Taller de trabajo esclavo

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Un taller de trabajo esclavo en Chicago, Illinois en 1903.

Un taller de explotación laboral (refiriéndose mayoritariamente a las maquilas) es una fábrica, generalmente en un país en vías de desarrollo o del tercer mundo, y especialmente en Asia, donde la gente trabaja por sueldos muy bajos (el equivalente a 3 euros al día, o unos pocos céntimos la hora), manufacturando ropa, juguetes, calzado y otros bienes de consumo.

Tipos[editar]

El término taller de trabajo esclavo connota una fábrica en la que los trabajadores están sometidos a un entorno duro, con ventilación inadecuada, sujetos ocasionalmente a abusos físicos, mentales o sexuales, a condiciones de trabajo peligrosas para la salud o a horarios de trabajo extraordinariamente largos.

Algunos talleres de explotación laboral son propiedad de corporaciones multinacionales, pero otros son compañías locales que producen bienes para corporaciones extranjeras. Las corporaciones actúan generalmente a través de un proceso de subcontratas, con lo que no son propietarios directos del taller, pero emplean a la organización menor que es la propietaria y se encarga de la producción.

Algunas compañías han sido acusadas de usar a niños en los talleres de trabajo esclavo de sus subcontratas. Algunos países en los que se alojan estos talleres prohíben (o reprimen por la fuerza de las armas) la práctica del sindicalismo, lo que dificulta las protestas de los trabajadores.

Otra forma de taller de explotación laboral es la que se da clandestinamente, también en los países desarrollados, al existir compañías o particulares que emplean trabajadores sin permiso legal para trabajar, pagándoles un sueldo por debajo de la media local, y sin declarar su presencia ante las autoridades locales de trabajo y de seguridad social. Estos trabajadores suelen ser inmigrantes ilegales. Este hecho genera la llamada economía subterránea, que en algunos países desarrollados llega a alcanzar un porcentaje elevado en comparación a la economía formal. Dicha forma de trabajo da lugar al lavado de dinero por parte del contratante.

Historia[editar]

Los talleres de explotación laboral no son un fenómeno nuevo. Los Estados Unidos y Europa, en el siglo XIX y principios del XX, vieron talleres que ofrecían trabajo a los inmigrantes y a los trabajadores de baja cualificación. Los sindicatos y las nuevas leyes y regulaciones laborales terminaron forzando a los empleadores a mejorar la seguridad y las condiciones de trabajo, y a subir los sueldos.

Crítica[editar]

Negativa[editar]

Algunos sindicatos, como el AFL-CIO, han ayudado al movimiento contra estos talleres, tanto por un interés filántropico en el bienestar de los trabajadores más desfavorecidos como por propio beneficio. Como los productos producidos en los talleres de explotación laboral son más baratos que los producidos en las fábricas de Estados Unidos o Europa, los sindicatos piensan que esto puede ocasionar que sus miembros pierdan sus trabajos.

Acabar con el trabajo esclavo es uno de los objetivos del movimiento anti-globalización, que ha acusado a muchas compañías (como Walt Disney, The Gap y Nike) de hacer uso de este tipo de talleres. Los activistas de este movimiento indican que el proceso de globalización neoliberal favorece los abusos corporativos a los "trabajadores esclavos". Adicionalmente, argumentan que la producción con sueldos bajos en los países desfavorecidos es responsable de la pérdida de empleos en los países del Primer Mundo.

Los artículos 22, 23, 24 y 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, entre otros, tratan sobre la materia.

Positiva[editar]

Aquellos que defienden la práctica de trasladar la producción a zonas de bajos sueldos apuntan a un coste de vida inferior como explicación de los sueldos bajos, y argumentan que sus operaciones benefician a la comunidad, al proveerles de empleos, algo que la comunidad necesita. Aun así, algunas compañías se han plegado a la presión pública y han reducido su dependencia de este tipo de talleres.

De hecho, estudios recientes muestran que las fábricas en el tercer mundo pueden mejorar las condiciones de trabajo en los países en vías de desarrollo, y ofrecen un sueldo superior al que tendrían disponible en su ausencia.

Algunas compañías dan publicidad al hecho de que sus productos no están hechos con trabajo esclavo, algunas organizaciones publican listas de compañías que pagan a sus trabajadores un sueldo justo.

Johan Norberg, un intelectual favorable al capitalismo, miembro del Cato Institute y autor del documental británico pro-globalización Globalization is Good (La globalización es buena, 2003), sostiene el siguiente ejemplo en defensa de los talleres de este tipo del tercer mundo:

[Después de oír las críticas] estaba interesado en oír a alguien que, no solamente elogiase los sweatshops [en español traducido como "talleres de trabajo esclavo" o semiesclavo] de Nike, sino que además proclamase que Nike es un ejemplo de negocio bueno y responsable. [Cuando lo encontré], ese "alguien" resultó ser el Partido Comunista de Vietnam, que es el que gobierna ese país. [...] La verdad es que el trabajo parece duro, y las condiciones de trabajo sombrías, si comparamos las fábricas vietnamitas con las fábricas de nuestro país. Pero esa no es la comparación que hacen estos trabajadores. Ellos comparan el trabajo en Nike con la forma como vivían antes, o la forma en la que todavía trabajan sus parientes o vecinos. Y los hechos son reveladores. La paga media en una fábrica de Nike cercana a Ciudad Ho Chi Minh [antigua Saigón] es de $54 al mes, casi tres veces el salario mínimo para una empresa de propiedad estatal [en Vietnam]. Hace 10 años, cuando Nike se estableció en Vietnam, los trabajadores tenían que caminar hasta las fábricas, a menudo muchas millas. Después de tres años de salarios de Nike, pueden permitirse bicicletas. Después de otros tres años pueden permitirse ciclomotores, [...] hoy en día, los trabajadores más antiguos pueden permitirse comprar un automóvil.

Los críticos contraargumentan sosteniendo que los que defienden este tipo de argumentos suelen obviar la cuestión de que la entrada de multinacionales subsidiadas por su países de origen en los mercados de los países del tercer mundo lleva a:

  1. La destrucción de las economías locales al no poder hacer frente a la competencia (esto en algunos ámbitos académicos se denomina competencia desleal y deterioro de los términos de intercambio).
  2. La pérdida de empleos y subsiguiente proletarización de la población local.

De tal manera que, critican, se propone como solución a la pobreza lo que no es más que la propia causa.

Bibliografía[editar]

  • Lieutier, Ariel (2010). Esclavos. Los trabajadores costureros de la ciudad de Buenos Aires. Buenos Aires: Retórica Ediciones. 

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

En español:

Contra los sweatshops:

A favor de los sweatshops:

En inglés: