Sinfonía n.º 8 (Dvořák)

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Sinfonía n.º 8 en Sol mayor, opus 88 (1889), de Antonín Dvořák.

El compositor había adquirido a mediados de 1880 una modesta villa en Vysoká, localidad situada a unos 150 kilómetros de Praga. En ella pasaba los veranos entregado a la colombofilia, una de sus grandes aficiones, y a la composición. Allí, en los meses estivales de 1889 escribió esta sinfonía. Consta de cuatro movimientos:

  • Allegro con brío: el primer movimiento es una exposición poderosa y brillante caracterizada por el uso liberal de la percusión.
  • Adagio: a pesar de estar señalado como Adagio, el segundo movimiento, en realidad, se desarrolla a una cierta velocidad. Comienza con un hermoso solo de violín muy típico y acaba en una atmósfera reservada pero gozosa.
  • Allegretto grazioso - Molto vivace: la mayor parte del tercer movimiento es una graciosa danza en compás de 3/4. Al final, cambia a 4/4, y acaba de manera muy vivaz, semejante a la del segundo movimiento.
  • Allegro, ma non troppo: el final es el movimiento más turbulento. Comienza con una fanfarria, luego evoluciona hacia una hermosa melodía que es iniciada por los violonchelos. La tensión crece y finalmente se relaja en aproximadamente dos minutos, cuando una cascada de instrumentos que tocan el tema inicial dan paso a un trino de la trompa que suena como un elefante que muere. A partir de ahí, el movimiento progresa irresistiblemente hacia una sección y una recapitulación del desarrollo, modulando de mayor a menor varias veces, e incluyendo dos trinos más de las trompas. La pieza termina en una coda cromática, en la cual los metales y la percusión sobresalen destacadamente.

Esta sinfonía se programa con frecuencia, aunque no tan a menudo como la famosa Novena de Dvorak, si bien goza de similar estatus que la séptima a pesar de las diferencias entre las dos obras. Mientras que la séptima es tempestuosa y romántica, la octava es tierna e inspirada en la música tradicional bohemia que Dvorak tanto amó.

Se estrenó en Praga el 2 de febrero de 1890 bajo la dirección del propio compositor, y se volvió a ejecutar en Londres un año después aprovechando uno de sus desplazamientos a Inglaterra por haber sido nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cambridge.