Mexica

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Mexica
Nezahualcoyotl.JPG
Nezahualcoyotl
Otros nombres Tenochcas, Aztecas
Ubicación Bandera de México México
Idioma Náhuatl clásico
Religión Religión autóctona
Etnias relacionadas Nahuas, Tlahuicas, Acolhuas, Matlatzinca
Asentamientos importantes
1.º Tenochtitlan Glyph ZP.svg Mexico-Tenochtitlan
Extensión máxima de los estados sometidos a los mexicas, según María del Carmen Solanes Carraro y Enrique Vela Ramírez (2000).
Piedra del Sol. Se trata de una representación profusa del dios Tonatiuh, a quien se vincula con el Quinto Sol. El nombre de calendario le fue adherido por la representación de los glifos de los días que rodean la cara de Tonatiuh.

Los mexicas (náhuatl mēxihcah [meː'ʃiʔkaʔ] 'mexicas'[1] ) —llamados en la historiografía tradicional aztecas[2] — fueron un pueblo amerindio de filiación nahua que fundó México-Tenochtitlan y hacia el siglo XV en el periodo posclásico tardío se convirtió en el centro de uno de los Estados más extensos que se conoció en Mesoamérica asentados en un islote al poniente del Lago de Texcoco hoy prácticamente desecado, sobre el que se asienta la actual Ciudad de México, y que corresponde a la ubicación geográfica de la misma. Aliados con otros pueblos de la cuenca lacustre del valle de MéxicoTlacopan y Texcoco—, los mexicas sometieron a varios pueblos indígenas que se asentaron en el centro y sur del territorio actual de México agrupados territorialmente en altépetl.

Introducción

Los mexicas fueron el último pueblo mesoamericano que condensó una rica y compleja tradición religiosa, política, cosmológica, astronómica, filosófica y artística aprendida y desarrollada por los pueblos de Mesoamérica a lo largo de muchos siglos. Junto con los mayas son el tema más estudiado de la historia mesoamericana, dado que se conservan fuentes documentales y arqueológicas, así como numerosos testimonios hechos en su mayoría de forma posterior por sobrevivientes de la Conquista de México. La numerosa cantidad de estudios sobre los mexicas hechos por investigadores de todo el mundo hace difícil una síntesis o un panorama general por la especialización de los estudios y las numerosas polémicas, que han permitido desechar conceptos y términos indígenas inadecuados apoyados en la lingüística, la antropología y la arqueología, los cuales fueron usados durante muchos años por estudiosos de los mexicas, basados en interpretaciones modernas y en muchos casos eurocentristas.

Antecedentes

El período mexica o azteca fue una fase más de otras culturas y períodos arqueológicos, entre los que destacan:

Filogenéticamente, está claro que los nahuas hablan lenguas relacionadas con los pueblos utoaztecas del norte de México y sur de Estados Unidos, y existen diversas evidencias de que migraron hacia el final del I milenio d. C. hacia el sur hasta alcanzar el centro de México. Los propios mexicas recogen esta migración en diversos relatos legendarios, que pueden contener algún elemento histórico real, que explican las fases de su migración hacia el sur. La mitología mexica, siendo muy diversa, pero hecha bajo el mandato virtual de Tlacaélel, situó el origen mítico en Chicomóztoc (náhuatl: chicome-oztotli-co, ‘Lugar de las siete cuevas’)?, sitio relacionado con Aztlán —de donde viene el gentilicio azteca—, aunque no existe consenso sobre el punto exacto donde se encuentre el sitio por tratarse de un sitio mítico. La lengua de los mexicas era el náhuatl clásico, que actualmente es la lengua indígena con la mayor comunidad lingüística en México. El etnónimo azteca fue popularizado por investigadores muy posteriores a su tiempo. Sin embargo, cabe mencionar que los mexicas no se llamaban a sí mismos de esa forma, y que fue resultado de una mala designación posterior; y que las crónicas posteriores los nombraron en todo momento como «mexicanos» o «los de México».

A la llegada de los españoles, los mexicas mantenían relaciones de tensión con los altépetl sometidos, a los que les imponían fuertes cargas tributarias. Esta situación fue aprovechada por los recién llegados en 1519, que rápidamente establecieron alianzas con los zempoaltecas y los tlaxcaltecas. Tras la caída de México-Tenochtitlan, la élite gobernante mexica fue sometida e integrada gradualmente a la sociedad colonial, recuperando muchos de ellos cargos y privilegios. El resto de la sociedad mexica sufrió una serie de colapsos -principalmente el demográfico- en todas sus estructuras, pero fueron muchas las continuidades y resistencias que permanecieron por mucho tiempo y hasta nuestros días en los pueblos indígenas de México, aunque el grueso de la población entró en un proceso de una caída demográfica histórica en menos de un siglo sufrida por todos los pueblos indígenas por las nuevas enfermedades europeas y la explotación española.

Terminología

Atl Tlachinolli.

En la historiografía de Mesoamérica aparecen los términos nahuas, mexicas y aztecas como vagamente equivalentes. Sin embargo, no deben ser tomados como sinónimos. Estos tres términos aparecen cuando se habla de los habitantes que se situaron en el Valle de Anáhuac, principalmente en el islote de Tenochtitlan durante el siglo XVI:

  • El término nahua se refiere a todos aquellos que hablaron o actualmente hablan la lengua nahua (náhuatl). Durante la invasión, los habitantes de la Gran Tenochtilan eran en su mayoría nahuas; sin embargo, no eran los únicos de Mesoamérica. Y existían enclaves nahuas en todo el centro de México e incluso tan al sur como El Salvador (señorío de Cuzcatlán) y Nicaragua (Nicaraos).
  • Los nahuas que habitaban en las zonas de Tenochtitlan y de Tlatelolco eran conocidos como "mexicas" debido a que se autodenominaban a sí mismos mexihcah. Las crónicas españolas del siglo XVI modificaron la palabra y los nombraron "mexicanos". Tal cual es como aparecen en la historia colonial. Sin embargo, los nahuas de Texcoco y Tlacopan que participaron como aliados de los mexicas y a veces son considerados parte de los aztecas por tener el mismo origen, se denominaban a sí mismos acolhuas y tepanecas, respectivamente.
  • Finalmente desde el siglo XIX en adelante, la mayoría de los historiadores fuera de México han usado el nombre o la denominación de azteca para referirse a los mexica (y frecuentemente también a sus aliados de la Triple Alianza). El nombre "azteca" se refiere al mito narrado por las crónicas coloniales, según el cual los mexicas, los acolhuas y los tepanecas habían salido de un lugar llamado Aztlán.

En 1427 los mexicas eligen un nuevo rey, Izcóatl, que era hijo de Acamapichtli, el primer rey mexicano, y de una esclava. Éste es el único caso en el que subió al trono un hombre que no tuviera por madre una mujer de sangre tolteca; la elección se debió seguramente a las cualidades del candidato, cuyo genio militar y cuya habilidad política debían, en los trece años de su reinado, transformar el destino de su pueblo.

Con motivo de la querella entre los hijos de Tezozómoc, los diferentes "gobiernos en exilio", causados por las conquistas de aquél, comprendieron que era el momento de volver a sus diferentes países y de liberarse del yugo de Azcapotzalco. Entonces se forma una alianza entre los mexicanos y varios otros grupos. De éstos, con mucho el más importante es el que representaba a la antigua dinastía chichimeca que había reinado sobre Tezcoco hasta la derrota de Ixtlilxóchitl, que ya hemos relatado. Los aliados obtienen la neutralidad de algunas de las ciudades tepanecas y, después de una guerra en extremo difícil, Azcapotzalco mismo fue tomado en 1428. Esto no marca el fin de la contienda, ya que Maxtla se refugió en Coyoacan y en sitios más lejanos, hasta que por fin es derrotado definitivamente en 1433. Entonces, Nezahualcóyotl puede regresar a Tezcoco e inicia el largo reinado que no había de terminar sino con su muerte en 1472.

Historia

Orígenes

Coatlicue, la madre de los dioses mexicas. Museo Nacional de Antropología, Ciudad de México.

El origen de los mexicas se sitúa entre los grupos hablantes de náhuatl del norte del actual México y antecesores de los asentados durante la llamada etapa chichimeca. Tradicionalmente se pensó que hubo una división raza entre Aridoamérica — con grupos cazadores-recolectores principalmente — y Mesoamérica, con pueblos sedentarios y agricultores. Por los estudios más recientes se sabe que no fue así y que la diversidad étnica permitió a muchos grupos de origen chichimeco poseer diversos grados de estratificación y sedentarismo, según las variantes regionales y las condiciones ambientales donde se asentaron. Por ello al tener un contacto mayor con grupos mesoamericanos adoptan modos y usos civiles que tenían ya de alguna forma en el norte del actual México.

En el siglo XII ocurrió la desintegración de Tollan, provocando ello una dispersión demográfica de grupos tolteca-chichimecas que avanzaron sobre Cholula, ocupándola luego de derrotar a los grupos olmeca-xicalancas ahí asentados con la ayuda militar concertada por los jefes Icxicóuatl y Quetzalteueyac, líderes de los cholultecas, en Chicomoztoc. Ahí obtuvieron el apoyo de los totomiauques, los cuauhtinchantlacas, los acolhúas chichimecas, los texcaltecas o tlaxcaltecas, los malpantlecas, los zacatecas y los tzauctecas. Dicha alianza militar derrotó a los olmeca-xicalancas asentados en el altiplano central de los altepetl de Xochimilco, Ayapanco, Teciuhquemecan, Texalucan, Tilihuacan, Cuiloc y Auzolco, provocando el asentamiento y procesos mayores de interrelación étnica.[cita requerida] Grupos chichimecas inmigrantes del norte no cesarán de migrar hacia el Altiplano Central y los valles de Puebla y Tlaxcala, originando mayores conflictos y alianzas entre altépetl.

Dicha migración dio origen a la formación de núcleos poblacionales, teniendo como el más importante de los siglos XII y XIII a la Confederación Chalca (Chalcayotl), que agrupó cuatro enormes cabeceras con doce señoríos y dieciocho grupos étnicos.[cita requerida] La estructura derivada de estos pueblos que integran altépetl de mayor o menor poder será a la que hacía por lo general con la parte bélica que implicaba la conquista de un altépetl o su destrucción, sino la migración, integrando o desintegrando señoríos (como el caso de Xaltocan con los otomíes) y disponiendo de la movilidad de amplios grupos de poblaciones por parte de los ganadores.

Llegada a la Cuenca de México

Primera página del Códice Boturini.

Los mexicas fueron la última gran migración chichimeca al Altiplano Central, lo cual ocurrió entre los siglos XII y XIV. El mito mexica oficial enuncia su origen mítico en Aztlán, una isla originaria de donde partieron por designios divinos. La evidencia histórica muestra — a excepción de las hipótesis de Wigberto Jiménez Moreno y Paul Kirchhoff que las sitúan en la isla de Mexcaltitlán Nayarit o en el sur de Guanajuato, respectivamente — que la idea de Aztlán responde como muchos otros simbolismos y difrasismos mexicas, a una concepción mítica y arquetípica del islote de México-Tenochtitlan, en el que el mito se fraguó ya con el esplendor de dicha urbe, además de que las fuentes documentales mencionan una asimilación de lo mesoamericano desde las primeras etapas de la migración. Según los mexicas, la salida de la isla se hizo en siete grupos o calpultin del que era el más fuerte los huitznahuaque, que tenían como dios tutelar a Huitzilopochtli, acompañados de los teomamaques o sacerdotes que portaban los diversos tlaquimilollis o bultos sagrados, que contenían despojos de los antepasados o diversos objetos muy sagrados para las aún tribus.

El Códice Boturini enuncia la ruta oficial hecha por los mexicas, que incluyó sitios de Hidalgo y México de los que fueron sucesivamente expulsados. Para este tiempo muchos altépetl ya contaban con siglos de asentamiento y con un grado superior de civilización y asimilación de la tradición mesoamericana, de la que los mexicas abrevarán todo su conocimiento. El altépetl de Texcoco de los acolhúas incluso en la etapa de mayor esplendor mexica siguió conservando supremacía intelectual sobre México-Tenochtitlan (con una amoxcalli o casa de los libros esplendorosa) y una postura moral sobre los mexica de tipo noble y como poseedores de una toltecáyotl más antigua.

Al arribar a la Cuenca de México los mexicas encontraron un panorama político complejo y asentado, así como el sometimiento por parte de los tepanecas de Azcapotzalco a casi todos los altepetl. Luego de salir expulsados de Chapultepec por los altépetl de Azcapotzalco, Xaltocan, Culhuacan y Xochimilco, se asientan en Tizapan, dominio territorial de Culhuacan, el cual abandonan por la dureza de las condiciones y un enfrentamiento con los culhuacas, yendo hacia la región de Texcoco antes de elegir un islote donde ya existían asentamientos previos, según evidencias arqueológicas.

Según la historia oficial aceptada, en un islote al poniente del lago de Texcoco, fundaron los mexicas México-Tenochtitlan en el año 2 Calli o 1325 en donde se cumplió, según el mito oficial, la profecía de un águila devorando una serpiente sobre un nopal. Ahora se sabe que los mexicas se establecieron previamente en diversas poblaciones, incluso fundaron algunas ciudades (como ejemplo Huixachtitlán), la información codificada en los documentos revela que ya habitaban el islote desde 1274. El asentamiento final incluyó la aceptación de Azcapotzalco como altepetl supremo, tributándole periódicamente y una condición general de obediencia. El islote estaba crecido de tulares, carrizos y una rica diversidad acuática que les permitirá la subsistencia así como una posición militar estratégica, si bien los primeros años sus condiciones de vida serán precarias.

Los mexicas y la guerra

La religión mexica enseñó que era necesario apaciguar a los dioses con sacrificios humanos. Por eso, explica el historiador Víctor W. von Hagen

"La guerra y la religión, al menos para los aztecas, eran inseparables. Pertenecían la una a la otra. . . . Con el fin de obtener apropiados prisioneros-víctimas que sacrificar a los dioses, había incesantes guerras pequeñas e incluso su armamento estaba dispuesto para incapacitar no para matar, todo para obtener el alimento para los dioses la sangre y el corazón.”

Territorio

La Cuenca de México en el Posclásico tardío.

Localización

México-Tenochtitlan estaba ubicado sobre un islote al occidente del Lago de Texcoco, en la zona lacustre de la Cuenca de México. El dominio mexica ocupó la mayor parte del centro y sur de la actual República mexicana, se extendía, desde el poniente del valle de Toluca, abarcando casi todos los estados de Veracruz, Puebla, en el centro, Hidalgo, México y Morelos, en el sur; gran parte de los estados de Guerrero y Oaxaca, así como la Costa de Chiapas hasta la frontera con Guatemala. Sin embargo, quedaban fuera de su dominio los señoríos de Meztitlán (en Hidalgo), Teotitlán y Tututepec (en Oaxaca), purépechas (en Michoacán), Yopitzingo (en Guerrero) y Tlaxcala.

La Cuenca de México es una entidad geográfica de más de 7800 kilómetros cuadrados de superficie que se localiza en la parte meridional del Altiplano Central en la República Mexicana. Se trata de una cuenca limitada por cadenas de altas montañas en forma de anfiteatro, que tenía en medio un sistema lacustre integrado por los lagos Zumpango, Xaltocan, Texcoco, Xochimilco y Chalco. Donde el nivel era bajo y las aguas dulces, como en los lagos de Xochimilco y Chalco, era posible el cultivo chinampero. Entre los 2270 y los 2750 metros sobre el nivel del mar está comprendida la zona de somonte, cuyas tierras fértiles son propicias para el desarrollo de bosques así como para la práctica agrícola extensiva. A partir de los 2750 metros sobre el nivel del mar las laderas están dominadas por bosques de coníferas y pobladas por fauna mayor. Pese a estar situada al sur del Trópico de Cáncer, la cuenca de México contaba en la época prehispánica con un clima templado con precipitaciones medias de 700 milímetros anuales.

Estado

Sus armas eran: Lanza de madera con punta de obsidiana, el arco y la flecha con punta de obsidiana, y la macana llamada macuahuitl que era un barrote o garrote de menos de un metro de largo con afiladas hojas de obsidiana incrustadas (capaces de matar o herir gravemente) y el átlatl, palanca para arrojar jabalinas tan efectiva que incluso podía atravesar mallas de acero (como lo experimentaron los españoles). Para defenderse tenían un escudo llamado chimalli hecho de madera y reforzado con tela o pieles ricamente pintadas y decorados con plumas; yelmos de madera zoomorfos cubiertos con cuero también decorados y como armaduras cotas de algodón acolchado, de un tejido tan apretado que las flechas no lo atravesaban.

Los altépetl sometidos por el pueblo mexica no formaban un sistema político unificado sino, mejor dicho, un sistema de tributo a Tenochtitlan. Entre los pueblos nahuas, el dirigente más importante era llamado huey tlatoque ('gran jefe'), también conocido como huey tlatoani ('el que habla').

Después de la formación de la Triple Alianza, el modelo político mexica se asentó definitivamente como una monarquía electiva. Un consejo se encargaba de elegir al huey tlatoani, el cual, ya elegido, le daban facultades absolutas y sin restricción. Sin embargo, se sospecha que un huey tlatoani, Tízoc, fue envenenado por el consejo, por ser considerado inepto y débil. Es destacable que factores religiosos y cosmogónicos incidan en la formación de un gobierno tripartita como el de la Triple Alianza (donde México-Tenochtitlan llevaba el mayor poder y la mayor parte proporcional de tributos) luego de la derrota del poderío tepaneca y el sometimiento del altepetl de Azcapotzalco, ya que no fue la primera vez en formarse gobiernos de ese tipo.

Al momento de gobernar Moctezuma Xocoyotzin tributaban otros 38 altépetl (según el Códice Mendoza), en donde el tributo era el elemento central de sometimiento así como la cesión de tierras donde trabajaban labriegos de paga (mayeques) y el producto obtenido iba directamente al tlatoani; la aceptación de la deidad principal mexica, el suministro de hombres a los contingentes militares, el avituallamiento de los mismos al paso hacia una campaña de conquista y dirimir asuntos políticos y jurídicos en Tenochtitlan. Por ello es impreciso hablar de un imperio, dado que Tenochtitlan no buscaba una extensión geográfica per se o una unidad estatal o nacional sino un mayor allegamiento de recursos y obediencia al huey tlatoani. Fueron los más los altepetl que prefirieron tributar en lugar de recibir una expedición militar que quemara su templo principal y arrojara su deidad por las escalinatas (símbolo incluso representado iconográficamente en los códices de sometimiento de un altepetl).

En los altepetl más importantes residía además un calpixque o recaudador que centraba su actividad en la tributación. Los altepetl que aceptaban de forma expresa el dominio mexica les era permitido mantener sus formas y organizaciones administrativas y políticas así como deidades siempre y cuando fueran debajo de Huitzilopochtli. Solo en regiones importantes, de contención a otras etnias o donde había una rebelión abierta residían funcionarios mexicas con atribuciones de tlatoanis. Por más de 50 años y hasta la tasación hecha por el oidor Valderrama esta estructura se mantendrá con pocos cambios en los pueblos indígenas del centro de la Nueva España.

Ciudad

Escultura que rememora el momento en que los mexicas encontraron la señal para la fundación de su ciudad (Tenochtitlán) dada por Huitzilopochtli. La escultura se encuentra en la Ciudad de México.

Originalmente, Tenochtitlan fue construido en un pequeño islote en el lago de Texcoco primitivo que de forma sucesiva fue ampliado artificialmente hasta quedar unido a los islotes de Tlatelolco, Nonoalco, Tultenco y Mixhuca, mediante una ingeniería hidráulica de rellenos, pilotes y canales internos, así como diques contenedores de aguas y puentes hasta alcanzar unos 13.5 kilómetros cuadrados. No existe un consenso sobre la población de Tenochtitlan, la mayor parte de los historiadores dan un valor conservador entre 80,000 a 230,000 habitantes, más grande que la mayor parte de las ciudades europeas de su época, Constantinopla (con 200,000 habitantes), París (con 185,000) y Venecia (con 130,000). Otros historiadores dan otras estimaciones: Eduardo Noguera, basándose en mapas antiguos, calcula 50,000 casas y 300,000 habitantes; Soustelle calcula 700,000 habitantes al incluir la población de Tlatelolco y la de las isletas y ciudades satélites de la zona. Tlatelolco originalmente era una ciudad independiente del poder mexica, pero eventualmente fue sometida y convertida en un suburbio de Tenochtitlan.

Organización política

Instituciones de gobierno

La autoridad suprema en la ciudad de México-Tenochtitlan era un tlatoani (en náhuatl tlahtoani 'orador'). El "imperio mexica" llamado por sus súbditos Triple Alianza fue inicialmente una alianza militar de tres ciudades: Texcoco, Tlacopan y Tenochtitlan. Al frente de cada una de estas había un tlatoani que era la máxima autoridad en esa ciudad. Con el paso del tiempo la ciudad de Tenochtitlan fue prominente y de hecho las otras dos pasaron a estar sometidas de facto a las órdenes del tlatoani de Tenochtitlan que por eso se denominó huēy tlahtoani ('gran orador') para señalar su posición por encima de los otros dos. Este es el cargo al cual la historiografía europea llama "emperador mexica".

Todos los puestos de tlatoanis (náhuatl tlahtoqueh o tlahtoanih) eran cargos hereditarios. Además de los tlatoanis existían los "nobles" (náhuatl pīpiltin) con muchos de los cuales el tlatoani tenía relaciones de parentesco. A esa clase pertenecía frecuentemente la esposa del "emperador". El resto de la sociedad estaba formada por guerreros, sacerdotes y los plebeyos (náhuatl macehualtin)

Aspectos culturales

Religión

Escultura mexica de un hombre sosteniendo un fruto del árbol del cacao.

La religión mexica fue la síntesis de las creencias y tradiciones milenarias de los antiguos pueblos mesoamericanos, de una complejidad que implicaba la existencia misma, la creación del universo y la situación del ser humano respecto a lo divino, ligada estrechamente a la agricultura y a la lluvia. El concierto humano tenía en la naturaleza divina su razón de ser e implicaba diversos conceptos, de los que los mexicas fueron los herederos de un núcleo religioso mesoamericano construido a lo largo de muchos siglos.

Según lo expuesto por el estudioso Alfredo López Austin, en la concepción mesoamericana la materia se integraba de una parte animada — visible, tangible — y otra con una carga interna con dos fuerzas, una luminosa, caliente y seca y otra oscura, fría y húmeda, semejante a la noción del cosmos (que sintetizaba una creencia cosmogónica en que la parte luminosa era la bóveda celeste hasta el sitio donde habitaba el sol — de característica masculina/paterna, productora de lluvia fecunda — y la oscura con el inframundo — femenina/materna receptora de la lluvia fecundadora y sitio de la concepción humana y natural). Los dioses estaban integrados de forma variada por esas dos materias y mantenían una comunicación constante con los humanos, los que podían llegar a "alojar" en los cuerpos mundanos de forma intensa (convirtiendo al ser habitado en el dios mismo, como en las fiestas en que sacrificaban a un noble que era habitado por Xipe Tótec) o de forma ligera provocando perversiones o virtudes.

Estas fuerzas impregnaban todo lo habitado en la Tierra y su equilibrio caracterizaba el orden micro y macrocósmico, que debía ser mantenido. En el caso mexica, una sólida élite sacerdotal detentaba el poder de comunicación y de equilibrio como forma de sometimiento ideológico con el grueso de la población, neófita en las explicaciones cosmogónicas. Las fiestas religiosas tenían como fin equilibrar la voluntad creadora frente a la destructora o nociva y así garantizar la continuidad de los ciclos, desde el vital hasta el agrícola. Fue hasta los pueblos del Posclásico que la combinación de estas creencias junto a la de la necesaria renovación vital y reciclaje de las fuerzas vitales tuvo en la sangre humana la expresión viva del ritual de la continuidad. Por ello, se realizaban sacrificios ya fuera a los humanos invadidos de las fuerzas divinas y que eran inmolados con el fin de la renovación de los poderes de los dioses «humanizados» o en la búsqueda del alimento (el agua preciosa o atl-tlachinolli) vital para el aseguramiento del tránsito celeste. A partir de la reforma de Tlacaélel, se concretó la creencia para los mexicas de que la sangre era el alimento de Tonatiuh, el cual era transportado por el cielo en dos enormes serpientes. Esta creencia tiene su representación en la Piedra del Sol. En relación con esto cabe mencionar que las elites política, religiosa y militar practicaban la antropofagia ritual con las víctimas de los sacrificios.

Quetzalcóatl era un dios antiguo, anterior a los mexicas del cual hay diferentes versiones: Para algunos era el creador del hombre, mientras que para otros era un dios civilizador. El mito de Quetzalcóatl es muy interesante para entender la reacción de los mexicas ante la llegada de los conquistadores. Este dios también es conocido como el dios del viento bajo el nombre de Ehécatl, que es una de sus formas, y otra de sus formas es la de dios del agua y dios de la fertilidad. Quetzalcóatl es considerado hijo de la diosa virgen Coatlicue y hermano gemelo del dios Xólotl. Como introductor de la cultura, él trajo al hombre la agricultura y el calendario, y es patrón del las artes y de los oficios. En un mito mexica el dios Quetzalcóatl permitió ser seducido por Tezcatlipoca, pero se arrojó a sí mismo a una pira funeraria lleno de arrepentimiento. Tras su muerte su corazón se convirtió en el lucero de la mañana, y como tal es vinculado con la divinidad Tlahuizcalpantecuhtli. En cualquier caso, este dios, descrito como un ser de rostro blanco y barbado, era un dios pacífico y civilizador, opuesto a los sacrificios humanos, que intentó detener esta práctica ritual. Al fracasar en su propósito, emigró hacia el este, prometiendo que un día regresaría en un año determinado de la cuenta mexica. Esto afectó en la actitud de los mexicas antes de la llegada de los primeros españoles (Hernán Cortés).

Templo Mayor

Chac Mool encontrado en las ruinas del Templo Mayor.

En el centro de la ciudad se encontraba el Templo Mayor, un recinto amurallado (con un muro en forma de serpiente, coatepantli) donde se encontraban los principales templos y la Casa de los jóvenes (telpuchcalli). Cerca de ahí se encontraba el palacio de Axayácatl, que disponía de 100 habitaciones con baño propio para los visitantes y embajadores. Fue ahí donde se alojaron los hombres de Cortés, junto con sus aliados tlaxcaltecas.

El palacio de Moctezuma tenía varios anexos. Uno de ellos era la casa de las fieras: dos recintos donde se cuidaban animales de gran parte de Mesoamérica. Un recinto estaba dedicado a las aves de rapiña y el otro a una gran variedad de animales, que incluía aves, reptiles y mamíferos. Alrededor de 300 personas estaban encargadas del cuidado de los animales. Existía también un jardín botánico dedicado especialmente a las plantas medicinales. Otra sección era una especie de acuario, que contenía 10 estanques de agua salada y 10 estanques de agua dulce para peces y aves acuáticas.

Los canales se cruzaban por puentes de madera que de noche eran removidos. Fue tratando de cruzar estos canales de noche que los invasores perdieron la mayor parte del oro que habían robado del palacio de Moctezuma. El trazo de los canales aún se conserva en el trazo de algunas avenidas de la actual Ciudad de México como México-Tacuba, Calzada del Tepeyac o Calzada de Tlalpan.

Artes

El pueblo mexica fue un buen pueblo escultor ya que podían realizar esculturas de todos los tamaños en las que plasmaban temas religiosos o de la naturaleza. Captaban la esencia de lo que querían representar y luego realizaban sus obras con todo detalle. En las esculturas más grandes solían representar dioses y reyes. Las más pequeñas las utilizaban para representaciones de animales y objetos comunes. Los mexicas utilizaron la piedra y la madera y a veces decoraban las esculturas con pintura de colores o incrustaciones de piedras preciosas.

La música, canto y danza acompañaba a todas las ceremonias de carácter religioso, los matrimonios, los funerales, los sacrificios, las de carácter político como la ascensión de un nuevo dirigente, las de carácter guerrero e incluso las festividades relacionadas con los ciclos calendáricos. Los bailes religiosos se realizaban en los patios de los templos. Algunos instrumentos musicales usados son Teponaztli, Tecomapiloa, Omichicahuaztli, Huehuetl, Coyolli, Chililitli, Chicahuaztli, Cacalachtli, Ayotl, Ayacahtli, Tetzilacatl, Ayoyotes.

La relación de los astros y cielos

Sin ninguna duda los tres Astros que a los mexicas les llamaban más la atención son: el sol, la luna y el planeta, por ello dichos astros han provocado grandes creencias y mitos. Por un lado creían que la Luna (metate) era un dios que se había sacrificado y por otro que era el hijo de Tláloc. Penaban que las manchas que se ven vagamente decían que era un conejo quienes las hacían. De igual manera le atribuían la muerte y la reavivación de su entorno, (por ejemplo: La vegetación, la menstruación, etc.) Debido a la manera en que “desaparecía” y “reaparecía”. La metate representaba la feminidad, la fecundidad, la vegetación y también la embriaguez, teniendo como símbolo tecciztlì (el caracol marino) que a su vez es el símbolo del aparato reproductor femenino. Al producirse un eclipse pensaban que la luna moría, (por ello era un dios sacrificado), y lo representaban como una diosa en oposición al Sol (astro masculino). En la antigua Teotihuacan sacrificaban hombres al Sol y mujeres a la luna. En cierto aspectos la luna está relacionada con el agua, en los manuscritos se halla representada en una forma de recipiente en forma de media luna llena de agua destacando sobre esta la silueta del conejo

Las diosas (como la del agua) no tienen pocos atributos en común, particularmente en sus vestiduras. Los dioses de la embriaguez (siendo varios, ya que hay varias formas de embriagarse) como el del “pulque” se consideraban divinidades lunares, ya que se le consideraba la causante de cosechas abundantes, convirtiendo a los dioses de la embriagues dioses de las cosechas abundantes y la protección de banquete, verdaderos festivales de bebidas para celebrar a la abundancia. Se les llamaba Centzon Totochtin, los "cuatrocientos conejos”, sin embargo la analizar sus nombres nos percatamos que se refieren a nombres de un pueblo, (p. eje. Tepoztlán, poblado nahua del valle de Cuernavaca), esto se explica ya que eran agrupados pequeños dioses locales para cada cosecha y festejo. Sin duda alguna el más importante de los cuatrocientos conejos era Ometochtli “Dos-conejo”. Estos dioses eran tan importantes que varios himnos religiosos estaban consagrados a ellos. Al comparar lo dicho previamente sobre el Sol y la Luna, se puede notar bajo ambos Astro las características de la pareja primordial, el fuego (sol) y la Tierra (luna); la muy antigua dualidad representada en el Cielo.

Venus

El planeta Venus era llamado Hueycitlalin (la gran estrella). En su aspecto de dios (véase Deidad) era Tlahuizcalpantecuhtli. Diversos manuscritos representan a dicho dios como un arquero. Era temido como causante de enfermedades y para evitarlas se tenía cuidado de reparar las fisuras de las casas y cerrar toda abertura en ellas cuando Venus se dirigía a ascender por el horizonte. En otro aspecto el dios Tlahuizcalpantecuhtli aparece con el disfraz de fúnebre del dios de la muerte, Mictlantecuhtli, con el rostro cubierto con una máscara en forma de cabeza de muerto. Con este disfraz además de recibir las características de dios dador de enfermedades y de malos augurios, recuerda que Venus ha nacido de la muerte de Quetzalcóatl. Después del sacrificio, Quetzalcóatl , convertido en Tlahuizcalpantecuhtli , pasó cuatro días en el infierno del Norte, el dominio de Mictlantecuhtli. Aquí se re encuentra el tema de la muerte y del renacimiento, del viaje al país de la muerte que une a las tres personalidades de Quetzalcóatl -Xólotl-Tlahuizcalpantecuhtli La observación del movimiento de Venus cobró gran importancia en la Astronomia y en la Cronología indígena. Setenta y cinco años venusinos son equivalentes a 104 años solares, a este periodo es llamado huehuetiliztli (vejéz). Por otra parte, los años venusinos se contaban en grupos de cinco (equivalentes a 8 años solares); el primer año de cada grupo pertenecía al Este, el segundo al Norte, el tercero al Oeste, el cuarto al Sur y el quinto al centro. Es por ello que Tlahuizcalpantecuhtli es representado siempre con el rostro pintado con cinco grandes puntos blancos, dos sobre cada mejilla y uno en la nariz. Los antiguos mexicanos distinguían y conocían numerosas Constelación. Observaban especialmente el movimiento de las Pléyades cada fin de “siglo”, es decir cada 52 años. Su importancia radica en que si ese movimiento continuaba a media noche, el mundo no perecería aún durante el siguiente periodo de 52 años. La Osa Mayor es representada por Tezcatlipoca, a quien se le muestra con una pierna que le falta un pie, el cual se decía que había sido devorado por el monstruo terrestre: es la última estrella de la “cola” de la Osa Mayor, que en la latitud mexicana desaparece bajo el horizonte “devorada por la tierra” durante una parte del año. Tezcatlipoca también es el todo el cielo nocturno donde la obscuridad es la soberana, sintetiza el lado sombrío y obscuro de la naturaleza. El mismo dios-hechicero observa en su espejo de Obsidiana como se desarrollan todos los acontecimientos del mundo. En forma general, todos los cuerpos celestes secundarios se dividían en dos grupos opuestos: los Centzon Mimixcoa al Norte y los Centzon Huitznáhuac al Sur. Las “Cuatrocientas Serpientes de Nubes” , pequeñas divinidades septentrionales, rondan la gran estepa de los cactos; los “Cuatrocientos Meridionales” son hermanos de Huitzilopochtli, a los que dio muerte al nacer.

Los trece cielos

Los aztecas tenían una estructura básica del Universo, como ya se mencionó todos los cuerpos Celestes se dividen en dos grupos opuestos: Los Centzon Mimixcoa al Norte y los Centzon Huitzonahua al Sur, las cuatrocientas serpientes o cuatrocientos meridionales, es decir, las innúmeras estrellas, y de Coyolxauhqui, la Luna, quienes eran hermanos de Huitzilopochtli a los que dio muerte al nacer. A los planetas se les llamaba Tonacatecuhtli (Dios de la vida). Y se reconocen trece cielos (se fijó en trece el número de cielos porque es el gran número supremo del calendario), que estaban conformados de la siguiente manera:

Ilhuícatl-Meztli: el de las estrellas.

Ilhuícatl-Tetlalíloc: Está habitado por los Tzimime quienes son demonios celestiales o estrellas femeninas que intentan impedir que el sol nazca durante los eclipses.

Ilhuícatl-Tonatiuh: Se encuentran Tezcatlipoca (Dios de la noche y todas las cosas materiales) y los encargados de guardar los cielos.

Ilhuícatl-Huitztlán: Están las almas de los guerreros sacrificados que se transforman en aves preciosas.

Ilhuícatl-Mamaloaco: El de las serpientes de fuego (los cometas)

Ilhuícatl-Yayauhco El cielo donde se encuentran los vientos en número cuatro una para cada punto cardinal.

Ilhuícatl-Xoxoauhco: El que muestra su rostro en el día.

Ilhuícatl-Nanatzcáyan: Donde crujen los cuchillos de obsidiana.

Ilhuícatl-Teoiztac: Región del blanco.

Ilhuícatl-Teocozáuhco: Región del amarillo.

Ilhuícatl-Teotlatláuhco: Región del rojo.

Ilhuícatl-Teteocán: Es el lugar donde los dioses toman rostros.

Ilhuícatl-Omeyocán: Residencia de Ometeotl, señor de la Dualidad. Esto se traduce, el Sol nacido de un sacrificio atraviesa el cielo de Este a Oeste, con su cortejo masculino y femenino, pasando por el medio día donde reina, llega al Oeste y se hunde en la morada de los muertos, donde el mundo queda entregado a las potencias temibles del crepúsculo y a las flechas de Tlahuizcalpantecuhtli, solo la luna brilla como símbolo de fertilidad y sobre la cumbre del universo reina la vieja pareja primordial.[3]

Investigadores y estudiosos

Siglo XVI
Fray Bernardino de Sahagún, Fray Toribio de Benavente ("Motolinia"), Fray Diego de Durán, Fray Juan de Torquemada.
Siglo XVII
Hernando de Alvarado Tezozómoc, Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, Diego Muñoz Camargo, Francisco de San Antón Muñón Chimalpahin, Juan Bautista Pomar, Carlos de Sigüenza y Góngora
Siglo XVIII
Lorenzo Boturini Benaducci, Francisco Xavier Clavijero.
Siglo XIX
Alfredo Chavero, Manuel Gamio, Edward King Kinsborough, Antonio León y Gama, Manuel Orozco y Berra, Francisco del Paso y Troncoso, Antonio Peñafiel..
Siglos XX y XXI
Robert Barlow, Frances Berdan, Ignacio Bernal, Woodrow Borah, Pedro Carrasco, Alfonso Caso, Víctor Manuel Castillo Farreras, Marco Antonio Cervera Obregón, Charles E. Dibble, Justino Fernández, Enrique Florescano, Ángel María Garibay Kintana, Ross Hassig, Joaquín Galarza, Paul Gendrop, Charles Gibson, Serge Gruzinski, Wigberto Jiménez Moreno, Friedrich Katz, Yuri Knorosov, Patrick Johansson, Miguel León-Portilla, James Lockhart, Alfredo López Austin, Leonardo López Luján, Ignacio Marquina, Eduardo Matos Moctezuma, Federico Navarrete Linares, Eduardo Noguera, Ángel Palerm, Esther Paztory, William T. Sanders, Laurette Séjourné, Eduard Georg Seler, Leonard Schultze-Jena, Michael E. Smith, Felipe Solís, Jacques Soustelle, Tzvetan Todorov, Paul Westheim.

Véase también

Referencias

  1. F. Karttunen (1983): An analytical dictionary of Nahuatl, University of Texas Press, Austin, p. 145, ISBN 0-8061-2421-0.
  2. El término "mexica" deriva del autónimo usados realmente por el pueblo al que se refiere, mientras que el término azteca deriva del mito de Aztlán en gran parte legendario, y no era un término usado usualmente por los antiguos pobladores de México para referirse a sí mismos.
  3. El Universo de los Aztecas Soustelle, Jaques; 1982 Editorial: Fondo de Cultura Económica, México. ISBN 968-16-1578-6

Fuentes primarias

Estudios generales

Estudios especializados

  • Batalla Rosado, Juan José & de Rojas, José Luis. La religión azteca. Madrid: Editorial Trotta, 2008. ISBN 978-84-8164-935-2
  • Garibay, Ángel. Teogonía e Historia de los mexicanos. Ed. Porrúa 1965.
  • Gillespie, Susan. Los reyes aztecas. Ed. Siglo XXI. 1994
  • Herrs, Marie Areti. Los toltecas en tierras chichimecas. UNAM. 1989.
  • López Austin, Alfredo. Tamoanchan y Tlalocan. FCE. 1994.
  • —, y López Luján, Leonardo. El Pasado Indígena. FCE. 1996.
  • —, y López Luján, Leonardo. Mito y Realidad de Zuyuá. FCE. 1998.
  • Santamarina Novillo, Carlos. El sistema de dominación azteca: el Imperio Tepaneca. Fundación Universitaria Española, Madrid 2006.
  • Solar Valverde, Laura (Ed.) El fenómeno Coyotlatelco en el centro de México. Conaculta/INAH 2006.
  • García Blanco, Saúl. La Educación Física entre los Mexica Gymnos 1997

Enlaces externos