Agustín de Hipona

De Wikipedia, la enciclopedia libre
(Redirigido desde «San Agustin de Hipona»)
Saltar a: navegación, búsqueda
San Agustín
Saint Augustine by Philippe de Champaigne.jpg
Retrato de Philippe de Champaigne
Obispo y Padre Latino
Proclamado Doctor de la Iglesia el 20 de septiembre de 1295 por el papa Bonifacio VIII
Nombre Aurelius Augustinus Hipponensis
Nacimiento 13 de noviembre de 354
Vexilloid of the Roman Empire.svg Tagaste, Imperio Romano
Fallecimiento 28 de agosto de 430
Labarum.svg Hipona, Imperio Romano de Occidente
Venerado en Iglesia católica, Iglesia ortodoxa, Iglesias orientales
Festividad
  • 28 de agosto Occidente
  • 15 de junio Oriente
  • 5 de mayo Conversión de San Agustín vetus ordo
  • 24 de abril idem. novus ordo
Atributos Vestiduras episcopales, libro y corazón flameante
Patronazgo Teología
[editar datos en Wikidata]

Agustín de Hipona o san Agustín (en nombre completo en latín, Aurelius Augustinus Hipponensis; Tagaste, 13 de noviembre de 354 – Hippo Regius (también llamada Hipona), 28 de agosto de 430)[1] es un santo, padre y doctor de la Iglesia católica. El «Doctor de la Gracia» fue el máximo pensador del cristianismo del primer milenio y según Antonio Livi uno de los más grandes genios de la humanidad.[2] Autor prolífico,[3] dedicó gran parte de su vida a escribir sobre filosofía y teología siendo Confesiones y La ciudad de Dios sus obras más destacadas.

Biografía[editar]

San Agustín y Santa Mónica (1846), por Ary Scheffer.

Infancia y adolescencia[editar]

San Agustín nació el 13 de noviembre de 354 en Tagaste, pequeña ciudad de Numidia en el África romana. Su padre, llamado Patricio, era un pequeño propietario pagano y su madre, Santa Mónica, es puesta por la Iglesia como ejemplo de «mujer cristiana», de piedad y bondad probadas, madre abnegada y preocupada siempre por el bienestar de su familia, aún bajo las circunstancias más adversas.[4] Mónica le enseñó a su hijo los principios básicos de la religión cristiana y al ver cómo el joven Agustín se separaba del camino del cristianismo se entregó a la oración constante en medio de un gran sufrimiento. Años más tarde Agustín se llamará a sí mismo "el hijo de las lágrimas de su madre".[5] En Tagaste, Agustín comenzó sus estudios básicos, posteriormente su padre le envía a Madaura a realizar estudios de gramática.[6]

Agustín fue maniqueo y orador imperial en Milán.[7] Era el rival en oratoria del obispo Ambrosio de Milán, figura que después hizo a Agustín conocer los escritos de Plotino y las epístolas de Pablo de Tarso. Por medio de estos escritos se convirtió al cristianismo. Ya como obispo, escribió libros que lo posicionan como uno de los cuatro primeros Padres de la Iglesia. La vida de Agustín fue un claro ejemplo del cambio que logró con la adopción de un conjunto de creencias y valores.

San Agustín se destacó en el estudio de las letras. Mostró un gran interés hacia la literatura, especialmente la griega clásica y poseía gran elocuencia.[8] Sus primeros triunfos tuvieron como escenario Madaura y Cartago, donde se especializó en gramática y retórica.[6] Durante sus años de estudiante en Cartago desarrolló una irresistible atracción hacia el teatro. Al mismo tiempo, gustaba en gran medida de recibir halagos y la fama, que encontró fácilmente en aquellos primeros años de su juventud. Durante su estancia en Cartago mostró su genio retórico y sobresalió en concursos poéticos y certámenes públicos. Aunque se dejaba llevar por sus pasiones, y seguía abiertamente los impulsos de su espíritu sensual, no abandonó sus estudios, especialmente los de filosofía. Años después, el mismo Agustín hizo una fuerte crítica sobre esta etapa de su juventud en su libro Confesiones.

A los diecinueve años, la lectura de Hortensius de Cicerón despertó en la mente de Agustín el espíritu de especulación y así se dedicó de lleno al estudio de la filosofía, ciencia en la que sobresalió. Durante esta época el joven Agustín conoció a una mujer con la que mantuvo una relación estable de catorce años y con la cual tuvo un hijo: Adeodato.

En su búsqueda incansable de respuesta al problema de la verdad, Agustín pasó de una escuela filosófica a otra sin que encontrara en ninguna una verdadera respuesta a sus inquietudes. Finalmente abrazó el maniqueísmo creyendo que en este sistema encontraría un modelo según el cual podría orientar su vida. Varios años siguió esta doctrina y finalmente, decepcionado, la abandonó al considerar que era una doctrina simplista que apoyaba la pasividad del bien ante el mal.[8]

Sumido en una gran frustración personal decidió, en 383, partir para Roma, la capital del Imperio romano. Su madre quiso acompañarle, pero Agustín la engañó y la dejó en tierra (cf. Confesiones 5,8,15). En Roma enferma de gravedad. Tras restablecerse, y gracias a su amigo y protector Símaco, prefecto de Roma, fue nombrado "magister rhetoricae" en Mediolanum (la actual Milán).

Conversión al cristianismo[editar]

En 385 Agustín se convirtió al cristianismo.[9] Fue en Milán donde se produjo la última etapa antes de su conversión: empezó a asistir como catecúmeno a las celebraciones litúrgicas del obispo Ambrosio, quedando admirado de sus prédicas y su corazón. Entonces decidió romper definitivamente con el maniqueísmo. Esta noticia llenó de gozo a su madre, que había viajado a Italia para estar con su hijo, y que se encargó de buscarle un matrimonio acorde con su estado social y dirigirle hacia el bautismo. En vez de optar por casarse con la mujer que Mónica le había buscado, decidió vivir en ascesis; decisión a la que llegó después de haber conocido los escritos neoplatónicos gracias al sacerdote Simpliciano. Los platónicos le ayudaron a resolver el problema del materialismo y el del mal. San Ambrosio le ofreció la clave para interpretar el Antiguo Testamento y encontrar en la Biblia la fuente de la fe. Por último, la lectura de los textos de san Pablo le ayudó a solucionar el problema de la mediación y de la gracia. Según cuenta el mismo Agustín, la crisis decisiva previa a la conversión, se dio estando en el jardín con su amigo Alipio, reflexionando sobre el ejemplo de Antonio, oyó la voz de un niño de una casa vecina que decía: toma y lee,[10] [11] y entendiéndolo como una invitación divina, cogió la Biblia, la abrió por las cartas de Pablo y leyó el pasaje.[10] Al llegar al final de esta frase se desvanecieron todas las sombras de duda.[12]

En 386 se consagró al estudio formal y metódico de las ideas del cristianismo. Renunció a su cátedra y se retiró con su madre y unos compañeros a Casiciaco, cerca de Milán, para dedicarse por completo al estudio y a la meditación. El 24 de abril de 387, a los treinta y tres años de edad, fue bautizado en Milán por el santo obispo Ambrosio. Ya bautizado, regresó a África, pero antes de embarcarse, su madre Mónica murió en Ostia, el puerto cerca de Roma.[13]

Monacato y episcopado[editar]

Cuando llegó a Tagaste vendió todos sus bienes y el producto de la venta lo repartió entre los pobres. Se retiró con unos compañeros a vivir en una pequeña propiedad para hacer allí vida monacal. Años después esta experiencia será la inspiración para su famosa Regla. A pesar de su búsqueda de la soledad y el aislamiento, la fama de Agustín se extiende por toda la comarca.

En 391 viajó a Hipona para buscar a un posible candidato a la vida monástica, pero durante una celebración litúrgica fue elegido por la comunidad para que fuese ordenado sacerdote, a causa de las necesidades del obispo Valerio de Hipona. Agustín aceptó, tras resistir, esta elección, si bien con lágrimas en sus ojos. Algo parecido sucedió cuando se le consagró como obispo en el 395. Entonces abandonó el monasterio de laicos y se instaló en la casa episcopal, que transformó en un monasterio de clérigos.

La actividad episcopal de Agustín es enorme y variada. Predica y escribe incansablemente, polemiza con aquellos que van en contra de la ortodoxia de la doctrina cristiana de aquel entonces, preside concilios y resuelve los problemas más diversos que le presentan sus fieles. Se enfrentó a maniqueos, donatistas, arrianos, pelagianos, priscilianistas, académicos, etc. Participa en los Concilios regionales III de Hipona del 393, III de Cartago del 397 y IV de Cartago del 419, en los dos últimos como presidente y en los cuales se sancionó definitivamente el Canon bíblico que había sido hecho por el papa Dámaso I en Roma en el Sínodo del 382.

Fallecimiento[editar]

Tumba de san Agustín.

Agustín murió en Hipona el 28 de agosto de 430 durante el sitio al que los vándalos de Genserico sometieron la ciudad durante la invasión de la provincia romana de África. Su cuerpo, en fecha incierta, fue trasladado a Cerdeña y, hacia el 725, a Pavía, a la basílica de San Pietro in Ciel d'Oro, donde reposa hoy.

La historia del encuentro con un niño junto al mar[editar]

Una tradición medieval, que recoge la historia inicialmente narrada sobre un teólogo que más tarde fue identificado como san Agustín, cuenta la siguiente anécdota: Cierto día, San Agustín paseaba por la orilla del mar, junto a la playa, dando vueltas en su cabeza a muchas de las doctrinas sobre la realidad de Dios, una de ellas la doctrina de la Trinidad. De pronto, al alzar la vista ve a un hermoso niño, que está jugando en la arena. Le observa más de cerca y ve que el niño corre hacia el mar, llena el cubo de agua del mar, y vuelve donde estaba antes y vacía el agua en un hoyo. El niño hace esto una y otra vez, hasta que Agustín, sumido en una gran curiosidad, se acerca al niño y le pregunta: «¿Qué haces?» Y el niño le responde: «Estoy sacando toda el agua del mar y la voy a poner en este hoyo». Y San Agustín dice: «¡Pero, eso es imposible!». A lo que el niño le respondió: «Más difícil es que llegues a entender el misterio de la Santísima Trinidad».

La historia es usada en muchos lugares como verdadera; sin embargo, se trataría de una invención sin fundamento real, pero que se inspira al menos en la actitud de Agustín como estudioso del misterio de Dios.[14]

Doctrina[editar]

Detalle de San Agustín en una vidriera por Louis Comfort Tiffany en el Lightner Museum.

Razón y fe[editar]

San Agustín, a los diecinueve años, se pasó al racionalismo y rechazó la fe en nombre de la razón. Sin embargo, poco a poco fue cambiando de parecer hasta llegar a la conclusión de que razón y fe no están necesariamente en oposición, sino que su relación es de complementariedad.[15] Según él, la fe es un modo de pensar asintiendo, y si no existiese el pensamiento, no existiría la fe. Por eso la inteligencia es la recompensa de la fe. La fe y la razón son dos campos que necesitan ser equilibrados y complementados.[15]

Esta postura se sitúa entre el fideísmo y el racionalismo. A los racionalistas le respondió: Crede ut intelligas («cree para comprender») y a los fideístas: Intellige ut credas («comprende para creer»). San Agustín quiso comprender el contenido de la fe, demostrar la credibilidad de la fe y profundizar en sus enseñanzas.

Interioridad[editar]

Agustín de Hipona anticipa a Descartes al sostener que la mente, mientras que duda, es consciente de sí misma: si me engaño existo (Se enim fallor, sum). Como la percepción del mundo exterior puede conducir al error, el camino hacia la certeza es la interioridad (in interiore homine habitat veritas) que por un proceso de iluminación se encuentra con las verdades eternas y con el mismo Dios que, según él, está en lo más íntimo de la intimidad.

Las ideas eternas están en Dios y son los arquetipos según los cuales crea el Cosmos. Dios, que es una comunidad de amor, sale de sí mismo y crea por amor mediante rationes seminales, o gérmenes que explican el proceso evolutivo que se basa en una constante actividad creadora, sin la cual nada subsistiría. Todo lo que Dios crea es bueno, el mal carece de entidad, es ausencia de bien y fruto indeseable de la libertad del hombre.

Agustín también reflexiona sobre el tiempo desde la perspectiva de la conciencia subjetiva. El interior del hombre, dotado de memoria, está disperso entre el pasado y el futuro y anhela lo imperecedero. Es a través del examen de la propia trayectoria existencial y la introspección en la propia alma, donde Agustín expresa sus convicciones.

Ciudad de Dios[editar]

En la historia coexisten la Ciudad del Hombre, volcada hacia el egoísmo, y la Ciudad de Dios que se va realizando en el amor a Dios y la práctica de las virtudes, en especial, la caridad y la justicia. Ni Roma ni ningún Estado es una realidad divina o eterna, y si no busca la justicia se convierte en un magno latrocinio. La Ciudad de Dios, que tampoco se identifica con la Iglesia del mundo presente, es la meta hacia donde se encamina la humanidad y está destinada a los justos.

Lucha contra las herejías[editar]

Agustín acusa al pelagianismo de no creer en el amor gratuito de Dios. La salvación para él no es un merecimiento del hombre por sus buenas obras, sino pura gracia.

Agustín también ataca al donatismo. Este no admite a los que en las persecuciones renegaron de la fe. Agustín aboga por la acogida y el perdón.

Ética[editar]

Para Agustín de Hipona la ley moral se sintetiza en la célebre frase: ama a Dios y haz lo que quieras. Para Agustín el amor es una perla preciosa que, si no se posee, de nada sirven el resto de las cosas, y si se posee, sobra todo lo demás.

Como para otros Padres de la Iglesia, para Agustín de Hipona la ética social implica la condena de la injusticia de las riquezas y el imperativo de la solidaridad con los desfavorecidos

Las riquezas son injustas o porque las adquiriste injustamente o porque ellas mismas son injusticia, por cuanto tú tienes y otro no tiene, tú vives en la abundancia y otro en la miseria

Psalmos 48

Agustín de Hipona defendió asimismo el bien de la paz y procuró promoverla:

Acabar con la guerra mediante la palabra y buscar o mantener la paz con la paz y no con la guerra es un título de gloria mayor que matar a los hombres con la espada

Epístola 229

Recepción[editar]

San Agustín tiene gran importancia en la historia de la cultura de Europa. Sus Confesiones suponen un modelo de biografía interior para muchos autores, que van a considerar la introspección como elemento importante en la literatura. Concretamente, Petrarca fue un gran lector del santo: su descripción de los estados amorosos enlaza con ese interés por el mundo interior que encuentra en san Agustín. Descartes descubrió la autoconciencia, que señaló el inicio de la filosofía moderna, copiando su principio fundamental (cogito ergo sum/pienso luego existo) no literalmente pero sí en cuanto al sentido, de san Agustín (si enim fallor, sum/si me equivoco, existo: De civ. Dei 11, 26). Por otro lado, San Agustín va a ser un puente importante entre la antigüedad clásica y la cultura cristiana. El especial aprecio que tiene por Virgilio y Platón va a marcar fuertemente los siglos posteriores.

Dos son las principales escuelas del pensamiento filosófico y teológico católico: la platónico-agustiniana y la aristotélico-tomista. La Edad Media, hasta el siglo XIII y el redescubrimiento de Aristóteles, va a ser platónica-agustina.

Agustín y la ciencia[editar]

Según el científico Roger Penrose, san Agustín tuvo una «intuición genial» acerca de la relación espacio-tiempo, adelantándose 1500 años a Albert Einstein y a la teoría de la relatividad cuando Agustín afirma que el universo no nació en el tiempo, sino con el tiempo, que el tiempo y el universo surgieron a la vez.[16] Esta afirmación de Agustín también es rescatada por el colega de Penrose, Paul Davies.

Agustín, quien tuvo contacto con las ideas del evolucionismo de Anaximandro, sugirió en su obra La ciudad de Dios que Dios pudo servirse de seres inferiores para crear al hombre al infundirle el alma, defendía la idea de que a pesar de la existencia de un Dios no todos los organismos y lo inerte salían de Él, sino que algunos sufrían variaciones evolutivas en tiempos históricos a partir de creaciones de Dios.[17]

Obras[editar]

San Agustín ha dejado una gran cantidad de obras, elaboradas desde en 386 hasta el 419, tratando temas diversos.[18]

Autobiográficas
Filosóficas
  • Contra los académicos
  • La vida feliz
  • El orden
  • Soliloquios
  • La inmortalidad del alma
  • La dialéctica
  • La dimensión del alma
  • El libre albedrío
  • La música
  • El maestro
Apologéticas
  • De la verdadera religión
  • La utilidad de la fe
  • De la fe en lo que no se ve
  • La adivinación diabólica
  • La ciudad de Dios
Dogmáticas
  • La fe y el símbolo de los apóstoles
  • Ochenta y tres cuestiones diversas
  • Cuestiones diversas a Simpliciano
  • Respuesta a las ocho preguntas de Dulcicio
  • La fe y las obras
  • Manual de fe, esperanza y caridad
  • La Trinidad
Morales y pastorales
  • La mentira
  • Contra la mentira
  • El combate cristiano
  • La catequesis a principantes
  • La bondad del matrimonio
  • La santa virginidad
  • La bondad de la viudez
  • La continencia
  • La paciencia
  • Las uniones adulterinas
  • La piedad con los difuntos
Monásticas
  • Regla a los siervos de Dios
  • El trabajo de los monjes
Exegéticas
  • La doctrina cristiana
  • El espejo de la Sagrada Escritura
  • Comentario al Génesis en réplica a los maniqueos
  • Comentario literal al Génesis (incompleto)
  • Comentario literal al Génesis
  • Locuciones del Heptateuco
  • Cuestiones sobre el Heptateuco
  • Anotaciones al libro de Job
  • Ocho cuestiones del Antiguo Testamento
  • El Sermón de la Montaña
  • Exposición de algunos textos de la Carta a los Romanos
  • Exposición de la Carta a los Gálatas
  • Exposición incoada de la Carta a los Romanos
  • Diecisiete pasajes del Evangelio de Mateo
  • Concordancia de los evangelistas
Polémicas

Escribe contra los maniqueos, los donatistas, los pelagianos, el arrianismo y contra herejías en general.

  • Las herejías, dedicado a Quodvultdeo
  • A Orosio, contra priscilianistas y origenistas
  • Réplica al adversio de la Ley y los Profetas
  • Tratado contra los judíos
  • Réplica al sermón de los arrianos
  • Debate con Maximino, obispo arriano
  • Réplica a Maximino, obispo arriano
  • De las costumbres de la Iglesia Católica y de las costumbres de los maniqueos
  • Las dos almas del hombre
  • Actas del debate con el maniqueo Fortunato
  • Réplica a Adimanto, discípulo de Manés, llamada «del Fundamento»
  • Réplica a Fausto, el maniqueo
  • Actas del debate con el maniqueo Félix
  • La naturaleza del bien
  • Respuesta al maniqueo Secundino
  • Salmo contra la secta de Donato
  • Réplica a la carta de Parmeniano
  • Tratado sobre el bautismo
  • Carta a los católicos sobre la secta donatista (La unidad de la Iglesia)
  • Réplica a las cartas de Petiliano
  • Réplica al gramático Cresconio, donatistas
  • El único bautismo (Resumen del debate con los donatistas)
  • Mensaje a los donatistas después de la Conferencia
  • Sermón a los fieles de la Iglesia de Cesarea
  • Actas del debate con el donatista Emérito
  • Réplica a Gaudencio, obispo donatista
  • Consecuencias y perdón de los pecados, y el bautismo de los niños
  • El espíritu y la letra
  • La naturaleza y la gracia
  • La perfección de la justicia del hombre
  • Actas del proceso a Pelagio
  • La gracia de Jesucristo y el pecado original
  • Naturaleza y origen del alma
  • El matrimonio y la concupiscencia
  • Réplica a las dos cartas de los pelagianos
  • Réplica a Juliano
  • Réplica a Juliano (obra inacabada)
  • La gracia y el libre albedrío
  • La corrección y la gracia
  • La predestinación de los santos
  • El don de la perseverancia
Homiléticas
  • Tratados sobre el Evangelio de san Juan (1º y 2º) 1-124
  • Tratados sobre la primera carta de san Juan
  • Comentarios a los salmos (1º, 2º, 3º, 4) 1-150[19]
  • Sermones (1º) 1-50: Sobre el Antiguo Testamento
  • Sermones (2º) 51-116: Sobre los evangelios sinópticos
  • Sermones (3º) 117-183: Sobre el Evangelio de San Juan, Hechos y Cartas de los apóstoles [20]
  • Sermones (4º) 184-272B: Sobre los tiempos litúrgicos
  • Sermones (5º) 273-338: Sobre los mártires
  • Sermones (6º) 339-396: Sobre temas diversos
  • Sermón a los catecúmenos sobre el Símbolo de los apóstoles
  • La devastación de Roma
  • Sermón sobre la disciplina cristina
  • La utilidad del ayuno
Cartas

El extenso epistolario agustiniano prueba su celo apostólico. Sus cartas son muy numerosas y a veces extensas. Fueron escritas desde el 386 al 430. Se pueden haber conservado unas 800.

Véase también[editar]

Notas y referencias[editar]

  1. Moreno Villa, Mariano (2003). «III. La Folosofía Escolástica». Filosofía. Volumen II. Antropología, Psicología y Sociología. España: Editorial Mad. p. 27. ISBN 84-665-0537-7. Consultado el 11 de abril de 2013. «Agustín de Hipona (354-430) nació en Tagaste (Argelia).» 
  2. Livi, Antonio Storia Sociale della Filosofia, Vol I, pag.242, Roma, Società Editrice Dante Alighieri, 2004, ISBN 88-534-0267-9
  3. Herreros López, Juan Manuel. «San Agustín: "La Ciudad de Dios"». En Luis García San Miguel. Filosofía política: las grandes obras. España: Dykinson. p. 282. ISBN 84-9772-859-9. Consultado el 11 de abril de 2013. 
  4. Claudio Leonardi; Andrea Riccardi; Gabriella Zarri, eds. (2000). Diccionario de los santos, Volume 1. España: San Pablo. p. 84. ISBN 84-285-2258-8. Consultado el 11 de abril de 2013. «Su padre, Patricio, era pagano, pequeño terrateniente y empleado municipal. Su madre, Mónica, era cristiana y muy virtuosa.» 
  5. Confesiones III, 12, 21. «Vete en paz, mujer; ¡así Dios te dé vida! que no es posible que perezca el hijo de tantas lágrimas.»
  6. a b Claudio Leonardi; Andrea Riccardi; Gabriella Zarri, eds. (2000). Diccionario de los santos, Volume 1. España: San Pablo. p. 84. ISBN 84-285-2258-8. Consultado el 11 de abril de 2013. 
  7. Rico Pavés, José (2006). Los sacramentos de la iniciación cristiana. España: Instituto Teológico San Ildelfonso. p. 205. ISBN 84-934253-9-7. Consultado el 11 de abril de 2013. «Estando en Cartago, el adolescente Agustín abandonó la Iglesia Católica y se unió a los maniqueos. Cuando llegó a Milán, en el 384, recién nombrado orador de la ciudad, todavía era maniqueo.» 
  8. a b Herreros López, Juan Manuel. «San Agustín: "La Ciudad de Dios"». En Luis García San Miguel. Filosofía política: las grandes obras. España: Dykinson. p. 281. ISBN 84-9772-859-9. Consultado el 11 de abril de 2013. 
  9. H. R. Loyn, ed. (1989). Diccionario Akal de Historia Medieval. España. p. 17. ISBN 84-460-0841-6. Consultado el 11 de abril de 2013. 
  10. a b Lacueva, 2001, p. 34.
  11. Conf. VIII 12.
  12. Conf. VIII 12,29
  13. Lacueva, 2001, p. 33.
  14. Cf. [1]
  15. a b Moreno Villa, Mariano (2003). «III. La Filosofía Escolástica». Filosofía. Volumen II. Antropología, Psicología y Sociología. España: Editorial Mad. p. 27. ISBN 84-665-0537-7. Consultado el 11 de abril de 2013. 
  16. El universo según Penrose
  17. Evolucionismo y cristianismo
  18. Obra de san Agustín. Agustinos Recoletos
  19. Expositio Psalmorum beati Augustini
  20. Aurelii Agustini Hipponae episcopi super loannem librum

Bibliografía[editar]

  1. — (2007). Volumen I: Libros I-VIII. ISBN 978-84-249-2883-4. 
  2. — (2012). Volumen II: Libros VIII-XV. ISBN 978-84-249-3661-7. 
Sobre Agustín de Hipona

Enlaces externos[editar]