Salmo 1

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Texto de la Vulgata del Salmo 1 (inicio) y traducción al polaco.

El Salmo 1 es el primer capítulo del Libro de los salmos, texto canónico de los Ketuvim (de la Tanaj hebrea) y de la Biblia cristiana. Se trata de un texto particular debido a que no tiene título.

Es considerado un texto tardío debido al uso de la imagen de los dos caminos, que forma como el esqueleto del salmo y que pertenece a la doctrina judía. Más aún, se piensa que en tiempos del primer cristianismo formaba un solo salmo con el segundo debido, por ejemplo, a la cita del códice D de los Hechos de los apóstoles 13, 33 donde se cita el Salmo 2 diciendo: «como está escrito en el primero salmo».

Su elaboración delicada se puede constatar por el hecho de que comienza por la primera letra del alfabeto hebreo y concluye con la última.

Contenido[editar]

El salmo habla de los dos caminos que puede seguir el hombre y describe el camino del justo como el comportamiento de quien medita[1] y practica los mandatos[2] de Yahveh y se aleja de una serie de conductas propias del camino del impío: seguir consejos de otros impíos o el camino de los errados, o la reunión de quienes se burlan, etc. Es decir, el autor del salmo identifica al impío con quien sigue su propio criterio en vez de los mandamientos divinos. En la simbología bíblica la expresión «vía» o «camino» significa «vida» o «actitud» y el símil de las dos vías es muy usado (cf. Jr 21, 8; Pr 1, 10.15; 4, 18-19; Dt 30, 15.19; 30, 16).

Compara al justo con un árbol que toma su agua de un arroyo y da frutos permanentes: Esta imagen es usada también por el profeta Jeremías (cf. 17, 7) y en textos semejantes egipcios como las Instrucciones de Amenemope. En cambio el impío es comparado con la paja que el viento se lleva (comparación usada también en Sal 35, 5; Is 17, 13; Os 13, 3): no tiene firmeza y resulta al final inconsistente. Sobre estos dos caminos, Ángel González afirma:

En realidad, estos caminos no son dos formas de vida positivas, que se ofrecen igualmente a la elección, pues la segunda es negativa, conduce a la perdición y no tiene consistencia. Son, con todo, dos modos existenciales, en que para el salmista se divide el mundo de los hombres.[3]

Notas[editar]

  1. El original hebreo hace mención del acto de recitar murmurando en voz baja, expresión que se repite en otros salmos como Sal 63, 7; 77, 13; 143, 5. Cf. González (1966:51).
  2. La palabra hebrea es torah.
  3. González (1966:53).

Bibliografía[editar]

  • Ángel González, El libro de los Salmos. Introducción, versión y comentario, Editorial Herder, Barcelona 1966
  • Gianfranco Ravasi, Il libro dei salmi. Commento e attualizzazione, vol I (1-50), Centro editoriale Dehoniano, Bolonia 1991, ISBN 88-10-20533-2