Warma kuyay

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Warma Kuyay
de José María Arguedas
Género cuento literario
Idioma Castellano
Editorial Signo (revista)
Ciudad Lima
País Flag of Peru.svg Perú
Fecha de publicación 8 de noviembre de 1933
Formato Revista
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Warma Kuyay (en quechua: Warma Kuyay, ‘amor de niño’)? es un cuento del escritor peruano José María Arguedas publicado en 1933 en la revista Signo de Lima, aunque presumiblemente por un error tipográfico apareció titulado como «Wambra Kuyay». Fue el primer cuento divulgado por el autor (al menos del que se tiene constancia) y junto con otros dos relatos, «Agua» y «Los escoleros», conformó su primer libro, titulado Agua, que fue publicado en 1935.

Warma Kuyay es un cuento breve pero bien elaborado, que inauguró una nueva época en la historia del indigenismo literario en el Perú[1] y que ha sido considerado como una de las mejores obras de Arguedas.[2]

Contexto[editar]

1933, el año en que fue asesinado el presidente Luis Sánchez Cerro y subía al poder el general Óscar R. Benavides, fue de una intensa agitación política. La Universidad de San Marcos, en donde el entonces joven Arguedas había ingresado en 1931 para estudiar Letras se hallaba en receso desde 1932, y lo estaría hasta 1935. Por esos días había a diario sangrientos enfrentamientos entre apristas y comunistas y todavía se vivían la secuelas de la revolución aprista de Trujillo, donde fueron fusilados indeterminado número de militantes de dicho partido. Al parecer, aunque sus simpatías se volcaban al comunismo, durante esos años Arguedas se mantuvo alejado de la política militante, a diferencia del resto de sus condiscípulos. Solo desde 1936 empezaría a participar activamente en las protestas, a raíz de la amenaza fascista que se cernía sobre la Segunda República Española. En ese lapso que va de 1933 a 1935 escribió muchos cuentos, en las que se propuso plasmar la vida y el paisaje andino, en opinión de Arguedas y en sus propias palabras, "tal como era en realidad y no de la manera falsa y artificial como lo habían hecho anteriores escritores indigenistas como Enrique López Albújar y Ventura García Calderón".

Época[editar]

El cuento fue publicada en 1933 y reeditado en 1935 formando la colección de Agua, pero los sucesos que relatan se inspiran en episodios de la niñez del autor, es decir, de la década de 1920, episodios que sin duda están distorsionados y con la carga de fantasía propia de las creaciones literarias. El protagonista es un niño-narrador (o un adulto que narra en retrospectiva) llamado Ernesto, en quien podemos identificar al Arguedas-niño.

Escenario[editar]

Los hechos se desenvuelven en la hacienda de Viseca, cercana a Puquio, la capital de la provincia de Lucanas. Se menciona a la quebrada del mismo nombre y el cerro Chawala, montaña tutelar que es la morada del apu.

Personajes[editar]

  • El niño Ernesto, de 14 años, quien vive en la hacienda Viseca junto con los peones indios y cholos. Es de la familia de los patrones: su tío es uno de los dueños de la hacienda. Es mestizo aunque de tez clara, que le hace parecer “blanco”.
  • El Kutu, un joven indio, que trabaja en la hacienda como novillero y amansador de potrancas. Es fornido y de voz atronadora, de “nariz aplastada, sus ojos casi oblicuos, sus labios ennegrecidos por la coca.”
  • La Justina, es una india joven que “era bonita: su cara rosada estaba siempre limpia, sus ojos negros quemaban;… sus pestañas eran largas, su boca llamaba al amor…”
  • Don Froylán, uno de los patrones de la hacienda Viseca. Es el típico hacendado abusivo, que maltrata a sus peones y viola a las muchachas indias.

Otros secundarios: Julio el charanguero, Gregoria la cocinera y los indios de la hacienda.

Argumento[editar]

Ernesto, un mestizo perteneciente a una familia de hacendados, relata en retrospectiva un romance de su niñez: el amor por una india, un amor frustrado, imposible, de triste final.

Resumen[editar]

El niño Ernesto, sobrino de uno de los dos patrones de la hacienda Viseca, se enamora de una india joven llamada Justina, a quien una noche la ve bailar en el patio del caserío. Pero ella prefiere al Kutu, un joven indio y novillero, empleado de la hacienda. Ernesto no entiende cómo, siendo el Kutu feo y con “cara de sapo” pueda ser el preferido de la Justina. Ella y los demás indios se burlan de Ernesto, quien se retira avergonzado mientras continúa el jolgorio, hasta que llega don Froylán, el otro patrón, quien sacude su látigo y manda a dormir a todos. Esa misma noche Ernesto se entera que don Froylan ha abusado sexualmente de Justina, cuando esta fue de mañana a la toma de agua para bañarse. Es el mismo Kutu quien le cuenta esta desgracia, y entonces Ernesto le incita a que asesine al ofensor. Pero el novillero se niega por «ser indio», es decir, socialmente inferior, además porque el patrón tenía nueve hijos que aún eran muy pequeños. Ernesto no entiende estas razones y cree que por maula o cobarde el Kutu no quería enfrentar al malvado patrón. El Kutu trata de consolarle, diciéndole que pronto se iría y le dejaría a la Justina para él solo. En las noches, el Kutu iba al corral y daba de latigazos a los becerros del patrón, a modo de desquite; Ernesto lo veía y aprobaba su acción, pero luego se arrepentía y abrazaba a los animales, llorando y pidiéndoles perdón por tal crueldad. Dos semanas después, el Kutu, hastiado de las humillaciones, se marcha de la hacienda, dejando a la Justina. Ernesto mantiene su amor por la muchacha aunque sin guardar esperanzas, pues su amor era solo un warma kuyay (amor de niño) y no creía tener derecho sobre ella; sabía que debía ser de otro, de un hombre ya mayor. Finalmente Ernesto es llevado a la costa, donde vive amargado y languidece «como un animal de los llanos fríos trasladado al desierto», imaginando que lejos, el Kutu, aunque cobarde, llevaría una vida mejor trabajando en las haciendas de la sierra.

El Narrador[editar]

El relato está narrado en primera persona; el narrador se hace llamar Ernesto, que no es sino el mismo Arguedas relatando un episodio de su niñez, sin duda ya distorsionado y cargado de fantasía.

Análisis temático[editar]

El cuento muestra a un protagonista de catorce años, descendiente de los patrones, que aunque mestizo, es visto como blanco pero que vive en medio de los indios comuneros y participa de sus costumbres y sus labores. El espacio que se representa aparece escindido tajantemente en dos segmentos irreconciliables: los indios y los señores. Ernesto se halla pues entre dos mundos en conflicto y opta por inscribirse en el de los indios aunque entre ellos tendrá una relación de amor y competencia. Ernesto ama a una muchacha india mayor pero ésta es ya pareja del Kutu, un indio novillero al servicio de la hacienda. Ernesto no entiende el rechazo de la Justina, que siendo tan delicada, como una paloma torcaza, prefiera al Kutu, grotesco y feo, con “cara de sapo”. Pero inevitablemente, interfiere la figura del odiado patrón, don Froylán, quien ejerce lo que para el autor es la forma más cruel del abuso del explotador hacia la clase sometida: la violencia sexual, en la persona de la Justina. El Kutu al no poder enfrentar este abuso, se venga latigueando al ganado de la hacienda; esta actitud es vista como cobardía Ernesto, quien desearía que el Kutu se vengue matando al patrón. El Kutu trata de justificar su actitud: el patrón tiene hijos muy pequeños y no desearía que estos quedaran huérfanos a temprana edad; su esperanza es que Ernesto crezca y se haga abogado para defenderlos. Este argumento no satisface a Ernesto, que insiste en calificar de cobardía la actitud del Kutu, quien hastiado de tanta humillación, decide abandonar la hacienda y a la Justina. Todo esto constituye para Ernesto un aprendizaje: comprueba que en el mundo de los patrones el amor es visto como oportunidad, no como mérito, el amor se banaliza en su forma más cruda, la violación; en cambio Ernesto aprende a amar a Justina en armonía con el amor por la cultura andina. Finalmente, Ernesto es trasladado a la costa, desde donde escribe este episodio de su vida a manera de recuerdo, expresando su nostalgia por la vida en el campo y su desazón por la urbe. La amada queda idealizada al transcurrir el tiempo y se convierte en un recuerdo melancólico. El amor se torna en frustración, pero sirve para afianzar en el protagonista su adhesión a la cultura andina.

Análisis estilístico[editar]

La narración se abre con un coro de voces y entre los parlamentos y cantos hay brevísimas apuntaciones impersonales sobre el escenario («Noche de luna en la quebrada de Viseca»), lo que da al texto un semblante de un libro dramático.[3]

Este relato, como muchas de las obras narrativas del autor, es de una gran belleza plástica. El hermoso colorido de los bailes, las canciones y los poemas quechuas se nos muestra en toda su dimensión.

El problema del lenguaje[editar]

En este relato se advierte el primer problema que tuvo que enfrentar Arguedas en su narrativa: el encontrar un lenguaje que permitiera que sus personajes indígenas (monolingües quechuas) se expresaran en idioma castellano sin que sonara falso. Tras una larga y angustiosa búsqueda del estilo adecuado, Arguedas resolvió el problema con el empleo de un «lenguaje inventado»: sobre una base léxica fundamentalmente castellana, injertó el ritmo sintáctico del quechua.

Vocabulario[editar]

  • Witron: patio grande recubierto de lajas, donde se depositan los metales.
  • Maktasu: palabra quechua derivada de makta, ‘joven’; significa muy fuerte y valiente.
  • Daños: animales que incursionan en chacra ajena.
  • Maula: cobarde, despreciable, desleal, deshonesto.
  • Torcaza: variedad de paloma silvestre.

Referencias[editar]

  1. Vargas Llosa 1996, p. 56.
  2. Vargas Llosa 1996, p. 85.
  3. Vargas Llosa 1996, p. 98.

Bibliografía[editar]

  • Arguedas, José María: Agua. Los escoleros. Warma kuyay . Compañía de Impresiones y Publicidad. Lima, 1935.
  • Cornejo Polar, Antonio: Historia de la literatura del Perú republicano. Incluida en «Historia del Perú», Tomo VIII. Perú Republicano. Lima, Editorial Mejía Baca, 1980.
  • Vargas Llosa, Mario: La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo. Fondo de Cultura Económica. México, 1996. ISBN 968-16-4862-5

Enlaces externos[editar]