Salón de otoño de 1905

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El Salón de otoño de 1905 fue un evento artístico celebrado entre el 18 de octubre y el 25 de noviembre en la sala VII del Grand Palais de París. La exposición de pinturas de jóvenes artistas como Henri Matisse marca el comienzo del fauvismo.

El Salón antes de 1905[editar]

El Salon d'Automne ("Salón de Otoño") fue creado el 31 de octubre de 1903 en el Petit Palais por iniciativa del arquitecto, hombre de letras y gran amante del arte belga Frantz Jourdain (1847-1935) que presidía el sindicato de la crítica del arte y algunos amigos como el arquitecto y decorador Hector Guimard, los pintores Eugène Carrière, Georges Desvallières, Félix Vallotton, Édouard Vuillard, Adrien Schulz, o el decorador Jansen.

Aspecto del Grand Palais el año de su inauguración, tarjeta postal de 1900.

El objetivo es ofrecer apoyo a los jóvenes artistas y acercar al público el impresionismo. La elección del otoño como fecha para la exposición obedece a una doble estrategia: por un lado permite a los artistas exponer las pequeñas obras realizadas en exteriores durante el verano y por otro se desmarca de los grandes salones de la época (la Nationale y los Artistes français) que tenían lugar en primavera.

El Salón de otoño se distingue por su carácter multidisciplinar, albergando pinturas, esculturas, fotografías (a partir de 1904), dibujos, grabados y artes aplicadas entre otros. Y por la transparencia en su distribución del espacio entre escuelas. Los pintores extranjeros tienen fuerte presencia.

A partir de 1904 el Salón deja de exponerse en los sótanos, prueba del rápido éxito alcanzado y abandona el Petit Palais por el Grand Palais. En el curso de esa edición se exponen treinta y tres cuadros de Paul Cézanne, sesenta y dos de Odilon Redon y treinta y cinco de Auguste Renoir entre otros. El conjunto (en el que ya estaban presentes Matisse, Manguin, Marquet y Camoin) es bien aceptado, todo lo contrario del escándalo que se produciría un año después en 1905.

La organización del salón de 1905[editar]

1905 marca el cambio hacia el modernismo del Salón. La cuarta parte de los socios encargados de su organización (los más conservadores) son eliminados a favor de artistas de la escuela de Gustave Moreau, de tendencias más vanguardistas. El comité bienal elegido para la administración del Salón se compone de Matisse, Desvallières, Georges Rouault, René Piot (todos ellos antiguos alumnos de Gustave Moreau) así como Louis Vauxcelles y Roger Marx. El jurado decide favorecer la originalidad por encima del impresionismo edulcorado y acepta aquellas obras consideradas como experimentales incluso por sus propios autores. El propio André Derain escribirá: «Jamás he hecho un trabajo tan complejo y tan diferente, tan desconcertante para la crítica». La ubicación de las obras se confía al arquitecto Charles Plumet, quien reproduce más o menos la distribución del año anterior.

El Salón se compone de 18 salas y 1625 obras ordenadas de forma creciente según su impacto. De esta forma encontramos en el vestíbulo esculturas de Rodin y en la sala I nombres ilustres como Cézanne, Renoir, Armand Guillaumin, Jean-François Raffaëlli o Redon. Del mismo modo la sala III agrupa artistas de fama bien establecida como Carrière, Desvallières, los artistas nabis Vuillard, Bonnard, Vallotton o Roussel. Dos grandes retrospectivas ocupan las salas siguientes, una concerniente a Ingres y otra a Manet. Las distintas salas albergan obras de numerosos artistas extranjeros como Alexei von Jawlensky, Kandinsky y Béla Czóbel entre otros.

Pero es evidentemente la sala VII, emplazada por Plumet en el centro de la exposición la que acapara todas las miradas. Situada junto al espacio donde se exponen las obras del aduanero Rousseau, en particular « Le lion ayant faim » agrupa las obras de Matisse, Manguin, Derain, Vlaminck, Marquet o Camoin. Los pintores Jean Puy, Flandrin, Rouault, Van Dongen, Pierre Girieud, si bien también asimilados por el fauvismo se encuentran en otras salas. Entre estas pinturas de colores violentos («un tarro de pintura tirado a la cara del público» escribirá Camille Mauclair) destacan en medio de la estancia dos bustos de Albert Marque (1872-1939) de un estilo muy tradicional.

Obras expuestas[editar]

La sala VII del palacio albergó durante los 39 días que duró la muestra las siguientes obras:

  • De Henri Matisse, seis óleos y dos acuarelas
    • Jeune femme en robe japonaise au bord de l'eau (óleo sobre lienzo)
    • Fenêtre ouverte (óleo sobre lienzo)
    • Nature morte (óleo sobre lienzo)
    • Matinée d'été (óleo sobre lienzo)
    • Femme au chapeau (óleo sobre lienzo)
    • Japonaise (óleo sobre lienzo)
    • Marine (pêcheur) (óleo sobre lienzo)
    • Marine (bateaux) (óleo sobre lienzo)
    • Baigneuses (acuarela)
    • Promenade (acuarela)
  • De André Derain, cinco óleos y cuatro pasteles
    • Portrait (óleo sobre lienzo)
    • Chêne Liège (óleo sobre lienzo)
    • Vue de Collioure (óleo sobre lienzo)
    • Sêchage des voiles (óleo sobre lienzo)
    • Port de pêche (óleo sobre lienzo)
    • Fragment décoratif (pastel)
    • Péniches (pastel)
    • Vue de Collioure (pastel)
    • Vieilles maisons à Collioure (pastel)
  • De Maurice de Vlaminck, cinco óleos
    • Vallée de la Seine à Marly
    • Maison de mon père
    • Crépuscule
    • Jardín
    • Etang de Saint-Cucufa
  • De Henri Manguin, cinco óleos
    • Sieste
    • Sur le balcon
    • Sous les arbres
    • Chêne liège
    • Le Pré
  • De Charles Camoin, cinco óleos
    • Sur la terrasse
    • Agay, l'hôtel
    • Agay, bord de mer
    • Port de Cassis, soleil couchant
    • Port de Cassis, temps gris
  • De Albert Marquet, cinco óleos
    • Port de Menton
    • Anthéor
    • Agay
    • La Trayas
    • Rochers rouges du Trayas

Reacciones[editar]

Pese a lo que se pueda pensar el Salón de otoño de 1905 fue bastante bien acogido, siendo particularmente favorables las críticas a las retrospectivas de Ingres y Manet. Los artistas expuestos son conocidos e incluso los más innovadores habían expuesto algunos meses antes en la galería Berthe Weill (1904 y 1905). No obstante numerosos detractores reaccionaron con violencia, tanto en la prensa cotidiana (dirigida al gran público convencional) como en la especializada (algunos de cuyos miembros, sabedores del simbolismo que encierra, rechazan con virulencia el ascenso de la nueva generación. Incluso el Presidente de la República Émile Loubet rechazó inaugurar el Salón tras haber sido prevenido de la presencia de algunas obras inaceptables.

En el suplemento del cotidiano parisino Gil Blas del 17 de octubre de 1905 el crítico de arte Louis Vauxcelles (1870 - 1943) escribe: « En el centro de la sala vemos un torso infantil y un pequeño busto de mármol modelado con delicada ciencia por Albert Marque. El candor de estos bustos sorprende en medio de la orgía de tonos puros como un Donatello entre salvajes.»[1] Más tarde, en 1939, en su libro sobre el fauvismo Vauxcelles reconoce a media voz que esa comparación le fue inspirada por un crítico desconocido que al pasar describió lo que acababa de ver a Matisse como « Donatello en la jaula de los salvajes ».

Los opositores ponen como pretexto varios puntos considerados como chocantes, en particular la ausencia de savoir-faire y la visibilidad de la técnica dando sensación de falta de finalización. Extraen dos tipos de conclusiones: para unos se trata de una torpeza propia de un salvaje, un niño o un loco. Así Marcel Nicolle, crítico de arte del Journal de Rouen habla de los «juegos bárbaros e ingenuos de un niño que se ejercita con la caja de pinturas». Para otro se trata de charlatanes anarquistas que claman su odio antiburgués. Los cuadros son vistos no ya como extravagantes sino como directamente agresivos. « ¿Esto es arte? ¿O más bien es una mistificación y el Salón de otoño ha querido sumar al atractivo de sus galerías la sorpresa de una broma pesada? » leemos en La Liberté. Del mismo modo Gertrude Stein dice sobre la Femme au chapeau de Matisse: « Los visitantes reían al ver la tela e incluso intentaban rasgarla ».

Se reciben también, especialmente por parte de intelectuales, críticas favorables. André Gide escribe así: « Cuando oí gritar delante de Matisse « ¡es una locura! » tuve ganas de responder « al contrario, caballero, al contrario. Es puro producto de la teoría. » Todo puede ser deducido y explicado; la intuición no tiene nada que hacer. Sin duda cuando el señor Matisse pinta la frente de esta dama de color manzana y el tronco de ese árbol de rojo fuerte quiere decirnos: « esto es porque… » Sí, esta pintura es razonable, e incluso razonadora. ». Al igual que él, Maurice Denis reprocha a los fauvistas un exceso de teoría.

¿Manipulación?[editar]

Rápidamente surge la idea de una manipulación orquestada por los creadores del Salón. En efecto, Vauxcelles es el principal autor de la reputación de la exposición, pertenece al jurado que selecciona las obras y conoce las obras y los artistas (ha incluso felicitado a Matisse por sus investigaciones y su valentía durante la presentación de éste en la galería Barthe-Weill poco tiempo antes) mientras que en su artículo parece descubrirlos. Además pese a desatar él la polémica Vauxcelles permanece más comprensivo que el resto de la prensa y se mantiene alejado de las burlas que hace, por ejemplo, L'Illustration. Este escándalo parece haber sido más orquestado de lo que en un principio puede suponerse. Lo cual no empaña que el Salón de otoño de 1905 haya marcado la historia del arte del Siglo XX.

Notas[editar]

  1. En francés fauve, que ha sido traducido como fauvista, significa salvaje