Sacristía Nueva de San Lorenzo

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Coordenadas: 43°46′30.59″N 11°15′13.71″E / 43.7751639, 11.2538083

La Sacristía Nueva (en italiano, Sagrestia Nuova) en la basílica de San Lorenzo de Florencia es una de las obras maestras de Miguel Ángel como arquitecto y como escultor. Hoy forma parte del complejo museístico de las Capillas Mediceas.

Historia[editar]

En el primer Cinquecento los Médici, con la subida al trono pontificio del papa León X, lograron obtener los primeros títulos nobiliarios, etapa fundamental en el ascenso de la familia, quienes hasta entonces eran burgueses aunque poderosos, ricos y refinados. Dos parientes del papa, Juliano (su hermano) y Lorenzo (su sobrino) se convirtieron entonces en duque, el primero por servicios prestados al rey de Francia (de aquí el título de Duque de Nemours), el segundo por la guerra victroriosa (aunque juzgada por muchos como irresponsable) contra los Montefeltro de Urbino, por esto Duque de Urbino.

Ambos nobles retoños de la familia murieron en la juventud, sobre la treintena, y el Papa, a sugerencia del cardenal Julio de Médici, su primo y futuro papa Clemente VII, deseó realizar para ellos y para los otros componentes de la familia un sepulcro digno de su rango, consiguiendo al artista más célebre del período, Miguel Ángel. Los trabajos se iniciaron en el año 1521 y fueron interrumpidos en el año 1527 por la caída de los Médici y la restauración republicana, para ser retomadas definitivamente en el año 1530, cuando Miguel Ángel, tras haber sido atraído públicamente por la República Florentina contra los Médici sus comitentes, fue reacogido bajo el ala protectora de la familia a condición de entrar a su servicio, antes que nada terminando los proyectos en San Lorenzo. En el año 1534 Miguel Ángel partió definitivamente hacia Roma, dejando incompletas algunas estatuas de los sepulcros del duque de Nemours y del duque de Urbino, pero sobre todo sin haber realizado las sepulturas de Lorenzo el Magnífico y su hermano Juliano de Médici.

Arquitectura[editar]

Nacida en medio de acontecimientos tan tumultuosos, la Sacristía Nueva es una obra muy innovadora. Partiendo de la misma planta de la Sacristía de Brunelleschi, Miguel Ángel divide el espacio en forma muy compleja, tratando las paredes con planos en niveles diversos en plena libertad. Sobre ellas recortó elementos clásicos como arcos, pilastras, balaustre y cornisas dispuestos sin embargo en figuras y esquemas completamente nuevas y armoniosas. También la cúpula algo redondeada es una novedad y en muchos otros ven una anticipación de la cúpula de San Pedro que fue proyectada por Buonarroti en su madurez, 30 años después de la Sacristía; el interior de la cúpula con casetones recuerda además al monumento fúnebre por excelencia, el Panteón de Roma. Originariamente Miguel Ángel había proyectado un monumento aislado en el centro de la sala, pero a continuación por discusiones con los comitentes, lo cambió previendo colocar las tumbas de los Capitani (los dos duques) adosadas en el centro de las paredes laterales, mientras que aquellas de los «Magníficos» (Lorenzo y Juliano), adosadas ambas a las paredes del fondo delante del altar.

La esfera de la linterna y del Piloto.

Las esculturas[editar]

Enmarcados en las dos paredes laterales se encuentran los sepulcros monumentales dedicados a Juliano, Duque de Nemours y su sobrino Lorenzo Duque de Urbino, más o menos coetáneos de Miguel Ángel. Inicialmente debían ejecutarse cinco esculturas por tumba, pero luego se redujeron a tres. Para los monumentos fúnebres puestos a los dos lados de la capilla Miguel Ángel creó las Alegorías del Tiempo, un tempa ligado al recuerdo, que simboliza el triunfo de la familia de los Médici en el transcurso del tiempo. Las cuatro alegorías están añadidas por encima de los sepulcros, a los pies de los duques. La línea elíptica sobre la cual se apoyan es una invención miguelangelesca que anticipa las curvas del barroco como en los escalones de la Biblioteca Laurenciana y en los arcos del puente de Santa Trinita. Para la tumba de Juliano de Médici ejecutó el Día y la Noche; para la de Lorenzo el Crepúsculo y la Aurora.

Estas esculturas están todas caracterizadas por el alargamiento y torsiones y fueron dejadas incompletas en algunas partes. Son particularmente bellas la posición emblemática del Día, girado de espaldas que muestra sólo la expresión misteriosa de los ojos en un rostro apenas esbozado, o el cuerpo de la Noche que representa perfectamente el abandono durante el sueño. La Aurora luego parece captada en el acto de despertarse y de darse cuenta, con dolor, que los ojos de Lorenzo están cerrados para siempre.

Las figuras femeninas, como captadas también en los frescos de la bóveda de la Capilla Sixtina en Roma, tienen rasgos masculinos, como las espaldas grandes o los flancos musculosos: el cuerpo masculino en movimiento es de hecho sujeto recurrente de toda la producción de Miguel Ángel, incluso cuando se trata de representaciones de mujeres.

Por lo que se refiere a los retratos de los duques, Miguel Ángel los esculpió sentados en dos nichos sobre sus respectivos sepulcros, uno en frente de otro, vestidos los dos como condotieros romanos. Estas esculturas, cuidadas hasta el último detalle, están idealizados y no reproducidos los rasgos reales, pero tienen también un fuerte carácter psicológico (Juliano sentado en postura fiera con el bastón de mando y muy decidido, mientras Lorenzo, en posición pensativa, está más melancólico y meditativo). Una tradición popular dice que cuando alguno criticó la poca semejanza del retratado con las verdaderas facetas de Juliano, Miguel Ángel, contestó que su obra se transmitiría por el tiempo, respondió que de allí a dieciocho siglos nadie se acordaría de él.

Ambas estatuas miran hacia la pared de la capilla donde Miguel Ángel realizó y puso una Virgen con Niño. Volviendo su mirada a la representación sagrada los duques expresaban las inclinaciones religiosas del artista, según las cuales, cuando las glorias terranas pasaban, sólo la espiritualidad y la religión quedan para dar alivio a las inquietudes de los hombres. Junto a la Virgen están presentes los dos santos protectores de los Médici, los santos Cosme y Damián: a la derecha Cosme, ejecutado por Montorsoli (1537) y a izquierda Damián, de Raffaele da Montelupo (1531).

Las tres estatuas fueron luego colocadas por Vasari por encima de una simple caja de mármol en la cual están sepultados Lorenzo el Magnífico y su hermano Juliano de Médici, para los cuales no había tiempo para construir una sepultura monumental.

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