Santiago Vidaurri

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Santiago Vidaurri Valdez y Borrego
Santiago Vidaurri
Gobernador de Nuevo León
Mandato:
23 de mayo de 1855 al 13 de diciembre de 1856
Antecesor: Jerónimo Cardona
Sucesor:
Mandato:
17 de agosto de 1857 al 25 de septiembre de 1859
Sucesor: José Silvestre Aramberri
Mandato:
11 de abril de 1860 al 26 de febrero de 1864
Antecesor: José Silvestre Aramberri
Sucesor: Jesús María Benítez y Pinillos
Fecha de nacimiento: 25 de julio de 1808
Lugar de nacimiento: Lampazos de Naranjo, Nuevo León
Fecha de fallecimiento: 8 de julio de 1867
Lugar de fallecimiento: Ciudad de México, Distrito Federal
Profesión: Militar

Santiago Vidaurri Valdéz (n. Lampazos de Naranjo, Nuevo León, 25 de julio de 1808 - Ciudad de México, 8 de julio de 1867). Fue un militar y político mexicano, oficial de frontera, perseguidor de indios comanches, promotor de un proyecto separatista en 1855 llamado la República de Sierra Madre, que de haber salido bien hubiera separado de México los estados de Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas, dándole probablemente en el futuro un destino similar al de Texas; gobernador del estado de Nuevo León, liberal de membrete, hombre del dinero. Es la principal figura política de la mitad del siglo XIX en la región.[cita requerida] En 1840, Vidaurri fue nombrado capitán y comandante de una compañía que se encargaría de contener las ofensivas de los indios y, en su caso, perseguirlos y reprimirlos. Doce años después, el gobernador Agapito García designó a Vidaurri secretario por la entidad ante la junta que se celebró en Saltillo para coordinar las fuerzas de Tamaulipas, Coahuila, Zacatecas y Nuevo León en un plan de seguridad y defensa contra los ataques constantes de las tribus nómadas y filibusteros norteamericanos.

En 1855, dejó la secretaría de gobierno y salió de la ciudad rumbo a Lampazos, en donde proclamó el Plan Restaurador de la Libertad debido a los acontecimientos que se veían para a un gobierno centralista, buscando formar la República de la Sierra Madre, en donde en el articulo 5 se menciona:

(…) si lo creyeren conveniente, concurran a formar en un gobierno un todo compacto y respetable al extranjero, a la guerra contra los bárbaros y todo el que pretenda combatir los principios salvadores y de libertad (…)”.

Ocupó la primera magistratura de Nuevo León entre 1855 y 1864; a lo largo de estos nueve años sólo en dos ocasiones abandonó la gubernatura durante unos meses debido a conflictos con el gobierno central.

El 19 de febrero de 1856 a través de un decreto unió en un solo estado al de Coahuila con el de Nuevo León. El presidente Ignacio Comonfort, ordenó a Vidaurri renunciar, pero después de un breve conflicto armado, se llegó a un acuerdo en donde Vidaurri se comprometía a realizar un plebiscito para la aprobación de la unión en un solo estado de Coahuila y Nuevo León y respetar el resultado. El plebiscito fue favorable a Vidaurri, por ello, la Constitución de 5 de febrero de 1857 reconoció formalmente al estado de Nuevo León y Coahuila y que con fundamento en ésta, se redactó la Constitución del Estado libre y soberano de Nuevo León y Coahuila sancionada el 14 de octubre de 1857. La constitución federal de 1857 fue rechazada por el sector centralista; vacilante, Comonfort desconoció la constitución y dio un golpe de estado.

Vidaurri, dispuso que el Gral. Juan Zuazua regresara a Nuevo León. Mariano Escobedo e Ignacio Zaragoza desconocieron entonces a Vidaurri y, por órdenes del ministro de Guerra Santos Degollado, marcharon hacia Monterrey para destituir al gobernador. Fue así que el general José Silvestre Aramberri asumió el mando político y militar del Estado; luego gobernó el licenciado Domingo Martínez, aunque durante muy pocos meses porque para abril de 1860 Vidaurri había sido elegido nuevamente gobernador de Nuevo León.

Durante sus distintos mandatos, Nuevo León vivió un gran desarrollo: se estableció la fábrica de hilados y tejidos La Fama; se incrementó el comercio; hubo abundancia de oro circulando en moneda; aumentaron las fuentes de ingresos; se trazó la alameda de Monterrey; se creó la Plaza de la Llave; se erigió el Mercado Colón; se establecieron algunos jardines públicos, y se edificó el Teatro del Progreso.

En la terrible huida hacia el norte del gobierno de Juárez, perseguido por traidores, mochos e imperiales, la Presidencia de la República se instaló en San Luis Potosí. La carencia de recursos era enorme, el ejército, convertido en una serie de grupos más guerrilla que fuerza regular, bajo presión en todos los frentes. Juárez pidió a Vidaurri que apoyara a la Federación con el dinero de las aduanas de Nuevo León y Coahuila, que el gobernador había estado reteniendo. Vidaurri se opuso con el argumento de que eso “le traería la ruina al estado” y de pasada soltó algunas amenazas contra el gobierno republicano.

Juárez escribió en esos días a su yerno: “A Vidaurri es necesario atraérselo o eliminarlo. Estoy por el primer extremo. Sólo que no baste esto para utilizarlo en bien de la nación debe recurrirse al último. Trabaje, pues, en lo primero”. Incluso mandó a Margarita para “asencillar” el diferendo.

Obligado a seguirse replegando, llegó a Saltillo y finalmente se reunió con Vidaurri en Monterrey el 12 de febrero de 1864. Guillermo Prieto narra en Lecciones de historia Patria el encontronazo. Juárez había llegado acompañado de su gabinete y Vidaurri se presentó con una multitud:

“La entrevista fue fría y llena de majestad por parte de Juárez. Un hijo de Vidaurri (Indalecio), sacando su pistola, rompió toda contestación y declaró el motín. Lerdo había previsto el desenlace y tenía listo el coche: con suma precipitación subieron a él, el mismo Lerdo, Juárez, Iglesias, Suárez y Navarro (...) Entonces se desencadenó el populacho y siguió al coche, haciendo disparos. El coronel Guiccione, con unos cuantos hombres y haciendo prodigios de valor, detuvo a la multitud enfurecida.”

El atentado contra el presidente Juárez fue celebrado por Vidaurri y sus amigos con repique de campanas, salvas de artillería y otras demostraciones de regocijo. Y como para que no quedara duda del camino que había tomado, el gobernador dio a la publicidad una carta circular en la que insultaba al gobierno y a la camarilla que, según el traidor, pretendía introducir la desmoralización en todo el estado; al mismo tiempo prevenía a las autoridades de la entidad, “que no obedeciesen al gobierno de Juárez, se aprehendiese a sus agentes y se desconociese esa autoridad.”

Juárez respondió movilizando a las tropas de Naranjo y Escobedo hacia Monterrey. No podía permitirse en plena ofensiva de los imperiales un flanco abierto. Habiéndose refugiado en Texas, Santiago Vidaurri regresó a Nuevo León una vez que Monterrey fue ocupada por los franceses y se sometió al Imperio; reconoció a Maximiliano como emperador de México y se comprometió a serle fiel. Durante este periodo fue designado consejero imperial y llegó a ser ministro de Hacienda.

Al triunfo de la República, Vidaurri se encontraba escondido en la Ciudad de México. Ahí, Porfirio Díaz dio un plazo para que se entregaran y fueran juzgados quienes habían servido al Imperio; de lo contrario, serían pasados por las armas. Vidaurri no acató tal orden, por lo que fue aprehendido y fusilado por la espalda el 8 de julio de 1867 en la plaza de Santo Domingo. Sus últimas palabras fueron: "Deseo que mi sangre sea la última derramada y que México sea feliz".

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