Transición del feudalismo al capitalismo

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Transición del feudalismo al capitalismo es un concepto historiográfico que viene a designar el periodo histórico y el proceso por el que el modo de producción feudal va siendo sustituido paulatinamente por el modo de producción capitalista.

Debate historiográfico[editar]

El término quedó acuñado en el célebre debate que a mediados del siglo XX mantuvieron personalidades de la historiografía y la economía más o menos cercanas al paradigma del materialismo histórico, en su versión inglesa o francesa (revistas Past and Present y Annales), como Maurice Dobb, Karl Polanyi, R. H. Tawney, Paul Sweezy, Kohachiro Takahashi, Christopher Hill, Georges Lefebvre, Giuliano Procacci, Eric Hobsbawm y John Merrington entre otros.[1]

Según el modelo de interpretación marxista, todos los cambios históricos están en principio determinados por estos cambios de modos de producción: empujadas por la dinámica de las fuerzas productivas, las cambiantes relaciones de producción (técnicas y sociales) producen una intensificación de la lucha de clases, con los consecuentes cambios en la superestructura política e ideológica para adaptarse a las nuevas condiciones. Una lectura menos determinista interpreta que cada formación social histórica tiene dentro de sí una combinación de modos de producción particular, y que la influencia de la estructura en la superestructura es bidireccional.

Crisis[editar]

Dentro de la transición existirían varios momentos claves, que pueden considerarse críticos.

En resumen, desde el siglo XIV comienza a disolverse el feudalismo, no sólo en sus aspectos económicos, sino sociales y políticos (fin de la servidumbre y el vasallaje en Europa Occidental, división de la nobleza en alta y baja, aumento del poder de las monarquías autoritarias frente a las monarquías feudales anteriores...).

  • El segundo es la Crisis del siglo XVII, cuya misma existencia también es discutida por la historiografía en un célebre debate. La crisis es una crisis general, pero con consecuencias muy distintas en cada parte de Europa: Los países del área mediterránea (España, Italia) se refeudalizan, produciéndose incluso la denominada "traición de la burguesía".[2] Los del noroeste de Europa, avanzan hacia el capitalismo, el predominio social de la burguesía y sus valores (el trabajo, la propiedad), y estados que los defienden mediante sistemas políticos innovadores (Holanda e Inglaterra). La triunfante monarquía absoluta francesa, cúspide de una formación económico social propia del Antiguo Régimen, ha sido interpretada contradictoriamente, por unos como una fuerza transformadora, que unifica una economía de dimensiones nacionales, y por otros como una fuerza retardadora de las transformaciones que las fuerzas productivas "objetivamente" pudieran haber impuesto. El papel de las clases sociales y su misma existencia en ese momento han sido también objeto de cuestión.[3]
  • El último es la Crisis del Antiguo Régimen, coincidente con las tres revoluciones simultáneas de mediados del siglo XVIII a mediados del siglo XIX (revolución industrial, Revolución Burguesa y Revolución Liberal), que se ha podido llamar La Era de las Revoluciones.[4]

Localización[editar]

Su localización en el tiempo no puede hacerse con validez universal. Para Europa Occidental vendría a coincidir con los siglos XIV al XVIII, identificándose con lo que se ha venido a denominar el Antiguo Régimen. No obstante, el proceso se completaría mucho antes en Inglaterra (donde tienen lugar en primer lugar los cambios revolucionarios conocidos como revolución burguesa y la revolución industrial), más tarde en Francia y con más retraso en España (donde para algunos autores, la revolución industrial fracasó).[5]

Para Europa Oriental, el feudalismo llegó más tardíamente, a finales de la Edad Media y durante la Edad Moderna se consolida el poder de la nobleza sobre los campesinos sometidos a servidumbre.[6] La Edad Contemporánea verá cómo se produce una modernización a un ritmo acelerado en Rusia, lo que puede explicar las características especiales de la Revolución de 1917.

Si otro lugar del mundo tuvo esa misma transición sería Japón, que aislado conscientemente de influencias exteriores desde el siglo XVI se mantiene en un estadio similar al feudalismo, para abrirse bruscamente al capitalismo, también de forma consciente, con la Revolución Meiji.

Referencias[editar]

  1. Una recopilación de los artículos con sus respuestas se hizo en HILTON, Rodney (ed.) (1976, 1977 en español) La transición del feudalismo al capitalismo, Barcelona, Crítica, ISBN 84-7423-017-9
  2. La burguesía y las clases medias, deseosas de prosperar, consideraron que para lograr el prestigio social y la nobleza lo primero que había que hacer era abandonar los oficios "viles", el trabajo manual y ciertas formas de comercio, e incluso borrarlos de la memoria familiar, máxime cuando muchos de ellos eran de origen judío. La burguesía abandonó sus actividades mercantiles, industriales, prestamistas, etc., para convertirse en rentistas de juros, en el disfrute de las rentas de tierras, de algunos cargos burocráticos o concejales, etc. Los que descendían de judíos porque querían ocultar su linaje; los que no porque no querían caer en sospechas por sus actividades. La mayoría, pues, sólo deseaba hacerse noble, vivir de las rentas, preferiblemente si estas provenían de la propiedad de la tierra, y gastar.[1]
  3. Los dos protagonistas del debate sobre ese punto fueron Roland Mousnier y Boris Porschnev
  4. HOBSBAWM, Eric The age of revolution
  5. NADAL, Jordi El fracaso de la Revolución Industrial en España 1814-1913, Barcelona, Ariel
  6. ANDERSON, Perry El estado absoluto

Enlaces externos[editar]

  • Reseña de Silvia Federici, “Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria” (Traficantes de sueños, 2010), fija su punto de mira en la violenta transición del feudalismo al capitalismo, donde se forjó a fuego la división sexual del trabajo.

No hay duda de que con el advenimiento del capitalismo comenzamos a ver un control mucho más estricto por parte del Estado sobre el cuerpo de las mujeres, llevado a cabo no solo a través de la caza de brujas, sino también a través de la introducción de nuevas formas de vigilancia del embarazo y la maternidad, y la institución de la pena capital contra el infanticidio (cuando el bebé nacía muerto, o moría durante el parto, se culpaba y ajusticiaba a la madre). En mi trabajo sostengo que estas nuevas políticas, y en general la destrucción del control que las mujeres en la Edad Media habían ejercido sobre la reproducción, se asocian con la nueva concepción que el capitalismo ha promovido del trabajo. Cuando el trabajo se convierte en la principal fuente de riqueza, el control sobre los cuerpos de las mujeres adquiere un nuevo significado; estos mismos cuerpos son entonces vistos como máquinas para la producción de fuerza de trabajo. Creo que este tipo de política es todavía muy importante hoy en día porque el trabajo, la fuerza de trabajo, sigue siendo crucial para la acumulación de capital. Esto no quiere decir que en todo el mundo los patrones quieran tener más trabajadores, pero sin duda quieren controlar la producción de la fuerza de trabajo: quieren decidir cuántos trabajadores están produciendo y en qué condiciones.