Teatro romano de Mérida

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Conjunto arqueológico de Mérida
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Nombre descrito en la Lista del Patrimonio de la Humanidad.
Merida Roman Theatre1.jpg
Teatro romano de Mérida.
Coordenadas 38°54′55.08″N 6°20′19.11″O / 38.9153000, -6.3386417
País Bandera de España España
Tipo Cultural
Criterios iii, iv
N.° identificación 664
Región Europa y América del Norte
Año de inscripción 1993 (XVII sesión)
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El Teatro romano de Mérida es un teatro histórico levantado por la Antigua Roma en la colonia Augusta Emerita, actual Mérida (España). Su creación fue promovida por el cónsul Marco Vipsanio Agripa y, según fecha inscrita en el propio teatro, su inauguración se produjo hacia los años 16—15 a. C. «Príncipe entre los monumentos emeritenses», como lo denominó José Menéndez-Pidal, arquitecto que dirigió su reconstrucción desde 1964,[1] el teatro es Patrimonio de la Humanidad según la Unesco como parte del Conjunto arqueológico de Mérida.

El teatro ha sufrido varias remodelaciones, la más importante hacia el año 105, en época del emperador Trajano, cuando se levantó el actual frente escénico, y otra en época de Constantino I, entre los años 333 y 335. El teatro fue abandonado en siglo IV d. C. tras la oficialización en el Imperio romano de la religión cristiana, que consideraba inmorales las representaciones teatrales. El edificio fue cubierto de tierra y durante siglos su única parte visible fue la summa cavea, las gradas superiores, que fueron bautizadas por los emeritenses «Las Siete Sillas». Las excavaciones arqueológicas en el edificio comenzaron a principios del siglo XX y desde 1933 el teatro alberga la celebración del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. En 2007 el teatro fue nombrado uno de los 12 Tesoros de España.[2]

Historia[editar]

Fotografía del teatro romano de Mérida antes de su excavación, tomada por J. Laurent en el siglo XIX. Solo son visibles las ruinas de la summa cavea, llamadas popularmente «Las siete sillas».

La construcción de teatros en la Antigua Roma respondía más a intereses políticos que a los gustos del pueblo romano, que prefería acudir al circo a ver carreras de carros y al anfiteatro a ver combates entre gladiadores y animales.[1] Desde el teatro la autoridad realizaba una eficiente propaganda de ella misma y del modo de vida romano, tanto a través de la majestuosidad del edificio y su decoración como de los mensajes que desde su escenario se podían transmitir. El teatro emeritense, promovido por el cónsul Marco Vipsanio Agripa, se inauguró entre los años 16 y 15 a. C., según se deduce de las inscripciones situadas sobre las puertas de acceso a la orchestra.[3]

El uso del edificio durante varios siglos hizo necesarias algunas reformas. Así, hacia el año 105 se levantó el actual frente de escena, que se volvió a reformar entre los años 333 y 335 junto con la vía que rodea el edificio.[3] Debido en gran medida a la implantación oficial del cristianismo en el siglo IV, religión que consideraba inmorales las representaciones teatrales, el edificio dejó de utilizarse y fue abandonado. Con el paso del tiempo algunas de sus partes se derrumbaron y otras se cegaron con tierra. Durante siglos únicamente fue visible la parte superior de su graderío con las bóvedas de los vomitorios hundidas, por lo que los habitantes de la ciudad creyeron ver siete grandes asientos, «Las siete sillas», donde según la leyenda se sentaban otros tantos reyes moros para deliberar sobre el destino de la ciudad.[4]

Las excavaciones del teatro comenzaron en 1910 dirigidas por el arqueólogo José Ramón Mélida. Con escasos medios y una metodología no del todo adecuada que ha impedido reconstruir la evolución del teatro desde su abandono hasta finales del siglo XIX, se exhumó la mayor parte del edificio, se documentaron numerosas columnas, cornisas, estatuas y otros materiales del edificio, sobre todo del frente escénico. No fue hasta los años 60 y 70 del siglo XX cuando se reconstruyó el frente escénico, bajo la dirección del arquitecto y arqueólogo José Menéndez Pidal y Álvarez. Desde 1933 alberga el desarrollo del Festival de Teatro Clásico de Mérida, actualmente Festival Internacional, con lo cual recupera su función original y trasciende el mero ornamento.

Descripción[editar]

Levantado siguiendo fielmente las reglas de los tratados de Marco Vitruvio, el edificio responde a un modelo típicamente romano, ya establecido anteriormente en las construcciones de Pompeya y Roma.

Gradas y orchestra[editar]

Gradas y orchestra del teatro romano.

El graderío (cávea) semicircular del teatro aprovecha la pendiente del cerro de San Albín. Con capacidad en su momento para 6000 espectadores, las gradas se dividen en tres zonas: ima cavea, media cavea y summa cavea, esta última muy deteriorada en la actualidad.[5]

La parte inferior, en la que se situaban las clases sociales más acomodadas, tiene veintidós filas de asientos y se subdivide en cinco sectores radiales (cunei) delimitados por escaleras y, a nivel horizontal, por un corredor (praecintio) que lo separa de las graderías superiores. Seis puertas en su parte superior dan acceso a un corredor semicircular cubierto por una bóveda anular que facilita la entrada y salida por dos puertas en sendos extremos.[5] Las caveas media y superior poseen cada una cinco filas de asientos y están sustentadas por un complejo sistema de arcos y bóvedas de cañón. En total, en el exterior trece puertas facilitaban el acceso y evacuación de los asistentes al teatro.[5]

La orchestra es un espacio semicircular pavimentado de mármoles blancos y azulados destinado al coro. Está rodeada de tres gradas de honor para las autoridades y separada del graderío por un antepecho de mármol, del cual se conserva un fragmento. En su frente hay un murete que alterna tramos rectos y curvos y la separa del escenario.[5]

Escenario[editar]

Frente de escena del teatro.

El proscenio rectangular, el escenario o pulpitum, estaría pavimentado de madera en la Antigüedad y cuenta con varios orificios en el suelo que originalmente servirían para colocar los mástiles del telón y demás infraestructuras escénicas. El frente de la escena (scaenae frons) es la parte más espectacular y característica del teatro. Tiene 7,5 m de anchura, 63 de longitud y 17,5 de altura total; está formado por un basamento de sillares recubiertos de mármol rojizo sobre el que reposan dos cuerpos de columnas de orden corintio que combinan el mármol de vetas azuladas de sus fustes con el blanco de basas y capiteles. Estas columnas sustentan un entablamento con arquitrabe, friso y cornisa ricamente decorados. Un gran muro revestido de mármol cierra la parte trasera de la escena. La decoración de esta parte se completa con la disposición de esculturas entre las columnas —cuyos originales se custodian en el cercano Museo Nacional de Arte Romano— de los dioses Ceres, Plutón, Proserpina y de otros personajes con togas y corazas que se han interpretado como retratos imperiales. Tres puertas permiten la entrada de los actores a escena, una central —valva regia— y dos laterales —valva hospitalia—. En los laterales y la parte posterior existen varias dependencias que eran usadas por los actores y por los técnicos de las representaciones.[6]

Inscripción monumental en el dintel de uno de los dos accesos a la orchestra del teatro de Augusta Emerita, dedicada a Marco Vipsanio Agrippa como cónsul por tres veces y en su cuarta potestad tribunicia.

Peristilo[editar]

Tras la escena se construyó una zona ajardinada de planta cuadrangular rodeada de columnas y pórticos, el peristilo, que se usaba como área de esparcimiento. Al fondo de este jardín, en eje con la puerta central de la escena, existe una pequeña sala dedicada al culto imperial, según se deduce del hallazgo de un retrato escultórico del emperador César Augusto ataviado como Pontifex Maximus. En la esquina norte del peristilo, elevadas sobre el nivel del jardín, están las letrinas, y al oeste los restos de una casa construida tras el abandono del teatro. Esta residencia cuenta con un patio rodeado de columnas y pilastras y varias habitaciones, algunas rematadas con forma de ábside y la mayor de todas con pinturas murales que representan figuras humanas a tamaño natural.[7]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

  • Barroso, Yolanda; Morgado, Francisco (1996). Mérida, Patrimonio de la Humanidad. Conjunto monumental. Mérida: Consorcio de la Ciudad Monumental Histórico-Artística y Arqueológica de Mérida (Depósito legal: BA-335-1996). 

Enlaces externos[editar]