Santa Faz

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Santo Rostro de la Catedral de Jaén.
Santo Rostro de Manoppello.


Santa Faz, Santo Rostro o Volto Santo son denominaciones que distintas tradiciones piadosas dan a varias reliquias cristianas identificadas con el paño de la Verónica. Su multiplicidad se ha interpretado como la consecuencia de que el paño con el que Verónica limpio el rostro de Cristo en la via dolorosa camino del Calvario estaba doblada varias veces, y cada una conservó una impresión milagrosa de lo que sería una Vera icon ("verdadera imagen") de éste. Es una de las reliquias más famosas del cristianismo. Se lo describe por primera vez en 1137.

En el contexto español, la expresión "Santa Faz" se suele emplear específicamente para la Santa Faz de Alicante, la reliquia conservada en el Monasterio de la Santa Faz de esa ciudad desde el siglo XV; mientras que la de "Santo Rostro" suele emplearse específicamente para la conservada en la catedral de Jaén desde el siglo XIV.

La expresión italiana Volto Santo se suele emplear para designar al Santo Volto de Lucca, al Volto Santo de Sansepolcro[1] o al Volto Santo de Manoppello.[2] Además de en Manoppello, hay también templos denominados chiesa del Santo Volto en Roma y Turín, y un instituto religioso denominado Suore del Santo Volto (Hermanas del Santo Rostro).[3] La Santa Faz de Génova conservada en la iglesia de San Bartolomé de los Armenios[4] es tradicionalmente identificada con el Mandylion de Edesa, es decir, también una vera icon, pero de distinto origen al paño de la Verónica.

Además de éstas, hay varias iglesias donde se conservan reliquias identificadas como el Santo Rostro: la Basílica de San Pedro de Roma, la Basílica del Sacré Cœur de París; y otras donde se veneran imágenes asociadas, como la Ermita del Santo Rostro de Honrubia (provincia de Cuenca, España), alguna de las cuales (especialmente la del Hofburg de Viena) se identifica como una de las seis meticulosas copias realizadas en 1617 por Strozzi, secretario del papa Pablo V.[5]

Otras vera icon[editar]

Las vera icon (en latín verdaderas imágenes) serían las reliquias que se consideran verdaderas imágenes de Cristo. Además del paño de la Verónica, serían el Mandylion de Edesa, la Sábana Santa de Turín o el Santo Sudario de Oviedo.

Episodio de la Verónica[editar]

Según la tradición católica, durante la Pasión de Cristo, una mujer se quitó su velo para secar con él la cara del Mesías. La imagen de la cara de Jesucristo quedó impresa en el pañuelo de lino y éste milagrosamente se conservó a través de los siglos, convirtiéndose en un objeto de culto.

La mujer más tarde sería llamada Verónica, cuya etimología mixtificada se hace derivar de la combinación entre el latín verum (verdadero) y el griego Eikôn (icono, imagen), "la verdadera imagen"; aunque más probablemente procede del griego Βερενίκη (Berenice), forma dialectal macedonia de Φερενίκη (Ferenice), "portadora de la victoria".

Este episodio, pese a representar una de las estaciones del Vía Crucis, no se encuentra en los Evangelios canónicos. La cita más antigua de este episodio data del siglo II, en el Evangelio apócrifo de Nicodemo.


En la Vía Dolorosa de Jerusalén hay una capilla conocida como "Capilla de la Santa Faz", a la que se considera tradicionalmente el lugar donde se produjeron los hechos.

Historia del lienzo[editar]

Según una tradición que ya existía en el siglo VIII, Verónica viajó a Roma a presentar el paño al emperador romano Tiberio ya que el velo poseía propiedades milagrosas, como quitar la sed, curar la ceguera o incluso resucitar muertos. Existe el convencimiento de que el lienzo estaba presente en la antigua basílica de San Pedro durante el papado de Juan VII (705-8), ya que durante su pontificado se consagró una capilla denominada de Sancta María in Verónica. Sin embargo los mosaicos de los que se tiene noticia de dicha capilla no se refieren a la historia de Verónica. Además, escritores contemporáneos no hacen referencia a la Verónica durante este periodo. Es más segura las referencia al lienzo romano en 1011, cuando se da cuenta de la existencia de un escriba identificado como conservador del paño.[6]

Otras pruebas de la existencia del paño se datan en 1199, cuando dos peregrinos llamados Geraldo de Barri y Gervasio de Tilbury hicieron referencia a él en dos ocasiones distintas de visitas a Roma. Poco después, en 1207, el paño adquirió notoriedad cuando se llevó en procesión pública por parte del Papa Inocencio III, quien concedió indulgencias a quien rezara ante él. Esta procesión, entre la Basílica de San Pedro y el Hospital del Espíritu Santo, se convirtió en una celebración anual. Para una de esas ocasiones, la del año 1300, el Papa Bonifacio VIII recibió la inspiración de proclamar el primer Jubileo. Durante este año jubilar, el paño se expuso públicamente convirtiéndose en una de las Mirabilia Urbis ("maravillas de la ciudad") para los peregrinos que visitaran Roma. Durante los dos siglos siguientes el lienzo fue venerado como una de las más importante reliquias cristianas.

Algunos autores consideran que durante el Saco de Roma de 1527 el velo fue destruido: Messer Unbano escribió a la Duquesa de Urbino que el lienzo fue robado y pasó por las tabernas de Roma.[7] Sin embargo, otros autores testifican su presencia continuada en el Vaticano y un testigo del saqueo asegura que el lienzo no fue encontrado por los asaltantes.[8]

Muchos artistas de la época hicieron reproducciones de lienzo, lo cual sugería su supervivencia, y en 1616 el Papa Pablo V prohibió hacer más reproducciones salvo que se adecuaran al canon de la existente en la Basílica de San Pedro. En 1629 el Papa Urbano VIII no sólo prohibió hacer nuevas reproducciones, sino que ordenó la destrucción de las existentes. Su edicto declaró que cualquiera que tuviera acceso a una de esas copias debía llevarla al Vaticano bajo pena de excomunión.

Tras esto, el lienzo desapareció de la exposición pública y su historia no queda reflejada. Como no hay evidencias concluyentes de que dejaran la Basílica de San Pedro, existe la posibilidad de que permanezca allí una parte.

Tradicionalmente, las reliquias eran troceadas con el fin de poder extender su veneración a lugares distintos de la Cristiandad. No debe excluirse, por tanto, la posibilidad de que las distintas reliquias existentes en el mundo sean partes del que se tiene testimonio en el jubileo de 1300.

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

Notas[editar]

  1. Giuliana Maggini, Il Volto Santo di Sansepolcro. Concretezza e mistero di un’icona, Edizioni della Cattedrale, Sansepolcro, 2009. Fuente citada en it:Volto Santo di Sansepolcro
  2. Paul Badde, La seconda Sindone, Newton Compton, Roma, 2007, ISBN 978-88-541-0917-9. Fuente citada en it:Volto Santo di Manoppello
  3. Nadia Pazzini Paglieri; Rinangelo Paglieri, Chiese in Liguria, Genova, Sagep Editrice, 1990. ISBN 88-7058-361-9. Fuente citada en it:Chiesa di San Bartolomeo degli Armeni
  4. Ian Wilson, Holy Faces, Secret Places,Corgi, ISBN 0-552-13590-9
  5. Ian Wilson, Holy Faces, Secret Places, page 175.
  6. Ian Wilson, Holy Faces, Secret Places, page 112.
  7. Ian Wilson, Holy Faces, Secret Places, page 113

Enlaces externos[editar]