Transducción (teoría literaria)

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El vocablo transducción procede del latín transductio, -tionis , cuyo sentido era el de transmisión (ducere, “llevar”) de algo a través de (trans-) un determinado medio que actúa sobre el objeto, provocando en él ciertas transformaciones. Transductor sería, pues, el agente que transmite o lleva (ductor-oris) un objeto que por el hecho mismo de ser transmitido es también transformado, como consecuencia de la implicación o interacción con el medio a través (trans-) del cual se manifiesta. Como cultismo latino, el uso del término se debe en primer lugar a las ciencias naturales, y no a las ciencias humanas. La transducción designa en bioquímica la transmisión de material genético de una bacteria a otra a través de un bacteriófago.

La transducción en la teoría literaria[editar]

El concepto de transducción fue utilizado en 1986 por L. Dolezel, en su artículo “Semiotics of Literary Communication”, para designar los procesos de transmisión dinámica (intertextualidad, transferencia intercultural, recepción crítica, parodia, readaptaciones...) de que pueden ser objeto las obras literarias. Este concepto ha sido desarrollado por Jesús G. Maestro en su Crítica de la Razón Literaria.

La transducción como teoría literaria[editar]

El proceso semiósico de transducción se articula, específicamente, en dos operaciones fundamentales de la estructura concreta del acto de recepción de una obra literaria, que corresponden a la transmisión y transformación del sentido del mensaje.

El proceso semiósico de transducción puede definirse por la ejecución de las siguientes propiedades comunicativas:

1) Exige la presencia y el uso de signos.

2) Se establece sobre la relación interactiva de dos o más sujetos.

3) Es posterior al proceso semiósico de interpretación, sobre el cual se construye, con objeto de actuar genéticamente sobre los significados y sentidos establecidos.

4) Designa un hecho de interacción semiótica dado en todo discurso, merced a una operación de feed-back, por la que un receptor intermediario transmite a otros receptores la transformación del sentido de un signo que éste ha manipulado previamente (emisor, mensaje, intermediario, receptor).

5) El fenómeno de transducción puede producirse en cualquier tipo de mensaje verbal, sea artístico u ordinario, como hecho de interacción semiótica. No obstante, su verificación en discursos literarios, que por sus propiedades entrópicas y connotativas no se limitan al “circuito cerrado” de la comunicación cotidiana, resulta especialmente fructífera, merced a la transmisión dinámica y continua de que son objeto las obras literarias (tradición, recepción crítica, formas de transtextualidad, transferencia intercultural, adaptación literaria, modos de transducción, etc.), como condición necesaria para su preservación y existencia como objetos estéticos.

El proceso semiósico de transducción exige al menos la presencia de tres sujetos operatorios (emisor, intermediario y receptor del signo), cuya actividad principal ha de centrarse en la transmisión y transformación, a cargo del intermediario, del sentido del signo creado por el emisor, con objeto de actuar sobre el modo y las posibilidades de comprensión del receptor.

El resultado de semejante operación, que comprende extensionalmente todas las posibilidades y registros de la pragmática de la comunicación literaria, no es otro que la manipulación del sentido, así como de las condiciones, modos y posibilidades de su interpretación.

En el teatro, especialmente por su dimensión espectacular, la importancia de la transducción como proceso de creación, transmisión y transformación de sentidos es amplísima y prácticamente incontrolable. La presencia del director de escena, como ejecutante y (re)creador intermediario del texto espectacular, diseñado virtualmente por el autor en el texto literario del discurso dramático, constituye la realidad más visible y apreciable de la transducción como actividad y proceso exigido explícitamente por la pragmática de la comunicación dramática. El director de escena está obligado a transducir el texto autorial en representación espectacular, es decir, que debe, porque así lo exige el teatro como género literario y como forma espectacular, convertir en realidad referencial, en signos de objeto, en expresión visible y representada, lo que en principio es todo eso, pero sólo en su dimensión virtual, como lenguaje verbal sin expresión acústica, y como forma literaria sin realidad espectacular.

La transducción como supuesta superación del modelo idealista de Roman Jakobson[editar]

El fenómeno de la transducción literaria supone una superación del modelo idealista propuesto por Roman Jakobson para describir la pragmática de la comunicación lingüística y literaria. El esquema de Jakobson se basaba en tres elementos (autor, obra y lector), mientras que el modelo de la transuducción incorporaría un cuarto elemento, el intermediario o transductor. En consecuencia, se postula así la existencia de cuatro términos constituyentes de la Ontología de la Literatura, los materiales literarios: autor, obra, lector y transductor. La Gnoseología de la Literatura sería una disciplina destinada al estudio del campo categorial en que se sitúan y analizan los materiales literarios).

En la vida real, y por supuesto en todas las formas de comunicación artística (en el teatro y la música especialmente), el proceso de comunicación y recepción se complica de forma particularmente transducida. Así sucede en el teatro debido a su dimensión espectacular, que exige la presencia de un director de escena y de unos actores, es decir, de una serie de “ejecutantes intermedios”. La observación de este fenómeno en la realidad empírica de la comunicación humana exige la introducción, en el esquema semiótico básico propuesto por Jakobson en 1958, de un agente o factor de mediación en que se objetive funcionalmente la labor de un ejecutante intermedio: emisor, mensaje, intermediario, receptor.

Desde este punto de vista podría admitirse, desde luego en el discurso dramático, la transformación del modelo global de comunicación lingüística propuesto por Jakobson, al introducir un sujeto intermediario que forma parte del proceso mismo de la comunicación, y que repercute en su desarrollo de forma determinante, pues dispone funcionalmente de medios decisivos para su difusión, y actúa en el curso del proceso comunicativo bajo sus propias competencias y modalidades sobre las formas y posibilidades de comprensión del público receptor. A cada uno de los factores que intervienen en el proceso comunicativo corresponde el ejercicio de una función. El intermediario desempeña indudablemente una función de mediación, es decir, de transducción, entre el mensaje, que sale de manos del autor, y el público receptor.

Bibliografía sobre la transducción literaria[editar]

Lubomir Dolezel (1986), "Semiotics of Literary Communication", Strumenti Critici, 1 (5-48).

Jesús G. Maestro (1994), La expresión dialógica en el discurso lírico. Pragmática y transducción, Kassel, Reichenberger.

Jesús G. Maestro (1994), "Cervantes y Avellaneda. La transducción del sentido en la elaboración del Quijote", Cervantes. Estudios cervantinos en la víspera de su centenario, Kassel, Edition Reichenberger (309-341).

Jesús G. Maestro (1996), "Lingüística y poética de la transducción teatral", en Jesús G. Maestro (ed.), El signo teatral: texto y representación. Theatralia, 1 (175-211).

Jesús G. Maestro (1997), "Sentido y transducción literaria. (De M. Vargas Llosa a G. García Márquez)", en T. Blesa (ed.), Quinientos años de soledad. Actas del congreso "Gabriel García Márquez, Anexos de Tropelías 3, Universidad de Zaragoza (553-563).

Véase también[editar]