Teresa Peña

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Teresa Peña
Teresa Peña.jpg
Nombre completo María Teresa Peña Echeveste
Nacimiento 31 de julio de 1935
Madrid, España Bandera de España
Fallecimiento 25 de julio de 2002 (66 años)
Entrambasaguas (Burgos) Bandera de España
Nacionalidad española
Área Pintura, dibujo, escultura, escritura
Educación Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid Academia Española de Bellas Artes de Roma
Premios Premio de Roma, Álvarez de Sotomayor, entre otros
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Teresa Peña Echeveste (Madrid, 1935 - Entrambasaguas, 2002) fue una pintora española considerada como una de las máximas representantes en la unión del arte contemporáneo y la fe cristiana.

Ganó por oposición el Gran Premio de Roma, dotado por el Ministerio de Asuntos Exteriores, lo que le permitió estar pensionada durante cuatro años en la Academia Española de Bellas Artes de Roma, en la que han completado sus estudios los mejores músicos, pintores, escultores y arquitectos de España, siendo la primera mujer española en conseguirlo.

Algún crítico ha calificado su pintura de neorrealismo expresionista; otros la consideran humanística, simbólica... en definitiva, su pintura a causa de su originalidad puede denominarse con el nombre de la pintora.

Su copiosa obra, la versatilidad de su genio pictórico y su variada forma de expresión, la llevan hacia numerosos premios y reconocimientos; no obstante, se aleja de esta vida afamada para orientarse hacia un mundo de la marginación, que iba a ser para ella motivo de inspiración artística y de entrega vocacional.

La obra de Teresa Peña se encuentra representada en museos, catedrales, instituciones y colecciones particulares.

Biografía[1] [editar]

Infancia[editar]

María Teresa Peña Echeveste nació en Madrid el 31 de julio de 1935 en días revueltos para la historia de España. Sus padres – Teodoro y Felicidad - procedían de Cuenca y del País Vasco, respectivamente. Se habían casado en Madrid, donde el doctor Peña regentaba una clínica, y habían tenido ya otro hijo – Juan Ramón- antes de que naciera Teresa. Sería ella la segunda y la última.

Al estallar la Guerra Civil Española tuvieron que salir de Madrid y se trasladaron a Montalvo (Cuenca) para, terminada la contienda, recalar en San Sebastián, donde les espera su familia materna.

A su padre le adjudicaron una plaza de médico titular en Oña, Burgos, donde existía entonces el Colegio Máximo de la Compañía de Jesús, con gran prestigio en el mundo de los estudios teológicos. Para los Peña, esta presencia de los jesuitas resultó benéfica y estimulante. De hecho, allí echó raíces la familia hasta la muerte del doctor Peña ocurrida en 1958. Ello significa que buena parte de su niñez y de su adolescencia –amén de las posteriores vacaciones- las pasó Teresa en Oña donde hay gentes que recuerdan sus habilidades artísticas. Allí, y consta por su testimonio personal, despuntó su inclinación a la pintura. “No fui una niña prodigio ni nada semejante –explicaba Teresa en una entrevista de 1993 a la Revista “Crítica”- «pero a los cinco años tenía claro que quería ser pintora. Se lo decía a todo el mundo. Jamás pensé que podría dedicarme a otra cosa».

Contaba Oña con un Colegio Máximo pero no había para la vecindad más que la tradicional escuela primaria. Así que Teresa hubo de pasar a San Sebastián con sus tías maternas, para cursar el bachillerato en el colegio de las Teresianas del Paseo de Francia, y sacó tiempo para iniciarse artísticamente en la Escuela Donostiarra de Artes y Oficios.

Primeras pinturas[editar]

Teresa Peña

Concluido el Bachillerato, y segura de su vocación, en 1953, a sus dieciocho años, llega a Madrid para preparar su ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Ya desde el principio, recibe un buen manojo de recompensas como el Primer Premio de Pintura en tres años sucesivos, 1956, 1957 y 1958.

Al terminar sus estudios, en 1959, recibió el Premio Nacional Fin de Carrera y la Medalla de Oro de la Escuela de San Fernando. Hay testimonios escritos de profesores y de compañeros de Teresa que ponderan altamente su valía artística y humana. Según una contemporánea suya, María José Redondo, “Teresa era buena, sencilla y silenciosa. Y como pintora gigante”.

Teresa quiso completar en Madrid su brillante formación académica asistiendo, en las mejores escuelas, a cursos de pintura mural (ella se consideró siempre muralista), técnicas del fresco y de la restauración. Ya con su propio estudio –en la calle Hortaleza- presentó en Madrid, en la Galería Quixote, su primera exposición.

Eran los años 1960 y 65 y aún se consideraba alumna, cuando Teresa andaba ya alternando las exposiciones de su obra con los premios recibidos. El más notable, el “Álvarez Sotomayor”, que había sido profesor suyo, el pintor Fernando Álvarez de Sotomayor, y la Medalla de la Real Academia de Sevilla.

Primera mujer en ganar el Premio Roma[editar]

En 1965 se alzó Teresa con la más cotizada de las recompensas en la república de las artes. Ganó, por oposición, y era la primera mujer española que lo ganaba, el Premio de Roma que se otorgaba cada cinco años y que llevaba aneja una Beca para una estancia de cuatro años en la Academia Española de Bellas Artes de Roma. En su archivo, hay también constancia de la excelente huella que dejó allí, entre sus colegas, la estancia de Teresa.

Sus años en Roma fueron para ella años de plenitud. Años también en los que sus viajes por Italia, Francia, Holanda, Bélgica y Alemania abrieron su sensibilidad y su espíritu a las corrientes estéticas de la Europa posteriores a la Segunda guerra mundial. Teresa regresaba a España, tras cumplir su etapa internacional en 1968. Poco después, en 1969, sería invitada a figurar en la exposición internacional de la Unesco.

Su familia, en el mismo año, se había trasladado de San Sebastián a Bilbao, donde Teresa mantenía un estudio junto con el que ya tenía en Madrid.

Entraba así en los años 70 con una personalidad artística consolidada y con el ajetreo intenso de exposiciones personales y colectivas en Zaragoza, Palma de Mallorca, Barcelona, Madrid y diferentes puntos de Italia.

Entre el arte y la religión[editar]

La Cena 3 de Teresa Peña

Entre sus trajines artísticos, se perciben rasgos inequívocos de una intensa sensibilidad religiosa. Le venía del ámbito familiar y de su largo contacto con la Institución Teresiana, pero poco a poco la religiosidad se le fue trocando en la razón última de su vida y aún de su quehacer artístico.

Cabría decir que Teresa vivió dos vidas y dos vocaciones paralelas: la de la pintura y la de la creyente comprometida. El desarrollo de las dos vocaciones, en algún momento, le resultó conflictivo porque no pudo o no supo armonizar la incompatibilidad aparente entre ambas llamadas de Dios. Así hay que decirlo puesto que así ella lo sentía. De hecho, ya en 1963 (por tanto antes de ganar el Premio de Roma) había ingresado en el Carmelo Descalzo de la Aldehuela (Madrid) con ánimo de profesar en su momento. El fracaso de este primer intento no bastó para hacerle desistir. Años más tarde, en 1970, en la plenitud de los éxitos profesionales, hizo otra escapada eremítica, retirándose a la Cartuja de Benifasar (Castellón), que es la única cartuja femenina que existe en España.

Tampoco cuajó allí su vocación. Pero en este punto, Teresa fue un alto ejemplo de tesón. Su vida de pintora ya conocida y afamada, sus exposiciones o creaciones de los años 70 y 80 lo atestiguan. Poco a poco fue orientándose religiosamente hacia el mundo de la marginación como punto de encuentro entre su arte y su fe. La marginación iba a ser para ella (así lo prueban muchos de sus cuadros) motivo de inspiración artística y de entrega vocacional.

La entrega de Teresa a sus ideales estéticos y humanitarios la alejaron de su familia y se adentró en escenarios marginales de Zaragoza y diversos puntos del Levante español. Su “experiencia mediterránea”, como ella la llamaba, consistía en una búsqueda de la luz (asunto de primera magnitud en las obras de Teresa) a través del trabajo artístico y docente entre drogadictos, discapacitados y marginados en general.

En agosto de 1980 escribió Teresa una carta al Papa Juan Pablo II. En ella le decía expresamente: “En esta vocación artística que he venido alternando con la llamada del desierto en la modalidad eremítica, he encontrado al Señor con una intensidad especial que me impulsaba hacia el sufrimiento humano. Sobre todo hacia los sectores de la marginación.”

Últimos años en Burgos[editar]

En 1986, la aparición de la enfermedad en su vida no mermó la intensidad de su producción. Sí que forzó, en cambio, su regreso definitivo a su ámbito familiar y a la cercanía de su hermano que entonces vivía en Bilbao.

Años después, los hermanos se trasladaron al Valle de Mena, Burgos, donde Teresa pasó plácidamente sus últimos años de vida, pintando copiosamente como la mejor terapia para sus dos vocaciones inextinguibles.

A principios de 2002, la enfermedad que venía minando la salud de Teresa, pareció agravarse notablemente. Fue trasladada al Hospital General Yagüe de Burgos, donde los médicos diagnosticaron un tumor cerebral inoperable y de corta resolución. El 25 de julio de 2002 Teresa fallecía en su amado último retiro de Entrambasaguas de Mena.

Su pintura[editar]

Fragilidad Humana, Salmo 90 de Teresa Peña

Teresa se consideraba una pintora contemporánea. De hecho su excelente preparación académica, tanto en Madrid como en Roma, evolucionó gradualmente hacia formas y técnicas propias del lenguaje artístico del siglo XX. Ella misma explicaría a preguntas de críticos y periodistas en la exposición que presentó en Madrid –en la sala Kreisler- a comienzo de 1993: “Mi primera etapa fue cubista. Me decían que me parecía a Daniel Vázquez Díaz, pero yo no le conocía casi. Después empecé a cambiar y me fui hacia el arte abstracto. Y he terminado en la figuración neorrealista. Mi pintura también la han situado en el realismo expresionista. Algunos críticos se confesaban sorprendidos ante su capacidad para expresar lo que Antonio Fernández Molina, en el ABC (periódico) y en agosto de 2002, a la muerte de Teresa, sintetizaba en estas palabras: “Dominadora de su oficio, con infrecuente originalidad, su pintura comunica su compenetración con los seres, con los pobres y con las cosas y un permanente soplo de trascendencia“.

Teresa Peña fue, en todas sus cosas, poco amiga de los encorsetamientos. Esa “infrecuente originalidad” se trocaba muy a menudo en Teresa en huida del convencionalismo, aún a la hora de tratar asuntos o temas muy estereotipados por la tradición artística o cristiana. Junto a su Sagrada Cena, la de Leonardo Da Vinci parece fría y académica. Frente a su Anunciación, las de Fray Angélico parecen amaneradas. En su Vía Crucis mandan, fuera de cualquier efectismo, la piedad religiosa y la conmoción humana. Éstas son solo algunas de sus obras que califican a Teresa Peña como singular intérprete de lo cristiano en el arte de nuestro tiempo.

El fuerte de Teresa está en su mundo cromático, en la seducción misteriosa que emana de sus creaciones, a veces fantasmagóricas y a veces genesíacas. La propia Teresa dejó abiertas las claves de su mundo pictórico en un texto personalísimo titulado “Mi pintura”. A ese texto pertenecen estas apreciaciones sobre su uso de los negros y de la luz, tan frecuentes en su obra. “Como en el Génesis, me gusta partir de fondos negros, que no los considero pintura, sino vacío y tinieblas. Sobre ese vacío del negro, ausencia de todo, trato de iluminar con la luz las figuras que emergen. Pero con una luz hecha de amor trascendente, que aún en las situaciones más oscuras de la vida de cada hombre, le dé una esperanza definitiva de luz y de amor. Esa luz esperanzadora que disipa las tinieblas no es otra cosa que la Luz Absoluta. Es decir, Dios.

Su faceta literaria[editar]

Teresa Peña ha sido también una notable escritora.[2] Una faceta de su personalidad muy poco conocida. Los escritos de Teresa destacan por su calidad. Ella gustaba de ilustrar sus obras con una glosa literaria que escribía una vez concluidas. Unas veces se trata de una descripción culta y cuidada de lo que ha querido expresar. Otras, son verdaderos poemas a propósito de lo recién pintado. Su léxico, su utilización de la palabra no resulta inferior a la elocuencia plástica de sus figuras y de sus colores.

Premios más importantes[editar]

El llanto de Pedro, de Teresa Peña

La versatilidad de la obra de Teresa Peña, su genio pictórico y su variada forma de expresión la conducen hacia numerosos premios y reconocimientos en España e Italia.

1955 Premios del Estado para Pintura, Escultura y Dibujo en Preparatorio

1956, 1957 y 1958 Primeros Premios de Pintura en la carrera de Bellas Artes

1959 Premio Nacional de Fin de Carrera Premio Extraordinario “Álvarez de Sotomayor”

1961 Medalla de Honor que la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando concede cada ocho años al mejor expediente

1963-1965 Mención de Honor “Rodríguez Acosta”, Primer Premio de Pintura Extemporánea (Zarauz), Accésit “Premio Alcántara”, Medalla de la Real Academia de Sevilla

1965 Gran Premio de Roma, primera mujer que lo gana.

1969 Segundo Premio en los Concursos Nacionales de Pintura

1971 Premio de la Fundación Rodríguez Acosta, Granada.

1974 Mención de Honor en la Trienal del Grabado de Carpi (Italia)

1975 Medalla de la Exposición en Bilbao “El Deporte en las Bellas Artes” Año en que deja de concursar.

Exposiciones más importantes[editar]

La Sagrada Cena.

La obra de María Teresa Peña se encuentra representada en Museos, Instituciones y Colecciones Particulares: Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, Museo de Bellas Artes de Bilbao, en San Sebastián en el Museo de San Telmo y en el Museo Diocesano, Museo Rodríguez Acosta de Granada, Museo de Arte Contemporáneo de Toledo, Museo de Grabado en Italia, Museo de la Real Academia de San Fernando, Colegiata de Villagarcía de Campos en Valladolid, Catedral de San Sebastián y Catedral de Santander, Liceo Español en Roma y en el Monasterio de Santa Clara (Moguer), Huelva, entre otros.

1965 Primera Exposición individual en la Galería Quixote de Madrid.

1966-1967 Exposiciones en Roma, Bolonia y Salerno, como pensionada en la Academia de España en Roma.

1967 Representa a España con otros pensionados en la Exposición de pintura figurativa que recorre varios países, entre ellos, Estados Unidos.

1968 Exposición individual en Roma.

1969 Exposición Internacional de UNESCO.

1970 Exposiciones individuales Ateneo Madrid y Galería Illescas de Bilbao.

1971 Primera Exposición e Bilbao en la Galería Illescas. Exposiciones colectivas:”Cien años de Arte español en Roma” “Pensionados de la Academia de España en Roma”, Biblioteca Nacional de Madrid.

1973 Exposición “Pintores Vascos 2” en la Sala Arte de Bilbao.

1974 Exposición “Trienal del Grabado”, Capri, Italia.

1975 Exposición “V Bienal del Deporte en las Bellas Artes”, Barcelona.

1976 Exposición “Artistas Contemporáneos de España”, Galería Gavar, Madrid.

1976 Exposición individual en la Galería Durero, Madrid.

1977 Exposición individual en la Galería Decar, Bilbao.

1980 Exposición individual en Roma.

1982 Exposición individual, “Composiciones y estudios en torno a una temática bíblica”, Caja de Ahorros de Guipúzcoa, San Sebastián.

1985 Exposición individual, “Algunas Bienaventuranzas” en la Galería Odile, Zaragoza.

1987 Exposición “Presencia de lo religioso en el arte”, Zaragoza. Exposición individual en Palma de Mallorca.

1991 Exposición individual en la Galería Moldurarte, Zaragoza

1993 Exposición individual en la Sala de Exposiciones Garibai, Fundación Kutxa, San Sebastián. Exposición individual en la Galería Kreisler, Madrid.

1994 Exposición individual en la Sala “Luis de Ajuria”, de la Caja Vital Kutxa, Vitoria.

1997 Exposición individual en el Convento de Santa Ana, Villasana de Mena, Burgos.

1998 Exposición individual “Pequeños entornos del hombre” en la Galería “Antonia Puyó”, Zaragoza.

1999 Exposición individual “Marana Tha” en la Galería lumbreras, Bilbao.

2000 Exposición individual “Paisajes meneses. Interpretaciones plásticas de La Peña”. Mena.

Referencias[editar]

  1. Encuentro en la Luz / Teresa Peña, ISBN 978-84-89805-26-2
  2. Teresa Peña, Flotando en el Espacio, Museo Diocesano de San Sebastián. Dep. Legal SA-318-2006

Enlaces externos[editar]