Tiranía

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La tiranía (del griego τύραννος o tyrannos: amo o señor ),[1] en el sentido que se dio al término en la Grecia antigua, era el régimen de poder absoluto, de ordinario unipersonal, que con frecuencia instauraba el tirano, que era aquel o aquellos que habían derrocado el gobierno de una ciudad-estado, normalmente gracias al apoyo popular, pero también mediante un golpe de estado militar o una intervención extranjera.

Así, el tirano ocupaba el poder no por derecho, sino por la fuerza. Para la mentalidad moderna, la tiranía se identifica con un uso abusivo y cruel del poder político que se ha usurpado, pero entre los antiguos griegos, sin embargo, el término no estaba tan cargado de connotaciones peyorativas, y a menudo tenía mucho que ver con la demagogia y el populismo. Para los griegos incluso el término tuvo en principio una connotación positiva y muchos tiranos eran queridos y muy populares entre los ciudadanos de las polis, la metrópolis y las menores que eran administradas por éstas. Con el tiempo las tiranías se convirtieron en un sistema político muy recurrente por autoritaristas que se apoyaban en la nobleza de la ciudad para hacerse con el poder, momento en el cual empezó a odiarse e identificarse con la tiranía moderna. El Tirano también puede ocupar el poder sin la fuerza, con apoyo popular.

Breve historia del término[editar]

Parece que el término “tirano" se aplicó por primera vez a Fidón de Argos y a Cípselo de Corinto. El periodo de esplendor de tiranía fue el siglo VI a. C., cuando muchos gobiernos del Egeo fueron derribados y Persia tuvo ocasión de hacer sus primeras incursiones en Grecia, al buscar diversos tiranos su apoyo para consolidarse en el poder. Pisístrato y sus descendientes, los pisistrátidas (Hipias e Hiparco), son el ejemplo de estos gobernantes para Atenas; Polícrates para Samos, y muchos otros.

La tiranía griega fue fruto de la lucha de las clases populares contra los abusos de la aristocracia y los reyes-sacerdotes, cuyo derecho a gobernar venía sancionado por las tradiciones ancestrales y la mitología. Los tiranos llegaron con frecuencia al poder a través de revueltas populares y gozaron de la simpatía pública como gobernantes, al menos en sus primeros años en el poder. De Pisístrato, por ejemplo, cuenta Aristóteles que eximió de impuestos a un agricultor a causa de lo particularmente infértiles que eran sus tierras, y se dice que Cipselo podía pasear por las calles de Corinto sin escolta de ninguna clase.

Así definía Aristóteles la tiranía:

«La monarquía o sólo debe tener el nombre sin existir, o necesariamente existe debido a la gran superioridad del que reina; de modo que la tiranía, que es el peor régimen, es el más alejado de una constitución; en segundo lugar está la oligarquía, pues la aristocracia dista mucho de este régimen, y la más moderada es la democracia».[2]

La tiranía en Sicilia tuvo connotaciones particulares y se prolongó más a causa de la amenaza cartaginesa, lo que facilitó la ascensión de caudillos militares con amplio apoyo popular. Tiranos sicilianos como Gelón, Hierón I, Hierón II, Dionisio el Viejo y Dionisio el Joven mantuvieron cortes fastuosas y fueron mecenas culturales. Se ha señalado que entre los siracusanoss se atribuía el origen etimológico de la palabra "tirano" (bien erróneamente, bien como un juego de palabras), al gentilicio "tirreno", que era el que aplicaban a los etruscos, otros de sus enemigos.[3]

En los últimos siglos del I milenio a. C. los autores fueron generalmente menos tolerantes con la tiranía. Aristóteles,[4] que la considera “el peor régimen”, afirma que la mayor parte de los tiranos habían sido demagogos que se ganaron la confianza del pueblo calumniando a los notables:

«De las tiranías, en efecto, unas se establecieron de este modo, cuando ya las ciudades habían crecido; otras, ante esto, surgieron de reyes que se apartaron de las costumbres de sus antepasados y aspiraban a un mando más despótico. Otras, de los ciudadanos elegidos para las magistraturas supremas, pues antiguamente las democracias establecían para mucho tiempo los cargos civiles y religiosos; otras surgían de las oligarquías cuando elegían a uno solo con poder soberano para las más importantes magistraturas».[5]

«El tirano sale del pueblo y de la masa contra los notables, para que el pueblo no sufra ninguna injusticia por parte de aquellos. Se ve claro por los hechos: casi la mayoría de los tiranos, por así decir, han surgido de demagogos que se han ganado la confianza calumniando a los notables».[6]

El más famoso tiranicidio de la antigüedad es el efectuado sobre el Pisistrátida Hiparco por los tiranicidas Harmodio y Aristogitón, inmortalizados en una pareja de esculturas atribuidas a Critios y Nesiotes (en torno al 480 a. C.-470 a. C.) que marcan el final del estilo arcaico y el comienzo del clásico. La sublevación contra Tarquinio el Soberbio, a pesar de ser un rex (rey) fue justificada por la naciente República romana como un tiranicidio (no obstante el rey fue expulsado con su familia, no muerto).

Tiranía en las leyes de partida[editar]

En las partidas,[7] que glosaría Gregorio López: «Que fabla de los Emperadores e de los Reyes e de los otros grandes señores» (P.2.ª, título I, ley X), se definió al tirano como la antítesis del legítimo señor, a quien busca el poder por cualquier medio ilegítimo, impropio, a fin de fomentar sus propios intereses aun con escándalo del bien común, sirviéndose del estado en lesa majestad, aunque se dañe al reino y porqué, se infiere después, tienen el puesto sin mérito, nobleza o derecho, así este reino carece de valor futuro, lo gobernarán con recelo, contra el pueblo:

Tyrano tanto quiere dezir, como Señor, que es apoderado en algún Reyno, o tierra por fuerza, o por engaño, o por traycion. E estos tales son de tal natura, que después que son bien apoderados en la tierra, aman más de facer su pro, maguer sea daño de la tierra, que la pro comunal de todos, porque siempre biven a mala sospecha de la perder. E porque ellos pudiessen cumplir su entendímiento más desembargadamente, dixeron los Sabios antiguos, que vsaron ellos de su poder siempre contra los del pueblo, en tres maneras de artes:

Seguidamente, enuncia tres rasgos convergentes, actividades políticas o «artes» en un quid pro quo tirano:

«La primera es, que estos tales pugnan siempre, que los de su Señorío sean necios e medrosos, porque quando tales fuessen, non osarían levantarse contra ellos, ni contrastar sus voluntades». «La segunda es, que los del pueblo ayan desamor entre si, de guisa que non se fien unos de otros, ca mientras en tal desacuerdo bivieren, non osaran fazer ninguna fabla contra el, por miedo que non guardarían entre si fe, ni puridad». «La tercera es, que pugnan de los fazer pobres e de meterles a tan grandes fechos, que los nunca pueden acabar, porque siempre ayan que ver tanto en su mal, que nunca les venga al corazón, de cuydar fazer tal cosa, que sea contra su Señorío».

Así, figuradamente, el denominador común al concepto clásico de tirano es para quien se establece en reino, proyectando una sombra compuesta de tres temores:

  • Difundir incultura para fomentar el temor y valiéndose de esa ignorancia acobardar al pueblo para establecer autocracia.
  • Dividir con políticas que minen la feé pública y privada fomentando la desconfianza del pueblo entre sí y que por el temor de esa inseguridad nadie se confié con nadie.
  • Fomentar la pobreza del pueblo y hacer políticas para establecer algún tipo de deuda o dependencia perpetua que atemorice en favor del estado del tirano.

La misma ley autorizaba a llamar propiamente «estado tirano» a un reino cuyo statu quo final fuese:

E sobre todo esto siempre pugnaron los Tyranos, de hacer estragos a los poderosos (fig. nobles, notables, grandes), e de matar los sabios (fig. matar la sabiduria), e vedaron siempre en sus tierras, cofradías, e ayuntamientos de los omes, e procuran todavía, de saber lo que se dize, o se faze en la tierra (fig. espiar al pueblo en vez de velar por él), e fían más su consejo e guarda de su cuerpo en los estraños (fig. sostenerse más por la razón de extraños al reino, no ciudadanos), porque les sirvan a su voluntad (fig. adquirir aquellas voluntades para sus fines), que en los de la tierra (los propios o naturales), que han de fazer servicio por premio (fig. que requieren ser premiados para que hayan ciudadanos «buenos» en el reino, como decía Ulpiano. (...)

Y así la glosa de las partidas dice que: «Los reyes son guardados por los ciudadanos con su armas, mientras los tiranos son defendidos por mercenarios extranjeros», citando a Aristóteles en (3, Política, 10).

La Tiranía y la Ilustración[editar]

En la Ilustración muchos pensadores aplicaron la palabra tiranía para el sistema de gobierno que se había desarrollado alrededor de la aristocracia y la monarquía. Específicamente, John Locke lo usa como parte de su argumento contra el "Derecho divino de los Reyes" en su libro Dos Tratados de Gobierno lo define así:

"La tiranía es el ejercicio del poder más allá del derecho, donde nadie tiene derecho; y este haciendo uso de la fuerza que tiene en sus manos, no lo usa para el bien de los que están debajo de él, sino en su propia ventaja. "..[8]

El concepto de Locke de la tiranía ha influenciado a los escritores de las generaciones subsiguientes usandola como contrapunto a las ideas de los derechos humanos y la democracia.

Connotación negativa del término[editar]

El abuso del lenguaje ha hecho que tirano sea sinónimo, en el uso contemporáneo, con los términos también convertidos en peyorativos de déspota (título del Imperio bizantino), sátrapa (dirigente provincial del Imperio aqueménida) o dictador (magistrado excepcional, pero legal, en Roma).

Como ejemplos de ese uso del concepto en distintos autores, pueden citarse:

En la Edad Contemporánea ha sido una constante la aplicación de término "tiranía" por parte de los opositores a los distintos sistemas políticos, particularmente a los que durante el siglo XX se calificaron de autoritarios y totalitarios (comunismo, fascismo, nazismo...); y de "tiranos" a sus dirigentes.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. etimologias [1]
  2. Aristóteles, Politica, IV, 2, 2
  3. Javier Gómez Espelosín (2007) Etruscos, en Historia National Geographic nº 54, pág. 49.
  4. Aristóteles, op. cit.,iv,2,2; v,10,3-5
  5. Aristóteles, Política, V, 10, 5-6
  6. Aristóteles, Política, V, 10, 3-5
  7. Colección de códigos y leyes de España, códigos antiguos, 1865.
  8. Dos tratados sobre el gobierno civil(pag 199)
  9. Opinión y Análisis - Del tiranicidio

Enlaces externos[editar]