Trastorno de ansiedad

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Trastorno de ansiedad
Humanos tontos o incertidumbre?.jpeg
Clasificación y recursos externos
CIE-10 F40-F42
CIE-9 300
eMedicine med/152
MeSH D001008
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Trastorno de ansiedad es un término general que abarca varias formas diferentes de un tipo de trastorno mental, caracterizado por miedo y ansiedad anormal y patológica. Las condiciones ahora consideradas trastornos de ansiedad llegaron bajo la égida de la psiquiatría hacia el final del siglo XIX. Gelder, Mayou y Geddes (2005) explican que los trastornos de ansiedad se clasifican en dos grupos: síntomas continuos y síntomas episódicos. Los criterios diagnósticos actuales psiquiátricos reconocen una gran variedad de trastornos de ansiedad. Estudios recientes, además de haber encontrado que hasta un 18 % de la población estadounidense y un 20 % de la población española pueden estar afectados por uno o más de estos desórdenes, han hallado que la genética encargada en propiciar la aparición y el desarrollo de éstos es la misma que la involucrada en los trastornos depresivos y bipolares.

El término ansiedad abarca cuatro aspectos que un individuo puede experimentar: aprehensión mental, tensión física, síntomas físicos y ansiedad disociativa. Los trastornos de ansiedad en el DSM-IV se dividen principalmente en:

  1. Trastorno de ansiedad generalizada.
  2. Trastorno de pánico (con o sin agorafobia).
  3. Trastorno obsesivo-compulsivo.
  4. trastorno por estrés postraumático.
  5. Trastorno por estrés agudo.
  6. Fobia social.
  7. Trastorno fóbico
  8. Otros trastornos de ansiedad no especificados o producidos por el consumo de sustancias.

Cada uno tiene sus propias características y síntomas y requieren tratamientos diferentes.[1] Las emociones presentes en los trastornos de ansiedad van desde el simple nerviosismo a episodios de terror o pánico.[2]

Cuestionarios clínicos estandarizados de detección tales como la Escala de Ansiedad Manifiesta de Taylor o la Zung Self-Rating Anxiety Scale pueden ser utilizados para detectar los síntomas de ansiedad, y sugieren la necesidad de una evaluación formal para el diagnóstico de un trastorno de ansiedad.

Clasificación[editar]

Trastorno de ansiedad generalizada[editar]

El trastorno de ansiedad generalizada (TAG) es un trastorno crónico común caracterizado por ansiedad de larga duración y que no se centra en algún objeto o situación particular, al contrario que en las fobias. Las personas que padecen de ansiedad generalizada experimentan miedos y preocupaciones persistentes no específicos, muy focalizados en asuntos cotidianos. El trastorno de ansiedad generalizada es el trastorno de ansiedad que afecta a adultos mayores más común. La ansiedad puede ser un síntoma secundario al abuso de medicamentos o sustancias, y los profesionales médicos deben ser conscientes de ello. El diagnóstico de trastorno de ansiedad generalizada se produce cuando una persona ha estado excesivamente preocupada por uno o más problemas todos los días durante seis meses o más. La persona puede tener problemas para tomar decisiones diarias y recordar compromisos como consecuencia de la falta de concentración que le supone la "preocupación por la preocupación". Antes de diagnosticar un trastorno de ansiedad generalizada los médicos deben descartar causas de ansiedad inducido por fármacos.

Trastorno de pánico[editar]

En el trastorno de pánico, una persona sufre ataques breves de intenso miedo y terror, a menudo acompañado de síntomas como temblores, agitación, confusión, mareos, desvanecimiento, náuseas y dificultad para respirar. Estos ataques de pánico, que se define por la APA como el miedo o malestar que se presenta repentinamente, y con picos en menos de diez minutos, puede durar varias horas y puede ser desencadenada por el estrés, el miedo, o incluso el ejercicio. La causa específica no siempre es evidente.

Además de los recurrentes ataques de pánico inesperados, un diagnóstico de trastorno de pánico requiere que dichos ataques de angustia tengan consecuencias crónicas: o bien preocupación por las consecuencias de los episodios de angustia, el miedo persistente de posibles ataques futuros, o el miedo a sufrir cambios significativos en el comportamiento relacionados con los ataques. En consecuencia, aquellos que sufren de síntomas de pánico sufren de trastorno de pánico, incluso fuera de los episodios específicos. A menudo, el afectado, ante cambios normales de los latidos cardíacos, los percibe como amenazantes, lo que lleva a pensar que algo anda mal con su corazón o que están a punto de tener otro ataque de pánico. Normalmente va asociado un temor anticipatorio a volver a sufrir otro ataque de pánico (ansiedad anticipatoria o "miedo al miedo"). En algunos casos, se produce una mayor conciencia de las funciones fisiológicas del organismo (hipervigilancia) durante el ataque de pánico, en donde cualquier cambio percibido fisiológicamente se interpreta como una posible enfermedad potencialmente mortal (es decir, extrema hipocondría). Puede diagnosticarse de trastorno de pánico con o sin agorafobia.

Trastorno de pánico con agorafobia[editar]

El trastorno de pánico con agorafobia es una variante que suele ir asociado con el trastorno de pánico. Una persona experimenta un ataque de pánico inesperado, y a continuación, tiene temor a la posibilidad de volver a tener otro ataque. La persona teme y evita cualquier situación que podría inducir a un ataque de pánico. La persona nunca o rara vez podrá salir de casa con tal de evitar un posible ataque de pánico que creen que es un terror extremo ineludible.

Trastorno fóbico[editar]

Las fobias o trastornos fóbicos corresponden a la mayor y más amplia categoría de los trastornos de ansiedad; incluye todos los casos en que se desencadena miedo y ansiedad por algún estímulo o situación específica. Entre el 5 % y el 12 % de la población mundial sufre de trastornos fóbicos. Las víctimas suelen anticipar las consecuencias terribles del encuentro con el objeto de su miedo, que puede ser cualquier cosa, desde un animal, objeto, persona, situación particular, o un fluido corporal. Los afectados entienden que su miedo es irracional, no proporcional al peligro potencial real, pero se ven abrumados por el miedo que se escapa a su control.

Trastorno de ansiedad social[editar]

El trastorno de ansiedad social (TAS), también conocido como fobia social, se caracteriza por un intenso, crónico y persistente temor, acompañado de conductas de evitación, a ser juzgado, avergonzado, humillado o hacer el ridículo en situaciones de interacción social. Este temor puede ser específico para situaciones sociales especiales (como hablar en público) o, generalmente, experimentarse en la mayoría (o todas) de interacciones sociales. La ansiedad social específica a menudo manifiesta síntomas físicos tales como rubor, sudoración, temblor, taquicardias y dificultad para hablar. Al igual que el resto de trastornos fóbicos, los que sufren de ansiedad social a menudo tratan de evitar la fuente de su ansiedad; y en el caso de la ansiedad social se torna particularmente problemático, y en casos graves puede llevar a la exclusión social.

Trastorno obsesivo-compulsivo[editar]

El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) es un tipo de trastorno de ansiedad caracterizado sobre todo por la presencia de obsesiones (imágenes o pensamientos angustiosos, persistentes e intrusivos) y compulsiones (insta a realizar determinados actos o rituales). Afecta a aproximadamente el 3 % de la población mundial. A menudo el proceso es totalmente ilógico e irracional, al igual que las compulsiones, donde simplemente se tiene la necesidad de completar un ritual con el fin de acabar con la ansiedad provocada por la obsesión.

En una minoría pequeña de los casos, los enfermos de TOC pueden llegar a experimentar obsesiones sin compulsiones (obsesivos puros).

Trastorno de estrés post-traumático[editar]

El trastorno de estrés post-traumático (TEPT) es un trastorno de ansiedad que se traduce a partir de una experiencia traumática. El estrés postraumático puede ser el resultado de experimentar situaciones extremas, como una guerra, desastres naturales, violaciones, secuestros, abuso infantil, acoso o incluso un accidente grave. También puede resultar por una exposición prolongada en el tiempo a un estrés crónico, como por ejemplo los soldados que soportan batallas individuales, pero no pueden hacer frente al combate continuo. Los síntomas comunes incluyen hipervigilancia, escenas retrospectivas rememorando el acontecimiento traumático (flashbacks), conductas de evitación, ansiedad, ira y depresión. Hay una serie de tratamientos que constituyen la base del plan de atención para las personas que sufren trastorno de estrés postraumático. Estos tratamientos incluyen varias formas de psicoterapia, como la terapia cognitivo-conductual (TCC), terapias grupales y el apoyo de familiares y amigos. También pueden beneficiarse de la farmacoterapia, como los ISRS.

Trastorno de ansiedad por separación[editar]

Quien padece de un trastorno de ansiedad por separación presenta niveles intensos e inapropiados de ansiedad al separarse de una persona o lugar. La ansiedad de separación es algo normal en el desarrollo natural de bebés o niños, y sólo puede ser considerada como trastorno cuando este sentimiento es excesivo o inapropiado. El trastorno de ansiedad por separación afecta a aproximadamente el 7 % de los adultos y el 4 % de los niños, pero los casos infantiles tienden a ser más severos; en algunos casos, incluso una breve separación temporal puede desencadenar sentimientos de pánico.

Trastornos de ansiedad en la infancia[editar]

Los niños al igual que los adultos experimentan ansiedad, preocupación y miedo, especialmente, cuando se enfrentan a nuevas experiencias. Sin embargo si la ansiedad se prolonga en el tiempo e interfiere en la actividad diaria normal del niño, entonces se consideraría ansiedad patológica.[3] Cuando los niños padecen de ansiedad severa se ve interferido su pensamiento, toma de decisiones, percepciones, aprendizaje, atención y concentración. Además del miedo, el nerviosismo y la timidez, pueden empezar a adoptar conductas de evitación, tanto de lugares como situaciones. La ansiedad causa una amplia variedad de síntomas como aumento de la tensión sanguínea, taquicardias, náuseas, vómitos, dolor de estómago, úlceras, diarrea, hormigueo, debilidad, y sensación de falta de aire (disnea).[4] Otros síntomas cognitivos, afectivos y fisiológicos incluyen inseguridad, autocrítica, irritabilidad, trastornos del sueño, e ideación suicida.

Si no se detecta o se trata a tiempo, se incrementa el riesgo de fracaso escolar, evitación de actividades sociales y el inicio del consumo de drogas. Pueden desarrollar posteriormente otras patologías como depresión, trastornos de la conducta alimentaria, trastorno de déficit de atención, y trastorno obsesivo-compulsivo.[5]

Alrededor del 13 % de los niños y adolescentes entre 8 y 17 años experimentan algún tipo de ansiedad.[cita requerida] El temperamento puede ser un factor clave en el desarrollo de trastornos de ansiedad.

La investigación clínica en esta área es sumamente dificultosa, ya que los investigadores no tienen suficientes datos para asegurar resultados fiables, debido a los cambios tan rápidos que se suceden en la psicología del niño en estas edades. Por ejemplo entre los 6 y 8 años, el miedo a la oscuridad decrece, pero pueden preocuparse acerca de su rendimiento escolar o relaciones sociales. Si los infantes experimentan excesiva ansiedad durante esta etapa, ello sería un indicador de riesgo de desarrollo de un trastorno de ansiedad en la vida adulta.[6] De acuerdo a las investigaciones, los factores determinantes serían tanto biológicos como psicológicos. Se ha sugerido así mismo que aquellos niños con padres que padecen o han padecido algún tipo de trastorno de ansiedad, tienen más riesgo de padecerlo. El estrés puede ser un factor determinante, pues se sabe que los niños y adolescentes son más vulnerable al mismo. Esta reacción ante situaciones de amenaza es más intensa en niños de cortas edades.[7]

Causas[editar]

Biológicas[editar]

Se sabe que bajos niveles de GABA, un neurotransmisor que reduce la actividad del sistema nervioso central, contribuye a la ansiedad. Un gran número de ansiolíticos son eficaces mediante la modulación de los receptores GABA.[8] [9] [10]

Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), los fármacos más utilizados para tratar la depresión son también la primera línea de tratamiento para los trastornos de ansiedad.[11] Un estudio en 2004 usando técnicas de imagen funcional cerebral sugiere que los ISRS alivian la ansiedad resultado de su acción directa en las neuronas GABA, en vez de ser consecuencia de la mejora del humor.[12]

El abuso de sustancias como el alcohol, puede inducir estados severos de ansiedad y depresión, que decrecen con prolongada abstinencia. Incluso cantidades moderadas de alcohol pueden incrementar la ansiedad y la depresión en algunos individuos.[13]

El abuso de la cafeína, el alcohol y los ansiolíticos pueden causar o empeorar estados de ansiedad preexistentes y ataques de pánico.[14] En pacientes que padecen alcoholismo, la ansiedad se incrementa en la fase aguda de abstinencia y puede persistir hasta 2 años después del síndrome de abstinencia en el 25 % de las personas.[15]

En un estudio realizado en 1988-1990 en un hospital clínico, para patologías que incluían trastornos de ansiedad, trastornos de pánico y fobia social se determinó que en la mitad de los pacientes la causa de los mismos sería resultado de la dependencia al alcohol y las benzodiacepinas que consumían. En estos pacientes la ansiedad se incrementaba durante el síndrome de abstinencia, para luego cesar.[16]

La intoxicación por estimulantes se asocia a ataques de pánico repetitivos[cita requerida]. La exposición a disolventes orgánicos en el medio de trabajo se ha asociado con el desarrollo de trastornos de ansiedad.[17]

Las personas afectadas por el trastorno obsesivo-compulsivo, muestran un aumento del volumen de la materia gris en el núcleo lenticular, que se extiende al núcleo caudal, mientras decrece el volumen en la parte dorsal, medial, frontal y anterior de la circunvolución del cíngulo.[18] [19] Esto contrasta con los otros trastornos de ansiedad donde se observa un decrecimiento del volumen de la materia gris en núcleo caudado bilateral, y también decrece el volumen de la circunvolución del cíngulo como en los obsesivos.[19]

Amígdala[editar]

La amígdala es la central de procesamiento del miedo y la ansiedad, y su función puede desestabilizarse en los trastornos de ansiedad.[20] La información sensorial llega a la amígdala a través del núcleo del complejo basolateral. Este complejo procesa las señales sensoriales relacionas con la memoria emocional, y comunica su importancia y relevancia a otras partes del cerebro, como el cortex mediano prefrontal y la corteza sensorial.

Otra área importante es el núcleo central adyacente a la amígdala, que controla las respuestas específicas del miedo, a través del tronco del encéfalo, hipotálamo, y cerebelo. Estas conexiones en las personas con trastorno de ansiedad se muestran poco dispares, con gran cantidad de materia gris en el núcleo central. Otra diferencia es que disminuye la conectividad entre la amígdala con la ínsula y el área cingulada que controla los estímulos generales de la prominencia, mientras mantiene una alta conectividad con los circuitos del cortex parietal y prefrontal en las que subyacen las funciones ejecutivas.[20] Esto último sugiera una estrategia compensatoria para el procesamiento amígdalino disfuncional de la ansiedad. Los investigadores han observado que la unión frontoparietal de la amígdala en las personas que padecen trastornos de ansiedad puede reflejar el habitual conflicto del sistema de control cognitivo que regula el exceso de ansiedad.[20] Esto es consistente con las teorías cognitivas que sugieren el uso de estrategias cognitivas compensatorias para reducir las implicaciones de las emociones.

Diversos estudios en animales y personas correlacionan los trastornos de ansiedad con dificultades para mantener un adecuando equilibrio o balance en el sistema nervioso.[21] [22] [23] [24] Un posible mecanismo es la disfuncionalidad el núcleo parabraquial, una estructura, que además de otras funciones, coordina las señales de la amígdala con las señales concernientes al balance.[25]

El procesamiento de la ansiedad en la zona basolateral de la amígdala implica una arborización dendrítica de las neuronas de la misma. Los canales SK2 de potasio influyen inhibiendo el potencial de acción y reduce esta arborización. Mediante la sobrexpresión de esta región, la ansiedad y el nivel de éstres inducida por la secreción de corticoides en animales de laboratorio puede ser reducida.[26]

Hipocampo[editar]

Un estudio publicado en 2010 reflejó la colaboración y relación que existe entre el hipocampo, estructura relacionada con el aprendizaje y la memoria, con la corteza cerebral, para modular los comportamientos relacionados con la ansiedad en ratones. El hipocampo envía información a gran escala a la corteza sobre las emociones del entorno, lo que permite a la corteza reconocer la amenaza. La corteza además modula otras zonas del cerebro, especialmente la amígdala, para producir ansiedad como respuesta defensiva. No obstante faltan estudios que demuestren esta conexión en humanos.[27] [28]

Estresores[editar]

Llevar un estilo de vida estresado, atravesar situaciones financieras complicadas, tener problemas laborales, atravesar alguna crisis vital o tener una enfermedad física crónica pueden erigir un trastorno de ansiedad como respuesta.

Epidemiología[editar]

Los porcentajes de prevalencia de estos trastornos varían mucho de un estudio a otro, ya que hay que tomar en consideración variables como el país, el sexo y la edad, o variables metodológicas, como el tamaño de la muestra o los criterios diagnósticos. La mayoría de estudios se centran en los pacientes de atención primaria con rangos de prevalencia que oscilan entre el 10 % y 30 % de la población, en países occidentales; [29] [30] datos que posiblemente están infraestimados debido a la tendencia de los adultos a minimizar los problemas psiquiátricos o su focalización en las manifestaciones físicas.

En personas mayores con demencia es común que se desarrolle patologías ansiosas. Además del sub-diagnóstico, los trastornos de ansiedad pueden mal-diagnosticarse, debido a las interpretaciones erróneas de síntomas físicos relacionados con dolencias (como por ejemplo taquicardias provocadas por arritmias) que se achacan a la ansiedad.[31]

Patogenia[editar]

Los trastornos de ansiedad suelen ser condiciones debilitantes, que tienden a cronificarse con el paso del tiempo, y exacerbarse en situaciones de estrés. Pueden presentarse a edades muy tempranas o empezar súbitamente tras un «evento gatillo». El inicio de los mismos aparece frecuentemente acompañado de dolores de cabeza, sudoración, taquicardia, palpitaciones, hipertensión, que en algunos casos conducen a la fatiga física y psíquica.

Habitualmente se tiende a confundir los términos ansiedad y miedo, usados indistintamente; clínicamente tienen significados distintos. La ansiedad es definida como un estado emocional difuso y desagradable cuya causa es difícil de indentificar y es percibida como incontrolable o inevitable, mientras el miedo es una respuesta emocional y fisiológica consecuencia de la percepción de amenazas o eventos identificables, reales o supuestos. El término trastorno de ansiedad incluye tanto miedos (fobias) como estados de ansiedad.

La depresión suele ser comórbida a estos trastornos, con una prevalencia del 60 % de los diagnosticados por trastornos de ansiedad. En algunos casos la depresión es consecuencia de sufrir ansiedad. No es raro que se diagnostiquen a estas personas con el llamado trastorno mixto ansioso-depresivo. El hecho que haya una considerable solapamiento entre los síntomas de ansiedad y depresión, y que los mismos estresores ambientales provoquen síntomas en ambos estados patológicos, puede explicar esta alta tasa de comorbilidad.[32]

Los estudios clínicos han relacionado la probabilidad de sufrir alguno de los trastornos en familias con historial de otros trastornos de ansiedad, especialmente alguno de ellos, como el trastorno obsesivo-compulsivo o el trastorno de ansiedad generalizada.[33]

Las disfunciones sexuales pueden acompañar a estas patologías, siendo la evitación de las relaciones íntimas, eyaculación precoz (a veces eyaculación retardada), disfunción eréctil y coito doloroso (en mujeres) las manifestaciones más habituales. Estos trastornos son particularmente comunes en el trastorno de pánico (que temen a que ocurra un súbito episodio de pánico durante la relación sexual) y en el trastorno de estrés postraumático.[34]

Asociación con enfermedad celíaca y con sensibilidad al gluten no celíaca[editar]

La ansiedad es uno de los trastornos que con frecuencia aparecen asociados a la enfermedad celíaca (EC), tal como se recoge en la página 38 (Tabla I “Síntomas, signos y alteraciones analíticas que obligan a considerar el diagnóstico de enfermedad celíaca”) y en la página 22 del Protocolo para el Diagnóstico Precoz de la Enfermedad Celíaca[35] del Ministerio de Sanidad y Consumo de España:

Síntomas extradigestivos relativamente frecuentes en el enfermo celíaco son: Pérdida de peso, dolores óseos y articulares, historia de fracturas (ante traumatismos banales), parestesias, tetania, infertilidad, abortos recurrentes, irritabilidad, astenia, ansiedad, depresión, epilepsia y ataxia.

En los pacientes celíacos se presentan con cierta frecuencia síntomas de ansiedad aumentada, irritabilidad fácil y astenia aumentada,[36] ·[37] que pueden constituir las únicas manifestaciones de una enfermedad celíaca o de una sensibilidad al gluten no celíaca subyacentes. Asimismo, se ha descrito en ambas una mayor prevalencia de fobia social y trastorno de pánico.[38] ·[39] ·[40] En un reciente estudio británico (año 2007) se comprobó que la ansiedad y la depresión fueron de los síntomas más frecuentes por los que los pacientes acudieron a consulta durante los años previos a ser diagnosticados de enfermedad celíaca.[41]

En 2009, Poloni et al. reflexionan sobre la tendencia inconsciente de colegas de otras disciplinas especializadas para estigmatizar a los pacientes clasificados como "psiquiátricos". De hecho, tanto la posible etiología orgánica del cuadro clínico como los trastornos médicos concomitantes que presentan los pacientes "psiquiátricos" son a menudo subestimados, lo que frena el proceso de diagnóstico y la toma de las medidas terapéuticas necesarias.[42]

Contrariamente a lo que antes se pensaba, la enfermedad celíaca no se trata de una enfermedad únicamente digestiva sino autoinmune multisistémica, en la que pueden aparecer síntomas muy variados y enfermedades asociadas, ya que se combina con otros procesos patológicos que incluyen diversos órganos y sistemas.[43] ·[44] Incluso una parte de enfermos celíacos son completamente asintomáticos.[43] Estas múltiples enfermedades y síntomas asociados, entre los que figuran diversos trastornos de índole neurológica y psiquiátrica como la ansiedad[38] ·[45] ·[46] ·[47] ·[36] ·[48] ·[49] ·[50] ·[51] ·[52] ·[53] ·[54] ·[55] ·[56] ·[57] suelen preceder a la aparición de la enfermedad celíaca, aunque también pueden manifestarse simultáneamente e incluso después del diagnóstico.[35] Es frecuente la presentación de la enfermedad celíaca monosintomática, es decir, con un solo síntoma o una sola enfermedad asociada.[43] En los pacientes con sensibilidad al gluten no celíaca también pueden aparecer síntomas digestivos y/o extradigestivos, entre los que destacan afectaciones neurológicas y psiquiátricas, como la ansiedad.[38] ·[58] ·[55] ·[59] ·[60] ·[61]

La incorrecta absorción de algunos nutrientes puede explicar en parte el mecanismo mediador entre la enfermedad celíaca y la ansiedad.[62] ·[63] ·[48] ·[64] ·[65] A esto hay que sumar que la enfermedad celíaca se asocia con frecuencia a otras enfermedades endocrinas autoinmunes que pueden a su vez producir trastornos de ansiedad, como la tiroiditis de Hashimoto.[40] Además, el gluten causa síntomas, tanto en la enfermedad celíaca como en la sensibilidad al gluten no celíaca, por sus acciones adversas sobre el sistema nervioso, que pueden presentarse incluso en ausencia de deficiencias nutricionales. El punto crucial reside en que el gluten también puede ocasionar síntomas neurológicos en pacientes que no tienen ningún daño en la mucosa intestinal (es decir, sin enfermedad celíaca), a través de una combinación de anticuerpos de reacción cruzada, procesos inmunes complejos y toxicidad directa.[66]

Por lo general, los síntomas de ansiedad mejoran con la dieta sin gluten.[67] ·[68] ·[69] ·[45] ·[70] En un estudio realizado en Italia en el año 2010, se encontró un riesgo aumentado de sufrir trastornos de ansiedad en celíacos a dieta libre de gluten, superior en mujeres y menor en personas que viven solas, que los autores atribuyen a los problemas de convivencia y financieros que surgen por la dificultad de comprar y preparar la comida en familias con celíacos y no celíacos.[71] La dieta sin gluten (DSG) debe ser estricta y requiere energía, esfuerzo y motivación por parte del paciente. La ansiedad y la depresión generalmente disminuyen la capacidad del paciente para seguir correctamente los tratamientos[72] y le provocan una evaluación negativa de sus resultados.[73] Las personas con ansiedad pueden no seguir correctamente la dieta sin gluten[74] ·[63] y se ha documentado que esa falta de cumplimiento estricto conduce al deterioro de la calidad de vida a largo plazo.[75]

No obstante, actualmente representa un importante obstáculo la dificultad para la identificación y el diagnóstico de la Enfermedad Celíaca y de la sensibilidad al gluten no celíaca, y los frecuentes errores que se cometen debidos al desconocimiento de sus múltiples síntomas y/o de los protocolos diagnósticos actuales, lo que motiva la aparición de frecuentes complicaciones, tales como la ansiedad. A pesar de los avances realizados en los últimos años en la identificación de las múltiples manifestaciones de la enfermedad celíaca, al reconocimiento de la sensibilidad al gluten no celíaca[43] ·[76] y a la reforma de los protocolos diagnósticos,[35] estos conocimientos aún no han llegado a la mayoría de profesionales a los que acude a consultar el paciente por las molestias variadas y diversas que presenta.[77] ·[78] ·[79] ·[80] ·[81] ·[82] Pese a que la enfermedad celíaca es una de las enfermedades con base genética más frecuentes, con una prevalencia media del 2% en la población general, una alta penetrancia en las familias y que puede debutar a cualquier edad de la vida, está claramente subestimada e infradiagnosticada, con aproximadamente un 70-90 % de los casos sin diagnosticar en la actualidad.[83] ·[84] ·[85] ·[86] ·[87] El retraso entre el comienzo de los síntomas y el momento del diagnóstico es, por término medio, de unos 20 años. Acortar este elevado retardo diagnóstico es imprescindible para reducir la carga innecesaria de la enfermedad. Vivir con una celiaquía sin diagnosticar incrementa el riesgo de consecuencias negativas sobre la salud y la mortalidad.[88] ·[89] ·[90] ·[91] ·[92] ·[93] ·[94] La prevalencia de la sensibilidad al gluten no celíaca es muy superior a la de la enfermedad celíaca, pues se estima en torno al 8-12 % de la población general.[95]

Si bien la mayoría de los médicos asocia la diarrea como un síntoma de la enfermedad celíaca, pocos relacionan la enfermedad en ausencia de diarrea, que son las presentaciones que predominan, en las que aparecen otros síntomas digestivos difusos y/o numerosos trastornos extradigestivos, o conocen el frecuente debut en edades adultas.[78] ·[77] Actualmente, se sabe que las presentaciones “atípicas” o “no clásicas” son las predominantes en niños mayores de 2-3 años, jóvenes y adultos. Se caracterizan por cursar con síntomas digestivos leves, presentes solo a temporadas o incluso ausentes, frecuentes manifestaciones extradigestivas y/o enfermedades asociadas, serología negativa (anticuerpos específicos de enfermedad celíaca negativos: transglutaminasa tisular -AAtTG o TGt- menor de 2-3 U/ml)[96] ·[97] ·[98] ·[99] y sin atrofia de las vellosidades intestinales (biopsias duodenales con alteraciones histológicas leves, enteritis linfocítica o Marsh 1).

Además, hemos aprendido a convivir, aceptándolos como normales, con los numerosos síntomas digestivos difusos que alertan sobre la presencia de una posible enfermedad celíaca o de una sensibilidad al gluten no celíaca, que se suelen presentar de manera fluctuante e incluso con largos períodos de completa remisión, tales como malas digestiones, gases, distensión abdominal, reflujo, hábito intestinal irregular (estreñimiento, diarrea o alternancia de ambos), heces deshechas, intolerancias a alimentos, etc.[100] ·[101] ·[102] ·[103] Una gran parte de estos pacientes nunca consulta con el médico y quienes lo hacen, a menudo presentan un alto grado de ansiedad debido a la persistencia de sus síntomas, lo que provoca que el médico emita un juicio preconcebido de neuroticismo, hipocondriasis o trastorno por somatización.[104] La posibilidad de existencia de casos sin reconocer entre familiares es muy elevada, lo que contribuye a esa aceptación de síntomas en el seno de las familias y a que no sean reconocidos como señales de alarma.

Merece especial atención la situación en Pediatría, donde más casos pasan sin diagnosticar. Existe la creencia de que los especialistas en enfermedades de los niños son los profesionales que más casos detectan, si bien la realidad es que el anclaje en las ideas clásicas sobre la enfermedad celíaca, la aplicación sistemática de protocolos desfasados, la reticencia a someter a los niños a pruebas invasivas y el miedo a prescribir una dieta “de por vida”, dan como resultado que la mayoría de casos de celiaquía pasen desapercibidos durante la infancia.

Es importante que el paciente y sus familiares conozcan esta problemática para que puedan participar de forma activa en la consecución de una mejor calidad de vida, utilizando las estrategias a su alcance, que pasan por la búsqueda de una atención médica especializada, el conocimiento del avance en la identificación de los variados signos, síntomas y enfermedades asociadas a la enfermedad celíaca y de las recientes modificaciones de los protocolos diagnósticos.[35] El aumento de la capacidad de las personas para comprender y participar en su atención médica es una prioridad internacional.[105]

Tratamiento[editar]

Desde el punto de vista clínico es fundamental lograr un diagnóstico y tratamiento precoz. En atención primaria todavía es difícil de diagnosticar en la práctica, pues los pacientes deciden acudir a consulta después de la aparición de complicaciones como depresión clínica o abuso de sustancias.

Entre las opciones de tratamiento disponibles se puede percibir un cambio en el estilo de vida, medidas de educación e higiene psicosocial, sobre todo en el control del estrés, diversas modalidades psicoterapéuticas, especialmente la terapia cognitivo-conductual, y terapia farmacológica.

Psicoterapia[editar]

La terapia cognitivo-conductual ha demostrado ser altamente eficaz para los diversos trastornos de ansiedad.[106] [107] Esta terapia trabaja dos componentes principales de la psique humana, las cogniciones o pensamientos y la conducta. Por ejemplo, en el caso de la fobia social la modificación cognitiva ayuda al paciente a cuestionarse algunos de sus temores, como el de estar siendo observado o juzgado continuamente por los demás. El componente conductual busca cambiar las reacciones de ansiedad provocadas por la situación, principalmente a través de estrategias de exposición y desensibilización sistemática. Mediante la terapia cognitiva se intenta identificar y modificar los pensamientos disfuncionales, automáticos o irracionales que generan respuestas inadaptativas.

Farmacoterapia[editar]

Cuando la medicación está indicada por psiquiatras especialistas, generalmente se recomienda la toma de fármacos antidepresivos conocidos como ISRS, como medicamentos de primera elección. Las benzodiazepinas a veces están indicadas para tratamientos de corta duración. Actualmente se consideran fármacos de segunda línea de tratamiento por los efectos secundarios que acarrean, como el deterioro de las funciones cognitivas y el riesgo de depedencia.[108]

Biblioterapia[editar]

Los libros de autoayuda y guías para pacientes son una opción de tratamiento para las personas con trastornos de ansiedad, que en todo caso complementan el resto de medidas terapéuticas.[109] [110]

Pronóstico[editar]

La mayoría de trastornos de ansiedad tienen un curso crónico, con períodos de exacerbación ante situaciones de estrés vital o enfermedad. La terapia psicológica y farmacológica es eficaz a corto plazo para el alivio de los síntomas. A largo plazo el pronóstico depende del tipo de trastorno y su gravedad y poco se sabe actualmente sobre el mismo.[111]

Referencias[editar]

  1. Gelder et al. 2005
  2. Barker, 2003
  3. «Childhood Anxiety Disorder». Archivado desde el original el 29 May 2010. Consultado el 19 de mayo de 2010.
  4. «Symtoms and Anxiety Disorders». Consultado el 19 de mayo de 2010.
  5. «Children». Archivado desde el original el 21 April 2010. Consultado el 19 de mayo de 2010.
  6. «Children's Mental Health Facts Children and Adolescents with Anxiety Disorders». Archivado desde el original el 27 May 2010. Consultado el 19 de mayo de 2010.Uso incorrecto de la plantilla enlace roto (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial y la última versión).
  7. «What Causes Anxiety Disorders?». Archivado desde el original el 30 April 2010. Consultado el 19 de mayo de 2010.Uso incorrecto de la plantilla enlace roto (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial y la última versión).
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