Sustancia placebo

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Cuatro placebos

Un placebo es una sustancia farmacológicamente inerte que se utiliza como control en un ensayo clínico. El placebo es capaz de provocar un efecto positivo a ciertos individuos enfermos, si éstos no saben que están recibiendo un medicamento falso y que creen que es uno verdadero. Esto se denomina efecto placebo y es debido a causas psicológicas.

Importancia biomédica[editar]

La administración de placebos (del latín placēbō, “complaceré”, futuro indicativo de la primera persona del singular de placeō “Yo complazco”)[1] puede promover una mejoría o una curación. El porcentaje de éxitos dependerá siempre del tipo de enfermedad, de la personalidad del paciente y de la capacidad de sugestión del médico o cualquier otro medio. Los placebos poseen en la medicina práctica una importante misión, pero existe consenso en que deben cumplirse[cita requerida] dos condiciones relevantes para ser empleados fuera de los ensayos farmacológicos:

  • Cuando no es posible una farmacoterapia auténtica, y
  • Cuando existe el convencimiento que mediante este falso medicamento se efectúa una psicoterapia.

Observando las limitaciones indicadas no existe en principio objeción alguna frente al uso de placebos, pero debe tratarse de sustancias completamente inertes, que no posean acciones colaterales farmacodinámicas.[2]

No obstante, está claro que el efecto placebo no puede curar cualquier enfermedad. Un cáncer, por ejemplo, no es tratable con sólo placebos. Los efectos sólo se limitan a aliviar síntomas relativamente superficiales y no a curar realmente la enfermedad de fondo; a menos que desde el comienzo la enfermedad en cuestión no existiera y sólo se tratara de un desequilibrio psicológico (compensado luego también psicológicamente).

Lo contrario del efecto placebo es el efecto nocebo.

Composición y funcionamiento[editar]

El paciente no debe saber cuál de estas pildoras es de azúcar. La efectividad de las demàs depende de la diferencia de efecto con esta.

Normalmente los placebos utilizados profesionalmente suelen ser simplemente caramelo (azúcar) o sueros inocuos. Es decir, sin ningún compuesto activo. Sin embargo, cualquier sustancia puede actuar como placebo, incluso un vaso de agua pura. Por ejemplo, los críticos de la homeopatía muestran estudios que afirman que los remedios de la homeopatía no son más que simple agua.,[3] aunque también hay estudios que demuestran lo contrario.[4] Es decir, que el placebo suele ser un elemento partícipe en las discusiones sobre la eficacia de las medicinas alternativas en comparación con la convencional.

El componente principal de todo placebo es el psicológico pero las consecuencias son físicas, como por ejemplo en la desaparición del dolor. Es por tanto un efecto psicofísiológico. De acuerdo a los estudios de Irving Kirsch, una de las mayores autoridades en el estudio del placebo, funciona más con las expectativas que no con la sugestión como se pensaba antiguamente. Cuando un paciente recibe un placebo y piensa que se trata un medicamento real, su sistema nervioso generalmente reacciona segregando diversas substancias, entre ellas la dopamina, una sustancia química responsable de los efectos en el ánimo. Pero todavía se está investigando cual es la relación entre el placebo y los efectos físicos resultantes que aceleran una curación o la desaparición del dolor. De hecho, el factor psicológico se evidencia hasta tal punto que las pastillas de azúcar fabricadas en tamaños más grandes surten más efecto que las pequeñas, y las de colores vivos más efecto que las blancas.

Utilización[editar]

Ejemplo de placebo utilizado en investigación

Si una persona cree padecer una enfermedad, pero sus allegados tienen la certeza de que sólo se trata de una sugestión (producto de un desequilibrio psicológico como la hipocondría, por ejemplo), puede otorgársele un placebo. El paciente estará convencido de que tomó un medicamento real y sus aparentes síntomas desaparecerán. Sin embargo, dado que su cuadro psicológico no ha sido realmente tratado, lo más probable es que en el futuro resurja nuevamente la situación, con la misma enfermedad imaginaria u otra distinta. De modo que no se puede continuar a base de placebos toda la vida; tarde o temprano debería conseguir atención psicológica.

Se utiliza también en ensayos clínicos para poner a prueba si un medicamento es efectivo o no, de la siguiente manera. Se divide a un conjunto numeroso de pacientes con el mismo cuadro clínico en dos grupos. El primer grupo recibe el medicamento verdadero y el segundo (denominado grupo de control) recibe un placebo. Al comparar el resultado de ambos grupos, se establece si el medicamento verdadero realmente funciona o no.

Nótese que la clave reside en el grupo de control. Si sólo se utilizara un grupo para poner a prueba el medicamento, sin compararlo con el efecto de un placebo, el resultado no sería concluyente. Por ejemplo, si después de aplicar el medicamento se observara una mejoría del setenta por ciento de los pacientes, aun así el medicamento podría ser en realidad ineficiente; porque quizá si no hubiera sido administrado de todos modos habrían mejorado los mismos pacientes. Y a la inversa lo mismo; aun si sólo mejorara el diez por ciento de los pacientes el medicamento tal vez podría ser bueno, pues quizá si no se hubiera administrado habrían mejorado no el diez sino el tres por ciento.

En el ámbito médico[editar]

El placebo tiene una utilización bastante frecuente en hospitales. Se suministra por ejemplo como sustituto de analgésicos para que el paciente no sobrepase y respete las pautas de medicación en una situación de dolor. La reducción del dolor por el efecto placebo es uno de los efectos que más interesa a la comunidad científica, ya que los estudios demuestran ser capaz de sustituir en buena medida al efecto de los opiáceos.[5] Se piensa que los mecanismos neurológicos dependientes de la creación de expectativas estarían vinculados a la modulación del dolor.

Un estudio en el Reino Unido revela que el 97% de los médicos ha admitido haber dado al menos una vez algún tipo de placebo a sus pacientes, bien por petición del propio paciente o bien por iniciativa propia para tratar de tranquilizarlo. En concreto el 97% de los médicos ha usado tratamientos placebo «impuros» (como el uso de tratamientos no demostrados, análisis de sangre o exámenes físicos no esenciales), y el 12% placebos «puros» (pastillas de azúcar o inyecciones salinas que no contienen ingredientes activos).[6] [7]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. http://en.wiktionary.org/wiki/placebo
  2. García, Gerardo (1994). Historia de los fármacos, un ensayo (1ª edición). México; Monterrey, Nuevo León: CONALEP. pp. 25–26. ISBN. 
  3. «La homeopatía carece de base científica, según un informe del Parlamento británico». Diario El País. http://www.elpais.com/articulo/sociedad/homeopatia/carece/base/cientifica/informe/Parlamento/britanico/elpepusoc/20100223elpepusoc_3/Tes. 
  4. Improved clinical status in fibromyalgia patients treated with individualized homeopathic remedies versus placebo. Rheumatology (Oxford). 2004 May;43(5):577-82 http://rheumatology.oxfordjournals.org/cgi/content/full/43/5/577
  5. Ulrike Bingel1, y otros. The Effect of Treatment Expectation on Drug Efficacy: Imaging the Analgesic Benefit of the Opioid Remifentanil http://stm.sciencemag.org/content/3/70/70ra14.abstract
  6. «Los médicos también recetan placebo». 
  7. «La mayoría de los médicos admite haber dado placebo alguna vez a sus pacientes».