Terror Rojo (España)

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Zonas sublevada y republicana en agosto y setiembre de 1936; la zona republicana fue el ámbito de actuación de la represión calificada por el bando nacional como Terror Rojo.

Terror Rojo es un término utilizado por parte de la historiografía para referirse a la Represión en la zona republicana durante la Guerra Civil Española, y alude a una sucesión de actos criminales por parte de grupos de izquierda que en ocasiones incluyen al gobierno de la república. El cálculo de asesinados oscila entre los 38.000 y los 85.000, incluyendo a más 6.800 religiosos católicos, cifras que algunos autores elevan incluso más.

Los sublevados atribuyeron a estos crímenes una intencionalidad política o anticlerical.[1] [2] Aunque el anticlericalismo no era exclusivo de las fuerzas revolucionarias, la violencia contra la iglesia y sus miembros por parte de integrantes de los grupos radicales de izquierda en las fases inmediatamente posteriores al levantamiento del 18 de julio fueron bautizados como «Terror Rojo» por la maquinaria de propaganda del bando nacional. Ésta empleó la represión republicana como justificación a posteriori de la necesidad de un levantamiento armado para detener los desmanes de la «horda roja».

Historia del término[editar]

El término «Terror Rojo» se empleó por primera vez para definir las últimas seis semanas del período conocido como El Terror durante la Revolución francesa, que finalizaron con la ejecución de Maximilien Robespierre. En contraposición, se llamó Terror Blanco al período represivo inmediatamente posterior, en el que las anteriores víctimas se transformaron en verdugos.[3]

Tras la revolución rusa de 1917, se llamó «Terror Rojo» a un período de tiempo entre 1918 y 1922 durante el cual los bolcheviques efectuaron una campaña de arrestos y ejecuciones masivas. Antes de la Guerra Civil el término «Terror Rojo» se empleaba exclusivamente en referencia a dicho período. Tras iniciarse la guerra, las fuentes de propaganda del bando nacional reacuñaron el término para referirse a los incidentes de asesinatos organizados que ocurrieron en el bando republicano, hablando de un «nuevo Terror Rojo».[2] [4] [5]

Revolución de Asturias[editar]

Algunas fuentes han argumentado que el concepto mismo de «Terror Rojo» debe considerarse como iniciado durante la sofocada revolución de Asturias de 1934, que ocasionó la muerte de 37 miembros del clero y la quema de 58 iglesias.[6] [7] Sin embargo, los brotes de violencia ocasionados por el anticlericalismo venían ocurriendo de forma habitual desde el siglo XIX, es decir, mucho antes del primer uso moderno del término como referencia a violencia política originada por un partido revolucionario. Estos brotes se daban cada vez que se producía una disminución en el control del gobierno por efecto de una revuelta o incidente social similar; incluso la proclamación misma de la Segunda República vino acompañada de la quema de unas 20 iglesias, sin víctimas mortales.[4] [8]

Otros autores relacionan directamente varias de las muertes de este periodo con una clara intervención política a favor de las fuerzas de derecha por parte de miembros del clero ejecutados por los revolucionarios.[9] Del mismo modo, se citan también casos de miembros del clero (especialmente monjas) tratados de forma decorosa y respetuosa, relatados por los mismos religiosos.[9]

La Guerra Civil[editar]

Las acciones violentas etiquetadas de inmediato por el bando nacional como Terror Rojo, al igual que las originalmente ocurridas durante la revolución bolchevique, eran cometidas por grupos de revolucionarios contra aquellos a los que percibían como sus enemigos de clase. En España, eso incluía tanto a empresarios, industriales, terratenientes y políticos de la derecha como a miembros y bienes de la iglesia católica, a quien tradicionalmente las fuerzas de izquierda había visto siempre como alineada junto a las clases capitalistas y reaccionarias, y actuando como un factor necesario para la represión psicológica del obrero.[2] [4] [5]

Así, los saqueos y quema de monasterios e iglesias y el asesinato de miembros del clero católico se convirtieron en una característica percibida en las fuerzas leales al Gobierno de la República y opuestas al golpe de estado, gracias a las crónicas sensacionalistas de los corresponsales extranjeros destacados en el país.[2] [4] A pesar de que el total de incidentes fuera enormemente exagerado en la época,[10] de que no fuera ordenada por el gobierno sino ejecutada por grupos incontrolados,[11] [12] y de que su cantidad fuera proporcionalmente inferior al de otros incidentes,[13] se construyó una imagen de anticlericalismo radical y violento por parte del Gobierno de la República que afectó muy negativamente a su imagen internacional e influyó en la política de no intervención predominante en Gran Bretaña y Francia, así como en el apoyo incondicional de la iglesia al bando nacional, que llevaría posteriormente al nacionalcatolicismo. El Terror Rojo pasó así de tener un significado originalmente de violencia política encuadrada en una supuesta lucha de clases, a ser sinónimo de intolerancia y persecución religiosa.

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. Esparza, José Javier, op. cit.
  2. a b c d Beevor, Antony, op. cit.
  3. ten Brink, Jan (1899). Robespierre and the Red Terror. reimpreso en 2004. ISBN 1-4021-3829-6. 
  4. a b c d Thomas, Hugh, op. cit.
  5. a b Payne, Stanley, op. cit.
  6. Redzioch, Wlodzimierz (entrevista a Mons. Vicente Carcel Orti). Catholic Culture (ed.): «The Martyrs of Spain's Civil War».
  7. Del mismo modo, Pío Moa y César Vidal han insistido en el mismo concepto en varios de sus libros.
  8. Véase al respecto el artículo Quema de conventos de 1931 en España.
  9. a b Tuñón de Lara, op. cit.
  10. «[...]; los nacionales afirmaron que había habido medio millón de asesinatos en la zona republicana, aunque después de la guerra redujeron esa cifra a la, también inflada, de 55.000». Beevor, op. cit.
  11. Montero, op. cit.
  12. Mons. Vicente Cárcel. Conferencia Episcopal Española (ed.): «El siglo de los mártires y la persecución religiosa en España». Consultado el 26 de mayo de 2010.
  13. Conferencia Episcopal Española (ed.): «Relación de víctimas y beatificaciones».

Bibliografía[editar]