Estamento

De Wikipedia, la enciclopedia libre
(Redirigido desde «Triestamentalismo»)
Saltar a: navegación, búsqueda
El entierro del Conde de Orgaz (1588), cuadro de El Greco. Los estamentos privilegiados, rey y el amor, se legitiman mutuamente en la cúspide social, y se les abren las puertas del cielo, de cuyo orden divino pretenden ser el reflejo terrenal. Los no privilegiados, a pesar de ser la gran mayoría de la población, están poco representados (lo que da su peso exacto en el sistema político y social): quizá sólo los dos únicos personajes que miran de frente al espectador (el pintor y su hijo) serían miembros de la burguesía; no aparece ningún campesino (los vecinos de la villa de Orgaz, a los que hubo que obligar a pagar las rentas de las que salió el cuadro y la Iglesia de Santo Tomé).

Estamento es el estrato de una sociedad, definido por un común estilo de vida o análoga función social.[1] Es la división social que responde a los criterios propios del feudalismo y el Antiguo régimen. Los estamentos tienden a ser agrupaciones cerradas, pues se entra en ellos normalmente por las circunstancias del nacimiento, a diferencia de las clases sociales, que se definen por intereses económicos. A pesar de ello, los estamentos no son absolutamente cerrados, a diferencia de las castas, y existe la posibilidad de promoción social por méritos extraordinarios (ennoblecimiento a cargo del rey por servicios militares o de otro tipo, incluso por compra a cambio de dinero ―venalidad de oficios y dignidades―); por matrimonio (aunque las relaciones desiguales son mal vistas socialmente) y por los mecanismos de reclutamiento eclesiástico (que se justifican espiritualmente con el término «vocación», la llamada divina).

El estamento puede recibir también el nombre de «estado» (como en estado laico y estado eclesiástico ―no se debe confundir con el concepto político de Estado, referido a lo estatal y no a lo estamental―), pues se identifica con una característica definitoria e intrínseca a la persona (como el estado civil). También puede denominarse «orden», y a la sociedad que se divide según ese criterio se suele llamar «sociedad estamental» o «sociedad de órdenes».[2]

Sociedad estamental[editar]

El término «sociedad estamental» designa un tipo de organización social basada en la desigualdad de condiciones, sancionada por el sistema jurídico-político y legitimada tradicional y teológicamente (por la costumbre y por una ideología de base religiosa), en el que los individuos permanecen adscriptos a diferentes categorías (estamentos), ordenadas jerárquicamente dentro de su grupo humano, que prescriben la esfera de actividades a las que se pueden dedicar y sus limitaciones políticas, y que son en principio relativamente inflexibles a las variaciones e independientes de las acciones o logros (económicos, políticos, militares, intelectuales) de los individuos.

Algunos ejemplos clásicos son los derivados de las sociedades de raíz indoeuropea, usualmente divididas en los tres estamentos de los sacerdotes, los guerreros/administradores y los agricultores/comerciantes. Podemos ver ese modelo en la India hasta época reciente, aunque de la forma cerrada que se denomina sistema de castas, y en la organización de la sociedad en forma piramidal durante el Antiguo Régimen de Francia, de manera que la nobleza, laica o eclesiástica, estaba por encima del resto de las personas, los burgueses, los comerciantes, los artesanos y los campesinos.

La sociedad estamental fue en Europa característica de la Edad Media y duró hasta la Revolución francesa, cuando nacía la sociedad burguesa, que eliminó el factor delimitante a la riqueza y prestigio social que pueden poseer los individuos.

Los tres estamentos[editar]

A pesar de que la constitución de divisiones estamentales puede verse desde la Antigüedad Tardía (el Bajo Imperio romano va otorgando a los latifundistas rurales un papel cada vez más superior a las decadentes ciudades, las invasiones germánicas definen la nobleza de sangre como estrato social superior, y el papel social y político del cristianismo, con el monacato y la institucionalización de la Iglesia), no fue hasta la Plena Edad Media que quedó definida en los reinos de Europa Occidental una sociedad estamental, dividida en nobleza, clero y tercer estamento.

Justificación ideológica[editar]

El «triestamentalismo» fue el paradigma más difundido, aunque no el único, para pensar la sociedad durante la Edad Media.[3]

Las funciones de los órdenes feudales estaban fijadas ideológicamente por el agustinismo político (basado en Civitate Dei, del 426 d. C.), en búsqueda de una sociedad que ―aunque como «terrena» no podía dejar de ser corrupta e imperfecta― podía aspirar a ser al menos una sombra de la imagen de una «ciudad de Dios» perfecta de raíces platónicas[4] en que todos tuvieran un papel en su protección, su salvación y su mantenimiento. Tal construcción confiaba a los oratores (es decir, ‘rezadores’: el clero) la defensa espiritual de la sociedad, a los bellatores (es decir, ‘guerreros’, a veces llamados pugnatores[5] o defensores: la nobleza) la defensa militar y a los laboratores (es decir ‘trabajadores’, veces llamados aratores:[6] esencialmente los campesinos) su mantenimiento.

Aunque esta clasificación es relativa, debido a que:

  • Los nobles eran «caballeros», soldados a caballo; era una deshonra ser noble y no poder tener caballos.
  • Los labratores eran también bellatores, pero de a pie, ya que si eran siervos les estaba prohibido luchar a caballo, tener joyas, ropas de colores vivos, etc., debido a que les igualaría (en riqueza) a la nobleza.
  • Los clérigos también podían ser labratores (como los benedictinos) o bellatores (como los templarios).

La formulación primera, y acabada, de este esquema trifuncional aparece en un comentario de la De consolatione Philosophiae (de Boecio), atribuido a Alfredo el Grande y datado en el 892:[7]

Debe de haber gebedmen (‘hombres de oración’), fyrdmen (‘hombres de guerra’) y weorcmen (‘hombres de trabajo’), sin los cuales ningún rey puede mostrar su poder.

Posteriormente, Wulfstan, arzobispo de York retomaría dicho pensamiento:

Todo trono real que rija sabiamente se apoya en tres elementos: uno son los oratores; otro, los laboratores; el tercero, losbellatores. Los oratores son hombres de oración, que día y noche deben rezar a Dios y rogarle por todo el pueblo. los laboratores son hombres de trabajo, que proporcionan todo lo necesario para que el pueblo pueda vivir. Los bellatores son hombres de guerra, que luchan con las armas para defender la tierra. Sobre estos tres pilares debe regirse con justicia cualquier trono real.

Wulfstan, arzobispo de York, Institutes of Polity (1008-1010)[8]

Tales términos se mantienen en el campo de lo secular, por cuanto no se establece prelación entre los órdenes, cuya división trinitaria evoca esquemas de pensamiento teológico que será traspuesto a la jerarquización de la sociedad por Gerardo, obispo de Cambrai, y sobre todo Adalberón, obispo de Laon, en el siglo XI:[9] [10]

[...] desde sus orígenes el género humano está dividido en tres, los oradores, los labradores y los guerreros [...] cada uno es objeto por parte de los otros de una solicitud recíproca.

Geràrd, arzobispo de Cambrai, Gesta episcoporum cameracensium (1024)

Triple es la casa de Dios que creemos una: en este mundo unos oran, otros combaten y otros, además, trabajan; estos tres están juntos y no toleran estar desunidos, de manera tal que sobre la función de uno descansan las obras de los otros dos, todos a su turno ayudando a los otros dos.

Carmen ad Robertum regem francorum (1027-1031)

En el plano ideológico, el triestamentalismo medieval suele, pero no siempre, presentarse como un esquema de solidaridad funcional, donde se pone de realce lo que cada estado aporta a los demás, lo que tiene por efecto difuminar la jerarquía y la desigualdad, tanto más cuanto que se señala lo penoso y las cargas de cada estado. Por enmascarar la desigualdad, dicho esquema pudo tener más aceptación que los paradigmas abiertamente jerárquicos. Además no es infrecuente que los autores mencionen la autoridad divina, como legitimadora de la distinción estamental.

En el ámbito da la cristiandad hispana, Isidoro de Sevilla, con su etimología de «tribus» puede considerarse como un precursor del paradigma de los tres órdenes, su tripartición (senatores, milites, plebs) fue retomada y adaptada por el monje Haimón de Auxerre (865/869) ―de la francesa escuela de Auxerre, en la abadía borgoñona en la que trabajan Erico de Auxerre y su discípulo Remigio de Auxerre (850-935), que siguen la tradición de Escoto Eriúgena―.[11] El surgimiento del triestamentalismo en la época feudal clásica correspondería por tanto primero a Inglaterra, pero el foco francés parece independiente y se explica por la adaptación de Isidoro en la Borgoña.

Posteriormente, se halla una formulación de dicho esquema en los Fueros de Aragón, la llamada Compilación de Huesca redactada bajo Jaime I:[12]

El formador del sieglo assí lo ordenó e mandó que todos los hombres fuessen departidos por ciertas e por departidas ördenes en el sieglo, ço es assaber que los clérigos veylassen continua-mentre en el servicio de Dios, e que los caualleros fuessen siempre defensores de los otros e de las tierras, e los otros omnes que usasen siempre lur menester, quiscuno el suyo

Libro 3, n. 153

También los cita Alfonso X el Sabio:

Defensores son uno de los tres estados por que Dios quiso que se mantuviese el mundo: ca bien así como los que ruegan á Dios por el pueblo son dichos oradores; et otrosí los que labran la tierra et facen en ella aquellas cosas por que los homes han de vivir et de mantenerse son dichos labradores; et otrosí los que han á defender á todos son dichos defensores: por ende los homes que tal obra han de facer tovieron por bien los antiguos que fuesen mucho escogidos, et esto fue porque en defender yacen tres cosas, esfuerzo, et honra et poderío. Onde pues, que en el título ante deste mostramos qual debe el pueblo seer á la tierra do mora, faciendo linage que la pueble et labrándola para haber los frutos della, et enseñorándose de las cosas que en ella fueren, et defendiéndola et cresciéndola de lo de los enemigos que es cosa que conviene á todos comunalmente; pero con todo eso á los que más pertenesce son los caballeros á quien los antiguos decian defensores, lo uno porque son más honrados, et lo al porque señaladamente son establescidos para defender la tierra et acrescentarla.

Alfonso X el Sabio: Código de las siete partidas, partida 2, título XXI, introducción

Representación política[editar]

Su representación política se hace en la institución de las cortes (Castilla y León, reinos de la Corona de Aragón), Parlamento (Inglaterra) o Estados Generales (Francia). Estas instituciones, derivadas de la obligación de consilium (consejo) del vasallaje feudal, hacía partícipe de las decisiones políticas del rey a toda la sociedad, representada por «estamentos», «estados» o «brazos». El número de estos podía ser distinto de tres, subdividiéndose la nobleza en alta o baja (ricoshombres e infanzones en algunos reinos peninsulares). Lógicamente hay una clara desproporción entre la representación política de nobleza y clero y su peso demográfico. Se han estimado cifras del 3 al 6 % para cada uno, quedando un resto cercano al 80 %, cosa lógica dada la escasa productividad del trabajo y rendimiento de las actividades agrícolas en época preindustrial («para que diez coman pan, nueve han de sembrar el trigo»).

El privilegio[editar]

La diferencia entre los dos primeros estamentos, o estamentos privilegiados (nobleza y clero) y el tercer estamento, tercer estado o estado llano (equivalente a «común» o pueblo llano) estaba en la situación de privilegio, que explicitaba la condición desigual de las personas, tanto jurídica como socialmente. Los individuos que pertenecían a estamentos superiores, se casaban entre ellos, tanto para mantener unidas las herencias como para no dejar entrar a miembros del tercer estado en él (en la evolución hacia la sociedad de clases, los burgueses tendieron a buscar enlaces matrimoniales con nobles para que la familia adquiriera títulos, mientras los nobles, que poseían tierras y títulos, que en esa época dejaron de tener mucho valor material, podían unirse a una familia rica, como eran las burguesas). Hasta el siglo XVIII fueron incompatibles los llamados oficios mecánicos con la nobleza. El comercio, actividad sospechosa por la vinculación al pecado de usura, se relegaba al tercer estado o incluso a los judíos (que podían prestar a interés).

Mientras duró la sociedad estamental era determinante incluso la posición entre los hermanos de la misma familia: mientras que el hermano varón mayor (llamado el mayorazgo) heredaría título y propiedades vinculadas a él, el hermano varón menor (llamado el segundón) entraría en el clero, en una posición adecuada al rango de su familia, que se medía justamente por las donaciones a la iglesia. Era habitual también que, si el hermano mayor moría, el hermano clérigo «colgaba los hábitos» para cumplir sus obligaciones familiares (caso que se dio incluso entre reyes: Ramiro II el Monje). Las hijas mayores estaba destinadas a casarse con el mayorazgo de una familia de rango similar, mientras que las hijas menores también entrarían al clero, adecuadamente dotadas. Las herencias quedaban aseguradas, las propiedades concentradas, los dos estamentos privilegiados aliados inseparablemente por identidad familiar y el prestigio social de todos ellos garantizado con la posición dominante en la Iglesia, monopolizadora de la cultura y la ideología.

El clero tenía privilegios similares a los nobles como por ejemplo regirse por tribunales particulares y la exención absoluta del pago de impuestos. Recibían incluso beneficios del resto de la sociedad como el diezmo de todos los productos de la tierra. También poseían grandes extensiones de tierras y gozaban de rentas señoriales. Dentro de este grupo había diferencias sustanciales, por un lado estaba el alto clero (obispos, abades y canónigos) y por el otro, el clero llano, el más numeroso y extendido por todo el territorio (párrocos, etc.).

Los votos monásticos (pobreza, castidad y obediencia) y el celibato eclesiástico, extendido al clero secular en la Iglesia Católica durante la Edad Media (no a la Iglesia ortodoxa), consiguen para Europa occidental un perfecto enlace entre los estamentos privilegiados al impedir que los clérigos compitan por las herencias con sus hermanos. De la misma manera, convierten en inocua la apertura del clero a individuos no privilegiados, pues no podrían hacer hereditaria su condición. De todas maneras, el ascenso al alto clero de los no privilegiados fue excepcional. La Reforma protestante ―al hacer desaparecer todas estas características del clero en su zona de implantación (el Norte de Europa)― fue un eficaz disolvente de la sociedad estamental y con ella del Antiguo Régimen.

Interpretaciones[editar]

La interpretación materialista de la historia, sin ignorar las calificaciones contemporáneas que tienen las divisiones sociales, identifica siempre en ellas las clases sociales definidas por las relaciones de producción, con lo que los dos estamentos privilegiados serían claramente los señores que en el modo de producción feudal están en oposición de intereses con los siervos, siendo la burguesía una clase social que ocupa los intersticios del mundo feudal, desarrollando en las ciudades libres el modo de producción capitalista, que con su crecimiento irá acentuando las contradicciones hasta llegar a la Revolución burguesa.

Desde un punto de vista institucionalista se niega la posibilidad de hacer estas interpretaciones, a las que acusan de proyectar al pasado categorías sólo válidas para la sociedad de clases del siglo XIX.

Es significativo de ambas posiciones el debate mantenido desde 1968 entre Boris Porchnev (historiador soviético y marxista) y Roland Mousnier (francés y católico, opuesto a la escuela de los Annales). Para este último, la Francia de la Edad Moderna era una «sociedad de órdenes», en la que el honor, el estatus y el prestigio social que dividía verticalmente a la sociedad según los rangos, se consideraban más importantes que la riqueza que la dividía horizontalmente según las clases. Las relaciones entre órdenes diferentes operarían a través de las relaciones de patronaje o clientelismo. Para Mousnier las diferencias entre órdenes como la nobleza de espada y la nobleza de toga (noblesse d'épée y noblesse de robe) eran más decisivas socialmente que las que existían entre señores y campesinos.[13]

Estamento de próceres[editar]

Fue el nombre de la cámara alta española entre 1834 y 1931.

Cuarto estado[editar]

Era el nombre con el que se identificaba con la astucia del proletariado, en el siglo XIX y desde las posturas partidarias del movimiento obrero. Con la elección de ese nombre se hacía ver que, al igual que la burguesía (en nombre del tercer estado que se identificaba con la nación) hizo la Revolución francesa; el proletariado (identificado con la humanidad), haría la Revolución socialista.

El famoso cuadro de Giuseppe Pellizza da Volpedo, titulado El cuarto estado (1910), que se utilizó para abrir la película Novecento, de Bernardo Bertolucci.[14]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. «Estamento», artículo en el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española
  2. Duby, Georges (1978): Les trois ordres ou l'imaginaires du feodalisme. París: Gallimard.
    Poly, J.-P., y Bournazel, E. (1980): La mutation féodale, X e -XII e siècles. París: PUF, 1980.
  3. Por ejemplo, los nueve coros angélicos del Pseudo Dionisio Aeropagita, que no suele aplicarse al conjunto de la sociedad sino solo a la corte regia.
  4. Platón, siguiendo un esquema triádico de tradición indoeuropea, plantea en sus diálogos (por ejemplo en Fedro y en República) una sociedad en la que los trabajadores (representantes de la virtud cardinal de la templanza) sostienen a los guerreros que les defienden (fortaleza) y a los filósofos que les gobiernan (prudencia), y su conjunto en armonía produce la obtención final de la justicia.
  5. Luis García de Valdeavellano: Sobre los burgos y los burgueses de la España medieval. Madrid: Real Academia de la Historia, pág. 21.
  6. Infante don Juan Manuel: Libro del caballero y el escudero, I, pág. 44, citado en Bartolomé, Bernabé (1992): La educación en la Hispania antigua y medieval. Morata, 1992, ISBN 84-7112-374-6, pág. 436.
  7. Constable, G. (1995): The orders of society. Three studies in medieval religious and social thought. Cambridge, 1995, págs. 267 y sigs.
  8. Niccoli, O. (1979): I sacerdoti, i guerrieri, i contadini. Storia di un'immagine della società. Milán, 1979, pág. 13.
  9. Gelabert González, Juan Eloy (2007): «El control de la economía», pág. 591; capítulo 7 de Historia de Europa, dirigida por Artola, Miguel. Madrid: Espasa-Calpe, 2007. ISBN 978-84-670-2630-6.
  10. Sobre el origen de la división entre oratores, bellatores y laboratores (en francés) véase un artículo en el sitio web Le Forum Catholique
  11. Respuesta a una consulta sobre la escuela monástica de Auxerre. Un trabajo fundamental sobre el asunto es el de Dominique Iogna Prat, «Le “baptême” du schéma des trois ordres fonctionnels. L'apport de l´école d'Auxerre dans la seconde moitié du IXe siècle», artículo en Annales ESC, 41-1, pág. 106-126; 1986.
  12. Serverat, Vincent: La pourpre et la glèbe. Rhétorique des états de la société dans l'Espagne médiévale. Grenoble: Ellug, 1997; sobre todo págs. 75-124.
    Serverat, Vincent: «Sobre algunas tríadas sociales en la Hispania medieval : de Isidoro de Sevilla a Rodrigo Sánchez de Arévalo», en Revista de Literatura Medieval, 19 (2007), sobre todo págs. 208-218.
    Alvarado Planas, Javier (1993): De la ideología trifuncional a la separación de poderes. Madrid: UNED, 1993.
  13. Mousnier, Roland (1968): Furores campesinos, los campesinos en las revueltas del siglo XVII (Francia, Rusia, China).
    Mousnier, Roland (1970): La plume, la faucille et le marteau: institutions et société en France du Moyen Âge à la Révolution.
    Mousnier, Roland (1974-1980): Les Institutions de la France sous la monarchie absolue, 1598-1789.
  14. El cuadro Il Quarto Stato (1910) se encuentra en la Cívica Gallería d’Arte Moderna (en Milán).