoloteos, dejó prendida una pluma en las coyunturas del esqueleto que al ver aquella precia extraña brotando de sus huesos, se asustó y echó a correr puertas afuera huyendo de la pluma que le seguía en su fuga y que por más que corría no atinaba a liberarse en su azoramiento.
De una sola carrera cargando a la muerta sobre sus espaldas cuyo peso casi no sentía porque de ella lo que pesaba era la caja, no paró hasta llegar a las puertas del cementerio.
Corrió y corrió hasta que desfallecida dobló las rodillas y se echó a la vera del camino frente a las puertas del cementerio.
Sacudiendo sus manos sobre la osamenta logró desprenderse de la presencia de la pluma que tanto la había empavorecido y resopló aliviada.
Como una alucinación, poseída de una extraña inquietud que empezaba a invadirla recordó el ataque alevoso a que la había sometido el pajarraco repugnante y sólo atinó a decir: de la que me salvé.
Entretanto la muerta, aprovechando el descanso, paseó su mirada extraviada sobre aquella soledad donde ante la oscuridad poblada de rumores, de sombras, de muertos, enloqueció de miedo y perdió el sentido.
Recuperada del susto, la Ikú dirigió sus pasos hasta el cementerio, donde la esperaba Yewá, nuestra señora de los desamparados, la que vive entre los muertos y las tumbas, la Virgen casta y estéril que prohibe a sus hijos todo comercio carnal y ni siquiera hablar en voz alta o comportarse con rudeza.
Para la ocasión había preparado una recepción muy especial en la que participaba: Obbá, Oyá y todos los Santos que tienen relación con el cementerio.
Oyá con sus truenos y sus centellas, desatados bajo un torrencial aguacero, celebraba la llegada del cadáver, mientras la Ikú con mucha solemnidad le hizo entrega de la caja a Yewá, la diosa encargada de trasladar el sarcófago con los restos de la difunta, por entre callejuelas con muertos acostados por doquier, y el siniestro aspecto de los ataúdes sobre las tumbas abiertas y profanadas.
Tomando en sus manos con mucho cuidado la caja que contenía el cadáver, y haciéndole las reverencias pertinentes para la ocasión, lo llevó así hasta lo más profundo del camposanto, donde toda posibilidad de vida se desvanece en la impotencia inútil de la carne dañada y pestilente.
En esa noche cerrada y tenebrosa, recreada con el sonido imponente de los truenos que parecían romperse sobre los filos espesos de las sombras y el resplandor de las centellas, se estaba celebrando un episodio más de la supervivencia del espíritu sobre la muerte.
Yewá con toda calma, despertando la curiosidad de los antepasados por el batir acompasado de los tambores consagrados y el choque de los hierros de los iniciados sobre los sepulcros, tomó el ataúd y se dirigió lentamente al lugar acordado con Oyá, donde haría entrega del cadáver que Babalú Ayé ofrece a Orisha Oko para que éste se los coma.