Suicidio

De Wikipedia, la enciclopedia libre
(Redirigido desde «Suicida»)
Saltar a: navegación, búsqueda
Suicidio
Edouard Manet 059.jpg
El suicidio, de Edouard Manet (óleo, 1877)
Clasificación y recursos externos
CIAP-2 P77
MedlinePlus 001554
Wikipedia no es un consultorio médico Aviso médico 

El suicidio[1] es el acto por el que un individuo, deliberadamente, se provoca la muerte.[2]

Se estima que las dos terceras partes de quienes se quitan la vida sufren depresión[3] y que los parientes de los suicidas tienen un riesgo más elevado (hasta cinco veces más) de padecer tendencias al respecto.[4] Los padecimientos psíquicos se encuentran presentes en 9 de cada 10 casos de suicidio; entre ellos, aparte de la depresión se encuentran también los trastornos de ansiedad y las adicciones.[5]

El suicidio ocupa un lugar entre las primeras 10 causas de muerte en las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud. Se considera que cada día se suicidan en el mundo al menos 1 110 personas y lo intentan cientos de miles,Muchas religiones monoteístas lo consideran un pecado, y en algunas jurisdicciones se considera un delito. Por otra parte, algunas culturas, especialmente las orientales, lo ven como una forma honorable de escapar de algunas situaciones humillantes o dolorosas en extremo. Cuba no escapa a esta realidad y existe desde 1989 un Programa de Prevención de la Conducta Suicida cuyos objetivos principales son: evitar el primer intento suicida, su repetición y la consumación. Según los objetivos, propósitos y directrices del Ministerio de Salud Pública, [6]

Introducción[editar]

Para considerarse suicidio, la muerte debe ser un elemento carnal, y tiene que ser el fin a conseguir, y no solo una consecuencia casi imparable. Así, los mártires, los que se sacrifican por otros en caso de emergencias ni los soldados que mueren en una guerra son considerados suicidas, y en estos casos, los muertos no son proscritos por la ley. En el caso de que el suicidio tenga consecuencias legales, la ley recoge que debe haber prueba de intención de morir, así como la propia muerte para que el acto sea considerado un suicidio. Puede que dicho proceso sea costoso en caso de minusvalía y tenga que depender de alguien más, que entraría entonces en una dinámica de cómplice de suicidio. Según Guillon y Le Bonniec (1982) “el cómplice es todo aquel que, sin llevar a cabo personalmente los elementos constitutivos de la infracción imputable del autor, solamente ha facilitado o provocado la acción principal por medio de actuaciones de una importancia material secundaria: ayuda, suministro de medios o instigación”[7] figura del derecho penal donde sería posible una sanción penal.

La Psicología y la Psiquiatría se revelan como las principales ciencias de la salud para prevenir el suicidio.

El suicidio y la ley[editar]

En España la relación de terceros respecto al suicidio es discutida. El caso de no evitarse un suicidio, pudiendo hacerse, podría ser considerado como una omisión del deber de socorro, lo que está tipificado como delito en diversas legislaciones. Este hecho es justificado en que un intento de suicidio podría ser debido, por ejemplo, a un estado de locura transitorio, a un estado depresivo muy grave u otras situaciones análogas. No obstante, si el acto de suicidio se toma con el supuesto ejercicio pleno de las facultades mentales nadie podría impedirlo hipotéticamente, ya que lo contrario podría tratarse de un delito de coacción, que castigaría al que «sin estar legítimamente autorizado, impidiere a otro con violencia hacer lo que la ley no prohíbe» (art. 172 del CP). Hay que hacer notar, a este respecto, que el suicidio «es un acto que la ley no prohíbe», como ha señalado el Tribunal Constitucional de España. Aunque el Tribunal Constitucional Español señala que no existe en el ordenamiento jurídico de este país el «derecho al suicidio», «ello no impide, sin embargo, reconocer que, siendo la vida un bien de la persona que se integra en el círculo de su libertad, pueda aquélla fácticamente disponer sobre su propia muerte, pero esa disposición constituye una manifestación del agere licere, en cuanto que la privación de la vida propia o la aceptación de la propia muerte es un acto que la ley no prohíbe» (Fundamento Jurídico 7.º). En todo caso, inducir a otra persona para que cometa suicidio, o cooperar con actos necesarios en un suicidio o en una eutanasia sí que son delitos, aunque castigados con penas distintas (artículo 143 del CP).

De igual manera, en legislaciones como la chilena, el auxilio al suicidio es punible según señala el art. 393 del Código Penal: «El que con conocimiento de causa prestare auxilio a otro para que se suicide, sufrirá la pena de presidio menor en sus grados medio a máximo, si se efectúa la muerte». Aquí la muerte opera como condición objetiva de punibilidad; es decir, sólo será culpable la conducta en la medida que se verifique el resultado de muerte; y siendo así, incurrirá el autor en la pena señalada (541 días a 5 años).

No está de más mencionar que además hay leyes que protegen a las aseguradoras de vida. Según Guillon y le Bonniec (1982) “el seguro de vida en caso carece de efecto, si el acta de defunción del asegurado demuestra que el asegurado ha muerto por suicidio, a pesar de que algunas aseguradoras ignoran dicha ley y hacen el pago a los beneficiarios de todas formas”.[8]

Valoraciones del suicidio[editar]

Psiquiatría[editar]

El suicidio puede ser efecto de trastornos psiquiátricos, que comúnmente se acompañan de abatimiento, vacío emocional o ansiedad, como el Trastorno Límite de la personalidad, el trastorno bipolar, la esquizofrenia y todos los trastornos depresivos. En estos casos es, principalmente, la enfermedad lo que provoca el suicidio y no el análisis lógico del individuo. Antes que la acción, el suicidio comienza en el pensamiento. Ya sea por problemas personales y/o emocionales, las personas suicidas deben ser evaluadas como individuo para entonces entender el suicidio a nivel social. Estos individuos poseen un sentido de indefensión y desesperanza ante las situaciones que los afectan. Las personas suicidas exhiben algunas características tales como impulsividad, baja tolerancia a la frustración y son personas sin espíritu de lucha. Suelen ser pacientes más agresivos, exigentes, dependientes e insatisfechos que los demás. Teniendo en cuenta el perfil de la persona suicida se podrían prevenir algunos suicidios con psicoterapia, farmacoterapia y hospitalización en casos más graves. Los indicadores y comportamientos varían dependiendo de la persona. Según la cuarta versión de El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, los pensamientos recurrentes (no solo el temor a la muerte), ideación suicida recurrente sin un plan específico o una tentativa de suicidio o un plan específico para suicidarse son síntomas de personas con depresión mayor.

El proyecto suicida nunca es improvisado, aunque la realización a veces sea impulsiva. El suicida lo venía pensando desde tiempo antes, y en la mayoría de los casos se lo había comunicado a alguien con anterioridad. La idea de que alguien que habla de suicidarse no lo hará es falsa, toda amenaza debe ser tomada seriamente.[2]

Para algunos psiquiatras y psicólogos no existe un único factor desencadenante de un suicidio, sino que éste es una acción multideterminada por diversos factores intervinientes que al conjugarse se potencian.[2]

En un estudio realizado en Buenos Aires, con suicidas que tenían un historial de internaciones psiquiátricas, aparecieron como factores destacados:[2]

  • Aislamiento y soledad, con pérdida de apoyo y lazos sociales.
  • Presencia de conductas suicidas (fantasías, ideación, amenazas, intentos y/o equivalentes).
  • La heteroagresividad demostró ser una característica tan marcada como cualquier elemento depresivo (fantasías de homicidio, conductas agresivas y violentas hacia otros). Cuando la manifestación externa se ve bloqueada de alguna forma, estos impulsos destructivos se vuelven contra sí mismo.
  • Dificultades familiares serias (abandono, rechazo, etc.). Los familiares mostraron escasa empatía con el paciente, poca comprensión y conciencia de la situación de peligro y serias dificultades para contenerlo emocionalmente.
  • No evolución favorable de la enfermedad psiquiátrica (cronicidad).
  • Estados depresivos.

Todas éstas resultaron ser variables de altísimo potencial suicida pero en ningún caso la existencia de una sola fue suficiente para desencadenar un suicidio.

Existe mayor riesgo cuando los síntomas de ansiedad, insomnio, angustia, desesperanza o son acompañados por síntomas psicóticos e ideas delirantes paranaoides o melancólicas. En muchos casos el acto suicida se lleva a cabo luego de una engañosa mejoría de los síntomas ya que algunos se tranquilizan cuando ya tienen tomada la decisión.[2]

La idea de muerte puede surgir por muchos motivos diferentes:

  • Como expresión de pensamientos acerca de la inutilidad de la existencia y el vacío.
  • Como vía de escape para el sufrimiento emocional o psicológico.
  • Como escape a la tortura de los perseguidores internos en los cuadros paranoides.
  • Como deseo vengativo hacia otra persona, de control hostil del otro, de castigo del otro o una búsqueda de impacto en los otros.
  • Como el deseo de promover cambios en las actitudes o sentimientos de los demás, o buscar averiguar póstumamente si se es querido por los otros.
  • Como fantasía de evasión, de escaparse del conflicto, un deseo de liberación, una fantasía de paz eterna.
  • Como deseo de expiación por alguna culpa o pecado.
  • Como deseo de recomenzar una vida nueva acompañado por la creencia de renacer después de la muerte.
  • Como deseo de rehabilitación del prestigio y el honor con fantasías de gloria.
  • Como caída de la autoestima unida a una sensación de impotencia extrema después de una injuria narcisista.
  • Como búsqueda de tranquilidad.
  • Como deseo apasionado de reunión erótica con un objeto (persona amada) amado muerto.
  • Como deseos de reconquista o de reivindicación.
  • Como deseo de lograr el amor de un objeto (persona amada) vivo.
  • Como deseo de aniquilación del Yo.
  • Como deseo de conmover a otros o generarles culpabilidad o perjudicarlos de alguna manera y hacerlos sufrir.

Valoraciones morales cristianas y judías[editar]

La teología cristiana dice que para algunos[cita requerida] el suicidio consiste en «darse la muerte directamente a sí mismo»; y aclara que aunque ambas opiniones son semejantes, encierran matices distintos. Mientras que para los primeros el suicidio directo es siempre intrínsecamente malo, para los segundos el suicidio directo es siempre pecaminoso, y este lleva al alma de la persona a un lugar de tormentos llamado "infierno", pero el suicidio indirecto no lo es. Precisamente, debemos entender que el suicidio directo es aquel en que el ser humano busca mediante un acto que de suyo es capaz de causarla; mientras en el indirecto, la persona se da muerte sin procurarla libremente.

Una clasificación posible de las tantas que se pueden hacer es la que divide los suicidios en:[cita requerida]

  • Los vicariantes: se adelantan o aceleran el acto de la muerte que se vislumbra en un futuro, con la justificación de que no hay esperanzas y sólo creen ver a su alrededor sufrimientos y nada puede compensar el período de espera.
  • Los perfeccionistas: no toleran cualquier disminución de los atributos a su persona, lo mismo en la belleza que en la potencia sexual, o un defecto cualquiera, menoscabo económico o social, o la pérdida del poder y prestigio.
  • Los hedonistas: no soportan nada que constituya un impedimento o una disminución del placer de predominio sensual.
  • Los transicionales: ante ciertas crisis vitales de transición inevitables, optan por el suicidio.
  • Los sintomáticos: dependen de una enfermedad mental, psicosis, confusión mental, demencia y depresión.

El suicidio es visto como un pecado por la iglesia católica ya que el "no matarás bíblico también le aplica a uno mismo".[9]

Desde Durkheim es un clásico decir que los suicidios son más raros entre los católicos y los judíos que entre los protestantes o los ateos pero hay que tener en cuenta que puede ser que los católicos no declaren los suicidios justamente por razones religiosas.[10]

También para el judaísmo el suicidio es pecado y no se entierra el cadáver con los demás. Sin embargo, en la antigüedad no imponían sanciones al suicida porque reconocían al suicidio necesariamente como acto de locura.

Visión sociológica[editar]

El sociólogo francés Émile Durkheim en su obra El suicidio (1897), señala que los suicidios son fenómenos individuales que responden esencialmente a causas sociales. Las sociedades presentan ciertos síntomas patológicos, ante todo la integración o regulación social ya sea excesiva o insuficiente del individuo en la colectividad. Por tanto el suicidio sería un hecho social.

Durkheim comienza su estudio con una definición de suicidio como: «Todo caso de muerte que resulta directa o indirectamente de un acto positivo o negativo realizado por la víctima misma y que, según ella sabía, debía producir este resultado». Ejemplo de un acto positivo: dispararse en la cabeza; ejemplo de un acto negativo: rehusar a ingerir cualquier medicina hasta dejarse morir.La persona suicida vive con una percepción anómica de la vida: Pierde el sentido de la ley, normas sociales y se vuelve escéptico ante la vida y todo lo que ésta implica. Aunque cada persona suicida es distinta, tienen indicadores y pasan por un mismo proceso. Uno de los factores más importante de la persona suicida es la convicción del suicidio como método factible. Si estudiamos el comportamiento de las personas suicidas, no podemos asegurar que se pueda prevenir todo tipo de suicidios pero si podemos estudiar si se utilizaría la misma metodología, modalidad, tiempo y espacio. El suicidio como un problema social. Se han creado diversas teorías para explicar la raíz del problema y las particularidades del mismo. Han tomado en cuenta razones como el estatus económico, socio-profesional, la edad y el estado civil. Se asegura que en algunas ocasiones las personas están predispuestas al suicidio. Un principio de la modificación de conducta establece que de la misma manera que aprendemos, podemos desaprender. Una persona que proviene de una familia donde existen historial suicida tiene cierta predisposición a cometer actos suicidas. La profesión y la religión están relacionadas también indirectamente con el suicidio. La persona que trabaje bajo presión y no sepa manejarlo puede tener pensamientos suicidas y ejecutarlos.

Durkheim distingue tres clases de suicidios:[11]

  1. Suicidio egoísta, típico de sociedades donde el individuo carece de integración social.
  2. Suicidio anómico (anomia es para Durkheim lo que para otros autores, a partir de Hegel, es alienación), característico de falta de regulación social (anomia), existe una falta de normatividad en tanto que las normas sociales no son interiorizadas como propias por parte del individuo.
  3. Suicidio altruista, característico de sociedades con alto grado de integración social, el individuo se suicida por su sensación de pertenencia a la sociedad. Se mata por ella, un claro ejemplo son los kamikazes. Esta relación es patológica porque la persona pierde el sentido de individualismo. Este tipo de suicidio consiste en ofrecer su vida por algún ideal. El individuo sacrifica su vida en honor a quien el cree que se beneficiara de ello.

Visión psicoanalítica[editar]

Freud aporta la hipótesis psicoanalítica de que el suicidio manifiesta una agresividad dirigida originalmente contra otra persona (el objeto de amor perdido) que al no poder ser descargada se dirige hacia el propio individuo, es decir, secundariamente, contra sí mismo.[10]

En esta perspectiva psicodinámica podemos distinguir con H.Hendin:[10]

  • El suicidio como una actitud de represalia o de revancha tras un abandono.
  • El suicidio como asesinato reflejo como expresión de la lucha interna contra el deseo de matar.
  • El suicidio en el que la muerte se convierte en una reunión con la persona amada muerta.
  • El suicidio en el que la muerte es un renacer que borra los fracasos.
  • El suicidio en el que la muerte es un castigo, mecanismo frecuente en el melancólico y el delirante.
  • El suicidio en el que el paciente se creía estar ya muerto, frecuente en la melancolía y en el Síndrome de Cotard.

Evolución histórica[editar]

Paracelso decía que quien se suicida de desesperación está inspirado por el diablo.[12]

La actitud de los hombres ante la muerte no ha sido la misma a través de los tiempos; cuando un hombre de hoy habla de su muerte, piensa que si le fuera dado escogería una muerte súbita, sin dolor, como un leve sueño. El hombre del medioevo se sentiría aterrado de ello, porque como lo expresa el padre de Hamlet, en la famosa obra de Shakespeare, moriría «en la flor del pecado»; por eso el hombre de la Edad Media prefería un tiempo de arrepentimiento y de balance de sus deudas con Dios y con los hombres, incluso en las oraciones medievales se rezaba «líbranos Señor de la muerte repentina».

El suicidio comenzó a ser considerado pecado en el siglo IV con San Agustín, porque viola el quinto mandamiento, usurpa la función del Estado y de la Iglesia y evita el sufrimiento que ha sido ordenado por Dios.

En la Edad Media y hasta bien entrada nuestra Edad Moderna en Europa occidental las Iglesias cristianas sacralizaron la muerte, la domesticaron, integrándola en un sistema de ritos y creencias que la convertían en una etapa más del destino final de cada ser humano. La Iglesia Católica rechazaba al suicida y se le negaba la sepultura en el Campo Santo.

En la Edad Media en Europa degradaban el cadáver arrastrándolo por las calles cabeza abajo con una estaca atravesando el corazón y una piedra en la cabeza para inmovilizar el cuerpo y que el espíritu no regresara a dañar a los vivos: el alma del suicida era condenada al infierno por toda la eternidad.

En la Inglaterra anglicana de 1800 el cuerpo del suicida era castigado por la justicia públicamente siendo arrastrado por el suelo y estaqueado en el cruce de los caminos, sus bienes confiscados y la viuda desheredada y deshonrada. Solo se aceptaba el caso del soldado vencido que se suicidaba por honor. En el siglo XV, Castilla, Aragón, Florencia, Francia, Reino Unido, Milán, Venecia y Portugal sancionaban el suicidio, rematando incluso a los muertos suicidados. En Castilla y Aragón, la práctica se recoge en una constitución de 1497, cuando un pastor almeriense se suicidó porque le despidieron, y fue rematado en Córdoba en 1498.

En sociedades donde la sacralidad era la cosmovisión vigente, es lógico que el comportamiento suicida se rechazara, pues el hombre no tenía permitido modificar su destino, que estaba en las manos de Dios.

El suicidio ha estado ligado a la humanidad y sus costumbres: los mayas, según refiere la historia, veneraban a Ixtab, la diosa del suicidio, y en el Lejano Oriente los japoneses se hacían el seppuku para lavar la deshonra.

Fue a partir del siglo XIX cuando se perdió ese sentido de socialización, inserto en la ritualidad. La sociedad emergente rechazó aquel paradigma medieval. La muerte fue liberada y pasó al dominio privado, el cadáver era velado en la casa, sepultado en familia, y en ese sentido la muerte pasó a depender cada vez más de la voluntad del individuo. De este modo, la sociedad occidental se había desvinculado de la muerte y del suicidio en particular.

Aspectos sociales y demográficos del suicidio[editar]

Crisis económica y suicidio[editar]

Algunos estudios correlacionan las crisis económicas con el aumento de muertes por suicidio, en una proporción de 0,8% de aumento en la tasa de suicidios por cada punto de aumento en el desempleo,[13] así como los trastornos mentales derivados como ansiedad o depresión.[14] Con ocasión del Día de la Salud Mental 2012, celebrado bajo el lema "la depresión, una crisis mundial", la Organización Mundial de la Salud advirtió de la influencia de las causas económicas en el problema y señaló precisamente el desempleo y los impagos como las principales causas de suicidio.[15]

El índice que marca un aumento del 0,8% de la tasa de suicidios por cada aumento de punto de desempleo, establecido a partir de un estudio publicado en 2009 en la revista The Lancet sobre la relación entre el suicidio y las crisis económicas en veintiséis países europeos a lo largo de tres décadas,[16] se está cumpliendo actualmente en el caso de países como Grecia e Irlanda.

Según el estudio de The Lancet la tasa de suicidios en la Unión Europea se encontraba en descenso hasta 2008. Con la crisis económica de 2008-2013 comenzó a aumentar, siendo ahora un 20% superior al nivel mínimo que había sido alcanzado en 2007.[17]

En España aún no se tienen las cifras oficiales de suicidios de 2011 y 2012, pero los datos actuales indican un aumento de los mismos siendo ya la tercera causa de muerte, tras la mortalidad cardiovascular y el cáncer.[18] [19] [20] El suicidio es actualmente la duodécima causa de muerte en España.[21] Varias comunidades autónomas han advertido que se están disparando las tasas de suicidios responsabilizándolo a la crisis económica.[22] De hecho el Congreso Nacional de Psiquiatría celebrado en Bilbao en 2012 advierte que el 32% de los suicidios se deben a causas económicas.[23]

De forma general aumentan las muertes por suicidio en todos los países y situaciones[cita requerida]. El desempleo se asocia a suicidio.[24]

En el mundo, el suicidio es la segunda causa de muerte, tras los accidentes de tráfico, entre los 10 y 24 años.[cita requerida] Se puede evitar el aumento de los suicidios, con el rechazo a las políticas que hacen caer el sistema de previsión social, la educación, la sanidad, la cultura y el medio ambiente.[25]

Suicidio en la adolescencia[editar]

Según Barón O (2000) “La adolescencia es un proceso intenso de cambios a todo nivel: corporal, psíquico, afectivo, familiar, social y que el suicidio, usualmente, se lleva a cabo en esta etapa como un comportamiento para contrarrestar la impotencia que se siente ante un problema existencialista. Además de estos se toman claramente en cuenta los importantes antecedentes patológicos, particularmente los trastornos afectivos y el abuso de alcohol y drogas. En la misma el adolescente debe definir su identidad sexual y su personalidad”.[26]

Los adolescentes con riesgo suicida poseen poca tolerancia a la frustración, actitudes hiperperfeccionistas, son críticos, rígidos intelectualmente que no toleran el más mínimo fracaso, y a veces están convencidos de su propia maldad y no se sienten queridos.
Aparece frecuentemente la falta de un lugar propio en el mundo, en el colegio (peligro si fue expulsado) o en su casa, o simplemente en el deseo de sus padres.

Sufrir bullying o acoso escolar es predictor de ideaciones y conductas suicidas en niños y adolescentes.[27]

Manejo de la crisis suicida en el adolescente[editar]

Una forma de abordar al adolescente en situación de crisis suicida es mediante la llamada Primera Ayuda Psicológica, que consta de cinco etapas, las que se describen a continuación:

  • Primera etapa. Establecimiento del contacto

Lo que se debe hacer es escuchar detenidamente, reflejar sentimientos, aceptar las razones que esgrime el sujeto y creerle, sin juzgarle.

Lo que no se debe hacer es restarle importancia a lo que nos expresa el sujeto, ignorar los sentimientos, impedir que el individuo exprese sus sufrimientos y contar nuestra historia en situaciones conflictivas.

  • Segunda etapa.Conocer la dimensión del problema.

Lo que se debe hacer es formular preguntas abiertas que permitan conocer cómo piensa el adolescente y facilitar la expresión de sentimientos. Explorar siempre la presencia de pensamientos suicidas.

Lo que no se debe hacer es atenerse a realizar preguntas que sean respondidas con monosílabos (sí o no) o evaluar el discurso del adolescente a través de la experiencia propia, que no es válida para otros.

  • Tercera etapa. Posibles soluciones.

Lo que se debe hacer es establecer prioridades de soluciones, abordando directamente los posibles obstáculos para su consecución y desaprobar la solución suicida como forma de afrontar situaciones problemáticas. Reforzar el concepto de que el suicidio es una solución definitiva a problemas que usualmente son temporales.

Lo que no se debe hacer es permitir que el adolescente continúe sin ensanchar su visión en túnel que es la que únicamente le deja ver la opción suicida. Tampoco deben dejar de explorarse los obstáculos de manera realista para evitar nuevos fracasos y que se agrave la crisis suicida.

  • Cuarta etapa. Acción concreta.

Lo que se debe hacer es tomar una medida a tiempo (involucrar a otros familiares, acercar a las fuentes de salud mental, imponer tratamiento, realizar hospitalización, etc.) Se debe ser directivo y confrontar cuando la situación lo requiera. Nunca debe dejarse sólo a un sujeto en crisis suicida.

Lo que no se debe hacer es ser tímido, indeciso, no tomar una decisión a tiempo, dejar solo al adolescente en riesgo de cometer suicidio o retraerse de asumir responsabilidades.

  • Quinta etapa. Seguimiento.

Lo que se debe hacer es realizar el recontacto para evaluar los progresos o retrocesos del adolescente en su sintomatología suicida.

Lo que no se debe hacer es dejar la evaluación a otra persona que desconozca del caso y le sea imposible establecer una comparación con su estado inicial.

Este sencillo recurso puede ser utilizado por cualquier persona, siempre y cuando evite hacer lo que no se debe hacer e investigue la presencia de las ideas suicidas y si estas están presentes, nunca dejarlo sólo y acercarlo a las fuentes de salud mental como el médico de la familia, el psicólogo, el psiquiatra y los servicios de urgencias médicas y psiquiátricas.[28]

Datos sobre el suicidio[editar]

El suicidio, según las estadísticas mundiales, alcanza anualmente más de un millón de personas, lo que representa un 1,8% del total de fallecimientos.[29]

En los jóvenes y adolescentes, algunos de los factores de riesgo que influyen en la decisión de suicidarse son: abuso de la ingesta de alcohol, consumo de algún tipo de droga, violencia familiar, comportamientos antisociales, depresión, aislamiento, entre otros.[30]

En México, los datos ofrecidos por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), revelan que durante el año 2006 se registraron en México 4277 suicidios, de los cuales el 83.3% fueron realizados por hombres y 16.7% por mujeres.[31]

Según Durkheim (1897) hay varios tipos de suicidios. Uno de estos se conoce como el suicidio por imitación. Este último se lleva a cabo porque el suicidio es un factor de impresión e impacto que tiene el suicidio a las personas en su alrededor, además dice que no solo impacta a aquellos cercanos a la víctima, sino que “un estornudo, un abucheo o un impulso homicida pueden pasarse de un individuo a otro sin que exista entre ellos más que una relación fortuita y pasajera”.[32]

Suicidas[editar]

No puede definirse una personalidad suicida, sino tan solo una tendencia al suicidio.[2] El suicidio ha sido un hecho que siempre ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad. Numerosos personajes famosos de la actualidad y del pasado se han suicidado.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. La palabra «suicidio» está formada con dos elementos latinos: sui, de sí mismo, y cidio, del verbo caedere, «matar»; el término fue creado por el abate François Desfontaines en 1735.
  2. a b c d e f Kleiman, Andrea Patricia; Rodriguez Garín, Eduardo; Skokin Marisú. (junio 1997). Suicidios consumados por pacientes psiquiátricos. Revista Argentina de Clínica Neuropsiquiátrica ALCMEON, VIIII, vol. 6, Nº 1,. ISSN 0327-3954. 
  3. Cf. Melinda Wenner, «Corteza frontopolar», Mente y Cerebro, 38, 2009, pág. 8.
  4. Cf. Joachim Marschall, «Suicidios hereditarios», Mente y Cerebro, 38, 2009, págs. 68-73.
  5. Cf. ídem, pág. 70.
  6. Rev Cubana Med Gen Integr 1999;15(2):196-217
  7. Gillon, C & Le Bonniec, Y. (1982) Suicidio: técnicas, historia,actualidad. España: ATE.
  8. Gillon, C & Le Bonniec, Y. (1982) Suicidio: técnicas, historia, actualidad. España: ATE.
  9. Gillon, C & Le Bonniec, Y. (1982) Suicidio: técnicas, historia,actualidad. España: ATE.
  10. a b c Ey, Henry, Bernard, P., Brisset, CH. (1992). Tratado de psiquiatría, Anexo: Nota sobre el suicidio, pp 935. Masson, S.A. ISBN 84-311-0165-2. 
  11. Clasificación según Durkheim
  12. Ackernecht, E.H (1968). Breve historia de la psiquiatría, OCLC 757980619. Buenos Aires, Eudeba. 
  13. «Las crisis económicas generan un aumento de suicidios y asesinatos (estudio)».  publicación original: David Stuckler et al. (2011). «Effects of the 2008 recession on health: a first look at European data». The Lancet 378 (9786):  p. 124-125. doi:10.1016/S0140-6736(11)61079-9. 
  14. David Stuckler et al.. Depression amidst depression: Mental health effects of the ongoing recession. http://groups.stakes.fi/NR/rdonlyres/85320FDB-20EF-4673-A974-28681A4D7E01/0/Background_1_EconomicCrises_and_Mental_Health.pdf. 
  15. «El paro y el impago de hipotecas incrementan la tasa de suicidio».  Texto «http://www.elcorreoweb.es/andalucia/155151/paro/impago/hipotecas/incrementan/tasa/suicidio» ignorado (ayuda)
  16. «El desempleo aumenta los suicidios y los homicidios». 
  17. «Más suicidios y más problemas mentales en Europa». Consultado el 28 de marzo de 2013. 
  18. La crisis dispara en un 8% los suicidios en España
  19. Suicidio, primera causa externa de defunción en España
  20. Margalida Gili1, Miquel Roca1, Sanjay Basu, Martin McKee and David Stuckler (abril 2012). «The mental health risks of economic crisis in Spain: evidence from primary care centres, 2006 and 2010». Public Health. doi:10.1093/eurpub/cks035. 
  21. [1]
  22. «Los expertos vinculan el aumento de los suicidios a la crisis». 
  23. «Nueve personas se suicidan cada día en España; tres por culpa de la crisis». 
  24. Brown, Gregory K.; Beck, Aaron T.; Steer, Robert A.; Grisham, Jessica R. (junio 2000). «Risk factors for suicide in psychiatric outpatients: A 20-year prospective study». Journal of Consulting and Clinical Psychology 68 (3):  p. 371-377. doi:10.1037/0022-006X.68.3.371. 
  25. Gérvas J. (febrero] 2011). Seamos prácticos: frente a la crisis, ningún suicidio. Equipo CESCA. http://www.equipocesca.org/wp-content/uploads/2011/02/crisis-y-suicidios-2011-2.pdf. 
  26. http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/213/21300605.pdf
  27. «Relación entre las conductas de intimidación, depresión e ideación suicida en adolescentes. Resultados preliminares».
  28. http://www.psicologia-online.com/ebooks/suicidio/index.shtml
  29. Los accidentes de tránsito, el suicidio y las afecciones maternas figuran entre las principales causas de muerte de los jóvenes, 11/9/2009 OMS
  30. ¿Cómo evitar el suicidio en adolescentes?, Futuros, Revista Trimestral Latinoamericana y Caribeña de Desarrollo Sustentable
  31. Informe Nacional sobre Violencia y Salud 2006, Secretaría de Salud, Gobierno de México
  32. Durkheim, E. (1897). El suicidio. Argentina: Losada, S.A.

Bibliografía complementaria[editar]

  • Mateo Bautista, Marcelo Correa. Relación de ayuda ante el suicidio. Argentina: San Pablo. ISBN 950-861-264-9. 
  • Estruch.J ; Salvador. C (1982) Los suicidios. Barcelona : Editorial Herder.
  • Daring to Die: The psychology of Suicide. Scientific American Mind. Volume 20,Number 7,January/February 2010.
  • El suicidio desde una perspectiva socio-económica cultural. Cuicuilco. Vol 12, número 003. Enero/abril 2005
  • Suicidio (1994) Anthony T.(Miami,Fl) : Editorial Unlit.
  • Augusti Rodes i Català, Aborto, suicidio y eutanasia, Barcelona, Joica, 2009.
  • Dolores Mosquera, La Autolesión: el lenguaje del dolor, Madrid, Pléyades, cop. 2008.
  • Andrés Ramón, Historia del suicidio en Occidente, Barcelona, Península, 2003.
  • Julio Bobes García, Comportamientos suicidas: prevención y tratamiento, Barcelona : Psiquiatría Editores, 2004.
  • Paolo Zambrano, Estudios sobre literatura y suicidio, Sevilla, Alfar, 2006.
  • Claus Roxin, Eutanasia y suicidio: cuestiones dogmáticas y de política criminal, Albolote (Granada), Comares, 2001.
  • Realino Marra, Suicidio, diritto e anomia. Immagini della morte volontaria nella civiltà occidentale, Edizioni Scientifiche Italiane, Napoli, 1987,

Enlaces externos[editar]

· Detección de riesgo suicida en una muestra deadolescentes estudiantes de escuelas secundarias. Alberto Javier Córdova Alcaráz, et. al. Revista Intercontinental de Psicología y Eduación, 15, 1, Universidad Intercontinental, 2013