Winston Smith

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Winston Smith es un personaje ficticio y protagonista de la novela 1984 de George Orwell.

Características del personaje[editar]

Es de mentalidad cerebral y melancólica, que recuerda de forma insistente el pasado, como reacción contra la dictadura totalitaria del Gran Hermano en que vive.

Aunque no puede calcular su propia edad con exactitud, Smith cree tener 39 años[1] y trabaja en el Ministerio de la Verdad, uno de los ministerios de Oceanía, uno de los tres superestados en que se divide el mundo. Sus labores incluyen las tareas de reescribir la historia, sobre todo referente al proceso de borrado sistemático de todo registro de la existencia de las personas desaparecidas o asesinadas por el Partido Único (empleándose el eufemismo nopersonas), borrando toda referencia a sus vidas, tanto escrita como fotográfica, modificando así constantemente los documentos históricos, los periódicos y libros escritos hasta tergiversar completamente su versión original.

Separado desde hace unos once años de su esposa Katherine, con quien había estado solo quince meses porque el matrimonio no había producido - «afortunadamente», en palabras de Smith[2] - los hijos que ella buscaba tener «como nuestro deber ante el Partido»,[2]

Durante toda la primera parte de la novela (que dicho sea de paso está dividida en tres partes o "libros") una joven llamada Julia, de unos 20 a 25 años de edad, parece seguir a Winston asiduamente. En la primera oportunidad se la encuentra en "los dos minutos de odio", una actividad de participación obligatoria para los miembros del Partido. En esa oportunidad ella se muestra, en apariencias, como una miembro ferviente incondicional del partido, siendo la más enfática en gritar todas las consignas que se requerían para la ocasión. Unos días después, Winston comenzó a sentir que ella lo seguía, ya que había ocupado la mesa de a lado dos días seguidos en la cantina de ministerio y en otra oportunidad notó que ella lo seguía en la calle. Razón por la cual Winston cree que era una espía aficionada o lo que es peor directamente una miembro de la Policía del Pensamiento. Inclusive hacia el final de la primera parte el protagonista estuvo muy cerca de matarla golpeándola con un pisapapeles en la cabeza.

Al comenzar la Segunda Parte, ambos se encuentran en alguno de los pasillos del Ministerio de la Verdad. En ese momento ella finge una caída "casual" cerca de Winston y él la ayuda a levantarse, ella aprovecha dicha circunstancia para deslizarle un papel en la mano que tenía escrito la frase: "Te quiero" de su puño y letra.

Desde ese momento la busca durante semanas hasta que un día, luego de sortear muchas dificultades para no ser observados por las telemantallas y así no llamar la atención del régimen, logran tener una brevísima conversación en la cantina del ministerio, en la cual ella lo cita en la Plaza Trafalgar de Londres. Dado que nuevamente se hallaban en un lugar público donde podían llegar a ser espiados por el Régimen, apenas pueden conversar en forma intermitente, pero logran planificar otro encuentro en un bosque a unos cien kilómetros de Londres, donde tienen relaciones sexuales sin riesgo de ser observados u oídos por alguna telepantalla o algún micrófono cercanos.

Mientras tanto, escribe sus andanzas y pensamientos en un diario comprado a un supuesto anticuario al que acaba alquilando una alcoba donde se encuentra cada cierto tiempo con Julia. Poco acostumbrado a escribir con su puño y letra, una letra pequeña e infantil, ya que en su trabajo dicta todo a la máquina speak-write, hace su primer apunte en su diario con la fecha April 4th, 1984, y procede a describir las escenas extremadamente violentas de la película que había visto la noche anterior en el cine y la reacción despiadada del público.

Un día, en su trabajo como teletipista, Smith recibe por error una fotografía de tres antiguos líderes del Partido, purgados por el Gran Hermano, a los que reconoció una vez jugando al ajedrez y bebiendo ginebra. Observa unos instantes la fotografía y la arroja a un horno crematorio común llamado "agujero de la memoria". No observa que es observado, al igual que en la alcoba del anticuario. La tarea de vigilancia recae en la Policía del Pensamiento a través de las telepantallas que permiten por un lado difundir en forma masiva la información tendenciosa y la propaganda del Regimen, y por otro permiten a los policías observar y oír las conversaciones de las personas que están en frente de las mismas. Asimismo, otro postulado de Orwell es una presunta guerra nuclear en los cincuenta y un ascenso al poder de "camisas rojas". Winston se retrotrae con frecuencia a sus recuerdos de infancia: los zapatos de su padre, las obleas de chocolate puro, su fallido matrimonio y los deseos que sintió de arrojar al vacío a su esposa que sólo coreaba consignas del Partido; la guerra atómica de los 50, los refugios antiaéreos, la tristeza profunda de un abuelo por el fallecimiento de su nieto a manos de las fuerzas aún leales a la monarquía inglesa.

Hay un encuentro casual, que prosigue en el despacho de éste último, entre un muy astuto miembro del Partido con cierto poder. En el despacho de éste, o'Brien le cede el famoso libro sobre "colectivismo oligárquico" escrito por Goldstein, el cual Julia y Winston leen con creciente animadversión hacia la dictadura en general y hacia el Gran Hermano en particular.

Prosiguen con cada vez mayor frecuencia los encuentros entre Winston y Julia, hasta ser apresados en casa del ropavejero, más concretamente en la alcoba alquilada. Son detenidos y conducidos al Ministerio del Amor, "el lugar del que nunca se apaga la luz", cita O'brien. Allí Winston encuentra a sus compañeros de trabajo Ampleforth, poeta profesional, pero no a Syme, uno de sus pocos amigos y que de puertas para afuera era un firme defensor del Gran Hermano pero a los ojos de Winston, dejaba traslucir un odio profundo hacia la dictadura. Un día Winston grita a pleno pulmón tras una pesadilla el nombre de la persona que ama. Pocos días, semanas o meses después viene O'Brien, que le conduce a la habitación 101 después de vejarle con su propia imagen demacrada y triste en el espejo, a imagen y semejanza de la tuberculosis que estaba matando a George Orwell mientras la escribía. Allí le somete al peor de sus miedos, las ratas, y grita desesperado que se las arrojen a Julia.

Desolado, engañado por O'Brien probablemente en la supuesta traición de Julia anterior a la suya, encuentra un día a Julia y hablan más bien poco. Va a un bar, pide The Times, periódico del que antes era rígido censor y ahora apenas sí se encargaba de algún trabajo accesorio sobre palabras sueltas del idioma que intenta imponer el Gran Hermano por motivos políticos, conocido como neolengua.

Con el The Times elabora un problema de ajedrez que no consigue resolver al igual que la sencilla suma 2 + 2, caballo de batalla de un despiadado O'Brien pero nunca psicótico, sino despiadado y muy consciente de lo que hacía con su subordinado, bebiendo abundante ginebra. Escucha un boletín informativo sobre una supuesta victoria del Ministerio de la Paz del ejército de Oceanía contra el eurasiático, zonas donde rige el neobolchevismo, pero que por intereses puramente estratégicos firman periódicos acuerdos de guerra o paz con una regularidad de 4 años más o menos, y que siguen utilizando la guerra convencional contra la población civil y militar en zonas periféricas del mundo. Comienza a llorar con pensamientos, es dudoso que sentimientos, de lealtad renovada hacia el Gran Hermano, dada la tortura a que ha sido sometido. De hecho, durante su encarcelamiento desea ardientemente suicidarse con una hoja de afeitar o ser muerto de una bala al grito de ¡Muerte al Gran Hermano! unos segundos antes. Morir odiando, es la libertad, citando literalmente el libro.

Modelo para el personaje[editar]

El nombre del personaje[3] Orwell lo toma del nombre de pila de Winston Churchill y Smith el apellido más común del Reino Unido[4] y el título que Orwell había pensado para su libro era The Last Man in Europe (El último hombre de Europa)[3] y tras haberle sometido a varias sesiones de tortura, posiblemente durante varias semanas,[5] O'Brien le dice a Smith «You are the last man. You are the guardian of human spirit» («Eres el último hombre. El guardián del espíritu humano...») y le invita a verse, desnudo, con su cuerpo sucio y destrozado, en un espejo.[6] Un poco más adelante, tras arrancarle un mechón de pelo y un diente, le invita otra vez a mirarse en el espejo y le espeta de nuevo «Do you see that thing facing you? That is the last man.» («¿Ves esa cosa delante de ti? Ese es el último hombre.»).[7]

En el cine[editar]

Los actores que han encarnado el personaje de Smith incluyen al británico Peter Cushing, en una adaptación para la televisión en 1954,[5] el estadounidense Edmond O'Brien y el británico John Hurt en las dos películas homónimas realizadas hasta la fecha, la de 1956 y la de 1984, respectivamente.

Cronología de las vivencias de Winston Smith[editar]

Primera Parte (Libro Primero)[editar]

Transcurre el año 1984. Winston Smith vive en un edificio de departamentos viejo y con un escaso mantenimiento. Al frente del mismo puede apreciarse un enorme cartel con el rostro del Gran Hermano con la leyenda "El Gran Hermano te vigila". En su departamento hay telepantallas, al igual que en todas las demás casas y en las calles.[8]

Afortunadamente (en opinión de Winston) en su casa las telepantallas no están bien ubicadas y le dejan un pequeño lugar con un escritorio fuera del alcance de observación de las telepantallas.[8]

Aprovechando esa pequeñísima zona de intimidad (donde al menos no podría ser visto aunque perfectamente podía ser oído) decide cometer la primera rebeldía contra el régimen del Gran Hermano y comienza a escribir un diario en una antigua libreta comprada en un anticuario de un barrio proletario (prole).[8] En ese diario comienza escribiendo las vivencias del día. Pero con el transcurso de los días va escribiendo cosas cada vez más osadas como por ejemplo: «La libertad es poder decir claramente que 2 + 2 = 4»[9] , y en un momento de mucha ira, llega a escribir: «Abajo el Gran Hermano». Winston es perfectamente consciente de que este diario que el lleva podría servir como una prueba de que él es un criminal mental, pero también sabe que si la Policía del Pensamiento llegara a arrestarlo alguna vez, poca diferencia habría entre haber escrito el diario o no haberlo hecho.[8]

Al igual que a los otros miembros del Partido Exterior, todas las mañanas es despertado por la telepantalla con molestas músicas partidarias y es obligado a hacer una rutina de ejercicios al levantarse de la cama indicados a través de la telepantalla por una entrenadora y es sometido a una la estricta supervisión, en una oportunidad la entrenadora le dedica una reprimenda al propio Winston en particular, (identificándolo por su apellido y un número), por no hacer adecuadamente el ejercicio indicado.[10]


Los miembros del Partido Exterior son los empleados públicos del Régimen que gobierna la Franja Aérea 1, una de las tantas provincias del super-estado de Oceanía. Winston trabaja en el Ministerio de la Verdad y su tarea diaria es modificar, sustituir o suprimir de distintos artículos del archivo histórico del periódico oficialista Times de manera de adecuarlos, siguiendo indicaciones precisas, a las conveniencias del Partido. Este método de reescritura permanente de la historia documentada le permite al Partido eliminar cualquier contradicción con las acciones de gobierno tomadas en el pasado, ya sea reciente o remoto. De esta manera, bajo el lema « Quien controla el presente, controla el pasado. Quien controla el pasado, controla el futuro», Winston y sus compañeros, todos los días se encargan de cosas tales como: modificar partes de batalla, adecuar antiguos discursos del Gran Hermano o directamente inventarlos. Tergiversar las proyecciones económicas de años anteriores para hacerlas concordar con los datos actuales. Por supuesto dicha falsificación nunca es aceptada públicamente, y desde un punto de vista formal siempre se dice que la tarea del ministerio es enmendar las inexactitudes tendenciosas con el objetivo de que el pueblo pueda saber la verdad. [11] En una oportunidad, por ejemplo, se venía anunciando que la ración de chocolate se mantendría en 30 gramos por semana y de un día para el otro se anuncia, con bombos y platillos, un aumento de la ración a 20 gramos semanales. Lo que a Winston más le molestaba, era que toda la gente actuaba como si no se diera cuenta de semejante mentira.[11] [12]


Otro de los compromisos obligatorios es los dos minutos de odio donde los empleados del ministerio deben expresar lo más fervientemente posible su odio a los enemigos del Régimen. Winston cuenta que frecuentemente ve a una mujer joven (llamada Julia, aunque él no lo sabe), que parece ser una de las más fervientes expresando las consignas del Partido. Winston imagina que debe ser una de esas personas que se tragan todas las consignas del Partido sin la menor reflexión, sintiendo cierto desprecio por ella.[8]

También lo ve a O’Brien, que si bien también grita consignas a favor del Partido como todos los demás, cada tanto tiene ciertos ademanes en el rostro que a Winston le dan la impresión de ser una posible indicación de que O’Brien odia al régimen tanto como lo odia él.[8]

Una noche en su casa escucha mediante un anuncio en la telepantalla que cierto funcionario de alto cargo del Partido es arrestado por alta traición. Al día siguiente, le toca casualmente parte de la tarea de eliminar su nombre y cualquier rastro de su existencia de distintos artículos periodísticos. Contribuyendo así a borrarlo completamente de los registros históricos, de esta manera el funcionario traidor había desaparecido de la Historia como si nunca hubiese existido.[11]

Winston usualmente almuerza en la cantina del Ministerio con compañeros de trabajo como Ampleforth, Parsons y Syme. Ampleforth es un poeta profesional. Parsons es un hombre muy voluntarioso, pero no demasiado inteligente, vive además en el mismo edificio que Winston, siempre está verdaderamente orgulloso de colaborar con el Partido en lo que pueda y tiene dos hijos que son un fiel reflejo de lo que el Partido espera de los hijos. Syme trabaja en la confección de la nueva edición del diccionario de neolengua, es un hombre inteligente pero es muy locuaz y le gusta expresar sus ideas. Tanto es así que en opinión de Winston, el Partido seguramente haría desaparecer a Syme porque piensa y sobre todo habla más de lo que el Partido suele tolerar. Winston también es de la opinión que, si bien no está muy claro de antemano a quienes puede llegar a hacer desaparecer el Partido, Parsons seguramente nunca podría ser eliminado porque tiene esa sana dosis de estupidez necesaria para agradar al Partido.[12]

En varias oportunidades, Winston nota que Julia se sienta cerca de él en los almuerzos, lo cual lo hace empezar a sospechar de ella, porque puede ser sea una espía del partido que quiera desenmascararlo. [12]

Tal como él se imaginaba de un día para el otro Syme había desaparecido, al día siguiente ya nadie se animaba a mencionar su nombre y había sido borrado de todas las listas del Ministerio. En definitiva, como tantos otros había sido borrado de la historia como si jamás hubiese existido.

Una Tarde, al salir del trabajo, Winston decide cambiar el trayecto que hace habitualmente para volver a su casa, y recorrer un poco la ciudad. Luego de un rato, termina llegando a un barrio proletario, ingresando primero a una taberna o bar, donde habla un rato con un anciano, e intenta que el anciano le cuente los recuerdos que tenga que sean anteriores a la revolución, con la intención de poder saber si en esos años la forma de vida era tan mala como sugieren los libros de historia escritos por el Partido. Pero, para su pesar, el anciano le cuenta únicamente anécdotas cotidianas y triviales, que no le interesan para nada a Winston. Razón por la cual se despide del anciano y decide seguir recorriendo el barrio, donde para sorpresa de Winston casi no hay telepantallas en ningún lado.

Avizora un negocio de antigüedades, al cual decide entrar, inmediatamente reconoce el lugar, dándose de que es allí donde, años atrás, había comprado la libreta que está usando actualmente para escribir su diario. El negocio es atendido por un hombre anciano que es viudo, vive sólo y tiene su casa, ahí mismo, junto al negocio. Winston observa fascinado los objetos antiguos que están a la venta y termina comprando un pisapapeles de 100 años de antigüedad, bastante pesado, pero pequeño, lo cual le permitiría llevárselo a su casa en un bolsillo y luego esconderlo, sin ser detectado por las telepantallas. (Winston sabe perfectamente que ser descubierto comprando objetos antiguos levantaría serías sospechas ante la Policía del Pensamiento).

Al ver a Winston tan interesado en las antigüedades, el anciano se ofrece a mostrarle la alcoba matrimonial que él ya no usa y que tiene un mobiliario antiguo. Winston acepta la invitación y la recorre con mucho placer. Nuevamente, a Winston le llama mucho la atención de que no hubiera ninguna telepantalla ni en el negocio ni en la casa del anciano.

Al irse del anticuario, con intención de volver rápido a casa para no levantar sospechas, nota que alguien lo sigue mientras camina por la calle. Rápidamente se da cuenta que es Julia la que lo sigue, lo cual termina de convenirlo de que probablemente ella sea una espía aficionada del Partido o una agente de la Policía del Pensamiento. En ese instante piensa en que podría matarla golpeándola en la cabeza con el pisapapeles que tiene en el bolsillo, ya que ella se encuentra completamente sola y sería fácil tomarla por sorpresa y eliminarla. Pero por alguna razón en el último instante, desiste de hacerlo.[13]

Segunda Parte (Libro Segundo)[editar]

Unos días después, inesperadamente, Winston encuentra nuevamente a Julia en uno de los pasillos del Ministerio de la Verdad, aparentemente ella se había fracturado un brazo por lo que usaba un cabestrillo. En ese momento ella finge una caída "casual" cerca de Winston y cuando él la ayuda a levantarse, ella aprovecha la circunstancia para deslizarle, muy disimuladamente, un papel en la mano que tenía escrito la frase: Te quiero de su puño y letra.[14]

Desde ese momento la busca durante semanas hasta que un día, luego de sortear muchas dificultades para no ser observados por las telemantallas y así no llamar la atención del régimen, logran tener una brevísima conversación en la cantina del ministerio, en la cual ella lo cita en la Plaza Trafalgar. Dado que nuevamente se hallan en un lugar público donde podrían llegar a ser espiados por el Régimen, apenas pueden conversar en forma intermitente, pero logran planificar otro encuentro en un bosque a unos cien kilómetros de Londres, donde tienen relaciones sexuales sin riesgo de ser observados u oídos por alguna telepantalla o algún micrófono cercanos.

Winston y Julia continúan viéndose esporádicamente porque es muy difícil hacerlo sin correr enormes riesgos de ser descubiertos, ya que cualquier error por mínimo que parezca, como por ejemplo: mirarse a los ojos sospechosamente cerca de una telepantalla, o si algunos de sus diálogos fueran escucharos, podría tener consecuencias fatales. A pesar de todo, logran reunirse cada tanto superando todas esas dificultades. Hay que considerar que incluso organizar los encuentros es sumamente complicado. Debe tenerse en cuenta que Julia tiene mucha experiencia en encuentros íntimos con muchos miembros del Partido Exterior, según le confesara Julia a Winston en su primer encuentro en el bosque. Cuando Julia se lo contó, Winston sintió cierta envidia porque él sólo había tenido las malas experiencias de las nada amorosas y mecánicas relaciones sexuales con su ex esposa y aquel encuentro sexual fortuito con una prostituta proletaria (de edad abanzada y con la boca sin dientes) que tuvo algunos años atrás y que no le resulto demasiado agradable. Por otro lado lo pone muy contento de que el Partido Exterior sea en realidad mucho más corrupto (es decir, no tan puritano) como se muestra.

Logran verse, por ejemplo, en una iglesia abandonada. En muchos de los encuentros ni siquiera hacen el amor y solamente pueden hablar y acariciarse.

Debido a las enormes dificultades para seguir con la relación en ese contexto asfixiante, después de analizarlo bastante, Winston le propone a Julia la posibilidad de alquilarle la alcoba al dueño del negocio de antigüedades, (aquel ubicado en un barrio proletario y en el cual había comprado el pisapapeles). A pesar de los enormes riesgos de ser detectados por el Régimen que implica reunirse una o dos veces por en el mismo lugar, ella acepta la propuesta y la pareja comienza a verse con cierta frecuencia en dicho sitio. Por supuesto, toman las precauciones adecuadas de nunca llegar o irse juntos y no repetir nunca el mismo camino para tanto arribar al lugar y como para irse. Por lo demás cuentan con la ventaja de que en el negocio del anciano no hay telepantallas, otorgándoles una intimidad nunca soñada.

En este contexto tienen la oportunidad de contarse diferentes aspectos de sus vidas. Winston se entera que Julia trabaja en una sección del Ministerio de la Verdad especializada en la producción de novelas pornográficas que luego son distribuidas en los barrios proletarios con el embuste de que se trata de un material clandestino que superó con éxito la censura del Régimen. De está manera, el Ministerio tiene no sólo el control férreo de la información y el material de entretenimiento legal (que en la práctica es mera propaganda del Partido) sino también un fuerte control del supuesto material ilegal, que en buena medida es producido por el propio Gobierno. Por otra parte Winston le cuenta a Julia sus recuerdos recurrentes de la infancia, le habla de su ex esposa y su desavenido matrimonio. Julia se entera del terrible e irraccional miedo que Winston tiene por las ratas.

La relación con Julia produce que Winston tenga renovadas ganas de vivir. Una tarde mientras está trabajando en el Ministerio, O’Brien le habla en forma aparentemente casual sobre una nueva versión del diccionario de [Neolengua|neolengua], se ofrece a entregarle una copia de de esa nueva edición y a tal efecto, le da la dirección de su casa para que pudiera ir a buscarla cuando quiera. Winston sabe que la verdadera motivación de que O’Brien lo invitara a su casa no es precisamente entregarle un diccionario. Sólo cabrían dos posibilidades, u O’Brien es un miembro de algún tipo de organización de Resistencia, o simplemente es un miembro de la Policía del pensamiento tratando de tenderle una trampa.

Lógicamente Winston analiza la situación con Julia la siguiente vez que se encuentran. Al respecto, siempre se anda diciendo que existe una organización de Resistencia dirigida por el mismísimo Emmanuel Goldstein llamada La Hermandad, pero ni Winston ni Julia están muy seguros de que dicha organización realmente existe o simplemente es un elemento más de la propaganda del Partido. Pero Winston también le comenta a Julia que siempre sintió que O’Brien tiene cierta expresión en el rostro que le infunde confianza. Así que, tiempo después deciden arriesgarse e ir ambos a la casa de O’Brien.

Por supuesto ambos llegan por separado a la casa de O’Brien. Es la primera vez que Winston entra a un barrio de gente del Partido Interior y las diferencias están a la vista. Habiendo arribado ambos, O’Brien los recibe y les ofrece una copa de vino (de una calidad excelente que Winston jamás había soñado poder beber). O’Brien apaga la telepantalla de la habitación, cosa que sorprende a Winston. Al respecto, O’Brien aclara que es un privilegio que tienen algunos miembros del Partido Interior, pero que no la puede tener apagada más de media hora. Winston comienza diciendo que no sabe si O’Brien integra la resistencia o no, pero que él y Julia vinieron a unirse a ésta. O’Brien le dice que él efectivamente es parte de una silenciosa y extendida Resistencia y le hace Winston a una serie de preguntas, que según él son importantes para saber qué serán capaces de hacer para colaborar en la organización secreta. Algunas de las preguntas son muy terribles, como por ejemplo: «¿Está dispuesto a lanzarle ácido a la cara a un niño con la finalidad de perjudicar al Partido?», pero Winston contesta afirmativamente a todas esas preguntas ansioso por ser acepado en la organización clandestina La Hermandad y poder luchar contra el Partido. Además, en respuesta a una consulta de O’Brien, Winston le comenta cuál es y dónde está el sitio en el cual se ven él y Julia. Por último, O’Brien de dice a Winston que le va a hacer llegar El Libro escrito por el propio Goldstein (por intermedio de alguno de los miembros de La Hermandad).

Después de varios días, Winston finalmente recibe El Libro tan ansiado pero no puede ni mirarlo porque en el transcurso de esa misma semana el Partido cambia abruptamente la política de alianzas (como suele hacer periódicamente cada 5 o 6 años) firmando la paz con Eurasia y declarándole simultáneamente la guerra al tercer super-estado (Asia Central).

Este cambio obliga a rescribir toda la historia documentada de manera de borrar cualquier indicio de que Oceanía haya estado alguna vez en guerra con Eurasia. Todos los archivos históricos deben ser modificados para que digan que Eurasia es y siempre fue aliado de Oceanía y que Asia Central es y siempre fue su peor enemigo. Por esa razón, todos los empleados del Ministerio de la Verdad son convocados de urgencia a rescribir todos los archivos periodísticos, volver a filmar todos los fragmentos de películas que sean necesarios modificar, rescribir novelas, etc. En la sección donde Winston trabaja se pusieron como meta rescribir toda la Historia en una semana a lo sumo. Todos se turnan para dormir muy pocas horas por día, y duermen directamente en los pasillos del Ministerio. Hasta que la tarea termina y se les da a todos un día de descanso.

Winston y Julia han quedado en verse. Mientras Winston espera que llegue Julia en la alcoba alquilada, Empieza a leer El Libro por el capítulo 3. Al llegar Julia hacen el amor y luego comienza a leer el capítulo 1 del libro en voz alta para que Julia también lo escuche. Rato después Winston nota que Julia se ha dormido y decide dormir un rato también él.

Cuando se despiertan, notan que la habitación está muy fría y Winston se viste para ir a buscar al anciano para que le venda combustible para la estufa. En ese instante se siente una voz y un cuadro de cae dejando al descubierto una telepantalla. La casa es inmediatamente rodeada por la Policía del pensamiento. Mientras tanto desde la telepantalla se les ordena que se queden quietos y cumplan las instrucciones. Cuando irrumpen los agentes policiales en la habitación, golpean fuertemente a Julia y se la llevan a la rastra. En esos momentos, Winston se queda completamente inmóvil mientras se le aproxima el “anciano simpático”, supuesto dueño del negocio de antigüedades, que ha resultado ser un Policía del Pensamiento de unos 35 años.

Tercera Parte (Libro Tercero)[editar]

Después de ser detenido, Winston es llevado al Ministerio del Amor, lugar donde no hay ventanas y es iluminado artificialmente durante las 24 horas del día, principalmente para que los detenidos allí perdieran completamente la noción del tiempo. Durante los primeros días es alojado en una gran habitación. El recinto es un lugar donde se mantiene temporariamente a la gente recientemente arrestada. Mientras pasan las horas Winston ve pasar por ese lugar a distintos detenidos. Ve tanto a presos políticos como a presos comunes. Winston nota rápidamente que los presos comunes (como por ejemplo ladrones y asesinos) son tratados bastante mejor por los guardias que a los presos políticos. Durante su estadía en ese lugar ve llegar como detenidos a su compañeros Ampleforth y Parsons. Winston se sorprende al ver a Parsons también allí detenido al ser éste uno de los verdaderos admiradores del Régimen, resultó que había sido denunciado por su propio hijo por hablar dormido y decir Abajo el Gran Hermano. A pesar de todo Parsons se sentía orgulloso de su hijo porque el hecho de que lo hubiera denunciado es una clara señal de que había recibido la educación adecuada.

Después de más de un día sin comer, Winston siente ya muchísimo hambre, sabe que tiene un pedazo de pan en el bolsillo desde antes que lo arrestaran y una vez ya había intentado sacarlo de bolsillo y comerlo, pero un grito muy fuerte desde la telepantalla de la celda le había advertido que se quedara quieto. Pero ahora decide tomar de pan del bolsillo, pero cuando está por comerlo, un nuevo grito desde la telepantalla lo obliga a arrojarlo al piso. En esos momentos los guardias meten en la celda a un hombre extremadamente delgado por desnutrición. Cuando los guardias se retiran decide tomar el pan y llevárselo al hombre desnutrido, razón por la cual los guardias vuelven a ingresar inmediatamente y golpean al hombre desnutrido que suelta el pan. En eso, el oficial a cargo señala al hombre y le pide a los guardias que se lo lleven a la Habitación 101, a lo que el hombre terriblemente asustado dice: «¡no me lleven de nuevo a la Habitación 101!» y, señalando a Winston con el dedo, el hombre dice a los gritos que deberían llevarlo a Winston y no a él (porque es Winston el que le dio el pan). Los guardias se llevan al hombre desnutrido y Winston queda asombrado por la actitud de ese hombre.

Tiempo después, entra en la habitación O’Brien y tontamente Winston cree que él también ha caído preso, pero no tiene mucho tiempo para pensar en O’Brien porque un guardia se le para enfrente y Winston recibe la primera golpiza.

De ahí en más, Winston es duramente torturado durante un tiempo que él no puede determinar, no sabiendo si pasan día o meses. Le dan trompadas, patadas, es mojado y lo hacen pasar frío y hambre. Frecuentemente pierde el conocimiento y constantemente es humillado. Con asiduidad es trasladado a distintos lugares del Ministerio. Lo hacen confesar los supuestos delitos cometidos, y también delitos inventados, como el supuesto asesinato de su ex esposa (aunque todos saben que la ex esposa está con vida). Cada tanto Winston es revisado por médicos para asegurase de que no se muera para poder seguir torturándolo, pero nunca le dirigen la palabra.

Luego comienza una segunda etapa en la perversa maquinaria de tortura aplicada contra Winston donde lo comienza a torturar el propio O’Brien. Que hasta el momento había dirigido las torturas pero sin una intervención tan directa. Durante estas sesiones de tortura es colocado en un determinado aparato o dispositivo donde O’Brien simplemente moviendo una perilla graduada puede regular a gusto la intensidad de dolor que le infringe a Winston. Así, en cada sesión, O’Brien le hace preguntas a Winston y bien le habla con tono de profesor dando clase y en casi por cualquier cosa y en forma muy arbitraria, O’Brien mueve la perilla infringiendo un dolor inimaginable a Winston. Por dar sólo un ejemplo, O’Brien le muestra a Winston su mano con 4 dedos estirados y el pulgar escondido y le pregunta cuantos dedos ve. Lógicamente Winston responde 4, entonces O’Brien pregunta «Y si el Partido dice que son 5, cual es la respuesta?». Cuando Winston decía 4 era torturado por no tener la capacidad de ver lo que el Partido le decía que debía ver y cuando decía 5 era torturado por mentir No importaba lo que dijese la mayoría de las veces recibía una intensa tortura. Las sesiones de tortura con O’Brien, se repiten en intervalos de tiempo irregulares, a veces Winston siente que pasan pocas horas entre una sesión y otra, y en otras oportunidades pasa más de una semana. A veces Winston es interrogado, otras es O’Brien el que da largos monólogos diciendo cosas tales como «El Partido quiete tener el poder por el poder mismo». En una oportunidad Winston le pregunta a O’Brien para que se toman tanto trabajo en torturarlo y cual es la razón por la cual no lo matan directamente, dado que ya había confesado todo e inclusive ya lo tenían filmado confesando. A lo que O’Brien que lo iban a matar cuando llegara el momento adecuado, pero para eso antes debían lograr algo mucho más importante que una confesión forzada, debían lograr que su mente se purificara y que se hiciera un verdadero adepto del partido y pudiese amar al Gran Hermano. Winston dijo que al único lugar donde no podrían entrar es a su mente, y que la libertad de morir odiando al Partido nadie podría quitársela. A eso O’Brien respondió que él personalmente había purificado a muchos traidores, y que la gran diferencia entre el régimen del Gran Hermano y los anteriores totalitarismos como el nazismo o el comunismo soviético consiste principalmente en que estos últimos regímenes al hacer las necesarias purgas sin previamente no haber obtenido un arrepentimiento verdadero de la persona a eliminar, terminaban generando enorme cantidad de mártires, cosa que a la larga conspiraba contra el Régimen. En cambio el régimen del Gran Hermano nunca genera mártires porque la gente sólo es eliminada luego de ser convertida nuevamente al Partido.

Después de meses de tortura en que prácticamente Winston no es alimentado y en cierta oportunidad O’Brien lo obliga a observar su cuerpo muy delgado demacrado en un espejo, y además para denigrarlo más aún O’Brien le arranca un mechón de pelos y un diente (de los pocos que le quedan). Winston rompe en llanto y O’Brien lo abraza paternalmente (con mucha perversidad), diciéndole que el único que puede terminar con ese sufrimiento es el propio Winston tomando la decisión consciente de querer curarse. Winston acorralado decide seguir el consejo de O’Brien y elige dejar que lo curen para terminar ese enorme sufrimiento. A partir de ese momento, O’Brien comienza a disminuir gradualmente la tortura aplicada en las sesiones y a recibir una mejor alimentación. Pero los horrores no han terminado aún para Winston, después de un tiempo, después de elogiar a Winston por sus progresos, O’Brien logra sin torturas mediante, que Winston le confiese que todavía odia al Gran Hermano. Razón por la cual, O’Brien ordena enviar a Winston a la aterradora Habitación 101 para recibir la peor de las torturas.

La tortura aplicada en la Habitación 101 depende cada persona, específicamente de cuales sean sus peores miedos. La idea en todos los casos es someter al torturado a algo mucho peor que la propia muerte. En el caso de Winston, dado que su peor miedo son las ratas, le preparan una jaula con ratas conectadas a una mascara de alambre que le colocan en la cara. Así O’Brien lo amenaza con abrir la jaula de manera que las ratas se la lancen directo a la cara. Luego de algunos minutos, de rogar que no se lo hicieran, Winston termina diciendo que si querían hacerle eso a alguien que se lo hicieran a Julia pero no a él. Al oír esto O’Brien aparta la jaula de la cara de Winston.

Después de confesar en público todos sus crímenes, finalmente Winston es liberado. Pero ahora es un paria, aparentemente nadie se ocupa de controlarlo, la telepantalla ya no lo despierta por las mañanas, tiene un trabajo irrelevante en el Ministerio de la Verdad donde se reúne dos días a la semana con otras personas en su misma situación de parias donde no hacen nada realmente útil. Paradójicamente ahora tiene un mejor sueldo pero está tan desganado que lo único que hace cuando no está trabajando es ir al bar del Nogal a tomar una ginebra asquerosa, allí tiene una mesa reservada para él y casi nadie se le acerca ni le dirige la palabra.

En una oportunidad se encuentran él y Julia por casualidad en la calle y hablan realmente poco. Ambos observan en el otro los efectos de la tortura, Julia le cuenta que lo traicionó al ser sometida a lo peor en la Habitación 101 que dijo y lo que es peor deseó que ese horror le fuera aplicado a Winston pero no a ella. Por otra parte, Winston que a él le había pasado lo mismo. Julia dice que después de semejante cosa no puede quedar nada de amor entre ellos, se alejan y no vuelven a verse.

Estando Winston en su lugar asignado en el bar del Nogal, se halla pendiente de una supuesta batalla decisiva en la guerra, tan pendiente y preocupado por las noticias de la guerra, pero en el fondo está tan confiado en la sabiduría del Gran Hermano que sabía que en cualquier momento se anunciaría una rotunda victoria. Él se halla muy aturdido por el efecto de la ginebra. Finalmente cuando la victoria es anunciada por la telepantalla del bar, Winston se pone muy feliz, porque sabe que ahora sí ama al gran hermano. Y gracias a eso, se permite imaginarse si mismo siendo arrestado nuevamente y confesando nuevamente los crímenes ya confesados la vez anterior, más otros nuevos que también tendría que confesar, pero Winston igual está contento porque seguramente poco tiempo después de eso, en alguno de los pasillos del Ministerio del Amor, recibiría al fin ese balazo en la cabeza tan ansiado por él desde que fuera arrestado por primera vez.

Referencias[editar]

  1. Orwell, G. Nineteen Eighty-Four Penguin, 1990. Pág. 9
  2. a b Orwell, G. Nineteen Eighty-Four Penguin, 1990. Pág. 70
  3. a b (en inglés) Thompson, Luke, The Last Man: George Orwell’s 1984 in Light of Friedrich Nietzsche’s Will to Power, http://www.charis.wlc.edu/publications/symposium_spring03/thompson.pdf . Consultado el 22 de septiembre de 2012.
  4. (en inglés) Ficha Consultado el 22 de septiembre de 2012.
  5. a b (en inglés) Ficha de la adaptación para la BBC de Nineteen Eighty-Four (1954) British Film Institute. Consultado el 22 de septiembre de 2012.
  6. Orwell, G. Nineteen Eighty-Four Penguin, 1990. Pág. 283
  7. Orwell, G. Nineteen Eighty-Four Penguin, 1990. Pág. 2835
  8. a b c d e f Orwell, G. 1984 (2009). Colección: Áncora y Delfín. Barcelona: Ediciones Destino. ISBN 978-84-233-4165-8. Primera parte, Capíulo 1.
  9. Orwell, G. 1984 (2009). Colección: Áncora y Delfín. Barcelona: Ediciones Destino. ISBN 978-84-233-4165-8. Primera parte, Capíulo 7.
  10. Orwell, G. 1984 (2009). Colección: Áncora y Delfín. Barcelona: Ediciones Destino. ISBN 978-84-233-4165-8. Primera parte, Capíulo 3.
  11. a b c Orwell, G. 1984 (2009). Colección: Áncora y Delfín. Barcelona: Ediciones Destino. ISBN 978-84-233-4165-8. Primera parte, Capíulo 4.
  12. a b c Orwell, G. 1984 (2009). Colección: Áncora y Delfín. Barcelona: Ediciones Destino. ISBN 978-84-233-4165-8. Primera parte, Capíulo 5.
  13. Orwell, G. 1984 (2009). Colección: Áncora y Delfín. Barcelona: Ediciones Destino. ISBN 978-84-233-4165-8. Primera parte, Capíulo 8.
  14. Orwell, G. 1984 (2009). Colección: Áncora y Delfín. Barcelona: Ediciones Destino. ISBN 978-84-233-4165-8. Segunda parte, Capíulo 1.

Bibliografía[editar]

  • Orwell, George (1952/2003). 1984. 3ª impresión 2005. Colección: Áncora y Delfín. Ediciones Destino: Barcelona, 2003. ISBN 9788423334704. 
  • —. Nineteen eighty four. DoubleDay.