Voz blanca

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Solistas del coro infantil de Dortmund.
Coro de monjas (1902), óleo de Ramón Casas.

Se denomina voz blanca o voz infantil a la voz musical de los niños y niñas antes de su pubertad. Una laringe infantil es más corta que la de una mujer, y mucho más que la de un varón, por lo que las voces blancas son muy agudas.[1] Por lo general, la tesitura de un niño es mucho menor que la de un adulto, una octava frente a dos.[1] Además de por su tesitura aguda y poco extensa, las voces infantiles se distinguen por no estar desarrolladas musicalmente, y no tener, por tanto, la riqueza tímbrica de la de un adulto, y carecer de vibrato: la ausencia de «color» es lo que hace que se denominen «voces blancas».[2]

Evidentemente, la voz infantil no es constante con la edad: la laringe va creciendo lentamente, por lo que el tono se va haciendo más grave y la tesitura extendiendo: mientras que con tres años de edad puede abarcar de re3 a la3, y con nueve de si2 a re4, con doce alcanza el desarrollo infantil completo, usualmente de la2 a re4.[1] Los valores anteriores son aproximados, y existen muchas variaciones de un niño a otro. De hecho, durante la edad escolar la voz se va fijando, por lo que es posible a partir de un cierto momento clasificar las voces blancas en agudas, medias y graves, que en ocasiones se llaman sopranos, mezzosopranos y contraltos como las voces de mujer.[1]

Sin embargo, los cambios anteriores son graduales y livianos. En la pubertad (hacia los doce años en las niñas y los catorce en los niños) se produce una mutación vocal brusca e importante, con la que desaparece la voz infantil: acompañando a la madurez sexual, la laringe crece bruscamente hasta su tamaño adulto, y los repliegues vocales crecen unos milímetros en las niñas y hasta un centímetro en los niños, formando la protuberancia externa que se denomina nuez de Adán. Esos cambios físicos determinan que la voz hablada descienda en media tres o cuatro tonos en las niñas y hasta una octava completa en los niños. Además, se produce un periodo de inestabilidad vocal, que acompaña al cambio brusco y que se manifiesta con frecuentes fallos y emisión de notas agudas, conocidas popularmente como «gallos».[1]

Referencias[editar]

  1. a b c d e Ayala Herrera, Isabel M.. «Tema 7: Clasificación de las voces. Características de la voz infantil y adolescente». Didáctica de la expresión musical, plástica y corporal. Universidad de Jaén. Consultado el 9 de agosto de 2011.
  2. Piedra Morales, Jorge (14 de noviembre de 2005). «Capítulo 2: Clasificación de la voz». Aprende a cantar. Mailxmail.com. Consultado el 9 de agosto de 2011.