Terremoto de Arica de 1868

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Terremoto entre Tacna y Arica de 1868
Fecha 13 de agosto de 1868
Magnitud 9.0 aprox MW
Coordenadas del epicentro 18°30′S 71°00′O / -18.5, -71Coordenadas: 18°30′S 71°00′O / -18.5, -71
Consecuencias
Zonas afectadas desde Trujillo en el norte de Perú, hasta La Serena en el centro de Chile.
Víctimas al menos 400 muertos
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El morro de Arica después del terremoto.

El terremoto de Arica de 1868 fue un sismo registrado el 13 de agosto de 1868 cerca de las 16:00 hora local. Su epicentro se localizó en 18°36′S 71°00′O / -18.6, -71 frente a las costas de Tacna, Perú, y se estima que libero una energía de magnitud de 9,0 Richter.

El evento telúrico asoló gran parte del sur del Perú, especialmente las ciudades de Arequipa, Moquegua, Tacna, Islay, Arica e Iquique (estas dos últimas actualmente en Chile). El sismo además fue percibido de forma distinta entre Lambayeque por el norte y Valdivia por el sur, e incluso hasta Cochabamba en Bolivia. Seguido al movimiento principal, un tsunami arrasó las costas peruanas entre Pisco e Iquique y cruzó el océano Pacífico, llegando incluso a California, las islas Hawaii, las Filipinas, Australia, Nueva Zelanda y Japón.

La cifra de muertos estimada alcanzaría las 30 personas en Chala, 10 en Arequipa, 150 en Moquegua, 3 en Tacna, 300 en Arica y 200 en Iquique.

Arequipa[editar]

El terremoto de 1868 fue uno de los más fuertes y destructores que han abatido a la ciudad de Arequipa en toda su historia. En la ciudad, no había edificación que no tuviera grietas o destrozos. Los templos de San Camilo, de la Tercera Orden y de Santo Domingo estaban destruidos totalmente. En las iglesias de San Francisco y La Compañía, los muros averiados resistían bóvedas que amenazaban con desplomarse. Las torres de la catedral quedaron semiderruidas, mientras la sacristía catedralicia sufrió el derrumbe total de su estructura. La bóveda de la iglesia de San Agustín se desplomó íntegramente. En la Plaza Mayor, del Portal del Regocijo se cayó la mitad de la arquería, mientras los portales del Cabildo se hundieron como si hubieran recibido un enorme peso. En el colegio de la Independencia se derribaron los tejados, así como algunas bóvedas del primer piso. El techo de la sala principal del Hospital San Juan de Dios se cayó, sepultando a no menos de cuarenta personas. El sistema de acequias en la campiña y en la ciudad fue derribado o enterrado.

Al siniestro siguieron funestas secuelas: robos y pillajes, desabastecimiento y especulación con los alimentos; muchos campos sembrados terminaron por secarse, dada la inutilización del sistema de acequias de regadío. La población se quedó por algunos días sin agua en las pilas, fuentes y acequias urbanas. Por añadidura, fueron numerosas las réplicas del temblor y el temor a la naturaleza y a Dios se fue incrementando. Debido a los numerosos cultos que se hicieron por aquellos días, los sacerdotes anunciaban a la compungida población que las adversidades eran sólo "advertencias" de la "ira divina" y "castigos del Señor" por las iniquidades cometidas.

La población se organizó, logrando rescatar de entre los escombros a un centenar y medio de muertos y les dio la acostumbrada sepultura, en conjunto con la peonada chilena encargada de las construcciones de ferrocarriles de Henry Meiggs. Trabajaron en la limpieza de las acequias urbanas y repararon los tramos que se habían derrumbado de las acequias agrícolas con el fin de reconstruir la ciudad.

Arica[editar]

Galería de imágenes del terremoto y maremoto de Arica en 1868


En la ciudad de Arica, el día había transcurrido tranquilo. Arica, ciudad peruana en esa época, tenía alrededor de 1500 a 2000 almas, con un gran porcentaje de mestizaje entre negros e indígenas altiplánicos provenientes de los antiguos esclavos africanos. Poseía además las mejores maestranzas de la región. La malaria había asolado la zona durante décadas y ya se encontraba en franco descenso.

Como a eso de las 4 de la tarde, un seísmo de desplazamiento horizontal y ondulatorio de fuerte intensidad (grado 9,0 en la Escala sismológica de Richter) afectó la ciudad de Arica echando abajo las construcciones de adobe y dejando muchos muertos y heridos. En el sector del puerto se veían los buques anclados, tranquilos en el mar.

Estaban en los muelles, los navíos américanos USS Wateree (navío de paletas) y USS Fredonia, el velero de tres palos, y el buque inglés, HMS Channacelia, los navíos peruanos, El BAP Chañarcillo y El BAP Regalón y la flamante corbeta BAP América recién adquirida por el gobierno del Perú, aún con los fuegos encendidos.

Los tripulantes de las naves fueron testigos del terremoto y sus oficiales precautoriamente dieron instrucciones de cerrar escotillas y afianzar cuerdas de seguridad. El BAP América, levó anclas y se dispuso a zarpar a aguas más profundas. Estando en esas labores, la población sobreviviente se agrupó en los muelles y empezaron a pedir ayuda a los tripulantes para que socorrieran a los atrapados en las ruinas.

De improviso, la isla del Alacrán (hoy península) que contenía el fortín con dos cañones a la entrada de la rada se hundió con todo sus emplazamientos y una ola de entre 8 a 15 m pasó por entre los navíos, cortando las amarras del Fredonia, y haciendo retroceder al BAP América; el USS Wateree alcanzó a soltar el ancla, y la misma ola de paso, hundió el muelle con las personas que antes pedían auxilio a las naves amarradas.

Súbitamente, el mar se retiró y dejó apoyados a los navíos sobre sus quillas, en el fondo sin agua del puerto. Los tripulantes contemplaron atónitos el fenómeno, viendo como cientos de peces se debatían en el fondo rocoso del muelle.

Pasados 15 minutos, el mar volvió no en forma de ola, sino como una marea irresistible que levantó a los barcos, el USS Fredonia, junto con el BAP Chañarcillo y El BAP Regalón fueron arrastrados hacía el costado del morro de Arica, seguido del BAP América quien luchaba con sus máquinas por zafarse de la marea. El capitán del USS Fredonia creyendo que el BAP América le iba a rescatar, gritó que se salvaran por que ellos estaban perdidos. El USS Wateree (1863) fue arrastrado más al norte. El USS Fredonia se golpeó contra el morro y se desintegró en astillas, lo mismo que el resto de los navíos peruanos.

El USS Wateree y el velero inglés HMS Channacelia siguieron un rumbo diferente, más hacia el norte, siendo seguidos por el América que humeaba a toda caldera, luchando aún, mientras la marea asolaba y destruía casi la totalidad de la ciudad expuesta con el resto de su población aún escapando por los cerros.

Los navíos arrastrados fueron transportados por la marea, y tocaron fondo. Aquellos que tenían quilla redonda empezaron a girar sobre sí mismos, pero el USS Wateree, de fondo plano, resistió el arrastre y fue a parar a algunas decenas de metros de las pendientes.

Retirado ya el mar, el América resultó desfondado y semidestruido, yaciendo muy cerca del Wateree. No se encontró a ningún miembro de su tripulación. El velero inglés HMS Channacelia giró tantas veces sobre sí mismo que enrolló toda la extensión de su cadena del ancla sobre su casco, y nadie se salvó también. El USS Wateree fue el más afortunado ya que quedó prácticamente indemne sobre su fondo plano sin mayores consecuencias que la pérdida de un solo marinero.

En el lado de la ciudad, los escombros y cadáveres eran un solo amasijo, colocados detrás del morro. El mar sólo respetó a aquellas casas que estaban en el lado trasero del morro, pegadas a la pared de los cerros.

Llegada la noche hubo otro maremoto pero no de la misma intensidad que el inicial, así que no se produjeron mayores daños de los ya hechos.

La ayuda llegó tres semanas después a Arica, primero desde la ciudad de Tacna, donde el alcalde Nicolás Freyre distribuyó a los damnificados víveres y ropa; después directamente la ayuda provino del gobierno peruano.[1] El gobierno peruano encargó a Nicolás de Piérola, quien era ministro de Hacienda, planificar la reconstrucción de Arica. Se estima que un 85% de la ciudad de Arica fue destruida y más de 300 personas fallecieron.

Los restos de la caldera del USS Wateree aún son visibles al norte de Arica.

Iquique[editar]

En Iquique el terremoto también fue devastador, aquí también ocurrió un maremoto, destruyendo los edificios principales del puerto, las máquinas condensadoras de agua, almacenes de salitre y el muelle.

Moquegua[editar]


Moquegua, 14 de agosto de 1868


Mi señor General Prefecto de este departamento:

Con bastante sentimiento comunico a usted que a las cinco de la tarde de ayer, se sintió un fuerte terremoto que ha destruido la mayor parte de la población; los movimiento de la tierra fueron tan recios y repetidos que no ha habido casa que haya podido resistir sin ser gravemente averida, esto es, la que no sido derribada desde sus cimientos.

Lamentablemente en extremo es señor Prefecto el cuadro que presenta esta ciudad; los templos, hospital y colegio todo queda derribado, incluso el reloj público. Las bodegas de las haciendas han tenido igual suerte y los licores que contenían, han corrido por el campo. Las pérdidas que nos ha ocasionado la catástrofe de que doy parte a usted son de pronto incalculables, y muchos años pasarán sin poder recuperarse; nótanse igualmente en el comercio perjuicios de gran consideración, pues casi todas las tiendas en su desploma han cubierto y destrozado los artículos que contenían.

Respecto a las víctimas que se lamente, no es posible por ahora fijar el número de las que habrían perecido en las casas derribadas, pues no existiendo en la policía una fuerza competente, no se ha podido levantar los escombros, además de que los movimientos de la tierra hasta ahora mismo se repiten amenazándonos mayor ruina, y en lo poco que se han levantado los escombros, se han encontrado cuarenta y tantos cadáveres entre hombres, mujeres y niños, y de temor se halla toda la gente del campo. Con el fin de desenterrar los muertos, levantar escombros y demoler edificios que ofrecen peligro he oficiado al Comandante General Coronel Leyseca, para que me remita de Torata parte del batallón, y por el oficio que de dicho Coronel adjunto a usted, se impondrá de que en aquel pueblo ha ocurrido iguales desgracias. Dígnese pues usted si lo juzga conveniente poner esta comunicación en conocimiento del Supremo Gobierno para que sirva exonerar a esta Provincia del pago de la contribución predial del semestre de San Juan que lo juzgo imposible de realizar, pues hasta la fecha no se ha conseguido su realización.

Dios Guarde a usted.

P.O. Cores


INFORME DEL SUPREMO DE MOQUEGUA[2]

Tacna[editar]

Los poblados de Sama y Locumba fueron totalmente destruidos, en la tierra se formaron grietas que malograron las cosechas porque las grietas expelían agua fangosa.

En cambio en Tacna se indica que a las 17.06 se sintió el terremoto de siete minutos con sus movimientos verticales y luego ondulatorios. Los temblores continuaron hasta las 23.00.

Se contaron únicamente tres muertes cuando en la ciudad vivían 10.000 habitantes. Se derrumbaron 60 casas de mojinete en la ciudad. Tacna era la ciudad más cercana al epicentro, probablemente la lentitud de los primeros temblores permitieron alertar a la población para evitar desgracias humanas.

En relación a este terremoto, Locumba, localidad al Norte de Tacna recuerda la historia del tesoro que un cacique o general inca había ordenado enterrar allí luego de la muerte de Atahualpa. La leyenda decía: "Al desenterrar encontraras una llama, luego una canasta con un lorito; después estarán las cargas de oro". Los excavadores habrían encontrado dichos objetos, pero debido a la maldición que existía sobre el tesoro, justo cuando estaban dispuestos a echarle mano, el terremoto selló de nuevo el escondite, matando a sus profanadores, en tanto otras versiones de esta leyenda dice que huyeron perdiendo para siempre la ubicación del oro enterrado.[3]

Cobija[editar]

El principal puerto boliviano de la época, Cobija situado 60 km al sur de Tocopilla, registró con el 50 por ciento de las construcciones destruidas con una gran pérdida de vidas humanas. Esto fue el inicio del proceso de decadencia del entonces puerto boliviano.

Referencias y notas de pie[editar]

Notas aclaratorias
Notas al pie
  1. Zora Carvajal, Fortunato (1966). Tacna, historia y folklore. Cooperativa San Pedro. 
  2. Retazos de la Historia de Moquegua, Edición de 1982, página 126-127, Luis E. Kuong Cabello
  3. Atlas Regional del Perú, Tomo 9, Tacna. Página 47. Ediciones Peisa S.A.C 2004
Bibliografía

Enlaces externos[editar]