Traducción e Interpretación

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Se denomina Traducción e Interpretación (Traductorado, en algunas regiones de América) a los estudios cuyo fin es formar a traductores e intérpretes profesionales en varios idiomas, por lo general en tres:

  • Lengua A: lengua materna
  • Lengua B: primera lengua extranjera (lengua de especialidad)
  • Lengua C: segunda lengua extranjera

Si bien estos estudios se denominan en su conjunto Traducción e Interpretación, ambas disciplinas remiten a dos actividades profesionales diferentes, siendo el traductor el profesional que trabaja con textos y el intérprete quien lo hace de forma oral. Como consecuencia, desde la instauración de estos estudios universitarios, existe un debate académico sobre si unificar ambas disciplinas representa el mejor método de formación. Al respecto, se han propuesto diversos modelos, que van desde la separación temprana de ambas disciplinas hasta la semiunificación o la convivencia de ambas.[1]

Estos estudios tienen una duración de entre uno y cinco años, según el país y la etapa universitaria (grado o máster). Los centros que se encargan de impartir estos estudios suelen ser las facultades o escuelas universitarias de Traducción e Interpretación (sobre todo en España, Francia, Bélgica y Suiza), si bien en otras universidades estos estudios están adscritos a las facultades de Filosofía y Letras, Comunicación o incluso de Derecho.

La superación de estos estudios conlleva la obtención de un título académico reconocido de traductor y/o intérprete, si bien este no es requisito para poder ejercer, dado que se trata de una profesión aún no regulada en la mayoría de países. De aquí surgen cuestiones candentes de actual debate, como es el intrusismo profesional, ya que existe la idea errónea de que cualquier individuo que sepa idiomas puede ejercer como traductor o intérprete profesional.[2] En España, por ejemplo, no existe un colegio profesional que regule la profesión del traductor e intérprete.

El color académico relacionado con estos estudios es el verde azulado, también relacionado con la diplomacia y los asuntos exteriores.

Génesis[editar]

Las letras a través de la historia.

Escuelas medievales de traductores[editar]

En la Edad Media, los traductores comienzan a destacar su labor, como mensajeros de la cultura en el Oriente. En 770-780 se realizan las primeras traducciones de libros de astronomía en sánscrito, llamados originalmente siddhantas, escritos por el astrónomo Kanka gracias a Muhannad ben Ibrahim al-Fazari y a Yaqub ben Tariq. Los iraníes se convirtieron en su generalidad al islam luego de la conquista árabe, pero no dejaron olvidadas sus raíces, gracias al arduo trabajo de traducción que familias y generaciones enteras decidieron concretar (los Nawbajt, siglos XVIII-X). Dichas traducciones se basaron por largo tiempo en versiones sirias del siglo III de ilustrados del Oriente.

Esta tabla muestra el porcentaje de traducciones de algunas de las temáticas más importantes en la Edad Media.

En cuanto a los árabes, se afirma que no extendieron demasiado su interés en la traducción de textos del griego, aunque por supuesto hubo traducciones de relevancia como episodios de la leyenda del caballo de Troya y los huevos de oro, además de algunos poemas de Homero. Asimismo, los traductores latinos fueron muy selectos con los textos que recibieron del árabe. Gracias al príncipe omeya Jalid ben al-Yazid, un curioso empedernido por la alquimia, se fundaron las primeras bibliotecas árabes (700-720); fueron el resultado de una mínima compilación de traducciones de un grupo de filósofos griegos de obras en griego y copto (etapa final del idioma egipcio antiguo) de alquimia. Luego, la dinastía abbasí decidió seguir los pasos de Jalid, apresurando su adquisición de manuscritos. En el mundo árabe existieron dos tipos de editores:

  • El Estado, con el califa como representante dentro del bayt al-hikma, una organización fundada en el siglo IX.
  • Los privados (mecenas), que se limitaban a imitar lo que observaban de la corte.
Joven perteneciente a la dinastía Abbasí.

En Europa[editar]

En Occidente principia el auge de importancia que la cultura recibía en estos tiempos y que era adquirida entre otras acciones por la traducción. Es así como Alfredo el Grande, de Inglaterra, recibe el título de Rey-traductor al ordenar la traducción a lenguas vulgares de las obras consideradas indispensables "en el conocimiento del hombre". En la península ibérica, más exactamente en la ciudad de Toledo, ciudad que sucedió a los califas en la acción traductora, hubo grandes riñas por la apropiación forzada de la familia Banu du-l-Nun de libros de las bibliotecas. El rey Al-Mamún de Toledo creó entonces un centro de estudios astronómicos para escudar dicho problema. Además, los imprescindibles aportes al judaísmo hispano durante la dominación musulmana y el centro de estudios talmúdicos dieron vida a la escuela de traductores con la ayuda del arzobispo de Osma (Raimundo) nombrado en 1109, impulsado según Menéndez Vidal por “la fuerza de las circunstancias que le obligaron a apoyar dichas traducciones:

  • El contacto con los extranjeros.
  • La presencia del grupo mozárabe, ya que el arzobispo se daría cuenta de que aquellos clérigos suyos mozárabes cuya lengua materna era el árabe podrían traducir al romance, mientras que otros lo pondrían en latín.

Por otra parte, el sector judío poseía academias muy florecientes, debido a que en ellas dictaban sus conocimientos los sabios que habían llegado a la capital del reino desde Sevilla y Lucerna. Entre los traductores en la época de Raimundo destacaron tres:

  • Juan Hispano: Hispano-hebreo, trabajó como traductor y compilador-autor, respaldado por el arzobispo (1130-1150). Tradujo tratados sobre astrología, astronomía, medicina y matemáticas. Entre estos, el más importante fue el de filosofía, ya que permitió difundir el pensamiento de Al-Farabi, Ibn Gabirol y Al-Gazzali.
  • Domingo Gonzalvo: Fue uno de los fundadores de la escuela toledana. Traductor del campo filosófico únicamente aproximadamente desde 1130 al 1180. Al igual que su colega Juan Hispano, es considerado uno de los pioneros del Renacimiento literario-científico formado un siglo después.
  • Gerardo de Cremona: Nacido en Cremona el 1114, arriba en Toledo en 1167, se beneficia de judíos y mozárabes para luego finalizar su traducción del Almagesto. Además de ésta, realizó traducciones para el campo matemático, astronomía griega, física y mecánica, medicina griega y astrología.

Luego de la muerte de Raimundo en 1187 aparece unos años después el reinado de Alfonso X. La escuela de Toledo se debilita en grandes proporciones; sin embargo, este rango de transición dio al mundo grandes discípulos, entre los que cabe destacar a Marcos de Toledo (médico hispánico y canónigo), Hernán Alemán (trabajó para el rey Manfredo). En esta época primarán las traducciones en romance sobre el latín, al igual que los traductores judíos sobre los cristianos. Los grupos de traducción se amplían, conformándose de un arabista y un romancista, asistidos por capituladores y glosadores.

El sistema de escritura Pahleví es consonántico, su sentido de escritura es de derecha a izquierda.

Nacimiento de los estudios universitarios[editar]

Los estudios de traducción e interpretación en el seno de la universidad cuentan con una corta tradición. Se trata de una carrera relativamente nueva.

La Escuela de Traductores de Moscú, fundada en 1930, se puede considerar el primer centro de enseñanza universitaria moderna en traducción e interpretación.[3]

Más tarde, en 1941, se funda la Escuela Internacional de Traductores e Intérpretes de la Universidad de Ginebra, la cual empieza a ofertar cursos especializados en interpretación, con el objetivo de formar a intérpretes profesionales que respondieran a una demanda creciente de esta actividad en los organismos internacionales. Tal es el caso de la celebración de los juicios de Núremberg, que dan lugar al nacimiento de la interpretación simultánea tal y como la conocemos hoy en día.[4]

Otro centro pionero en la enseñanza universitaria de estos estudios fue la Escuela Superior de Traductores e Intérpretes de la Sorbona en París (l'É.S.I.T.).

Como casos más destacados pueden mencionarse universidades de reconocido prestigio como Heidelberg, Leipzig y Maguncia, en Alemania; Graz, Innsbruck y Viena, en Austria; Gante, ISTI y Amberes, en Bélgica; Aarhus y Copenhague, en Dinamarca; Estrasburgo II y París III, en Francia; Tampere y Turku, en Finlandia; Bath y Heriot-Watt, en Reino Unido; Bologna (Forlì), Trieste y Milán, en Italia, y Granada y Barcelona, en España.[5]

España[editar]

Varias son las razones por las que surge en España la enseñanza universitaria de la traducción y la interpretación, entre ellas:

  • El hecho de que la actividad de traducir fuera desarrollada, con frecuencia, por aficionados que, por disponer de conocimientos de otra lengua, se sentían capaces de ejercer de profesionales, lo que causó, por consiguiente, graves daños al prestigio de esta labor.
  • El autodidactismo obligado en el que se desenvolvieron durante años los traductores, quienes carecían de instituciones destinadas a proporcionarles una formación ajustada a sus necesidades. En este sentido, sólo disponían de escuelas de idiomas que de ningún modo pretendían formar traductores, pues el mero conocimiento de lenguas no es suficiente para realizar satisfactoriamente esta función.

En este contexto, surgió un movimiento intelectual que desde medios tan diversos como congresos, periódicos o conferencias despertó la conciencia sobre la necesidad de la creación en España de una institución académica que se ocupara de la formación de los traductores. Estas iniciativas respondían a la necesidad de otorgar respaldo institucional a una profesión demandada por una sociedad que iba abriendo el camino de la globalización.

Fruto de esta tendencia fue la implantación, en la década de los ochenta, de las escuelas universitarias de traductores e intérpretes (EUTI), destinadas a enseñar a sus alumnos la capacidad de mediar entre lenguas y culturas. Posteriormente, éstas se transformaron en las actuales facultades para equiparar la titulación de traducción e interpretación a las titulaciones europeas, que contaban con grado de licenciatura. El constituirse como titulación de segundo ciclo facilitaba a los diplomados de las antiguas EUTI no sólo la obtención de la licenciatura, sino también el acceso a una salida profesional, la traducción jurada. Asimismo, permitía la formación en traducción e interpretación a los licenciados y diplomados de otras titulaciones.

La Universi­dad Autónoma de Barcelona y la Universi­dad de Granada fueron las primeras universidades públicas españolas en ofrecer estudios universitarios de Traducción e Interpretación. La primera lo haría desde 1972 y la segunda desde 1979. Posteriormente, en la década de los noventa, dichas escuelas se integraron en las facultades de Filosofía y Letras o se instituyeron como facultades de Traducción e Interpretación. En esta década y la siguiente también se implanta la carrera en otras universidades, la mayoría de nueva creación. Hoy día goza de gran dinamismo, y es una de las carreras más solicitadas y con mayor nota de corte.

Cabina de interpretación.

Diseño curricular de los planes de estudios[editar]

El diseño de los planes de estudios para los grados y posgrados en Traducción e Interpretación varían de una universidad a otra, dependiendo igualmente del objetivo específico de la titulación en cuestión.

Por lo general, la enseñanza de grado está destinada a la formación de traductores e intérpretes generalistas que han adquirido los conocimientos mínimos necesarios para el correcto ejercicio de la profesión. En cambio, los diferentes posgrados o másteres en esta disciplina suelen centrarse en un ámbito específico de la traducción o interpretación, con vistas a formar a traductores e intérpretes especializados en un área del saber (traducción jurídica, traducción científica, traducción literaria e interpretación de conferencias, entre otras). En ese sentido, la reforma universitaria de Bolonia ha desempeñado un papel determinante, puesto que ha llevado a la extinción de las licenciaturas para ser sustituidas por los actuales grados y másteres. Según el nuevo espacio universitario europeo, las enseñanzas deben ahora estar estructuradas de la siguiente forma:

  • Grado: el estudiante adquiere los conocimientos básicos que le permiten entrar en el mercado laboral.
  • Máster: el estudiante, tras haber adquirido una formación de grado, adquiere los conocimientos necesarios para especializarse en un área determinada; su obtención permite acceder, si se desea, a un programa de doctorado.
  • Doctorado: a diferencia de las dos etapas anteriores, su naturaleza no es profesional sino de investigación, más centrada en la parte teórica de la profesión (traductología).

Si bien cada universidad dispone de la autonomía suficiente para diseñar su propio plan de estudios, existe una serie de enseñanzas mínimas que deben ser incluidas como formación básica del traductor e intérprete profesional. Esta formación básica se basa en los conocimientos exigidos en el proceso de traducción e interpretación, que son:[6]

  • Perfecto dominio de la lengua materna en todos sus registros.
  • Conocimiento avanzado de las lenguas objeto de traducción, en especial normativa gramatical, redacción, comprensión oral, léxico y fraseología.
  • Conocimiento de la cultura de las lenguas de trabajo, lo que permitirá hacer frente a la resolución de las llamadas referencias culturales, para lograr sugestionar al lector sin perder la esencia que el autor quiere transmitir
  • Identificación del tipo de texto al que se enfrenta, debido a que, según dicha categorización, se logrará una comprensión más exacta de su lectura y por consiguiente de su traducción.
  • Acceso a fuentes de información de calidad, dentro de las cuales se incluyen diccionarios (bilingües y monolingües), enciclopedias, gramáticas, normas de redacción, revistas, periódicos y cualquier otro material de referencia.
  • Conocimientos terminológicos, que permiten al traductor tratar con los vocablos propios de la ciencia o materia para la que traducen, así como la elaboración de glosarios.
  • Conocimientos de las TAO, justificado por un mercado laboral donde la informática tiene cada vez mayor importancia en el ejercicio de la traducción.
  • Fundamentos teóricos básicos que permitan comprender la traducción e interpretación como ciencia.
  • Conocimiento de deontología profesional, con el objetivo de que el estudiante sea consciente de la ética y los valores de la profesión.
Diccionarios universales, de gran importancia en la elaboración de una traducción.

Partiendo de estos conocimientos mínimos, los módulos que suelen componer la formación universitaria en Traducción e Interpretación son:[7]

Además de estos conocimientos mínimos, la formación se complementa con módulos específicos, entre los que se suelen encontrar:

  • Traducción en ámbitos específicos (jurídico, económico, comercial, científico, técnico, literario, multimedia, etc.)
  • Interpretación en ámbitos específicos (conferencias, servicios públicos, comercio, turismo, etc.)
  • Lengua D y su cultura (tercera lengua extranjera)
  • Literatura
  • Edición y maquetación de textos
  • Herramientas informáticas para la traducción
  • Fundamentos de distintas áreas del saber: economía, derecho, organismos internacionales, etc.
  • Prácticas en empresa
Valentín García Yebra, reconocido filólogo y traductor español.

Universidades que ofertan Traducción e Interpretación[editar]

España[editar]

Universidades que imparten estos estudios en España:

  • Andalucía
    • Universidad de Córdoba
    • Universidad de Granada
    • Universidad de Málaga
    • Universidad Pablo de Olavide (Sevilla)
  • Castilla y León
  • Cataluña
    • Universidad Autónoma de Barcelona
    • Universidad Pompeu Fabra
    • Universidad de Vic
  • Canarias
    • Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
    • Universidad de La Laguna, Tenerife
  • Comunidad Valenciana
    • Universidad de Alicante
    • Universidad Jaume I (Castellón)
    • Universidad de Valencia
  • Galicia
    • Universidad de Vigo
  • Madrid
    • Universidad Complutense
    • Universidad Autónoma de Madrid
    • Universidad Alfonso X El Sabio
    • Universidad Antonio Nebrija
    • Universidad Europea de Madrid
    • Universidad Pontificia de Comillas
  • Murcia
    • Universidad de Murcia
  • País Vasco
    • Universidad del País Vasco

América[editar]

En América Latina, la carrera de Traducción e Interpretación está comenzando a tomar un grado general de importancia e interés. Las siguientes universidades ofrecen licenciaturas con reconocimiento internacional.[cita requerida]

  • Chile
    • Universidad de la Serena
    • Universidad de Concepción
    • Universidad de Playa Ancha (Valparaíso)
    • Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
    • Universidad de las Ciencias de la Informática (Ucinf, Santiago)
  • Costa Rica
    • Universidad Nacional de Costa Rica (UNA - Heredia, Costa Rica)
  • Guatemala
    • Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC-Ciudad de Guatemala)
    • Universidad Mariano Gálvez de Guatemala
    • Universidad Galileo
  • México
  • Perú
    • Universidad Autónoma San Francisco (UASF - Arequipa)
    • Universidad César Vallejo (Lima, Chiclayo y Trujillo)
    • Universidad Femenina del Sagrado Corazón (UNIFE- Lima)
    • Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC- Lima)
    • Universidad Ricardo Palma (Lima)
    • Universidad César Vallejo (Lima)
  • Venezuela
    • Universidad Central de Venezuela (Caracas)
    • Universidad de los Andes (Mérida)
  • Colombia

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

  • Yebra, V. G. (2004). La responsabilidad del traductor frente a su propia lengua. En V. G. Consuelo Gonzalo García, Documentación, tecnología y traducción (pp. 21-27). España: Real Academia Española.
  • Benítez, E. (s/f). La traducción literaria. En S. C. Esther Benítez, Traducción, interpretación y lenguaje (pp. 27-33). Barcelona: Adventure Works.
  • Benítez, E. (2002). Traducción, interpretación y lenguaje. Barcelona: Adventure Works.
  • Claramunt, S. (2002). Escuelas medievales de traductores. En S. C. Esther Benítez, Traducción, interpretación y lenguaje (pp. 35-42). Barcelona: Adventure Works.
  • Gonzalo Martín Vivaldi, L. B. (1988). Medios auxiliares de traductor. En R. I. Lourdes Llnasó, Técnicas de la traducción y la interpretación (pp. 1-17). La Habana: Pueblo y Educación.

Enlaces externos[editar]